partes sagradas

Usted se encuentra atenazado en los límites de su realidad inmediata; acepta las presiones, los ajetreos de ésta como si fueran lo natural, la única vida posible. Pero existe otra realidad, una realidad más plena y dichosa a la que usted puede acceder simplemente despertando su otro yo. Reconocer y aceptar la guía de ese yo sagrado le permitirá situarse por encima de las dificultades cotidianas, no para desdeñarlas, sino más bien para abordarlas en sus justas proporciones; además, le permitirá irradiar esa recuperada lucidez, de modo que podrá transmitirla a otros.

 

 

Wayne W. Dyer

 

Tus zonas sagradas

 

DECÍDETE A SER LIBRE

 

 

Querido lector

 

Imagine esta escena si es tan amable. Dos bebés se encuentran en el útero, confinados en las paredes del seno materno, y mantienen una conversación. Para entendernos, a estos gemelos les llamaremos Ego y Espíritu.

Espíritu le dice a Ego:

—Sé que esto va a resultarte difícil de aceptar, pero yo creo de verdad en que hay vida después del nacimiento.

Ego responde:

—No seas ridículo. Mira a tu alrededor. Esto es lo único que hay. ¿Por qué siempre tienes que estar pensando en que hay algo más aparte de esta realidad? Acepta tu destino en la vida. Olvídate de todas esas tonterías de vida después del nacimiento.

Espíritu calla durante un rato, pero su voz interior no le permite permanecer en silencio durante más tiempo.

—Ego, no te enfades, pero tengo algo más que decir. También creo que hay una madre.

—¡Una madre! —exclama Ego con una carcajada—. ¿Cómo puedes ser tan absurdo? Nunca has visto una madre. ¿Por qué no puedes aceptar que esto es lo único que hay? La idea de una madre es descabellada. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Ésta es tu realidad. Ahora cógete a ese cordón. Vete a tu rincón y deja de ser tan tonto. Créeme, no hay ninguna madre.

Espíritu deja, con renuencia, la conversación, pero la inquietud puede con él al cabo de poco.

—Ego —implora—, por favor, escucha, no rechaces mi idea. De alguna forma, pienso que esas constantes presiones que sentimos los dos, esos movimientos que a veces nos hacen sentir tan incómodos, esa continua recolocación y ese estrechamiento del entorno que parece producirse a medida que crecemos, nos prepara para un lugar de luz deslumbrante, y lo experimentaremos muy pronto.

—Ahora sé que estás completamente loco —replica Ego—. Lo único que has conocido es la oscuridad. Nunca has visto luz. ¿Cómo puedes llegar a tener semejante idea? Esos movimientos y presiones que sientes son tu realidad. Eres un ser individual e independiente. Éste es tu viaje. Oscuridad, presiones y una sensación de estrechamiento a tu alrededor constituyen la totalidad de la vida. Tendrás que luchar contra eso mientras vivas. Ahora, aférrate a tu cordón y, por favor, estáte quieto.

Espíritu se relaja durante un rato, pero al fin no puede contenerse por más tiempo.

—Ego, tengo una sola cosa más que decir, y luego no volveré a molestarte.

—Adelante —responde Ego, impaciente.

—Creo que todas estas presiones y toda esta incomodidad no sólo van a llevarlos a una nueva luz celestial, sino que cuando eso suceda vamos a encontrarnos con la madre cara a cara, y conocer un éxtasis que superará todo lo que hemos experimentado hasta ahora.

—Estás realmente loco. Ahora sí que estoy convencido.

El libro que tiene en las manos es una interpretación de esta parábola, que he adaptado de una historia relatada por Henri J. M. Nouwen. Mi intención es llevarle a esa resplandeciente luz celestial y hacerle conocer la maravilla de que su noble yo triunfe sobre las demandas de su ego, que sobre todo no quiere.

He organizado este libro en torno a las siguientes premisas:

1. Usted es sagrado, y con el fin de saberlo debe trascender el viejo sistema de creencias que ha adoptado.

2. Es un ser divino llamado a conocer su yo más sublime mediante el dominio de las claves de una conciencia superior.

3. Su yo más sublime puede triunfar sobre las identidades de su ego y convertirse en la fuerza dominante de su vida.

4. Puede irradiar esta conciencia más allá de sus propios límites y transmitirla a todos los habitantes de nuestro planeta.

Dichas premisas configuran los principios de las cuatro partes en que se divide este libro. Cada capítulo está escrito con el propósito de ayudarle a conocer estos principios.

Los antiguos escritos espirituales de la Cábala contienen unas enseñanzas muy pertinentes que me gustaría poner en su conocimiento. En ellos se sugiere que nuestro propósito aquí es ascender de los niveles más bajos de la vida a los planos más altos. Pero con el fin de avanzar hasta el siguiente nivel, debemos caer primero… para adquirir y generar la energía necesaria con que impulsarnos hasta un plano más elevado.

Así pues, cada una de las caídas que uno experimenta es realmente una oportunidad para adquirir energía. La energía así obtenida proporciona el impulso necesario para elevarse por encima de lo alcanzado. Su yo sagrado sabe que esas caídas son necesarias para el logro de dicha meta.

Una caída de mi propia vida me proporcionó la oportunidad de generar la energía necesaria para colocar mi existencia en el nivel espiritual sobre el que estoy ahora escribiendo. No tendría sentido publicar el presente libro si no hubiera vivido la experiencia de trascender mis límites.

Estas caídas siempre son de orden divino. El que podamos adquirir la energía para pasar a un plano más elevado, y somos capaces de hacerlo, se encuentra por completo en nuestras manos. Mi mensaje es claro. Utilice las caídas para llegar a una conciencia más elevada y a la percepción de la divina presencia que siempre le acompaña. La energía que adquiere es similar a la fuerza y decisión que reúne el atleta cuando retrocede para impulsarse por encima de la barra del nuevo obstáculo.

Yo conozco esa conciencia espiritual, y confío en que este libro le ayudará a conocer a ese yo sagrado que está siempre con usted.

Amor y luz,

Wayne W. DYER

 

 

PRIMERA PARTE

 

Prepararse para el trascendental viaje

SUEÑOS ROTOS

Como los niños que llorando traen sus juguetes rotos

para que se los arreglemos,

yo le llevé mis sueños rotos a Dios

porque Él era mi Amigo.

Pero en lugar de dejarlo en paz

para que trabajara solo, me

quedé cerca e intenté ayudar a mi

modo.

Al final se los arrebaté y grité: «¿Cómo

puedes ser tan lento?». «Hijo mío —dijo él—,

¿qué podía hacer? No les distes alas en

ningún momento».

ANÓNIMO

 

 

1

 

El reto más grande de su vida

TOMAR LA DECISIÓN DE SER LIBRE

 

La búsqueda más noble es saber qué debe hacer uno

para convertirse en ser humano

Immanuel KANT

 

 

Sé que en cada momento

soy libre para decidir

 

Ha estado mirando en la dirección equivocada. La penetración psicológica más importante que puede tener es darse cuenta de que ha estado mirando en la dirección errónea durante la mayor parte de su vida.

Tómese un momento, ahora mismo, para comprender lo que quiero decir. Imagínese en cualquier postura que le apetezca. De pie, sentado, echado, la que le resulte más fácil de imaginar. Ahora observe la representación mental de usted mismo. Lo que ve es alguien que está siempre mirando hacia otra parte, no hacia sí mismo. Siempre mirando fuera de usted. ¡Está mirando en la dirección equivocada!

Ahora imagínese que es capaz de darse la vuelta y mirar en la dirección opuesta. Si de alguna forma pudiese hacer eso, estaría mirando hacia su interior.

Esto no es una forma de gimnasia mental en la que meramente uno se imagina volviéndose y mirando hacia su interior. Estoy sugiriéndole una manera de conocer su identidad espiritual. Estoy sugiriéndole que acepte el reto y tome el sendero de su búsqueda trascendental.

A todos nos han enseñado a mirar al exterior en busca de sustento: mirar más allá de nosotros mismos en busca de fuerza, amor, prosperidad, salud, felicidad y satisfacción espiritual. Se nos ha condicionado para creer que recibimos la gracia de la vida de algún punto externo a nosotros. Pero es posible invertir la dirección de nuestros ojos de fuera hacia dentro. Y cuando lo hacemos, encontramos una energía que habíamos percibido pero no identificado.

 

ENERGÍA DIVINA

En los seres humanos palpita una energía divina. El poder de esta energía impregna todo nuestro ser y nos permite realizar todas las funciones del vasto repertorio de los pensamientos y conductas humanas. En esta energía divina existen dos aspectos.

El aspecto externo hace que el corazón lata, los pulmones se hinchen y los sentidos funcionen: en esencia, mantiene vivos nuestros cuerpos. El aspecto interno de esa energía está dormido, pero podemos despertarlo.

Este universo interno es más vasto que el externo. El júbilo interior hace que todo el júbilo que se experimenta en el mundo de los sentidos parezca carente de significado. Cuando se experimenta esa luz interna, añade a la vida una brillantez que no se parece a nada que puedan describir las palabras.

Cuando uno descubre su yo más sublime, experimenta esa energía interior y permite que guíe su vida. El adjetivo más corriente para describir esta fuerza interna es «espiritual».

Cuando hablo de espiritualidad y de ser espiritual, describo una actitud hacia Dios, un viaje interior de iluminación. Hablo de desarrollar las cualidades divinas de amor, perdón, bondad y éxtasis que tenemos dentro. Según mi interpretación, la espiritualidad no es cuestión de dogmas ni de reglas. Es luz, júbilo y concentración en la experiencia del amor y el éxtasis internos, y transmitir esas cualidades al exterior. Al viaje destinado a descubrir su yo más sublime lo llamo «búsqueda sagrada».

 

DEFINICIÓN DE SU BÚSQUEDA SAGRADA

La energía esencial que le ha alimentado durante toda su vida es la energía exterior. Esta energía exterior mantiene la vida, pero no proporciona la sensación de éxtasis y plenitud que anhelamos.

En su libro Mistery of the Mind (El misterio de la mente), Swami Muktananda describe la experiencia de la energía divina:

 

Un día, esa luz explotará y lo verá todo. Verá que el universo entero existe dentro de ella. La luz divina de la Conciencia comenzará a inundarle los ojos y entonces la verá dondequiera que mire. Verá su luminosidad en la gente, en los árboles, las rocas y los edificios. Verá la misma Conciencia alzándose en cada pensamiento y sentirá que pasa por su mente; adondequiera que vaya su mente, encontrará su propia Conciencia interior, el creador del mundo. Verá que la totalidad del universo está contenida en usted mismo. Sabrá que todo —todas las infinitas formas del mundo— no son más que emanaciones de su existencia. Se dará cuenta de que es usted quien se refleja en todas partes, y que es su propio reflejo el que pasa ante sus ojos.

 

Usted tiene dentro de sí este poder de trascendencia sobre la vida dominada por el ego. Puede darse la vuelta y mirar hacia el interior, descubrir su naturaleza espiritual. Entonces podrá vivir cada uno de sus días, con independencia de lo que pueda estar haciendo, con la sensación de éxtasis que se deriva de hallarse en el sendero de la búsqueda sagrada.

Hacer explotar esa luz implica entender quién es uno y qué está haciendo aquí, en esta cosa llamada cuerpo, en este lugar llamado mundo, en este momento de su vida.

 

UNA MIRADA ÚNICA A SU VIDA

El punto de partida de su búsqueda es entender que el universo y nuestra participación en él no son fortuitos.

La inteligencia fluye a través de todo el universo, y ha tenido muchos nombres. Hace que los planetas giren en sus órbitas, que las galaxias permanezcan en su sitio, que las semillas broten, las flores se abran y que usted, sí, usted, respire, camine y piense.

Esta inteligencia invisible está en todas las cosas, en todas partes. No puede cogerla ni verla ni olerla. Pero usted sabe que está ahí.

La energía exterior, que controla la materia y el mundo físico, es finita. Esto significa que hay unas cantidades limitadas de oxígeno, hidrógeno y carbono. No hay ningún otro lugar al que ir en busca de más cuando se nos acaben. Todos los elementos físicos, identificados por los científicos y estudiados por los colegiales de todo el planeta, son finitos.

Todas las cosas de nuestro mundo visible están hechas de estos elementos que existen en cantidades finitas. Me gusta pensar en lo material como en algo que se renueva permanentemente. Puesto que tenemos sólo una cantidad limitada de este «material», tiene que ser constantemente transformado.

El hierro que tiene hoy en la sangre, forma parte de toda la reserva de hierro. Es evidente que estaba en otra parte antes de que usted fuese concebido. Hace quince millones de años podría haber sido parte de un depósito de hierro de Afganistán. Hoy forma parte de la energía no interna que le anima a usted.

Y así ocurre con todas las partículas físicas del universo. Es una reserva finita que se recicla sin parar. Partículas materiales que tienen una forma, regresan a la Tierra y se transforman. Como una partícula de magnesio de una espada que aparece más tarde en el fémur de una pantera.

Emily Dickinson escribió un libro de poemas, El lebrel solitario, en el que describe este fenómeno. Es mucho más atractivo que cualquier prosa que pueda usar para ilustrar dicho tema.

 

Este polvo callado fue caballeros y damas,

y muchachos y muchachas;

fue risas, habilidades y canciones,

y vestidos y rizos.

Este lugar pasivo una elegante mansión veraniega,

donde flores y abejas

cumplieron con su circuito oriental,

luego cesaron, como éstas.

 

El yo físico que podemos ver y tocar está hecho del mismo material del que está hecho todo lo demás. Sin embargo, usted es diferente de las cosas externas a usted mismo. Para comprender esto, considere las cuatro categorías que describen el mundo: mineral, vegetal, animal y humana. Si tomáramos una muestra de cada una de estas categorías, las pulverizáramos y colocáramos el polvo en cuatro recipientes separados para analizarlas, el informe no presentaría ninguna diferencia discernible. Las muestras mineral, vegetal, animal y humana comprenderían todas las mismas materias primas. Y sin embargo, todas estas muestras difieren entre sí de un modo invisible, que está más allá de lo material. Las diferencias, no obstante, no se encuentran en la conformación física de las cosas. Se hallan en lo que llamaremos conciencia. Cada categoría tiene un nivel distinto de conciencia.

Mineral

El mundo mineral incluye mucho de lo que ve a su alrededor. Para el ojo que no está alerta son sólo cosas que se encuentran por ahí y no hacen nada. Puede mirar una roca y ella no hará nada aunque la contemple eternamente. Así pues, decimos que los minerales, aunque hechos de la misma materia que nosotros, tienen muy poca conciencia.

(Digo «muy poca» porque para un científico cuántico, que estudia las cosas en el nivel subatómico y piensa en términos de billones de años luz, los minerales resultan fascinantes. Cuando se los examina a niveles subatómicos están vivos, cambiando de modo interminable).

Vegetal

El reino vegetal está conformado por los mismos elementos físicos que el mundo mineral, pero tiene un nivel de conciencia muy diferente. La energía vegetal produce, da fruto, crece hacia la luz del sol y se protege de los invasores. De alguna forma, la inteligencia organizadora ha tomado los mismos elementos y los ha reunido para crear un producto que tiene más conciencia que los minerales.

Animal

Una vez más, los animales están hechos de los mismos elementos que los minerales y los vegetales, pero su nivel de conciencia es mayor. En ellos vemos apareamiento, planificación de futuro, enseñanza de los jóvenes, emigración y una amplia variedad de otros ejemplos de conciencia superior. La inteligencia organizadora ha tomado los mismos elementos y ha hecho criaturas con niveles de conciencia más altos.

Humano

También nosotros estamos conformados por los mismos elementos que las otras categorías, pero tenemos niveles de conciencia todavía más elevados. Podemos hacer muchas de las cosas que hacen las otras categorías, y podemos hacer más.

Tenemos poder para comunicarnos con la inteligencia organizadora y para crear una vida placentera. Podemos conocer la inteligencia organizadora divina que forma parte de nosotros, aunque haya estado durmiendo desde que tenemos memoria.

Sabe usted muy bien que existen diferencias importantes entre estas categorías, y que estas diferencias no tienen nada que ver con el mundo físico. En efecto, éste es un sistema inteligente en el que usted está integrado, y eso significa que su vida en este planeta es parte de dicha inteligencia.

Si el sistema es inteligente y esa inteligencia es invisible, y nuestra presencia aquí es una parte de esa inteligencia, nunca podremos discernir absolutamente nada al respecto mediante la utilización de instrumentos que sólo existan en el mundo físico. Necesitamos mirar esa parte de nosotros que es invisible. Necesitaremos comunicarnos con esa parte que yo llamo conciencia.

Usted necesita comenzar a mirar hacia su interior para ver quién es y por qué está aquí.

 

USTED ESTÁ AQUÍ POR UNA RAZÓN

Existió un instante del tiempo en el cual usted estuvo en «ninguna parte». En el momento anterior a la concepción estaba «ahí». Luego, en un instante glorioso, pasó del ninguna parte al aquí y ahora.

Habrá otro instante glorioso en el que pasará del aquí y ahora al ninguna parte. A ese momento lo llamamos muerte. Pero usted —ese usted inspirado, inmutable, eterno, indivisible— continuará viviendo.

Si es verdad que formamos parte de un sistema inteligente, podemos suponer que ese paso desde ninguna parte al aquí y ahora tiene un propósito. Al darse cuenta de esto puede dejar de plantearse si es una creación divina con un propósito, y sencillamente aceptar que lo es. Forma parte de este sistema inteligente, y está aquí por alguna razón divina.

Esa razón tiene que ver con la energía espiritual sobre la que estoy escribiendo. El conocer su yo espiritual constituye su búsqueda sagrada y el reto de su vida.

Muchísimos de nosotros hemos crecido en la creencia de que somos el cuerpo que los alberga, el trabajo que realizamos y la religión que practicamos. Nuestras vidas participan de las realidades exteriores al mismo tiempo que vemos que siempre cambian. Sin embargo, en alguna parte de nuestro interior, nos sentimos iguales.

Puede que nunca le haya dedicado mucho tiempo a ese aspecto del yo, pero si lo hace descubrirá un yo interno que nunca cambia sino que se encuentra inmerso en un mundo cambiante.

Es probable que algún día su yo físico descanse bajo una lápida que dé cuenta de la fecha de su nacimiento y de la de su muerte. Pero su alma interior sabe que usted es eterno. En esa faceta de su yo carece de forma, no tiene límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. Lo que ha nacido morirá, lo que nunca ha nacido nunca puede morir.

¡Su yo espiritual nunca nació! ¡Su yo espiritual nunca morirá!

El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda le capacitará en gran manera para su búsqueda sagrada. Cuando llegue a ese estado, sabiendo que quien es usted es el yo inmutable, tendrá un propósito en su vida.

Sogyal Rinpoche, en The Tibetan Book of Living and Dying (El libro tibetano del vivir y del morir), dice esto con unas palabras que merecen ser enmarcadas:

 

En el mundo moderno, hay pocos ejemplos de seres humanos que encarnen las cualidades que derivan de la comprensión de la naturaleza de la mente. Así que nos resulta difícil imaginar una iluminación o la percepción de un ser iluminado, y más difícil todavía comenzar a pensar en que nosotros mismos podemos convertirnos en iluminados.

 

… Aun en el caso de que pudiéramos pensar en la posibilidad de una iluminación, una sola mirada a lo que compone nuestra mente —enojo, codicia, celos, desprecio, crueldad, lujuria, miedo, ansiedad y agitación— minaría para siempre la esperanza de conseguirla.

 

… La iluminación… es real; y cada uno de nosotros puede, quienquiera que seamos, en las circunstancias correctas y con la preparación apropiada, comprender la naturaleza de la mente y conocer por tanto lo que es inmortal y eternamente puro en nosotros. Ésta es la promesa de todas las tradiciones místicas del mundo, y ha sido cumplida y está siendo cumplida en incontables millares de vidas humanas.

 

Usted puede ser uno de esos millares de seres humanos iluminados. Esto sucederá cuando descubra la naturaleza de su verdadero yo, y relegue a un segundo plano, donde le corresponde, la parte de usted que está centrada en lo físico. Desde allí podrá animarse a continuar y mantener su yo elevado, en lugar de actuar de forma que minen su esencia espiritual.

Todo este asunto de la búsqueda sagrada es real, y puede conocerlo, amarlo y atesorarlo. Una vez que lo haga, ya no querrá volver a vivir de ninguna manera que sea inconsecuente con su yo divino e invisible.

Usted no es ese nombre, ni esa ocupación, ni ese número de la seguridad social, ni ese cuerpo. Usted es luz eterna y un don divino, con independencia de lo que haya hecho o dejado de hacer. Con independencia de su familia, o de la etiqueta que le hayan colgado. En la inteligencia de Dios usted es sagrado, y tiene un propósito para estar aquí.

Ese propósito no lo encontrará en el mundo físico. Cuando deje de buscar la satisfacción en el mundo externo, la totalidad de su ser, incluido su mundo material, reflejará su divinidad.

La verdadera definición de la propia conciencia es el descubrimiento del yo superior y la jubilosa vida. Es la conciencia de su energía interior y lo más elevado de usted mismo. Es una conexión con lo divino y todo lo inmutable. La propia conciencia está en la génesis de su yo.

 

LA EXPERIENCIA DE LA PROPIA CONCIENCIA

¿Qué experimentará cuando haya respondido al reto de mirar hacia el interior y vivir según las directrices de su yo espiritual? Continuará «cortando leña y acarreando agua», como nos dice un antiguo proverbio zen. No desarrollará de modo repentino nuevos talentos e intereses.

No obstante, tendrá un nivel de conciencia que le permitirá ver cosas que han estado ocultas. Esta comprensión le proporcionará una sensación de paz y satisfacción interior.

La experiencia de la propia conciencia no es algo que se pueda obtener del mundo físico. Pero sus interacciones con el mundo físico se verán alteradas de forma espectacular cuando la adquiera. Será capaz de manifestar con precisión qué necesita del mundo físico. Participará en la creación de lo que su yo interno sabe que es necesario para la búsqueda sagrada.

Esta comunicación con su yo interno le llevará a nuevos grados de conciencia superior. Vivirá los siguientes cambios derivados de la conciencia superior, y se convertirán en parte de su vida diaria:

1. Experimentará e intensificará el significado de la conciencia. Se dará cuenta de que en este sistema inteligente no existen los accidentes. Comprenderá que todo lo presente en su vida tiene algo nuevo que enseñarle. Apreciará a todas las personas y todas las cosas de su vida.

Al saber que no existen las coincidencias, comenzará a confiar en esa sensación de que los acontecimientos en apariencia desconectados tienen un significado. Incluso empezará a crear esas situaciones cuando las necesite. Se sentirá ante el destino como un igual, en lugar de una víctima del mismo.

2. Descubrirá la existencia de una fuente universal de energía. Usted tendrá fe en esa fuente universal de energía. Comenzará a ejercitar su capacidad de establecer contacto con esta fuente y a convertirla en parte de su vida cotidiana. Desarrollará un profundo conocimiento sobre la energía divina y su capacidad para acceder a esa energía.

Será incapaz de abrigar ninguna duda acerca de la fuente universal de energía. Comprenderá que todos los seres son parte de ella y que ésta es lo que les anima. No tendrá duda de que todas las debilidades y falsedades se derivan de la negativa a reconocer estos hechos.

3. Se sentirá amado. Pedirá y aceptará la guía de Dios. Esta vital nutrición espiritual la percibirá tanto en sus experiencias internas como externas. El miedo inmovilizador disminuye al sentir la presencia de la energía divina. Todo parece ser como debe ser, a pesar de que puede que no lo entienda. Se sentirá en paz respecto de lo que ve y lo que siente.

Sus deseos de enmendar y reparar los errores de su vida también forman parte de este plan divino. Buscará satisfacer sus deseos para servir a Dios y a la humanidad con lucidez y ánimo de paz.

4. Desarrollará sus sentimientos de respeto y estima. Comenzará a ver la belleza, y a sentirse que le embarga un sentimiento de respeto ante la magnificencia del universo. Estimar la belleza es en realidad la sensación de amor que se experimenta cuando se está conectado con lo divino. Ese amor le llenará con una nueva sensación de fortaleza.

Al centrar su energía interna en la belleza que le rodea, recibirá esa energía. Con la práctica, este tipo de receptividad se transformará en una fuente de sustento en su vida diaria.

5. Se sentirá conectado con todos. Al transformarse su yo superior en la fuerza dominante de su vida, se volverá cada vez más consciente de su vinculación con los demás.

Al igual que usted puede observar millares de flores con diferentes tonalidades originadas por el mismo haz de luz, podrá observar también muchos matices y formas distintas en personas, con lenguas, costumbres e ideas políticas, todas originadas en una sola esencia. Una luz, muchos colores. Una esencia, muchas manifestaciones físicas. Esto no será una mera percepción filosófica. Será una forma de vida.

Sentirá que cualquier cosa que sea destructiva para un ser humano es destructiva para todos. Sabrá que la esencia o fuerza vital que fluye a través de usted, fluye a través de todo. Esta conciencia superior le llevará a la conclusión a la que llegó el Mahatma Gandhi: «Dios no tiene religión». Esa conciencia le proporcionará la energía del amor, la cual nos ayudará a unirnos a todos.

6. Establecerá una nueva relación con la realidad. Cuando su alma se convierta en la fuerza que guíe su vida, romperá la relación habitual con la realidad. Los límites de su percepción se ampliarán para incluir otro mundo que coexiste con el nuestro. Sabrá que los límites existen en la medida en que el orden social define nuestras vidas. Trascenderá el orden social y romperá esa caduca relación una vez que haya transformado su realidad personal.

Cuando descubra que es ilimitado, diferentes opciones comenzarán a nacer, hijas del conocimiento ilimitado que reside en su interior. Ya no creerá ni siquiera en las suposiciones de más sólida apariencia sobre sí mismo y lo que le rodea. Sabrá que todos los «poderes» que se les reconocen a los maestros espirituales están dentro de usted.

Sus niveles de conciencia cambiarán de un modo tan espectacular que ya no se sentirá limitado por la realidad de la mayoría.

7. Experimentará la entrega y la aceptación. Finalmente dejará de luchar y se limitará a dejarse ir, a pesar de que no consiga entender por qué acontecen tantas cosas que no están de acuerdo con la forma en que usted orquestaría el universo. Aceptará que Dios sabe lo que está haciendo. Este proceso le transformará, será más eficaz en su búsqueda.

Ya no juzgará a Dios. Por el contrario, sabrá que éste es un sistema inteligente. Los huracanes, los tornados, las muertes accidentales, el delito y la pobreza serán vistos como partes de este plan divino de la misma forma que lo son los días nublados, los mares en calma, la compasión, la prosperidad y la plácida muerte. Su deseo por mejorar las condiciones también participa de ese plan. Trabajará en ello, en lugar de centrarse en por qué son «erróneas» esas condiciones.

8. Se convertirá en un soñador despierto. Su mayor conciencia se lo permitirá. Todo lo que sea capaz de conseguir cuando sueña será posible cuando esté despierto. El poder de su mente para dar forma a lo que antes sólo podía ocurrir en sueños, comenzará a constituir su realidad en estado de vigilia.

En sueños, cuando quiere examinar en detalle un objeto no tiene que acercarse a él: atrae el objeto hacia usted con el poder de su energía interior. Con la misma energía, comenzará a dar forma a objetos o realidades en su estado de conciencia de vigilia.

Comenzará a poder desplazarse por el tiempo, crear los personajes que necesita la obra de su vida, a comunicarse con los difuntos, a estar en más de un sitio a la vez, a hacerse invisible, a conseguir parecer más viejo o más joven, y todos los otros «trucos» de los que disfruta en sus sueños.

Algunas personas necesitan toda una vida para aprender a convertirse en un soñador despierto. Con su consciencia superior y la guía de su yo más noble, se convertirá en uno de esos soñadores despiertos.

9. Conocerá el poder y el éxtasis del silencio. Descubrirá que cuando «guarda silencio» entra en uno de los lugares más sagrados que puedan existir.

Un momento de silencio es el más alto honor que podemos hacerle a alguien. Descubrirá que también es el más alto honor que puede hacerse a sí mismo. Como escribió Herman Melville: «El silencio es la única voz de nuestro Dios… A todas las cosas y emociones profundas las precede y acompaña el silencio».

Se apartará de la vida «ruidosa» y buscará el silencio. La oración y la meditación serán parte integral de su vida. Las respuestas que busca, la guía que necesita, la ayuda que requiere, aparecerán mientras practique el silencio como un modo de honrar su verdadero yo. Será capaz de vivir estos momentos preciosos a voluntad.

El ruido y la agitación serán incapaces de penetrar en su silencio. Entre el tráfico, en medio de tensas reuniones, durante ejercicios de competición, en casa, con sus hijos jugando y haciendo escándalo… será capaz de acceder a su propio silencio y saber qué quería decir Melville cuando escribió: «El silencio es la consagración general del universo. El silencio es la invisible imposición de las manos del divino pontífice sobre el mundo». Ésta será su realidad una vez lograda una mayor conciencia en su vida.

10. Sabrá que hay una solución espiritual para cada problema. En el reino del espíritu encontrará las respuestas para las dificultades. Su yo superior tiene la solución, con independencia de lo insoluble que pueda parecer el problema.

Los problemas como la adicción a las drogas, la comida y el alcohol tienen soluciones en su yo superior. Al entrar en su interior verá su excesivo deseo de algo externo como un mal refugio ante el dolor. Cuando comience a disfrutar del placer y alborozo por dirigir la mirada hacia su interior, el deseo y la necesidad de lo externo desaparecerá

Cuando empiece a conseguir un equilibrio perfecto al estar en paz, al escuchar su cuerpo, la pulsión de comer en exceso o ser indolente ya no gobernará su vida.

Cada problema —ya sea en una relación amorosa, económica o se refiera a la salud o la imagen personal— tiene una solución en su yo superior. Cuando esté en paz, goce del silencio, medite y escuche, escuche a Dios; se apartará de lo mundano y se encaminará hacia lo divino de su interior. Sabrá lo que necesita hacer.

11. Pasará de adquirir a compartir. En este superior estado de conciencia pasará de los deseos personales a preguntarse: «¿Cómo puedo ser de ayuda?». En lugar de centrarse en lo que puede obtener, le guiará el deseo de ayudar a satisfacer las necesidades de otros. Lo paradójico de esto es que entonces comenzará a ver que la abundancia afluye a su propia vida.

Deseará menos y sin embargo se sentirá más satisfecho. Apartará la atención de sí mismo y obtendrá placer al ayudar a los otros. Necesitará menos, querrá menos y se sentirá menos atraído por la adquisición y la posesión. Sabrá lo que quiso decir Albert Schweitzer cuando escribió estas palabras: «Cada hombre tiene que buscar por sus propios medios que su propio yo sea más noble, y para darse cuenta de cuál es su verdadero y propio valor. Tiene que dedicarle un poco de tiempo a sus semejantes. Aunque sea poca cosa, présteles ayuda, haga algo por ellos, algo por lo que no recibirá más que el privilegio de hacerlo. Porque recuerde, usted no vive solo en el mundo. También están aquí sus hermanos».

12. Vivirá de manera auténtica. Ya no tendrá ninguna dificultad para ser usted mismo. Sabrá que una existencia vivida de modo auténtico conduce a la verdad universal y a una superior conciencia.

Se aceptará al saber que cualesquiera que sean sus actos en el pasado, incluso los que puedan haber sido destructivos e inmorales, fueron una parte de quien era en esa época y contenían grandes lecciones. Será capaz de decir con convicción: «Soy lo que soy». Mientras que a algunas de las personas que están cerca de usted esto podría resultarles difícil de aceptar, ya no será capaz de actuar en contra de sus ideas.

Cada vez le resultará más fácil escuchar sin estar a la defensiva, porque su conocimiento interior será grande y satisfactorio. Vivirá su existencia de forma auténtica: cumplirá el objetivo que tenía para estar aquí, sabiendo que «la vida pone exámenes» y aprendiendo de aquellos que suspendió. Su autenticidad se basará en el descubrimiento de que no puede emular a otras personas, y a pesar de eso ser sincero consigo mismo y con Dios.

13. La alegría será su estado natural. Accederá a un conocimiento interno plácido, como un tibio fluido que corre por dentro de usted. Descubrirá que la alegría es un estado natural y que puede alcanzarse sin recurrir a sustancias.

La alegría es un estado de gracia, y un estado de autosuficiencia. Es una conexión con Dios, una conexión con la verdad universal. La alegría, el contento, le proporciona la sensación de tener un propósito.

14. Enjuiciará menos y será más magnánimo. La conciencia superior anulará sus tendencias enjuiciadoras. Comenzará a ver que juzgar a los demás no los define a ellos, sino que le define a usted. En consecuencia, se sentirá menos inclinado a juzgar a las personas o las cosas.

Aceptará que los otros recorren su propio sendero. Aquello de ellos que antes le irritaba, se convertirá en el reflejo de una parte de usted mismo. Como lo expresó Carl Jung: «Todo lo que nos irrita de los demás puede conducirnos a un entendimiento de nosotros mismos».

Será capaz de verlo todo de esta forma no enjuiciadora. Aprenderá lecciones por las que se sentirá agradecido. Por eso, le resultará bastante fácil reconciliarse con el perdón.

Sabrá que aquello percibido como «erróneo» era divinamente correcto. La ausencia de crítica y la capacidad para perdonar aportarán una nueva serenidad a su vida.

También comenzará a perdonarse a sí mismo. Verá los errores como lecciones. Esto le liberará hacerse reproches a sí mismo. Ha tomado la decisión de ser libre.

 

TOMAR LA DECISIÓN DE SER LIBRE

Los elementos de la conciencia superior descritos en los catorce ejemplos que acaba de leer son aspectos de la libertad personal. Y le corresponde a usted escogerlos.

La dificultad reside en que la conciencia humana es como una casa enorme con muchas habitaciones. Cuando nacemos, es como si llegáramos a una de las habitaciones de la conciencia y viviéramos allí hasta que morimos. A veces intentamos acceder al resto de la casa empujando la puerta sin éxito.

Para abrir con éxito la puerta que conduce a la conciencia superior debemos abrirla hacia dentro. Cuando uno se da cuenta de que no tiene por qué estar encerrado en una habitación de la conciencia, se enfrenta a la decisión de tomar una dirección diferente. Y es en ese momento cuando toma la decisión de ser libre.

La libertad es la capacidad para abandonar la única habitación de la conciencia en la que uno nació. En esa habitación se aprende cuáles son los límites de la vida. Fuera de esa habitación se aprende que la vida cuenta con posibilidades ilimitadas. Usted no tiene por qué ser una de las personas que Arthur Schopenhauer describió en la siguiente frase: «Todos tomamos los límites de nuestra visión como los límites del mundo».

 

UNA DEFINICIÓN RADICAL DE LA LIBERTAD

Mi proyecto de escribir sobre la libertad recibió un firme impulso cuando mi familia y yo vivimos una «aventura a lomos de un caballo» hace unos cuantos años, en Maui, una isla del archipiélago de Hawai. Para mí, la experiencia fue una coincidencia significativa. He aprendido a reconocer y honrar dichas experiencias. Me ayudan enormemente a tener un propósito en la vida.

«Aventura a lomos de un caballo» es el nombre que Frank Levinson, con su amiga Amber, le ha dado a la odisea espiritual que dirigen en una región apartada de Maui. Mi familia y yo tuvimos la oportunidad de pasar un día «a lomos de un caballo» en la hermosa casita que Frank tiene allí.

Les dije a Amber y Frank que planeaba escribir un libro sobre cómo ponerse en contacto con la parte espiritual de nosotros mismos, y permitir que quien gobernara fuese el lado humanitario. Amber dijo:

—En ese caso, escribirás sobre la libertad. Lee el libro de Florinda

Donner.

Entró en el dormitorio y volvió a salir con un ejemplar de Being-in-Dreaming (Vivir en sueños), e insistió en que me lo llevara y me quedara con él.

—Yo ya lo he terminado —dijo ella—, y he estado esperando a que llegara la persona indicada para leerlo. Quiero que te lo quedes como regalo.

Mientras íbamos en coche hacia el otro extremo de la isla, le dije a mi esposa, Marcelene:

—Tengo la impresión de que leer este libro será un acontecimiento que cambiará mi vida. —Y, desde luego, me puso justo en el sendero que estaba buscando.

He aquí la definición de libertad de Florinda Donner:

 

—¿Cuánto cuesta la libertad?

 

—La libertad te costará la máscara que llevas puesta —dijo ella—, la máscara que te hace sentir tan cómodo y tanto cuesta desechar, no porque se te adapte muy bien sino porque la has llevado durante mucho tiempo. —Ella dejó de pasearse y se detuvo ante la mesa de cartas.

 

«¿Sabes qué es la libertad? —preguntó retóricamente—. La libertad es la total ausencia de preocupación por ti mismo —continuó al tiempo que se sentaba junto a mí, sobre la cama—. Y la mejor manera de dejar de preocuparte por ti mismo es preocuparte por otros.

 

¿Puede imaginarse vivir todo un día sin pensar en usted mismo? ¿Sin que nada le ofenda, sin que nada le trastorne, sin que nada le enoje? ¿Es posible ver el mundo como es? ¿Es posible despreocuparse de sí mismo en esa situación?

¿Sería entonces capaz de tender la mano para ayudar a otros, de vivir, trabajar y proveer, sin preocuparse de lo que recibirá a cambio? Sólo trate de imaginarse que no piensa en usted mismo ni una sola vez en todo el día, sin preguntarse ni una sola vez por qué no le aprecian lo bastante, por qué no es lo bastante rico, por qué no le tratan con la suficiente justicia.

Sólo advierta que los otros hacen lo que hacen, sin compararse con ellos. Entregue algo de sí mismo y no pida ni espere nada a cambio. Simplemente viva. ¡Es libre!

He aquí los párrafos finales del maravilloso libro de Donner:

 

Florinda me había dicho que la libertad es una absoluta ausencia de preocupación por uno mismo, una falta de preocupación que se logra cuando la mayor parte de la energía apresada dentro de nosotros es puesta en libertad. Había dicho que esta energía sólo se libera cuando ponernos límites al elevado concepto que tenemos de nosotros mismos, de nuestra importancia, una importancia que sentimos que no debe ser violada ni objeto de burlas… El precio de la libertad es muy alto. La libertad sólo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza cuando se está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños.

 

Para algunos de nosotros, el soñar sin esperanza, el luchar sin ninguna meta en mente, es la única manera de mantenernos a la altura de la libertad.

 

La libertad, si se la define como ausencia de cadenas, existe para muchos. Pero si libertad significa librarse de aquello que nos constriñe la conciencia diaria, si la libertad significa tener visiones ilimitadas, si la libertad significa crear milagros y vivir en una dimensión espiritual radicalmente nueva, entonces la libertad existe para muy pocos.

Si puede olvidarse de la idea de su propia importancia sin derribar su propia estima, está escogiendo el tipo de libertad que Florinda Donner me ayudó a ver. También sabrá lo que quería decir Janis Joplin cuando cantaba: «Libertad no es más que otra palabra para decir que no hay nada que perder».

Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no preocupa la propia importancia, se tiene libertad. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad. Y a uno ya no le obsesiona obtener el crédito de nadie.

 

SU PAPEL EN EL PROCESO DE CREACIÓN

En los últimos años se han escrito centenares de libros sobre la mecánica de la creación. Mi favorito es Quantum Consciousness (Conciencia cuántica), de Stephen Wolinsky. Este libro ofrece un punto de vista comprensible sobre cómo se crea el universo. Le insto a leer el libro del doctor Wolinsky, y poner una particular atención en el ejercicio que recomienda para entender la mecánica de la creación.

Lo siguiente es una descripción elemental de cómo se crea todo lo presente en el universo, lo cual le ayudará en su búsqueda sagrada.

 

• La totalidad del universo está hecho de energía, cuya mejor descripción de esta energía es aquella que la representa como una onda.

 

A las partículas más diminutas que conocemos las llamamos partículas subatómicas. Sin embargo, no están hechas de materia; son energía.

 

Estas partículas son tan diminutas que el único medio por el que sabemos de su existencia es por el rastro que dejan en los aceleradores de partículas.

 

Las partículas parecen existir solo cuando las observamos. Sólo cuando se toma la decisión de ver una partícula, la onda de energía se convierte en una entidad concreta.

 

La atención dirigida hacia esa energía reconocible como una onda es lo que crea la realidad que llamamos partícula o sólido, o mundo físico.

 

Wolinsky escribe: «El observador es el creador de la partícula/masa del universo… Esto significa que la manera en que experimentamos subjetivamente los acontecimientos, interacciones, y nuestro yo interno viene creada por el observador… por nosotros».

Piense en esto mientras considera su búsqueda. Aquello sobre lo que su atención se centre, aquello será lo que creará. Yo no puedo entender cómo dichas partículas invisibles funcionan en el plano cuántico, pero creo que estas pruebas científicas nos ofrecen formidables pistas sobre los efectos y poder de nuestra atención conscientemente dirigida.

Abrazar de manera consciente la plenitud de Dios en todo lo que uno ve y hace, y centrar la atención en lo que se quiere conseguir, es el secreto del mecanismo de la creación.

Cuando uno opera desde su yo superior, está al mando. Se convierte en un cocreador con Dios de todas las realidades de su vida.

En The Tao of Physics (El Tao de la física), Fritjof Capra escribe: «Si los útiles de la medición se modifican, las propiedades de la partícula cambiarán». Esto significa que cuando uno centra su atención en algo y se convierte en el observador, el acto de observar afecta a la creación. Pero si modifica su modelo de observar y/o aparta la atención, también la creación se verá afectada.

La creación de cualquier cosa en el universo físico está determinada por el tipo de atención que uno le dedica. Aparte al observador (la atención) y alterará la creación. La forma en que una onda se hace sólida e independiente es mediante la atención consciente del observador.

Éste es el valor de aprender a mirar hacia el propio interior y centrar la atención en lo que uno quiere crear. Las partículas subatómicas existen o desaparecen dependiendo del observador.

La experiencia interna de mantener su yo superior centrado en el objeto de su deseo constituye el proceso de creación de su vida. O como lo describe Gary Zukav en The Dancing Wu Li Masters (Los maestros danzantes Wu Li): «Lo que hay ahí fuera al parecer depende, en un riguroso sentido matemático así como filosófico, de lo que nosotros decidimos aquí dentro. La física moderna nos dice que un observador no puede observar sin alterar lo que ve».

Usted puede decidir lo que hay aquí dentro por el sistema de volver la vista en una dirección nueva. Ha de saber que lo que está observando y a lo que está dedicando su atención en el interior, afectará a lo que suceda en el exterior. Creará un mundo de alborozo y conciencia espiritual si es allí donde decide concentrar su atención.

Todo esto tiene por significado poner en su conocimiento que la mecánica del universo y de su búsqueda son un mismo proceso.

Hasta ahora he descrito la búsqueda sagrada y lo que sentirá cuando le haya dado la vuelta a su vida. El apartado siguiente ofrece sugerencias para la práctica diaria. Estos ejercicios le ayudarán en el proceso de cambiar su mirada.

 

SUGERENCIAS PARA ACEPTAR EL RETO DE LIBERTAD

• Cada día haga un intento de ayudar a otras personas de alguna forma y no se lo diga a nadie. Con lentitud, las preguntas sobre su propio valor y por qué está aquí se evaporarán. Tan sólo una pequeña ayuda o amor entregado a otra persona, sin pensar que le deben algo, le pondrá en el sendero de la conciencia superior.

Copie esta verdad antigua y reléala a diario: «Cuando busques felicidad para ti mismo, siempre te eludirá. Cuando busques felicidad para los demás, la encontrarás para ti mismo».

• Practique la consecución de coincidencias significativas. Fórmese en la mente una clara imagen de algo que le gustaría que ocurriera en su vida. Una oportunidad laboral, conocer a su pareja perfecta, abandonar un comportamiento adictivo. Manténgase centrado en esta imagen y dé amor con toda la frecuencia que le sea posible, teniendo esta imagen en mente.

A medida que perfeccione la manera de mantener la energía interna sobre lo que le gustaría lograr, y continúe dando amor, atraerá las coincidencias que se adapten perfectamente a su deseo. Esto se llama dirección de las coincidencias, y es algo que yo practico a diario. Funciona.

• Valore de modo constante el mundo interior. Comience a reparar en sus pensamientos y recuerde que el sencillo acto de pensar es una prueba de que hay una energía invisible que fluye a través de usted todo el tiempo.

Perciba a su pensador: es decir, el yo invisible que está detrás de sus pensamientos. Busque conocer al que sabe, la inteligencia invisible que reside detrás de lo que llamamos conocimiento. Lo conocido está siempre en movimiento; cambia y no tiene ningún lugar de asiento. Es el que sabe, el inmutable y eterno.

Con esta conciencia comenzará a conocer su divinidad. Fuera de esta conciencia será capaz de dar forma al mundo que desea.

• Mantenga conversaciones con Dios. En lugar de pedirle favores, afirme su voluntad de utilizar toda su fuerza interior para crear soluciones. Pida la fuerza y esté dispuesto a realizar lo que sea necesario.

Saber que se es capaz de acceder a la guía divina requiere algo más que una práctica semanal. Dichas experiencias de saber provienen del interior y nunca puede dudarse de ellas. Hacerlo trastoca la existencia.

• Tómese tiempo para apreciar la belleza. Cuando contemple un pájaro, una flor, una puesta de sol, una madre que amamanta a su hijo, un anciano o un autobús escolar, ábrales el corazón. Permita que el amor circule desde usted hasta ellos y sienta cómo le es devuelto. Cuanto más practique el recibir amor del entorno, más energía tendrá.

Hay energía en todas las cosas y seres. La forma en que recibe esta energía invisible es mediante la apreciación de la belleza y la maravilla de nuestro universo.

Con la práctica, será capaz de enviar al exterior el amor que recibe mediante el sencillo acto de apreciar la belleza. ¡Inténtelo!

• Intente apartar a todos los enemigos de sus pensamientos. La misma inteligencia que fluye a través de usted fluye a través de todos los seres humanos. Olvídese de las cosas que los intereses creados quieren que crea. Todos somos uno; cada uno, una célula de ese cuerpo llamado humanidad.

Cuando se tiene esta mentalidad universal, la persona se ve libre del odio que divide a la humanidad, y es incapaz de participar en la violencia. El acto de herir a otro, con palabras o armas, es un acto de separación.

Cuando uno sabe que está conectado con todo, no puede ni imaginar que golpea a otros, mucho menos sentir odio por pretendidos enemigos. La respuesta a nuestros problemas de violencia se halla en el reino espiritual.

• Piense en usted mismo como alguien sin limitaciones y establezca una nueva relación con la realidad. Imagínese capaz de conseguir cualquier cosa que su mente pueda representarse.

Sueñe que vuela, que cambia de forma, que desaparece y reaparece, y cualquier cosa que le resulte atractiva. Establezca una nueva relación con la realidad que sólo dependa de lo que usted quiera ser.

Despójese de todo lo que le han dicho que es imposible o irreal, y establezca con Dios lo que es posible para usted. Examine todas las dudas que tiene sobre los milagros y quienes los obran, y reemplace esas dudas por una postura abierta.

Su meta es tener una relación muy personal con la realidad.

• ¡Abandónese! Esto implica un acto del corazón. El acto de entrega tiene lugar en un momento. Deje atrás sus conflictos con lo que es y lo que puede ser, y abandónese. Deje de preguntarse: «¿Por qué yo?».

Acepte el hecho de que su cuerpo morirá y que usted es eterno. Fúndase con este concepto cuando alguien muera, y deje de decirse que su muerte no debería haber sucedido de la forma en que sucedió. Puede abandonarse y aceptar, y también puede llorar.

Repare en cualquier diálogo interno repetitivo sobre los horrores y tragedias del mundo. Abandónese y despójese de él. Esto no significa que vaya a regocijarse con el sufrimiento de los demás. Significa que no centrará su energía interna en el sufrimiento. Lo cual le hará sentirse más dispuesto a eliminar el sufrimiento de los demás.

Cada día mueren millones de personas, y millones más aparecen en este planeta. Es una obra de constantes entradas y mutis. Todas sus opiniones sobre cómo debería suceder no son más que nociones que uno tiene de cómo Dios debería dirigir esta obra.

Pero todo es perfecto; incluso la parte que le desagrada o juzga negativa. Abandónese y tenga presente que también usted es uno de esos personajes que han hecho su entrada y acabarán haciendo un mutis. Pero tenga también presente que es eterno, y que ésa es su más cierta realidad.

¡Abandónese! Sólo requiere un instante.

• ¡Sueñe despierto! Eso es. Recuerde que no tiene por qué irse a dormir para poder soñar. Concédase momentos para soñar sin dormir.

Permita que su mente cree todo lo que puede crear cuando sueña dormido. Mediante la práctica de este ejercicio llegará un día en que no será capaz de distinguir entre sus sueños de vigilia y sus sueños nocturnos. Éste es un lugar maravilloso, porque le proporciona la oportunidad de crear mentalmente el marco de su experiencia vital.

Soñar despierto puede hacerle sentir ilimitado. Lo hacía de niño y le etiquetaban de soñador. Pero aquéllos fueron momentos maravillosos.

Cuando se libera de los límites autoimpuestos que experimenta en la conciencia de vigilia, entra en el mundo del espíritu. Es ahí donde llega a conocer su yo superior, a experimentar a Dios. Es ahí donde puede mantener conversaciones con esas personas, importantes en su vida, que ya han fallecido. Es ahí donde puede recibir guía y la confirmación de su esencia inmortal.

• Tómese cada día un tiempo para el silencio. Podría ser una forma de meditación, pero si prefiere no hacerlo, simplemente permítase algunos momentos de silencio. Viva su silencio durante al menos treinta minutos diarios.

Cuando estamos enamorados, solemos decir que nos faltan las palabras. Usted está buscando ese amor divino interior como parte de su búsqueda sagrada, así que concédase tiempo para guardar silencio.

Cuando sentimos asombro ante algo decimos: «Me faltan las palabras». Esto es un indicio del valor del silencio. Encontrará a Dios cuando permita que la parte espiritual de su conciencia domine su vida. Abandone el ruido, las precipitaciones y el bullicio de su vida durante sólo treinta minutos al día, y se convertirá en un momento que apreciará como un tesoro.

• Imagine una solución espiritual para su problema. Piense en el problema más grave con que se enfrenta hoy. Escríbalo. Ahora repase todos sus pasados intentos de solventar esta dificultad. Verá que la práctica totalidad de los esfuerzos que ha realizado para corregir ese problema estaban centrados en el mundo exterior.

Ahora intente un enfoque por completo distinto: Primero repare en la parte emocional del problema que le inquieta: la tristeza, el enojo, el dolor, el miedo. Luego tome la decisión de que esta emoción es negativa e indeseable para su vida. Ahora repare en la sensación que le produce esta experiencia interna.

Está fijando su conciencia interna en lo negativo de la emoción que despierta el problema. Sólo dése cuenta de ello. Ahora, quítele la etiqueta de negativa a la emoción y limítese a aceptarla como lo que es: ni mala ni buena, sólo una emoción. En lugar de etiquetarla, mírela como energía, obsérvela como tal.

Ésta es una forma espiritual de abordar la solución de su problema. Se ha convertido en observador. Está considerando la emoción relativa a su problema como simple energía. Antes de que pase mucho tiempo, verá desaparecer las emociones. Sus sensaciones de tristeza, ansiedad y miedo se disiparán, mediante el solo acto de observar.

A medida que se siente cada vez menos ligado emocionalmente, el problema desaparecerá de modo paulatino. Una solución espiritual es aquella en la que se desliga emocionalmente del resultado y ve la energía como algo que fluye a través de usted. Mediante la observación de esa energía, se aleja del dolor. El acto de observación comprensiva disipa el problema.

• Aligere su carga a partir de hoy. Haga un repaso de todas las pertenencias que ya no usa y compártalas con otros. Puede hacerlo con todo lo que posee.

Cuantas menos sean las cosas a las que se aferre, más libre será. El acto de compartir sus pertenencias es un acto de conciencia superior. A la postre, será capaz de entregar las cosas que todavía usa, y luego será también capaz de dar su dinero. Sabrá que todo lo que dé le será devuelto con creces.

Recuerde la máxima: «Muchísimas personas desprecian el dinero, pero pocas saben darlo».

Al aligerar su carga material, gastará menos energía en atesorar, asegurar, preocuparse y demás. Cuando menos apegado se sienta a sus pertenencias, más capaz será de compartirlas de forma incondicional con otros, y más plácida será su vida.

• Esfuércese en estar satisfecho de sí mismo en vez de forzarse a complacer a otros fingiendo. Diga para sí: «Yo soy lo que soy y eso está bien siempre y cuando no le haga daño a otras personas».

Esta afirmación evita que tenga que cambiar su yo auténtico por uno falso. Usted es una criatura divina, eterna e inmutable. El resto no es más que la representación que lleva a cabo el cuerpo.

Séale fiel a su yo invisible. Hágalo en silencio y sin alharacas, pero hágalo. Su comportamiento, más que sus palabras, le enseñará a la gente que no está dispuesto a ser algo que no es. No hay necesidad de hacer aspavientos. Un encogimiento de hombros, o un apartarse de las situaciones comprometidas, o una declaración firme, suelen bastar.

Tenga claro sus tendencias internas y no será agresivo cuando su inclinación sea estar sereno, ni atlético cuando sabe que no es lo suyo, ni homosexual cuando su guía interior le dice lo contrario.

Esto significa estar dispuesto a confiar en su yo interno y atenerse a esa guía interna ante las presiones de los demás.

• Dirija su atención hacia lo que le complace. Por ejemplo, si tiende a imaginar desastres, cambie esta costumbre por la contraria. Recuerde que aquello en lo que piensa acaba tomando forma. Ahora, después de haberse representado mentalmente la tragedia, vuelva a representarla con un final feliz. Es importante que haga esto cada vez que se sorprenda deslizándose hacia catástrofes imaginarias, porque si no lo hace provocará los resultados que teme.

Usted tiene el poder de hacer que su mundo interior trabaje en su beneficio o perjuicio. Úselo para crear las satisfactorias imágenes que quiere que ocurran en su mundo material, y llegará un momento en que esa satisfacción interna abrirá el camino que recorrerá.

Puede llevar una vida apacible y placentera. La elección está en sus manos

• No juzgue. Si ve a alguien que es muy diferente de usted en apariencia física, edad o posición económica, utilice su mente para transmitirle amor y no censuras. Si de modo instantáneo, por la fuerza de la costumbre, hace un juicio, reconozca que acaba de hacerlo, y luego transmítale a la persona su amor incondicional durante un segundo.

Esto le hará perder el hábito de enjuiciar y hará que adquiera el de usar la mente para transmitir el tipo de amor que recargará de energía.

 

 

2

 

Reconocer las limitaciones de su pasado

 

Hacemos todo lo posible por desmentir el hecho,

pero continúa siendo un hecho;

el hombre es tan divino como la naturaleza,

tan infinito como el vacío.

Aldous HUXLEY

 

 

Por mucho que proteste, soy responsable

de todo lo que sucede en mi vida.

 

En los años siguientes a su llegada desde la nada al aquí y ahora, le enseñaron muchas creencias sobre lo que era capaz de hacer y lo que le resultaba imposible realizar. También aprendió de los demás sus creencias respecto de la religión, educación, amor y quiénes eran sus enemigos. La influencia de esas personas que le cuidaron en los primeros tiempos conformaron su elección de amigos y maestros. La persona que es en la actualidad es sobre todo resultado de sus interacciones con los adultos del entorno en que creció.

La prueba científica presentada en el primer capítulo, referente a como la partícula se ve modificada por la energía del observador, es también aplicable en este caso. Usted se configuró a partir de la energía de sus primeros mentores. La partícula que se convirtió en usted se formó a partir de la interacción cuántica de los observadores de su crecimiento. Es esta energía, su pasado, la que debe explorar mientras se prepara para llevar a término su búsqueda sagrada.

No estoy sugiriendo que mire su pasado para hacer críticas. De hecho, le insto a no recordarlo como bueno o malo. Simplemente sucedió.

Tenga presente lo que ha leído en el primer capítulo y el tema en el que hice hincapié a lo largo de Tus zonas mágicas. Esta realidad global que compartimos es un sistema dotado de inteligencia y un universo divino. Todo lo que ocurre es parte del desarrollo de esa inteligencia. Una parte de ese desarrollo es ahora su deseo de una conciencia superior.

Así pues, ha llegado el momento de deshacerse de las creencias que le han servido bien pero que ahora le impiden avanzar. El proceso de despojarse de esas creencias es fácil de entender si puede representarse la vida como exámenes que debe pasar.

Del mismo modo en que se nos exige que superemos exámenes durante nuestra experiencia escolar, se nos pide que pasemos exámenes en la escuela de la vida. Si los aprobamos, avanzamos hasta el nivel siguiente, y luego nos examinamos de ese nuevo nivel durante nuestra estancia en el aquí y ahora. Si no los aprobamos, repetimos curso y continuamos en ese nivel hasta haber aprendido la lección.

Muchos años, incluso toda una vida, pueden consumirse repitiendo una sola lección con el fin de aprobar el examen espiritual. Podríamos encontrarnos repitiendo los mismos comportamientos de modo agotador y deprimente, una y otra vez, sin aprender la lección que la vida trata de enseñarnos.

Podría encontrarse yendo de una mala relación a otra, incluso buscando a la misma persona cada vez aunque con un cuerpo diferente. Una y otra vez podría encontrarse que está siendo dominado, no apreciado, o tratado con indiferencia por una pareja desconsiderada. Tal vez continúa en una ocupación repitiendo las pautas de comportamiento de experiencias laborales que antes fueron insatisfactorias. Podría contraer continuamente el mismo tipo de gérmenes y repetir pautas de enfermedades.

Las personas que emprenden con éxito el sendero espiritual viven existencias que aman y se sienten productivas porque se dan cuenta de que las pautas de vida están tratando de decirles algo. Comprenden que esas situaciones son las pruebas, los exámenes, de la vida.

Las mismas reacciones —las respuestas que han dado antes— no obtendrán resultados diferentes. Al reaccionar de modo distinto, lo que han hecho es decidirse a superar las pruebas, los exámenes. Para avanzar hasta el siguiente nivel de esta carrera de la vida, tiene que superar las pruebas que surgen por el camino.

 

AVANZAR HASTA EL NIVEL SIGUIENTE

Primero, tome la decisión de establecer una nueva relación con la realidad. Esta nueva relación ha de basarse en el entendimiento de que a partir de ahora será usted quien tome las decisiones. Toda la información que ha recibido hasta ahora pasará a considerarse como pruebas que ha superado.

Todas las personas y cosas que entraron en su vida tenían una razón para estar allí. Llegaron para enseñarle. Usted aprovechó las lecciones; ahora ya ha superado las pruebas.

Ya no es necesario que permanezca en la misma aula repitiendo los mismos cursos. Valore esas experiencias tempranas pero tenga presente que ya está preparado para continuar adelante. Recuerde la sensación de mayor libertad que experimentó al pasar de la escuela primaria a la secundaria, al preuniversitario y a la facultad. Recuerde que la libertad es la experiencia que busca ahora.

Mucho después de tomar la decisión de ser escritor, me di cuenta de que iba a tener que establecer una nueva relación con la realidad. Nunca ha dejado de asombrarme cómo aparecen los maestros cuando estamos preparados. En este caso, mi maestro fue Jackson Browne, quien me enseñó una lección en la letra de una de sus canciones.

Llevaba a mi hija mayor, Tracy, de vuelta a casa después de una excursión por el sur de Florida. Late for the Sky sonaba en el radiocasete del coche. Me entretuve en explicarle la letra a Tracy como una forma de iniciar una conversación. Comencé a repetir la letra en voz alta a medida que sonaba la música.

Jackson Browne cantó luego la canción titulada For a Dancer. Yo había oído esa canción centenares de veces, pero en esta ocasión sentí la letra como una parte tan integral de mí mismo que fui incapaz de continuar la conversación con Tracy. Me quedé allí, conduciendo, pensando en lo ciertas que eran las palabras y en lo que significaban para mí. La letra se refería a la mayoría de las personas como bailarines que pasan su vida bailando con pasos dictados por otros. Alentaba a quienes lo escuchaban a examinar sus vidas y convertirse en los coreógrafos, no en meros bailarines de sus existencias.

Yo sabía que mi propósito en la vida era ayudar a otras personas a obtener confianza en sí mismas, enseñándoles a mirar en su interior y confiar en la sabiduría interna. En un sentido, siempre había estado haciendo eso, incluso de niño: demostrar el valor de la confianza en las propias capacidades.

Mientras conducía experimenté un instante sublime, sentado en el coche y repitiendo la letra y prometiendo en silencio hacer que el significado de la canción adquiriera vida tanto en mi propia existencia como en las existencias de quienes estuviesen dispuestos a escuchar.

Tras haber oído centenares de veces For a Dancer y caer cautivado por ella, la letra me empujó, cuando estuve preparado, hasta el siguiente nivel. Se convirtió en el impulso de este capítulo y, en un sentido más amplio, de este libro y, en el más amplio de los sentidos, en el impulso de toda mi obra hasta el momento.

La mayoría de nosotros bailamos siguiendo los pasos que nos han mostrado las personas que hemos conocido, y a menudo no nos damos cuenta de que todavía bailamos según ese ritmo en la edad adulta. Como sugiere Jackson Browne, tenemos que aprender a sembrar algunas semillas propias, convertirnos en el coreógrafo de nuestra propia vida y danzar al son de la música que hayamos compuesto nosotros.

El siguiente paso, pues, es la conciencia de que lo único que hay es el ahora. Hoy es el único día de su vida. No tiene por qué estar limitado por su historia.

Reelabore su relación con la realidad. Ya no será un mero bailarín; también será compositor, coreógrafo y el alma rectora de ese baile.

La manera como ha vivido hasta ahora le ha permitido funcionar en el nivel de la supervivencia, y ha de estarle agradecido. No rechazará ni juzgará su pasado. Tan sólo tomará la decisión de ascender un poco. En esté nuevo nivel usted es el coreógrafo. Baile con los pasos que usted mismo cree.

 

DEJAR ATRÁS SU HISTORIA PERSONAL

Tener un pasado nos impide centrarnos en el ahora. Quizás ésta sea una idea radical, pero le pido que considere la posibilidad de erradicar de forma absoluta su pasado y vivir por completo en el momento presente.

Lo primero que podría venirle a la cabeza, como vino a la mía cuando comencé a considerar esta posibilidad, es que resulta imposible. Tengo una memoria, sin lugar a dudas, y sería una locura por mi parte fingir que no soy producto de mi pasado. Lo que estoy pidiéndole es que haga abstracción de él.

La cuestión radica en que, dado que usted es un producto de su pasado, está bailando al son de una música que le han impuesto. Con el fin de dar el primer paso hacia su búsqueda sagrada, tiene que despojarse antes de la idea de que es incapaz de dar ese paso.

En Relatos de poder, Carlos Castaneda es adoctrinado en la sabiduría del Nagual, un maestro espiritual que vive en un mundo muy diferente del nuestro. Su maestro, don Juan, le dice: «Un día, descubrí que no necesitaba un pasado, así que, como la bebida, lo dejé». Mientras Carlos considera la idea, se le dice que si puede aprender a borrar su historia, se verá libre de la carga de los pensamientos de los demás.

Cuando la gente conoce nuestra vida pasada, ejerce cierto control sobre nosotros. Esperan que seamos algo que ya hemos sido, o que nos han enseñado a ser. Si no estamos a la altura de sus expectativas se sienten desilusionados. Entonces nos cargamos con la culpa de haber decepcionado a quienes han sido nuestros mentores.

No obstante, existe una alternativa sencilla que puede ponerse en práctica en un momento de satori o despertar instantáneo. Puede deshacerse de su historia ahora mismo. Simplemente deshágase de ella. Para decirlo con sencillez, si no tiene un pasado, sus actos no tienen por qué derivar de él.

De todos los seres inspirados que he conocido y leído, una cualidad que todos parecen tener en común es que no están de manera alguna atados a su pasado. Son libres porque no se basan en lo que eran.

Reconocen que todas las personas y acontecimientos que aparecieron y tuvieron lugar en su pasado formaban parte del sistema inteligente que ha sido su realidad. Pero saben que ésta es una realidad nueva y distinta, que comienza y acaba con el ahora. Son libres para tener la mente abierta.

El libro A Course in Miracles (Curso de milagros) lo expresa así:

 

Volver a nacer es dejar que el pasado se marche, y mirar al presente sin condenarlo… Sólo se te pide que dejes ir al futuro y lo deposites en las manos de Dios. Y mediante la experiencia verás que también has depositado el pasado y el presente en sus manos, porque el pasado ya no te castigará, y el temor al futuro carecerá ahora de sentido.

 

Usted no necesita un maestro para que le enseñe todos los elementos de la conciencia superior. No necesita un maestro que le diga cómo borrar su pasado y las limitaciones en que ha llegado a creer. Lo que necesita es un maestro que le enseñe que tiene un poder inconmensurable dentro de usted. Esto es lo que deseo hacer. Espero convencerle de que la realidad de la existencia es su ilimitado poder interior.

En Ilusiones, Richard Bach explica que cuando uno razona convencido de sus limitaciones, lo único que se obtiene son las limitaciones. Si ha aceptado sus limitaciones durante largo tiempo, puede que esté convencido de que le es imposible conseguir ciertas cosas. He aquí la razón por la que borrar su pasado, hacer borrón y cuenta nueva y comenzar con el ahora, resulta un aspecto tan importante en su búsqueda sagrada.

Despójese de todas las creencias que le han convencido de sus incapacidades y defectos. Limpie ese armario de creencias gastadas. Libérese de su viejo yo. Conviértase en una pizarra en blanco. En esa pizarra no hay nada escrito ni proyectado.

El viaje se inicia con la negación del pasado. El tesoro empieza con el ahora. No hay nada malo en borrar su historia. Hay un gran amor y respeto por todo lo que ha aprendido hasta ahora, pero el ahora está en blanco y, lo más importante, abierto a todas las posibilidades. Sin restricciones, sin limitaciones, sólo con la voluntad de experimentar. Dios y el divino universo habitan en su interior.

Su vida ya no se verá constreñida por lo que ha conocido. Su programa de vida ha sido suspendido. En el instante en que uno se despoja de su pasado se convierte en un ser eterno. Siempre lo ha sido. Siempre lo será.

Llegados a este punto hay que responder a la pregunta: «¿Quién soy?». Las respuestas ya no tienen por qué limitarse a las etiquetas que han definido su experiencia vital.

 

SI USTED NO ES SU PASADO, ¿QUIÉN ES?

El famoso poeta libanés Kahlil Gibran escribió que sólo hubo una ocasión en su vida en que le faltaron las palabras. Fue cuando alguien le preguntó: «¿Quién es usted?». Es una cuestión imposible de responder con palabras, porque lo que somos carece de forma, y las palabras pertenecen al mundo de las formas. La respuesta a esta pregunta no se encuentra en el ámbito formal.

Cada uno de nosotros es un alma con un cuerpo, no un cuerpo con un alma. El alma no puede ser medida ni observada. Quizá la mejor manera de responder a la pregunta sea observando lo que no somos.

Me encanta la manera en que Nisargadatta Maharaj responde a este interrogante en I Am That (Yo soy eso). Este autor escribe:

 

Del mismo modo que los colores de esta alfombra los origina la luz, pero la luz no es el color, así el mundo es obra tuya, pero tú no eres el mundo. A eso que crea y mantiene el mundo puedes llamarlo Dios o providencia, pero en definitiva tú eres la prueba de que Dios existe, no al revés. Porque antes de que pueda plantearse ninguna pregunta acerca de Dios, tú debes estar allí para plantearla.

 

Usted es la esencia, invisible, que demuestra la existencia de Dios y del mundo. Más adelante en este pasaje, Maharaj añade:

 

El cuerpo está hecho de alimento y la mente de pensamientos. Considéralos tal como son. El desasimiento del cuerpo, cuando es natural y espontáneo, constituye la liberación. No necesitas saber lo que eres. Basta saber lo que no eres. Lo que eres nunca lo sabrás, porque cada descubrimiento revela nuevas dimensiones que conquistar. Lo desconocido no tiene límites… Imponte tareas en apariencia imposibles… ésa es la manera.

 

Su historia ha intentado convencerle de que a usted le corresponde tal o cual etiqueta que le han asignado. Usted adoptó esas etiquetas. Para borrar su pasado, es necesario que se quite todas esas etiquetas artificiales.

He aquí algunas de las cosas que usted no es:

• Usted no es su nombre. Mi nombre, Wayne, traducido literalmente significa «constructor de carretas». El apellido Dyer significa «tintorero». Los indios de Norteamérica usaban nombres como Baila Con Lobos o Pequeña Paloma Blanca para describirse los unos a los otros. En ambos casos, los nombres, las etiquetas, no expresan lo que las personas son.

El nombre le fue dado para ayudar a distinguir su cuerpo de los otros cuerpos de su entorno, y para proporcionarles a los demás una palabra que pudieran usar cuando querían referirse a usted. Pero ni por un momento piense que el nombre es usted. En realidad, el nombre es quien usted no es.

• Usted no es su cuerpo. Fíjese en el posesivo de la expresión «su cuerpo». Esto da a entender que el cuerpo es algo que se posee. Usted es el poseedor del cuerpo y la fuerza invisible que hay en él, pero no es el cuerpo en sí.

El cuerpo no es nada más que un conglomerado que incluye huesos, cartílagos, sangre, hierro, calcio, piel… Al consultar su pasado, hallará muchísimos traumas en torno a la importancia del cuerpo, ¿le enseñaron que el aspecto decía mucho acerca de usted? A la mayoría de nosotros nos enseñaron a pasar horas delante de los espejos preocupándonos por la postura, el físico, la piel, la ausencia o presencia de pelo y vello, el peso, la estatura, y demás. Pero estamos ante un falso yo.

Usted posee un cuerpo. No es un cuerpo.

• Usted no es su mente. Del mismo modo que decimos «su» cuerpo, también decimos «su» mente. Esto da a entender que usted es el dueño de la mente. Con la mente piensa, y por lo tanto hay unos pensamientos y existe un ente pensante.

Cuando le preguntaron a Maharaj si la mente era la persona, contestó: «Examínala con atención y verás que la mente siempre bulle en ideas. En ocasiones puede quedarse en blanco, pero lo hace durante un rato y retorna a su habitual inquietud. Una mente calmada no es una mente plácida. Dices que quieres pacificar tu mente. ¿Está en paz el que quiere pacificarla?».

¡Qué maravillosa pregunta, qué estimulante!

¿Quién es el dueño de la mente? ¿El dueño que busca paz está él mismo en paz? Quien en realidad es usted no es la mente sino el yo que hay tras de la mente. Y tal dueño no se encuentra en el plano de lo físico.

Durante la mayor parte de la vida le han enseñado que usted es su mente. Ha estado formándose, asistiendo a clases ad infinitum e identificándose de alguna forma con lo que sabe.

Al dejar atrás su pasado, dejará atrás la idea de que usted es su mente. (Éste es un concepto tan importante para acceder al yo espiritual, que le he dedicado un posterior capítulo titulado «Cultivar la condición de espectador»).

• Usted no es su ocupación. Usted no es ni ingeniero ni profesor ni secretario ni tendero. Son elecciones que ha hecho su invisible yo como forma de cumplir con su misión en el aquí y ahora.

Cuanto más defina su trabajo su personalidad, más difícil le resultará conocer la verdad y alcanzar la libertad. Le es más fácil lograr la satisfacción y ser consciente de ser una criatura divina a cualquier vagabundo anónimo que haya desempeñado muchos trabajos, que a una celebridad atrapada en su imagen pública.

Identificarse con el trabajo que se desempeña puede mantenerle apartado de su verdadero yo superior. Puede inhibir su capacidad para conocer su yo espiritual, puesto que usted ha hecho que su vida gire en torno a su trabajo.

Deshacerse del pasado implica despojarse de la idea de que uno es lo que hace. Recuerde este ejercicio de lógica: si uno es lo que hace, entonces uno no es lo que no hace.

Cuando se cree que uno es su trabajo, lo que se está haciendo es seguir una rutina establecida para dar un valor a la vida; pero un valor que no tiene sentido. Nuestro yo espiritual no participa en esa tarea.

Al deshacerse de su pasado, abandona esta idea. Se convierte en lo que Stuart Wilde, en su sincero y brillante libro, The Whispering Winds of Change (Los susurrantes vientos del cambio), llama «volverse un minimalista». Los siguientes fragmentos despertarán su deseo de leer esta magnífica obra:

 

Nunca avances con prisa. Camina con lentitud, habla sopesando las palabras. Nunca te dejes llevar por las emociones y jamás permitas que la gente te manipule… Siempre hay otra posibilidad, siempre otro momento, y hay cinco mil millones de personas… Diles que tienes todo el tiempo del mundo: porque lo tienes, eres infinito. Recuerda que la más grande sabiduría que puedes alcanzar es la del no hacer. Son los tratos y situaciones que evitas los que te ayudan a conservar energía y permanecer independiente y fuerte… Con cada cosa que te comprometas, aumentarás tu carga.

 

Haga el esfuerzo de quitarse las etiquetas, y tenga presente que no es lo que hace. Usted es el que observa al yo que hace.

• Usted no es sus relaciones. Sin duda, la corriente de amor que existe entre usted y los integrantes de su círculo inmediato es muy importante, pero no es quien usted es.

Usted es un alma individual conectada con el todo, pero no es esa relación que mantiene con el todo. Identificarse con las relaciones proporciona gran frustración porque cada vez que hay un pequeño problemas en ellas, como siempre habrá, uno se siente desdichado.

Recuerde que es eterno, y eso es inmutable. Mantiene un gran número de relaciones, todas las cuales son importantes, pero llegan y se van como su vida corporal, que va de la nada al aquí y ahora y acaba volviendo a la nada. Es un ir y venir, y por lo tanto algo mutable.

Deshacerse del pasado implica despojarse de la creencia de que una relación fracasada le convierte a uno en un fracasado. No existen relaciones fracasadas. Con cada persona que entra en su vida y sale de ella se ha procedido a un mutuo compartir de lecciones de vida. Algunos tienen papeles más largos que otros en la representación, pero, a la postre, usted volverá a su relación con el absoluto.

Nunca tiene que juzgarse a sí mismo de manera negativa por la naturaleza de sus relaciones. Puede aprender de todas ellas, sabiendo que usted es el observador de cuanto ocurre.

• Usted no es su país, ni su raza ni su religión. Usted es un espíritu eterno, no un estadounidense, chino o africano. Carece de importancia el cuerpo que habite, el punto geográfico al que haya llegado, y la religión en la que crea. En la nada no hay ni budistas, ni católicos ni presbiterianos. Éstas son clasificaciones hechas para distinguirnos los unos de los otros en nuestra forma presente.

Estas identidades sólo tienen sentido en el paréntesis de la eternidad que denominamos vida. Rechácelas y se identificará con el reino del espíritu. Entonces ya no estará dispuesto a librar las luchas de sus ancestros, que han intentado convencerle de a quién debe odiar y a quién amar. Ya no asumirá la creencia tribal que le hace percibirse como mejor que otros en virtud de su lugar de nacimiento o color de piel.

Su pasado le ha transmitido las costumbres de su grupo. Pero usted no necesita estas limitaciones. Despójese de esa identificación con las etiquetas, y escoja la nueva perspectiva: la conciencia de la unidad. Usted está unido con todas las almas. Su apariencia o lugar de nacimiento carecen de relevancia.

Los que aún se encuentran atrapados por esas creencias le llamarán traidor, ingrato. Usted será capaz de darles amor y no tener en cuenta sus acusaciones.

En nombre de Dios y de la patria se han hecho las guerras y se ha asesinado a millares de millones de seres humanos. Usted sabe, al igual que todos, que esto es una violación de las leyes de Dios, que es inconsecuente con las enseñanzas de todos los maestros espirituales que alguna vez han caminado entre nosotros.

Sin embargo, la pauta persiste. ¿Por qué? Porque nos aferramos a nuestros pasados como si fueran nuestras identidades. Niéguese a identificarse con las etiquetas del grupo.

Verse a sí mismo como un ser espiritual sin etiquetas es una manera de transformar el mundo y alcanzar un lugar sagrado. Comience por tomar la decisión de ser libre despojándose de su pasado.

Cuando uno se deshace de su historia sabe que no es ni su nombre, ni su cuerpo, ni su mente, ni su ocupación, ni sus relaciones, ni su identidad étnica o cultural. Así pues, ¿quién es usted? Lo que queda es lo invisible, lo intangible, aquello que constituye el núcleo del mensaje de este libro.

Lo que tenemos es similar a lo que un seguidor le pidió a Nisargadatta Maharaj que le aclarara. «Cuando miro a mi interior, encuentro sensaciones y percepciones, pensamientos y sentimientos, deseos y temores, recuerdos y expectativas. Estoy inmerso en esa nube y no veo nada más», le explicó.

Nisargadatta Maharaj, que vivía en los suburbios de Bombay, en una humilde choza de adobe, evitando toda posesión y entregado a aquellos que buscaban conciencia espiritual, respondió: «El que ve todo esto, y también la nada, es el maestro interior. Sólo él es, todo lo demás parece ser. Es tu propio yo, tu esperanza y seguridad de libertad; encuéntralo, aférrate a él, y estarás seguro y a salvo».

¡Qué gran mensaje! El ser espectador es todo su ser. Es la respuesta. No puede describirse con palabras, pero lo conocerá mejor cuando se despoje de su pasado.

 

 

3

 

Abandono de viejas creencias

 

Una de las diferencias más impresionantes entre un gato

y una mentira, es que el gato sólo tiene siete vidas

Mark TWAIN

 

 

Mi pasado no es más que la estela

que he dejado tras de mí.

Lo que impulsa mi vida es la energía

que genero en el presente

 

Ahora ha llegado el momento de comenzar la tarea de reorganizar y abandonar las creencias y opiniones que no se adapten a su nueva relación con la realidad. Veamos algunas de esas arraigadas creencias y apartémoslas de nuestra conciencia.

Su pasado está preñado de creencias. Estas creencias se encuentran en el núcleo de lo que usted percibe como constituyentes de su realidad. Debe usarlas para explicar por qué su vida ha tomado el rumbo que ha tomado. Tome la resolución de extirpar aquellas que no se ajusten a la nueva relación con la realidad que está creando.

A lo largo de este capítulo se le pedirá que descubra y luego cambie creencias que ya no necesita. Puede que se pregunte por qué iba a aferrarse a sistemas de creencias innecesarios o indeseados. En el libro Be As You Are (Sea tal como es), Ramana Maharshi, uno de los sabios indios del siglo XX, dice lo siguiente en respuesta a por qué los seres humanos continúan repitiendo costumbres que niegan su ser:

 

El placer o el dolor son sólo aspectos de la mente. Nuestra naturaleza esencial es la felicidad. Pero hemos olvidado el yo e imaginamos que el cuerpo o la mente son el yo. Es esa identidad equivocada la que da lugar a la desdicha. ¿Qué debe hacerse? Esta tendencia es muy antigua y ha perdurado durante reencarnaciones. Por lo tanto, se ha hecho fuerte. Debe desaparecer para que la naturaleza esencial, la felicidad, se imponga.

 

Este capítulo podría ayudarle a responder a la pregunta planteada por Ramana Maharshi: «¿Qué debe hacerse?».

He aquí diez de las creencias más comunes y difíciles de desechar que se enseñan en la civilización occidental. Examine cada una de estas creencias nucleares y observe cómo operan en su vida. Luego considere algunas de las sugerencias que ofrezco. En el proceso, volverá a definir su relación con la realidad y tal vez hallará sus propias respuestas a la pregunta: «¿Qué debe hacerse?».

Recuerde que la totalidad de su vida tiene que ver con la acumulación de energía. Cuantas más creencias destierre de su espacio interior, más espacio habrá para la nueva energía. Pregúntese si estas diez creencias las quiere mantener o desechar. Y tenga presente que si dichas creencias no le sirven, son mentiras que viven eternamente, como sugiere Mark Twain en el epígrafe del presente capítulo.

 

PRIMERA CREENCIA: CUANTO MÁS, MEJOR

Cuanto más mejor es una enfermedad del siglo XX que puede ocultar el sendero de su búsqueda. ¿Se ha convertido esta creencia en parte de su vida diaria? ¿Dónde está la paz en cuanto-más-mejor?

Esta búsqueda del más lo condena a uno a una vida de constante lucha. Resulta imposible disfrutar de la vida. ¿Le han educado en esta creencia? Si ha dedicado una gran cantidad de energía vital al cuanto-más-mejor, puede resultarle difícil sustraerse a esa inercia. Necesita saber si es una piedra angular de su vida.

Algunos de los indicadores de que el cuanto-más-mejor informa su vida son los siguientes: tiene que estar ocupado para sentirse satisfecho; debe ganar más dinero del que gana; ha de obtener un ascenso para demostrar su valía; necesita tener más de todo. Para cambiar esto, usted ha de descubrir y convencerse de que apenas sí necesita cosas para ser libre. Éste es el primer paso para abandonar esta espiral.

Cuanto-más-mejor le mantiene a uno anclado en el ámbito de lo físico. Con lo que el yo espiritual no tiene cabida en nuestra vida diaria. La energía interna está concentrada en la acumulación, las adquisiciones, las recompensas, los trofeos, la aprobación y el dinero.

Algunas personas experimentan sentimientos de culpa, vergüenza, y se hacen reproches porque piensan que son haraganas e incompetentes.

Nos enseñan este juego en una etapa temprana de la vida. Ya en el colegio, buscamos conseguir notas más altas, diplomas adicionales, reconocimientos… No hay paz en esta espiral.

La sensación de paz existe cuando uno se aparta del cuanto-más-mejor. Ello indicará que su yo espiritual está llamándole. «Los buenos y los sabios llevan vidas tranquilas», dijo Eurípides.

Que quede claro que no incluyo esta constante búsqueda del más a la cabeza de la lista porque sea intrínsecamente mala. La razón es porque le niega la paz y armonía que precisa su búsqueda sagrada. No tiene por qué convertirse en un ser inerte para tener paz. Puede abandonar la idea de cuanto-más-mejor y reemplazarla por una serenidad interna que no necesita más para ser satisfactoria.

Usted ha recibido creencias de una interminable cadena de personas que han sido víctimas voluntarias durante generaciones. Cuando se despoje de estas creencias, abrirá un espacio interno que le permitirá acumular un tipo de energía diferente, energía que le dirigirá hacia la paz y no a la confusión y a una operación a corazón abierto.

Sugerencias para librarse del cuanto-más-mejor

• Relájese, relájese, relájese. Nunca lo repetirá lo bastante. Examine con cuidado cuánta energía vital utiliza en la consecución de lo que ni quiere ni necesita. Practique una vez por día el decir no al cuanto-más-mejor. Diga un muy tajante «no, no voy a perseguir eso».

En lugar de perseguir el cuanto-más-mejor, dedique tiempo a jugar con su hijo o nieta. Lea el Nuevo Testamento en lugar de afanarse en otro objeto. Váyase a dar un largo paseo por la orilla del río en lugar de dedicar tiempo a superar a los demás.

Al liberar la energía que antes aplicaba a conseguir más, usted se libera a sí mismo para experimentar el júbilo de ser. Esto es la libertad, el escoger ser, no acumular.

Descubrirá, a medida que adopte esta actitud, que muchas cosas que antes perseguía, incluido el dinero, comenzarán a aparecer en su vida sin que las persiga. Ésta es una de las grandes ironías de la vida.

• Concédase momentos de contemplación silenciosa. Trate estos momentos como algo absolutamente esencial en su rutina diaria. La práctica de la meditación o la plegaria silenciosa volverán a ponerle en contacto con Dios. Como lo expresó Mikhael Aivanhov en The Mistery of Life (El misterio de la vida), «dondequiera que no existan límites, donde existan la infinitud, la eternidad y la inmortalidad, allí está Dios».

Los momentos de contemplación le apartan de la idea de que debe tener más. Llegará a saber que todo lo que necesita para tener una vida plácida, placentera y llena de amor, ya lo posee, y esta conciencia impregnará toda su vida cotidiana.

• Practique decir «paso». Cuando comience a sentir la presión de ir a por más, limítese a decir la palabra «paso». Es liberador dejar que ceda la presión por conseguir más. Después de decir esto unas cuantas veces sentirá una libertad interna. Este espacio interior quedará disponible para su yo espiritual.

• Vuelva a la naturaleza. La naturaleza es terapia. Concédase tiempo para ir a bosques, caminar por las montañas, pasear por los campos o a lo largo de la playa. El sencillo hecho de estar en contacto con la naturaleza es una forma de librarse de la enfermedad del querer más.

Pase la noche durmiendo al raso con sus hijos o un ser amado, o a solas. Mire las estrellas y sienta su lugar en la infinita magnificencia del cielo nocturno. Le garantizo que adquirirá una nueva perspectiva de la vida. Verá la belleza del mundo natural y abandonará la creencia de que la acumulación es necesaria para sentirse completo.

Añada a estas sugerencias las palabras de los Peregrinos de la Paz: «Una vida simplificada es una vida santificada». Puede ser ejecutivo de una gran empresa, cabeza de una numerosa familia, representante de ventas, director de un gran hospital, tendero de una zona comercial concurrida… y a pesar de eso llevar una vida santificada. Es la conciencia de un nuevo propósito lo que necesita tener, una que abandone el «cuanto más, mejor», y la reemplace por «la paz es mejor».

 

SEGUNDA CREENCIA: LO EXTERNO TIENE LA CULPA DE MIS CONDICIONES DE VIDA

Si le han educado en la culpa, tendrá la costumbre de echarle mano a esta excusa siempre que desee explicar por qué algo de su vida no funciona.

Usted puede, por ejemplo, culpar de la falta de prosperidad a muchos factores externos: su cultura, la bolsa, los políticos, sus padres, la fortuna, la codicia de otros. De la enfermedad puede culpar a la herencia, la estación del año, la mala suerte, el entorno. De sus relaciones fracasadas puede culpar a sus parejas, su incapacidad para amarle, su crianza, sus padres. De su personalidad puede culpar a sus padres, sus genes, su infancia, sus hermanos, su nacimiento. Su apariencia puede ser culpa de la genética, de los fabricantes de alimentos, de los publicistas, del entorno. Es una lista interminable.

La alternativa a buscar culpables es la propia responsabilidad: hay que enfrentarse a la vida desde el propio yo. Puede que no le hayan educado para asumir la responsabilidad de los acontecimientos de su vida. Pero si no está dispuesto a interrumpir el juego de ir repartiendo las culpas, estará incapacitado para iniciar su búsqueda espiritual.

Cuando usted culpa a algo externo por las circunstancias que atraviesa, le entrega el control de su vida a ese fenómeno externo. Depender de lo externo significa abandonar el yo espiritual. La búsqueda de este yo se lleva a cabo en un ámbito interior de serena sabiduría. Le invita a comunicarse con la suprema presencia interior, donde hallará las soluciones.

La llave está siempre dentro. Resulta imposible perder en el exterior de sí mismo la llave que conduce a su propio ser cuando está en el camino de la búsqueda sagrada. Cuando deje de culpar a otros y busque la llave dentro de usted, siempre encontrará lo que necesite.

Cuando dormimos, creamos todos los personajes que necesitamos. En la vigilia, no culpamos a los personajes y sucesos de los sueños. Así que también podemos saber que incluso aquello que no entendemos o no aprobamos están en nuestra vida para enseñarnos algo.

Abandone la tendencia a buscar culpables. Tenga presente que usted es el creador de su vida y que en su interior hay una presencia. Su capacidad para confiar en usted mismo anulará su hábito de repartir culpas.

Sugerencias para abandonar la tendencia a culpar

• Cuando se sienta inclinado a pensar que otra persona es responsable de sus circunstancias, tómese un instante para rezar una oración de agradecimiento por la lección. La lección es adquirir la conciencia de que es usted quien experimenta el sentimiento.

Cuando estoy a punto de culpar a los fanáticos de las armas de la violencia de nuestra sociedad, me detengo y aprecio el recordatorio de que soy yo quien experimenta esa angustia. Entonces busco en mi interior una manera de acabar con la violencia, en lugar de culpar a los fanáticos de las armas.

Adopte esta actitud cuando se sorprenda jugando al juego de las culpas.

• Siéntase agradecido hacia aquellas personas a quienes les ha permitido hacerle enfadar. Agradezca en su interior el recordatorio de que la sensación que experimenta está dentro de usted, no fuera.

Ahora puede volver la atención hacia el interior, al camino de su búsqueda espiritual. Desde esta perspectiva puede enfrentarse con el sentimiento de enojo, tomar una decisión respecto de las relaciones que mantiene con las personas, buscar lo que puede aprender en esa situación, y responder desde el equilibrio y no desde un exterior enojado.

Más importante todavía, desplace su atención de la culpa a la suprema presencia de su interior. Ahí encontrará equilibrio, amor, solaz, aprendizaje y solución: por el sencillo método de poner toda la atención en la emoción interna, en lugar de culpar al otro.

El amor que active, para usted mismo, dentro de sí, comenzará a radiar al exterior cuando continúe su búsqueda. Pronto habrá amor donde antes hubo culpa.

• Recuerde que culpar es un vano ejercicio. Pegue este recordatorio del libro Self-Reliance (Confianza en uno mismo), de Emerson, en algún lugar donde pueda leerlo cada día: «En casa sueño que en Nápoles, en Roma, puedo emborracharme de belleza y perder la tristeza. Meto mis cosas en la maleta, abrazo a mis amigos, me embarco, y al fin despierto en Nápoles, y a mi lado hay un hecho inconmovible: el yo triste, implacable, idéntico a ese del que huí».

Culpar a lo que le rodea constituye un vano ejercicio porque dondequiera que vaya, usted sigue estando presente. Tiene que cultivar la conciencia de que todas las cosas de su vida han sido hechas por la mano divina mediante la colaboración de usted con su yo espiritual.

• Sea un aprendiz en lugar de un incriminador. Cuando esté meditando, pregunte: «¿Qué tengo que aprender de esta lección?», en lugar de: «¿Por qué me ha hecho esto?». Reexamine los hechos problemáticos o traumáticos de su vida. Son las cosas por las que ha tenido que pasar para llegar a este punto en su sendero. Mire si puede considerar los sucesos actuales desde la perspectiva que tendría dentro de unos años.

Verá que la búsqueda de culpables o responsables es un desperdicio de energía. Todas estas cosas tuvieron algo de beneficioso para su desarrollo. Con esta perspectiva, comenzará a navegar a través de los traumas en lugar de quedarse varado por ellos.

• Cuando se sienta inclinado a recaer en el hábito de culpar a otros, recuerde que está abandonando a su presencia espiritual. Si ha escogido el camino de la búsqueda sagrada, ya no deseará hacer caso omiso de esta parte de su humanidad.

Debe decirse: «No quiero tener razón, lo que quiero es saber la verdad. Quiero que gobierne mi yo espiritual. Nadie tiene la culpa de cómo me siento. Es mi sentimiento y lo respeto». Estas afirmaciones le inducirán a confiar en usted mismo y al camino de su búsqueda sagrada.

Su alma espiritual se convertirá entonces en la luz que le guiará dulcemente el resto de su existencia.

 

TERCERA CREENCIA: EL IDEALISMO NO PUEDE COEXISTIR CON EL REALISMO

«No seas tan soñador, se realista». «Olvídate de tus visiones interiores, mira lo que está pasando a su alrededor. Eso es real».

¿Ha oído frecuentemente declaraciones similares a lo largo de su vida? De ser así, resulta probable que haya desarrollado una actitud respecto de lo que era posible y lo imposible. Si los ideales que le atraían fueron etiquetados como imposibles, es probable que los sacrificara por una manera de ver el mundo basada en lo que otros determinaron que era «realista».

Descartar esa vieja creencia respecto de la realidad puede ser una importante tarea en la búsqueda espiritual. ¿Está dispuesto a considerar su visión de la realidad? Tal vez la declaración de William Blake le inspirará:

 

Si las puertas de la percepción estuviesen límpidas, todo aparecería tal y como es… infinito.

 

¿Puede imaginar su realidad de esa manera? ¿Infinita? Cuando su percepción se amplía, nada es real y nada es imaginario. Todo cuanto hay es percepción. Cuando cultive esta conciencia, su realidad ya no estará definida por el mundo físico.

En el más diminuto nivel cuántico, el tiempo no es una realidad.

Las partículas pueden estar en más de un lugar al mismo tiempo, y aparecen y desaparecen de acuerdo con la forma en que las observamos y los aparatos de medición que utilizamos. Todo esto constituye una realidad nueva. Recuerde siempre que estamos hechos de la misma energía.

Dada esta perspectiva, es muy importante que se aferre a sus sueños e ideales. Con tranquilidad pero determinación, ha de saber que cualquier cosa que sea capaz de concebir puede manifestarse en el mundo material.

Si quiere una experiencia más rica en su vida, abandone la idea de que la realidad es sólo lo que registran sus sentidos. Su mundo interior y toda la energía de su conciencia superior crean una realidad diferente de la que le han enseñado.

En esta realidad, su espíritu, la presencia que hay dentro de usted, domina y es real. En dicho mundo usted confía en algo muy diferente de la realidad ordinaria. Escoger el camino de la búsqueda espiritual significa que usted aprenderá a confiar en esta nueva realidad.

Vuelva a ser el idealista que tenía atisbos del mundo del espíritu. Ese idealista que usted guarda dentro estará encantado de hacer lo que prescribió Buda:

 

Confía en el mensaje del maestro, no en su personalidad. Confía en el significado, no sólo en las palabras. Confía en el significado real, no en el provisional. Confía en tu mente sabia, no en tu mente ordinaria, esa que hace juicios.

 

Sugerencias para librarse del realismo y darle la bienvenida al idealismo

• Confíe en su intuición. En silencio, afirme que a partir de ahora definirá su propia realidad, y que esa definición se basará en su sabiduría interna.

Su afirmación no requiere que juzgue lo que otros definen como su propia realidad. Por el contrario, lo considerará como el sendero que están recorriendo. Esto le ayudará a alimentar su idealismo, porque se concede permiso y se lo concede a los demás para confiar en la presencia que todos tenemos dentro.

En el interior no hay límites, y al interior es adonde se dirigirá a partir de ahora en busca de guía.

• Haga una lista de las cosas en las que creía antes de que le dijesen que eran imposibles. Escribir y dibujar sobre esas cosas le ayudará a dotarlas de energía.

Mi educación me convenció de que las coincidencias no tienen nada que ver con la vida real. No obstante, ahora sé que cuando me concentro en lograr algo, sobrevienen coincidencias para facilitar esa visión. Un ejemplo reciente ilustra lo que quiero decir.

Me había marchado a la costa occidental de Florida para trabajar en este libro, y olvidé llevarme una grabadora portátil. Al deshacer las maletas reparé en ello y se lo mencioné a mi esposa en la conversación telefónica que mantuvimos por la noche. Antes de irme a dormir pude ver la grabadora en mi mente, y pensé en llamar a recepción para ver si podían conseguirme una. Pero no lo hice y me fui a dormir con la visión de la grabadora.

Por la mañana, estaba preparándome para comenzar a escribir y deseaba tener la grabadora para escuchar algunas notas que había tomado en una cinta magnetofónica. Encendí la lámpara que había junto al escritorio y, puf, se quemó la bombilla. Por un momento me sentí frustrado, pero luego recordé que estaba preparándome para escribir sobre el designio divino en nuestras vidas. Llamé a mantenimiento y pedí una bombilla nueva.

Al cabo de pocos minutos llegó un hombre llamado Cliff para cambiar la bombilla. Cliff reparó en la máquina de escribir y mis libros esparcidos por la habitación, y dijo:

Siempre he querido leer sus últimos libros, en especial Tus zonas mágicas pero nunca he encontrado el momento. Y ahora vengo a su habitación y lo conozco en persona. ¡Qué coincidencia!, charlamos un poco y le regalé un ejemplar de Tus zonas mágicas, diciéndole que yo no lo veía como una coincidencia sino como una prueba del poder de sus pensamientos. Luego pensé en preguntarle si sabía dónde podría conseguir una grabadora durante unas pocas horas. Su respuesta fue inmediata:

 

Tengo una en el coche. Puede usarla mientras esté aquí. Será un placer para mí. De hecho, esta mañana reparé en que estaba ahí y me pregunté por qué la tenía en el coche, ya que nunca la uso.

 

¿Una coincidencia? Tal vez. Una conversación con mi esposa acerca de una grabadora; una visión de la misma mientras me quedaba dormido; una bombilla que se quemó; Cliff que quería leer Tus zonas mágicas, aunque no sabía; al dejar la grabadora en el coche, ¿Todos estos acontecimientos colaborando con el azar?

En mi realidad, estos acontecimientos suceden cuando estoy centrado en un propósito. Llámame idealista, si quiere. Yo sé que mi realidad no está definida de modo exclusivo por mis cinco sentidos.

• Experimente con su nueva realidad. Retenga una visión de lo que quiere que suceda o a alguien que quiera que le llame. Cualquier cosa que sea importante para usted. Medite sobre cómo se manifestará en su vida. Repare en todas las pequeñas cosas que conducen a que eso se haga realidad. Pasado un tiempo, se dará cuenta de que su realidad se ha convertido en algo en lo que usted desempeña el papel de creador.

 

CUARTA CREENCIA: HAY UNA SOLA EXISTENCIA Y ES FÍSICA

De niño, usted era consciente de un segundo aspecto de su ser. Yo lo llamo el cuerpo etéreo.

A medida que creció, aprendió a descartar este segundo yo y a creer sólo en el yo físico. El segundo yo, su doble, es un cuerpo de energía que coexiste con su cuerpo físico. Este cuerpo de energía no es ni visible ni discernible con los sentidos ordinarios. No obstante, coexiste con su cuerpo físico en todo momento.

Usted ha perdido contacto con este cuerpo etéreo de energía. Eso no significa que no se encuentre a su disposición. Su cuerpo físico es ese que ha llegado a creer que es quien usted es. Sin embargo, este cuerpo en sí y por sí mismo es neutral. Su cuerpo no puede procurarle ni paz ni agitación.

Por sí mismo, su cuerpo no tiene propósito alguno. Deriva su propósito del ser invisible que es usted. Pensar en su cuerpo como su realidad supone una percepción errónea del ego. Su cuerpo es, con más exactitud, el hogar escogido por usted para este viaje por la Tierra.

Resulta casi imposible establecer contacto con su yo espiritual cuando sólo se cree en el yo falso y en el mundo material. De alguna forma, en su interior, usted es consciente de que todo el mundo material es energía. Esta energía parece sólida si se la mira bien.

Una mirada al mundo físico desde más cerca revela una danza de partículas. Una mirada más cercana a esas partículas revela que están implicadas en otra danza más diminuta de más partículas en el vacío, ad infinitum, hasta que sólo hay energía y ninguna partícula. Ésta es nuestra realidad. Pero nos han persuadido de que lo que vemos con las limitaciones de nuestros ojos es la única realidad que hay. Su cuerpo forma parte de ese sistema de percepción que le han hecho aceptar.

Su tarea consiste en disolver la barrera que separa estos dos aspectos de su ser. Cuando hace esto, usted alcanza lo inimaginable.

Helen Keller, que vivió sin el uso de la casi totalidad de sus cinco sentidos, hizo una profunda observación respecto del cuerpo etéreo: «Me proporciona una profunda sensación de consuelo que las cosas que se ven sean temporales y las que no se ven sean eternas».

Durante la infancia es probable que pudiera sentir las cosas sin verlas, como describió Helen Keller. Si su familia y sus profesores no le alentaron a ser de esta manera, usted perdió esas sensaciones.

En El arte de soñar, Carlos Castaneda describe este fenómeno en una conversación con su maestro. Habla de esas corrientes de energía que están a disposición de todos nosotros. Cuando pregunta quién las experimenta, le responden:

 

—Como experimentarlas, lo hacen todos los seres humanos, pero los seres humanos por lo general están demasiado ocupados con las cosas que persiguen para prestarle atención alguna a sensaciones como ésas.

 

—¿Qué sensación producen estas corrientes?

 

—Como una leve incomodidad, una vaga sensación de tristeza que es seguida de inmediato por la euforia. Puesto que ni la tristeza ni la euforia tienen una causa explicable, nunca las consideramos como verdaderas acometidas de lo desconocido, sino como inexplicables cambios de humor.

 

En el sendero de la búsqueda espiritual uno descubre que el mundo que observa con los sentidos no es el único que existe. Se adquiere conciencia de que tenemos una corriente de energía, siempre, en cada momento de la vida. Esta energía puede ayudarle a realizar ese salto al mundo de la conciencia espiritual.

Deje de prestarle demasiada atención a las cosas superficiales que persigue en su vida. Aprenda a volverse hacia el interior y conocer niveles superiores de conciencia. Usted necesita llegar a conocer esa parte de sí mismo y creer en la energía de la presencia que habita en usted. Podrá usarla para satisfacer sus propósitos espirituales.

Sugerencias para deshacerse de su creencia en la exclusividad física

• Abrase a la posibilidad de que otras dimensiones de la realidad estén a su disposición. Afirme ante sí mismo que esto es una posibilidad.

Muy pocas personas creían en la existencia de la vida microscópica antes de la invención del microscopio. Había enormes cantidades de diminutas criaturas que vivían en su propia realidad, al margen de la opinión que nadie tuviera de ellas. Existen en su piel, sus ojos, uñas y pelo.

Todas esas cosas que siente como sólidas están vivas, y con una actividad invisible. Aplique la misma conciencia a esta noción. No puede verlo, pero usted es un cuerpo energético y un cuerpo físico. A su doble le gustaría que lo conociera.

• Comience a prestarle atención a las corrientes de energía, los sentimientos que no puede explicar, las sensaciones que experimenta pero que no puede relacionar con la experiencia exterior. Empiece por reparar en la realidad interior que llama sentimientos, e intente concentrarse en las corrientes invisibles.

Con todo lo que hace, con todas las personas que conoce, se produce un intercambio de energía. Usted puede aprender a almacenar esa energía. Pero antes tiene que desprenderse de los prejuicios y reparar en la belleza de esas personas y hechos. Esto se transformará en amor.

• Aminore su marcha con momentos de silencio contemplativo. No haga nada. En esos momentos aprecie su cuerpo y la totalidad de su universo físico. Limítese a valorar y reparar en las ondas interiores de placer que comienza a experimentar.

Es como si alguien le hiciera unas caricias muy leves con una pluma. Una sensación de placer. De niño le encantaba. Pruébelo con uno de sus hijos o nietos.

Mis hijos a menudo nos piden a mí o a su madre que les hagamos caricias de esta manera. Sienten placer y disfrutan de las olas de energía que les suben y bajan por la espalda.

Reviva esas experiencias en la mente. Cree su propia carne de gallina interna. Pronto establecerá contacto con el cuerpo energético que existe en usted.

 

QUINTA CREENCIA: SOMOS INDEPENDIENTES Y DISTINTOS DE TODOS LOS DEMÁS

Nuestra educación fomenta la creencia en las experiencias sensoriales. Dichas experiencias parecen decirnos que somos independientes, únicos, especiales, y estamos desconectados los unos de los otros. Muy pocos de nosotros aprendemos que existe alguna clase de unidad. La verdad es que todo se halla conectado.

Durante una gira de conferencias con mi amigo y colega Stuart Wilde por Australia, tuve la oportunidad de mantener una larga conversación con él acerca de este asunto de nuestra interconexión. En su libro The Whispering Winds of Change, Stuart da una explicación fácil de esta conexión nuestra. Lea sus palabras y desaparecerán sus viejas creencias de que somos seres aislados:

 

Todos mantenemos un diálogo en las profundidades de la mente subconsciente colectiva. Eso no significa que no podamos ser una partícula independiente de la ola, sólo significa que podemos comunicarnos entre nosotros… Todo está conectado… Si se le ocurre una idea que ningún hombre ha considerado jamás, el hecho de que usted haya tenido el pensamiento permitirá que otros piensen lo mismo de forma instantánea. Estamos interconectados porque provenimos del mismo lugar. Su cuerpo existe en la época moderna, pero sus componentes son muy antiguos… Todo ser humano proviene del mismo origen que cada una de las galaxias y cada una de las estrellas. Todos somos uno. Estamos a horcajadas del tiempo desde su principio hasta el día presente.

 

Stuart también describe en profundidad cómo nuestros cuerpos irradian calor hasta más o menos tres centímetros de nuestro cuerpo, y resplandor electromagnético hasta alrededor de noventa centímetros. A esto lo llama la energía etérea y Stuart cree que podemos llegar a vérnosla los unos a los otros.

El ojo desnudo puede ser entrenado para observar esta energía etérea si se lo concentra en la visión periférica, que se ha debilitado a lo largo de millares de años de no usarla. Al hacerlo, podemos ver la energía de otros.

Stuart me mostró cómo hacer esto interviniendo en la energía etérea de personas que ignoraban que estuviese haciendo esta demostración. He aquí un ejemplo de su libro. (Puedo dar fe de la veracidad de esto; lo vi hacer yo mismo en Australia):

 

Hace poco, estaba sentado en un hotel de Hawai. Entre el restaurante del hotel y el mar había un sendero por el que se paseaba la gente de vacaciones que iba de un extremo a otro de la playa. Sentado allí, al atardecer, con unos amigos con los que hablábamos del fenómeno etéreo, comencé a clavar la mirada en los paseantes, lo que yo llamo «conectar». Les señalaba un paseante a mis amigos y luego conectaba con ese individuo y hacía que se volviera hacia mí. Conté unas cuarenta personas durante la demostración. Sólo cuatro no se volvieron.

 

En The Whispering Winds of Change, Stuart describe cómo crear esta conciencia en uno mismo.

La noción de ser una unidad global desafía nuestros sentidos y casi todo lo que hemos observado. Miramos a los demás y vemos una distancia. Concluimos que dado que existe este espacio, no hay tal conexión.

Yo paso mucho tiempo caminando por la playa. Siempre me maravillan las aves marinas cuando vuelan sobre la superficie del océano en grandes bandadas. La bandada gira a la izquierda, luego se desvía bruscamente a la derecha, después se encumbra. Parecen conectadas, como si compartieran una misma mente. Yo sé que existe una conexión, aunque cada pájaro parece desconectado de los demás. Alguna energía invisible les permite moverse juntos como si fueran uno solo.

Esta energía invisible también le conecta a usted con todas las demás personas. Cuando reconozca esto, se despojará de su sensación de aislamiento. Una vez que esté internamente convencido de su conexión con todo, reparará en su capacidad para comunicarse con otras personas merced a su energía etérea.

Su conocimiento le revelará que sus pensamientos pueden proyectarse al resto del mundo. Su conocimiento también le revelará su conexión con la conciencia superior.

Mientras leía el Rigveda, me encontré con un fragmento que aclaraba esto más que cualquier pasaje que haya leído antes:

 

La verdad es una. Los sabios le dan varios nombres; es un solo sol que se refleja en todos los pozos. Es la única agua que apaga la sed de todos; es el único aire que mantiene toda vida; es el único fuego que brilla en todas las casas. Los colores de las vacas pueden ser diferentes, pero la leche es blanca.

 

Las flores y las abejas pueden ser diferentes, pero la miel es la misma.

 

Los cuerpos de fe pueden ser diferentes, pero Dios es uno. Como la lluvia que cae del cielo se dirige hacia el océano, así las plegarias ofrecidas en todas las religiones llegan, a Dios, que es supremo.

 

Una luz, muchos colores; un agua, muchos sedientos; una esencia, muchas formas humanas. Pero a pesar de eso estamos todos conectados. El que no veamos la conexión con los ojos no significa que no exista.

Rechace la creencia de que está separado de todas las demás personas. Adquirirá un respeto por todos que se transformará en amor.

Sugerencias para librarse de la creencia en su aislamiento de los demás

• Recuerde que todo pensamiento desagradable que tenga hacia otra persona es algo que está pensando de usted mismo. Cada intento de venganza o de herir a otro es un ataque contra uno mismo. Si puede empezar a pensar de esta forma, entenderá la afirmación de Jesucristo: «Porque no saben lo que hacen». Significa que no saben que se hieren a sí mismos y a todos los demás cuando hieren a alguien.

• Conecte con su energía etérea usando la técnica de Stuart Wilde. Ejercite su visión periférica y conecte con otras personas mediante esta energía. Esta capacidad de conectar con el campo energético de otros puede utilizarse para demostrarle que hay una conexión que existe a pesar de que no pueda observarla con los sentidos. Esta percepción le ayudará a tratar con respeto a todas las personas con las que se encuentre.

• Tenga la seguridad de que posee la capacidad para comunicarse telepáticamente. Le insto a que lea Mutant Message Down Under (Las Voces Del Desierto) de Marlo Morgan. Marlo Morgan tenía unos cincuenta años cuando se encontró a sí misma en un viaje espiritual al desierto de Australia donde entabló relación con los aborígenes.

Recorrió a pie un millar de kilómetros durante varios meses. Una de sus muchas agudas observaciones fue que esa gente, que no tenía ni radios ni sistema telegráfico, no había perdido su capacidad natural para comunicarse a través de largas distancias. Observó que aquellos aborígenes lograban comunicarse a través de distancias de hasta treinta kilómetros.

Si confía en la tecnología disponible para todas sus comunicaciones a larga distancia, ha perdido sus capacidades telepáticas. Pero la capacidad todavía existe. Destierre la duda y use esta asombrosa capacidad en beneficio de su búsqueda espiritual.

• Siga la pauta más importante jamás transmitida desde el mundo espiritual: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Repita esta frase y llévela a la práctica todos los días.

A veces olvidamos que nos amamos los unos a los otros. Luchamos sin necesidad. Recuérdeselo a sí mismo. Honre su conexión con el todo amando a los demás como a sí mismo.

 

SEXTA CREENCIA: HAY UN «NOSOTROS» FRENTE A UN «ELLOS».

Esta opinión está relacionada con la anterior. Cuando uno sabe que está conectado con los demás no hay ningún «ellos». Sin embargo, hemos sido conformados por una civilización «basada en ese principio». Algunas de las pautas distintivas de este modo de vida son las siguientes:

• «Nosotros» es la familia. Todos los ajenos a la familia son «ellos». Identifíquese con el clan y sabrá dónde está su lugar. Cuando esto no funciona, entonces:

• «Nosotros» son algunos de los miembros de la familia. Algunos familiares son sometidos al ostracismo por parte del grupo. Entonces son una parte de «ellos». O:

• A veces, «nosotros» sólo son sus familiares inmediatos. Usted mismo, su cónyuge e hijos. Pero cuando los hijos desarrollan valores e ideas diferentes, entonces:

• «Nosotros» son usted y su cónyuge. Todos los demás son «ellos». Pero ahora empieza a advertir que su cónyuge es diferente, así que:

• «Nosotros» son usted y su nuevo cónyuge y tal vez los nuevos hijos. El antiguo cónyuge pasa a ser «ellos». Pero ahora advierte que su nueva familia es difícil, así que:

• «Nosotros» son los compañeros de trabajo. Todos los demás son «ellos». Pero pronto comienza a darse cuenta de que hay muchos en su profesión que quieren su empleo y compiten por él, así que cambia a…

Parece tonto, pero usted sabe la verdad que esconde esta tontería. La manera que tiene el ego de funcionar es definir quién está con uno y quién no lo está.

Me han dicho muchas veces que podría cobrar unos honorarios más elevados por mis conferencias, habida cuenta de lo que cobran otros profesionales con credenciales similares a las mías. Cuando me dicen esto me siento como en una situación «nosotros frente a ellos», cosa que para mí es inaceptable. La cuestión parece ser que «ellos» pagarán más si lo solicito. Pero yo me veo conectado con el todo y no puedo cobrar más si a mí me parece exorbitante. Mi propósito es transmitir el mensaje al mundo y ayudar a la gente a confiar en sí misma y conectar con su yo espiritual. Cuanta más gente oiga este mensaje, más se cumplirá mi propósito. En consecuencia, ahora insto a los patrocinadores de mis charlas a que graben mis presentaciones y se queden con el dinero que obtengan de vender las grabaciones a sus oyentes.

La gente que me contrata para dar una charla ya no forma parte de la categoría etiquetada como «ellos». Somos un «nosotros» que está enseñando confianza y ayudando a cambiar la conciencia de la Tierra. Los que oyen las grabaciones quieren oír más. Acuden a las librerías y compran libros, les hablan a otros de ellos, y transmiten el mensaje. El permitirles a los empresarios grabar mis presentaciones y vender las cintas ha creado una red de gente que difunde mis ideas.

Cuando perdemos nuestro sentido del «nosotros frente a ellos», y sabemos que todos somos «nosotros», mantenemos una relación de ganancia mutua.

Sugerencias para librarse del comportamiento «nosotros frente a ellos».

• Abandone la necesidad de su ego de sentirse aislado de los demás. Comience por verse como un miembro de la familia humana.

Comparta sus «juguetes» con otros, en especial con vecinos, e incluso desconocidos, como si formasen parte de su familia. Como dice el proverbio inglés: «La mano que da, recoge».

• Trate a todas las personas como si fueran parte de su tribu. No repare en las diferencias. Lleve consigo la determinación de ver a los demás como una parte tan suya en el nivel espiritual como su hijo o cónyuge.

Resuma en una frase la idea de que el otro es su hermano. El otro es parte de «nosotros». En mi vida ya no hay «ellos».

• Fíjese en cuántas veces utiliza el pronombre «yo» en una hora. ¡Elimine algunos! En lugar de hablar de sí mismo y de su grupo, pregunte acerca de otras personas.

Cuando uno no se concibe a sí mismo como distinto de los demás, se tiene más energía para llevar la conciencia al exterior. El constante uso del «yo» indica un fuerte apego a una actitud vital caracterizada por el «nosotros».

• Piense a escala global en vez de local. La gente que tiene un aspecto distinto, que habla otras lenguas, que tiene diferentes creencias, es parte de «nosotros». Estamos todos juntos en el aquí y ahora. A ojos de la divina presencia no hay favoritos.

Comience a practicar esta conciencia interior. Busque la divinidad y la conexión. Concéntrese en las similitudes que tenemos en lugar de en las cosas superficiales que nos hacen parecer diferentes.

 

SÉPTIMA CREENCIA: DEBE HACERSE CASO OMISO DE LOS PEQUEÑOS TIRANOS

Le han enseñado a creer que en el mundo hay alguna gente negativa de la que es mejor hacer caso omiso. Yo le sugiero lo contrario.

Cualquiera que entre en su vida, en calidad de lo que sea, es valioso. Los pequeños tiranos de su vida son criaturas tan divinas como quienes le proporcionan aliento y apoyo. Emerson expresó de la siguiente forma esta importante lección: «Todo el curso de las cosas fluye para enseñarnos fe». Todo el curso. Esto significa todo lo que encuentre en su camino.

Tal vez la persona más significativa de mi vida, la persona que constituyó el más grande de los cambios para mí y mi propio desarrollo espiritual, es una que en todos los sentidos era un pequeño tirano. Ese hombre fue mi padre.

Abandonó a su familia, fue condenado a prisión por delitos menores, y maltrató a su esposa. A la edad de cuarenta y nueve años murió a consecuencia de un consumo excesivo de alcohol. No tengo ningún recuerdo de él. Mi conocimiento de su persona se basa en lo que oí y, más tarde, en lo que descubrí al investigar su vida.

No obstante, este hombre, un pequeño tirano y un convicto, fue el principal personaje que me condujo a mi transformación. Escribí sobre cómo perdoné a mi padre en el libro La fuerza de creer Aparté de mí el odio y la amargura que había llevado conmigo durante toda la vida. Un solo acto de perdón y desprendimiento abrió el camino de mi búsqueda espiritual, y de escribir y hablar de los milagros de los que trato aquí, y vivirlos.

Aprendí que tenía que aprender de todo. Cuando ahora caigo en ocasiones en alguno de los comportamientos que sé que destruyeron la vida de él, me recuerdo a mí mismo que ése no es mi sendero. Que ése no es el tipo de padre que deseo ser. Que no es el tipo de hombre que deseo ser. Es su ejemplo lo que me ayuda a regresar a la senda que sé que constituye mi destino espiritual.

Es verdad que los caminos de Dios son inescrutables. Lo que juzgamos como desafortunado y negativo puede enseñarnos las más grandes lecciones.

El tirano que hay en su vida y que le despierta sentimientos de miedo y pánico, podría no ser más que Dios disfrazado que le enseña a confiar en su propio juicio y aprender del comportamiento del pequeño déspota. El ladrón que le engaña para robarle el dinero podría suponer una lección divina que le enseña a desprenderse de las cosas y no apegarse a ellas. El traficante de drogas podría estar enseñándole las realidades de la adicción y de la vida sin sentido para que abandone ese confiar en las sustancias externas para tener momentos de euforia o éxtasis.

Todas las personas, y quiero decir todas, están en su vida para enseñarle valiosas lecciones. No haga caso omiso de esas lecciones. Capte el mensaje y bendígales, y continúe su camino. Cuando usted hace caso omiso de ellas, o se limita a rechazarlas, usted no consigue entender la verdad que Emerson conocía: «Todo el curso de las cosas fluye para enseñarnos fe».

Sugerencias para deshacerse del desdén hacia los pequeños tiranos

• Dé las gracias por esos pequeños tiranos. Están ahí por una razón muy importante. Hacer caso omiso de ellos le garantiza que aparecerán más bajo otras formas a lo largo de su vida. Las plegarias de agradecimiento son maravillosas afirmaciones de esta verdad.

La experiencia de ser abandonado por el cónyuge puede enseñarle a ser independiente. Este tipo de situaciones pueden hacerle reconocer la presencia espiritual que hay dentro de usted. Tal vez aprenda la diferencia entre estar solo y sentirse solo, y decida amar a la persona con la que está solo.

Los años de alcoholismo pueden enseñarnos que somos más valiosos y fuertes que cualquier sustancia. Podríamos aprender a estarles agradecidos a esos maestros ebrios y considerarlos instructores enviados por Dios.

Todos los maltratos pueden contener una poderosa lección. Podemos descubrir que somos más que un cuerpo. Nadie puede llegar hasta nuestro yo interior con sus golpes.

• Haga una lista de todas las personas a las que ha apartado de su vida por ser malvadas o por considerarlas escoria. Escriba todo lo que su presencia le enseñó. ¿Ha aprendido a no repetir el comportamiento de la víctima?

Reconsidere el valor de esa llamada escoria para su vida. No podría haber aprendido la lección sin esa persona. La prueba de esto es que obviamente necesitaba atraer a esa persona a su vida… ya que lo hizo.

• Busque la plenitud de Dios en todas las cosas. Advierta que, de alguna forma insondable, la plenitud está operando a pesar de que no pueda verla ni sentirla. Recuerde que el otro no es su cuerpo.

 

OCTAVA CREENCIA: LAS METAS SON ESENCIALES PARA EL ÉXITO

Son muchísimos los aforismos que guían nuestras vidas. Uno de los más erróneos es el de que tenemos que saber hacia dónde vamos para poder llegar. Nada podría estar más lejos de la verdad del éxito. Yo estoy convencido de que ésa es una fórmula para obtener el fracaso (intentar complacer a todos los demás y pasar por alto nuestros impulsos internos); y no creo que haya una fórmula para el éxito.

Vivir una existencia espiritual no significa ponerse metas y seguirlas. El camino de la búsqueda sagrada no va por ahí. La diferencia se percibe en este pequeño poema de Rumi, un poeta sufí que vivió hace un milenio:

 

¿Crees que sé lo que estoy haciendo?

¿Que durante una inspiración o media inspiración me pertenezco?

Tanto como un lápiz sabe lo que estoy escribiendo,

o la pelota puede adivinar hacia dónde irá a continuación.

 

Como criatura divina usted siempre está acompañado por un guía que le ama. Con esta conciencia, no se perderá de vista a sí mismo ni se convertirá en un vagabundo que mendigue por su comida si ése no es el camino de su búsqueda sagrada. Conocerá su propósito, lo perseguirá con ahínco, y confiará en el universo para que se haga cargo de los detalles.

Es esta clase de conciencia lo que me ha llevado a trabajar con mayor decisión, producir de un modo más eficaz y sentirme con un propósito. No ha sido un conjunto de metas por alcanzar.

Puedo identificarme con Rumi. Nunca he sabido hacia dónde voy. Guardo silencio, escucho y luego dejo que me guíen.

Tener metas es una manera de abandonar el ahora en favor de un plan para un futuro inmediato. La ausencia de un montón de metas concretas le ayuda a cultivar la conciencia de que no está solo en este viaje. Uno comienza a confiar en la guía divina para que le ayude en el momento presente. Llega a saber que el universo se hará cargo de los detalles si uno se entrega y se deja ir un poco. Es probable que esto esté en desacuerdo con todo lo que le han enseñado. Pero ése es el propósito del presente capítulo: ayudarle a borrar el pasado en el que ya no cree o que ya no quiere; ayudarle a comenzar en el ahora con su nueva conciencia.

¿Le han dicho que debe asistir a determinados centros educativos para obtener un determinado currículo? Yo le digo que carece de importancia a qué centros educativos asista.

Si tiene el impulso interior para saber algo o sobresalir en un área determinada, nada le disuadirá. Hay libros en las bibliotecas: en las pequeñas facultades comunitarias, en su ciudad natal. ¡Los encontrará! Si vive al lado de la Biblioteca Central del Estado y no tiene el impulso interno, su ubicación no cambiará nada en absoluto.

Cualquier cosa que quiera saber o conseguir en su vida, si está de verdad preparado y confía en su fuerza espiritual para manifestarlo, los maestros estarán allí. Recibirá una guía. El dinero no cambiará nada. Si quiere educación (u otra cosa), hallará la forma de encontrarla.

Sólo usted es responsable de lo que piensa. Es en este nivel donde se ejercita la capacidad de elección. Le animo a cambiar su forma de pensar respecto de la importancia de las metas. Por el contrario, fórmese una idea de cómo le gustaría servir y ayudar, y cómo mejorar la calidad de vida de otros. Encontrará la manera.

Mucho más importante que las metas en su vida, es su voluntad de permitir que las cosas sucedan, y su voluntad de saber. La voluntad es la clave. Como se dice en A Course in Miracles (Curso de milagros): «Los milagros son meros signos de la voluntad de seguir el plan del Espíritu Santo».

Cuando era adolescente no tenía ni idea de que iba a convertirme en escritor y conferenciante. De todas maneras, en la adolescencia escribí muchísimo, participé en muchos debates y gané cierta experiencia en exponer temas en público: primero como estudiante en la clase de oratoria para ayudarme a superar mis miedos, luego como maestro de primaría, después como profesor, y posteriormente como orador de sobremesa en cenas de reuniones benéficas.

Tenía sólo una comprensión interna de que estaba siendo impulsado en esta dirección, y una voluntad de seguir ese impulso. Siempre me ha encantado escribir, pero no tenía la meta de escribir libros ni artículos. Sólo tuve una experiencia de desarrollo de querer escribir y ejercitar la disciplina para conseguirlo.

Las metas parecen ser planes grabados en piedra que uno tiene que seguir. Le recomiendo que se relaje por lo que respecta a su futuro y se deje sencillamente impulsar en la dirección que Dios tiene en mente para usted.

Sugerencias para librarse de las metas para el éxito

• ¡Estar dispuesto! Ésta es la sugerencia más importante que puedo hacer. Estar dispuesto a lo que haga falta para convertir ese conocimiento e impulso futuro en su realidad.

Mire un sencillo bulbo de tulipán y verá que parece una sucia masa de materia biológica marrón. Pero usted sabe que en alguna parte dentro del bulbo, en el mundo invisible que desafía las mediciones, existe un impulso para el futuro. Si se lo planta y nutre se convertirá exactamente en lo que está destinado a ser, y en nada más, porque lleva en sí la simiente de su futuro. No se convertirá en un tulipán mejor porque se tire de él o se le halague mientras crece. Será lo que está destinado a ser. La creación revelará sus designios con independencia de las metas que nos compongamos.

Lo mismo es cierto en su caso. Con su conciencia superior usted puede escoger sus visiones de futuro. Guarde su imagen y niéguese a permitir que nadie la manche. Ha de estar dispuesto a hacer lo que sea necesario para convertir la imagen en su realidad, escuchando a la presencia amante, mirando hacia su interior. Éste es un camino diferente del de la imposición de metas externas.

• Tenga presente que su misión es la no interferencia. Disfrutará de una vida más plena y de mayor felicidad si deja de interferir con los planes y las metas. En lugar de eso, debe estar dispuesto a aceptar el plan de Dios.

La ausencia de interferencias se traduce en desasirse de las preocupaciones y de la organización de su vida. Cuando uno sabe que todo sucede por designio divino, y que usted forma parte de un sistema inteligente, puede seguir sus dictados internos sin necesidad de un mapa detallado. Éste es el camino de la búsqueda espiritual.

• Relájese respecto de su futuro y déjese ir. En cambio, establezca un compromiso para disfrutar un poco más de cada día. Cuando más en paz esté consigo mismo y con su papel aquí, más productivo y eficaz será. Resulta muy difícil conseguir nada cuando se está en tensión por los posibles resultados. Cuando uno se relaja y se siente en paz, recibe inspiración y se vuelve eficiente.

Aparte de sí las metas y viva su existencia con el conocimiento de que usted participa en su creación.

 

NOVENA CREENCIA: SIEMPRE TIENE QUE HACERLO LO MEJOR QUE PUEDA

A lo largo de nuestras vidas oímos: «No te preocupes por lo bien que lo hagas, siempre que lo hagas lo mejor que puedas». Examine esta idea, y puede que saque una conclusión diferente.

La verdad es que no tiene que hacerlo lo mejor que pueda. De hecho, «lo mejor que puede» es algo que nunca se suele medir, ni siquiera saber. Esta idea puede llevarle a extremos enfermizos.

Esta idea es incompatible con la superación. Significa que uno tiene que ir hasta el máximo cada vez que se hace algo.

Cuando uno se libra del dogma de tener que actuar a un determinado nivel, también se libra de la necesidad del ego de que le juzguen mejor que otro. Le irán mejor las cosas si se limita a hacer y disfrutar, y a estar dispuesto a aprender.

Hacer las cosas lo mejor que uno puede implica enormes tensiones y presiones. Uno se mide de acuerdo con un modelo que le han impuesto sus bien intencionados educadores y mentores. No hay paz en hacer las cosas lo mejor que uno puede, sólo hay lucha constante para adquirir el distintivo «del mejor».

Tener que juzgarse constantemente según las metas de logro impuestas desde el exterior es poner la vida bajo control de esos factores externos. Usted no puede conocerse a sí mismo cuando las demandas del ego son sus constantes compañeros.

Su yo espiritual sólo quiere que esté en paz, que sienta alegría interna y que tenga un propósito. Cuando uno se aplica «lo mejor que pueda» le entrega el control de su vida al ego.

El camino de la búsqueda sagrada es convertirse en una persona sensata, lo cual es diferente de luchar para hacer las cosas lo mejor que pueda. El antiguo libro de Tao-te Ching comenta qué es ser una persona sensata:

 

Los cinco colores pueden cegar,

los cinco tonos, ensordecer;

los cinco sabores, empalagar;

la carrera, la caza, pueden volver locos a los hombres

y su botín no brindarles ninguna paz.

Por lo tanto, el hombre sensato

prefiere el ojo interno al externo.

 

El yo interno no tiene ningún ideal de perfección en el obrar; se limita a escuchar y saber, y se dedica a sus actividades de forma decidida, sin preocuparse por cómo salgan las cosas. Cuando uno llega a conocer el propósito de su vida, se halla en el proceso de llegar a ser espiritual, y esto no puede medirse con fórmulas mundanas como «lo mejor que pueda» o «lo mejor de todo».

Sugerencias para librarse de la creencia de que tiene que hacer las cosas lo mejor que pueda

• Imponerse a sí y a sus hijos la creencia de que hay que hacer las cosas lo mejor posible. Realice tareas que parezcan fluir de sus impulsos. Pero apártese de la necesidad de juzgar sus esfuerzos.

• Mientras esté meditando, fórmese una imagen de sí mismo capaz de hacer cualquier cosa. Permanezca con esta imagen y olvídese de los resultados. Fíjese en lo tranquilo que se siente cuando no está siendo puesto a prueba, cuando se permite simplemente ser. Compórtese así en todas sus tareas diarias.

Descubrirá que su forma de hacer las cosas mejorará, y se sentirá más lleno de energía. Esto se debe a que está disfrutando del momento en lugar de pensar en lo bien que está haciéndolo.

• Haga el esfuerzo de elogiar a otros sin fijarse en el resultado. Ellos le agradecerán el interés y el que no les diga que tienen que hacer las cosas lo mejor que puedan.

Se encontrará con que hay algunas cosas en las que quiere sobresalir. En esas actividades será más diligente. Pero en todos los otros aspectos de su vida, limítese a querer hacer. No tiene por qué dar el mejor paseo a pie o en bicicleta de toda su vida, ni jugar el mejor partido de fútbol.

He corrido siete maratones y ni una sola vez lo he hecho lo mejor que podía. De haberlo hecho, habría obtenido tiempos cada vez mejores. Pero esa presión habría evitado que corriera y yo corro para liberar tensiones y no para generarlas.

Si me hubiese forzado a hacerlo lo mejor que podía, ahora no podría decir que he corrido siete maratones. Ese tipo de presión elimina muchísimos de los placeres de la existencias.

 

DÉCIMA CREENCIA: LOS SUEÑOS NO SON LA REALIDAD

A la mayoría nos enseñaron a creer en dos realidades diferentes. Una es nuestra realidad divina, la otra nuestra realidad onírica.

En esta fórmula, cuando dormimos, estamos en un mundo irreal. Consideramos los sueños un ejercicio mental. Todas las cosas que creamos durante esas horas de sueño se consideran irreales. La conciencia de vigilia se considera la real, y la conciencia onírica la irreal. Le sugiero que reconsidere esa creencia.

Imagine que sus sueños son aspectos diferentes de la misma realidad, y que contienen orientaciones en su búsqueda espiritual. Comience por entender que éste es básicamente un mundo de energía, y sólo en segundo lugar un mundo de objetos materiales.

Para conocer su yo espiritual es necesario que perciba la energía. Y eso lo puede hacer en sueños. Toda su percepción cambia entonces de los objetos concretos a las formas energéticas. Cuando esto forma parte de su realidad, su estado onírico se convierte en algo que comparte con otros seres con los cuales tiene afinidad espiritual.

Llegado el momento, incluso podemos ser conscientes de que estamos soñando. Esto se denomina sueño lúcido. En el sueño lúcido uno puede controlar sus sueños y ser capaz de soñar despierto. Mediante el sueño se perciben otras dimensiones de la realidad, negadas por nuestra formación.

No estoy escribiendo sobre la interpretación de los sueños. Estoy hablando de conocer su vida onírica y ser consciente de que experimenta otras dimensiones de la realidad mientras duerme, las cuales también estarán disponibles en los momentos de vigilia.

Sus sueños son creaciones del mismo cuerpo y el mismo cerebro, como el resto de su mundo de percepciones. Todo le pertenece; cada noche no estrena un cerebro nuevo y experimenta una nueva realidad.

Todas las cosas que usted es capaz de saber y de las que es capaz de convencerse en sueños, pueden ser experimentadas en todos los momentos de su vida diurna. Todas las cosas. Sí, es una afirmación radical, pero le hará conocer el poder de su cuerpo energético.

Entra en su mundo de sueños con una completa ausencia de duda sobre lo que puede experimentar. Con esa ausencia de duda no hay ningún límite. Cuando despierta a lo que llama su conciencia de vigilia, continúa teniendo el mismo cuerpo, el mismo cerebro y los mismos sentidos, pero ha aparecido la duda.

Yo creo que los sueños no revelan cosas acerca de uno, sino que son uno mismo. Son reales y pueden resultar muy eficaces en ayudarle a conocer su yo espiritual.

Sugerencias para librarse de la incredulidad ante los sueños

• Cuando se vaya a dormir, ínstese a ser consciente de que está entrando en un estado onírico. Tener presente esto constituye el primer paso hacia una mayor conciencia durante los sueños. Cuando esté quedándose dormido, tome nota mental de que está a punto de entrar en el estado de los sueños y que le complace ser consciente de ello.

• Haga un esfuerzo, antes de quedarse dormido, para ver conscientemente elementos del sueño que se avecina. Ordénese tomar nota de un objeto, una habitación o un lugar concreto mientras esté en el sueño. Penetre en todos los detalles que pueda respecto del objeto mientras esté soñando.

Si se trata de una lámpara, por ejemplo, acérquela más a usted con el poder de la mente. Examine el color, la forma, y la intensidad de la luz.

Necesita establecer contacto con su cuerpo energético, ese cuerpo de energía que coexiste en todo momento con su cuerpo físico. Mediante el examen del contenido de sus sueños podrá acceder a esa energía superior. Se demostrará a sí mismo que la energía mental es un fenómeno que puede manejar, con práctica y esfuerzo. Llegado el momento, será capaz de acceder a esta energía en todos los momentos de su vida.

Su cuerpo energético tiene apariencia pero no masa. Familiarícese con esa manifestación de su energía y tenga presente que puede transportarle a cualquier parte del universo. Suena extraño, pero está dentro de usted hacer que esto ocurra. Primero en sus sueños, y luego despierto.

• Mire si puede ir de un sueño a otro, y luego regresar al primero. Mientras esté quedándose dormido, adquiera primero conciencia de su inminente estado; luego, mientras esté soñando, sea consciente de que está soñando, y cambie a otro sueño. Tras años de experimentar, he sido capaz de hacerlo sólo de modo ocasional. Pero pruébelo. Le proporcionará práctica para la última clave de acceso a la conciencia superior: cultiva la condición de espectador. (Esto se comenta con detalle en el capítulo quinto).

• Haga un intento de observarse mientras sueña. Carlos Castaneda llama a esto la tercera puerta de los sueños. En El arte de soñar, escribe: «La tercera puerta de los sueños se alcanza cuando te encuentras en un sueño, contemplando a alguien que sueña. Y ese alguien resulta ser tu propia persona».

Éste es un estado de conciencia superior en el cual el yo físico es observado por el yo energético, y usted es consciente de que sucede. Es consciente a la vez de que sueña y de que se observa soñando.

Implica un cambio radical respecto de lo que le han contado sobre los sueños; es un mundo nuevo, un mundo que le permite convertirse en un soñador dormido y en un soñador despierto; y comenzar a impregnar su vida de vigilia con la magia de la conciencia soñadora.

• Adquiera conciencia de sus sueños y vea si puede tener sueños lúcidos, cada noche. Cuando despierte en medio de la noche, repare en el contexto y los objetos de sus sueños, y luego vuelva a entrar en ellos.

En este reino de sueños y conciencia de vigilia vas a llegar a conocer la existencia de la energía superior del universo.

Esto concluye mi lista de diez de las más erróneas creencias que le han enseñado. Despojarse del pasado es una sencilla cuestión de cambiar su forma de pensar sin ningún enojo ni culpa respecto de lo que le enseñaron a creer. Todas las cosas a las que ha sido expuesto eran por designio divino. Todas las pruebas que le han puesto en la vida eran parte del camino que emprendió cuando escogió viajar de la nada al aquí y ahora.

Dé las gracias por todos ellos, y agradezca que esté preparado para superar esas creencias. Este libro está en sus manos gracias a la misma providencia divina que guía su búsqueda espiritual. Y tenga presente que cualquier creencia a la que se aferre y que ya no le sirva, es una intrusa en su vida. Déjela marchar.

Ahora ha llegado el momento de empezar a reconocer las cuatro claves de acceso a la conciencia superior. Son el tema de los cuatro capítulos siguientes.

 

 

SEGUNDA PARTE

 

Las cuatro claves de acceso a la conciencia superior

Cuando los cinco sentidos están paralizados, cuando la mente

está paralizada, cuando el intelecto está paralizado…

eso es lo que el sabio denomina estado superior.

Katha UPANISHAD

 

 

4

 

Destierre la duda

 

Las dudas son nuestros traidores

SHAKESPEARE

 

 

Me libré de mis dudas

recordando que hay una

razón válida para todo

lo que sucede

 

En la primera parte de este libro he descrito las ideas y opiniones que le han transmitido y que han influido en su vida. Muchas de estas ideas podrían ser ahora su realidad cotidiana, podrían definir lo que es posible y lo que es imposible en su existencia.

Le he instado a abandonar muchas de estas creencias y establecer una nueva relación con la realidad que se base en lo que usted sabe que es verdad. Una vez conozca su verdad personal, su realidad quedará libre de dudas.

Puede que no crea que la duda tenga mucho efecto sobre su vida. Pero parte del daño que crea radica en que se encuentra tan por completo integrada en su sistema de creencias que le resulta imposible pensar de ninguna otra forma. Al dudar de nuestros logros potenciales, proclamamos con certeza lo que es y lo que no es posible. Pero cuando se destierra la duda, llegamos a un conocimiento que conduce a soluciones creativas e inspiradas que van muchísimo más allá de lo que creíamos posible.

Con la duda usted es incapaz de recorrer con éxito el camino de su búsqueda sagrada y alcanzar su yo espiritual. Tiene que reconocer este obstáculo para alcanzar su conciencia superior. Necesitará trabajar en el destierro de la duda de su mundo interior. Cuando sea extirpada de sus pensamientos desaparecerá de su mundo exterior, y se hallará en un viaje interno y externo mucho más satisfactorio.

Andrew Cohén, en su delicioso y sencillo libro Enlightment Is a Secret: Teachings of Liberation (La iluminación es un secreto; enseñanzas de liberación), explica una manera de librarse de la duda:

 

P: No tengo claro cómo librarme de la duda.

 

R: Arrojándola de ti. Si vieras a tu hija jugando en la cocina, advirtieras que ha encontrado un frasco de veneno para ratas y que está a punto de bebérselo, ¿qué harías?

 

P: Se lo arrebataría de la mano.

 

R: Sí. Porque sabes lo peligroso que es. Cuando sepas lo peligrosa que es la duda, harás lo mismo. Una persona ignorante no se da cuenta de lo peligrosa que es la duda; por lo que se permite abandonarse a la duda, y al hacerlo destruye la posibilidad de despertar de verdad.

 

Cuando comience a desterrar la duda de su vida con esta primera clave de acceso a la conciencia superior, recuerde este diálogo y lo sencillo que resulta.

La presencia de la duda puede impedirle despertar. Cuatro sencillas palabras describen por qué es así: como pienses, así serás. En efecto, nos convertimos en lo que pensamos durante todo el día. No permita que sus pensamientos y actos los dicte la duda.

Permitirse dudar es igual a tener un traidor a cargo del timón de su vida. La duda es un traidor porque usa las limitaciones y los defectos para influir en el curso de su existencia. Recorrer el camino de su búsqueda sagrada, guiado por su yo superior, implica que debe desterrar la duda.

¿Puede imaginar su realidad si le hubiesen criado en un ambiente libre de dudas? ¿En qué sería diferente su vida si nunca hubiese oído «eso no puede hacerse», «eso es imposible», «acepta tus limitaciones»? ¿Y si le hubiesen alentado a usar la energía de su mente? Podría haber usado esa energía para explorar la capacidad de influir en otros seres, cosas, el tiempo atmosférico, su creatividad.

Puede que eso le suene un poco fantástico. Pero recuerde que está valorando lo posible y lo imposible con dudas, que de forma automática se deslizan hasta su mente cuando alguien sugiere algo que usted cree absurdo. Si hubiera sido lo bastante afortunado como para ser criado sin dudas, poseería un increíble sentido interior de su capacidad.

Nunca pronunciaría frases que reflejaran duda, como: «No tengo el talento suficiente», «eso no puede hacerse, sé realista», y «¿no sabes que existen límites para todo?». Libre de dudas, habría comprendido mucho más temprano que es una criatura divina. Habría conocido su capacidad interior para crear el mundo y abordar los males de la sociedad sin ninguna duda sobre su capacidad para crear utopías.

Sabría que la humanidad es fundamentalmente buena. De los defectos humanos no culparía a una incapacidad inherente o al diablo. Sabría que la satisfacción de las exigencias del ego es la actividad que crea esos defectos.

El yo sagrado no conoce la duda. No tiene límites ni fronteras. ¿Cómo sería nuestro mundo si hubiésemos aprendido esto en la infancia? Es hora de que sepamos que tenemos la responsabilidad de incorporar la búsqueda espiritual a nuestra vida y de introducir a nuestros hijos en este aspecto de la vida.

Yo les ofrezco a mis hijos oportunidades de aprender sobre su ilimitado interior mediante varios métodos. Por ejemplo, los invito a salir conmigo para «hacer nubes». Después de comer, a menudo nos llevamos una manta fuera, nos tendemos sobre ella y nos dedicamos a ello.

Los niños comienzan por crear la imagen interior de una forma que quieren ver en las nubes. Luego concentran su energía en una nube en particular, e intentan que adopte esa imagen interior. El vecindario se ha habituado a oír gritar a mis hijos: «Estoy haciendo una casa, papi. Mira cómo se mueve mi nube. ¡Estoy moviéndola con la mente!».

Puede que muchos niños del vecindario piensen: «Esos Dyer están locos, ¿de verdad creen que pueden hacer que las nubes adquieran una forma?». Pero ¿por qué no deberían aprender los niños que por dentro de ellos fluye la misma inteligencia divina que mueve las nubes? Si está en todas las cosas, lo cual sabemos que es verdad, entonces está tanto en mis hijos como en las nubes. ¿Por qué no sentirse tan conectados con ella como para hacer sus propias formas de nubes? Nuestros hijos tienen muy pocas dudas, y este conocimiento interno les permite crear el mundo que quieren para sí mismos.

Usted hace lo mismo cuando se va a dormir. Entra en la experiencia de los sueños con una absoluta carencia de duda. De hecho, es incapaz de llevar la duda a ese ámbito. Es como si Dios tuviera una señal de «No se admiten dudas» a la entrada de los sueños.

En sueños, usted es capaz de hacer cualquier cosa que su mente pueda crear. Puede volar, visitar el pasado, proyectarse al futuro, conversar con quienes se marcharon hace mucho tiempo, ver a quienes han muerto y saber que están ahí con usted, saltar por encima de enormes árboles, respirar debajo del agua, crear docenas de personajes y llevar a cabo una interminable lista de otras actividades. Durante este tercio de su vida que pasa durmiendo, no tiene dudas… y por tanto carece de limitaciones.

Luego, cuando despierta, introduce instantáneamente al compañero distante, la duda, de vuelta en su conciencia de vigilia. Despierto, cree que esas cosas no son posibles en la vida diurna. La diferencia radica en que durante el sueño usted sabe qué puede hacer y lo hace; en sus momentos de vigilia cree que no puede, y no lo hace.

 

LO QUE SABE Y LO QUE CREE

Si es capaz de establecer una distinción entre lo que sabe y lo que cree, reconocerá el papel crucial que juega la duda en su vida. La meta última de reconocerlo es transformar todas las creencias.

He aquí las principales distinciones entre lo que cree que es verdad y lo que sabe que es verdad.

• Las creencias se las transmiten. El saber procede de su interior. La totalidad de sus creencias le fue transmitida por personas que han entrado en su vida con este propósito. En el segundo capítulo he esbozado diez de estas creencias más comunes y hecho sugerencias para cambiarlas. Ahora le pido que examine todas sus creencias. Cuando lo haga, piense en sí mismo como en una esponja que ha absorbido creencias de otros y luego las ha hecho propias.

A lo largo de toda su existencia ha estado sujeto a millares de creencias, que van desde de qué está hecha la Luna, pasando por cómo deben reaccionar las personas las unas ante las otras; o si los deportes tenían o no algún valor, el que la poesía es para afeminados, a qué velocidad pueden correr los seres humanos, cómo son sus vecinos, qué es capaz de lograr, o el que es con igual a su padre y al padre de éste. Hay una larga lista de cosas que cree de sí mismo, del mundo, de Dios, de sus potenciales, del destino del capitalismo y muchas otras. Estas creencias, que llegaron a usted desde el exterior, se convirtieron en su credo.

Sus conocimientos, sin embargo, llegaron a usted como resultado de haber decidido superar los límites fijados por una creencia. Nadie puede transmitirle un saber. Usted debe tener la experiencia por sí mismo.

Yo podría hablarle infinitamente de cómo montar en bicicleta, o incluso de por qué es imposible hacerlo dadas las leyes de equilibrio y la relación aire/velocidad/viento. Usted podría tener una idea propia sobre este tema, pero sólo sabrá que es posible cuando monte una, se tambalee unas cuantas veces y lo experimente. Una vez que haya montado una bicicleta, nadie podrá, jamás, convencerle de que es imposible.

Todos sus conocimientos son así. Provienen de la experiencia, y por lo tanto existen en su interior libres de duda.

• Las creencias le decepcionarán en una crisis. El saber nunca le decepcionará. Cuando usted cree en algo sin saberlo, hay una duda junto con la creencia. La duda existe en alguna parte de las profundidades de su mente. Existe como un pensamiento al que en última instancia recurrirá cuando quiera poner esa creencia en práctica.

Recuerdo cuando creía que no podía zambullirme de espaldas en la piscina. Cada vez que me decía «esta vez puedo hacerlo», esa importuna duda emergía en el preciso momento en que intentaba zambullirme de espaldas. Me encontraba con que mi cuerpo giraba sobre sí en el último segundo. La diminuta duda unida a la creencia sobre mi capacidad era en lo que yo confiaba en el momento de la ejecución.

Si usted cree en algo basado sólo en lo que otros le han dicho que es verdad, cuando aparezca una prueba importante, a menudo la creencia le decepcionará. Suponga que cree ser capaz de montar en motocicleta. Si intenta escapar de una situación peligrosa aprovechando una motocicleta que está por ahí, hay muchas probabilidades de que la duda unida a su creencia le impida escapar en esa motocicleta.

Lo que usted sabe nunca podrá decepcionarle. Jamás. Si tuviera una absoluta certeza sobre su capacidad para saltar sobre la motocicleta y alejarse a toda velocidad, ese saber le impulsaría para que se alejara sano y salvo. Porque un saber no presenta dudas internas, uno tiene una absoluta certidumbre sobre cuál es su posición. Esto es cierto en todo lo que uno experimenta, tanto física como metafísicamente.

Si usted tiene la creencia de que Dios estará a su lado en un momento difícil, y que cualquier sufrimiento que experimente es tan divino como cualquier júbilo que haya sentido, pero no lo sabe, se encontrará con que el dolor de su decepción se convertirá en una afirmación de que Dios no existe. Su creencia se hará trizas en un momento difícil. Eso se debe a que está usted intentando tener una visión de Dios que le ha sido transmitida desde el exterior, y está debilitada por la duda.

Saber de la existencia de Dios y sufrir como escribió William Blake en el siguiente poema, le sustraerán de las dificultades «sano y salvo»:

 

El hombre fue hecho por el Júbilo y la Aflicción.

Y cuando sabemos esto

vamos por el mundo a salvo.

El Júbilo y la Aflicción han tejido

una tela para el alma divina.

 

Los conocimientos nunca pueden decepcionarle porque están entretejidos en la trama de su ser. Si no puede dudar de lo que es, y sabe que es, entonces nunca se verá decepcionado. Quiero repetir que a las creencias siempre les acompaña la insidiosa duda, mientras que los conocimientos están libres de dichas contaminaciones.

• Sus creencias son ejercicios mentales. Sus conocimientos son ejercicios físicos. Las creencias están emplazadas en el reino de lo mental, como los pensamientos que uno alimenta de forma constante. Su comportamiento en el mundo se ve muy afectado por las limitaciones de esas creencias. Éstas son estrictamente ejercicios mentales que uno practica de manera continuada hasta que se convierten en la realidad: es decir, una realidad basada en las dudas que van unidas a las creencias.

Usted podría creer que la gente no debería llevar joyas en la nariz, o que la gente que no asiste a la iglesia es perversa. Este tipo de creencias influirán en su conducta y harán que juzgue a otras personas (hasta que cambie sus creencias y quizá busque un aro para su nariz).

Sus conocimientos están emplazados en el dominio de lo físico, a pesar de que se hayan originado en el mental. Cuando uno sabe algo, forma parte de la totalidad del ser, se origina en lo mental y reside en todo el ser.

Lo que se sabe con absoluta certeza —como la forma de bailar el mambo, o de patinar sobre hielo, o nadar, o hacer el amor, o montar en bicicleta—, forma parte del ser. Reside tan en lo profundo de uno que está en las células de lo humano. Aquello que en otra época sólo creyó, porque le fue transmitido por alguna persona, ha sido ahora transferido a su saber. La totalidad de sus conocimientos de lo físico comenzaron como creencias y acabaron en esta certidumbre.

Incluso puede que tenga algunas creencias tan arraigadas que las trate como conocimientos. Algunas de estas creencias que se han hecho fuertes en su interior podrían considerarse conocimientos, pero en realidad no lo son.

Por ejemplo, puede que usted crea que tiene talento para el arte, pero en alguna parte profunda de su interior existe una diminuta pizca de duda respecto de si esto resultaría cierto. De modo similar, podría no creerse capaz de dominar un idioma extranjero; pero también tiene alguna duda respecto de si esto resultaría verdad de hallarse en una situación en la que su vida estuviese en juego.

Cuando uno sabe algo, se convierte en su realidad física, y actúa de forma constante. Cuando sólo se cree algo, tanto si es negativo como positivo, uno tiene una diminuta duda, y esa duda se convierte en realidad. Las creencias son mentales. El saber es físico, aunque se origina como creencia mental.

• Las creencias le limitan. Los conocimientos le confieren poder. Dado que las creencias le son impuestas, son obra de otros seres. Por lo tanto, sus propias creencias no tienen lugar en su vida cotidiana.

Ésa siempre presente sombra de duda sobre si estas creencias son ciertas para usted, aunque lo fueran para sus antepasados, tiende a imponerle limitaciones. Sus pensamientos crean su realidad. Cualquier pensamiento del que dude es una limitación.

Lo que sabe le confiere poder para ascender en los niveles de conciencia. Cuando su corazón sabe que algo es correcto y usted sigue a su corazón, progresa y crece. El conocimiento interno le permite dar el paso que habría evitado de haber escuchado su mente.

Louise Hay es un perfecto ejemplo de lo que estoy definiendo. Es una mujer hermosa y sensible que ha escrito muchos libros formidables sobre curación, y es la editora de una colección de mis afirmaciones y recordatorios cotidianos titulada Everyday Wisdom (El camino de la perfección). Estábamos juntos en una transmisión nacional de televisión, cuando alguien llamó y le preguntó a Louise si había considerado algún método tradicional para tratarse un cáncer que había padecido ocho años antes. Louise le dio el tipo de respuesta que espero que usted sea capaz de cultivar cuando vea cómo el saber puede darle fuerza para ascender a niveles más elevados. Respondió: «En mi corazón sabía que no podía permitirles que me sometieran a radioterapia ni quimioterapia, ni que me cortaran un pecho… Sólo sabía que ése no podía ser mi método para enfrentarme con el cáncer. Mi conocimiento me condujo a otras alternativas, sobre las que he escrito, y en última instancia a la erradicación del cáncer de mi cuerpo. No estoy menospreciando ninguna otra forma de tratamiento, sólo sabía, en mi interior, que yo no podía ir en esa dirección».

La clave aquí reside en el uso que le da a la palabra «sabía». No se trataba de que creyese en una terapia alternativa, sino que sabía que esos métodos tradicionales estaban en desacuerdo con quién era ella. Consultó su saber. Ese saber le proporcionó fuerza e iluminación.

Cuando aprenda no sólo a abandonar las creencias sino a convertirlas en conocimientos, sólo tendrá ese saber interno para consultarlo cuando surjan las dificultades en su vida. Una mera creencia no es más que una nota mental pegada en su cuarto por su madre. Un saber está grabado en las células de su ser y por lo tanto vive en su interior, sin presencia de duda.

• Sus creencias son transitorias. Sus conocimientos son eternos. Piense en muchas de las creencias que tiene hoy y en cómo han cambiado a lo largo de los años. De hecho, muchas de las creencias que tiene hoy no fueron bien recibidas.

¿Puede recordar cuánta gente se sintió escandalizada al ver a los hombres con el pelo largo y pendientes por primera vez en la época contemporánea? Muchos intentaron hacer que se expulsara de los institutos y universidades a estos jóvenes. Los etiquetaron de afeminados. Hoy en día esas mismas personas lucen cabellos largos hasta el hombro y ven partidos de fútbol con prototipos de masculinidad que llevan pendientes y pelo largo que les asoma por debajo del casco.

Las creencias cambian. Muchas de las creencias que defiende hoy las rechazará en los años venideros.

Por ejemplo, casi cada día recibo cartas de personas que me cuentan que cuando me oyeron por primera vez hablar de algunas de estas ideas hace dos décadas, pensaron que estaba fomentando el egoísmo, y que hoy las mismas ideas les resultan consoladoras. Por lo que a mí respecta, mis ideas sobre Dios y la espiritualidad han cambiado drásticamente desde mis tempranas épocas agnósticas de adolescencia y primera juventud.

Mis ideas sobre el bienestar social, la pena capital, la política y el mal, han variado. Cuando era joven sólo creía con fuerte convicción. No sabía, y siempre tenía alguna duda sobre mi posición con respecto a estos asuntos, en particular porque había adoptado a maestros espirituales cuyas ideas estaban en conflicto con las mías.

Esas cosas que usted ha tenido, permanecen a su lado aún hoy, a pesar de que ha pasado por una transformación física completa. Imagínese eso. Hoy se encuentra dentro de un cuerpo que no existía hace apenas una década. Todas las células de su ser han sido reemplazadas por células nuevas.

Usted tiene piernas, brazos y arterias nuevos, e incluso un cerebro nuevo. Las moléculas de su ser físico cambian de modo constante. Están siendo reemplazadas incluso mientras lee estas palabras. Millones de átomos llegan y se van, formando nuevas realidades físicas, aun a pesar de que esas realidades nuevas tengan relación con las viejas.

Esto es lo mejor: aunque usted no es el mismo cuerpo que hace unos años, sus conocimientos han sido transferidos de su viejo cuerpo al nuevo: no física sino metafísicamente.

De niño sabía patinar sobre hielo, y todavía sé cómo hacerlo a pesar de que no lo he vuelto a hacer desde hace treinta años. El saber aún está conmigo, a pesar de que tengo piernas y pies nuevos, y un cerebro totalmente renovado.

Así que, como puede ver, cuando uno sabe algo en las células de su ser, este saber permanece a pesar de que el ser físico está pasando por un constante cambio. Usted es inmutable en el mundo interior, y por lo tanto lo es su saber.

Éstas son, pues, las cinco diferencias características entre lo que uno cree y lo que sabe. Resulta obvio que la mayoría de nuestros conocimientos se encuentran en el dominio de lo físico y permanecen con nosotros mientras estamos en nuestro cuerpo. La característica que separa el saber de la creencia es la presencia de la duda. Las creencias y las dudas van juntas, mientras que a los conocimientos no les acompaña duda alguna.

Mi intención es ayudarle a sacar de su conciencia muchas de sus viejas creencias. Pero lo que es aún más útil para la búsqueda de su yo espiritual, y que espero que aprenda, es transformar las que queden de meras creencias en saber.

Sus conocimientos no tienen por qué quedar limitados al dominio de lo físico. Puede tener conocimientos también en el dominio de lo metafísico. Por ejemplo, puede conocer a sus guías —sus ángeles y la superior presencia—, en lugar de creer sólo en su existencia. Del mismo modo, todas las cualidades del yo espiritual, que se hallan incluidas en la parte tercera de este libro, están a su disposición para que las conozca en lugar de sólo creer en ellas.

Nisargadatta Maharaj, en I Am That (Yo soy eso), describe el proceso de la siguiente manera: «El mero conocimiento no basta; el conocedor debe ser conocido… Sin el conocimiento del conocedor no puede haber paz». Ésta es una afirmación de alcance: conocer al conocedor. Constituye el tema del capítulo siguiente, pero resulta útil que conozca ahora la idea.

Hay un yo físico que posee el conocimiento, y hay lo conocido. Pero lo más significativo es que hay un conocedor de lo conocido. Ésta es su verdadera identidad.

La paz que menciona Maharaj y el camino de la búsqueda espiritual quedan a su disposición cuando le guía esa verdadera identidad, que es lo más sublime de usted. Alcanzar esa paz y hallar el camino de la búsqueda espiritual implica abandonar las viejas creencias y cambiar a una nueva dimensión, donde el conocimiento sustituya a la creencia y donde la fe reemplace al miedo.

 

MIEDO Y DUDA

Hay un refrán (cuyo origen ignoro), que dice: «El miedo llamó a la puerta, y respondió la fe, y no había nadie». El miedo se origina en las dudas que tenemos de nuestra divinidad. El antídoto para el miedo es la fe.

Dentro de mí sé que no estoy solo, jamás. Sé que tengo a mi disposición la guía divina en todo momento. Este conocimiento hace que el miedo sea imposible. Tampoco usted está solo, y también dispone de guía omnipresente accesible a voluntad.

Cuando uno sabe de verdad que la suprema presencia está siempre a nuestro lado, la posibilidad de vivir tanto con la duda como con el miedo se evapora. Tiene que poseer la cualidad de ser un conocimiento. Entonces, el miedo se desvanece.

Cuando comience a librarse de los miedos, usted desarrollará una especie de confianza que refleje su conciencia de su misión divina. Gabriel Saúl Helig, al escribir Tenderness Is Strength (La ternura es fuerza), describe cómo se disipa el miedo cuando la duda es desterrada:

 

Todavía temblamos ante el Yo como niños ante la caída de la noche. Sin embargo, una vez que nos hayamos atrevido a dar un paso hacia el interior del corazón, descubriremos que hemos entrado en un mundo donde la profundidad conduce a la luz, y que no hay final.

 

El miedo es nuestra prisión. Tenemos que erradicarlo mediante la certeza de lo absurdo que es tener miedo de algo en este sistema inteligente del que formamos parte y que tiene infinita inteligencia en cada uno de sus elementos. Traer este simple conocimiento a la conciencia cuando experimente cualquier miedo, le ayudará a desterrar tanto el miedo como la duda.

Las cosas a las que con más frecuencia tememos pueden explicarse tras investigarlas. O bien puede erradicarse el miedo con una breve y sencilla afirmación. Yo he escogido la segunda forma, y abrigo la esperanza de dejarle pasmado con lo simple que es eliminar el miedo.

• Miedo a fracasar. ¡Líbrese de él! No puede fracasar en nada. Todo lo que hace produce un resultado. Lo que cuenta es lo que hace con los resultados. Etiquetarse como fracasado carece de sentido

• Miedo a la desaprobación. ¡Líbrese de él! No necesita que los demás le digan si está bien o mal. Usted es una creación divina. Su sendero es único. Las opiniones de otros serán invariablemente juicios. Cuando uno sabe que está en una misión espiritual, se hace independiente de la opinión de los demás. Continúe adelante con su propósito.

• Miedo al sufrimiento. ¡Líbrese de él! Usted no puede sufrir cuando conoce su yo espiritual. Sólo sufre la persona que se imagina que es. Su júbilo es divino y también lo es su sufrimiento. Todo el dolor es parte del plan de Dios, que le otorgará sabiduría trascendental cuando deje de juzgarlo.

• Miedo al aislamiento. ¡Líbrese de él! Usted nunca puede estar solo. Cuando sepa esto, nunca se sentirá solo. Hay un gigantesco apoyo de amorosas almas que siguen un sendero similar. Reconózcalo. Acéptelo como verdad. Manténgase en su propósito y olvídese de que se siente aislado. Cuando lo haga, toda la guía y el amor que necesite le llegarán.

• Miedo a parecer tonto. ¡Líbrese de él! Cuando usted se afana siguiendo los pasos del yo superior, siempre tiene un propósito. El que otros le juzguen o no como un tonto es irrelevante.

• Miedo al éxito. ¡Líbrese de él! Reemplace el miedo por el conocimiento de que se merece prosperidad y abundancia. Tenga presente que cuando se halla en el camino de su búsqueda espiritual, aparecerán medidas externas de éxito. Su éxito, sin embargo, es una cuestión interior. Es su sensación respecto a sí mismo, y desde luego no quiere tener miedo de sí mismo.

Éstos son los seis miedos que más interfieren en el camino de nuestro propósito divino. Tenga presente que posee las herramientas internas para transformar su vida, y el miedo habrá desaparecido antes de que pueda decir: «¡Me libero de él!».

Una de esas herramientas es el reconocer ante uno mismo el momento en que el miedo haga su aparición. Cuando advierta que siente miedo, por favor, asegúrese de dejar que penetre en su conciencia. Siéntalo. Nieguese a juzgarlo.

Tengo una amiga que se toma tiempo para mantener una conversación silenciosa con su miedo. Me dice que sólo esto hace que el miedo desaparezca, porque le da la bienvenida como a una vieja creencia que en otros tiempos constituyó una parte amada de ella misma. Otras veces, ella y el miedo se ponen de acuerdo en una nueva «definición» de él. Sienta el miedo y no permita que sus efectos tengan continuidad.

La primera vez que subí a un escenario para hablar ante varios miles de personas, olvidé mis notas; entonces, experimenté varias sensaciones de miedo. No reconocer la presencia de mi miedo lo habría mantenido allí, en el escenario, conmigo. Pero me entregué a mi miedo mientras me recordaba a mí mismo que no estaba solo. Salí al escenario con el miedo como compañero. Antes de que hubiesen pasado siquiera unos minutos, estaba absorto en mi misión y el miedo había desaparecido.

Al reconocer el temor y luego hacer, de todas maneras, eso a lo que le tenía miedo, le pone sobre aviso con respecto a esos pensamientos derrotistas. También da un paso gigantesco para desterrar la duda de su existencia.

El miedo y la duda son pautas. Aquello de lo que dude le causará miedo. Lo que teme le provocará dudas sobre su capacidad para enfrentarse con ello. Como he mencionado unas páginas más atrás, el verdadero antídoto para la duda y el miedo es la fe.

El desarrollo de la fe como medio para eliminar el miedo de su vida es una lección espiritual suplementaria. A Course in Miracles ilustra maravillosamente este punto, haciendo hincapié en el conocimiento:

 

Si supieras quién camina a tu lado por el sendero que has escogido, el miedo sería un imposible.

 

 

FE COMO ANTÍDOTO DEL MIEDO Y DE LA DUDA

En la mayoría de los casos, la palabra «fe» está asociada con el desarrollo de una estructura religiosa. La fe y el culto, en este contexto, van juntos. Yo no estoy escribiendo sobre la fe en ese sentido. Respeto cualquier religión, pero no quiero que confunda las creencias religiosas con la verdadera presencia de la fe.

La fe es análoga a conocer a Dios, cosa que es diferente a creer en Dios. El conocimiento, desde el punto de vista en que estoy escribiendo, es una experiencia a nivel celular de las vivencias personales, a la cual no acompaña ni una pizca de duda. Para mí, la fe es un conocimiento y una capacidad interiores de ver a Dios en todas las cosas, incluido uno mismo.

El tipo de fe que describo no necesita ni un culto ni un libro sagrado. Proviene de tener una experiencia interna directa de Dios como parte del yo superior. Está presente de incontables formas en la vida cotidiana. Usted no tiene que ver necesariamente esta luz interna con los sentidos. Uno sabe que lo que no ve está allí, a su disposición.

He visto a mi esposa, Marcelene, demostrar esta fe interior en siete ocasiones diferentes cuando ha dado a luz a nuestros hijos. A lo largo de sus embarazos me habla de su fe en que Dios está con ella. Sabe que traer un niño al mundo es más que una experiencia física. Sabe que es una oportunidad sagrada que se le ha confiado.

No tiene en absoluto ninguna duda de su capacidad para llevar adelante todas las etapas desde el comienzo del parto hasta el nacimiento del bebé sin que haya complicaciones o dolor. Esta fe la coloca en un estado de conciencia superior, y su apariencia física cambia. Abandona los confines de su cuerpo. Mediante el poder de su milagrosa concentración en lo que tiene que hacer, actúa sin prestar atención a las distracciones que la rodean.

Su fe interior ha servido para desterrar la duda sobre su capacidad para dar a luz un niño en un entorno espiritual y libre de dolor. No cree que Dios esté allí a su disposición, lo sabe. La idea de cualquier duda es absurda para ella.

He estado en la sala de partos con mi esposa mientras a las mujeres que la rodeaban les asaltaban los miedos y las dudas. Marcelene, apoyada en su fe, participa en el acto de la creación como observadora y como participante. Incluso ha utilizado ese mismo conocimiento interior, basado en la fe, para ayudar a otras mujeres a dar a luz. Las acompaña durante todo el proceso —desde los primeros meses de embarazo hasta el parto—, las ayuda a acceder a su yo interno y les asegura que si destierran la duda vivirán una experiencia de un parto glorioso. Todavía no he visto que fracasara.

Instruye a las mujeres para que hagan caso omiso de todas las frases negativas y cargadas de dudas que les oyen a otras madres «experimentadas». Las ayuda a que aprendan a volverse hacia el interior, hallar la paz, conocer a Dios y utilizar la fe para que las guíe a lo largo de la experiencia. Ahora está escribiendo un libro sobre la forma espiritual de abordar el parto y el cuidado de los niños.

Usted debe entender que la fe es una decisión que uno toma en su interior. Cuando la decisión se transforme en un saber, comenzará a sentir la energía sagrada que fluye a través de todas las cosas como inteligencia divina universal. Saber que todo tiene un propósito es un proceso mental. La fe llega entonces como energía que reside dentro de uno en todo momento.

Un anochecer, cuando estaba sentado mirando una espectacular puesta de sol en el golfo de México, me di cuenta de algo pasmoso. Todo este planeta, con todo lo que hay en él, tiene que pesar incontables trillones de toneladas, y hay alguna energía que lo impulsa en torno al Sol y crea la ilusión de que en verdad es el Sol el que se pone. Lo que en realidad estaba sucediendo mientras yo estaba ahí sentado, era que estaba desplazándome en una órbita alrededor del Sol.

Contemplé la enorme cantidad de energía que incesantemente trabaja para desplazar este enorme planeta, mantenerlo girando y dentro de su curso en su viaje anual. La misma energía está moviendo al Sol en una órbita más amplia, e incontables cuerpos celestes más en incontables órbitas.

Esta energía provoca la ilusión de que la Tierra se mantiene inmóvil, pero nosotros sabemos que hay movimiento. Tenemos fe en esa energía. Confiamos en que mañana por la mañana el Sol saldrá por el este. No creemos en ella: sabemos que existe y tenemos fe en ella.

La misma energía le impulsa a usted por la vida y se encuentra dentro de usted en todo momento. Esa misma energía les permite a sus pulmones llenarse de aire, a su corazón latir, y a su cuerpo permanecer unido en lugar de desintegrarse. Eso lo sabe, tiene fe en ello.

Ése es el tipo de fe que debe desarrollar con respecto de la totalidad de su vida. A usted le guía una energía celestial. Ahora empieza a saberlo. No tiene que verlo para creer en ello, no más de lo que tiene que ver el viento para saber que está allí.

Esta energía invisible que hace tantas cosas es lo que usted necesita conocer. La fe interior se convierte en un poder que antes estaba oculto. He visto personas que caminaron descalzas una distancia de hasta doce metros sobre carbones ardiendo al rojo sin que se les hicieran ampollas. Antes de emprender esta aventura, su única preparación es concentrarse en su fe. Su fe les proporciona la capacidad de concentrarse con una intensidad que puede evitar que se les hagan ampollas en los pies.

Yo he usado este tipo de fe para cruzar a nado un lago cuya agua estaba a siete grados de temperatura, sin experimentar sensación de frío. Tecleo la máquina durante horas y veo cómo surgen poemas y capítulos sin bloquearme, porque sé que no estoy solo. La energía cósmica está dentro de mí para que la use, para cumplir mi destino personal.

He visto aparecer a la persona precisa para ayudarme con cualquier cosa que necesitara cuando he alcanzado esta fe interna y desterrado toda duda. En una ocasión, mientras estaba en una cabina telefónica de Nueva York buscando el teléfono de alguien a quien no había visto en años, alcé la mirada y me lo encontré allí mismo… una coincidencia asombrosa, o una conexión con la energía universal que fluye a través de las personas.

Con frecuencia me he encontrado con que precisamente el libro o artículo correctos han aparecido en mi correo cuando estaba atascado en un punto concreto. A menudo he imaginado a un escritor o escritora particulares mediante la concentración en sus palabras y luego, de forma «mágica», han aparecido en mi vida. La fe interior puede hacer aparecer las personas o hechos que necesita; funcionará. (Sin embargo, esto no quiere decir que los obstáculos no vayan a surgir también).

 

FE Y FRUSTRACIÓN

Incluso después de que desarrolle esta fe en Dios y en usted mismo, se encontrará con que todavía hay obstáculos en su vida. El pensamiento libre de dudas y el saber no significan que vayan a florecer de modo automático la abundancia y la prosperidad. No obstante, al aparecer los obstáculos, comenzará a procesarlos de un modo por completo distinto: un modo basado en la fe y no en la frustración.

Cuando se sienta tentado de ver los obstáculos como impedimentos, recuerde que la vida pone pruebas. Invente una frase para recordarse el valor potencial del obstáculo. La frase podría ser: «Este obstáculo ha aparecido en mi vida para enseñarme algo. Cuando aprenda la lección, veré mi fe interna manifestarse otra vez de forma positiva. Bendeciré este hecho en lugar de maldecirlo, y tendré presente que los caminos de Dios me serán a veces misteriosos».

Recientemente, mi esposa y yo pasamos unos días en Santa Fe, Nuevo México, en un retiro destinado a renovarnos nosotros mismos y nuestro matrimonio. En la primera noche que pasamos allí, vimos en el vestíbulo del hotel el menú de un restaurante macrobiótico y decidimos cenar en él. No obstante, parecía haber un centenar de obstáculos que surgían en nuestro camino cuando nos pusimos a buscar el restaurante.

No dejábamos de perdernos y aparecer de nuevo en el punto del que habíamos partido. Yo giraba en el lugar que parecía correcto y acababa de vuelta en el hotel. Santa Fe es una ciudad que fue trazada en círculos concéntricos, y los nombres de las calles cambian de una a otra manzana.

La frustración iba en aumento tras haber pasado más de una hora sin haber encontrado el restaurante. Le había pedido instrucciones a más de diez personas, y por fin hice una llamada telefónica al restaurante para pedirles ayuda. Durante todo el tiempo, estaba decidido a superar y extraer la lección de la prueba.

Cuando por fin llegamos, el restaurante estaba lleno. Al entrar, una mujer de Naploes, Florida, llamada Mary Reinhart, entró delante de nosotros. Estaban acompañándola a la única mesa vacía que quedaba, y se volvió para decir:

—¿Les gustaría compartir la mesa conmigo en lugar de esperar?

Comimos juntos, y en el curso de la conversación nos habló de una espiritual mujer llamada Gangaji que comenzaría un satsang (una reunión para la verdad) en Santa Fe, la mañana siguiente, y que duraría hasta cuando teníamos planeado permanecer en la ciudad.

Durante los cinco días siguientes, mi esposa y yo asistimos a la satsang junto con centenares de otras personas. Yo pensaba que habíamos ido a Santa Fe para estar a solas.

Pero conocimos a Gangaji. Es un alma iluminada que ha seguido un curso de autodescubrimiento en la India, y ahora recorre el mundo celebrando satsangs, transmitiendo el mensaje de paz, amor y capacidad. No cobraba nada, y nos proporcionó una gran riqueza espiritual.

En una audiencia privada con Gangaji, ella me contó que su hermana había leído uno de mis libros y que el mensaje del mismo había contribuido a volver a reunirlas. La hermana había decidido abandonar cuando Gangaji emprendió su propio sendero espiritual. Durante nuestra conversación, recibí de Gangaji el eslabón perdido que necesitaba para organizar y escribir este libro. Me habló de la idea de libertad como de una decisión que debía tomarse cada día, y me proporcionó el subtítulo de este libro. Fue su concepción de la libertad como ausencia de egocentrismo lo que me guió para escribir sobre dicho tema.

Nuestro viaje a Santa Fe había sido planeado con muchos meses de antelación, pero fue pospuesto tres veces porque se retrasó el parto de una mujer que tenía que dar a luz con la asistencia de Marcelene. Ahora, si usted añade esto a toda la información contenida en los párrafos previos, verá una multitud de obstáculos y «coincidencias»: el hecho de que tuviéramos que posponer el viaje; el perdernos cuando intentábamos encontrar el restaurante (que resultó estar a muy poca distancia de nuestro hotel); las instrucciones incorrectas que nos dieron, los giros erróneos que describimos; que Mary Reinhart entrara en el preciso momento en que lo hacíamos nosotros y que nos invitara a comer con ella; que nos preguntara si estábamos en Santa Fe para conocer a Gangaji (de quien no había oído hablar nunca antes); que nos invitaran a reunirnos en privado con Gangaji porque un participante del público me reconoció; y la historia de ella sobre la reunión con su hermana… Y luego, encontrar lo que me faltaba para organizar este libro. Todos estos supuestos obstáculos y coincidencias conspiraron con el destino para colaborar en la redacción del libro que ahora está leyendo.

También usted tiene historias como la mía a las que puede que no les haya prestado demasiada atención. Le insto a que busque una perspectiva nueva cuando se encuentre atrapado en momentos difíciles.

No se fije sólo en lo físico y permanezca alerta para detectar lo que el destino está conspirando para ofrecerle. Con esta actitud tendrá fe incluso cuando esos obstáculos parezcan insalvables.

Todas las muertes o «accidentes» de su vida, incluida su vuelta a la nada, son parte del orden divino. Puede que no sean comprendidos, sobre todo considerando cómo nos educan para evaluar estos asuntos. Gracias a la fe, sin duda usted sabe lo que Edna Saint Vincent Millay quiso decir cuando escribió:

 

El hombre no ha inventado a Dios; ha desarrollado fe para encontrarse con un Dios que ya existe.

 

Su fe puede mantenerse arraigada en presencia de los obstáculos. Su frustración porque Dios no está trabajando al ritmo que usted cree que debería, puede ser reemplazada por el conocimiento interior de que todas las cosas de su vida están para enseñarle algo. Su búsqueda espiritual le conducirá al conocimiento de que la enorme energía que mueve los planetas y las galaxias, manteniéndolos siempre en su curso, fluye también dentro de usted, y le mantiene en su curso, aunque su limitada visión le impide verlo.

La fe limpia la vista. Lo que uno ve entonces son obstáculos perfectamente colocados en lugar de frustrantes impedimentos. La paradoja está en que cuando se desarrolla esa fe uno aprende la lección y cada vez aparecen menos barricadas en la vida.

 

CÓMO DESTERRAR LA DUDA

En los apartados siguientes encontrará algunas sugerencias para extirpar la duda de su alma. Tenga presente que la duda no sólo inhibe su búsqueda, sino que también puede ser una fuerza destructiva en su existencia cotidiana.

• Tome la decisión de que va a encontrarse con el Dios invisible en su interior. Esto significa estar dispuesto a pasar tiempo en el silencio de su ser. Busque la oportunidad para guardar silencio y escuchar. No haga nada más, pero repita esto cada día. (El capítulo sexto le proporcionará algunas formas concretas de acallar el diálogo interno).

Al apartar los pensamientos y deleitarse en el silencio, sentirá la energía de la presencia superior fluyendo a través de usted. Proporciónese un momento divino para hacer una afirmación silenciosa de que se encuentra con Dios.

No sienta que tiene que compartir su experiencia ni convencer a otros de que ha sentido a Dios en su interior. Limítese a reparar en cómo cambia de una creencia a un saber cuando la pizca de duda que albergaba desaparece.

• Permita que el momento de revelación esté libre de cualquier critica o duda. Andrew Cohén lo expresa de la siguiente forma, en su libro Enlightment Is a Secret (La iluminación es un secreto):

 

Cuando se produce una profunda revelación, se ha de adoptar una actitud muy seria respecto de la propia vida. En el instante en que reconoce que está viendo la verdad tal cual es, tiene que darse cuenta de la trascendencia de lo que está siéndole revelado. Si no es traicionada ni una sola vez, su confianza en esa revelación sólo puede aumentar. Cuando más fuerte sea la confianza, más profunda será su sabiduría. Pero si ante esa revelación se permite entregarse innecesariamente a la duda, comienza a descender por un camino incierto y al hacerlo su confianza se verá minada.

 

• Tenga siempre presente que la duda la origina su ego. La duda no forma parte de su yo espiritual. Con esta conciencia puede aprender a Observar su duda en lugar de atesorarla.

Usted está esforzándose por conocer al conocedor, y el conocedor es su invisible yo superior. Use su capacidad para distanciarse de la duda y haga que penetre en su mundo interior. Luego observe cómo la duda le obliga a actuar de una manera predeterminada y limitada. Este acto de observación hará por sí mismo que la duda se disipe.

• Cuando la duda aflora en su interior y la reconoce, tiene que estar dispuesto a decir «no, ya no permitiré que estos pensamientos entren en mi vida». Muchas personas y pensamientos intentarán apartarle de su búsqueda espiritual. Debe estar dispuesto a considerarlos sus pruebas y aceptar el consejo que les damos a nuestros hijos con respecto a las drogas: «¡Simplemente di no!».

• ¿Duda de su capacidad para conocer a Dios? Puede que no tenga ninguna duda sobre la existencia de una realidad absoluta llamada Dios, pero puede que dude de su capacidad para conocer en plenitud a esa parte superior de usted mismo. De ser así, le sugiero que reexamine su lógica.

La duda de uno mismo podría ser una excusa para evitar cambiar. Si no tiene ninguna duda sobre la existencia de Dios, entonces ha llegado al dominio del saber. Al reconocer que sabe de forma incuestionable que existe un poder superior, ha desterrado las dudas internas. Si luego se da cuenta de que este poder superior está en todas las cosas, no puede dudar de que está en su interior.

Si está vivo, entonces usted tiene la fuerza vital de Dios dentro. Es tan sencillo como eso: el hecho de que esté vivo confirma la existencia de la conciencia más elevada dentro de usted.

• Comience por cambiar el vocabulario que usa para describirse y para describir sus expectativas. En lugar de usar palabras que reflejen sus dudas, cambie las palabras para indicar su saber y su fe.

Deténgase cuando use palabras y frases como «tal vez», «posiblemente», «si Dios quiere», «si tengo suerte», «quizá», «nunca se sabe»… Comience a usar palabras y frases como «desde luego», «por supuesto», «para conseguirlo», «sé que puedo hacerlo»…

Cuando utilice palabras y frases que demuestren ausencia de duda, conducirá su vida de la misma manera. Sus actos seguirán los pasos de sus palabras, y sus palabras derivarán de lo que es su mundo interior. Cambie sus palabras aunque todavía no las diga en serio, porque llegado el momento se convertirán en su realidad.

Los amigos y la familia sugirieron que no sería capaz de sentarme a escribir durante dos meses para acabar el borrador de este libro, porque no había escrito en varios años. Yo me limité a responder con una frase como «confío en que seré capaz de hacerlo. No estoy solo y se me proporcionará la guía y ayuda que necesito».

En ningún momento utilicé una sola palabra o frase que indicara duda alguna, aunque existiera algún cuestionamiento interno. Pronuncié esas palabras, dirigidas al exterior, empecé a escribir y, en efecto, la magia estuvo allí para prestarme ayuda divina.

Las palabras y frases que emplea le sugieren a su yo físico cuál es exactamente el rumbo que ese yo físico va a emprender. Tenga cuidado con lo que dice, y cuando hable hágalo con convicción y fe.

• Cuando encuentre que en su vida surgen cosas que tienden a reforzar sus dudas, apártese de los viejos hábitos de pensamiento. He aquí algunos ejemplos de viejas expresiones que podría tratar de cambiar: «¿Lo ves?, ya sabía yo que eso era sólo un montón de palabrería; a Dios, en realidad, no le importo». «Éste es un mundo cruel y hay que aceptarlo». Examine la siguiente lista de declaraciones en busca de nuevas formas de expresarse:

• Si mi júbilo es divino y yo confío en un poder superior cuando las cosas van bien, entonces mi sufrimiento también tiene que ser divino.

• Me negaré a juzgarlo y en cambio sabré que de alguna manera que no entiendo en este momento, conoceré el porqué de que eso haya sucedido.

• Confiaré en Dios y en la energía que está en todas las cosas, y sabré que también esto está de acuerdo con el orden divino aunque en este momento no me guste.

• Sé que el alma es eterna y que todas las formas pasarán, así que, ¿por qué debería cuestionarlo cuando ocurre?

• Lloraré a la persona que ha muerto, pero no cuestionaré por qué él [o ella] ha regresado con Dios.

• El ahora, o treinta años a partir de ahora, son un punto diminuto en la eternidad.

Este tipo de afirmaciones le ayudarán a desterrar la duda y a dejar de juzgar los caminos del universo. Tenga presente que su júbilo es divino, su sufrimiento es divino.

• Haga una lista de las creencias a las cuales todavía se aferra y que no le sirven. Verlas por escrito le ayudará a identificar lo absurdo que es permanecer arraigado en las creencias de otros.

Al examinar sus creencias, fíjese en cuántas comienzan por «debería» y «no debería». Este tipo de frases fueron su primera formación y puede que aún ocupen un espacio tan grande dentro de usted que no le dejen espacio para nuevos conocimientos.

Busque frases como: Debería prestar atención a lo que piensan sus vecinos. Debería enfadarse cuando la gente le trata mal. Debería odiar a sus enemigos. No debería estar en desacuerdo con otros. No debería ser feliz cuando otras personas de su entorno sufren. Debería sentirse culpable de su éxito cuando otros tienen tan poco. No debería olvidarse de lo que siempre creyó su padre.

Hay una larga lista de «debería» que le impiden alcanzar el júbilo de la vida espiritual. Esas creencias deben reemplazarse por conocimientos que provengan de su propia experiencia.

• Reeduque su mente. Su mundo interior, su mente, es como una grabación que suena de forma constante. El sonido de la mente puede hacerse tan intenso como para que usted cree imágenes de desastre que se confundan con su realidad.

En The Mistery of the Mind (El misterio de la mente), Swami Muktananda cuenta lo absurdas que pueden volverse nuestras creencias y cómo pueden en realidad gobernar el mundo, sin tener ninguna base en la realidad. He aquí uno de sus ejemplos:

 

Había una vez un trabajador pobre llamado Sheikh Mahmoud. Un día, su patrón le dio un pote de arcilla lleno de nata liquida y le dijo que lo llevara a la población más próxima.

 

—Si lo haces —le dijo el patrón—, te daré dos rupias. Si dejas caer el pote, tendrás que pagar la nata.

 

Sheikh Mahmoud se colocó el pote sobre la cabeza y emprendió el camino. Mientras caminaba, comenzó a pensar: «Voy a tener dos rupias. ¿Qué haré con ellas?». En esa época todo era muy barato. Por una rupia, uno podía comprar veinticinco pollos. Sheikh Mahmoud se dijo: «Eso es, compraré pollos. Se multiplicarán, y pronto tendré cien pollos, quinientos pollos, mil pollos, diez mil pollos. Entonces venderé todos los pollos y compraré cabras. Tendré cabras y ovejas y una granja grande. Las cabras y ovejas se multiplicarán, y cuando las venda compraré mercancías. Me convertiré en un gran mercader. Luego me casaré y tendré una casa. Acudiré a una oficina y regresaré a casa para almorzar. Tendré un cocinero muy bueno que preparará platos deliciosos. Pero si el cocinero no tiene la comida a punto, me enfadaré y lo abofetearé. Después de todo, seré un gran mercader». Cuando pensó en abofetear al cocinero, alzó el brazo. En cuanto hizo esto, el pote de nata cayó al suelo.

 

Así que la nata no llegó a la otra población. Mahmoud no obtuvo sus dos rupias. No compró pollos. No compró cabras y ovejas. No se casó. No tuvo una casa. No trabajó en una oficina. No abofeteó a nadie. Se sentó y se cogió la cabeza entre las manos. Pasado un rato volvió a presentarse ante su patrón y confesó:

 

—Amo, he derramado la nata.

 

El patrón contestó:

 

—¿Cómo has podido hacer algo semejante? ¡Has perdido mis ganancias de la semana!

 

—Oh, amo —dijo Mahmoud—, tú has perdido las ganancias de la semana, ¡pero yo he perdido mis pollos, mis cabras, mi casa, mi esposa, mi oficina y mi cocinero!

 

No pierda lo que no tiene sólo porque no ha aprendido a disciplinar su mente y desterrar esas incesantes dudas que crea en sus fantasías.

• Regrese a los sentimientos que están presentes en su interior y refuerzan las imágenes que crea en su mente. Por ejemplo, si realmente le encantaría alcanzar prosperidad, pero tiene dudas sobre su capacidad para conseguirlo, primero fórmese una imagen de sí mismo en la abundancia.

Luego vaya más allá de la imagen y pregúntese: «¿Cómo me sentiría si alcanzara esa prosperidad que he imaginado?». Es probable que piense que se sentirá algo así como contento, satisfecho, agradecido, feliz o eufórico. Éstas son expresiones de sentimientos que puede generar mediante sus pensamientos.

Una vez que pueda llegar a las sensaciones que hay tras sus deseos y sepa que tiene la capacidad para crear esos sentimientos mediante su fe y la disciplina de sus pensamientos, se dará cuenta de que la necesidad de cualquier otra cosa para sentirse afortunado es sólo una creencia y algo que carece de autenticidad. Haga este ejercicio con todo lo que desee alcanzar en su vida. Primero imagine y después observe el sentimiento resultante. Luego trabaje para generar ese sentimiento y sentirá que sus dudas se disipan.

• Tenga siempre presente que la duda es una experiencia mental. Si quiere que un pensamiento se disipe, puede rechazarlo. Del mismo modo que en cualquier momento puede negarse a tener un pensamiento desagradable, porque usted domina esos pensamientos, puede erradicarse la duda cuando aparece.

Dígase a sí mismo, como si fuera dos personas (el que habla y el que escucha): «Tengo esta duda porque he permitido que la persuasión de otros se convierta en mis propias creencias. Ahora pensaré por mí mismo y sabré que no tengo por qué vivir con la duda».

• El amor es el más cierto antídoto para el miedo y la duda. Cuando siente amor incondicional por sí mismo, como creación divina que está aquí con un propósito, se despoja de todas las dudas y miedos con respecto a usted mismo y su lugar en el mundo. Por lo tanto, cuando experimente un momento de miedo y duda, dése una porción de amor y recuerde que es una creación divina.

A medida que se dé amor a sí mismo, eso será lo que usted podrá dar. Y también es verdad que cuanto más amor contiene uno, menos espacio hay para el miedo y la duda.

El destierro de la duda de su vida siempre le pondrá en contacto con un poder misterioso que antes había estado velado. Le insto a que abandone las dudas que le inocularon, y deje entrar un nuevo conocimiento. El famoso Toro Sentado describió este poder con las siguientes palabras:

 

Contemplad, hermanos míos, la primavera ha llegado; ¡la Tierra ha recibido el abrazo del Sol y pronto veremos el resultado de ese amor!

Cada semilla ha despertado y también toda la vida animal.

A través de este misterioso poder también nosotros tenemos nuestro ser.

 

Fíjese en que Toro Sentado se refiere al poder del amor. Ese amor que se encuentra dentro de todas las cosas está tambien dentro de usted. Expulse la duda fuera de su conciencia y déle la bienvenida al saber que ha sido tema de este capítulo.

De la primera clave de acceso a la conciencia superior se habla también en la Biblia. (Deuteronomio, 30:14): «Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas».

Dejo el resto en sus manos. Sólo tiene que desterrar la duda.

 

 

5

 

Cultivar la condición de espectador

 

En verdad, es la vida la que da vida… Mientras que tú,

que te consideras un donador, no eres más que un testigo

Kahlil GIBRAN

 

 

Me doy cuenta

de que siempre estoy en

libertad para dejarme ir y

observarme

 

Cultivar la condición de espectador es la segunda de las cuatro claves para acceder a la conciencia superior que le conducirá por el camino de la búsqueda espiritual. Hay muchos beneficios al asumir esta postura.

En el presente capítulo le pido que cambie la percepción de sí mismo y cultive un aspecto superior de usted: el de espectador comprensivo. En lugar de pensar en sí mismo como un ser humano que tiene pensamientos, sentimientos y hábitos, comience a salir de usted mismo. Estoy señalándole el camino hacia un nuevo tipo de libertad en la que usted será espectador de su vida y ya nunca volverá a danzar al ritmo que le marquen otros.

 

¿QUÉ SIGNIFICA SER EL ESPECTADOR?

Tómese un momento para reflexionar sobre cómo se ve a sí mismo. Mientras lo hace, piense en lo que significa decir: «Estaba diciéndome a mí mismo que…». Descubrirá que la frase da a entender que usted es dos personas.

Una persona es el «yo» que estaba diciendo. La otra es el que recibía las palabras del que hablaba. El yo le hablaba al mí mismo, cosa que, cuando uno examina sus diálogos internos, se hace centenares de veces al día. Cuando se cultiva la condición de espectador uno se aparta tanto de la posición del yo como de la del mí mismo.

Aquí, desde un espacio invisible, ajeno a su cuerpo físico, el espectador se desprende de todas las emociones, sentimientos y comportamientos. Desde ahí, el espectador observa amorosamente el acontecer de toda su vida.

Hace varios años traté un caso en el que la paciente sufría lo que ella llamaba tristeza terminal. Estaba siempre deprimida. Describía sus sentimientos con frases como: «Todas las partes de mi ser están deprimidas. Estoy deprimida cada día, en todo momento. Me despierto deprimida y me voy a dormir deprimida. Al parecer no puedo librarme de esta terrible sensación de depresión».

Un día le formulé una pregunta que se convirtió en el punto de inflexión de su tristeza.

—Dígame —le pedí—, ¿ha estado advirtiendo esta depresión con mayor frecuencia en las últimas semanas?

Ella respondió:

—Sí, he advertido que cada vez se expande más.

—Ahora piense con cuidado antes de responder —proseguí yo—. ¿La persona que advierte eso está deprimida? —Ella me pidió que repitiera la pregunta—. ¿La persona que advierte eso está deprimida? —repetí.

Quedó demasiado desconcertada como para responder. Pero por primera vez fue capaz de contemplar que existía otro aspecto de ella misma aparte de la depresión.

Ese aspecto era la parte de ella misma que advertía la depresión. Esta que la advertía era la testigo, la observadora, que no había sido atrapada por la depresión. Esa entidad invisible, sin fronteras, era su yo espiritual. Antes de aquella sesión, la mujer nunca había conocido esa parte de sí misma.

Pasé meses enseñándole a dejar de identificarse con los pensamientos y sentimientos deprimentes. Aprendió a desprenderse de ellos y observarlos desde la posición del espectador comprensivo, con independencia de sus pensamientos y de su cuerpo físico.

Convertirse en espectador supone un acto de amor. Nos saca del mundo de fronteras y formas y nos permite entrar en un espacio de amor puro.

Así pues, comience ahora a advertir realidades de su vida. Advierta lo plácido que se siente, o cuánta ansiedad tiene. Advierta su apariencia física. Cuánto pesa, lo en forma que se siente y el grado de fatiga. Advierta cuánto tiempo quiere pasar con su familia, en su trabajo, viajando, jugando y rezando. Déjese penetrar por todo lo suyo. ¡Sus uñas, sus hábitos de conducción, su jardín!

Ahora examine el número de veces que he usado la palabra «advierte». Recuerde que existe una actividad llamada advertir, y que incluye al que advierte y al que es advertido. Entonces, concéntrese en ser el que advierte y acostúmbrese a acudir a ese lugar de su conciencia durante su vida cotidiana.

 

¿POR QUÉ DARLE LA BIENVENIDA A LA CONDICIÓN DE ESPECTADOR?

«En mi mundo, nunca nada va mal». Estas palabras fueron pronunciadas por Nisargadatta Maharaj en respuesta a una entrevistadora que, exasperada, le pidió a Maharaj que hablara de los problemas de su vida. Para mí, es la afirmación de mayor fuerza que haya oído jamás. La tengo presente cada día de mi vida y he hecho colgar una reproducción de la misma en un lugar estratégico de mi despacho como recordatorio de su supremo valor.

La entrevistadora insistió en que Nisargadatta tenía que tener problemas como todos los otros seres humanos. Nisargadatta le dijo:

—Usted no tiene ningún problema, sólo su cuerpo tiene problemas… En su mundo, nada perdura; en el mío, nada cambia.

¿Por qué diría este iluminado maestro que en su mundo nada iba nunca mal? Yo creo que se debía a que estaba hablando desde la posición del espectador comprensivo.

Dentro de todos nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Este observador comprensivo no se revela con instrumentos científicos y no aparece en las autopsias.

Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal porque el mal no carece de sentido para el observador. Todo tiene su orden. Nada se cuestiona desde esa perspectiva. Es como vivir en el paraíso, donde están la eternidad y el alma, al tiempo que uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.

No estoy sugiriéndole que se retire y se deshaga de todas sus posesiones materiales con el fin de hallar esa clave para la conciencia superior, aunque, desde luego, es una posibilidad. En cambio, quiero que considere cómo estas palabras de «nunca nada va mal», de «no tener problemas» y de «vivir en el mundo de lo inmutable» pueden aplicarse a su despertar espiritual.

Hay muchísimo que aprender de estas ideas. Cultivar la condición de espectador le pondrá en el sendero donde su yo superior comienza a influir sobre su ego físico en lugar de que suceda lo contrario.

Como dice Maharaj: «Dedícale toda tu atención, examínalo con amoroso cuidado, y descubrirás alturas y profundidades del ser con las que no has soñado, absorto como estás en la insignificante imagen de ti mismo». Estas palabras describen el poder y el valor de cultivar la condición de observador.

La manera de sentir y vivir nuestros apegos y sufrimientos puede cambiarse cuando se aprende a acceder a la actitud del espectador. He aquí las principales ventajas cuando uno traba conocimiento con su observador comprensivo:

1. Cuando usted cultiva la condición de testigo comprensivo, adquiere conciencia de que es algo más que sus pensamientos, sentimientos y sensaciones cotidianos. Usted aprende que es mucho más que un cautivo del conjunto de creencias y comportamientos adquiridos que ha practicado a lo largo de su vida. Adquirirá una visión más amplia de quién es, y esta nueva percepción le conducirá a niveles de vida más elevados.

Le pondrá en contacto con su alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, usted será capaz de elevarse a alturas que sus creencias anteriores le impedían ver.

En las relaciones, comenzará a trascender su ego y abandonará la necesidad de tener razón. La simple observación de sí mismo le revelará hasta qué punto son limitadoras las antiguas formas de ser. El espectador comprensivo abrirá la puerta a la comunión espiritual con los seres queridos.

El aprendizaje de cultivar la condición de espectador añadirá nuevas dimensiones a su vida, y le conducirá a una existencia más espiritual y jubilosa.

2. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, adquiere conciencia de que usted es algo más que aquello que le molesta. Al cultivar la condición de observador, la verdad de «en mi mundo nunca nada va mal» se hace evidente.

Uno desarrolla un saber que trasciende lo que llamamos nuestros problemas. El espectador no se identifica con ellos. Los ve como concernientes al cuerpo, y pueden ser resueltos sin desesperación. Distanciándose de ese modo, los problemas no pueden fijarse en su mundo interior.

Usted se volverá casi indiferente porque poseerá el conocimiento de que en ese mundo del cuerpo todo cambia, nada permanece igual. Los problemas también cambiarán. Llegarán y se marcharán. La frase «también esto pasará» adquiere un significado más personal y relevante.

Si aprende a ver las dificultades no como algo que se inscribe en su yo interno sino como manifestaciones pasajeras del mundo de lo físico, cultivará la condición de espectador en el sendero de su búsqueda espiritual.

3. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, emprende una acción que puede disipar los problemas. En un punto anterior de este libro escribí brevemente acerca de la mecánica de la creación. La misma explicación es aplicable al cultivo de la condición de espectador.

Como breve recapitulación, he aquí dos frases que resumen el libro de Nick Herbert, Quantum Reality (Realidad cuántica): «No existe realidad en ausencia de observación. La observación crea la realidad». Por lo tanto, el acto de ser espectador —por sí solo, sin ninguna otra actividad que interfiera— creará su realidad.

Cuando usted presencia con actitud comprensiva, benevolente, los hechos problemáticos de su vida, manteniendo su atención en ello de una forma que ayuda a adoptar resoluciones, eso es lo que ocurre. El plantearse un problema a la manera del testigo crea la energía necesaria para avanzar. A mí me resulta muy satisfactorio hacer que los problemas se desvanezcan de mi vida mediante este proceso de observación.

Por ejemplo, en el pasado me ponía muy ansioso ante la presión de una fecha límite de entrega para acabar un escrito. La ansiedad se manifestaba en forma de malestar estomacal, fatiga, sensaciones de inquietud y malestar físico general.

Cuando aprendí a ser espectador descubrí que podía cerrar los ojos y negarme a identificarme con «el problema». Continuaba formando parte de mi cuerpo, pero estaba separado de mí. Al observarme a mí mismo en ese estado, comprensivamente despegado de mi cuerpo, pude notar que los síntomas de la ansiedad se disipaban. Me encontré con que me sentía calmo y confiado.

Cuando la urgencia de fecha límite volvía a entrar en mi mente, el malestar regresaba, pero era diferente. Ahora yo no era el pensamiento sino el observador del pensamiento. De modo gradual, el pensamiento desaparecía y era reemplazado por una sensación de calma.

Tras treinta minutos de ser espectador, observando cómo los pensamientos llegaban y se marchaban, y vuelta a empezar, toda la escena se disolvió. Abandoné literalmente mi ser. Entonces descubrí que era capaz de sentarme y escribir en lugar de estar apresado por las ideas derivadas de la fecha límite que imponían mi cuerpo y mi mente.

El acto de observar como testigo desde una perspectiva objetiva creó una nueva energía dentro de mí. La energía disolvió el problema y me permitió funcionar a un nivel más saludable y productivo.

4. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, lleva paz a su vida. No sólo se pone en contacto con la parte espiritual de su ser, sino que también permite que la paz y armonía de esa presencia gloriosa sea una experiencia básica en su vida cotidiana.

Stephen Wolinsky lo describe de la siguiente forma en su libro Quantum Consciousness (Conciencia cuántica): «Si puedo comenzar a observar, a ser testigo de mis reacciones, me sentiré más libre y en paz. Mediante la identificación y fusión con un pensamiento o sentimiento me impido a mí mismo ser el observador y me convierto en la experiencia misma».

La capacidad para adoptar el punto de vista del espectador significa permitirle a nuestro yo superior observar de una forma que no comporte la formulación de juicios. Cuando puede observar su ego, usted ya no es su ego.

Su ego retrocede cuando su yo espiritual está más íntimamente integrado en su ser. Descubrirá que esta nueva paz le llevará por las tareas de su mundo material con una mayor eficacia y productividad.

5. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, da el primer paso hacia la liberación. Cuando comienza a alejarse y observar, ya no está controlado por los hechos físicos de su vida.

Por ejemplo, cuando experimente enojo, dé un paso atrás y obsérvelo durante unos instantes. Advertirá que queda casi de inmediato liberado del dolor asociado al enojo. Los acontecimientos continuarán sucediendo, pero usted ya no será el que se identifique con esos hechos.

Ser capaz de observar los acontecimientos, incluidos los de su propio cuerpo, le libera de tener que experimentar el dolor que en otra época creyó que era la única opción. Mi esposa y yo hemos criado ocho hijos; si no hubiéramos mantenido la actitud del espectador, muchas veces podríamos habernos sentido muy turbados y desdichados.

Con una actitud de observador, podemos dar un paso atrás y contemplar nuestros pensamientos y sentimientos, así como los que tienen nuestros hijos. Sabemos que nos liberaremos si podemos desprendernos de vez en cuando del caótico mundo físico de nuestra numerosa familia. Desde el espacio del espectador comprensivo que no se identifica con el problema, el problema desaparece.

La solución proviene de nuestra habilidad y voluntad de confiar en que podemos ofrecer consejo y guía, sin identificarnos como padres fracasados o como padres perfectos.

El acto de observar nos libera. Y también le liberará a usted cuando cultive su condición de espectador.

6. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, entra en contacto con Dios. Gracias al acto de cultivar la condición de espectador he llegado a conocer a Dios con más claridad. El acto de observación es lo máximo que he sido capaz de hacer para acercarme a la verdadera experimentación de otra dimensión, dimensión no estorbada por las limitaciones del mundo material.

Es una experiencia extracorpórea, en la que se ve el cuerpo y los pensamientos sin identificarse con ellos. Una práctica regular de la observación hará que pueda apreciar el comentario de Carl Sandburg: «Algo me originó y no tenía origen; algo me pondrá fin y no tiene fin». Desde la posición de espectador, usted sabe que no es sólo eso que ve. Hay una realidad espiritual disponible cuando se separa de su yo material. La conexión con el plano superior de sí mismo la establece solo desde esa posición.

La energía divina que tiene en su interior le envuelve en amor y paz mientras observa los pensamientos, sentimientos y sensaciones de su cuerpo. Este proceso de cultivar la condición de espectador es el proceso de conocer la verdad que anunció san Mateo: «… para Dios, todo es posible». (San Mateo, 19:26). Ahora, dígame si se puede decir algo más. Usted sabe que todo no es posible en el reino de lo físico; por lo tanto, Dios viene a ser esa parte de usted que está más allá de lo material. Mediante la condición de espectador puede conseguir que esto sea su realidad.

Así pues, he aquí los seis beneficios que obtendrá al alcanzar la condición de espectador. Paulatinamente usted emergerá como un ser que sabe que existe fuera de sus pensamientos, emociones y sensaciones físicas, y por lo tanto éstos no desempeñarán el importante papel que han estado representando.

 

CUATRO CATEGORÍAS DE OBSERVACIÓN

Con el fin de cultivar su condición de espectador, usted necesita desarrollar sus poderes de observación respecto de sí mismo y del mundo. Necesita aprender a observar sus reacciones, para superarlas. Es ese «ir más allá» lo que constituye la parte esencial de la búsqueda espiritual. He dividido los diferentes tipos de observación en cuatro categorías.

Observación de su cuerpo.

Este tipo de observación lo hemos practicado la mayoría de nosotros de una u otra forma. En general, permitimos a nuestro cuerpo que funcione sin interferencias. Somos conscientes de que existe el cuerpo y de que existe un «espíritu» que hace que funcione la máquina.

Desde la primera vez que se miró en un espejo y vio que su rostro le devolvía la mirada, ha estado observando su cuerpo. El propietario u ocupante de su cuerpo es un ente misterioso.

Sin embargo, incluso como ocupante, a menudo se ha identificado con su cuerpo. A veces lo olvida y da por supuesto que usted es ese cuerpo. Pero, esencialmente, ha observado su cuerpo cuando realiza movimientos, y siendo consciente de que un yo invisible está en alguna parte del interior, observando.

A lo largo de su vida ha visto su cuerpo pasar por muchos cambios. No obstante, dentro de usted siempre ha habido un yo inmutable. Todavía hay un niño pequeño, que se ve a sí mismo en unos términos que desafían el tiempo y los límites. Él sabe que no es ese cuerpo, al mismo tiempo le preocupa que su innegable conexión con él causará su muerte cuando el cuerpo muera.

Cuando se mira al espejo y ve una nueva arruga, la parte incorpórea de usted que ve la arruga no ha cambiado, a pesar de que la piel se pliegue. ¡Me veo pelos que me crecen en las orejas y en la nariz, y me pregunto por qué están ahí ahora y dónde han ido a parar los que solían crecerme en la cabeza! Pero por dentro soy el mismo. Cuando usted ve canas donde solía ver cabello moreno, sabe que el yo real no es canoso, y si piensa en el asunto, sabe que el yo real tampoco era moreno. Se ve manchas en la piel y sabe que alguna parte de usted mismo es inmaculada.

Desde que tiene memoria, ha estado observando esos fenómenos de su cuerpo. También es cierto que sabe que la entidad que realiza la observación está desligada por completo de lo que está observando.

Mientras lee esta frase, está permitiéndole a su cuerpo que actúe sin intromisión por su parte. No está ocupado en hacer latir su corazón, ni en llenarse los pulmones, ni en oxigenar su flujo sanguíneo, ni en hacer circular sus fluidos vitales. Deja que su cuerpo funcione por su cuenta y le permite a otra parte de usted conocer cómo ser un observador espiritual. Esta forma de hacer las cosas le reporta un magnífico servicio.

Al observar su cuerpo y no participar mentalmente de su funcionamiento, éste trabaja con la perfección para la que fue destinado. Si estuviera constantemente comprobando e intentando controlar las funciones de su cuerpo, estaría en exceso ligado a él, e inhibiría sus funciones naturales. Las veces que durante su vida se ha preocupado por las funciones de su cuerpo o ha interferido en ellas, son aquéllas en las que su salud se ha quebrantado.

Cuando no se deja llevar por los instintos de su cuerpo, se encuentra con que éste se desequilibra y quebranta de una u otra forma. Al adoptar el papel de intruso, usted crea disfunciones que en última instancia quebrarán los cimientos del edificio divino que alberga su alma.

Alimenta su cuerpo con los alimentos incorrectos y éste responderá con letargia y enfermedades. Deje de ejercitarlo y se volverá pesado y torpe. Haga caso omiso de sus necesidades de aire fresco y entornos saludables y se desmoronará. Déle sustancias narcóticas y reaccionará negativamente.

Cuando su cuerpo se encuentra en mal estado, lo cual va desde la obesidad a los dolores de espalda, el nerviosismo, la gripe, el cáncer o cualquier otra anomalía respecto del curso natural del cuerpo, entonces es imperativo que asuma la posición de espectador benevolente.

La verdadera conciencia es un estado de pura observación, sin ningún intento de reparar o cambiar lo que se está contemplando. Se trata de una especie de amor curativo que no establece juicios. Aun a pesar de que lo que esté observando sea «enfermedad», el espectador comprensivo advierte los puntos en conflicto y los observa con amor incondicional. La ausencia de enjuiciamiento del acto de observación contribuye con la apropiada energía de amor que la situación necesita.

Cuanto más pueda practicar la condición de espectador, más se encontrará con que el mero acto de observar hará que su vida continúe avanzando por el camino de la búsqueda espiritual. La mecánica de la creación es tal, que el lugar en que pone su atención y la mantiene es el lugar en que se origina el cambio de la nada al aquí y ahora.

Observación de su mente.

Puede que se haya acostumbrado a observar su cuerpo. No parece difícil porque imagina que la observación del cuerpo la hace con la mente. Así pues, ¿qué utiliza para observar su mente? Aquí es donde abandonará sus viejas creencias y entrará en un nuevo mundo de la observación.

Trate de ver sus pensamientos como un componente de su cuerpo/mente. Piense que los pensamientos son cosas. Cosas que le permiten salir fuera de ellas y observarlas.

Su mente genera cada día millares de pensamientos. Llegan y se marchan como trenes de una estación: uno entra, otro ocupa su lugar; uno sale, y llega otro. Esto continúa durante todo el día.

Le han hecho creer que estos pensamientos no siempre están bajo su control. Usted suele creer que el proceso del pensamiento continúa y continúa incluso cuando le gustaría que se detuviera. No estoy pidiéndole que detenga sus pensamientos (el tema del capítulo sexto), sino sólo que sepa que tiene la capacidad para ser observador de sus pensamientos. El mero observar el flujo de pensamientos refrenará su mente hasta el punto de detención en el que podrá experimentar a Dios.

Primero necesita observar sus pensamientos. Luego necesita observarse a sí mismo observando sus pensamientos. Aquí está la puerta al espacio interior donde, libre de todo pensamiento, experimentará el júbilo y la libertad que le transportará hasta su yo espiritual.

El sencillo ejercicio de observar su mente conformando sus pensamientos llegará a hacer que los pensamientos no deseados, innecesarios, erróneos, se disuelvan. Al desarrollar la condición de espectador, aprenderá a acallar la mente, hacer inventario, y descartar o redirigir los pensamientos que generan reacciones derrotistas o egocéntricas. En este simple proceso, también llegará a conocer su yo espiritual.

Hace algún tiempo, el Congreso de Estados Unidos debatía las disposiciones para una reducción del déficit. Una de las propuestas clave era una disposición de aumento de los impuestos para las personas que se encontraban dentro de mi escala de ingresos.

Al tiempo que estaba estudiando el libro I Am That (Yo soy eso) y aprendiendo a introducir esta técnica de observación en mi vida, estaba siguiendo con gran interés cómo avanzaban los trámites de esa ley. Si era aprobada, mis impuestos aumentarían de modo considerable.

Las enseñanzas de Nisargadatta Maharaj me alentaban a aprender a observar mis pensamientos desde una perspectiva distanciada, si no incondicionalmente amorosa, y no dada a establecer perjuicios. Así que me senté y observé mis pensamientos a propósito del probable incremento de los impuestos. Lo que vi fue el más desnudo egocentrismo terrenal.

Los pensamientos generados por el ego desempeñan un enorme papel en la creación del mundo que el ego desea crear. Cada uno de mis pensamientos parecía exigir que lo considerara el más importante. A medida que aprendí a observar mis pensamientos, advertí que uno en particular reaparecía con frecuencia. Era el siguiente: «¿Cómo se atreven a decir que no pago lo que me corresponde? ¿No se dan cuenta de que sólo tengo un voto y que sin embargo le envío más dinero a la burocracia gubernamental que el 99 por ciento de la gente? ¿Cómo se atreven a acusarme de no ser un buen ciudadano?».

Luego, al cabo de unos momentos, otro pensamiento que lo rebatía hacía su aparición: «Hay un gran déficit, y yo he sido bendecido con unos ingresos abundantes. Mucha gente se beneficiará de que yo pague más, y puedo permitírmelo. Así que, ¿por qué tanto problema?».

A este pensamiento le seguía: «Espera un momento, ellos no tienen ningún derecho a hacerme pagar un porcentaje mayor de mis ingresos. No me importa entregarles más dinero pero ¿por qué tienen que exigir a un ciudadano un porcentaje mayor de sus ingresos y castigarlo por tener éxito? Más dinero, sí. ¡Un porcentaje más alto, no!». Mi observador fue comprensivo y neutral.

De aquí para allá volaban estos pensamientos por mi mente mientras yo los observaba en lugar de poseerlos. A medida que practicaba la condición de espectador, advertí un fenómeno interesante. La ansiedad por el problema comenzó a disiparse. Ya no me importaba ni una cosa ni la otra, y me di cuenta de que ya no participaba de ese drama. Los hechos sucederían con independencia de mis pensamientos sobre ellos, y cuanto más me limitaba a observar los pensamientos, más tendían a evaporarse.

Entonces comprendí lo que Nisargadatta quiso decir cuando escribió que «el conocimiento de uno mismo es desapego… Cuando sabes que no careces de nada, que todo lo que existe eres tú y es tuyo, cesa el deseo… No perturbes tu mente con búsquedas… La mente está interesada en lo que pasa, mientras que la conciencia se interesa en la mente misma». Una vez que fui espectador de mis pensamientos, ya no estuve unido a ellos ni a su resultado. Quedé en libertad.

Esta posición de ser espectador de sus pensamientos no tiene relación con la cifra de sus ingresos. Sus pensamientos no influirán en el Congreso de modo alguno. Así que conviértase en observador y aprenda cómo evitar que sus pensamientos gobiernen su vida.

En verdad no tenía importancia si aprobaban o no aquel redactado de la ley, puesto que en mi mente tenía argumentos muy convincentes para defender una postura y la contraria. Lo que me quedó fue la libertad de escoger cómo deseaba sentirme respecto del asunto y/o dejarlo en las manos de Dios. En aquel momento aprendí que no pueden gravarme con impuestos a mí, sólo a mi cuerpo.

La capacidad para colocarse imaginariamente a sus espaldas y observar sus pensamientos ilustra muy bien la capacidad para mirar su interior y participar del acto divino de creación de su vida espiritual.

Los problemas empiezan con un pensamiento que uno pone dentro de su mente y al que se le permite enconarse hasta el punto de la ansiedad. La ansiedad comienza a manifestarse en su vida como síntomas físicos, a los que llamamos artritis, presión sanguínea alta y taquicardia.

La benevolente energía que recibimos del observador, del espectador, permitirá que esos pensamientos entren y salgan con toda naturalidad. Pensamientos que entran y pensamientos que salen. Aprenderá a ser espectador de sus pensamientos del mismo modo que observa la realidad exterior.

Ser testigo de sus pensamientos requerirá algo de práctica. Con el perfeccionamiento llega el milagro y el deleite. Los traumas se disuelven en la etapa del pensamiento y se les impide manifestarse en el mundo cotidiano. Proporciono varias sugerencias para ejercitarse en esta práctica en el apartado final del presente capítulo.

Observación de su energía vital.

Todo en la vida es energía. Comprender el principio de la energía es de una importancia vital para aprender a cultivar la condición de espectador. Sus emociones son energía. La máquina de escribir que estoy usando es energía. Cuando uno conoce a otra persona, se produce un intercambio de energía. Cada uno de los hechos de la vida implica intercambio de energía.

Cuando usted decida ser espectador de toda su vida, comenzará a verla desde una perspectiva energética. Todos los conflictos en los que ha participado a lo largo de su existencia, de alguna forma le han extraído energía espiritual y le han dejado con energía letárgica.

Estos encuentros, desde la infancia, representan una energía almacenada que ha hecho que centrara su vida en su ego. Se ha identificado con los hechos y las personas que le han influido. Eso ha creado y alimentado la energía letárgica que le inhibe a la hora de conocer su yo espiritual.

Usted guarda en sí una gran cantidad de energía negativa, invisible, de la que sus sentidos no le informan en un idioma que le hayan enseñado a entender. Los naguales (maestros espirituales de América Central y México) tienen un entrenamiento ritual llamado la recapitulación, que puede disminuir la energía negativa, letárgica, e incrementar la capacidad de observar.

Taisha Abelar, en The Sorcerers’ Crossing (La travesía de los hechiceros), describe el proceso de recapitulación como un «llamar de vuelta la energía que ya hemos empleado en acciones pasadas… Recapitular implica evocar a todas las personas que hemos conocido, todos los lugares que hemos visto y todos los sentimientos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida —comenzando en el presente y retrocediendo hasta los más tempranos recuerdos—, y luego limpiarlos uno por uno».

Cuando por primera vez hice el esfuerzo de recapitular mi vida y limpiar la energía negativa que había acumulado, pensé que sería una tarea imposible. Pero no lo fue. Sólo entrañó utilizar mi atención para observar un hecho concreto y luego dejarlo tras de mí.

El proceso suena raro, pero cuando se lleva a cabo uno obtiene una poderosa sensación de dejar tras de sí los viejos condicionamientos y recargar de energía el presente. Lo que encontré casi pasmoso fue mí capacidad para evocar a personas y hechos aparentemente olvidados hace mucho tiempo.

Un día decidí recapitular mi clase de cuarto de básica. Por el simple sistema de ser un espectador benevolente de mi aula en la Arthur Elementary School de Detroit, fui capaz de ver a cada uno de mis compañeros de clase, el lugar en que se sentaba cada cual, el libro que leía La señorita Engel: El jardín secreto, la lección de quebrados, el globo terráqueo en un rincón, y los nombres de todos los de la clase.

Mientras me observaba a mí mismo en el aula, me di cuenta de que había consumido una enorme cantidad de energía teniendo miedo de no ser aceptado. Era mi primer año en esa escuela porque nos habíamos trasladado desde otro vecindario. Fui capaz de devolver a mi cuerpo energético la energía consumida. Me quedé sorprendido ante la capacidad de mi mente para evocar todos aquellos hechos y compañeros de clase en apariencia insignificantes y olvidados mucho tiempo atrás.

El proceso de recapitulación es un proceso energético. Todos los recuerdos, como todo lo demás del universo, son energía. Recobrar la energía perdida y despojarse de la energía negativa parece imposible de hacer, pero puedo asegurarle que el cultivo de la condición de espectador tendrá el espectacular efecto de aumentar su conciencia y hacerle conocer su más sublime yo.

Al penetrar en su interior y empezar a ser espectador, testigo de toda su vida, comenzará a sentir una abrumadora sensación de asombro y respeto ante la forma en que todo encaja. Aquello contra lo que luchaba cuando era adolescente, le condujo a un plano de existencia más elevado en la juventud, o en la edad madura. La energía que empleó luchando contra sus padres, o enfrentándose a reglas necias, puede ser recuperada y utilizada de una manera más provechosa.

Desde la perspectiva del espectador, uno no establece juicios sobre lo correcto o incorrecto de tal o cual hecho, de sus comportamientos o de las reacciones de los otros. Al ser un testigo de su propia vida, usted se libera de la energía atrapada en los prejuicios, enojo y vanidad que pueda haber experimentado en esa época, y que aún se encuentran dentro de su cuerpo. Mediante la observación, descubrirá que posee la capacidad de regresar a cualquier momento de su vida y actuar como si volviera a estar ante la misma situación.

Observar su vida y cambiar las pautas energéticas existentes implica alcanzar una enorme disciplina. Puede que prefiera no pasar por esta dura prueba. Sin embargo, si se convence de que tiene el poder para hacerlo, y que usted puede ser un testigo de su vida a voluntad y revivir esos acontecimientos desde una perspectiva distante, podrá desembarazarse de todos los bloqueos que le inhiben.

Cualquier energía que otorgue a los acontecimientos pasados y que no esté basada en el amor incondicional es una energía que le impide conocer a su yo espiritual.

Observación del mundo que le rodea.

Uno puede adoptar la postura del espectador ante todo lo que sucede. Esto incluye hechos ocurridos en el vecindario, así como acontecimientos de importancia mundial. Como testigo, uno se niega a identificarse con lo que ve; se es un observador distante, pasivo pero que advierte las cosas. Usted no se identifica con lo que sucede, pero lo advierte.

Cuando uno se convierte en testigo de los hechos que nos rodean, elimina la perspectiva egocentrista. Ya no lo verá en términos de cómo le afecta a usted. Se limitará a advertir lo que pasa. No está unido al bien o al mal de lo ocurrido. Sabe que, de alguna forma misteriosa, todo forma parte del orden natural. No cuestionará a Dios. Se limitará a observar.

La ventaja de adoptar esta posición es que uno comienza a ver cómo ese hecho afecta a toda la gente. Si es un problema, usted ve la solución con claridad. Siente que no debería estar sucediendo, pero no pregunta por qué y no juzga ni se enoja por ello. Usted es un testigo silencioso. Si el acontecimiento es un huracán o un terremoto, por ejemplo, no se siente desgarrado por dentro. Sabe lo que ha sucedido, sabe lo que es necesario hacer, y puede ponerse a hacerlo.

Aprender a observar el mundo desde la perspectiva del observador distante, sin embargo, no significa carecer de emociones. Sólo significa estar libre de emociones inmovilizadoras. Abraham Maslow definió a los más valiosos seres humanos como aquellos que se habían realizado, y especificó que la más alta cualidad que poseían era ser «independíentes de la buena opinión de los demás».

Cuando uno ya no necesita ver los acontecimientos de su vida desde una perspectiva egocéntrica, o desde el punto de vista de cómo debería reaccionar atendiendo a los demás, ha conseguido una importante parcela de libertad.

Libertad es lo que ofrece la posición del testigo. Libertad de estar en un aeropuerto, por ejemplo, contemplando cómo los demás se trastornan por la cancelación de un vuelo, mientras usted observa en silencio el comportamiento ajeno a la par que el suyo propio.

Durante la época en la que estaba aprendiendo a practicar la condición de testigo, me encontré en un avión que se vio atrapado en una turbulencia increíble. Mientras caían las mascarillas de oxígeno, el avión se sacudía con violencia y los pasajeros gritaban de pánico, yo me encontré observando el acontecimiento, incluido mi comportamiento. Dejé que mi cuerpo se quedara allí sentado y fuera sacudido violentamente. No experimenté el más mínimo miedo. Estaba distanciado, y en consecuencia no era yo quien se hallaba en peligro, sino ése al que estaba observando. En mi corazón sabía que no podía morir, que era eterno, y desde esa eternidad observaba.

Ese testigo sereno evitó que fuera presa del pánico, y pareció aliviar el miedo también en la persona que tenía sentada a mi lado.

Usted puede aplicar la condición de testigo a todo lo perturbador. Las guerras continuarán y continuarán, con independencia de su torbellino interno. El que hubiera muchos espectadores del mundo podría ayudar a crear una energía colectiva de paz. Desde luego, no será su enojo lo que erradicará la guerra.

Lo mismo es verdad en el caso de la violencia, el hambre, la enfermedad y todos los problemas que padecemos. Al transformarse en testigo, no se vuelve pasivo ni indiferente. Se convierte en el observador que ve lo que sucede como lo que es, y que también ve las soluciones. Si hace suyo el enojo de los violentos, usted se transforma en un violento más que altera la armonía del mundo. Como testigo, usted radiará la calma energía de la observación y el distanciamiento. Éstas son las metas que nuestro mundo alcanzará si los que observamos como testigos logramos llevar a término una revolución espiritual.

Éstas son, pues, las cuatro categorías de observación que usted tiene disponibles. Puede que le suenen un poco extrañas si cree que sólo actuamos sobre el mundo con nuestro yo físico o intelectual. Admito que es una noción nueva y quizá radical, pero póngala a prueba. ¿Quién sabe? Podría acabar transformando su vida y ayudándole a entrar en contacto con la fuerza y la sabiduría de su yo espiritual.

 

SUGERENCIAS PARA ALCANZAR LA CONDICIÓN DE ESPECTADOR.

Las siguientes son algunas ideas para poner al testigo a trabajar en su vida.

• ¡Perciba al que percibe! Mientras toma nota de sus mundos, el interior y el exterior, comienza a familiarizarse con el que percibe.

Si hace esto varias veces al día, comenzará a ver que es mucho más que su cuerpo, su mente y los hechos programados de su vida. Darse cuenta de la presencia de su verdadero yo como un observador le aportará nuevas dimensiones de creatividad y contento.

• Mientras se familiariza con el que percibe, recuerde que no puede sentir dolor ni sufrimiento. Su testigo benevolente le revela un rincón de libertad donde usted es inmune a la angustia. Sugerí a una camarera que estaba siendo importunada por unos clientes desconsiderados, que observara el comportamiento de ellos en lugar de ser la víctima. No lo entendió y me pidió que se lo explicara. Tiene tres protecciones entre el yo real y el mundo exterior —le dije. Primero tiene el uniforme de camarera. Eso, desde luego, no es su verdadero yo, así que no se identifica con la camarera.

En segundo lugar, tiene su cuerpo, pero no debe cometer el error de creer que es su cuerpo. Si lo hace, cualquiera puede hacerle daño con un comentario poco halagüeño sobre él. Usted posee un cuerpo, pero no es ese cuerpo.

En tercer lugar, tiene la mente, pero advierta que se trata de su mente… Ahora bien, ¿quién es la dueña de su mente? Es quien observa y ésa es usted.

No es la mente, ni su cuerpo, que siente ansiedad; tampoco su uniforme de camarera, que no es más que un vestido.

No permita que nadie entre en su interior a menos que venga con amor con todos los demás, limítese a retroceder y observarlos, así como a usted misma, en el pequeño drama que esté desarrollándose. Una vez que ponga fin a la falsa identificación de sí misma, será libre. Ser el observador es su billete hacia la libertad. Vaya por él.

De esta manera obtuvo una nueva sensación de alivio y orgullo de ella misma, y supo mantener a distancia la desagradable energía de otros clientes desconsiderados.

Usted puede lograr algo semejante en cualquier momento de su vida por el sistema de convertirse en espectador.

• Cuelgue esta afirmación en tantos sitios como le sea posible: «En mi mundo nunca va nada mal». Mírela cada día y recuerde que todo lo que sucede obedece al orden divino y comporta una lección. Al mismo tiempo, le ayudará a vivir en el reino espiritual: el reino de lo inmutable y eterno.

Comenzará a identificarse, no con los problemas que bombardean su cuerpo, sino con el observador silencioso. Verá que las soluciones empiezan a surgir cuando adopte esta postura. Si sabe que sus problemas no son suyos sino sólo de su cuerpo, entonces el acto de observar evitará que quede inmovilizado en el interior. Esa serenidad le ofrecerá la solución para resolver el problema de su cuerpo.

• Cuando se sienta trastornado por cualquier cosa, diga en voz alta: «Soy algo más que aquello que me molesta». Sólo esta sencilla declaración que afirma que usted es algo más que un receptáculo de problemas evitará que permita a esos problemas prevalecer en su vida cotidiana.

Usted no es esos problemas, sino el que es consciente de la existencia de los mismos. Su conciencia superior puede proporcionarle un refugio cuando comienza a creer que usted es esos problemas, y que hasta que los resuelva sentirá dolor.

• Intente este ejercicio: piense en algo que ha estado molestándole durante un largo período de tiempo. Ahora váyase a un lugar tranquilo y cierre los ojos. Limítese a ver el problema aflorando a la pantalla en blanco de su conciencia. Advierta todos los aspectos del problema. Qué apariencia tiene, cuándo aparece, qué siente cuando lo tiene en la mente, el dolor y miedo que experimenta cuando está presente, cómo se ha enfrentado a él sin éxito en el pasado. Piense en todo lo relacionado con el problema.

Luego distánciese del problema. Simplemente déjelo que permanezca allí, en la pantalla de la mente. Mírelo desde el punto de vista del espectador comprensivo que sin juzgar observa la pantalla. Contémplelo como una película, permitiéndole que cambie.

Verá que cambia y aparece y desaparece de la conciencia. Con cada cambio o movimiento que realice en la pantalla, usted continúa en la actitud del testigo benevolente que sabe que la energía hará lo que quiera y que también estará acompañada por la amorosa energía del testigo. A menudo, este acto de observación dará como resultado la sensación de que el problema se ha disipado. Si eso ocurre, obsérvelo también desde la posición del observador comprensivo.

Yo practiqué este acto de observación cuando me lesioné y no podía jugar al tenis. Al principio reaccioné ante el dolor que sentía en el pie con frases como: «Esta lesión no me dejará hacer lo que quiero, y eso me fastidia». Me encontré con que, independientemente de lo que intentara, el dolor persistía y yo era incapaz de girar sobre el pie y, en consecuencia, tuve que interrumpir una actividad que me encantaba.

Luego adopté la postura del espectador. Ya no me vi a mí mismo como alguien con una lesión. Atribuí el dolor sólo a mi cuerpo y no a mí. Presencié toda la situación y me limité a observarla. Observé amorosamente el dolor, la forma en que aparecía, mis sentimientos de frustración por él, el color de la hinchazón, todo. Pero me negué a pensar en él como mío. Era sólo el problema de mi cuerpo. El mismísimo día en que hice eso, todo el malestar desapareció.

Había concentrado mi atención en lo que ocurría, y me había distanciado de ello; y en lo que pareció unas pocas horas, ya no sentía el dolor y estaba jugando al tenis como si nunca hubiera tenido lesión alguna.

• Con el fin de conocer los beneficios que depara el observar, tendrá que desterrar la duda. Recuerde que le han enseñado a creer que su cuerpo es la esencia de su humanidad. Le han enseñado a abordar los problemas con sus recursos físicos e intelectuales, no con su yo espiritual.

Tenga presentes las palabras de Carlos Castaneda en El poder del silencio: «Lo que necesitamos hacer para permitir que la magia se apodere de nosotros es desterrar la duda de nuestra mente… Una vez desterrada la duda, cualquier cosa es posible».

Si no destierra la duda se encontrará con que sólo experimentará frustración, lo cual le conducirá de nuevo a la duda, y entonces verá los frutos de la duda manifestarse en su vida.

• No se obsesione con la idea de tener éxito o fracasar en alcanzar la posición de espectador. Emprenda esta aventura con total desapego de los resultados. Sólo tenga presente que dentro de usted hay alguien que conoce. Uno que percibe. Un divino espíritu silencioso que es omnipresente en su vida. No pida nada más.

No caiga en la tentación de evaluar sus progresos. Limítese a acoger en su vida a este nuevo fenómeno de observación como un regalo de su yo espiritual. Llegado el momento percibirá los resultados.

• Practique nuevas frases para el monólogo interno a fin de reemplazar su antigua identificación con su cuerpo físico. «Yo soy el que posee el cuerpo. No soy el cuerpo. No pueden alcanzarme si vienen con odio o enojo. No puedo preocuparme cuando me niego a ser el que se preocupa y me limito a observar al que tiene esas preocupaciones».

Estas frases del monólogo interno le mantendrán centrado en su dominio espiritual. Descubrirá que muchas de las cosas por las que se preocupa o que experimenta de manera negativa comienzan a perder negatividad.

• En lugar de trabarse en confrontaciones con los demás, intente ser un observador. Elévese por encima de la tentación de demostrar que alguien está equivocado, y en cambio obsérvese a sí mismo y a su «oponente».

Pronto verá la necedad de trabarse en esta confrontación que provoca ansiedad, y cambiará a una reacción más espiritual. Tenga presente la siguiente frase; sirve para desactivar las confrontaciones y mejorar las relaciones: «Cuando tienes la elección entre tener razón y ser amable, escoge siempre la amabilidad».

Oí esa frase mientras estaba observándome a mí mismo en medio de la agitación por algo que mi esposa no entendía. Había estado tan ocupado en intentar demostrarle que estaba equivocada y convencerla de lo correcto de mi postura, que me sentía cada vez más angustiado. Entonces me llegó la frase. Me ha resultado muy útil para desactivar situaciones como ésa.

• En un lugar tranquilo, observe sus pensamientos durante treinta minutos. Limítese a acallar su mente y contemplar los pensamientos que van y vienen. Mientras hace esto, no deje de recordarse que los pensamientos no son usted.

Se encontrará con que un pensamiento aparece en su mente, y a los pocos instantes aflorará otro por completo opuesto. Advierta los pensamientos que llegan y luego obsérvelos al marchar. Esto resulta particularmente útil cuando uno se siente trastornado por algún hecho externo, como qué oferta de trabajo aceptar o si debe vender su casa.

Su atención se volverá hacia esos pensamientos que le proporcionen la solución. A menudo, lo que debe hacer se volverá claro como el cristal. Habrá desterrado la duda y creado un saber, todo mediante el acto de observar desde un punto de vista distante.

Resulta inevitable que tenga que llevar a término tareas que sean desagradables o que no tengan ni el más mínimo interés en absoluto. En lugar de quejarse por lo injusto que es, o por lo aburrido que le resultan esos trabajos, recuerde que no es su cuerpo, sino el que es eterno e inmutable, y que tiene la posibilidad de no sentirse víctima.

Puede desprenderse del cuerpo, observarlo pasar por el tedio, y negarse a identificarse con él. Entonces se encontrará en la posición de observarse sin identificarse con el cuerpo. Este proceso de observación destierra de inmediato el enjuiciamiento de la actividad y le proporciona un estado de contento.

Yo solía aplicar esta técnica cuando trabajaba para una gran cadena de supermercados. Una de mis tareas consistía en descargar un remolque lleno de pesadas cajas. A menudo tenía que hacer el trabajo en solitario. Era un trabajo aburrido, fatigoso. Entonces yo no sabía que lo que hacía para que fuera más llevadero era adoptar la posición del espectador, pero, al mirar ahora el pasado, veo que hacía eso.

Me observaba realizando todos los movimientos. Y las cajas ya no pesaban. Yo no las levantaba. Contemplaba a mi cuerpo hacer el trabajo. El tiempo pasaba volando y, antes de que tuviese siquiera ocasión de sentir aburrimiento o cansancio, el trabajo estaba acabado. Era capaz de transformarme y hacer esa tarea desde la perspectiva del observador.

He hablado con prisioneros que han usado esta técnica para soportar su condena, particularmente cuando se hallaban en condición de aislamiento. Algunos son capaces de observar la totalidad de la experiencia en lugar de aferrarse a ella, y descubren que sus sentimientos de aislamiento desaparecen. De hecho, los que han sobrevivido a la tortura en campos de prisioneros, a menudo dicen que se negaron a pensar en sí mismos como los que estaban siendo torturados. Consiguieron abandonar sus cuerpos y contemplaron cómo se infligía la tortura, apartando así el dolor de su conciencia.

En cualquier momento, en cualquier trabajo, puede encomendarle la tarea a su cuerpo, apartando de sí el cansancio, el aburrimiento o cualquier otro sentimiento.

• Intente la recapitulación. Puede recapitular su vida, hasta su nacimiento. Si cree que puede ser útil. Este proceso implica imaginarse a las personas y los hechos que han formado parte de su vida.

Comience moviendo la cabeza de izquierda a derecha con mucha lentitud mientras trae a la conciencia a las personas y los hechos. Mientras mueve la cabeza de un lado a otro con mucha lentitud, empieza a recobrar la energía que ha perdido en esas circunstancias. Está recuperando la energía que ha disipado.

Algunas personas han pasado hasta dos años en este proceso de recuperación cuando acabaron, se encontraron recargados de energía y pudieron acceder a su nueva energía, para transportarse al interior, hacia nuevas dimensiones de realidad: nuevos mundos internos que desafiaban todo lo que hasta entonces habían creído posible.

La práctica de la recapitulación proporciona un cuadro más claro de la necesidad de que todo lo que sucedió en su existencia tuviera lugar de la forma precisa en que lo hizo. La recapitulación hace trizas la creencia de que la energía, una vez consumida, no se puede recuperar. Usted puede acceder tanto a su cuerpo como a su cuerpo energético y conocer nuevos mundos. La recapitulación es una entrada a esos mundos. Estas ideas de recuperación de energía, limpieza de energía e intercambio de energía entre las personas puede que le parezcan absurdas. De ser así, ello se debe a que ha llegado a confiar en sus cinco sentidos hasta tal punto que cualquier realidad extrasensorial le parece increíble.

Todo es energía en el universo. Usted no puede moverse sin influir en la energía. Usted es un conjunto de energía, y siempre lo ha sido. Vaya más allá de sus sentidos y experimente un nuevo tipo de energía que le pondrá en contacto con mundos que tal vez nunca ha imaginado. El proceso de recapitulación es algo increíble. Usted puede redistribuir su energía normal e intensificarla de tal modo que dé un salto espectacular hasta el mundo de lo inimaginable. Le recomiendo que lea el libro de Taisha Abelar, The Sorcerers’ Crossing, para obtener una descripción detallada del proceso de recapitulación.

Aunque le resulte difícil alcanzar la posición de observador, lleve a la práctica algunas de estas ideas. Más que nada, la perspectiva del espectador le hace conocer su yo espiritual. Le hace compartir el gran secreto: usted no es sus problemas, ni sus frustraciones, ni siquiera su vida física. Es el que percibe todo esto.

No puede aferrar ni examinar ese glorioso aspecto de sí mismo porque reside en el yo invisible. Sin embargo, es el núcleo de su búsqueda espiritual.

Usted ha de conseguir que sea su yo espiritual quien gobierne su vida. Necesita una experiencia más profunda y rica de la vida. Ésta le será esquiva si no llega a conocer ese aspecto superior de sí mismo. El ser un espectador le iniciará en este conocimiento. Nisargadatta Maharaj afirma en I Am That: «Es la idea de que yo soy mi cuerpo la que resulta tan calamitosa. Te ciega por completo ante tu verdadera naturaleza. Aunque sea por un momento, no pienses que eres el cuerpo. No te des ningún nombre, ninguna forma. La realidad se encuentra en la oscuridad y el silencio».

Al cultivar esta nueva conciencia se encontrará con que disfruta del silencio aún más que cuando solía buscar al bullicio por compañero. El cultivar la observación le hará reconocerse no como el que hace, sino como el que observa al que hace. Llegará a recibir de buen grado este reino como un respiro del ajustado mundo en el que ha estado viviendo.

La tercera clave de acceso a la conciencia superior le hará avanzar más en su búsqueda espiritual. Es un arte gemela de la condición de espectador.

 

 

6

 

Acallar el diálogo interior

 

Vacíate de todo.

Deja que la mente descanse en paz.

Diez mil cosas suben y caen mientras

el Yo las observa regresar.

Crecen y florecen y luego regresan a su origen.

Regresar al origen es inmovilidad, que es el camino de la naturaleza.

El camino de la naturaleza es inmutable.

Conocer la constancia es sabiduría.

No conocer la constancia conduce al desastre.

Conociendo la constancia, la mente está abierta.

Con una mente abierta, tendrás abierto el corazón. Al tener abierto el corazón actuarás admirablemente.

Al actuar admirablemente, alcanzarás lo divino.

Al ser divino, serás uno con Tao.

Ser uno con Tao es eterno.

Y aunque el cuerpo muere, el Tao nunca desaparecerá.

LAO-TZE

 

 

Cuando mas escucho,

más profundo se

hace el silencio

 

Los especialistas estiman que nuestra mente tiene sesenta mil pensamientos cada día durante las horas de vigilia. Sesenta mil veces cada día, algo hace que un nuevo pensamiento penetre en nuestra conciencia y luego salga para dejar paso a otro.

El problema de esto no radica en la enormidad del número, sino en que hoy tendremos esencialmente los mismos sesenta mil pensamientos que tuvimos ayer y antes de ayer. Nuestro mundo interior es una frenética colmena de actividad con los mismos pensamientos que se repiten interminablemente.

A este frenesí interno yo lo llamo diálogo interior. Es un zumbar omnipresente. La mayor parte de dicho diálogo interior es una suma de creencias que otras personas nos han transmitido. Esos pensamientos incluyen todas sus creencias sobre todo lo imaginable. No hay límites: la familia, las relaciones, el sexo, la política, la historia, el entorno, los delincuentes, Dios, todo. Los pensamientos llegan y se marchan, un día sí y otro también, en una repetitiva interacción de creencias.

Puede que recuerde lo que antes escribí acerca de las creencias. Expliqué que llevan en sí la duda porque las obtuvo de otras personas. Por lo tanto, su diálogo interior refuerza la duda. Duda respecto de uno mismo, de su capacidad para crear milagros, de su capacidad para las relaciones divinas, para curarse, para alcanzar prosperidad y, finalmente, duda sobre la capacidad para conocer el júbilo de la paz interior.

La forma de llegar a este lugar de paz interior, y en consecuencia lograr la conciencia superior, es acallar el frenesí interno.

 

LA PAZ Y EL DIÁLOGO INTERIOR

El sabio chino Seng T’san nos legó la siguiente muestra de sabiduría: «Deja de hablar, deja de pensar, y no habrá nada que no puedas entender. Regresa a la raíz y hallarás significado. Mira al interior, y en un destello conquistarás lo aparente y la nada». Sólo nos aconseja que dejemos de hablar y dejemos de pensar. Ésta es la tercera clave para obtener la sensación de paz que forma parte de la búsqueda espiritual.

Quiero dejar claro que la paz no es la ausencia de conflictos. Siempre habrá conflictos porque siempre habrá otras personas que querrán que se comporte según sus dictados. Si tiene una arraigada percepción de usted mismo como un individuo único, siempre se le presentarán oportunidades para reforzar esa creencia. Los conflictos también se presentarán cuando consiga acallar su diálogo interno y aquietar su mente.

La paz no es la ausencia de conflicto. Paz es vivir la presencia de Dios. A medida que aprenda a acallar su diálogo interior y sentirse más en paz, comenzará a percibir la presencia de Dios en su vida. Esa paz la sentirá tanto en su cuerpo como en su mundo interior. Las creencias desaparecerán. Y su lugar lo ocupará el conocimiento.

Mientras me preparaba para escribir este libro, leí el Nuevo Testamento y me encontré con algo escrito por san Pablo, y que para mí resultó de una suprema importancia. En la epístola a los Filipenses 2, 5:6, escribió:

 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús, quien siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios.

 

La razón por la que esto tuvo tanto valor para mí es que el primer discípulo de Jesús, san Pablo, acaba con la noción de Dios como ente separado del hombre. Me parece que rechaza la acusación de aquellos que creen que es blasfemia el hablar de Dios como parte de nosotros. Cuando usted acalla el diálogo interno, se encuentra en contacto directo con la amante presencia de Dios. «Dejad que esta mente esté dentro de vosotros… Dios reside dentro de vosotros,».

Para saber dar este primer paso, la frase de Melville citada anteriormente resulta tan apropiada que la repetiré: «El silencio es la única voz de nuestro Dios». Pero este silencio sólo vale lo que traigamos al regresar de él. La capacidad para penetrar en el interior, conocer a Dios y traer de vuelta algo de valor en forma de conciencia superior es alcanzable sólo cuando uno acalla el diálogo interno. Lo que se trae de vuelta es la paz.

En diferentes momentos de mi vida, tanto el alcohol como otras sustancias fueron parte de mi sendero vital. Mediante la meditación conseguí dejar el alcohol, y desde entonces no he vuelto a tocarlo. Pero con otras sustancias, creía que podía usarlas cuando quisiera para conseguir un efecto de recarga energética superior. Que tenía la capacidad de utilizarlas, disfrutar del incremento energético, y luego dejarlas durante largos períodos. Pero llegó un momento en el que me encontré recurriendo con mayor frecuencia a estas fuentes externas de energía. Llegó el día en el que supe que estaba tomando decisiones estúpidas y vacías de todo contenido espiritual, y que ello se relacionaba con el hecho de que buscara la ayuda de esas sustancias adictivas.

Mi reto se convirtió en librarme de esa adicción. Intenté librarme de ellas mediante la lectura, pero volví. Probé la acupuntura, los tratamientos con especialistas y las curas de hierbas. Pero volvía a caer. Estaba decidido a no continuar jugando con esas sustancias. Pero caía una y otra vez. Entonces tuve mi momento de iluminación.

A las 4.05 de una madrugada de un enero estaba meditando. En la quietud, en el silencio de esa meditación, el pensamiento de que nunca más recurriría a esa sustancia se hizo real. Fue mi primera vivencia de Dios. Se me «abrió el corazón», como dice Lao-tze en la cita que da comienzo a este capítulo.

Toda la pantalla interna de mi conciencia se transformó en una brillante luminiscencia mientras oía una voz que decía: «Has intentado todo lo demás. ¿Por qué no intentarlo conmigo?». Nunca en mi vida he conocido una paz semejante, ni tal certidumbre de que Dios estaba dentro de mí y a mi alrededor. Me sentí abrumado por el júbilo.

Pensé que tal vez estaba muriéndome en ese momento, y no me importó porque el gozo lo abarcaba todo de modo absoluto. Podía ver mi cuerpo desde la distancia, como las personas que han descrito sus muertes. Luego vi una ventana que era lo más transparente que haya tenido delante de los ojos. Era como si alguien hubiese limpiado el cristal con una milagrosa disolución que me permitía ver la eternidad.

Nunca había estado tan seguro de nada en toda mi existencia. Sentí que comprendía de verdad el significado de «Al tener abierto el corazón actuarás admirablemente. Al actuar admirablemente, alcanzarás lo divino». Supe que el deseo de buscar algo exterior a mi propia persona desaparecería de mi vida. Ninguna sustancia me había provocado jamás este tipo de éxtasis.

Escuché esa voz, sentí la presencia de Dios, y desde entonces no he experimentado el más leve deseo de volver a consumir ninguna sustancia análoga. Esto es lo que yo traje al regresar de mi silencio interior: la capacidad para librarme de una malsana adicción y el absoluto conocimiento de que «en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús, quien siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios». Yo había alcanzado ese sentir.

Llegó a mí cuando hube acallado todo diálogo y renunciado a todos los otros métodos para expulsar a aquel monstruo malvado de mi vida. Por esto puedo escribir con convicción que la paz interior no es lo único que usted obtendrá al acallar el diálogo interior. Tal vez lo más valioso es lo que traerá de vuelta de esa experiencia.

Lao-tze continúa diciéndonos que «al ser divino, serás uno con Tao». Tao es el nombre que él le da a Dios. Así pues, nos convertimos en uno con Dios al alcanzar la conciencia superior.

He discutido conmigo mismo sobre si incluir una historia tan personal como ésta en el presente libro. Es decir, mi ego discutió con mi yo. Gracias a mi yo espiritual supe que mi experiencia con las sustancias químicas implicaba también ayudar a otros a mirar a su interior, ayudarles a buscar la paz que yo experimenté.

Millones de personas están jugando con fuego cuando andan con esas sustancias, que amenazan a nuestros hijos y la estructura de la vida. Eso está robándonos nuestra esencia espiritual y carcomiéndonos los huesos. Si al relatar mi historia, una sola persona adicta a cualquier sustancia y que sabe que ha perdido el control sobre ella decide acallar el torbellino interior y buscar ayuda en su amante presencia interior, habrá valido la pena.

No es necesario que cuente con el reto de abandonar alguna droga para encontrarle valor a la conciencia superior. Funciona del mismo modo para todo aquello que desee superar. Consiste en llegar al silencio y dejar que Dios se haga presente en usted. Llegar al silencio requiere un esfuerzo consciente. Puede resultar útil saber cómo funciona su mente.

 

LOS PASOS PARA ACALLAR EL DIÁLOGO INTERIOR

Como he comentado en el capítulo anterior, los pensamientos entran y salen de su mente durante todo el día, y usted puede observar esos pensamientos en lugar de identificarse con ellos. No obstante, ha de recordar que los pensamientos se originan en usted.

Con el fin de entender mi mente, me sirvo de la metáfora de un estanque de profundidad ilimitada. No llamo «meditación» a esta metáfora ni al ejercicio derivado de la misma, porque hay incontables métodos de meditación. Prefiero pensar en ello como en una sencilla y eficaz manera de acallar el diálogo interior. En ese estanque hay cinco niveles.

Primer nivel: la superficie

En la superficie del estanque se encuentra toda la agitación. Es en la superficie donde el viento agitará el agua, caerá la lluvia y la henderá, las temperaturas frías helarán la superficie, y las temperaturas altas la devolverán a su estado líquido. Las tormentas harán que la superficie se muestre violenta. El tiempo plácido devolverá a la superficie a una calma lisa y cristalina. Las hojas y el polvo ensucian la superficie, la gente arroja piedras que perturban su calma, y todas las agitaciones son visibles.

La superficie de su mente es también el lugar en el que usted advierte todas las agitaciones. Éste es el que yo llamo nivel «de charla». Es aquí donde multitudes de pensamientos se abaten de forma constante sobre la superficie de su mente.

La charla va de economía, fechas límite, salud, hijos, citas, listas de compra, jubilación, vacaciones, violencia en el Próximo Oriente, conflictos en el trabajo, relaciones sexuales, el libro que está leyendo, el tráfico, las reparaciones del coche, su jaqueca, la gripe de su madre, lo que tiene miedo de decirle a su jefe, la esposa o el marido del que usted es víctima… Podría llenar un millar de páginas con estos pensamientos fugaces. Ésta es la realidad de su vida mental. Muchas agitaciones zumban en la superficie de su mente, todas relacionadas con la vida cotidiana.

Las tormentas de su vida se convierten en violencia en su mente. Los vientos de su existencia crean agitaciones. Todo ello adopta la forma de pensamientos. La mente queda así por entero poblada de pensamientos relativos a su vida externa.

Este tipo de existencia resulta extenuante. Pero más que cansarle, este nivel le impide experimentar la conciencia superior. Por desgracia, resulta probable que sea ésta la forma como se ha acostumbrado a utilizar su mente. Puede que incluso crea que la mente no es más que el receptáculo de todos estos pensamientos.

Y podría creer que no hay nada que hacer, que está condicionado para utilizar la mente así tanto por educación como por genética. Hasta que explore otras posibilidades, podría creer que los pensamientos vienen y se van según su propia voluntad, y que en realidad no hay mucho que pueda hacer al respecto. Si su mente está así ocupada, pues que así sea.

Le insto a reconsiderar esa postura. Préstele atención tanto al cuidado del nivel de superficie de su mente, como a la profundidad y anchura de tu mente, igual que si fuera el responsable de mantener limpio un estanque. La imagen de la superficie de un estanque azotada con violencia por una tormenta no recoge todo lo que sucede en el estanque. Algunos desperdicios que flotan en la superficie no lo degradan por completo.

Segundo nivel: justo por debajo de la superficie

Las agitaciones de la superficie tienen muy poco impacto por debajo de ésta. Se puede continuar observando una tormenta desde debajo de la superficie, pero su presencia no se siente de la misma forma que cuando uno se encuentra en medio de ella.

Del mismo modo, cuando usted puede descender por debajo de su mente, deja tras de sí el bullicio de la charla. Aquí, la constante entrada y salida de pensamientos la reemplaza una forma de pensamiento diferente. Usted tiene un mayor control sobre el proceso de sus pensamientos, aunque todavía se encuentra muy lejos del silencio.

No obstante, la actividad se encuentra ahora más concentrada. Si se queda quieto, descubre que sus pensamientos están ahora analizando. Es aquí donde busca razones para todo. Desmenuza cada pensamiento e intenta descubrir por qué sucedió esto o falló aquello. Se establecen diálogos burlones con las personas de su vida que no le apoyan como usted juzga que deberían.

Justo por debajo de la superficie tiene lugar el análisis. Puede sorprenderse analizando algo y realizar un esfuerzo para dejar de hacerlo, pero en este nivel existe un análisis constante.

Piense en una piedrecilla arrojada a la superficie del estanque. Llega un momento en que empieza a hundirse camino del fondo. Ha atravesado el nivel de la charla y está pasando a través de la parte analítica que se encuentra justo debajo de la superficie. Adopte la postura del espectador que aprendió en el capítulo precedente. Contemple cómo cae la piedrecilla y observe los pensamientos analíticos.

El análisis es la actividad mental a la que estamos dedicados cuando, de modo automático, nos hacemos silenciosos comentarios sobre todas las personas y cosas. Esos comentarios silenciosos insisten en analizar su progreso o ausencia del mismo.

La dificultad reside en pensar que existe algo más aparte de este momento y encontrar cómo llegar a la paz y el éxtasis. Ha de saber esperar. Llegarán por sí mismas. No juzgue ni se sienta frustrado. Deje que su mente analice, y tenga la seguridad de que antes o después la piedrecilla continuará camino hacia el júbilo. A medida que vaya cayendo, dejará tras de usted el análisis y llegará al tercer nivel.

Tercer nivel: muy por debajo de la superficie

La piedrecilla está ahora muy por debajo de la superficie de su mente. La charla disminuye y también lo hace la necesidad de analizar. Su mente ve el flujo de las cosas y cómo están todas conectadas entre sí. Sintetizar equivale a reunir; analizar a separar.

A este nivel se acerca más a su naturaleza espiritual. Usted puede sentir el flujo de la gratitud, el júbilo y la aceptación. Sabe que está conectado con toda la vida y se sirve de la mente para comprender su lugar en el estanque.

Cuando la «piedrecilla» llega a la síntesis, todavía se está usando la mente. Sin embargo, aquí uno ya no es víctima. Se ha aprendido a controlar los pensamientos que entran y salen.

En este nivel usted acepta que las personas son únicas y que no puede entender cómo ni por qué todos actúan de la forma en que lo hacen, incluido usted mismo. Uno se encuentra flotando en un nivel más profundo de la conciencia. Sentirá el fluir divino a través de todo y todos. Uno se siente más en paz.

La piedrecilla cae cada vez más lentamente hacia el fondo. Usted comienza a conocer en profundidad quién es sin que la mente tenga que entenderlo. Hasta ahora, usted ha estado convencido de que la iluminación implicaba ser un explorador a la búsqueda de algo en concreto. Ahora se da cuenta que no es así.

Se entrega al hecho de no entender y comienza a experimentar la iluminación. Sabe que Dios está dentro y fuera de usted. La piedrecilla cae más al fondo, en el centro de su ser, deja atrás la fastidiosa charla, el análisis y la síntesis, y llega al cuarto nivel.

Cuarto nivel: quietud y éxtasis

Ahora está llegando al lugar en el que le embargará el júbilo de acallar el diálogo interior. En este lugar, uno empieza a bloquear los pensamientos y es uno con la conciencia. Repara en el silencio de ésta. Al aquietarse su mente, el júbilo comienza a destellar en las profundidades del cuarto nivel. El júbilo es una señal de la presencia de Dios. El júbilo es un rasgo de la búsqueda espiritual particularmente digno de mención, porque su presencia confirma que ha encontrado su sendero. La sustancia básica de la vida es el júbilo, que surge del movimiento espontáneo del momento presente. Con esta espontaneidad llega el verse libre del egocentrismo y del enjuiciamiento de uno mismo y de los otros. Esta mente en calma flota en el mar del júbilo. Me encanta el siguiente pasaje del libro A Gift for All Mankind (Un regalo para toda la humanidad), de Tara Singh: «Creo que lo más esencial en la vida de uno es el silencio. ¿Qué es el silencio? Pensamos que si estamos callados, estamos en silencio. Pero tenemos que llegar al silencio sin deseo ni necesidad; en caso contrario no estamos en silencio… Avance hacia el discernimiento y el no querer nada. Inhiba todo estímulo. Es lo más beneficioso».

Este aquietamiento de la mente es una experiencia trascendental. Uno conoce el júbilo de no oír la interminable charla y de no necesitar a nadie para que confirme que uno está o no en la senda correcta. La quietud es una confirmación interior de que está experimentando una parte superior de sí mismo.

A medida que se acostumbre a la quietud, se encontrará con que la busca de forma regular. Sabrá que hay una presencia dentro de usted. Pasado un corto período de tiempo, la piedrecilla alcanzará ese lugar de quietud.

Un antiguo proverbio afirma: «Cuando el zapato te queda bien, te olvidas del pie». Éste es el estado mental al que le transporta el cuarto nivel: un gozoso olvido de lo que no encaja, porque la mente está en paz.

Quinto nivel: un espacio abierto a todas las posibilidades

Éste es el lugar definitivo de descanso. Está más allá del aquietamiento de la mente. Es el lugar interior en el que la mente se vacía de todo pensamiento y a uno le embarga la quietud. La mejor descripción que jamás haya leído de este nivel es del indio americano Alce Negro.

Lo expresa de la forma siguiente: «La primera paz, que es la más importante, es la que proviene del interior del alma de las personas cuando se dan cuenta de su relación, su identificación, con el universo y todas las fuerzas; y cuando se dan cuenta de que en el centro del universo mora el Gran Espíritu, y que este centro está realmente en todas partes, dentro de cada uno de nosotros».

Ésta es la esencia del espacio abierto a todas las posibilidades, al que se ha denominado con muchos nombres, incluidos los de espacio unificado, espacio de amor infinito y el lugar en el que todo es posible.

Imagine que dentro de usted hay un espacio, en lo profundo del estanque. Cuando uno es capaz de llegar a este lugar, mediante el poder que confiere la condición de espectador, se descubre que uno no es la ola sino el mar. Y recuerde que aquello que traiga al regresar de este ámbito es lo que resultará más significativo para su búsqueda espiritual.

El Gran Espíritu del que habla Alce Negro está en el interior de cada uno de nosotros. Es el espacio unificado. En el espacio unificado en el que la piedrecilla alcanza su estado de reposo, usted es uno con la vida. Usted es uno con Dios y con la energía de amor que se encuentra en el centro de todo. No logrará penetrarse de esta verdad mediante la lectura de estas palabras. Ha de vivirlo. Ha de conocerlo.

Yo conozco el espacio unificado. Si algo sé de la mecánica cuántica es que todas las cosas, cuando se las divide en sus más diminutos elementos, no son partículas sino espacio. Todos nosotros compartimos ese espacio unificado, y esa experiencia es lo que hallará en el núcleo de su ser.

En lugar de concentrarme en un solo pensamiento, soy capaz de fijar mi conciencia entre pensamiento y pensamiento. Este espacio es mental, carece de forma. Sólo su conciencia puede apartarse de un pensamiento concreto y centrarse en ese espacio.

Cuando comience a verse a sí mismo observando el espacio de los pensamientos en vez de los pensamientos mismos, tendrá la sensación de conocer a Dios. Al alcanzar el espacio unificado en su vida diaria, ésta se orientará según un propósito que ya no le será desconocido.

El espacio abierto a todas las posibilidades es a lo que se refería san Mateo al decir «… con Dios, todo es posible». Es un lugar mágico al que usted ha de acceder, y sólo lo hará si viaja por su interior. La frase «todas las cosas son posibles» no es una exageración. Dentro de este reino, uno puede lograr lo que antes creía imposible.

Ahora ya conoce mi metáfora de cómo funciona la mente y de lo que puede alcanzar cuando acalle el incesante, monótono diálogo interior. Las inclemencias continuarán en su vida, como lo hacen sobre el estanque. La serenidad ya no será definida como la ausencia de tormentas, sino como la paz que vivirá a pesar de la existencia de tales inclemencias.

Si le apetece, puede llamar a esto meditación. Puede llamarlo conciencia, o simplemente momento de quietud. Algunos prefieren llamarlo «plegaria de la serena experiencia interior». Cualquiera que sea el nombre que escoja, le recomiendo que, seriamente, se tome un tiempo cada día para dejar que esa piedrecilla llegue a descansar en el espacio unificado, el espacio abierto a todas las posibilidades.

 

LA PLEGARIA Y SU DIÁLOGO INTERIOR

Hace poco acabé de leer uno de los libros más notables con que me he encontrado. Healing Words: The Power of Prayer and the Practice of Medicine (Palabras curativas: el poder de la plegaria y la práctica de la medicina) está escrito por un hombre por el que siento un inmenso respeto. Se llama Larry Dossey.

El doctor Dossey es un médico en ejercicio que ha descubierto el poder curativo de la plegaria. Ha llevado a cabo una asombrosa cantidad de investigaciones y, tras éstas, defiende el valor científico de la plegaria. Las plegarias parecen ser una variable decisiva en los casos de enfermos que logran la curación. El tema de este magnífico y ameno libro es que, en el futuro, la ciencia y la religión pueden encontrar en la plegaria un terreno común para la exploración y el diálogo.

Cuando pensamos en la plegaria, por lo general suponemos que es una actividad que tiene lugar entre la persona que reza y Dios. Y por lo común ubicamos a Dios fuera de quien reza, no lo identificamos con él. Pero resulta que no es así.

Como remarca Larry Dossey: «No existe ninguna prueba avalada por ningún experimento de que al rezar se “envíe” algo, ni de que esté presente ninguna clase de energía… Lo que a todas luces sugiere que la plegaria no tiene que ver con ningún tipo convencional de energía, que no viaja desde aquí hasta allá, y que podría no ir a ninguna parte». Por supuesto que esto nos resulta muy difícil de entender si nos encontramos atrapados por nuestras viejas creencias.

Para entender el poder y valor de la plegaria tenemos que despojarnos de las viejas ideas, y mirar más allá de la causa y el efecto, así como del tiempo y el espacio. El reino de Dios no tiene ni principio ni fin. El reino del espíritu tiene que ver con la totalidad, donde todo existe en todo momento, en todas partes.

La cita que más me gusta respecto de este fenómeno es del legendario escritor Hermes Trimesgisto: «Dios es una esfera cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia no se encuentra en ningún sitio». Intente hacer encajar esta definición según sus patrones intelectuales y se encontrará confuso.

El centro de Dios (y también el de usted) está en todas partes, no conoce límites. Así pues, la plegaria le pone en contacto con su núcleo. Pero no se trata de algo que envíe fuera de su cuerpo, al interior de otro.

La conclusión de Dossey es: «Si la plegaria no va a ninguna parte, entonces podría estar presente simultáneamente en todas partes, envolviendo al que reza y al Todopoderoso a la vez». Es de una extrema importancia que entienda esto, porque le ayudará a acallar el diálogo interior mediante el uso de la plegaria.

La práctica de la plegaria le pone en contacto con la verdad que hay dentro de usted. Ese centro más interior es el campo unificado que antes mencioné. Es allí donde la verdad mora en su plenitud, y es el ámbito donde se halla al rezar. Se halla en la eternidad, que es un espacio mágico invisible dentro del cual puede tener lugar la curación y donde uno conoce la divinidad. La plegaria es un método fabuloso para acallar el diálogo interno. Proporciona un espacio para aquietar la mente y para comunicarse con Dios.

La esencia de la tercera clave de acceso a la conciencia superior es sencillamente alcanzar el silencio interno. Si quiere llamar meditación a esto, hágalo, pero llévelo a la práctica, conocerá un gozoso júbilo. Si prefiere llamarlo plegaria, y la ve como un diálogo con Dios que excluye los ruidos ajenos a su ser interior, hágalo, pero rece.

La clave no se encuentra ni en el método ni en la etiqueta que le ponga. La clave está en la práctica de dejar que la piedrecilla caiga desde la superficie de su mente hasta el espacio abierto a todas las posibilidades. Ahí es donde somos todos uno, y donde conocerá a Dios.

Sugerencias para acallar el diálogo interior

• Cuando se dirija a su interior, recurra a la metáfora de la piedrecilla que desciende por los varios niveles de su mente. Mientras la piedrecilla cae, adopte la condición de espectador. Observe con actitud benevolente todos sus pensamientos mientras desciende hasta el espacio unificado.

• Cuando advierta que tiene la mente demasiado llena de pensamientos, intente no concentrarse en nada durante unos minutos. Necesita detenerse y llevar un poco de quietud a su charla interior. Diga para sí: «Tengo la mente llena de los pensamientos. Voy a intentar pasar cinco minutos sin que me bombardee ningún pensamiento. Apartaré de mí cualquier pensamiento durante unos minutos».

• Use la respiración como medio para evitar que su mente parlotee de forma incesante. Puede hacerlo concentrándose en la respiración. Inspire profundamente al tiempo que excluye todo pensamiento. Luego exhale el aire con lentitud y del todo con la misma concentración. Cuando aparezcan los pensamientos, que lo harán, tenga presente que son avisos de que debe volver a concentrarse en su respiración.

También puede usar los latidos del corazón como punto de concentración. Vuelva a concentrarse en los latidos regulares de su corazón cuando advierta que los pensamientos se entrometen.

• Cuando encuentre que sus pensamientos están justo por debajo del nivel analítico, piense en una rosa. Al reemplazar el análisis por la belleza de una rosa, podría recordar estos versos de Rabindranath Tagore:

 

No le llevemos una rosa a nuestra amada

porque en ella ya hay encarnado un mensaje que

a diferencia de las palabras de nuestro idioma, no puede ser analizado.

 

Esto es un recordatorio de que el hábito de analizar puede impedirle conocer la verdad que es el centro de su ser. La rosa no necesita ser analizada. Simplemente es. Lo mismo es aplicable en su caso.

• En el nivel en que se produce la síntesis, cuando esté sintiendo la belleza y unidad de la vida, podría descubrir que está dejándose llevar por pensamientos relativos al placer de esa paz espiritual. Abandone también esos pensamientos. Necesita acallar todo diálogo interior que enturbie el camino que conduce al espacio abierto a todas las posibilidades.

A su ego le gusta decirle que es mejor que otros, porque es más espiritual y tiene un entendimiento más profundo. El recorre su conciencia con tales pensamientos. Cuando lo haga, líbrese de él; ahora es un momento de meditación o plegaria.

• Intente fijar su conciencia en el espacio de los pensamientos, en su entorno, no en ellos. Puede que esto le parezca imposible, pero le aseguro que usted es capaz de hacerlo.

Cuando se encuentre en un pensamiento, deslícese por el intervalo que precedió a ese pensamiento y fije su conciencia justo en ese vacío. En su obra Quantum Consciousness, Stephen Wolinsky dice lo siguiente sobre el espacio de los pensamientos: «Experimentar el espacio que hay entre nuestros pensamientos acaba por conducir a la relajación de los límites que colocamos en torno a las cosas, ideas, personas y demás. Y a medida que estos límites se relajan, nuestro contento aumenta».

Ese espacio sin límites que existe entre sus pensamientos es un hueco que se encuentra más allá de sus percepciones físicas y mentales, es allí donde experimenta el éxtasis de la espiritualidad. Cuando, a propósito, fije allí su conciencia, le embargará una abrumadora sensación de contento. Cuando regrese a un pensamiento, lo cual resulta inevitable, no se juzgue. Con suavidad pero firmeza intente volver a deslizarse en el hueco que haya entre ese pensamiento y el siguiente.

• Matricúlese en un curso de artes marciales que enseñe el arte de la concentración. Hay muchas actividades de este tipo a su disposición—. El tai-chi y el taekwondo no son más que dos de las muchas que disfrutan de popularidad debido a su eficaz combinación de disciplina física y espiritual. Le hacen conocer la concentración, que es otro término para definir el proceso de acallar el diálogo interior y ser uno con la presencia divina.

• Póngase en contacto con un centro de meditación trascendental y matricúlese en un curso de introducción. Resulta un magnífico primer paso para hallar la paz interior y acallar el diálogo interno.

El propósito de la meditación trascendental es el de enseñarle cómo llegar a ese espacio unificado y aprender a superar su resistencia. Se lo recomiendo vivamente. He practicado meditación trascendental durante muchos años.

• En cualquier momento de estrés, diríjase hacia su interior y deje que la piedrecilla caiga, aunque sea sólo durante unos segundos. Usted puede acallar el diálogo interior en cualquier parte. Esta técnica me ha resultado útil incluso en medio de un partido de tenis. Cuando he hecho esto he descubierto que algunos de los momentos más importantes de la competición atlética están entre punto y punto.

Ese espacio es como el espacio entre los pensamientos. En situaciones como un partido de tenis, usted puede concentrarse merced a la respiración entre golpe y golpe. De esta forma será inmune a las distracciones. Intente convertir sus actividades en meditaciones.

Acallar su diálogo interior no tiene por qué ser algo que practique en solitario, en un lugar silencioso. Puede hacerlo en cualquier parte, con independencia de las circunstancias externas.

• Póngase delante de un espejo, mírese directamente a los ojos y diga en voz alta: «Te quiero, te valoro, y sé que hay mucho más en ti que aquello que me devuelve la mirada». Luego cierre los ojos y repítalo otra vez. Se encontrará con que va más allá de su yo físico y se libera de muchos de sus pensamientos relacionados con demostrar su valor.

Usted es un ser precioso en la medida en que es una criatura divina. Punto. No necesita demostrar nada. Así que cualquier pensamiento que sea contrario a esto está impidiéndole llegar a conocer su yo espiritual conectado con la divinidad.

• Cuando tome la decisión de rezar, en lugar de dirigir la oración al exterior y buscar una consideración especial por parte de Dios, realiza un intento de estar en la mente de Dios sobre la que escribió san Pablo en su carta a los Filipenses. En lugar de hacer solicitudes, escuche la voz de Dios que está presente en el centro de su ser.

Si está orando por otra persona, haga que su observador se concentre en la energía divina que rodea a esa persona. No permita que sus pensamientos se aparten de esa divina luz curativa. Vea a Dios como su eterna guía divina, siempre a su disposición. Vívalo.

• Imagine un gran reloj cuyo segundero haga una pausa muy leve cada vez que avanza un segundo. Yo pienso en un viejo reloj Seth Thomas que había en el aula de mi colegio. Parecía detenerse cada vez que pasaba un segundo. Primero, concentre su atención en cada segundo, luego desvíe la atención al espacio existente entre los segundos.

O imagínese corriendo entre una gran multitud sin tocar a nadie. Imagine que está corriendo por los huecos que hay entre las personas.

Los huecos representan ese espacio existente entre sus pensamientos, espacio que simboliza el Tao. El silencioso e ilimitado vacío interior. Marsha Sinetar, al escribir su obra Ordinary People as Monks and Mystics (Personas corrientes como monjes y místicos), resumió este proceso de la manera siguiente:

 

Si las personas corrientes se tomaran el tiempo necesario para volverse hacia su interior, para desarrollarse a sí mismas tal como estamos comentando, su comportamiento, elecciones, actividades, también vendrían motivadas por su interior. Cada acto y elección tendría más significado. Dichos actos auténticos son el resultado de un proceso de conversión que todos podemos experimentar, seamos o no dependientes de una tienda de comestibles, un fracasado escolar, un científico nuclear, o un vago. Este proceso, por fortuna, es el gran igualador, tiene poco que ver con dónde o cómo viva una persona.

 

Todos somos personas corrientes, y todos somos también místicos.

Tómese un poco de tiempo cada día para volverse hacia su interior y dejar que esa piedrecilla caiga a través de los niveles de su mente hasta que se pose en el espacio abierto a todas las posibilidades. El ruido interior le impide conocer el silencio, que es la voz de Dios.

Usted puede conocer esta tercera clave de acceso a la conciencia superior si está dispuesto a reconocerse como una criatura divina. Su búsqueda espiritual se inicia en los momentos de silencio celestial.

Al reunir la energía espiritual que tiene en los jubilosos momentos de silencio, usted hará que su ego quede relegado. Esta última clave de acceso a la conciencia superior le está aguardando.

 

 

7

 

Libera al yo superior del ego

 

Yo no vengo a entreteneros con placeres mundanos sino a despertar vuestras dormidas memorias inmortales

Paramahansa YOGANANDA

 

 

Sé que mi yo superior

está siempre dispuesto

a elevarme más allá del mundo

que percibo con mis sentidos

 

La pequeña palabra de tres letras «ego» ha tenido varios significados. En el sistema freudiano, el ego, o el yo, es el aspecto consciente de la psique que decide entre los instintos básicos del ello y la moralidad del superyo. Una persona con un «problema de ego» se considera que está centrada en el yo. Se considera que es jactanciosa, egoísta, desdeñosa, vanidosa y en general desagradable. El estereotipo suele ser varón.

Existen muchas otras interpretaciones de la palabra «ego». Algunos lo consideran la parte inconsciente de nosotros mismos, principalmente dedicada al odio, la malicia y la destrucción. El ego se ha descrito también como algo que siempre está dentro de nosotros, controlando nuestra vida cotidiana, y que poco podemos hacer para cambiarlo. Otros definen al ego como el aspecto exclusivamente físico de nuestra realidad, como opuesto a la parte espiritual o superior que definimos como alma.

Cuando yo hablo de ego, no me refiero a ninguno de estos conceptos. Yo considero al ego como la idea que cada uno de nosotros tiene de sí mismo. Es decir, que el ego no constituye más que una ilusión, pero una ilusión que ejerce una gran influencia.

 

ANÁLISIS DEL EGO

Nadie ha visto nunca el rostro del ego. Es como un fantasma que aceptamos que controle nuestra vida. La razón por la que nadie ha visto al ego es porque se trata de una idea.

El ego es una idea invisible, incorpórea, ilimitada… No es otra cosa que la idea que usted tiene de sí mismo: su cuerpo/mente/alma/yo. El ego como realidad tangible no existe. Es una ilusión. Mantener esa ilusión puede impedirle conocer su verdadero yo.

En mi opinión, el ego es una disposición del pensamiento errónea que intenta presentarle como a usted le gustaría ser en lugar de como es. En esencia, el ego, la idea de uno mismo, supone una forma distorsionada de afirmar y vivir la existencia.

Es probable que haya visto la palabra AMBULANCIA escrita al revés en la parte frontal de tal vehículo, de forma que la persona que la vea por su espejo retrovisor pueda leerla. Piense en ello. Cuando usted se mira al espejo se ve al revés. Su mano derecha es su izquierda. Usted sabe que lo que tiene delante es una visión inversa, y realiza los ajustes pertinentes. No confunde la realidad con la imagen del espejo.

El ego, esa idea de uno mismo, se parece muchísimo al ejemplo del espejo, pero sin los ajustes. Su ego quiere que busque su interior en el exterior. La ilusión externa es la principal preocupación del ego. La misión de su yo superior es reflejar su realidad interna y no la ilusión exterior. La descripción presentada por Sogyal Rinpoche en la obra The Tibetan Book of Living and Dying (El libro tibetano del vivir y del morir) explica a las mil maravillas este descubrimiento: «Dos personas han estado viviendo en ti durante toda tu existencia. Una es el ego, charlatana, exigente, histérica, calculadora; la otra es el ser espiritual oculto, cuya queda y sabia voz has oído o atendido sólo en raras ocasiones». Luego Rinpoche continúa hablando de lo que él llama el sabio guía.

Dentro de usted hay un guía sabio, una parte de su verdadero yo que camina a su lado mientras avanza por la senda de su búsqueda espiritual. Rinpoche concluye: «La memoria de tu verdadera naturaleza, con todo su esplendor y confianza, comienza a regresar a ti… Te encontrarás con que has descubierto dentro de ti mismo a tu propio guía sabio. Porque él o ella te conoce hasta los tuétanos, dado que eres tú». Este guía sabio es usted, no la idea que tiene de sí mismo. Piense en este guía interior como en su verdadero yo y escúchele. En lugar de prestar atención al discurso del ego, oirá inspirados mensajes de sabiduría. Y se liberará de las exigencias del ego.

No estoy sugiriéndole que conquiste, derrote ni desprecie al ego. Es importante honrar y amar todos los aspectos de nosotros mismos. Esto incluye al mundo visible de la percepción sensorial y al mundo invisible del espíritu divino.

Esta cuarta clave de acceso a la conciencia superior tiene que ver con su liberación de la ilusión creada por el ego de que el significado y la gratificación definitivos de su vida los hallará fuera de usted mismo. La doma del ego es una forma de invitar a los aspectos superiores de uno mismo a obrar según su designio natural, amoroso e integrado.

A Course in Miracles deja claro este punto: «Tu misión es muy sencilla. Se te pide que vivas de modo que demuestre que no eres un ego».

Si no tiene una profunda y rica percepción de usted mismo y de su propósito en el aquí y ahora, es probable que se deba a que cree que usted es su ego.

 

SIETE CARACTERÍSTICAS DEFINITORIAS DEL EGO

Librarse de las ilusiones del ego resulta más fácil cuando se conocen sus rasgos definitorios.

1. El ego es su yo falso. Su yo verdadero es eterno. Es la fuerza de Dios que habita en usted y le proporciona la energía necesaria para que ande por ahí arropado por lo que llamamos cuerpo. Creer que usted es sólo su yo físico, el cuerpo que contiene la energía, es una creencia falsa.

No es necesario repudiar al ego cuando se reconoce como un yo falso. Lo que en realidad se está reconociendo es que el ego representa una idea de su yo que no concuerda con su verdadera identidad espiritual.

Estamos más acostumbrados a pensar que somos un cuerpo con un alma que a darnos cuenta de que somos un alma con un cuerpo. El que usted se vea según el ego —haciendo hincapié en usted como un ser físico— es una forma de amnesia, que se cura cuando reconocemos quiénes somos en verdad.

Tagore hace referencia a la falsedad del ego en este elocuente pasaje:

 

Ese al que encierro en mi nombre está llorando en esa mazmorra. Estoy siempre atareado construyendo un muro alrededor; y a medida que este muro asciende hacia el cielo día a día, pierdo de vista a mi verdadero yo en su sombra. Me enorgullezco de este gran muro, y lo enluzco con polvo y arena por miedo a que pueda quedar en mi nombre un mínimo agujero; y a pesar de todos los cuidados que tengo, pierdo de vista a mi verdadero ser.

 

El muro es el ego que construimos. Nos encarcela en la mazmorra de la frustración. Fíjese en que Tagore usa la expresión «verdadero ser» para describir a aquél a quien el ego le impide alcanzar su conciencia. El ego es lo opuesto de ese verdadero ser. Es el ser falso.

Esta idea ha estado en nosotros desde que empezamos a pensar. Nos envía mensajes falsos respecto de nuestra verdadera esencia. Cuando la escuchamos sin adoptar la posición del observador, penetramos en las tinieblas. Hacemos suposiciones en torno a lo que nos hará felices y acabamos frustrados. Nos esforzamos por hacer valer y acrecentar nuestra propia importancia, cuando lo que anhelamos es una vida más profunda y rica. Caemos repetidamente en el vacío del egocentrismo, sin saber que lo único que necesitamos es bloquear la falsa idea de quiénes somos.

2. El ego le quiere aislado. El ego quiere convencerle de que crea en la ilusión de que está aislado. Con cada dolorosa experiencia de soledad, el ego se hace fuerte. Esta falsa creencia la refuerza de manera constante nuestro entorno cultural.

Convencidos de nuestro aislamiento, vemos la vida como una competición. La competencia aumenta la sensación de estar aislado de los demás y fomenta la ansiedad por lo que hace a nuestro lugar en el mundo. Incapaces de vernos conectados con la suprema inteligencia, la energía de Dios, nuestra ansiedad aumenta y nuestra sensación de soledad nos impulsa a buscar conexiones externas.

La sustitución de conexiones externas por conexiones internas es lo que intentamos hacer mediante la demostración de que somos mejores que otros. La necesidad de demostrar mejor aspecto, conseguir más cosas, juzgar a los demás y encontrar defectos, son todos síntomas de la creencia errónea de que estamos desconectados y solos.

La idea de que estamos solos comienza en un momento temprano de la vida. Sin alguien que nos presente un modelo de vida interior más rica, crecemos experimentando el dolor de la soledad, las heridas y las censuras de nuestros iguales, todo lo cual intensifica la sensación de estar aislado.

El ego se hace cada vez más fuerte en la medida en que integramos en nuestro ser la creencia de que somos seres aislados. Llegamos a convencernos de que la vida física es lo único que hay; pasamos muchísimo tiempo creyendo que somos mejores que otros; nuestra filosofía al relacionarnos es la de ser los primeros en obtener lo mejor de la otra persona. La falta de propósito y significado en la vida se suple con la creencia de que uno nace, compra, sufre y se muere. Puesto que esta ilusión del ego es lo único que existe en la vida, luchar por lo que uno quiere y derrotar a los otros configura el eje de nuestras vidas.

La asunción del aislamiento es tan profunda que convencer a alguien de lo contrario constituye una empresa de grandes proporciones. No obstante, usted, en su fuero interno, sabe si lo que acaba de leer le describe o no. Y puede tomar la decisión de no continuar permitiendo que su ego le mantenga apartado de su yo espiritual.

Cuando uno abandona las creencias de su ego, se está en el camino de convertirse en una de esas personas a las que Jean Houston, en una entrevista para la New Dimensions Radio, describía: «Apenas si eran narcisistas, apenas egoístas. Apenas si reparaban en su individualidad. Sencillamente no malgastaban tiempo preocupándose por sus aspectos externos. Estaban enamoradas de la vida. Se encontraban en un estado de compromiso constante con todas las facetas de la vida, cuando la mayoría de las personas son pellejos que transportan pequeños egos». Si quiere ser como esas primeras personas tiene que conjurar la ilusión de que está aislado de los demás.

La idea que tiene de sí mismo se dará a conocer una y otra vez cuando intente conjurar la ilusión. Y cuando sepa que no está aislado, y la idea de usted mismo se haya desvanecido, experimentará un contento jamás vivido.

Ya no tendrá que competir ni ser mejor que nadie. Ya no necesitará acumular, ni perseguir honores. Habrá dejado atrás una idea que ha cultivado durante la mayor parte de su vida. En lugar de verse como algo distinto de Dios y del universo, vivirá su vida como conexión, no como separación.

El aspecto eterno de su yo podrá entonces influir en su vida. Sentirá su conexión consigo mismo y con toda la existencia.

3. El ego le convence de que usted es alguien especial. El ego no puede reconocer que esa suprema presencia vea a todo el mundo como digno de amor. La idea de «nadie es especial» es algo que el ego no se toma a bien. Nuestro entorno sociocultural tiende a estar de acuerdo con el ego en que hay personas especiales y situaciones especiales.

Esta actitud es la que explica el que se mantenga artificialmente la vida, lo cual es una burla del significado de la vida.

Decir que alguien es especial significa que algunos son más valiosos que otros. Como si Dios tuviera favoritos. Cuando le presentamos esta creencia a nuestro yo espiritual, al punto vemos que es absurda. Sin embargo, permitimos que nuestros egos creen categorías y les pedimos a los demás que se guíen según las mismas.

La idea de lo especial niega la perfecta igualdad de la creación.

También niega el amor de Dios. Puede que su ego insista en que Dios le ama más que a otra persona, negando así el amor incondicional que ofrece Dios y que usted guarda en su interior. La insistencia de su ego en esto también implica sentir miedo de no ser especial.

Ese miedo de no ser especial le impide conocer la paz de Dios, la armonía con el todo que conduce al júbilo que atesora su yo espiritual. La idea de ser especial impide la percepción de que usted es una criatura divina. La propia estima, que le es dada porque usted es un ser espiritual con una experiencia humana, pasa a depender de que crea que es especial, o virtuoso, ante los ojos de Dios.

Su verdadero yo no es especial. Es eterno, invisible y espiritual. La propia estima no es algo que tenga que ganarse. Una persona realizada ni siquiera piensa en ella porque no puede dudar de su propio valor. Sabe que hacerlo sería dudar del valor de Dios.

El apego a la idea de que usted es especial crea enormes impedimentos para despertar a su verdadera identidad. Cultiva el miedo y el resentimiento e impide conocer el amor incondicional.

Descubrir su yo espiritual es abandonar cualquier apego que le tenga a la idea de que es especial o a la identificación con su ego. Esos apegos simbolizan lo que usted ha llegado a considerar como éxito. El ego le alienta a acumular, creyendo que eso aumentará su felicidad.

Pero usted sabe que la felicidad no se encuentra en el cuanto-más-mejor. Sabe que algo externo a usted no puede proporcionarle paz interior. Sabe que eso es una percepción distorsionada de la realidad.

Déle la vuelta a esos pensamientos. Mire hacia la senda interior, donde se ve conectado con Dios y con la vida.

4. El ego se ofende con prontitud. Siempre que usted se siente ofendido, está a merced del ego. Establecer reglas de cómo se le debe tratar es una forma de garantizar convertirse en un ofendido crónico. Así funciona el ego.

Una de mis historias favoritas está relacionada con Carlos Castaneda y su maestro espiritual, el nagual don Juan. Tras haber sido perseguido durante varios días por un jaguar en las montañas, y estar convencido de que ese jaguar iba a desgarrarlo miembro a miembro y comérselo, Castaneda por fin consiguió escapar de la feroz bestia.

Durante tres días había vivido con el miedo de que iba a ser destrozado y devorado por el jaguar. Cuando su maestro le preguntó por esta experiencia, Castaneda, según consta en su obra El poder del silencio, respondió:

 

Lo que quedó en conciencia fue que un león de las montanas —puesto que no podía aceptar la idea de un jaguar— nos había perseguido montaña arriba, y que don Juan me preguntó si me había sentido ofendido por que pudiera arremeter contra mí aquel gran gato. Yo le dije que era absurdo que pudiera sentirme ofendido, y él me respondió que debía sentirme igual respecto a las arremetidas de mis congéneres humanos. Debía protegerme, o apartarme de su camino, pero sin la sensación de ser tratado de un modo moralmente incorrecto.

 

Todo lo que le ofende representa su sentido del egocentrismo. La persona que le ofende no ofende a su verdadero yo, sino a la idea que usted tiene de quién es. En el mundo de su yo eterno, nunca nada va mal, así que no hay nada que pueda ofenderle.

Pero en el mundo de su ego, se ve de inmediato arrancado de la gozosa paz de su conciencia superior y arrojado a un mundo en el que usted determina cómo piensan, sienten y se comportan los demás. Cuando no son como usted cree que deberían ser, se siente ofendido.

Cuando haya refrenado a su ego lo suficiente, será capaz de tratar las arremetidas de otras personas de la misma forma en que a Castaneda le enseñaron a pensar con respecto al jaguar. Es obvio que no tiene sentido «ofenderse» por el ataque de un jaguar, porque sólo está haciendo lo que hacen los jaguares.

Tanto si le gusta como si no, sus congéneres humanos, en algunos sentidos, son como el jaguar. Están comportándose de manera natural. Si puede aceptar eso sin sentirse ofendido, habrá colocado la idea que su ego tiene de quién es usted en el lugar que le corresponde. Entonces recibirá la motivación para hacer del mundo un lugar mejor, sin sentirse ofendido.

Cuando ha domado a su ego, ya no se siente ofendido por sus congéneres humanos. Libre de las ilusiones del ego, ve a sus iguales como son en lugar de como cree que deberían ser. El camino de su búsqueda espiritual queda más despejado.

5. El ego es cobarde. Su ego gana fuerza convenciéndole de que usted es distinto de Dios. Para arraigar esta creencia, fomenta la ilusión de su culpa y pecado, en un cobarde intento de evitar el rostro de Dios, que es su verdadero yo.

El ego cobra fuerza convenciéndole de que está separado de Dios y hará cualquier cosa para que conserve esta actitud mental. Incluso tratará de someterle al miedo alentando su creencia de que es un indigno pecador.

El yo espiritual conoce la verdad. Esa divina esencia sabe que en el núcleo de su ser hay un espíritu divino, bañado por la luz del amor y el gozo. Cuando se encuentre con que de forma continua le abruman ideas de culpabilidad, sepa que son los actos cobardes del ego que tiembla de miedo ante la idea de que comprenda que usted es una extensión de Dios.

Pero del mismo modo que el miedo a la oscuridad desaparece al encender una luz, también la cobardía del ego desaparece ante la luz interior. El comportamiento cobarde no es más que un síntoma de miedo. El antídoto del miedo es la valentía.

Puede enfrentarse con valentía a los miedos y cobardía del ego si sabe que la parte de Dios que hay en usted no está separada de la energía divina. Ese conocimiento le proporciona el coraje para encender la luz del amor interior. Así, la idea del ego —su ilusión de que usted forma parte exclusivamente del mundo físico— se desvanece ante la luz.

6. El ego crece al consumir. El falso yo le bombardeará constantemente con la idea de que tiene que tener más con el fin de obtener la paz. El ego le empuja hacia los signos externos del valor y se siente amenazado por la noción de que usted pueda hallar paz en su propio interior. Este impulso a mirar hacia el exterior es lo que yo he llamado «mirar en la dirección equivocada».

El ego intenta mantenerle mirando hacia el exterior en busca de la sensación de paz y de una sensación de amor más profunda y rica. Su posición se vería debilitada si usted conociera el amor y la riqueza que atesora dentro. El ego le consagra, pues, a mantenerle mirando en la dirección equivocada.

Al mirar hacia el exterior en este vano intento de hallar paz, usted se convence de que las posesiones le traerán la paz y la satisfacción que anhela. El ego ha tenido éxito al dirigir su vida al exterior y se regocija cuando centra toda su energía en las adquisiciones.

Con la atención concentrada en lo que sabe erróneo, usted intenta corregir esos errores mediante más adquisiciones. Lo cual le distrae del conocimiento del poder de su mente para tomar la decisión de escoger la paz y el amor. Así es cómo el sistema del ego permanece intacto. Es imperativo que recobre el poder de su mente con el fin de superar las falsas creencias del ego.

Es imposible consumir el camino hacia la paz. Usted no puede comprar amor. No existe paz en el cuanto-más-mejor. Esa manera de actuar sólo conduce a una vida de lucha carente de sentido. El ego se siente amenazado y atemorizado de que usted llegue a darle sentido a su vida. Quiere verle abocado cada vez más a consecuciones de mayor complejidad.

Cuando usted deja de perseguir lo que no se puede obtener en el exterior, infunde sentido a su vida y se sume en la placidez. Su falso yo ha sido domado.

7. El ego es un demente. Mi definición de persona demente es alguien que cree que es algo que no es y que actúa en el mundo según esa creencia. Esto es precisamente lo que cree el ego. Y a todas horas intenta convencerle de que también lo crea usted.

La demencia persiste porque el ego teme a la muerte. Podríamos decir que el ego tiene la delirante creencia de que morirá si usted comienza a conocer su verdadero yo. A medida que esta locura se apodera de su vida, usted llega a identificarse con esa falsa idea de sí mismo. Sin darse cuenta se suma involuntariamente a la masa que también padece esa locura.

Tenga presente la siguiente cita del libro A Course in Miracles: «Éste es un mundo demente, y no subestimes la extensión de dicha locura. No existe aspecto alguno de tu percepción que no esté afectado». Sin embargo, el mundo está lleno de gente convencida de que el Espíritu Santo es algo separado de ellos. ¡Y se pasan la vida intentando convencer también a otros de esta locura!

Toda la violencia humana es un reflejo de la creencia de que somos seres aislados. Si supiéramos que somos todos uno y que Dios está dentro de nosotros, sabríamos que cualquier daño infligido a otra persona es una violación de Dios. No seríamos capaces de comportarnos como lo hacemos los unos con los otros. Pero la demencia del ego nos ha convencido de nuestro aislamiento, de nuestra separación y nos ha alentado a llevar a término nuestras venganzas.

Pierre Teilhard de Chardin, el teólogo y paleontólogo francés, escribió:”…Somos uno solo, al fin y al cabo, tú y yo; juntos sufrimos, juntos estamos, y eternamente nos regocijaremos el uno con el otro”. Esto es cordura: saber que somos uno con Dios.

Para el ego, éste es un postulado peligroso porque amenaza su importancia. La capitulación total ante los miedos del ego es una locura. Por ejemplo, a Teilhard de Chardin su orden, los jesuitas, le prohibió publicar sus trabajos filosóficos. Tuvo que sentir el dolor en lo más profundo, pero su cordura no se vio alterada por un ego incorregible. Su conocimiento era más fuerte que su ego y que las autoridades de la Iglesia. En la actualidad, los trabajos que se han publicado de él son tratados ya clásicos.

Una de las ideas más insensatas de su ego es que usted es moral y espiritualmente superior a otros que no están buscando su yo espiritual de manera consciente. Esta idea de superioridad espiritual es hija de la creencia de que estamos solos y desconectados del universo.

Según dicha creencia, las personas espirituales son un grupo aparte de aquellas ligadas a su ego. Se trata de otro truco del ego para intentar satisfacer el anhelo que usted tiene de conocer su yo superior, creando una dicotomía en la que usted es mejor que otros. La realidad es que no existe ninguna dicotomía inherente del tipo superior/inferior en la condición humana.

Cada uno de nosotros tiene su propia senda que recorrer, y cada uno de nosotros será puesto a prueba de muchas formas. Su conocimiento de Dios no le hace superior a nadie: sólo le aporta un sentido más profundo y rico. Los que aún no han visto su luz interior continúan siendo parte de usted. Son usted en otras manifestaciones: diferentes siluetas con conductas diferentes.

La esencia de usted y de ellos continúa siendo la única fuente de vida: la luz celestial de Dios. Es una locura permitir que el ego le convenza de adjudicar etiquetas de superior e inferior a la amorosa esencia divina que hay dentro de todos nosotros.

Las siete características del ego antes mencionadas son sólo una introducción al tema. Exponen cómo el ego se entromete en nuestras vidas.

Experimentará un despertar espiritual a medida que adquiera conciencia de la influencia del ego en su vida. La verdadera libertad es resultado de la liberación del poder del ego. Sin embargo, el ego tratará de tentarle con muchas falsas libertades a lo largo de la senda de su búsqueda espiritual.

 

LIBERTAD AUTÉNTICA FRENTE A FALSA LIBERTAD

Recordara que en un comentario anterior describí la libertad como despreocupación por uno mismo. Cuando se ha conseguido dominar al ego, la libertad, en este sentido, resulta accesible desde el momento en que su mundo interior no está obsesionado con sentirse ofendido, aislado o especial. Liberarse del egocentrismo es la auténtica libertad.

Lo contrario de la auténtica libertad es la falsa libertad. Esta última es la libertad que el mundo externo intenta vendernos. Es tan ilusoria como la existencia del ego en cuanto entidad independiente. La falsa libertad, al igual que el ego, no es más que una idea engañosa.

La idea es alimentada por el ego cuando le convence de que para ser en verdad libre tiene que «obtener» algo externo. Ésta es la libertad que ofrece la sociedad y que su ego persigue con el fin de reforzar la ilusión y enseñorearse de su vida.

Para llegar al júbilo de la auténtica libertad, primero tiene usted que examinar el tipo de libertad que persigue. Necesita ver qué tipo de libertad le alienta a perseguir el entorno cultural en que vive. Es necesario que reconozca las libertades de las que cree que disfruta y que no son auténticas.

He aquí varias de esas libertades que le ofrecen. Fíjese en cómo se diferencian de la auténtica libertad, la que se obtiene de superar el ego y conocer a Dios.

La libertad de la química

El uso de una sustancia química para sentirse libre es el ego en el peor de sus aspectos: una ilusión que alimenta una ilusión. El uso de sustancias químicas genera alucinaciones y delirios en la vida cotidiana. —El coste de esta forma de abordar la libertad es la libertad misma.

El precio de las breves experiencias de libertad fundadas en el consumo de drogas lo pagan demasiados seres humanos. Nacen bebés adictos a la cocaína; adolescentes que se prostituyen para pagarse la droga, se destruyen familias y vidas; hay una escalada en la delincuencia, la productividad disminuye; la pobreza aumenta; las condiciones de vida se convierten en inhumanas.

La búsqueda de la libertad mediante el uso de sustancias químicas ha atrapado a los consumidores en una vida en la que no se tiene nunca lo suficiente. El ego le dice a tal consumidor: «Serás libre cuando experimentes el éxtasis que se consigue con esta sustancia química».

Pero el placer no pasa de ser físico. Dura sólo un momento. Y luego vuelve a presentarse el ego, exigiendo más… Nunca se llega a la libertad por ese sendero. Uno acaba haciendo cualquier cosa por conseguir aquello que ha acabado despreciando.

¿Es auténtica libertad esto? Si lo fuera, uno sentiría que ha llegado al punto de la satisfacción. Uno diría: «¡Esto es! No necesito nada más».

Cuando se supera el ego, de modo simultáneo uno traba amistad con la amorosa presencia divina que reside dentro de todos. Entonces el sujeto se dirá: «Esto es. No necesito nada más. Quiero más amor, más vida, más propósito; todo lo cual parece alcanzable gracias a mi yo espiritual y el conocimiento de mi senda. Quiero autenticidad; no necesito una dosis de droga ni una resaca, ni empobrecerme para alimentar mi hábito».

La idea de que una sustancia química proporciona libertad es falsa. Lo único que obtendrá de una idea falsa es la necesidad de más e insuflar vida al falso yo, al ego.

La libertad sexual

La práctica de la libertad sexual ha producido exactamente lo contrario a la libertad auténtica. La idea de libertad sexual ha creado una falsa libertad que tiene un inmenso atractivo para el ego.

La libertad sexual ha deshecho muchas vidas. No estoy adoptando una postura moralista respecto de la promiscuidad sexual. Estoy señalando que es obra de su falso yo el convencerle de que este tipo de actividad sexual tiene algo que ver con la libertad. Una prueba clave de si se halla en la senda de su yo espiritual o en la senda externa de su ego es la cantidad de paz y armonía que sus metas le aportan a su vida.

Nuestra búsqueda de tal libertad ha traído el mayor incremento de enfermedades de transmisión sexual de la historia de la humanidad. Está claro que la libertad sexual ha producido grandes daños. Dios es paz. El ego es dañino. Una súplica de las que aparecen en la Biblia: «Dios, líbrame de mi ego».

La sexualidad impulsada por el ego es un reflejo de nuestro anhelo por conocer nuestro yo espiritual. El ego nos convence de que esa libertad sexual nos aportará la paz, el gozo y el éxtasis que sabemos que nos aguardan en alguna parte. Cuando aceptamos las soluciones del ego, obtenemos una falsa libertad.

La auténtica libertad proporciona la libertad de conocer y sentir el amor de Dios dentro de usted mismo, y de compartir esa experiencia en el mundo físico, como una afirmación de ese amor, no como un fin en sí. Esta libertad se encuentra mirando en la dirección contraria a la del ego, donde su yo superior espiritual está esperándole. Compartir tanto su yo físico como su yo espiritual es la verdadera libertad sexual.

El placer es una experiencia gloriosa y le insto a que tenga una vida lo más placentera posible. Pero no confunda el placer con la libertad. La libertad inspirada por el ego siempre se basa en una falsa sensación de seguridad porque el ego mismo es una idea engañosa.

La libertad del dinero

Recuerde que el ego crece con el consumo. La falsa creencia es que cuanto más tenga, más adquirirá y en definitiva de mayor libertad disfrutará. Usted puede comprar la libertad, le dice el ego, y es libre de gastar incluso el dinero que no tiene todavía. El ego insiste en que lo único que tiene que hacer es quererlo y que el ser especial le da derecho a ello. Ni siquiera tiene que ganarlo, sólo quererlo.

Cualquier libertad entendida de esta manera es falsa y por lo general requiere de tarjetas de crédito. Uno no es libre; de hecho, se es esclavo del crédito. Se acumulan deudas a un interés usurario; hipoteca su futuro y su felicidad; emponzoña su vida con preocupaciones y miedos; todo esto no aporta auténtica libertad, en ningún sentido.

Los objetos no pueden darle la libertad. Eso es una trampa preparada por el ego para mantenerle en una búsqueda consumista, alimentando siempre esa falsa idea. El ego insiste en que encontrará lo que busca, siempre y cuando continúe esforzándose por incrementar su éxito económico.

Pero ¿qué es lo que busca? Cuando yo era niño pensaba que era estar en el equipo de hockey. Conseguí entrar en él y vi que no era eso. Más tarde pensé que una cita con Penny, lo sería. Ella era maravillosa, pero tampoco era eso. Pensé que tener mi propio coche lo sería. Luego que lo sería estar en la Armada. Y luego que entrar en la universidad. Después pensé obtener una licenciatura. Pero con cada logro, no conseguía alcanzar lo que buscaba.

Así que pensé que mi esposa lo sería, luego un hijo, o varios. Todos fueron acontecimientos maravillosos en mi vida, pero no eran lo que yo buscaba. Más tarde pensé que sería mi primera plaza de profesor, después mi primer libro, y más tarde mi primer bestseller. Mas la meta seguía siéndome esquiva. La auténtica felicidad no puede comprarse ni hallarse fuera de uno mismo. Usted no hallará esa esquiva meta en el dinero, la fama, el prestigio, las posesiones, ni siquiera en la familia.

Éstas son tres de las metas que el ego le propone en su esfuerzo por venderle su idea de la libertad. La auténtica libertad es la de saber quién es usted, por qué está aquí, cuál es su propósito en la vida y adonde va cuando se marcha de aquí. Es saber que su identidad no se halla en el mundo físico sino en el mundo eterno, inmutable, de Dios.

La autorrealización es la auténtica libertad. La autorrealización no es algo que uno adquiera sino una comprensión que, una vez conseguida, no puede perderse. Todos los frutos de la falsa libertad pueden perderse antes o después, y se perderán. Todos le exigen que sea especial y esté aislado, y todos se convertirán en polvo.

La auténtica libertad es permanente. Está más allá de todo ese trajín. Y llega como un conocimiento, no como una creencia. Una vez que sepa en su fuero interno que esta experiencia interna de su yo superior es la fuente de su libertad, la poseerá. Se verá libre de enojo, odio y amargura. En esencia, será libre para amar. Su vida se colmará de júbilo porque habrá logrado la autorrealización.

El yo de la autorrealización no es el ego. Así que ha de saber que la pérdida de la falsa libertad no supone una pérdida. La libertad auténtica no deja lugar al ego. Uno deja de ser un egocéntrico.

Libre del egocentrismo, disfrutará de la auténtica libertad. Esta nueva libertad le proporcionará un conocimiento que excluirá para siempre cualquier incertidumbre. En cambio, vivirá la libertad como una conexión interna con lo divino.

Sugerencias para superar el ego y alcanzar la conciencia superior

Las siguientes sugerencias le ayudarán a ponerse en contacto con el ego y superarlo. Los siete capítulos que vienen a continuación le ofrecerán estrategias más concretas para librar su yo sagrado del poder del ego.

• Intente conocer su ego. Trate de determinar cuándo es el ego la influencia dominante de su vida. Pregúntese: «¿Estoy escuchando a mi falso yo o a mi yo espiritual?».

Cuando más conciencia tenga de la presencia del ego y de cómo le manipula, menos influencia tendrá sobre usted. Por ejemplo, si está pavoneándose ante otra persona, o sintiéndose en cualquier sentido superior por su aspecto, capacidades o posesiones, reconozca que es su ego quien está obrando, quien está intentando convencerle de que está separado de Dios, y de su superioridad respecto de otros seres humanos.

A medida que vaya adquiriendo conciencia de su ego, podrá librarse del egocentrismo y entrar en la conciencia superior. Como dijo Cicerón: «En nada se acercan más los hombres a los dioses que haciéndoles el bien a sus iguales». Saber cómo obra su ego es el primer paso para domarlo.

• Comience a llevar la cuenta de con cuánta frecuencia usa el pronombre «yo». El egocentrismo es un hijo del ego. Le impide alcanzar la gozosa libertad interna que caracteriza la búsqueda espiritual. Al sorprenderse cuando usa de forma persistente el pronombre «yo» y tomar luego la decisión de no centrarse en su propia persona estará superando el ego.

Se asombrará de la frecuencia con que utiliza esta referencia a usted mismo. Cuando más pueda contenerla, más libertad experimentará.

• Comience a considerar a su ego como una entidad que le acompaña y que tiene un propósito. Este compañero invisible está siempre a su lado. Trata de convencerle de que está separado de Dios, de su superioridad respecto de otros, y de que es especial. Cuanto más escuche a esta entidad, más se apartará de su senda espiritual.

A medida que vaya reconociendo los signos de la presencia del ego, dígase con amabilidad: «Ya estás otra vez. Has dejado que mordiera el anzuelo y he caído en la trampa de creer en mi propia importancia». Descubrirá que la mayoría de sus pensamientos y actos los provoca esa entidad invisible que le acompaña.

El quiere que usted se sienta ultrajado cuando recibe un trato incorrecto, cuando le insultan, cuando no le acarician; ofendido cuando no se sale con la suya, herido cuando pierde una competición o discusión. Al reconocer y dar nombre a esta entidad, acabará por ser capaz de hacer caso omiso de ella. Al final, ya no representará el papel dominante que desempeña.

Primero la reconoce. Luego se percata de que está obrando. Por último, se libra de ella.

• Escuche a los demás y no se centre en sí mismo. Durante las conversaciones, concéntrese en lo que la otra persona está diciendo y en lo que siente. Luego responda con una frase que empiece por «tú, usted».

Por ejemplo, si alguien está hablándole de una determinada experiencia, no responda con una historia sobre una experiencia semejante que usted ha vivido. Responda con algo que parafrasee lo que ha dicho el otro, o que le convenza de que ha estado escuchando de verdad, que ha entendido tanto sus palabras como sus sentimientos. Podría decir: «Pasaste por una experiencia increíble, ¿eh?».

Esto se denomina escucha activa. Se sorprenderá agradablemente de cuánto aprenderá y de lo imbuido de propósito que se sentirá. Es una manera de contener al ego y permitir que participe el yo espiritual.

• Resista el hábito de permitir que su ego domine su vida. Nisargadatta Maharaj le respondió lo siguiente en uno de sus diálogos a alguien que le formuló una pregunta: «Resiste los viejos hábitos de sentir y pensar; no dejes de decirte, «no, así no; no puedo ser así; yo no soy de esta manera, no lo necesito, no lo quiero, y con toda seguridad llegará un día en que toda la estructura de error y desesperación se derrumbará y que dará libre el terreno para una vida nueva».

Cuanto más se resista a permitir que su ego sea quien controle su vida, más pronto llegará el día en que su yo espiritual llenará el espacio que antes ocupaban las exigencias de su falso yo.

• Practique la meditación diaria o el acallar su mente para deshacer la ilusión de que está separado del universo. Cuanto más tiempo pase acallando el diálogo interior, más cuenta se dará de que no está separado de Dios ni de los miles de millones de almas, todas ellas extensiones de la energía de Dios.

Comenzará a tratar a los demás como le agradaría que le tratasen a usted. Se sentirá conectado con todo. La meditación, más que cualquier otra práctica, rompe la ilusión de estar separado.

• Trate de borrar la palabra «especial» de su mente. Especial implica mejor que, o más importante que. Niega que Dios habite en cada uno de nosotros. Todos somos especiales: por lo tanto, nadie necesita la etiqueta de «especial».

Usted es una criatura divina, eterna, y tiene un propósito, y cuando reconozca esto, no necesitará compararse con nadie ni malgastar tiempo en comprobar qué trato reciben otras personas. Esto es el constante trabajo del ego. No deja de azuzarle para que demuestre que usted es especial.

Abrace la verdad de que el supremo espíritu habita en todos nosotros. Cuando uno sabe esto, se siente seguro y sereno, sin necesidad de halagos ni de que le aseguren que es especial o distinto de otros. Somos todos hijos de Dios. No hay favoritos. No se relega a nadie. Todos somos uno.

• Escriba un diario. En él, describa lo que le ofende de otras personas. Trate de descubrir en qué le beneficia sentirse ofendido. Si usted es objetivo, si lo contempla desde la perspectiva del espectador, descubrirá que lo que en realidad le ofende es cómo estima usted que deberían comportarse los demás. Sin embargo, por sí mismo, el sentirse ofendido no altera los comportamientos desagradables.

Así que intente tomar un caso en el que se sienta ofendido y limítese a observarlo. Repare en que se siente ofendido y observe cómo eso se manifiesta en usted. A medida que vaya haciéndose diestro en observar a su ego en acción, descubrirá que este acto de observación desactivará su ansiedad.

Mediante la técnica de observarse a uno mismo, usted llegará a ver que lo que le ofende es obra de su ego, que le machaca una y otra vez que el mundo debería ser diferente, que la gente no tiene ningún derecho a tratarle de forma desconsiderada. Su ego insiste en que tiene derecho a sentirse ofendido, herido, desdichado.

Estos juicios derivan de una idea falsa de usted mismo, la cual no deja de esforzarse por convencerle de que el mundo debería ser como usted es y no como en realidad es.

• Dé más de sí mismo y pida menos a cambio. Ésta es una forma maravillosa de domar el ego. Por ejemplo, León Tolstoi, hacia el final de su vida, pasó de ser un egocéntrico a ser un servidor de Dios, tras haber aprendido muchas de las lecciones de la senda de la búsqueda espiritual. Y escribió lo siguiente: «El único significado de la vida es servir a la humanidad». Así de sencillo. Así de profundo.

Cuando servir a otros se convierta en una prioridad, una pregunta acudirá a su mente una y otra vez, como un mantra: «¿Cómo puedo servir?». Habrá hallado la iluminación espiritual y conocerá el júbilo. Por ejemplo, done parte de su tiempo a un hospital infantil y ayude a esas pequeñas almas a luchar con sus enfermedades. Fíjese en si su ego quiere vanagloriarse de ello.

Abandone la idea de usted mismo como una entidad aislada necesitada de caricias especiales. Sea quien acaricie. Cuando uno es el primero en dar cariño, sabrá cómo es ser querido a través de sus propios actos desinteresados. Trate de no hablarle a nadie de sus acciones filantrópicas, ni siquiera cuando su ego le empuje a poner de manifiesto sus actividades.

• Recuérdese cada día que el más alto culto que puede rendírsele a Dios es servir a la humanidad, y que mediante ese acto su yo espiritual se sentirá realizado. No necesita convencer a otros ni convencerse a sí mismo de que usted es una criatura divina. Dé fe de ello en sus actos. Su despertar interior al júbilo y al éxtasis será recompensa suficiente.

• Ponga fin a la búsqueda externa de libertad y conozca el sabor de la auténtica libertad que es la comunión con su yo espiritual. Cada vez que se sorprenda buscando algo más con el fin de sentirse libre, pregúntese en voz alta: «¿Será esto lo que finalmente me liberará?».

Imagínese en posesión de eso que tanto ambiciona. Sienta que ya tiene el coche, la casa, la droga, el ascenso o cualquier cosa que crea que es su billete hacia la libertad. ¿Es libre? ¿O está un paso más alejado de la auténtica libertad?

El ejercicio de imaginarse con lo que desea, y luego preguntarse si se es libre, le pondrá en contacto con lo que significa ser auténticamente libre. La auténtica libertad no necesita nada para demostrar su existencia. La falsa libertad exige que tenga en la mano algo que dé fe de su existencia.

Saber esto le liberará de las directrices de su falso ego, el cual teme a esa luz interior celestial que brinda la auténtica libertad.

La conciencia superior exige una nueva relación con la realidad. Hasta ahora ha leído sobre el destierro de la duda, el cultivo de la condición de espectador, la manera de acallar el diálogo interior y la liberación de su yo espiritual del ego. Puede practicar estas cuatro claves de acceso a la conciencia superior en cualquier parte y cualquier momento. Le garantizo que si así lo hace, comenzará a ver que un milagroso despertar tiene lugar en su vida.

Al aplicar estas claves de acceso a la conciencia superior, tenga presente que su búsqueda en realidad consiste en hacer que su yo espiritual tome las decisiones cotidianas de su vida…

En la tercera parte expondré los principales conflictos que surgen de la dicotomía entre el espíritu que nos habita y la falsa idea del ego. Le proporcionaré ideas claras para permitir que el yo espiritual aflore como potencia dominante en su existencia.

Cuando sienta que está alcanzando su yo espiritual, ya no vivirá conflictos. Conscientemente despertará a su misión divina. Conocerá a Dios, tal vez por primera vez desde que abandonó la nada y llegó al aquí y ahora.

 

 

TERCERA PARTE

 

Trascender las identidades del ego

La flor se desvanece por sí misma al crecer el fruto.

Así se desvanecerá tu yo interior al crecer el divino dentro de ti

VIVEKENANDA

 

 

8

 

De la agitación a la paz

 

Todo lo que Dios quiere del hombre es un corazón en paz

Johann ECKHART

 

 

Sé que puedo conectar mi mente

con la mente divina y garantizarme la paz

en cualquier momento

 

La pregunta que más a menudo se me formula con respecto al papel del yo espiritual y el ego es: «¿Cómo sé si es mi ego o mi yo espiritual el que me llama en un determinado momento?». La tercera parte, que comienza con este capítulo, ha sido escrita para guiarle hasta la respuesta a esta pregunta.

En cualquier momento de su existencia usted escoge entre dos imágenes de sí mismo. Las opciones son la que le ofrece su alma o yo espiritual, la voz de Dios, y la que le ofrece el ego o la falsa idea de usted mismo. Decida cómo se ve a sí mismo y cómo ve también a los demás. En esencia, acepta la imagen que su ego tiene de usted y de los demás, o bien la de su yo espiritual.

La primera respuesta a la pregunta antes planteada es: «Si le aporta una sensación de paz, entonces el que está en acción es su yo espiritual». Su yo superior le impulsa siempre a resolver los conflictos con los que se encuentra, con el fin de que haya sitio en su vida para la serenidad y la armonía. Le insto a que preste muchísima atención a esos sentimientos.

La única paz de su mundo, de su vida personal, es la paz de Dios. Si está viviendo sumido en la agitación, peleándose de forma constante consigo mismo y sintiendo ansiedad, está permitiendo que el ego domine su vida. Si se siente sereno, el ego ha sido desbancado por su yo espiritual.

Pregúntese siempre: «¿Esto me traerá paz o agitación?». Si la respuesta es agitación, ya sea en sus pensamientos como en su mundo físico, debe examinar cómo y por qué está permitiendo que el ego domine su vida. Si la respuesta es paz, sabrá qué hacer y cómo pensar. Y sabe que su yo espiritual está trabajando en su beneficio.

 

REEMPLAZAR LA AGITACIÓN POR LA PAZ

En todos los momentos de su vida, usted tiene la opción de escoger la paz. Su falso yo se crece en la ansiedad porque cree que eso es lo que necesita para continuar con vida. El ego fomenta pensamientos como éstos: no puedo ser feliz ni sentirme contento; tengo que ser un malvado pecador; si me sintiera en paz me limitaría a vegetar; tengo que fijarme de modo constante en cómo viven y actúan los demás con el fin de valorarme. Este continuo estado de comparación mantiene la agitación con vida.

El ego quiere que esté en un constante estado de agitación para impedirle ser uno con su yo espiritual. Le convence de que si no está siempre con los nervios de punta usted no puede desarrollarse. Pero debe tener presente que la experiencia de esta agitación es una elección que usted ha hecho, al permitir que su falso yo domine su existencia. Cuando escoge la paz, está dejando entrar a Dios en su vida. En lugar de vegetar, descubrirá que puede estar ocupado, tener un propósito y sentirse contento, tener paz.

Todos ansiamos la placidez de vivir sin agitación ni angustia. Tenemos una sensación de iluminación interna cuando sabemos que estamos dentro de nuestro curso natural, en la senda espiritual. Así pues, ¿por qué a menudo elegimos emociones, pensamientos y creencias que nos apartan de este camino, que agitan nuestra mente, enturbian nuestra percepción y dificultan nuestras relaciones?

Es necesario que examine con cuidado aquellas elecciones que le alejan de la paz, de Dios. Saber que la paz es siempre una opción a nuestro alcance ya es un paso significativo. Esto le ayudará a domar el ego cuando insista en que usted es un ser aislado y especial.

Reemplazar la agitación que tan a menudo escoge es, pues, una simple cuestión de permitir que su yo espiritual se haga cargo en cualquier circunstancia en la que esté a punto de sumirse en la agitación. El ego le empujará a la lucha… alejándole de la paz. Usted tiene que estar dispuesto a verlo cuando está a punto de suceder, e invitar a su yo espiritual a que no le permita actuar a su ego.

Me gusta mucho la siguiente cita de A Course in Miracles, que yo veo a propósito del reemplazo del ego: «No hallarás paz excepto la paz de Dios. Acepta este hecho, y ahórrate la agonía de más amargas decepciones, pura desesperación, y sensación de completa impotencia y duda. No busques más. No hay nada más que encontrar que no sea la paz de Dios».

Considere estas profundas palabras mientras lee el resto del presente capítulo. Sólo retenga que, en su interior, siempre tiene esta opción, y que cuando opta por la ansiedad y la agitación está permitiendo que su ego sea quien gobierne. No lo acepte, puede ser la morada de la paz.

 

ALGUNOS COMPORTAMIENTOS QUE NOS ALEJAN DE LA PAZ

Cuando carezca de paz, recuerde que es su ego, la falsa idea de sí mismo, el responsable. He aquí algunos de los comportamientos más comunes y aceptados que contribuyen a la ausencia de paz.

• Enfrentamientos y discusiones. Nada provocará con mayor rapidez una sensación de agitación que el que usted participe en una pelea o discusión. Siempre tiene una alternativa. ¡Siempre! Discutir o no discutir. Enfrentarse o no enfrentarse.

Cuando opta por la discusión o el enfrentamiento, está permitiendo que su ego relegue a su yo espiritual. He ahí a su ego hablándole: «Tú eres un ser distinto de tu cónyuge/ese dependiente/esos burócratas. Necesitas demostrarles lo especial que eres y que no pueden imponerte las cosas. Diles lo que piensas y no les escuches».

En la raíz de este punto de vista de la vida está la siempre presente necesidad de tener razón. Cuando uno no lo necesita, ya no hay lugar para la agitación.

• Competiciones y comparaciones. Cuando se compara con otros como forma de medir su actuación, está a merced de su falso yo. Ha aceptado la errónea idea de que Dios tiene favoritos, y que usted será mejor cuando esté por delante de alguna otra persona.

El ego le dicta mensajes que probablemente le han enseñado a creer que son importantes para su éxito en la vida. El ego le dice: «Si él/ella puede, tú también puedes. Tú eres mucho más inteligente/guapo/fuerte/más espiritual que él/ella. Tienes que hacer valer tu superioridad y demostrarle la verdad. Eres el mejor. Ahora sal ahí afuera y demuéstraselo a todos. Tienes que comprarte algo que ellos no puedan permitirse, para demostrar el éxito que tienes».

Este diálogo interior, originado en el ego, garantiza que esa paz y armonía interiores no se encontrarán a su alcance.

• Persecución y lucha. Las escenas cinematográficas de persecución tienen eco en una parte de nosotros. Cuanto más intensa es la persecución, más éxito tiene la película. Escaleras arriba, en lo alto de barrancos; coches, aviones, trenes; armas de fuego, aparatos robóticos, violencia y escenas de choques; por encima de cercas y a través de bosques, … siempre vamos hacia el ego. Éstas son también las escenas de su vida interior cuando el ego está al mando. Esa carrera tras un éxito y tras otro, le demuestra que usted es mejor que todos esos haraganes que están esperando algo a cambio de nada.

Vaya tras los ornatos del éxito y los símbolos del mérito por luchar y su recompensa serán más oropeles, una búsqueda sinfín de ornatos y un vacío interior allí donde podría residir la paz.

Así funciona su falso yo, así le habla: «Eres especial. La forma de demostrarlo es acumulando éxitos. Eres diferente de todos los demás. Ahora demuéstralo obteniendo ese ascenso, no tengas en cuenta tus sentimientos. Tienes que sentirte ofendido cuando alguien te supera. ¿Quieres que la gente piense que es mejor que tú? Persigue esos incentivos. Cuando los hayas obtenido, serás el mejor. Recuerda, si no sabes adonde vas, ¿cómo lo sabrás cuando hayas llegado?».

Al ego le encanta verle luchar. No quiere verle satisfecho, que esté en paz y conozca a Dios en su interior. En ese caso podría no necesitar al ego, así que él le azuza para que olvide esas zarandajas y continúe luchando. El ego le dice que no cese de correr, que hay un ataúd esperándole para cuando acabe la carrera.

• Preocupaciones. Cuantas más preocupaciones aflijan su mundo interior, menos tiempo tendrá para gozar de la paz. La preocupación es la ausencia de paz, y al ego le resulta extraordinariamente fácil eliminar la paz mediante las preocupaciones.

El ego está programado para sembrar preocupaciones, de ahí que le diga: «Deberías preocuparte. Hay muchísimas cosas por las que preocuparse. Podrías enfermar. Uno de tus seres queridos podría sufrir un accidente. Tú podrías perder el empleo. Podrías divorciarte. Podrías arruinarte. Podría caérsete el pelo. Podrían hacerte una inspección de Hacienda».

El ego se crece con estos pensamientos, es feliz cuando usted utiliza toda su energía en preocuparse, sin dejar lugar para esa zarandaja de la paz.

• Decir «¡Fíjese en mí!». Todo el tiempo que dedica a repetir de una forma u otra esta frase, es tiempo que pasa apartado de la paz y la armonía. La necesidad de que se fijen en ellas y les den aprobación es un trabajo casi de jornada completa para algunas personas.

El ego utiliza de forma eficaz esta táctica para relegar al yo espiritual, se sirve de frases como las siguientes: «Si no se fijan en ti, es que hay algo malo en tu persona. Eso demuestra que eres inferior. Pregúntales a los demás si piensan que eres especial. Si no reconocen que lo eres, haz algo para atraer su atención. Tienen que fijarse en ti, y lo harán si dedicas una gran cantidad de tu energía vital a asegurarte su aprobación. Implórala, róbala, llora si no la obtienes, siéntete inseguro y ansioso si te la niegan».

Cuando necesite que se fijen en usted y le aprueben, le embargará la agitación y ansiedad. La armonía no puede convivir con los actos que dicta el ego.

• Imponerse fechas límite y aceptar presiones. Cuando siente las presiones que usted mismo ha aceptado, renuncia a su potencial de paz y permite que su ego tiranice a su yo espiritual. Éste es el constante trabajo de su falso yo para impedirle conocer su amorosa esencia divina.

Lo hace con las siguientes frases: «Tienes que demostrar quién eres, no sólo haciéndolo mejor que todo el mundo sino también haciéndolo más rápido y sin tacha. Ponte multitud de fechas límite. Acepta esas presiones por alto que sea el coste. Cuanto más se aproxime la fecha límite, más ansiedad deberías sentir. Es bueno. Mantendrá tu atención centrada donde corresponde: en tus éxitos, en tu calidad de especial y aislado, en lugar de en esa tontería de la serenidad. La serenidad es para los perdedores. Tienes algo que demostrar y tienes que hacerlo ahora».

El ego es un maestro en la tarea de convencerle de que necesita sumirse en el trabajo, hacer mucho y conseguir mucho dinero.

• Acumulación y adquisición. Cuanto más tiene, más especial es usted, según el ego. Cuanto más especial es usted, más se confirma que es alguien que no tiene nada que ver con todos los otros que tienen menos.

No hallará paz midiendo su valor según sus adquisiciones. Por lo tanto, el ego le convence de que no es paz lo que necesita. El ego quiere hacerle creer que las cosas son más importantes. Le dice: «Acumula tantas posesiones como puedas, y siéntete apegado a ellas. Tendrás una sensación de orgullo y logro cuando des lustre a esos trofeos y acaricies a todas esas cosas de tu valiosa colección. ¿De qué otra forma sabrás que has tenido éxito si no posees algo tangible que lo demuestre? Ahora sal ahí afuera y consume, colecciona, adquiere y acumula tanto como puedas. Ésas son las verdaderas pruebas de que eres especial».

• Parlotear con uno mismo, «Olvídate de todo eso de la meditación. Sólo te pondrá en la peligrosa situación de verte seducido por malos espíritus que constituyen la esencia de tu personalidad. Mantén la mente ocupada. Piensa en tantas cosas como puedas. Haz que esos pensamientos no cesen, aunque el anterior no tenga relación con el siguiente».

Éste es el mensaje del ego, mantener su mente charlando durante todo el día, perturbando incluso su sueño. Cuanto más charle su mente y se mantenga ocupada, menos lugar habrá para la paz y la armonía. Una vez más, esto es obra del falso yo.

El falso yo está ocupado en convencerle de que usted es algo que no es. Para mantener esta ilusión, no quiere que conozca nada que se parezca al silencio y la paz interiores. El ego le empuja de modo constante hacia el ruido y las interrupciones, con la esperanza de evitar que conozca su yo espiritual, que crece en la armonía y el silencio.

• Regocijarse con los problemas de los demás. Cuando usted encuentra alguna felicidad en los sufrimientos ajenos, incluidos los que padecen aquéllos a los que consideramos enemigos, el ego ha hecho presa en usted. Quiere que piense en usted como en alguien sin conexión con los demás. Cuando otros tienen problemas, el ego dispone de una oportunidad para cimentar esas creencias.

Toda cháchara, parloteo, chismorreo que entretienen a la gente son obra del ego. Ocuparse de las desdichas de otros demuestra que usted no quiere ayudarles sino sentir placer o diversión ante sus dificultades y humillaciones.

Su ego le dice: «Esas personas se merecen lo que tienen. No son tus amigas. Obviamente son malas porque no están de tu lado».

Su ego alimenta la idea de su aislamiento. Ocuparse de los chismorreos, creer que los malos están recibiendo su merecido, y el horror de la vida diaria recogido por los medios de comunicación como si fuera un entretenimiento… Todo ello confirma que usted está solo en el mundo.

Éstas son algunas de las creencias, actitudes y conductas cotidianas más típicas que alimenta el ego para evitar la paz. Si encuentra dichos elementos en su vida, es muy probable que advierta que este tipo de comportamiento se manifiesta también en lo físico.

Si es consciente de que cada pensamiento tiene una contrapartida física, puede ver que estos hijos del ego se materializan en su cuerpo. La presencia de este constante estado de tensión derivado de demostrar quién es, ir a la carrera, parlotear con uno mismo, preocuparse, perseguir, adquirir y competir, produce los mismos resultados en su cuerpo. La tensión concomitante que aparece con todos estos pensamientos engendrados por el ego genera tensión en el cuerpo.

Presión sanguínea alta, úlcera, trastornos cutáneos, jaqueca, dolor de espalda e incluso enfermedades graves como el cáncer, la apoplejía y los trastornos hepáticos son los dividendos que produce el dominio del ego. Estos trastornos se manifiestan porque usted permite al ego crear agitación para evitar la paz que se encuentra en su interior. Saber que así funciona el ego debería ayudarle a dominarlo y conocer su yo espiritual.

 

LOS DIVIDENDOS QUE OBTIENE EL EGO AL FOMENTAR LA AGITACIÓN

El ego —la falsa idea que todos tenemos de nosotros mismos—, quiere mantener este persistente estado de enfrentamiento interno por unas razones muy sólidas. Cuando uno entiende su ego, tiene mucha más capacidad para dominarlo. Cuando sepa por qué el ego se comporta como lo hace, será capaz de llevar a cabo los ajustes necesarios para que su yo espiritual posea una mayor influencia sobre su existencia.

He aquí algunas de las razones por las que el ego le mantiene en ese estado de agitación interna:

• Lo más importante, el ego ha estado con usted desde la infancia. Casi todas las personas que usted ha conocido lo han alimentado. Los antepasados de estas personas también se vieron dominados por su ego.

Su ego quiere sobrevivir. Si consigue mantenerle en un estado de agitación impedirá que conozca su yo espiritual. Desde la perspectiva del ego, Dios es una enorme amenaza. Así que hará todo lo que pueda para impedir que goce de esa placidez interna donde la voz de Dios es tan hermosamente clara.

• Su ego no quiere que cambie. Verse a uno mismo como un ser importante y especial nutre al ego y lo mantiene funcionando a pleno rendimiento. A pesar de que el ego es en sí mismo una ilusión que lleva consigo, se comporta como si tuviera vida propia.

Su ego realizará todos los esfuerzos del mundo para convencerle de que no necesita cambiar. De hecho, si está preguntándose por qué no debería sentirse especial, podría estar escuchándolo en este mismo momento. Ése es el tipo de pensamiento que le ha impedido realizar los cambios que conducen a la paz interior. Cuanto más le asalten tales ideas, más feliz será el ego.

• El ego se crece con el miedo. Cuando usted tiene miedo, está a merced del ego. El miedo le impulsará a comportarse de maneras que minan su yo espiritual.

Su yo superior le dice que no hay nada que temer, que el amor es la respuesta a todo y que Dios es amor. Su amorosa esencia divina le asegura que no tiene necesidad de sentirse culpable ni temeroso, y que si se siente así eso desaparecerá cuando alcance paz interior.

Pero el ego quiere que mantenga la sensación de miedo. Vivir en el miedo es una manifestación de que no confía en la energía divina ni en su sabiduría interna. Esta presencia del miedo confirma la abdicación de su yo espiritual y la creencia de que Dios no sabe lo que está haciendo. Lo opuesto del miedo no es la valentía: es el amor.

Cuando siente amor dentro de sí, usted no siente ni culpabilidad ni miedo. Sabe que todo lo que está experimentando tiene su razón, incluso sus aflicciones, que son sus más grandes maestros, y la muerte de su cuerpo, destinó de todo lo manifiesto. Usted sabe que la muerte es una recompensa, no un castigo. Por lo tanto, no tiene nada que temer a menos que escuche a su ego cuando alienta el miedo y aparta a Dios de su lado.

• Su ego quiere que no cese de buscar más cosas que consumir y más posesiones que tener. Cuanto más acelerada sea su vida, menos tiempo tendrá para conocer su esencia espiritual. El ego le alienta para que permanezca ocupado, para que se mantenga en movimiento y evite la búsqueda espiritual.

• Su ego quiere que mire hacia fuera. Quiere que continúe mirando en la dirección equivocada para que no note la presencia de Dios en su vida. Al mirar al exterior uno alienta la presencia del ego.

Las consecuencias serán que de modo constante sentirá la presión de compararse con otros; la necesidad de derrotar a otros con el fin de sentirte poderoso o importante; de tener más y mejores juguetes; de acumular más trofeos. Todo este mirar al exterior es obra del ego. Siempre que se niegue a escuchar, él gritará que tiene que sentirse molesto cuando otros le superan; que no vale nada cuando pierde; que ser el número uno es más importante que nada; que conformarse con menos es admitir que se es un perdedor.

Todas estas creencias están profundamente arraigadas en usted. Le resulta muy difícil imaginar siquiera el no tenerlas, porque los esfuerzos de su ego y de los egos de muchos otros han estado trabajando duro para convencernos de que es la única manera de ser. Mirar al exterior provoca una sensación interna de conflicto y agitación que hará que continúe persiguiendo las pompas que le ofrece el ego.

Una sensación de paz desafiaría esas arraigadas ideas, y podría significar la muerte de su falso yo. Su ego está en lucha con su deseo de paz, y no aflojará la presa de buen grado. Gritará más y más fuerte, pero recuerde que se acobardará cuando se encare con la luz de Dios.

Éstas son algunas de las estrategias de su ego para mantenerle alejado de la paz. Le he proporcionado algunas opciones para las tácticas persuasivas del ego. Tenga presente que usted puede dominar ese ego mediante su voluntad. Lo único que hace falta es la determinación de vivir según los dictados de su yo espiritual.

 

ALGUNAS IDEAS PARA LLEVAR LA PAZ A SU VIDA DE MODO PERMANENTE

• Recuerde, tiene que ofrecer paz para tenerla. Tiene que ofrecer paz para conocerla. Intente ofrecer paz en tantos ámbitos como le resulte posible.

Pensar en uno mismo como una persona de paz es el primer paso, pero sólo el primero. El pensamiento debe traducirse en acción. Esfuércese para refrenar su tendencia a provocar enfrentamientos y trastornos en las vidas de otros.

Detenerse y preguntarse si quien está a punto de actuar es su ego, que adora la agitación, o su yo espiritual, que adora la paz, le ayudará a enviar al exterior la respuesta adecuada aun en las situaciones en las que se sienta impaciente o incomprendido.

En esas situaciones, será capaz de decirle sencillamente, por ejemplo, a un dependiente agresivo: «Hoy tiene usted un día malo, ¿verdad?», en lugar de «he estado esperando durante quince minutos y la verdad es que me siento muy mal tratado». Ofrezca paz al exterior por el sistema de contenerse y consultar luego a su amorosa esencia divina.

• Recuerde que su pasado le ha enseñado los mensajes incorrectos si éstos no le aportan paz y felicidad. No tenga miedo de abandonar esas creencias si no le proporcionan una sensación de paz.

Por ejemplo, si le han enseñado a ganar las discusiones y debates a toda costa pero ese comportamiento no le ha procurado una verdadera sensación de paz, pruebe a abandonar esa postura y alentar a los demás a experimentar júbilo. Mire si su júbilo le proporciona una sensación más plena de paz que salir triunfante de la discusión.

• Expulse las emociones de miedo y culpabilidad y reemplácelas por amor, perdón y bondad. Gozará de paz cuando abandone esas respuestas emocionales. Si se siente culpable por su conducta anterior, recuerde que de ese modo está invitando a la agitación a su interior.

Deshágase de la culpabilidad perdonándose a sí mismo y haciéndose la promesa de evitar ese tipo de conducta en el futuro. No necesita sentirse culpable, a menos que quiera que su ego continúe dominando su vida.

Por ejemplo, haga una lista de todo lo que le impide amarse a sí mismo. La lista podría incluir tener sobrepeso, ser celoso, nervioso, adicto a algo, incompetente o desorganizado. Luego, con independencia del esfuerzo que requiera, afirme que se ama a pesar de estar gordo, ser adicto, etc.

Esto le ayudará a sentirse en paz con la decisión que ha tomado, y a darse cuenta de que no es ese cuerpo ni esos deseos. Usted es el ser invisible que decide. A medida que se sienta más en paz con el que decide, el espíritu del amor comenzará a reemplazar las elecciones perjudiciales para alcanzar la paz.

Examine todo lo que le ofende y mire si puede conseguir que su ego haga mutis por el foro. Si el hambre y la inanición del mundo le sacan de sus casillas, intente cambiar a una nueva conciencia.

De algún modo que yo no comprendo, estas cosas ocurren según un orden divino, y también mi deseo de cambiarlo existe según un orden divino. Despójese de lo negativo y varíe su rumbo.

Cuando uno se siente molesto o indignado, en realidad está pensando: «Esto es horrible, no debería estar sucediendo. ¿Cómo puede Dios permitirlo?». Líbrese de su ego, y luego actúe según eso que defiende. No hay necesidad de cobijar sentimientos de violencia.

De modo similar, si el comportamiento de alguien le resulta ofensivo, es porque está interpretando esa conducta desde su egocentrismo, el cual sostiene que esa persona no debería actuar como lo hace. Es usted quien escoge sentirse ofendido, herido o enfadado por su comportamiento.

Pero esa persona está actuando según es. El que se sienta ofendido es obra de su ego, que quiere mantenerle en la ansiedad. Si no se lo toma como algo personal, y si juzga el comportamiento por lo que es, podrá erradicar los males del mundo sin que el ego le ponga impedimentos por el sistema de encresparle.

• Tenga presente que los agravios acarrean agitación, mientras que la comunicación trae paz. Si quiere paz en su vida, olvídese de los agravios. La manera de desestimar estos agravios es abandonar el egocentrismo y practicar el perdón, no la venganza. Al abandonar el egocentrismo, le sobrevendrá una sensación de paz. Si está enfadado con alguien, por muy difícil que pueda resultarle, esfuércese por comunicarle sus sentimientos al respecto.

Su resistencia a comunicarse es una consecuencia de la estrategia de su ego. Si permite que se encone, mantendrá viva la agitación y nunca le embriagará el éxtasis que la paz aporta. Cuando se resista a comunicarse con alguien, recuerde que ello es obra de su ego, y que usted está decidido a tener paz. Unos minutos de conversación e incluso de perdón, alejarán la agitación y debilitarán la influencia de su ego.

Su indignación o angustia por ser tratado de manera injusta es precisamente lo que su ego pretende, puesto que eso le mantendrá apartado de la búsqueda espiritual y en las garras de su ego.

• Tenga esta pequeña frase a mano: «El enjuiciamiento y la paz son antitéticos». El libro A Course in Miracles nos dice: «La tensión del enjuiciamiento constante resulta prácticamente intolerable. Es curioso que una práctica tan dañina sea tan seguida».

Usted tiene que realizar un esfuerzo para mirar a los demás sin condenarlos. Cada enjuiciamiento le aparta de su meta de paz. A su ego le encanta que usted juzgue, dado que con esos juicios usted permanece en un continuo estado de angustia y remordimiento. Tenga presente que nadie queda definido por sus juicios, sino que se define a sí mismo como alguien que necesita juzgar.

El juzgar a los demás de modo condenatorio le niega la posibilidad de que experimente amor. Si puede permanecer neutral, en lugar de condenar, llegará al júbilo sobre el que estoy escribiendo. No tiene que fingir que le encanta algo que aborrece. Limítese a permanecer neutral y dejar que sus juicios se desvanezcan.

La paz no se halla en tener razón o sentirse herido o enojado. Por supuesto, esfuércese para corregir aquello que percibe como negativo, pero hágalo sabiendo que cualquier sentimiento de enojo le impide conocer a Dios.

La paz llegará cuando usted sea un reformador, no un juez.

• Hágase el regalo de un retiro en silencio cada día. Aunque sólo sea unos momentos. Regrese a esa clave de acceso a la conciencia superior, acalle el diálogo interno y conozca la diferencia entre el parloteo y el júbilo del espacio unificado. Cuando comience a disfrutar regularmente de momentos de silencio, los codiciará e insistirá en que sean una parte de su vida, con independencia de lo atareado que esté. Ésta es la forma más segura de librarse de la férula del ego y alcanzar la visión interna de paz que es su legítimo derecho.

• La mejor de las técnicas para traer paz a su vida es recordar que siempre debe escoger la amabilidad ante la alternativa de tener razón o ser amable. Éste es el método más eficaz que conozco para tener una sensación de paz. Y recuerde, siempre tiene esa alternativa.

• Tenga como algo predominante en su mente el hecho de que existe un lugar dentro de usted donde hay una paz perfecta y donde nada resulta imposible. Si ora de forma regular, llegará a ese punto. La paz será suya con que sólo la pida.

Su yo superior siempre alienta la paz. Si tiene la duda de si es su ego o su yo espiritual el que le impulsa a algo, la respuesta se torna evidente cuando uno se pregunta: «¿Esto me traerá paz o agitación?».

En el libro Yoga Vasistha, se nos recuerda la necesidad de paz:

 

Esta vida mundana no conduce a la verdadera felicidad,

así que busca el estado de ecuanimidad

en el que experimentarás paz, júbilo y verdad.

Si permaneces en la incertidumbre,

no habrá paz, no habrá felicidad.

 

Esta idea de la incertidumbre le resultará útil. La incertidumbre se traduce en agitación; la ecuanimidad, en paz. Dicho estado de ecuanimidad es inalcanzable mediante el ego. Debe poner su yo espiritual al timón de su nave.

Si continúa al timón el ego, permanecerá en la incertidumbre eternamente. Su yo espiritual —y sólo él—, alienta la paz. Él quiere, desesperadamente, que conozca el júbilo de ese estado interno de ecuanimidad.

 

 

9

 

Del engaño a la verdad

 

La verdad os hará libres

San Juan, 8:32

 

 

Sé que me hago mas fuerte

al intentar convertir en

verdad mi propia realidad

 

Las palabras de san Juan son enormemente significativas para mí. Cada día me esfuerzo por que mi yo espiritual se haga con el timón de la nave que mi ego ha pilotado durante años. Cuando lo consigo, no sólo soy capaz de decir la verdad, sino de pensar la verdad y ser la verdad. Entonces siento júbilo y la plenitud de hallarme en mi camino espiritual.

La intención de este capítulo es ayudarle a llevar la verdad a su vida mediante la identificación de comportamientos y razonamientos que le mantienen apartado de la divina verdad. Un compromiso con la verdad es un paso gigantesco para dominar el ego, el cual se crece en el engaño y la falsedad.

En esencia, abrazar la verdad es darle la bienvenida a su yo espiritual y llegar a conocer a Dios. Todo lo que no sea auténtico le alejará.

Su ego trabaja con ahínco para convencerle de que está solo y de que es mejor que los demás, y ya sabe que no le agrada que usted ame su existencia. Pero recuerde que se trata de su falso yo, carente de autenticidad. El engaño va a representar un importante papel en su vida cuando acepte a su ego como guía.

Por lo tanto, con el fin de abandonar su confianza en ese falso yo, tendrá que establecer una nueva relación con la verdad. Le insto a que defina ese nuevo marco en el que incluya la verdad como compañera de sus pensamientos, de sus conversaciones y de su vida.

Esto supone un gran reto y tal vez le resulte difícil. Pero está garantizado que le conducirá a su yo espiritual. Comience por mirar con honradez y sin miedo su verdadero ser, ese que esconde bajo la superficie de oropeles con los que se ha revestido.

 

LA VERDAD BAJO LA SUPERFICIE

Su vida tiene un argumento, como lo tienen todos los que han vivido en este planeta. El argumento empieza con su concepción, continúa a lo largo de su infancia y sigue con todos sus éxitos y tribulaciones, hasta este preciso momento.

Su ego le dice que éste es su reino, su verdadera identidad, y que por lo tanto debe hacer todo lo necesario para conseguir que sea un buen argumento. Pero usted ya sabe, por haber leído hasta este punto, que eso no es así.

Existe una voz divina en su interior que le susurra que ésta no es su morada definitiva y que las cosas que aquí se ofrecen son insatisfactorias para una parte de usted. Siente que su yo verdadero no valora la apariencia, ni las posesiones, ni los éxitos, ni la fuerza, ni el talento, porque llega un momento en que todas estas cosas se atrofian y desaparecen. Sabe que bajo esta superficie hay una faceta eterna, y que para ella sólo la verdad bastará.

Es algo similar a lo que sabía Miguel Ángel cuando esculpió el David. Dijo que la estatua ya estaba dentro del bloque de mármol. Una parte de su vida artística la pasó apartando lo superfluo para revelar la creación de Dios. Intente imaginar su vida interior de esta manera.

Lo que existe en su interior no es una monstruosidad sobre la que hace falta mentir. No hay nada imperfecto en usted que requiera que cree todo un mundo de engaño con el fin de hacerse valioso a ojos de los demás. Hay una presencia amante que reside dentro de usted. Es tan perfecta como el David de Miguel Ángel, y sólo quiere que usted le permita emerger.

 

SU EGO DESPRECIA LA VERDAD

He trabajado con mucho ahínco en esta cuestión de la verdad a lo largo de mi vida. Durante una gran parte de ella, he mantenido sólo una relación muy casual con la verdad. Nunca tuve la intención de ser malicioso ni herir a nadie, pero adopté el amplio repertorio de engaños de mi ego. Esta relación casual con la verdad me impidió conocer mi yo superior.

Había aprendido a escuchar a mi ego siempre que resultaba conveniente para explicar mis propias debilidades e incapacidades. Si quería tener una aventura amorosa, me era más fácil explicarla como mi derecho a los placeres del momento. Mentir para proteger ese placer era sencillamente lo que mi ego dictaba. Y el ego era muy fuerte.

Un amigo me contó que una vez había llegado a casa a las cinco de la madrugada, todavía borracho después de una noche de juerga. Su esposa había echado la llave, así que volvió a marcharse de juerga, y por fin volvió a su casa a las ocho de la mañana. Le dijo a su esposa que se había quedado dormido en la hamaca del jardín durante toda la noche. Cuando su esposa le dijo que habían quitado la hamaca hacía tres días, él, siguiendo los dictados de su ego, contestó: «Ésa es mi historia, y la mantengo».

Ése es el ego en acción, fomentando una identidad falsa con mentiras y engaños si es necesario para mantener la imagen.

Yo me encontré en la senda espiritual como resultado de una vocación más que como una elección consciente. Cuando esto sucedió, me di cuenta de que en lo profundo de mí mismo no me aceptaba como una criatura divina. Estaba a merced de mi falso yo, que me decía que protegiera una imagen ante el mundo y no quería que yo conociera a Dios ni la verdad encarnada en ese conocimiento. Consecuentemente, yo me engañaba a mí mismo para mantener ese falso yo.

De modo gradual, se volvió intolerable vivir con las mentiras, incluso con las pequeñas tergiversaciones. Al principio, la verdad aterrorizaba a mi ego. Luego, a medida que dominé mi ego, la verdad se transformó en una placentera sensación de libertad. La verdad nos hace libres, como nos dice san Juan en el Nuevo Testamento.

La verdad le hace libre porque ya no está centrado en sí mismo ni preocupado por el tipo de imagen que está proyectando o protegiendo. De hecho, usted ya no es de este mundo a pesar de hallarse en él. Usted se identifica con el mundo que hay más allá, con lo que es eterno.

He tenido muchas conversaciones sobre este tema con mi buen amigo Stuart Wilde. Me ha dicho que le hicieron falta ocho años de esfuerzos para apartarse de las mentiras y vivir la verdad absoluta. Ocho años de esfuerzos y aprender a ser independiente de la opinión de otros. Su ego no dejaba de decirle lo que otras personas creían más importante. Esto significaba que él tenía que representar una obra, pues sentía que «ellos» lo querían así.

Yo hacía lo mismo. Las mentiras que yo creía pequeñas y veniales o exageraciones insignificantes eran obra del ego, que me recordaba de manera constante que necesitaba protegerme dándole al mundo lo que el ego decía que ese mundo quería. ¿Por qué? Porque en el fondo, según el ego, yo era monstruoso. Todo eso ha cambiado de forma espectacular desde que prometí a Dios que la verdad sería mi camino.

Mi experiencia de este cambio queda recogida por las palabras de Stuart en Whispering Winds of Change (Los susurrantes vientos del cambio):

 

A lo largo de los años, al aumentar tu energía espiritual, las mentiras pasan de constituir una parte de tu vida cotidiana a ser tristes necesidades, luego experiencias desagradables, cargas en extremo dolorosas para librarte de las cuales harás lo que sea. Si has emprendido la senda espiritual sabrás a qué me refiero… La trascendencia es en parte el proceso de pasar de la falsedad a lo real.

 

Confío en que al recorrer la senda de su búsqueda espiritual tendrá una experiencia similar. La transformación se producirá en usted al tiempo que será testigo de ella y hará balance de sus experiencias personales. Comenzará a encontrar demasiado pesada incluso la más pequeña mentira. Entonces sabrá que su yo superior está venciendo al ego.

 

PASAR DE LA FALSEDAD A LA AUTENTICIDAD

Vemos y oímos mentiras en todo momento. Los medios de comunicación están llenos de anuncios que muestran toda clase de hechos y objetos que nada tienen que ver con la realidad. Según los anuncios, usted puede recobrar la juventud si conduce un determinado coche, encontrar amor si lleva la fragancia anunciada, cobrar nuevas energías si come ciertos cereales, y seducir si usa un desodorante en concreto. Nuestro gobierno defiende su política con mentiras y gasta dinero que no tiene. Distorsiona las cifras del paro mediante declaraciones tergiversadas. Los senadores estadounidenses nos dicen que no podemos tener asistencia social porque el Estado no puede permitírselo, y sin embargo han aprobado para sí mismos atención médica total. Se supone que tenemos que creer que no hay dinero disponible para ayudar a los pobres y enfermos, y sin embargo financiamos guerras en lugares remotos.

Todos nos hemos habituado a las mentiras. Puede que incluso se haya convencido de que contar mentiras merece la pena. Cuando se acoge a las mentiras, a la falsedad, el problema reside en que siempre necesitará más de lo mismo para mantener cubiertas las espaldas. Lo mismo es cierto en el caso de nuestra sociedad. Pero a medida que avancemos hacia unas bases más espirituales, las mentiras disminuirán, tanto en nuestro entorno como en nuestra vida.

Al principio, cuando uno deja de mentir, escuece. Es como un remedio sobre una herida abierta. Su voluntad de pensar, sentir y actuar de modo veraz dejará al descubierto algunas verrugas. Las verrugas son usted mismo. Los errores son usted mismo. No son únicos y no dicen nada desagradable de usted. El escozor se aliviará a medida que abandone la necesidad de engañar.

El ego sufrirá todas las ansiedades que quiera, pero usted se bañará en la cálida luz de la verdad.

Quiero compartir con usted una carta que recibí hace poco. Ilustra cómo la verdad puede entrar en su vida de maneras que no podría imaginar si consulta con su yo superior.

 

Querido doctor Dyer:

 

Apenas creo que esté escribiéndole esta carta. Acabo de comenzar por segunda vez a leer su libro Tus zonas mágicas. Muchas de las ideas que hay en él ya las conocía, pero su obra ha despertado en mí —de hecho me empujó— el deseo de salir de mí misma y comenzar a hacer realidad algunos sueños. Le agradezco el trabajo que ha invertido en ese libro en beneficio de todos.

 

Le escribo con un propósito determinado. Tengo una pregunta. Ahora bien, la verdad es que no creo que pueda prestar atención a todas las cartas que le llegan, pero si tiene una respuesta para mí estoy segura de que la obtendré.

 

Tras un par de semanas de poner en práctica algunos de los consejos de su libro —afirmarme a mí misma, afirmar mi vida, afirmar incluso mi propósito, e imaginar, imaginar con amor—, una noche, justo antes de dormirme, me llegó la idea de que la respuesta a mi anhelo, de que mi milagro llegaría en el correo del día siguiente. Este conocimiento era absoluto, y me dormí con una sensación de gran placidez. Ahora bien, soy una madre soltera con dos hijos; es un puro milagro que lleguemos a fin de mes, pero tenemos el sueño de ver un mundo en paz y yo tengo intención de cambiarlo.

 

A la mañana siguiente mi milagro llegó en el correo, un crédito por valor de 7500 dólares. Imagínese, mis preocupaciones económicas temporalmente solucionadas y la posibilidad de comprar lo necesario para comenzar una pequeña industria familiar. (Queremos fabricar ropa de niños y juguetes, todo con productos naturales y sólo de la región). Y allí estaba: el crédito necesario para hacer un catálogo. Sólo existía un problema: el crédito no era para mí. Había abierto por error una carta dirigida a un ocupante anterior del dúplex. Lo único que tenía que hacer era firmar con su nombre y enviarlo de vuelta.

 

Eso hice. Eché una firma falsa y cerré el sobre antes de tener tiempo para pensarlo. Me encaminé a la oficina de correos. No puedo expresar cómo me sentía al pensar en que nuestros sueños iban a hacerse realidad. Y no creía que mi engaño fuera muy inmoral: después de todo, el anterior ocupante nunca se enteraría y, por supuesto, yo pagaría los vencimientos.

 

Durante el viaje en autobús hacia correos, sin embargo, algo comenzó a bullir en mi mente. Mi conciencia, por supuesto, pero algo más. De alguna forma se me hizo muy claro que negarme a llevar a cabo este acto contrario a la honradez significaba que no sólo estaba haciendo lo correcto sino algo más profundo: enviarle un mensaje de confianza a mi subconsciente. Que yo no necesitaba realizar ese acto para llevar a cabo mi milagro, que podía confiar en mí misma para hacer lo que era necesario. Ahora bien, puede que esto no le parezca nada del otro mundo, doctor Dyer, ¡pero darme cuenta de que podía confiar en mí misma es para mí una victoria tan grande como lo fue llegar a la Luna! Rompí aquella venenosa carta y me marché a casa. Pasé el resto del día con una embriagadora sensación de victoria.

 

Pero ahora han pasado los días y comienzo a sentir una vaga duda. Continúo imaginando cosas e intentando confiar, pero en ocasiones pienso que quizás aquel crédito era un regalo de Dios, y que debería haberlo aceptado. Doctor Dyer, ¿cree usted que hice lo correcto? De ser así, ¿puede ver en qué estoy equivocándome ahora?

 

Gracias por el tiempo, energía y esperanza que aporta para transformar el mundo.

 

Paz,

 

Rebecca ROBERTS

 

Saint Paul, Minnesota

 

Muchas veces, lo que creemos necesitar no es lo que Dios está intentando enseñarnos. Rebecca necesitaba conocer el valor de la verdad en su vida, y recibió ese mensaje al escuchar a su yo superior. En este caso, al guiarse por su yo espiritual, permitió que la verdad reinara en su vida.

Me sentí tan conmovido por su honradez y por las estrategias de su ego (sentimiento de culpa por haber sido tan estúpida, presentar la falta de honradez como voluntad de Dios), que hice las gestiones necesarias para que Rebecca obtuviera una línea de crédito libre de intereses.

Como ya sabemos, Dios sigue caminos misteriosos, pero el yo superior sabe cuándo no está siendo sincero. La revelación que Rebecca había tenido la noche anterior —que sus sueños recibirían respuesta en el correo del día siguiente— resultó ser cierta. Pero tuvo que pasar la prueba de la verdad antes de que su sueño fuera realidad.

El movimiento de pasar de la falsedad a la autenticidad comienza por uno mismo. Usted —la presencia invisible que ha estudiado las cuatro claves de acceso a la memoria superior—, en el silencio de su ser, establece una nueva relación con la realidad.

Usted escucha la presencia amante que le dice que es una criatura divina y que no necesita ocultarse presentándose como algo diferente de lo que es. Se vuelve capaz de amar a cualquier persona incluso las que obran ocultándose, y no tiene que cambiar porque sabe que en lo profundo de usted está ese espacio unificado abierto a todas las posibilidades. Reconoce su espiritualidad.

Por otra parte, al adquirir esta visión de usted mismo también adquiere conciencia de que usted no es su cuerpo físico. Ya no necesita mostrar nada más que su plácida divinidad ante los amigos, la familia, incluso ante los desconocidos. Ha realizado la transición de lo falso a lo cierto. Ha reconocido su espiritualidad y está dispuesto a perdonarse por todos y cada uno de los errores que ahora considera lecciones. Se ha instalado en la verdad.

Saber que ya no tiene que mentir para obtener la aprobación de otros o para elevarse a ojos de los demás es la libertad que la verdad aporta. A Stuart le hicieron falta ocho años para llegar a ese punto. A mí me ha hecho falta más tiempo para entender el valor de la verdad en todas las circunstancias, pero ha llegado a mí gracias al satori.

Imagino que si Saulo de Tarso, un ladrón, un asesino, puede transformarse en un momento de revelación y convertirse en el apóstol san Pablo al dejar que entrara en él la verdad y vivirla, también Wayne Dyer puede admitir sus errores y vivir la verdad, y también puede hacerlo usted. Como dice Thomas Merton: «Tenemos que obrar con verdad dentro de nosotros mismos, antes de poder conocer una verdad que está fuera de nosotros».

Pasar de la falsedad a la verdad comienza por la verdad interior y sigue con la vivencia diaria de la verdad. Al comenzar a vivir estas verdades, no sólo le da la vuelta a su propio mundo, sino que también aborda la transformación del mundo que le rodea. La verdad no sólo le hace libre a usted, también hará libre al mundo.

El ego del mundo no puede resistir la luz celestial de la verdad más de lo que puede resistirla su ego personal. Los engaños, las mentiras, el robo y los asesinatos que vea a su alrededor comenzarán a desaparecer cuando nos volvamos hacia el interior de nuestros yos y superemos el ego.

Las acciones contrarias a la paz y la verdad que crea el ego son numerosas. En los párrafos siguientes encontrará algunas de sus manifestaciones más comunes.

 

CÓMO EVITA LA VERDAD EN SU VIDA

Este apartado no está dirigido a los creativos publicitarios ni a los que mienten en su propio provecho, cometen delitos de perjurio o practican infames engaños. Lo que aquí expongo es cómo el ego nos convence de que consultemos a nuestro falso yo en la vida cotidiana.

No estamos ante un caso en que nos engañamos a nosotros mismos, sino más bien de comportamientos e ideas heredadas que hemos adoptado. He aquí algunas de las formas más comunes de evitar la verdad.

• Jactancia o fanfarronería. Una inclinación a atraer la atención sobre usted y a exagerar sus éxitos para que los demás le vean de una forma positiva, como alguien especial y distinto de los demás.

• Tergiversación de los hechos. Contar los hechos como le gustaría que hubiesen ocurrido en lugar de como sucedieron en realidad. Estas mentirillas veniales o exageraciones insignificantes, cuando uno se obstina en mantenerlas, se convierten en un estilo de vida.

• Engaño para salvar la fachada o evitar la vergüenza. Argumentar con el propósito de convencer a alguien de que usted es inocente de alguna mala acción. Este tipo de engaño obliga a llevar la cuenta de lo que se dijo, a quién y cuándo. Se van sumando más tergiversaciones para que la línea argumental se sostenga.

• Creación de un futuro imaginario. Mentir sobre las perspectivas de su futuro para ocultar la verdad. Uno vive su porvenir basándose en una idea falsa. Su vida es una mentira en el presente y en el futuro.

• Exageración de los hechos para atraer atención. Un ejemplo de lo difícil que resulta abandonar estas tergiversaciones lo es esta breve historia del libro lllustrations Unlimited (Ilustraciones ilimitadas), editado por James S. Hewitt:

 

Una niña desarrolló un mal hábito. Siempre estaba mintiendo. En una ocasión, cuando le regalaron un San Bernardo para su cumpleaños, salió a la calle y les contó a todos sus vecinos que le habían regalado un león. La madre se la llevó aparte y le dijo:

 

—Te pedí que no mintieras. Vete arriba y dile a Dios que lo lamentas. Prométele que no volverás a mentir.

 

La niña subió al piso superior, rezó sus oraciones, y volvió a bajar. La madre le preguntó:

 

—¿Le dijiste a Dios que lo lamentas?

 

La niña respondió:

 

—Sí, lo hice. Y Dios me ha contestado que a veces también a él le resulta difícil distinguir entre mi perro y un león.

 

La práctica de cambiar los hechos con el propósito de impresionar a otros puede ser encantadora cuando lo hace un niño. Para los adultos, es una manera de dejarse llevar por el ego para que mantenga viva las ilusiones. Este proceder le impedirá conocer su yo superior, el cual no necesita exageraciones para sentirse importante a ojos de los demás.

• Pasar algo por alto en beneficio propio. Esta historia ilustra cómo puede funcionar esto:

 

A un hombre le dieron el cheque de su sueldo y advirtió que le habían pagado veinticinco dólares de más, y no le dijo nada al cajero. El cajero se dio cuenta de su error, y al siguiente día de pago dedujo los veinticinco dólares del cheque del sueldo del hombre. El hombre acudió de inmediato a ver al cajero y le dijo que en la cifra del cheque faltaba dinero. El cajero replicó:

 

No dijo ni una palabra la semana pasada, cuando recibió dinero de más.

 

El hombre contestó:

 

No me importa pasar por alto un error, pero cuando sucede dos veces es momento de decir algo.

 

Ser honrado requiere que uno diga algo con independencia de si uno se beneficia o no del error.

• Hacer trampas deliberadas en beneficio propio. La práctica de cobrarles de más a los otros o alterar los costes y luego incluir cargos falsos parece ser una práctica normal para los que permiten que su ego les gobierne la vida.

Se ha estimado que los hospitales de Estados Unidos añaden cargos excesivos y cantidades erróneas en el 99 por ciento de sus facturas. Imagínese: ¡noventa y nueve de cada cien facturas contienen errores que favorecen al hospital!

Esta práctica es demasiado corriente en muchos negocios, así como también en la vida de muchos ciudadanos. La idea de que está bien engañar a los demás conforma una manera de ser que le mantendrá apartado de la senda de su búsqueda espiritual. Lo que se encontrará es que también los otros le engañarán a usted.

• Comportamiento machista y bravucón. La necesidad del ego de aparecer como mejor o más importante crea un comportamiento que manipula a otras personas, cuando no las asusta. La prepotencia, la fanfarronería, el pavoneo, las argucias y cosas por el estilo, son actos de engaño que el ego cree que convencerán a los demás de que usted es único y especial.

• Diálogos internos sobre lo peligroso que es el mundo. El ego se sirve de los diálogos internos para convencerle de lo peligroso que es el mundo. Cuanto más se convenza de que el mundo es peligroso, menos capaz será de conocer a su yo espiritual. Al evitar el contacto con este yo, usted no sabrá que no corre ningún peligro y que es una criatura divina.

• Autoengaño. El ego le convence de que otros son especiales y de que usted no tiene apenas valor porque es un ser inferior. Cuando se deprime con frases en que se desprecia a sí mismo y se acobarda ante los riesgos, usted está haciendo propias las afirmaciones del ego de que es débil y carece de importancia. Esta valoración negativa e irreal le aleja de la verdad y es una estrategia del ego destinada a mantenerle apartado de su búsqueda espiritual.

Para abandonar la tendencia al engaño tiene que entender por qué permite que este argumento rija su vida. Y siempre hay consecuencias derivadas del comportamiento y los pensamientos, incluso de los basados en la falsedad.

 

LAS RECOMPENSAS DE SU EGO POR ESCOGER EL ENGAÑO

• Su ego se siente atraído por aquello que lo convierte en especial. Cuando usted crea una ilusión que cumple con ese objetivo, falsa o no, su ego obtiene un beneficio. Cuanto más atractiva hace esa ilusión mediante tergiversaciones, más recompensado se ve su ego. Recuerde que su ego es una falsa imagen de sí mismo. No es su verdadero yo.

El falso yo se crece en la falsedad. Cuanto más se entregue a este pensamiento y conducta sustitutivos de la realidad, menos probabilidades tendrá de llegar a su yo superior y de hallarse en su búsqueda espiritual.

• El fraude y el engaño son formas de asegurar la supervivencia del ego. La presencia de su yo auténtico hará que el ego haga mutis porque no tendrá propósito ninguno de ser. Cuando uno está en sintonía con Dios, viviendo su existencia espiritual, no se tiene necesidad de nada que no sea auténtico. Su ego necesita el engaño para asegurarse la supervivencia.

• Cuando usted se entrega al engaño, es víctima de la búsqueda de aprobación externa. Su falso yo es lo que usted quiere que otros vean, así que proyecta una imagen que no se basa en la realidad. Es lo mismo que decir lo que vosotros pensáis de mí es más importante que lo que yo pienso de mí mismo.

Con esta actitud, su ego evita todo riesgo, incluyendo el de realizar un cambio espiritual en su vida. Cuanto más permanezca con las mismas máscaras, más éxito tendrá el ego en mantenerle apartado de su yo superior.

• «La verdad le hará libre» es una idea que atemoriza al ego. Al mantenerle esclavizado por todas esas tergiversaciones, la verdad resulta inalcanzable. Cuando la verdad es inalcanzable, también lo es la libertad. A ningún esclavista le gusta la idea de libertar a sus esclavos. El ego le esclaviza y esas tergiversaciones son sus cadenas.

• El ego puede convencerle de su carencia de valor. Usted es una criatura divina y eterna que crece a partir del amor y la paz. Pero el ego le persuade de lo contrario.

Por toda idea de sí mismo le convence de que no vale nada, así que oculta ese yo carente de valor tras la fachada del ego. De no hacerlo, su carencia de valor quedaría al descubierto ante el mundo.

El ego se mantiene como tendencia dominante por el sistema de convencerle de que no es una amorosa criatura, pacífica y perfecta, de Dios. Y le alentará a decir o hacer cualquier cosa que refuerce esa falsa creencia.

• Al ego le encanta verle dudando de sí mismo. Usted puede apartar al ego de su vida cotidiana si tiene certidumbre, respecto de su auténtico valor y no permite que la duda se infiltre en su mundo interior. La certidumbre acerca de usted y de su conexión con Dios socava los principios del ego.

La permanencia en la incertidumbre y la inseguridad es lo que su falso yo le insta a hacer. Continuará enviándole mensajes tergiversadores con el fin de garantizar su existencia.

Éstos son los beneficios que usted recibe cuando permite que el ego maneje su vida y le convenza de aceptar su falso yo. Una vez que usted tiene una idea de lo que recibe a cambio de este comportamiento, puede comenzar a adoptar nuevos métodos para abrazar la verdad y librarse del engaño.

 

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA LIBRARSE DEL ENGAÑO Y ABRAZAR LA VERDAD EN TODO MOMENTO

• Adopte el compromiso de establecer una nueva relación con la verdad. La manera de hacer esto es interrumpirse cuando está exagerando o engañando a alguien, incluido a usted mismo. Luego reconocer ante uno mismo que estaba a punto de vanagloriarse. Tome la decisión de contar con exactitud lo sucedido —ni más ni menos—, y fíjese en la sensación que ello le produce.

Descubrirá, al detenerse justo antes de la mentira, que ya está recurriendo a su yo superior, que florece con la verdad, en lugar de ceder a las exigencias del ego. Y entonces, disfrutará de una vida más profunda y rica, que le proporcionará una refrescante sensación comparada con la falsa imagen que da de si mismo al buscar aprobación.

• Repare en el diálogo interno que le convence de que el mundo es un lugar peligroso. Use alguna técnica para tener diálogo con la parte temerosa de su persona. O busque a un amigo o familiar, o un grupo de apoyo en el que pueda ser sincero acerca de sus miedos. Ese diálogo interno temeroso es un aspecto de usted mismo que también necesita ser amado y oído.

Al permitirle expresar su verdad a ese temeroso diálogo interior, tendrá la posibilidad de reemplazar esos pensamientos por la divina esencia que es su yo superior. En lugar de formular pensamientos que insisten en el miedo, su diálogo interior le recordará que Dios está con usted y que se encuentra en un universo divino, extensión de la divina verdad.

Con menos pensamientos que alertan sobre el peligro y producen miedo, menos necesidad tendrá de recurrir a la tergiversación o el engaño.

• Permanezca alerta ante los diálogos interiores que hacen hincapié en sus éxitos y no en su misión. Hace poco di una conferencia a un grupo de locutores de radio, y me sentí muy complacido con mi actuación. Después, mientras corría para hacer ejercicio, reviví la experiencia.

En el mismo momento en que estaba viendo con la mente al grupo que se ponía de pie y me aplaudía, doblé en una esquina y me golpeé el codo contra una pared con tal fuerza que me produjo un agudo dolor en el brazo que tardó varias semanas en desaparecer. Cada vez que sentía el dolor me recordaba que apartara al ego del camino y dejara de centrarme en mí mismo. Se me recordaba cuál era mi propósito, y mi misión, y que no me dejara seducir por los aplausos.

Casi siempre el diálogo interior que le halaga es la cháchara del ego, la cual puede hacerle perder el rumbo. El diálogo interno sobre su misión le mantendrá en la senda.

• Fórjese una disciplina mental. Pegue esta cita de Stuart Wilde en un espejo:

 

Al controlar al ego tiendes a disolverlo. Se siente muy amenazado por su pérdida de poder. Pero tienes que perderte a ti mismo con el fin de redescubrirte. Una vez que la seguridad de espíritu te imbuye, ves cómo la disciplina mental mejora tu vida. Llega un momento en que el ego se relaja al ver que el nuevo rector de tu existencia es tan firme como una roca.

 

La disciplina mental es lo que usted está buscando. Supere la tendencia del ego a empujarle hacia el engaño. O no diga nada o deje que brote la verdad. Pronto se convertirá en un hábito y habrá destronado al ego.

• Guarde silencio. Cuando esté inseguro respecto de si decir la verdad o tergiversarla porque tiene la impresión de que la verdad será en exceso dolorosa, entonces no diga nada. No está obligado a revelar cada aspecto de su vida. Tiene derecho a guardar silencio y aprender, en silencio, su lección.

De esta manera se esfuerza por hacer tornar la verdad que quiere abrazar. No hacer nada es más gratificante para el espíritu que mentir. Si nadie está obligado a declarar contra sí mismo según la legislación vigente, también esto rige para lo espiritual.

• Establezca una verdad personal que sea inexpugnable para las fuerzas exteriores. Sencilla mente, comprométase a practicar la verdad y a no tener en cuenta la buena opinión de las otras personas.

Una manera de no temer, al rechazo es saber que siempre se encontrará con alguna desaprobación, con independencia de cuál sea su posición; entonces, uno es libre para ser quien es en realidad, según Dios le creó.

No deje de recurrir a la santa naturaleza de su amorosa esencia divina siempre que se sienta tentado de recurrir al fingimiento. No necesita aprobación exterior. Lo que necesita es la verdad para estar en armonía con su yo superior.

• Resista la necesidad de jactarse. Esfuércese por tener un propósito en lugar de ser interesante. Ésa es la manera de actuar del yo superior. Conviértase en el que escucha —el que se interesa por los éxitos y las actividades de otros—, y no necesitará jactarse ni tergiversar la realidad.

• Si se sorprende exagerando, deténgase. Sólo deténgase y corríjase. No tiene que explicar que está corrigiendo su tendencia a la exageración. Limítese a corregir lo que estaba diciendo. Si destierra las tergiversaciones más insignificantes, traerá la verdad a sus conversaciones. Al obrar así le hace saber a su ego lo innecesarias que son sus tergiversaciones.

• Estriba un código de honor. Con sus propias palabras, describa sus intenciones de hacer de la verdad el camino de sus pensamientos y acciones y cesar de engañarse a sí mismo y engañar a los demás. Luego asuma su código de honor por el sistema de leerlo regularmente.

Llegará a irradiar su espiritualidad y habrá descubierto una forma gozosa de vivir.

• Tenga la seguridad de que carece de importancia que le concedan mérito. Por último, recuérdese que cuando está cumpliendo con la misión de su vida, los méritos y los halagos no tienen importancia.

La paradoja de esto es que cuanto más busca aprobación, menos recibe. Nadie aprueba a quien busca aprobación. El hecho de abandonar la necesidad de la aprobación externa le deja en libertad para abrazar la verdad.

El viaje de la búsqueda espiritual implica abandonar al ego. Su ego estaba presente en muchos de los comportamientos descritos en este capítulo. E incluso el admitir que le son propios a usted, supone un paso en dirección a su yo superior.

Las palabras de Rumi lo resumen:

 

Cuando por fin veáis a través de los velos cómo son las cosas en realidad, no dejaréis de decir una y otra vez: «Desde luego, esto no es como pensábamos que era».

 

Los velos son las tergiversaciones. Use su código de honor para desprenderse de ellas. Entonces estará de acuerdo con Rumi: «Esto no es como pensaba que era». Será más de lo que jamás hubiera podido imaginar cuando el ego le apartaba del camino de su búsqueda espiritual.

 

 

10

 

Del miedo al amor

 

He visto la verdad.

No es como si la hubiera inventado con la mente.

La he visto, VISTO,

y la imagen viviente de ella,

ha llenado mi alma para siempre…

Si en un día, una hora,

todo pudiera arreglarse a la vez,

lo más importante es AMAR.

Fiódor DOSTOYEVSKY

 

 

Sé que la esencia misma de mi ser,

y la forma de transformar mi vida,

es el amor

 

Puede que crea que lo contrario del amor es el odio. Yo no veo estas dos emociones como opuestas. De hecho, el amor y el odio con frecuencia se encuentran muy próximos. Para mí, lo contrario del amor es el miedo.

El amor y el odio son poderosas emociones que pueden darse de manera simultánea. Hay cosas que amamos. Hay cosas que odiamos. ¿Por qué fingir que no es así? Hay momentos en que amamos lo que odiamos y momentos en que odiamos lo que amamos.

Pero cuando uno tiene miedo, no tiene amor. El ego usa el miedo como medio para mantener el amor auténtico fuera de su vida. Cuando el amor no está presente en su vida, usted ha sucumbido ante el ego y permitido que el miedo entre donde el amor reside. Ha permitido que el ego reemplace a Dios.

El amor, como dijo Dostoyevsky, es lo más importante de la vida. Constituye la esencia del universo. Es el vínculo que mantiene juntas todas las cosas. Es la sustancia de tu yo superior. «Dios es amor» es una tautología, la frase tiene exactamente el mismo significado cuando se la lee hacia delante o hacia atrás.

El ego intenta mantenerle desconectado de su amorosa esencia divina, porque el interés del ego se ha concentrado en el mundo exterior. El ego tiene miedo de morir si usted comienza a desarrollar una relación con la parte interna de sí mismo. Ser capaz de amar a su ego, basado en el miedo, incluso mientras fomenta el miedo —como técnica de supervivencia—, podría constituir uno de los más difíciles retos de su búsqueda espiritual.

Provocar miedo es una táctica del ego, ya sea de su propio ego como del ego del mundo. El ego del mundo es un reflejo del poder del ego individual y de la cantidad de miedo existente. El miedo está presente cuando no sabemos que formamos parte del designio divino de Dios. El ego hace que transmitamos la energía del miedo en lugar de la energía del amor. Y esta energía del amor está presente en todos nosotros durante nuestra breve estancia en el aquí y ahora.

Aprender a gozar de amor auténtico significa abandonar la insistencia del ego de que tiene mucho que temer y de que nos encontramos en un mundo hostil. Para aprenderlo primero hay que examinar su reticencia a abrazar el amor.

 

ASÍ PUES, ¿QUÉ DEBE NO GUSTARLE?

La madre Teresa de Calcuta dice que el amor es el tema central de nuestra existencia. Ella escribió: «Con este propósito hemos sido creados: para amar y ser amados». Estas útiles palabras le recuerdan que comience a dominar su ego, pues usted está aquí con el propósito de amar y ser amado.

Si no está viviendo en amor, ello se debe a que tiene miedo. Necesita examinar con honradez sus miedos, y con amor. Cuando lo haga, transformará sus miedos, mediante el amor, en amor. Abrirá dentro de usted un espacio que sólo puede ser ocupado por el amor. En este espacio tiene un propósito, recorrer el camino del yo espiritual. Pero primero tiene que ver cómo sustituir el miedo por amor.

Su ego fomenta de manera constante el miedo porque teme al auténtico amor. Este falso yo ayuda a convencerle de que, de alguna forma, usted está incompleto. Ésa es la fuente de todos los miedos. Así que usted, como mucha gente, intenta llenar ese vacío con las soluciones del ego.

Temeroso de que su vacío, su ser incompleto, quede al descubierto, dedica una gran cantidad de tiempo a crear una falsa imagen de felicidad. Pero si se detuviera y llevara a cabo una valoración realista, podría percibir que el sentimiento de ser incompleto es la llamada que le hace una parte de usted mismo que ha repudiado.

¿Qué puede no gustarle de la inteligencia universal que fluye a través de usted? Darle la bienvenida al ser espiritual que usted es, tener una experiencia humana y sentir el amor que hay en ella… ¿qué puede no gustarle de eso?

El miedo a dejar al descubierto su vacío hace que busque de forma constante relaciones que el ego le dice que satisfarán el anhelo que hay en su interior. Lo que sucede es que cuando se entra en una relación se está hambriento del amor que supone el yo superior. Su anhelo se encuentra enmascarado, finge ser otra cosa. No es de extrañar que tanta gente piense repetidamente que ha encontrado el amor, y repetidamente declare haberlo perdido.

Qué diferente es cuando se puede detectar el vacío interior y pensar: «¿Qué puede no gustarme? Este anhelo forma parte del ser humano y del conocimiento del amor». Entonces le hará saber al ego que el miedo no es lo que prefiere. Imagínese cómo podría ser nuestro mundo si la gente supiera que ya está completo.

¿Qué necesitaría comprar? ¿Qué tendría que poseer? ¿A quién debería impresionar? ¿A quién necesitaría llevar del brazo? Las respuestas le darán una idea de cuan a merced estamos del miedo de que somos incompletos, inaceptables, y lo inconscientes que somos de nuestra conexión divina.

El miedo que sustituye al amor no es nada más que un miedo a que nos rechacen. A la práctica totalidad de los miedos puede seguírseles la pista hasta la propia estima. Si se ama a sí mismo, será capaz de transformar sus miedos mediante el amor, y no permitirá que dirijan su vida.

Si tiene una sensación interna de estar completo, de conocer la esencia divina, el miedo se convierte en una amorosa invitación a saber más o a cambiar algo en su vida. El miedo ya no le amenazará como hacía cuando no conocía su yo superior.

Hace poco, mi esposa pasó una semana de meditación silenciosa en un monasterio de California del Norte. Acudió allí para tener una experiencia de Dios más profunda; para trabajar en su libro sobre la forma espiritual de abordar el parto y el cuidado del bebé; y para vivir toda una semana de silencio, oración y meditación. Se sintió hondamente afectada por el contento y amor que halló dentro de aquella comunidad de personas que habían vivido allí durante décadas. Dijo no haber sentido ninguno de los miedos que tan a menudo son una parte aceptada de la vida.

Cuando se conoce íntimamente el yo superior, uno tiene a su disposición una profunda sensación de amor, y el miedo, tal y como se conocía, se convierte en un imposible. Con esto en mente, la respuesta a la pregunta retórica «así pues, ¿qué debe no gustarme?», es que no hay en absoluto nada que no deba gustarle. No hay nada que temer cuando uno sabe que es una criatura divina y está completo, y que no tiene que hacer nada para demostrarlo.

No tiene por qué ingresar en un monasterio y vivir en silencio para llegar a esta respuesta. Sólo tiene que hacer el voto de reemplazar el miedo por amor. Cuando sea capaz de hacer esto, estará escuchando a su yo espiritual.

 

CENTRARSE EN EL MIEDO Y CENTRARSE EN EL AMOR

Cuando dedica tiempo y energías a preocuparse por cómo le ven los demás, está en las garras de su ego. El miedo será su constante compañero. Concentrarse en el miedo es el vehículo que usted usa para expresar su condición humana. El vehículo es el transporte que ha escogido, las ropas que viste, las posesiones que ha acumulado, el dinero que tiene…

Estos vehículos pueden convertirse en el centro de su vida. Son intentos de hacerle saber al mundo y hacerse saber a usted mismo lo importante que es, y de satisfacer la insistencia de su ego en su reconocimiento.

Centrarse en el amor no requiere preocuparse por impresionar ni necesita de los símbolos externos de la condición social. El amor se expresa siempre mediante el servicio de Dios y el servicio a los otros. No le importa cómo viste, en qué lo envuelve para entregarlo, ni lo que piensan los demás. Sólo está preocupado por dar y compartir. El amor no pide nada a cambio. El amor está seguro en su interior, así que no le importa cómo le perciban.

El miedo afirma que lo que puede dar nunca es suficiente, porque procede de las carencias. El amor afirma que fue creado por Dios y que es perfecto. Lo que puede dar siempre será repuesto en una relación no desequilibrada o insana.

Cuando se abandona el miedo, el centro de su vida cambia y cambian los vehículos de su expresión —la búsqueda de aprobación y el evitar el rechazo— a su yo divino y a lo que el auténtico yo expresa.

Su ego, movido por el miedo, intentará convencerle de que el amor no es la respuesta. Detectará pensamientos tendentes a demostrarles algo a los demás, con compras y posesiones imponentes, o con facturas que no pueden atenderse con amor. Estos diálogos internos que mantiene consigo mismo son el ego que le dice que abandone sus inclinaciones superiores. Está tratando de que usted quede prisionero de las carencias, donde reina el miedo.

Cuando tenga este tipo de pensamientos, ha de recordarse a sí mismo que no debe aceptar esta falsa imagen. Es una ilusión pensar que la forma de evitar la pobreza y el rechazo es dejar que sea el miedo quien dirija su vida. Cuando se tiene un propósito, cuando se concentra uno en expresarse por medio del amor, y se despreocupa por la manera en que se manifieste, el universo comienza a hacerse cargo de los detalles. Se es guiado, y la abundancia afluye a la vida. Las relaciones se convierten en espirituales.

Cuando su vida está basada en el miedo, usted tiende a creer que su valor se fundamenta en sus actos. Si actúa bien, usted es digno de aprecio; si fracasa, no vale nada. Así pues, el miedo le impulsará a actuar cada vez mejor para hacerse valer.

El ego se desarrolló en la infancia para proporcionarnos una sensación de seguridad. En la infancia, el miedo a no ser amados se traduce en peligrosa inseguridad. Su ego asumió la tarea de hacer que se sintiera seguro, enseñándole la manera de hacerse querer.

Así que si le elogiaban y decían que le querían sólo cuando obtenía buenas notas, o cuando guardaba los juguetes, su ego decidió actuar, como forma de estar a salvo o ser querido. El ego le amenaza todavía hoy con el miedo a no estar a salvo si no es querido.

De lo que el ego no se da cuenta es de que ese miedo era válido entonces porque no tenía la capacidad de supervivencia del adulto. Eso fue entonces y esto es ahora. Usted es un adulto en el aquí y ahora, y su supervivencia no depende del amor externo. Pero el ego puede llevarle a creer que su supervivencia está amenazada, como sucedía durante la infancia, sin esa seguridad del afecto externo. Ese miedo puede hacer que se pase la vida intentando conseguir los premios equivalentes en la vida adulta, los cuales representan el amor y la seguridad. Aunque esto sólo será cierto si continúa permitiendo que el ego, impulsado por el miedo, dirija su vida aunque la realidad ahora haya cambiado.

Cuando el amor es el centro de su vida, no temerá que sus actos tengan valor. En el corazón, usted sabe que es mucho más que sus actos. Al crecer, ha superado el miedo y entrado en el amor. Sabe que su valor no está nunca en tela de juicio.

Este conocimiento le permite avanzar con el yo superior al timón. El yo superior no requiere que actúe para obtener amor. Los miedos son tomados como vienen, del mismo modo que lo son las tormentas en el mar. No constituyen más que una parte del viaje.

Cuando el miedo es el centro de su existencia, se sentirá decepcionado y ofendido si no recibe cuando da, porque hace lo que hace a cambio de una retribución. Si no es reconocido ni apreciado por los demás, vivirá con la posibilidad de que eso se deba a que es un incompetente o no es querido.

Cuando el centro de su existencia es el amor, no tiene expectativa ninguna respecto de cómo deberían los demás responder ante sus actos de amor. Usted está dedicado a dar y servir, porque eso es el amor. Su yo superior le invita a servir y dar sin expectativas de recompensa. Me agrada sobremanera lo que el psicólogo Rollo May dijo a propósito de esto. Lo llama la esencia de la vida: «Pero la esencia de ser humano reside en que, durante el breve momento en que existimos sobre este planeta en rotación, podamos amar a algunas personas y algunas cosas».

Cuando usted está centrado en el miedo, se preocupa por los vehículos de su expresión, mide su valor basándose en cómo actúa, y retira su amor si no es correspondido. Así actúa el ego, el falso yo. Su yo real, la amorosa esencia divina, se concentra en radiar amor desde el centro de usted mismo, el cual no puede agotarse.

En todos los seres vivos hay células, moléculas, átomos y partículas subatómicas. Dentro de cada una de estas configuraciones de vida existen espacios vacíos entre las partículas. Cuando se las examina, nos damos cuenta de que algo las mantiene juntas. Hay alguna fuerza invisible en esos espacios por donde vagan las partículas. Esta fuerza fue descrita por Teilhard de Chardin con las siguientes palabras: «El amor es la afinidad que une y reúne los elementos del mundo… El amor, de hecho, es el agente de la síntesis universal».

Esta fuerza invisible, el vínculo del universo, es el amor. Cuando está ausente existe el miedo, así como todos los comportamientos impulsados por el ego que se encuentran asociados con él. Cuando está presente el amor, no se tiene miedo, y el ego puede realizar otro cometido.

 

ALGUNOS COMPORTAMIENTOS TÍPICOS BASADOS EN EL MIEDO

Al ponerse en marcha para identificar, entender y cambiar sus pensamientos y comportamientos basados en el miedo y reemplazarlos por amor, piense en esta cita de The Life and Teaching of the Masters of the Far East (La vida y enseñanzas de los maestros del Lejano Oriente): «Cuando el hijo del hombre es elevado hasta el reino en el que se alza por encima de las falacias del reino físico, piensa y actúa en el plano de la más pura inteligencia. Allí distingue entre esos instintos que comparte con todos los demás animales, y las intuiciones divinas que tiene en común con Dios». Esas intuiciones divinas están basadas en el amor. Su yo superior está implorándole que escuche y conozca el espíritu que reside dentro de usted.

La incapacidad para confiar en el amor, que es nuestra esencia, se manifiesta de muchas formas. Descritos a continuación están algunos de los comportamientos y pensamientos más corrientes que indican un ego basado en el miedo.

• Escoger el enjuiciamiento en lugar de la comprensión. El miedo de verse, por ejemplo, despedido, enfermo, mentalmente desequilibrado, sin techo, o de sufrir maltratos, le hace juzgar con espíritu critico a las personas. La presencia amante de su interior le impulsa hacia el amor y la comprensión.

• Un constante diálogo interno de autoenjuiciamiento. Su ego mantiene un constante diálogo crítico para que esté siempre en un estado de miedo en sordina.

• Una apariencia externa que refleja su miedo interior. Su ego quiere que crea que usted no tiene valor, y le ayudará de buena gana a crear una imagen que demuestre que es así. Las manifestaciones como la obesidad o la falta de aseo suelen ser proyecciones de uno mismo basadas en el miedo.

• Evitación de la auténtica intimidad. El ego puede influirle para que evite todo esfuerzo destinado a ser amado por los otros, negándose a permitir el riesgo de un encuentro íntimo o el desarrollo de una relación de este tipo.

• Un modo de vida egocéntrico. El ego a menudo le hace perseguir de modo egoísta sus propias metas a costa de otras personas.

• Excusar su comportamiento egoísta. A menudo recurrimos a excusas económicas, sociales o de otro tipo para defender un comportamiento que no entrega amor. Por ejemplo, usted podría excusar un comporta miento carente de amor y de consideración porque «no es más que mi trabajo» o porque «todo el mundo lo hace».

• Insensibilidad y falta de respeto. Las expresiones de rechazo o rudeza para con los demás se basan en el ego. Las escuchamos en los grandes almacenes, las carreteras, las oficinas, los aeropuertos, los restaurantes…

Éstas son algunas de las expresiones corrientes de un ego basado en el miedo que lucha por mantenerle apartado de la experiencia del amor, que es su verdadera esencia. Antes de comenzar a cambiar estas conductas y pautas de pensamiento, necesita examinar los beneficios. ¿Qué beneficios está recibiendo por escuchar atentamente al ego?

 

LAS RECOMPENSAS DE ACTUAR AL DICTADO DEL MIEDO

Su ego trabaja por su supervivencia. Sus beneficios no son el dinero sino el mantenerse con vida. Los siguientes son algunos ejemplos del pago que recibe por mantenerle en un estado de miedo y alejamiento del amor.

• Su ego no está abierto a establecer un contacto con Dios, porque de inmediato quedaría al margen. Por lo tanto, su ego se dedica a mantenerse en un estado de miedo constante.

Al ego no le gustan las situaciones difíciles porque éstas, con mucha frecuencia, le harán mirar al interior y abrirse a una apreciación más elevada de su yo espiritual. Así pues, su ego impulsa un río de miedo, de cauce muy regular, respecto de sus limitaciones y defectos.

• Su ego está en conflicto con el verdadero propósito que tiene para estar aquí Usted está aquí para dar y recibir amor. Su ego le aleja de ello manteniéndole en un sistema de creencias que afirma que usted está aislado de los demás y que es especial. Este sentimiento de ser diferente y al mismo tiempo especial significa que no puede entregar su amor con facilidad.

• Al aferrarse a los miedos, puede evitar hacer frente a muchos desafíos. Esto puede impedirle realizar los cambios que le harán entrar en contacto con su yo espiritual. Mientras tenga dudas acerca de sí mismo y todos sus miedos concomitantes, le garantizo que permanecerá esclavizado por su falso yo.

• Su ego crece con la culpabilidad. Su yo superior sabe que debería perdonarse, aprender de los errores y despojarse de los sentimientos de miedo y ansiedad.

Pero el ego le imbuye de sentimientos de culpa para poder crecer. El sentimiento de culpa es el miedo interno de que deberá pagar un precio por todos y cada uno de los errores que ha cometido en la vida. Así que el ego le convence de que tiene que sentirse culpable, y eso le mantiene apartado de su verdadero espíritu.

• Su ego no rechaza el amor. Se limita a proporcionarle excusas de por qué debe mostrarse escéptico respecto de que usted es una criatura divina.

La voz del ego le susurra que el amor es un ideal elevado… pero lleno de peligro. Existen muchas probabilidades de que resulte herido, así que debe proceder con cautela. El quiere que no entregue demasiado amor porque podrían aprovecharse de usted. Como usted es tan especial, le dice, los demás quieren aprovecharse.

Todas esas ideas le mantienen en un estado de miedo; no pánico, sólo miedo. Una constante ansiedad a propósito del dar y el recibir amor basta para mantenerle bajo la influencia del ego.

• El ego fomenta el falso amor. En sus relaciones con los demás, su ego le convence de que su pareja es justo lo que necesita para llenar el vacío de su interior. Esto es un engaño que le impedirá conocer el amor y la paz.

Por definición, si usted está incompleto, eso es lo único que tendrá para dar, porque no puede dar lo que no posee. Le dará a su pareja una persona incompleta que tiene miedo de que la descubran. No hay manera de que el amor auténtico pueda florecer en este tipo de atmósfera. Será incapaz de conocer el amor y de recibirlo sin cuestionarlo.

 

ALGUNAS IDEAS PARA TRAER A SU VIDA EL AMOR

• Haga una copia de este pasaje de Hojas de hierba de Walt Whitman. Péguela al espejo y léalo cada mañana. Le ayudará a abrirse al amor que busca y a exorcizar los miedos.

 

Existo como soy, con eso basta.

Si nadie más en el mundo lo sabe, permanezco sentado, contento, y si cada uno y todos lo saben, permanezco sentado, contento.

Un mundo lo sabe, y para mí es con mucho el más grande, y ése soy yo mismo. Y si recibo el reconocimiento hoy o en diez mil o diez millones de años, puedo recibirlo ahora con alegría, o con igual alegría, puedo esperar.

 

• Recuerde que Dios le creó con un amor que es inmutable y eterno. Su cuerpo está cambiando, al igual que su mente, así que usted no es ni su cuerpo ni su mente. Usted fue creado como espíritu de puro amor. No se aparte de ello.

Al reconocer y afirmar esto cada día, perderá su miedo a ser indigno e incompleto. El mero hecho de recordar de modo constante la afirmación de que es una creación de Dios, ahuyentará los miedos.

• Perdónese y déle la bienvenida al amor. Cuando usted llega a hacer esto, se produce una especie de equilibrio. En lugar de sintonizar con la culpabilidad, uno se entrega al júbilo y la ayuda. Usted comenzará a llevar a cabo la tarea por la que originalmente llegó aquí.

• Fíjese en los actos de bondad de otras personas y no en sus malas acciones. Así es como le ve el ser superior. Todos somos almas buenas, amantes, que en ocasiones se pierden. Cuando usted llega a centrarse en lo bueno de otra persona y retenerlo en la mente, está actuando según su yo superior. Esto puede ayudarle a disipar el miedo y el enojo.

• Recuerde lo mucho que tiene para entregar, y lo precioso y valioso que es lo que entrega. Por su interior corre la misma energía que permite moverse a los planetas, el movimiento de rotación de la Tierra, germinar a las semillas, y a las flores abrirse. No hay un Dios distinto. Existe una sola inteligencia universal que fluye a través de todos nosotros.

Es la energía del amor. Recuerde eso cada vez que dude de que es una criatura divina. Afírmese que es divino, que ama y es amado y que no se dejará presionar por su ego. Recuerde que a través de usted fluye la misma energía que fluyó a través de Jesucristo y Buda. Esto debería servirle cada vez que sienta que su ego furtivamente trata de implantar en su mente miedos y dudas.

• Demuéstreles a los demás que los ataques verbales son insignificantes. No les entregue a otros su energía discutiendo con ellos. Limítese a pasar de largo cuando otros intentan que se sienta culpable.

Tenga la seguridad de que ha regresado de las tinieblas a la luz y que está permitiendo que su yo más luminoso le muestre el camino. Admita que antes le gobernó el ego, pero que ya no es así. Si otras personas continúan insistiendo en que debería sentirse culpable, niéguese a hacerlo.

• Acepte que usted es digno de aprecio tal como es. Cuando su ego comience a intentar que usted sienta miedo, diga con lentitud: «¡Yo soy digno de aprecio!». No necesita ser nada que no es. No necesita demostrar lo que vale. No necesita consentir que su ego le imbuya de miedos para mantener alejado a su verdadero yo.

• Reconozca ante usted mismo cómo se ha dejado guiar por su falso yo, y el hecho de que ahora ha elegido una guía diferente. Con el yo superior como su nuevo guía, puede Alcanzar su meta y relajarse. Ya no tiene que demostrar quién es, sino que puede comenzar a recorrer la senda del amor.

Esta atmósfera interior borrará los pensamientos enjuiciadores que antes fueron sembrados y alimentados por el ego. En lugar de sentirse asustado u ofendido, como sugiere el ego, penétrese de amor y de comprensión. De ese modo, no le será dable pensar que es mejor, más inteligente o tiene más suerte que otros.

• Acepte el riesgo de la intimidad siempre que le sea posible. Cuéntele cómo se siente a alguien por quien sienta afecto, aunque esté presente el miedo. ¡Hágalo! Al emprender esta acción contra su miedo a la intimidad, invita a su yo superior, a su amorosa esencia divina, a reemplazar las tácticas del ego.

Acérquese y arriésguese a decir cuánto ama y aprecia a alguien. Dígale a esa persona que está dispuesto a ser vulnerable para conocerla mejor. Esta forma sincera de expresarse puede vencer el miedo a la intimidad. Recurra a cualquier medio para expresar amor, e intente hacer caso omiso del vehículo de expresión. Lo que cuenta es la sustancia de lo que usted es y siente, no el vehículo que emplee.

• Si esos miedos comienzan a regresar, deténgase y formúlese la pregunta que antes planteé: «Así pues, ¿qué debe no gustarme?».

No puede tener un pasado mejor, así que abandone la idea ahora mismo. Hizo lo que sabía hacer. Esos errores de su pasado estuvieron dirigidos por el ego, que quería tenerle en su poder. Escuchó a su falso yo y retrocedió con miedo ante la idea de que alguien conociera su verdadero yo.

Se apartó del amor, pero ahora ha regresado y ha escogido el amor. En lo profundo de usted sabe que fue concebido para el amor y la felicidad. Sencillamente permitió que su falso yo le alejara del divino amor que es su esencia.

Puede elegir el regreso a la brillante luz del amor que siempre se encuentra con usted. Usted es ese límpido amor. Acuda allí con frecuencia y todos sus temores serán reemplazados por ese amor que siempre le acompaña.

Deje que sus pensamientos se asienten en el amor, y que sus acciones se originen en este amor. Ésa es la realización de su yo superior. Es el cumplimiento de su búsqueda espiritual. En verdad puede tomar la decisión de librarse del miedo y la duda.

¡No existe libertad más grande!

 

 

11

 

De la apariencia externa a la sustancia interior

 

no consiste en recibir honores

sino en merecerlos

 

 

Mis juicios me impiden

ver lo bueno que hay

más allá de las apariencias

 

La plegaria que más a menudo se cita en el mundo occidental incluye las siguientes palabras: «… hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». Para el ego, el tener el cielo en la tierra significa ser la persona más rica y famosa de este reino. Para su yo espiritual, «el cielo en la tierra» significa que no existen dichas distinciones.

En la tierra, insiste el ego, usted debe perseguir las apariencias y las adquisiciones. El principal motivo de su vida aquí, según el ego, tiene que ver con las apariencias, y su apariencia está por encima de sus más profundos sentimientos. Su carrera profesional, la calidad y cantidad de sus posesiones, y los oropeles del éxito, son hacia lo que el ego quiere que dirija su energía. Esto es muchísimo más importante para el ego que la vida interior.

Pero todos somos conscientes de la vacuidad y futilidad de la forma de ser del ego. Usted está leyendo este libro en parte porque es consciente de que, con el fin de tener una experiencia de vida más profunda y rica, tiene que saber cómo apartarse del ego y dirigirse hacia el yo interior, que le ofrece la amorosa esencia divina.

 

IR MÁS ALLÁ DEL MUNDO DE LAS APARIENCIAS

Para entender cómo funciona el ego, usted tiene que darse cuenta de que esta falsa visión de sí mismo cree que la Tierra es la única morada. Si usted se reconoce sólo como un terrícola, como quiere el ego, su felicidad y satisfacción tendrán que ser realidades físicas, cosas.

Pero hay un aspecto de usted que sabe que estas cosas no proporcionan la satisfacción espiritual que supone la promesa de la búsqueda espiritual. El planeta Tierra no es su única morada. Lo que éste ofrece es satisfactorio solo en parte para el invisible yo que habita en su cuerpo. Esa faceta interna sabe que esta vida en la Tierra no es el último destino.

Sin embargo, a la mayoría nos ha convencido el tenaz y decidido ego, de que las apariencias son lo que cuenta en la vida, y que las recompensas se obtienen por las apariencias. El yo interior sabe que todo esto es muy fugaz porque las recompensas que usted obtiene de la juventud y la fuerza física, por ejemplo, disminuirán al deteriorarse esas cualidades físicas.

Su yo físico observa eternamente las transformaciones físicas del cuerpo. Este reino del yo superior está gobernado por un yo interior que es consciente de las realidades de la Tierra y de las realidades del cielo. Es inmune a las exigencias del ego para que concentre toda su energía en el plano terrenal.

He aquí cómo lo describe Nisargadatta Maharaj: «El mundo es la morada de los deseos y el miedo. No puedes encontrar paz en él. Para hallar paz debes trascender el mundo». Y eso es en verdad el cielo en la tierra: una experiencia de paz interior sin idolatría de las posesiones y apariencias.

La perspicaz respuesta a la plegaria «… hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» se halla en el conocimiento de que el cielo no es este mundo. Es el mundo de Dios, el reino donde usted ha destruido todo lo que ha acumulado y donde encuentra la paz a la que hace referencia Sri Nisargadatta.

Su yo superior está más allá de este mundo de vida y muerte donde las apariencias son lo más importante. Vea cómo esas apariencias han triunfado sobre el yo espiritual.

• Juzgar a los demás por su apariencia. Un rasgo común de la persona guiada por el ego es el de juzgar a los demás por las medidas externas de sus posesiones, apariencia y conducta.

A menudo, tras el enjuiciamiento, se decide no fomentar la amistad con alguien, basándose en su posición social. De todas formas, es una técnica de la que se sirve el ego para impedir que usted conozca su yo superior.

Todo enjuiciamiento relativo a las apariencias no es más que un modo de verse a uno mismo como mejor por comparación con otra persona. El ego hace que se ratifique su diferenciación de los demás, y le encanta mantenerle en dicho estado. De esa forma consigue evitar que se sienta conectado con el universo.

Cuando uno habla con su yo superior, se aprende que, en parte, se tiene la misma divina esencia que nos conecta a todos con la fuente del espíritu. Su yo interior confirma que usted no es en nada mejor que otra persona y que no necesita ni juzgar ni compararse con otros. Hay un solo Dios, una fuente con muchas manifestaciones.

Cuando uno tiene conciencia de esto, no se puede ver a los demás en términos de lo que poseen o de lo que parecen, ni siquiera de la forma en que se conducen. Se relaciona con las otras personas en función de la divinidad que fluye a través de ellas, que constituye una manifestación de la energía que da soporte al mundo físico. En la senda de la búsqueda espiritual, uno experimenta la energía que fluye a través de sí y de los demás.

Entonces se es capaz de entregar amor y bondad, sin reparar en las apariencias, porque se siente la energía espiritual. El yo superior nos lleva a recordar la verdad acerca de alguien, incluso cuando ese alguien lo ha olvidado.

Usted ya no juzgará a los seres, con los que se encuentre, que sigan la senda trazada por el ego. Usted será capaz de limitarse a observarlos con amor mientras su cuerpo se relaciona con ellos, percibiendo la amorosa esencia divina, aun cuando ellos no la sientan. Usted y Dios estarán unidos cuando se sigan los dictados del yo superior.

Gracias a esa conjunción, usted será serenamente consciente de que esta morada llamada Tierra es transitoria, y que, en ella, sus habitantes y las posesiones de los mismos nunca permanecen iguales. Sufren un constante cambio. El cielo, por el contrario, es inmutable y eterno: en él no hay enjuiciamientos, ni posesiones, ni posiciones sociales.

«Así en la tierra como en el cielo» no debe ser una expresión vacía, sino un conocimiento de que su yo superior le insta a descartar cualquier pensamiento de que se encuentra separado de los demás y de Dios. «Así en la tierra como en el cielo» significa comenzar a vivir sin Las falsas ideas que fomenta el ego.

Desde luego que muchas personas se conducirán según los dictados de su ego. En esos momentos, su tarea es recordar al yo interior que ellos han olvidado. Evite la tendencia a aceptar la invitación del ego a juzgarlas. También esas personas son criaturas de Dios. También ellas tienen la fuente de la bondad fluyendo por su interior, aunque lo hayan olvidado o permitan que el ego domine sus vidas. Pero la conducta de quienes están dirigidos por su ego no es una razón para que usted haga lo mismo.

Estas personas aprenderán de sus propios comportamientos. Pero para hallar la respuesta usted necesita consultar a su espíritu. Ésta es la manera de dominar al ego y conocer la paz que proviene de la negativa de juzgar a otros. Esto no quiere decir que deba aprobar la mala conducta de otros ni que no deba hacérseles responsables de su comportamiento. Lo que usted necesita es hablar con su yo superior, y negarse a juzgar o a creerse mejor como resultado de comparaciones.

• Juzgarse a uno mismo basándose en la apariencia. Si ha permitido que su ego le convenza de juzgar a otras personas por su apariencia, es probable que se inflija el mismo castigo a usted mismo. Cuando uno examina su vida con evaluaciones basadas en las apariencias externas y se concluye que no se ha estado a la altura de nuestro potencial, uno puede estar seguro de que el ego se alegra con ello.

Cuando usted necesita más de cualquier cosa para sentirse bien consigo mismo, usted se halla en una carrera sin fin, y no puede alcanzar el goce espiritual. El camino para salir de esta trampa que hace que nos rechacemos a nosotros mismos es reconocer que el reino terrenal no es la única morada. Edgar Allan Poe nos recuerda: «Todo lo que vemos o parecemos, no es sino un sueño dentro de un sueño». Cuando uno sabe que la vida es un sueño dentro de otro sueño mayor, se pueden abandonar las apariencias como escala de valor.

Comience por entender que el sistema de creencias del ego es similar a sus sueños nocturnos, en los que usted cree que el sueño es real mientras duerme pero que al despertar ve que era una ilusión. Toda la vida es una proyección de la mente: un sueño dentro de un sueño. Sabiendo esto, usted puede hablar con su yo superior y olvidarse de acceder a las exigencias del ego.

El cielo en la tierra comienza a darse cuando uno abandona la falsa idea de que tiene que demostrarle a alguien que ha adquirido las credenciales necesarias para que le consideren una persona de éxito. Aún recuerdo cuando, hace años, llegué a darme cuenta de esto.

Fue en una consulta con un hombre al que llamaré Richard, que había conseguido todo eso que la mayoría de los que vivimos en el mundo occidental consideraríamos necesario para que nos tuvieran por unos triunfadores. Era multimillonario, tenía varias mansiones y había viajado por todo el mundo. Pero tan sólo había llevado una existencia centrada en lo externo. No conocía ninguna otra forma de vivir, estaba atrapado por ese modo de vida.

Durante los meses en que trabajé con Richard, quedó claro que las apariencias no crean paz y que la paz es lo que ofrece el yo superior. Richard necesitaba constantemente compararse con los demás para quedar por encima de ellos. Su ego estaba trabajando horas extras para ratificar su superioridad.

Así que se encontraba atrapado en una vida de lucha con el objeto de demostrar su valor y dedicándose a tener aventuras con mujeres más jóvenes, a comprar las ropas y los perfumes más caros, y obsesionándose por la pérdida del cabello… No se llevaba bien con sus hijos, ya mayores, a todas horas estaba preocupado porque su esposa descubriera sus devaneos y se divorciara de él, lo que le dejaría sin un duro y con la sensación de no valer nada. Richard había escuchado a su ego durante toda la vida, y aunque había edificado una fachada de éxito, se sentía desdichado.

Vivía con el terror de que si perdía su apariencia de triunfador quedaría como un ser poco digno de aprecio. Anhelaba una vida más satisfactoria, pero no tenía ni idea de que su falso yo le hacía renunciar a su búsqueda espiritual. Poco a poco, comenzó a descubrir el viaje interior y empezó a prestarle menos atención a los dictados de su ego.

A medida que trabajábamos en las sesiones, descubrí las ilusiones a las que el ego nos estaba sometiendo tanto a Richard como a mí mismo. También yo estaba siendo dirigido por mi ego, porque me habían enseñado que el éxito se medía por las realidades externas. Observé a Richard y supe con facilidad que yo podía acabar con los mismos miedos y valores superficiales. Tuve la sensación de que me había sido enviado para que yo comprendiera aquello. Incluso hoy, veinticinco años después de aquello, pienso en Richard cuando tengo la inclinación de poner las apariencias por encima de lo realmente importante.

Richard murió hace unos pocos años. Él, al igual que sus posesiones, han cambiado en algún sentido. Su espíritu está vivo y se encuentra en un lugar donde no existen escalafones, ni posesiones, ni distancia respecto de la energía madre. El cielo en la tierra significa adquirir esa conciencia y dejar que el ego se jubile.

En uno de sus momentos de mayor iluminación, Robert Frost acuñó estas palabras:

 

Perdona mis actos sin sentido como yo perdono los actos sin sentido de aquellos que piensan que obran con sentido.

 

Hacer hincapié en medir la vida de uno basándose en las adquisiciones o éxitos externos no es más que un sin sentido. Este hincapié en la apariencia se presenta en la vida bajo muchos aspectos.

 

CÓMO AFECTAN A SU VIDA LAS APARIENCIAS

Centrarse en las apariencias es una de las maneras más comunes que tiene el ego de dominar su existencia cotidiana. Con el fin de superar estas inclinaciones que se apartan de la esencia, usted tiene que identificar esas tendencias a medida que se presentan. He aquí unos cuantos de los ejemplos más frecuentes de este tipo de pensamiento y comportamiento.

• Estar más preocupado por su apariencia que por su propósito. (Obsesión con las joyas, los cosméticos y la ropa; dedicar grandes cantidades de tiempo y dinero a vestirse.)

• Perseguir notas, recompensas y símbolos externos de éxito en lugar del júbilo del mero participar y aprender. (Ver sus trofeos, condecoraciones o signos de mérito como criterio de su valor; creer que las notas de sus hijos son lo más importante que recibirán en el colegio; alentar a su hijo a complacer a los profesores a costa de la paz interior del niño.)

• Un tipo de conversación que revela cuánto control tiene el ego sobre su existencia. (Dedicar una gran cantidad de tiempo a hablar de sus éxitos y victorias sobre otros o sobre el entorno; hacer comentarios sobre otras personas y sus limitaciones y señalar de modo constante su superioridad: por ejemplo, decir: «Yo nunca haría nada semejante y no puedo entender cómo alguien puede hacerlo»; emplear sus acciones como patrón de los demás.)

• Estar preocupado por el coste de las cosas. (Emplear el precio como indicador de valor; preguntar siempre cuánto cuesta algo o cuánto le pagaron a alguien; usar el dinero no sólo como un indicativo del éxito y de la posición, sino como criterio medular de pensamiento en la vida.)

• Creer que uno solo es un cuerpo. (Estar insatisfecho con su apariencia y andar a la caza de cumplidos para, indirectamente, contrarrestar su sensación de ser poco digno de aprecio; valorarse a sí mismo y su felicidad sobre la base de los cambios físicos como el descolgamiento, las arrugas, las canas o la menor vitalidad: todo lo descrito son señales de que su ego le ha convencido de que usted es exclusivamente un cuerpo y de que está deteriorándose con rapidez.)

• Permitir que la industria publicitaria le controle. (La publicidad, en todas sus formas, responde, por lo general, al intento de convencerle de que usted está incompleto y necesita comprar algo para realizarse. En consecuencia, se ve bombardeado en casi todos los momentos en los que se expone a la publicidad de los medios de comunicación, la cual le insta a que consuma para realizarse como persona. Leer, escuchar y mirar de forma permanente estos mensajes es una prueba del control de su ego.)

• Señalar las limitaciones de los otros. Dedicar tiempo a describir lo que considera imperfecciones, como una nariz grande, una voz desagradable, una personalidad engreída o un proceso de mal envejecimiento.

El hábito de reparar en lo descrito es una estrategia de su ego para convencerle de que usted es mejor que las personas a las que está criticando. Por supuesto, esto continúa impidiéndole ver la amorosa esencia divina que reside, invisible en esos «abrigos raídos sobre un palo», como llama Yeats a las personas independientes de su alma.

• Luchar para obtener reconocimiento. (Angustiarse por no recibir lo que piensa que «merece en justicia» dentro del mercado laboral; sentirse herido y deprimido cuando sus esfuerzos no son recompensados con una posición, un título o un contrato mejores). A menudo, esas recompensas no sirven para otro propósito que el de aportar una base para que su ego proclame su mundana superioridad.

Los relatos cotidianos que informan de los salarios astronómicos de la gente del espectáculo y los atletas son una prueba muy visible de esta actividad del ego. Resulta irrelevante que las cantidades sobrepasen la capacidad de esas personas para gastar incluso después de que un enorme porcentaje se lo lleven los impuestos. Estamos ante unas exigencias dictadas por el ego, que lleva a esas personas a la falsa creencia de que se les está insultando si alguien de su profesión recibe un sueldo superior.

Muchas de estas personas se apartarán de su profesión, al permitir que su ego los convenza de lo correcto de sus actos. Puede que se sientan insatisfechas, infelices y desdichadas, pero se ha vuelto más importante apaciguar el ego que su vocación, así como recibir una compensación que está muy por encima de lo suficiente, con independencia de lo que cualquier otro esté ganando. Esta agitación interna por no recibir reconocimiento o compensación complace al ego, porque cualquier inclinación a dirigir la atención hacia el yo superior se distrae cuando uno se enfrenta a la agitación.

• Trastornos alimentarios. La mayoría de los trastornos alimentarios son, en un principio, esfuerzos por estar a la altura de unos modelos que alguien cree que aportan felicidad. El ego ha convencido a las personas que tienen problemas alimentarios de que su verdadera esencia está emplazada en el valor de su apariencia.

Esta gente se preocupa tanto por la apariencia como para excluir la mayoría de los otros aspectos de la vida, y al final destruye sus cuerpos intentando hacerlos perfectos a ojos de los demás.

 

QUÉ OBTIENE DE SU EGO

El proceso de superar la preocupación excesiva por la apariencia y hacer hincapié en la sustancia llega al entender por qué el ego controla su vida. A continuación encontrará algunas de las razones más corrientes por las que esto sucede.

• La principal función de su ego es evitar que conozca su yo superior. Todas las apariencias son máscaras que uno lleva para ocultar su yo espiritual, que no se preocupa en absoluto de las apariencias, las adquisiciones ni el poder.

Si su yo superior gobernase su vida, el ego ya no podría funcionar como lo hace.

• La ansiedad por la carrera profesional garantiza que uno no está mirando a su interior. La preocupación constante por la carrera profesional y otros papeles semejantes impide que conozca su luz interior. Todos esos pensamientos sobre decisiones destinadas a llevarle a un determinado nivel en su profesión son en realidad pensamientos del ego que siembran en usted la ansiedad.

• Usted intenta llenar el vacío que el ego le dice que tiene dentro de su ser. Si cree que es lo que posee, usted está centrado en lo externo. Hacer hincapié en las propiedades le mantiene en el ámbito de las adquisiciones. El ego quiere que se sienta incompleto, de forma que se entregue a una carrera de adquisiciones para intentar llenar el vacío.

Si cree que necesita algún objeto con el fin de tener valor, nunca verá lo inmaterial, que es el verdadero valor. Así pues, el ego le hace comprar cada vez más, con el fin de asegurar su propia supervivencia.

• Su ego quiere ser el señor de todo lo que hay en su vida. Él sabe que su facultad más sabia tiene respuestas que son permanentes y que le proporcionarán un pasaje para la búsqueda espiritual. Esta necesidad de estar al mando de todo es la necesidad que el ego tiene de control. Si él no tuviese el control, tendría miedo de que usted descubriera la verdad de su auténtico yo.

• El ego hace que usted se resista a correr riesgos y realizar cambios. El ego no quiere que usted tenga ni idea de los beneficios de correr riesgos y permitir cambios en su existencia. Esas ideas son peligrosas desde el punto de vista del ego. El ego cree que es más seguro para usted concentrarse en las apariencias antes que vivir el júbilo interno.

Este mensaje ha ayudado a crear el entorno en el que usted vive, que está mayoritariamente de acuerdo con la egocéntrica idea de la apariencia como criterio más importante que los valores internos. El déficit espiritual resultante se encuentra en la raíz de todos nuestros problemas.

 

ALGUNAS IDEAS PARA IR MÁS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS

• Tómese unos instantes para quedarse muy quieto. En silencio, comience a liberarse del apego a las impresiones externas. Puede imaginarse haciendo una enorme hoguera y arrojando cosas en ella. Eche allí sus joyas, ropas, automóviles, trofeos, todo, incluso su título académico. Con cada objeto que vaya a parar al fuego imaginario, sienta que cada vez es más libre.

Una vez más le recomiendo que lea Mutant Message Down Under (Las voces del desierto), de Marlo Morgan. Ella cuenta que se despojó de sus posesiones y recorrió un viaje iniciático gracias a unos aborígenes espirituales. Sólo entonces se dio cuenta de que hacer hincapié en las apariencias nos mantiene alejados de nuestro yo superior.

• Quite las etiquetas que le ha pegado a su vida. Realice un intento de describirse sin usar ninguna etiqueta. Escriba unos párrafos en los que no mencione su edad, sexo, posición, titulación, logros, posesiones, experiencias, herencia ni datos geográficos. Sencillamente escriba quién es, al margen de toda apariencia.

Al principio resulta difícil describir el yo eterno, inmutable y espiritual, esa parte de usted que no se identifica con los sentidos. La observación de que sufrimos de una ceguera particular que sólo ve lo visible podría ser la razón de nuestras dificultades. Cuando quite las etiquetas, verá la parte invisible de su ser.

• Busque la amorosa esencia divina en los otros. Tómese un día para intentar ver la plenitud de Dios en todas las personas con las que se encuentre. En lugar de ver solo otro ser físico, diga para sí que el Cristo de mi interior está encontrándose con el Cristo del interior del otro. O pase un día recitando en silencio la palabra «amor» siempre que se encuentre con otro ser humano. Esto tiene un efecto tan poderoso que podría decidir usarlo como un silencioso mantra a lo largo del día.

Cuando podemos reemplazar nuestro yo físico por la energía espiritual que hay en todos nosotros, no ha lugar para el enjuiciamiento.

• Defienda al ausente. Cuando se encuentre en una conversación en la que se ataque a personas que no están presentes, defienda a esa persona. Adquiera el hábito de ser la persona del grupo que defienda a los que se encuentran ausentes. Puede preguntarse en voz alta cómo explicaría esa persona los aspectos que están siendo criticados, y sugerir que podría haber más de lo que se ve en la superficie.

Este tipo de declaraciones sirve para dominar la necesidad que tiene su ego de comparar y sentirse superior, y sirve a su yo superior, que quiere ayudar a los demás. Ésta es una lección particularmente beneficiosa para enseñársela a sus hijos, los cuales tienen la tendencia a formar grupitos y despellejar al ausente. Pregúntese siempre: «¿Quién está aquí para defender a la persona que no está para defenderse por sí misma?».

• Recuerde que un músculo se desarrolla levantando objetos pesados. Esto también es aplicable al ámbito de lo espiritual. Crecerá espiritualmente mediante misiones cada vez más difíciles. Una de éstas es no tomar en consideración los mensajes del ego para que se evalúe según, los criterios de la apariencia y las posesiones. Pero ha de saber que cada vez que consigue hacer menos juicios respecto de los demás o de sí mismo, se hace más fuerte.

• Practique la compasión y el amor. La presencia de los que no tienen ninguna posesión puede proporcionarle una oportunidad para poner en práctica el amor y la compasión. Use esos casos para reconocer la plenitud de Dios que hay dentro de esas personas, aun a pesar de que decida no contribuir con dinero u algún otro tipo de ayuda.

Los sufrimientos de los otros representan un déficit espiritual. Usted puede mejorar ese déficit con bondadosos pensamientos de amor y compasión, y no con el miedo o las críticas dictadas por el ego.

• Cultive su vocación. Intente cambiar sus objetivos, olvídese del egocentrismo. Piense en su vocación. Recuerde que este mundo es un sistema inteligente y que está aquí para ser amado y tener amor gracias al servicio a los demás. Use su talento e intereses para cumplir a través de su vocación.

Su vida laboral describirá un giro espectacular hacia la abundancia, y usted sentirá que tiene un propósito y que se halla en el sendero de la búsqueda espiritual.

• Afirme. Haga de las afirmaciones una práctica diaria. Créelas o comience por éstas: «Dar de comer antes de comer». En un restaurante, dígales a todos los demás que pidan y ayúdeles antes de pedir usted. En la mesa, ayude a todos los demás a servirse el plato antes de servirse usted. «Dar antes de recibir». Realice un esfuerzo por dar más y estar menos orientado a recibir.

Envíe contribuciones o regalos anónimos. Lléveles regalos inesperados a los amigos, la familia o los desconocidos. Regale un libro que le haya gustado, flores de su jardín, y cualquier otro pequeño objeto por la sencilla razón de dar. Pague el peaje del coche que haya detrás del suyo para practicar el dar sin recibir nada a cambio.

• Reduzca la importancia de las notas. Libere a sus hijos de la presión a la que se los somete por hacer hincapié en las notas. Enséñeles a poner en práctica sus propios intereses y aptitudes con el fin de conocerse a sí mismos y servir a los otros. Esto los ayudará a encontrar su yo superior y descubrir que tienen una fuente de todo conocimiento dentro de sí. Necesitan aprender en un momento temprano de su vida que su valor no se encuentra en los exámenes.

• Practique la generosidad. Recuerde: si no es generoso cuando resulta difícil serlo, no lo será cuando sea fácil. Muchas personas que dan voluntariamente sus posesiones y su dinero no lo hacen porque «tengan que dar». Están en comunicación con un aspecto del corazón relacionado con el servir y compartir.

En algún sentido, todos tenemos que dar. Quizá no en la misma cantidad, pero todos podemos dar algo en servició a los demás.

• Mantenga en todo momento la atención. Perciba lo milagroso que es su propia existencia en cualquier momento, e intente llevar su conciencia a ese momento. Todo lo que hay en su vida constituye una oportunidad para practicar la atención.

Al prestarle atención al entorno y reparar en todo lo que encuentra con una actitud de reverencia, usted supera la necesidad del ego de acumular y consumir. Al actuar así, usted se centra en cada momento de la existencia y lo vive a través de su yo espiritual. Su vida se desarrolla dando importancia a los momentos. Poner atención en los momentos presentes le enseña aspectos profundos del espíritu que limitan la actuación del ego.

Para saber lo que de verdad quiere decirse con las palabras «así en la tierra como en el cielo», tiene que ir más allá del reino de este mundo. C. S. Lewis escribió unas hondas palabras que resultan útiles en la contemplación del reino no físico: «Si hallo en mí mismo un deseo que ninguna experiencia del mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo esté hecho para otro mundo».

Nada del mundo manifiesto satisfará el deseo de conocer el camino de su yo espiritual. El camino hacia el mundo donde el enjuiciamiento resulta imposible, donde no se dedica ni siquiera una consideración a las posesiones y el júbilo es perpetuo, no pasa por la senda del ego. Esa senda se aleja de la experiencia de «así en la tierra como en el cielo».

 

 

12

 

De la lucha a la meta

 

Ir con la corriente de las cosas,

rendirse de buen grado a la razón,

someterse y aceptar el final

de un amor o de una estación

Robert FROST

 

 

Sé que ya soy un ser entero

y que no necesito perseguir nada

con el fin de estar completo

 

El mensaje de este capítulo puede ser resumido en una palabra: ¡alégrese! Su yo superior no le exige nada. No tiene que demostrar quién es ante Dios. Fue creado como extensión de una fuerza espiritual más elevada, la esencia misma del universo. No llegó al aquí y ahora incompleto, en ningún sentido. No tiene que luchar para demostrar nada. A menos que, por supuesto, decida escuchar al omnipresente falso yo, el cual estipula que si no está ocupado en perseguir algo es un fracasado.

Puede resultar difícil alegrarse por fin y entender que la vida es lo que sucede mientras usted está haciendo otros planes. ¡Eso es! Todos y cada uno de los instantes de su vida tienen lugar en el momento presente.

Usar los momentos presentes para perseguir los momentos futuros es una actividad dictada por el ego. Su ego quiere que se sienta incompleto con el fin de poder controlar su existencia. Cuando por fin tenga la posibilidad de decir que ha llegado, sabrá lo que se siente cuando se es libre. Se habrá liberado de su falso yo, el cual podría mantenerle en perpetuo movimiento, persiguiendo más y más, hasta su último aliento.

Su yo superior no quiere que sea un haragán ni que no tenga un propósito, sino que se dé cuenta del poder del conocimiento al que ha llegado. Cuando usted sabe que este momento es su vida entera, no está concentrado en los momentos pasados ni futuros, y se libera del estrés y la tensión que acompañan a la vida de la lucha. Al liberarse, se torna más productivo y calmo de lo que era cuando miraba a sus espaldas o por delante de sí mismo y no permitía que su mente descansara en el centro de quietud del momento presente.

Contrariamente a lo que el ego intenta hacerle creer, no se limitará a vegetar, ni se quedará sin techo ni se convertirá en un irresponsable a la deriva. Lo que sucederá es que se alegrará y se verá tan absorto en su misión que estará más activo. Con este poder, descubrirá que es libre para entregarse a cualquier cosa hacia la que se sienta atraído.

Cuando deje de luchar y comience a saber que tiene una misión divina, y que no se encuentra solo, alcanzará la meta. Esa experiencia le brindará el júbilo de hallarse en el reino del espíritu, donde no hay preocupaciones ni culpabilidades. Estar del todo en el ahora quiere decir que conocerá el cielo en la tierra porque estará por completo absorto en el instante espiritual.

Al examinar algunos nuevos conceptos desde la perspectiva del alma, aprenderá sobre las cosas que quiere cambiar con el fin de acercarse más a la experiencia de llegar a la meta y alejarse de la lucha.

 

LOS COMPONENTES DEL GIRO HACIA LA META

Para vivir el júbilo de saber que está aquí ahora, en este momento —y que hay todo lo que hace falta que haya, todo lo que alguna vez hubo y todo lo que conocerás jamás—, debe aprender a confiar en su yo superior y despojarse de esas arraigadas enseñanzas de todos los egos que han influido en su existencia. Comenzará a darse cuenta de que en el aquí y ahora no está a prueba. No tardará en comprender que su misión es servir y entregar el amor que constituye su esencia básica.

No tiene que hacer más, aunque puede que decida hacer muchísimo. Su principal objetivo es mantenerse centrado en dar y recibir el amor paternal y fraternal, el amor de Dios. Si incorpora las siguientes ideas a la práctica de su misión cotidiana, tendrá éxito en su objetivo.

• La inmaterialidad. El ego intenta convencerle de que la inmaterialidad es un estado de indeseable pobreza. Si experimenta dicho estado, el ego quiere que crea que se debe a que no se ha realizado. El ego insistirá en que sentirse no realizado o vacío es algo inaceptable.

Tiene que crear una relación nueva con la inmaterialidad, el vacío, si quiere describir un giro que le aparte de la lucha y le conduzca hacia la meta de amar su existencia en el aquí y ahora.

Lo inmaterial tiene un valor muy positivo en su vida. Todo fue creado de la nada. Si se sienta en silencio y escucha el primer sonido que se produzca, se ve obligado a admitir que proviene del silencio. De la nada se crea una onda que llamamos sonido. Sin la nada no podríamos tener sonido.

Se considera que el espacio es la nada: sin partículas, sin formas. Así que lo describimos como la nada. Temerle a ese espacio vacío o negar su valor como parte de nosotros significa dudar de nuestra propia existencia. Nosotros llegamos de la nada al mundo de las formas, el aquí y ahora. Tenemos una conexión íntima, tanto con la nada como con el mundo de las formas. Somos ambos. Ambos son parte de nosotros. Necesitamos tanto el espacio como la forma para existir.

Es importante que llegue al lugar donde es posible amar la nada con el mismo entusiasmo que siente por el aspecto material de su vida. Ambos son facetas esenciales de su existencia. En ese espacio unificado hallará el secreto que se encuentra en el centro de su ser, la nada. Ahí se familiarizará con la paz de llegar y renunciar a la ansiedad que se genera al emplear todos sus preciosos momentos en luchar.

• Entrega. Para entender el concepto de la entrega no podrá confiar en su ego. El ego no quiere que ni considere la posibilidad de entregarse. Preferirá que se aferre a la creencia de que tiene que luchar, y que se mantenga dentro de lo conocido.

Cuanto más fiel permanezca a lo que está acostumbrado, más se aferrará a las preocupaciones y estrés que pertenecen al mundo físico. Este comportamiento frenético le mantiene ocupado y le incapacita para establecer conexión con el mundo del espíritu y de su búsqueda espiritual.

Sentirse atraído por lo que le sucedió en el pasado puede estar muy profundamente arraigado en usted por obra de su falso yo. Debe aprender a reconocer el apego que el ego siente por el pasado cuando se sirva de él para mantenerle en la lucha. Renuncie a la creencia de que su pasado es lo que impulsa su presente.

Entregarse significa también aprender a reconocer las señales que le envía su yo superior para hacerle saber que algo dentro de usted requiere atención. Significa entregarse, a no importa qué, en el momento presente. Para muchas personas puede resultar confuso distinguir si es el ego o el espíritu quien se encuentra al timón.

A mí, la imagen de un barco que avanza por la superficie de un lago me resulta útil para diferenciar el ego del yo superior. Veo la estela del barco como un símbolo del pasado. La estela no impulsa al barco. No es más que la pista que deja atrás el movimiento de mi barco imaginario. Lo que impulsa el barco es la energía, generada ahora. Yo no le atribuyo méritos ni culpas al pasado por que el barco haya llegado a un punto concreto del lago.

Luego respiro lenta y profundamente y le pido a mi yo superior que complete el cuadro. Si el barco falla en cualquier sentido, lo contemplo con amor, sin culparlo, entregándome a ello. Esto es muy diferente de las órdenes del ego de continuar navegando de forma constante o más rápido, o de conseguir un barco más grande o más elegante.

Si irrumpe la charla del ego, ello se debe a que se siente amenazado por el ejercicio que está llevando a cabo. Teme mi callada aceptación. Quiere que abandone esa tontería y continúe con la lucha.

Si el ego no se ve amenazado y el barco no falla, entonces sé que estoy a flote. Interpreto el avance del barco como un símbolo de que procedo en la vida sin que la influencia del ego me obligue a mirar hacia el pasado, y de que no estoy haciendo caso omiso de las señales de mi yo superior, con las cuales me indica que se encargará de cualquier daño del pasado.

Si prueba esto y oye una voz crítica que casi le grita que continúe, tenga la seguridad de que se trata de la charla del ego. Entregarse significa entregarse a lo que es, no a lo que el ego quiere que sea ahora ni a lo que el ego piensa que tendría que haber sido en el pasado.

Entregarse significa dejarse ir y estar aquí, en este instante, en ninguna otra parte. Significa saber en su fuero interno que se encuentra aquí, en este momento, y que cualquier cosa que le haya sucedido es como la estela que queda tras el barco. Al observar la estela del barco, se ve que permanece durante pocos instantes y que luego se desvanece con lentitud. Del mismo modo ocurre esto en la vida. Su pasado se desvanece con lentitud y todo cuanto queda es el ahora.

El pasado no puede impulsarle hasta este ahora, y ese pasado no ha de considerarlo el responsable de los problemas del barco. Ello quiere decir que no debe culpar al pasado, ni negar la existencia de un problema. Lo que usted hace es entregarse a lo que está sucediendo en este momento.

Entréguese mediante un nuevo acuerdo con el ahora. Reconozca que su pasado es una huella de momentos que han quedado atrás, y al tiempo sepa que si está teniendo dificultades en el momento presente, debe entregarse a esa realidad.

No permita que el ego le convenza de culpar al pasado del presente, y no le permita que le convenza de luchar para arreglar el problema sin la colaboración de su yo superior. El ego intentará que supere el dolor o la dificultad con soluciones del ego, por miedo a que llegue a sentirse demasiado a gusto con su amorosa esencia divina.

El ego teme sobre todo que su entrega a lo que existe en el ahora le lleve a la entrega definitiva: la aceptación de la muerte, el más embarazoso de los acontecimientos para el ego.

Hace varios años recibí el siguiente texto de un lector de Milwaukee. Se titula There Is No Death (No hay muerte), de autor anónimo.

 

Estoy de pie, en la orilla del mar. Una nave que hay cerca despliega sus velas a la brisa de la mañana y se dirige hacia el océano azul. Es un objeto lleno de hermosura, de fuerza, y yo permanezco de pie y la observo hasta que pasado largo rato se halla suspendida como una pequeña nube justo donde el mar y el cielo se funden el uno con el otro.

 

Entonces, alguien que hay a mi lado dice:

 

—¡Ya está! ¡Se ha ido!

 

Ido de mi vista, eso es todo. Su mástil y su casco son igual de grandes que cuando salió, y ella no es menos capaz de llevar su carga de vida hasta su puerto de destino.

 

Su disminución de tamaño está en mí, no en ella. Y justo en el momento en que alguien que está a mi lado dice «¡Ya está! ¡Se ha ido!», hay otros ojos que contemplan su llegada, y otras voces dispuestas a recoger el alegre grito:

 

—¡Ahí llega!

 

Y eso es morir.

 

La entrega invita a su amorosa esencia divina a estar disponible en todo momento del presente. ¡Qué placer puede entonces ser cada momento! Incluso el final.

• Aceptación. Una vez, cuando me pidieron que definiera la iluminación, lo mejor que se me ocurrió decir fue: «la serena aceptación de lo que es». Yo creo que los seres verdaderamente iluminados son aquellos que se niegan a sentir angustia por cosas que simplemente son como son.

Alcanzar la meta en lugar de luchar significa aplicar la sabiduría de la llamada Plegaria de la Serenidad, de Reinhold Neibuhr: «Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que sí puedo, y la sabiduría para conocer la diferencia». ¡Conocer la diferencia puede ser lo más difícil!

El ego intenta impedirle que posea la sabiduría de su yo superior, manteniéndole en un estado de ánimo atemorizado o dispuesto a la lucha. El ego quiere que crea que debe trastornarse y angustiarse para demostrar que es una persona valiosa que se preocupa por los problemas del mundo. Esta forma, dictada por el ego, de abordar las cosas impide que pueda llegar a convertirse en parte de la solución de lo que puede cambiarse.

La aceptación no implica aprobación. Sólo se refiere a un estado mental que le permite estar en paz y conocer la diferencia entre las cosas que puede erradicar y las cosas que sencillamente son como son. Si se encuentra en un estado de aceptación, se ve libre del estrés y puede estar más abierto para escuchar y ayudar.

Usted no aprende cuando está hablando con otros o enjuiciándose, o enojado consigo mismo. Escuchar en silencio e invitar a su yo superior a participar es el camino para conocer la diferencia entre lo que puede cambiar y lo que debe aceptar como inmutable. La no aceptación podría deberse a que su ego insiste en que su camino es el correcto, en lugar de aceptar lo que podría ser el designio divino de Dios, el cual usted puede percibir.

Existe una solución espiritual para todos los supuestos problemas con los que nos encontramos. Todos nuestros males sociales derivan de un déficit espiritual del que trato en el último capítulo de este libro. Su deseo de remediar esas carencias forma parte del designio divino como las carencias mismas. Cambiar de la no aceptación y el enjuiciamiento a la aceptación, se convertirá en parte de la solución.

La aceptación significa llegar a un lugar de paz. Es el lugar al que William Blake se refirió al escribir lo siguiente: «Si las puertas de la percepción estuviesen límpidas, todo aparecería tal y como es… infinito». Limpie esas puertas del enjuiciamiento y verá a su yo superior que le dice que éste es un universo divino y un sistema inteligente del cual usted forma parte. Incluso aunque no entienda cómo ni por qué tantas cosas ocurren tal como ocurren, ésa no es una razón para molestarse por ellas. La aceptación lleva a las soluciones. El enjuiciamiento y la no aceptación alimenta el hambre que tiene el ego de problemas y luchas. Hay una antigua enseñanza zen que dice: «Si entiendes, las cosas son simplemente como son. Si no entiendes, la cosas son simplemente como son». Ésta es la esencia de la aceptación y la manera de alcanzar la meta.

• Asombro. Si está ocupado en luchar por algo, tiene muy poco tiempo o energía para admirarse por su entorno o vivir con asombro el momento presente. El asombro llega cuando uno se toma el tiempo necesario para apreciar todo lo que se es, todo lo que tiene y todo aquello en lo que puede convertirse.

Su ser físico es un milagro: millares de partes en funcionamiento con una inteligencia divina. Considere la circulación de su sangre, la inhalación del aire y la oxigenación, sus ojos, músculos y huesos respondiendo todos a las órdenes de un cerebro y sistema nervioso que están más allá de la comprensión. Hay kilómetros de venas y arterias, intestinos con infinidad de diminutos microbios, todos trabajando al unísono con la inteligencia divina que creó el cuerpo.

Para gozar del asombro, deténgase y contemple el milagro de usted mismo. Permítase disfrutar del asombro y la reverencia de quién y qué es. Existe una milagrosa máquina que le alberga, y existe el incomprensible misterio del espíritu que habita en la máquina, formado por su mente y su alma, observándolo todo.

Su yo superior se vuelve fácilmente accesible cuando usted contempla el misterio de quién es. El estrés con el que crece el ego desaparece, por lo cual su yo auténtico queda disponible. Su ego intentará llevarle de vuelta a su realidad, amenazándole con que se volverá indolente e improductivo. Pero puede vencer al ego si ve el misterio revelado como la presencia de Dios en todas partes. Entonces «venderás tu inteligencia y comprarás asombro», según las instrucciones de Rumi.

• Paciencia, tolerancia y comprensión. Al pasar de la lucha a alcanzar la meta, su yo superior revela la presencia del espíritu, que es la presencia organizativa del mundo manifiesto. Su fe cambiará para ser conocimiento, y usted comenzará a confiar en el amable consejo que su espíritu le proporciona.

La necesidad de luchar para hallar respuestas desaparecerá. Será reemplazada por el conocimiento de que el designio divino revelará cuál será el siguiente paso por el sendero de su búsqueda espiritual.

A mí, este tipo de paciencia, de tolerancia, de comprensión me ha proporcionado una enorme guía en mi vida, y se ha convertido en una virtud. Cuando me siento inclinado a escuchar a mi ego, soy capaz de recurrir a esta actitud y decir: «Lo dejo en tus manos. Mi ego me atosiga, pero eso no me brinda satisfacción, así que aguardaré en silencio para ver en qué dirección debo encaminarme. En tus manos estoy».

Esto no es una abdicación de la propia responsabilidad, como le gustaría hacerme creer al ego. El ego es impaciente, intolerante, incapaz de comprender. Quiere que la acción no se detenga. Y utiliza esas características de manera extremadamente eficaz para mantenernos apartados de nuestro yo espiritual.

Nuestra amorosa esencia divina nos ofrece la infinita paciencia, tolerancia y comprensión que brinda Dios. Me han hecho falta más de cincuenta años para conocer muchos de los conceptos sobre los que escribo en estas páginas. Dios ha sido paciente. En mi vida he hecho cosas que hoy me hacen estremecer de desprecio, y sin embargo Dios, de alguna forma, insistió conmigo, vio mi potencial para mayores propósitos. En mis primeros años robé, me llevé cosas de las tiendas sin pagarlas, mentí con excesiva frecuencia, fui promiscuo e infiel, consumí sustancias adictivas… y a pesar de todo eso y mucho más, Dios me mostró su infinita paciencia.

Las historias de las vidas de san Pablo y san Francisco de Asís describen el mismo tipo de paciencia. Y está a su disposición en todo momento. Con independencia de dónde haya estado, cómo haya vivido y cuánto haya confiado en su falso yo, la infinita paciencia de Dios está siempre presente.

Al existir la paciencia divina, usted también puede alcanzarla. Todo lo magnífico no tiene miedo alguno del tiempo; en gran medida porque su yo superior sabe que el tiempo no existe, como no sea en nuestras mentes. La infinitud y la eternidad son conceptos que niegan la existencia del tiempo. Su yo superior forma parte de la infinitud y la eternidad, y le ofrece paciencia.

Éstos son, pues, los cinco componentes para alcanzar la meta. Mediante el cultivo de una nueva actitud respecto de la inmaterialidad, la entrega, la aceptación, el asombro, la paciencia, la tolerancia y la comprensión, sentirá que se produce un giro espectacular: un giro que le aleja de la lucha constante. Usted puede llegar al precioso presente con la serenidad que acompaña a su yo superior.

 

ALGUNOS TÍPICOS COMPORTAMIENTOS DE LA LUCHA

La tendencia a evitar la actitud que garantiza alcanzar la meta puede revestir demasiadas maneras para describirlas aquí. Usted sólo encontrará algunos ejemplos en estas páginas. Al reparar en ellos cuando se presenten, comenzará a entender por qué ha optado por la lucha. Y cuando se ponga en el camino de la búsqueda espiritual ya habrá decidido cómo abandonar tales comportamientos.

• Manifestaciones corporales. Presión sanguínea alta, malestar general, úlceras, comerse las uñas, fumar, beber y comer en exceso son pruebas de un perpetuo estado de lucha y ansiedad.

• Medir su felicidad basándose en la posición que ocupa, ya sea en su profesión, ya en su comunidad. Usted busca constantemente posiciones más altas y más prestigio para demostrar su competencia o valor.

• Búsqueda de símbolos externos de éxito. Dedica su atención a las notas, los trofeos, las clasificaciones o cualquier otro reconocimiento que usted necesita para sentirse bien consigo mismo.

• Vivir en un permanente estado de preocupación y ansiedad. Usted mantiene conversaciones consigo mismo que giran en torno a cosas como la necesidad de conseguir un ascenso, el temor de que su seguridad se halle en peligro a menos que obtenga más dinero, y la ansiedad respecto de la falta de propósito en su familia. Estos pensamientos le apartan del momento presente y le causan preocupación o temor.

• Poner una etiqueta con el precio a cada cosa que hace. Usted centra su pensamiento en el dinero. Su tendencia es emplear el criterio monetario como medio exclusivo de evaluación de sí mismo y de los demás.

• Hacer del «intento» y el «esfuerzo» las piedras angulares de su filosofía vital. Usted siente que tiene que estar siempre atareado con el fin de ser digno de aprecio. Juzga a los demás como haraganes o indignos de aprecio si disfrutan del ser en lugar del hacer.

• Hallar defectos en el mundo tal cual es. Usted es incapaz de aceptar lo impredecible de la naturaleza. Está preocupado por el miedo a la muerte y se siente atraído por las conversaciones que se lamentan de los desastres que suceden.

• Ser incapaz de pasar un rato en calma y a solas.. Usted llena su tiempo con conversaciones telefónicas, mirando la televisión o planeando acciones futuras. Está siempre preocupado con las fechas límite que se avecinan. Rechaza la idea de la meditación o la contemplación como una pérdida de tiempo.

• No ser capaz de permitir que el silencio sea una parte natural de su relación con los otros. Se siente impelido a llenar cualquier hueco de silencio con actividad o conversación.

• Tendencia a hacerlo todo rápido. Se impacienta con quienes no hablan, se mueven, comen o conducen con la rapidez suficiente como para encajar en su modelo de conducta. Corre por la vida y juzga negativamente a los que avanzan a paso más lento.

Éstos son algunos conceptos de la interminable lista de comportamientos típicos de la lucha. Cuando confiamos en nuestro falso yo en lugar de hacerlo en nuestra conciencia espiritual, estos comportamientos se transforman en una parte habitual de nuestras vidas. Es posible transformar estas pautas de comportamiento del ego cuando uno examina el porqué su ego le insiste tanto en que vaya en esa dirección.

 

CÓMO EL EGO ALIMENTA LA LUCHA

He aquí algunas de las principales razones por las que el ego ha seguido el camino de la lucha.

• El ego quiere que crea en sus tergiversaciones. La más grande tergiversación es que usted es su cuerpo y los logros del mismo. Si puede mantenerle convencido de que eso es verdad, usted continuará trabajando con ahínco para probarse a sí mismo mediante la lucha. Mientras esté concentrado en luchar, no verá a su yo superior.

• El ego fomenta la falsa idea de que la contemplación es algo rechazable. Para asegurar su dominio, el ego le insta a evitar las actividades contemplativas o meditativas y a llenar su vida con actividades, ruido, conversación o sustancias adictivas. Nunca hay tiempo para alcanzar la meta.

• El ego dirige de manera persistente su atención hacia el pasado o el futuro. El hecho de dirigir los pensamientos hacia el pasado o el futuro borra el momento presente. Si cambia su atención al momento presente, se libera automáticamente del estrés respecto del pasado o el futuro. En el momento presente conocerá a Dios, lo cual rechaza el ego.

• Cuando cree que su pasado impulsa su presente, acepta la falsa creencia de que la estela es lo que hace mover al barco. La realidad es que la estela no es otra cosa que un rastro que se deja atrás, al igual que lo son sus comportamientos pasados. Mientras crea que no puede escapar del pasado y que éste impulsa su vida, está en las garras de su ego y será incapaz de correr los riesgos y aceptar las responsabilidades que acompañan al ser espiritual.

• El ego usa el miedo a la muerte como motivación para mantenerle a la búsqueda del hedonismo, las adquisiciones y el poder. La idea de la muerte como acto natural de despojarse del cuerpo desgastado es algo aterrorizador para el ego. Sabe que usted será incapaz de invitar a su yo superior a participar en su conciencia si puede mantenerle luchando por más y creyendo que a eso es a lo que su vida está destinada.

• El ego insiste en que tiene que ser impaciente e intolerante o perderá su lugar junto con su credibilidad. En este sentido está reforzando su dogma de que está separado de todos los demás, por lo que necesita superarlos. Puesto que se trata de un combate, le resulta imposible ser paciente. Esto le mantiene en una lucha constante.

 

ALGUNAS IDEAS PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE LA LUCHA

• Puede detener la presión del ego cuando está en campaña para que luche por más. Recurra al sencillo y placentero pensamiento de que no necesita hacer nada. «No necesito hacer nada» es una afirmación útil. Este simple recordatorio invitará a su yo superior a dirigir su vida.

• Cuando se encuentre ante un dilema sobre lo que quiere perseguir en la vida, ponga la decisión en manos de su yo espiritual. Cree una frase que repetir en silencio y en voz alta cada vez que intente averiguar qué hacer; algo parecido a esto: «Decide por mí, lo dejo en tus manos». Luego déjese llevar y escuche.

Las respuestas llegarán a medida que desarrolle la voluntad de permitir que su yo superior le guíe. Puede que esto suene como una excusa para desentenderse, pero para mí ha sido una técnica útil en muchos aspectos problemáticos de mi vida. Cuando digo «te pido que decidas por mí», me encuentro con que las respuestas aparecen de inmediato.

Milagrosamente, se presentará la persona indicada y me dirá con toda precisión lo que necesito oír, o me llegará por correo un libro con pasajes subrayados que son justo lo que yo estaba buscando, o sonará el teléfono y se me guiará. Con el fin de que esto ocurra, tiene que ser capaz de dejarse ir y tan sólo permitir que su conciencia superior tome cartas en el asunto.

• Dé un paso atrás y observe a su ego en acción. No intente hacer algo respecto de su ego. No se resista a él, ni lo someta, ni lo controle o destruya. Eso sólo conseguiría hacer más fuerte al ego, más real.

Tiene que recordar que su ego no es algo real. Se trata de una falsa creencia. Mediante la observación de su ego, está escogiendo el amor y entablado contacto con la amorosa esencia divina.

• Permanezca quieto y conozca. Estas palabras le ayudarán a superar la lucha y a conocer el júbilo de estar aquí en el momento presente. Cuando se permita vivir la quietud, comprenderá la futilidad de la lucha constante y de la persecución de más cosas.

Piense en lo divertido que resulta contemplar un perrito o un gatito que persigue su cola. El animal no se da cuenta de que es imposible. El deseo mantiene a la cola justo fuera del alcance del animalito.

Su falsa creencia le mantiene luchando por la felicidad de manera análoga. Cuando se sienta atrapado en la incesante lucha, recuerde: «Permanecer quieto y conocer».

• Realice un esfuerzo para despertarse entre las tres y las seis de la mañana y hacer veinte minutos de meditación. Para mí, éstas han sido las horas más productivas del día para acceder a mi yo espiritual.

Comprométase con una hora de meditación por difícil que le resulte salir de la cama. Luche contra la tentación de volver a dormirse, levántese y vaya a un lugar que haya escogido y donde pueda permanecer sin que le molesten y en silencio. Medite. Luego vuelva a dormir si quiere.

• En medio de una reunión agitada o durante una discusión con sus hijos, levántese y excúsese durante un momento. Cuando haya abandonado la agitación, concédase cinco minutos para centrarse y formularle a Dios la siguiente pregunta: ¿cuál es mi propósito aquí y cómo puedo servirte en medio de toda esta confusión?

Pasados unos instantes de silencio, regrese a la reunión. Descubrirá que la calma y el reconocimiento de la presencia de Dios le ayudan a ver con mayor claridad el papel que debe desempeñar. Sabrá que ya está completo y reconocerá que se trataba de una prueba. También podría recordar las dos reglas para estar en paz: no apurarse por las pequeñas cosas, y todas las cosas son pequeñas.

• Convierta en práctica habitual el irse de paseo a solas. Ésta es una de las formas más sencillas y rápidas de ponerse en contacto con su yo espiritual. Puede realizar esta experiencia mediante la creación de un mantra personal para repetirlo al ritmo de sus pasos; puede ser una frase como «el designio divino resplandece por toda mi persona», o una palabra sencilla como amor, belleza o paz.

Ralph Waldo Emerson era un entusiasta caminante solitario. En la pared de su biblioteca se podía leer la siguiente frase: «Creo que caminar es lo mejor para la humanidad. En las horas felices, creo que todos los asuntos deberían de ser pospuestos por el caminar».

• Tenga presente el consejo ofrecido por A Course in Miracles: «Sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos». Aprenda a ser paciente consigo mismo y con quienes le rodean.

Al entrar en el coche, imagine cómo quiere que sea su manera de conducir y sea paciente con todo lo que se presente a lo largo de la ruta. Ser paciente puede tener lugar dentro de su mente mediante el sencillo sistema de mantener un diálogo interno al respecto en favor del desarrollo natural de los acontecimientos. Un sencillo mantra silencioso también fomenta la paciencia.

La impaciencia es una respuesta aprendida que en muchos sentidos es malsana. Puede liberarse de esa tendencia impulsada por el ego mediante la observación de sí mismo en frenético movimiento, y permitiendo que su conciencia superior reemplace la impaciencia por amor y aceptación.

• Asómbrese ante el milagro que en verdad es la vida. El asombro es una apreciación del trabajo de Dios y de la presencia de la inteligencia divina.

Al concederse tales momentos de apreciación, podrá acceder a la meta. Al estar en un estado de reverencia o asombro, uno escoge verse libre de las exigencias del ego y permite a la amorosa esencia divina que se haga sentir. Cuando celebre el momento presente de esta manera, estará alcanzando la meta y viviendo ese momento.

Uno de los grandes maestros de mi vida fue Paramahansa Yogananda, un hombre que salió de la India para enseñarles a los pueblos de Occidente los caminos del yo espiritual. He leído muchos de sus discursos y hallado gran consuelo en sus escritos así como en la lectura de su vida. Uno de mis refranes favoritos es aplicable a este capítulo. Se lo ofrezco para que lo medite mientras avanza hacia la meta.

 

Busca los confines espirituales en tu interior. Lo que tú eres es mucho más grande que cualquier otra persona o cosa que jamás hayas anhelado.

 

Ésa es la voz de su yo superior que en silencio le recuerda que se acepte a sí mismo y acabe con los anhelos. Nunca va a obtenerlo todo, ya lo es todo usted mismo.

 

 

13

 

De la dominación a la tolerancia

 

Acusar a los demás de los propios infortunios es un signo de falta de educación.

Acusarse a uno mismo demuestra que la educación ha comenzado.

No acusarse uno mismo ni acusar a los demás demuestra que la educación ha sido completada

EPICTETO

 

 

Soy consciente

de que no necesito dominar a nadie

con el fin de estar espiritualmente alerta

 

Su yo superior quiere que esté en paz. Su ego quiere mantenerle en un estado de agitación con el fin de conservar su dominio sobre su vida. Es probable que haya escuchado a su ego durante la mayor parte de su existencia.

El resultado de escuchar al ego es que la mayoría de nosotros permitimos que el ego nos persuada para escoger la dominación en lugar de la tolerancia como criterio en nuestras relaciones. Pasar de la dominación a la tolerancia requiere disciplinar el ego y escuchar al yo espiritual.

Estoy escribiendo según mi experiencia personal en este asunto, y se trata de una de las misiones más difíciles que me ha planteado mi yo espiritual. He pasado muchos años dominado por mi ego, y sin tener intención de hacerlo he convertido la dominación y el enjuiciamiento en las piedras angulares de mi relación con los demás.

Las sugerencias que encontrará en este capítulo provienen todas de mi propia experiencia al superar las inclinaciones dictadas por el ego. Realizar la transición de la dominación a la tolerancia reviste una especial dificultad debido a que el deseo de satisfacer el ego es muy poderoso. El ego se muestra en extremo persuasivo después de toda una vida de disfrutar de los beneficios de la dominación. No quiere renunciar a su control.

Su yo superior asumirá el mando fácilmente cuando usted deje de controlar a otras personas. Comenzará a sentir un amor incondicional, y empezará a encontrar la paz que ha deseado.

Para encaminarse hacia la tolerancia que fomenta su yo superior y apartarse de las necesidades de controlar y juzgar impuestas por el ego, necesita examinar las cualidades que alimentan una forma tolerante de abordar la vida.

 

REEMPLAZO DE LA DOMINACIÓN POR LA TOLERANCIA

Aquí encontrará las principales características de la tolerancia. Fíjese en que con la tolerancia entra en sintonía con su yo superior, al renunciar a las constantes exigencias del ego. Dése cuenta de que lo que el ego le ha hecho a usted, usted se lo ha hecho a otras personas.

El aprendizaje de estos comportamientos para crear una actitud tolerante es una manera de educar al ego y de educarse a sí mismo. En el proceso, puede despojarse de las habituales reacciones del ego que le apartan de la verdadera realización.

• Dejar que las cosas sean como son. Para volverse más tolerante y estar menos controlado por su falso yo, comience a sentirse satisfecho con tal como son las cosas. Su ego nunca está del todo contento. Si escoge algo, su ego le convencerá de que considere alguna otra cosa.

Si una persona a la que ama actúa y es muy considerada con todo lo que usted dice o hace, su ego quiere que esa persona sea más crítica; si esa persona es más crítica, su ego decide tenerle antipatía. Si come demasiado, usted comienza a pensar en lo agradable que sería estar más delgado; se pone a dieta, y todos sus pensamientos girarán en torno a la comida. Si se queda en casa durante un largo período de tiempo, su ego se pone a contarle lo bonito que sería viajar; póngase en carretera y el ego empezará a hablarle de lo bonito que sería quedarse en casa. Se encuentra en una relación y comienza a imaginar que sería más agradable estar libre de ataduras; no disfruta de una relación y empieza a querer tener una. Sus hijos andan corriendo por la casa y empieza a pensar en escapar de ella; se ha ido de la casa y no piensa en nada más que en sus hijos.

Si se identifica con lo descrito, puede estar seguro de que el ego le ha separado temporalmente de su yo espiritual. Dada su voluntad de convencerle de que está separado de todo, necesita separarle del centro de su ser. Entonces puede mantenerle en ese estado de tratar de dominar a otras personas como manera de intentar lograr el equilibrio y el contento. El problema radica en que usted no puede alcanzarlos si se halla separado de la conciencia de su yo superior.

Cuando comienza a escuchar a su yo superior en los momentos contemplativos y de quietud, empieza a relajarse y aflojar la presión. Desaparece la falsa creencia de que todas las personas de su vida necesitan ser dominadas o controladas por usted, o de que los demás tienen que estar a la altura de sus expectativas para ser felices.

Las personas son como son, y su necesidad de dominarlas o cambiarlas en el sentido que sea es el dictado de su falso yo. Su ego está, como de costumbre, intentando convencerle de que está separado de los demás. Tampoco quiere que caiga en la cuenta de cómo hace para dominar su existencia, así que le convence de que si no domina a los demás ellos le vencerán.

El ego proyecta sus tendencias controladoras sobre los demás para evitar que lo vea operando dentro de usted. Al mismo tiempo, hace que vea a la gente tolerante como controlable. El inteligente ego le controla en un sentido y otro. Le hace comportarse de modo dominante para ocultar cómo le controla a usted, y al mismo tiempo le hace sentir desagrado por las personas tolerantes, controlables. ¿Por qué iba usted a querer decidirse por la tolerancia cuando le ponen ese modelo delante?

Usted no escogerá la tolerancia si es incapaz de liberarse de esas falsas creencias del ego. Pero cuando adquiere la conciencia de que todos estamos conectados en el universo —con la misma divina inteligencia fluyendo a través de cada uno de nosotros—, y de que el yo superior es cognoscible y real, todas las satisfacciones superficiales hijas de la dominación, el control y el enjuiciamiento de los otros pierden su atractivo.

Su yo superior no tiene ninguna necesidad de dominar a nadie ni a nada. Éste es el pasaje hacia la libertad. Ahora mismo, sin embargo, en este preciso momento, su ego está trabajando para convencerle de que el yo superior y la tolerancia son ideas ridículas. El ego argumentará que la tolerancia significa permitir el comportamiento delictivo y los problemas sociales y de salud. Su ejemplo favorito es que significaría permitir que los Hitler del mundo cometieran atrocidades mientras nosotros las contemplamos con actitud tolerante. Su yo superior puede ver más allá de esta lógica, así que también usted puede hacerlo. Si está dispuesto a ello.

Su yo superior sabe que despojarse de la intolerancia no significa aprobar el mal. Los males que existen en el mundo son independientes de la opinión que usted tenga de ellos. Erradicaremos el mal y traeremos paz al mundo, no mediante el enjuiciamiento de los demás sino transmitiendo amor. Si se deshace del enjuiciamiento y de la tendencia a dominar y controlar a los otros, será capaz de reemplazar el odio y la intolerancia por el amor y la armonía.

Cuando a la madre Teresa de Calcuta se le preguntó si se manifestaría contra la guerra de Vietnam, ella contestó: «No, pero si celebráis una marcha por la paz, allí estaré». Cuando usted consigue la paz en su interior, eso es lo que tendrá para dar. Cuando uno está dominado por su ego, domina a otras personas. Si no existe armonía interior, no existe armonía exterior. El ego necesita la ilusión de los enemigos con el fin de controlarle. Cuando está controlando a otras personas, es porque ha permitido que el ego tenga el control.

La paradoja en este caso es que usted transformará el mundo de la forma que quiera cuando deje de intentar mejorar las condiciones mediante la intolerancia y el enjuiciamiento. Sólo cuando usted no está controlado por el ego puede decidir no controlar a otros. Lo que creía que era poder cuando dominaba a otros, era en realidad la actividad externa del ego, que estaba controlándole.

Su impacto sobre el mundo comienza por el más pequeño mundo de usted mismo. Fomentará la libertad y la paz cuando esté libre del control de su ego y conozca la paz de su yo espiritual mientras recorre la senda de la búsqueda espiritual. Uno de los primeros pasos por esa senda es aprender la tolerancia mediante la práctica de ver el mundo como es en lugar de como usted exige que sea.

• Escuchar. El ego quiere que hable. Su yo superior quiere que escuche. El ego es intolerante. Su yo superior es muy tolerante. Ahí está una importante diferencia para la búsqueda espiritual.

Cuando usted medita y guarda profundo silencio, aprende el arte de escuchar. Es como si Dios estuviera hablándole en vez de hablar usted con Dios. Entonces comienza a saber qué se siente al confiar en su guía interior. Será incluso capaz de comprender el porqué de la charla del ego. Oirá al ego parlotear, y sabrá que es la expresión del miedo y su deseo de protegerle manteniéndole a salvo separado de los demás. En ese momento estará introduciendo la tolerancia en su vida.

El ego quiere que continúe hablando debido a la falsa creencia de que es más seguro y mejor demostrarles a los demás lo diferente que se es. Cuanto más hable y sea usted mismo el punto de referencia, más tendencia tendrá a jactarse y manifestar intolerancia, cosa que satisface al ego.

Pero proteger al ego de esta manera es un ejercicio que le impide alcanzar la verdadera libertad de conocer a su yo superior, lo cual comienza a suceder cuando se empieza a escuchar. Así que el ego intensifica su parloteo siempre que uno trata de meditar o de escuchar a su yo interior. Mediante el proceso de escuchar, incluso a su intolerante ego, aprenderá a ser tolerante.

También escuchando abandonará su egocentrismo y la necesidad de dominar o ser dominado por el ego. Cuando con delicadeza hace que los demás se vuelquen al exterior al escuchar en verdad sus historias, está manifestando amor y respeto. Esto también va por el ego. Negarse a escuchar o manifestar desprecio son actitudes intolerantes.

La necesidad que el ego tiene de parlotear y exponer su superioridad queda convincentemente demostrada por la siguiente historia de The Heart of the Enlightened (El corazón del iluminado), una edición a cargo de Anthony de Mello. Lo que dicha historia pone de manifiesto es el éxito que nos llega cuando escuchamos con actitud tolerante.

 

Érase una vez una posada llamada La Estrella Plateada. El dueño no conseguía ganar lo bastante a pesar de que hacía todo lo posible para atraer clientes haciendo que la posada resultase cómoda, el servicio cordial y los precios razonables. Así que, presa de la desesperación, consultó a un sabio.

 

Tras escuchar su relato de desconsuelo, el sabio dijo:

 

—Es muy sencillo. Tienes que cambiar el nombre de la posada.

 

—¡Imposible! —dijo el posadero—. Ha sido La Estrella Plateada durante generaciones y es bien conocida por todo el país.

 

—No —replicó con firmeza el sabio—. Ahora debes llamarla Las Cinco Campanillas y poner una hilera de seis campanillas colgadas de la puerta.

 

—¿Seis campanillas? ¡Pero eso es absurdo! ¿Qué bien haría eso?

 

—Ponlo a prueba y lo verás —repuso el sabio con una sonrisa.

 

Bueno, pues el posadero lo puso a prueba. Y he aquí lo que vio. Cada viajero que pasaba ante la posada entraba para señalar el error, cada uno convencido de que nadie más había reparado en él. Una vez dentro, quedaban impresionados por la cordialidad del servicio y se quedaban para refrescarse, proporcionándole así al posadero la fortuna que había estado buscando en vano durante tanto tiempo.

 

Hay pocas cosas en las que el ego se deleite más que corrigiendo los errores de otras personas.

 

A medida que cultive la influencia de su yo superior en su existencia, más fácil le resultará liberarse de las exigencias del ego. Hallará placer en anular sus impulsos arrogantes y en escuchar a los otros. Comenzará a disfrutar de su esfuerzo consciente por ser tolerante.

• Dar. Puede neutralizar el impacto de su ego con bastante prontitud mediante el acto de dar. Dar implica algo más que entregar unos objetos. El verdadero dar implica ser consciente de las necesidades y deseos de los demás.

Retroceda con la memoria hasta el momento en que estuvo más enamorado. Esa experiencia de amor apasionado hizo que fuera consciente de las necesidades de su pareja. Esa conciencia también puede encontrarse en el caso de un padre y un hijo.

Con este amor en el corazón, uno está dispuesto a dar lo que sea necesario. Los pensamientos de uno no tratan de dominar o controlar a la otra persona. Sólo está la súplica amorosa de su yo superior que quiere que le dé todo lo que pueda al ser querido. Los matrimonios a menudo fracasan porque uno de los cónyuges deja de dar. Si ambos estuvieran dispuestos a dar el ciento por ciento en su relación, habría razones más que suficientes para un matrimonio feliz.

Cuando sólo un integrante de la pareja da el ciento por ciento, una persona se está sacrificando. Es importante distinguir entre dar y sacrificarse. Un sacrificio por lo general se hace por algo. Cuando usted se sacrifica, está dando para recibir, y funciona según los dictados del ego, que quiere que crea que usted es tan importante y especial que merece algo a cambio de lo que da. El ego quiere que se ensoberbezca y piense que el acto de dar indica su superioridad: como si su generosidad le diferenciara de los demás que no son tan generosos.

Si usted da porque tiene la sensación de que debe hacerlo, no está auténticamente motivado por su yo superior. También aquí se encuentra el ego en acción, diciéndole que es mucho mejor que los destinatarios de sus dádivas. El ego incluso acepta que se dé de mala gana, porque lo ve como prueba de superioridad.

Pero el dar como medio de fomentar la tolerancia y el amor es algo diferente. Este dar se produce cuando uno contribuye a satisfacer las necesidades o deseos de otros sin ninguna expectativa de retribución o reconocimiento. Como la madre con su bebé. Es el tipo de dádiva que la tolerancia promueve. Es la clase de dar que aparece cuando usted aprende a ser tolerante consigo mismo y los demás.

A medida que cultive el dar, experimentará que dar es recibir y que recibir es dar. Uno de mis pasajes favoritos del Nuevo Testamento describe este acto de dar. En San Lucas, 6:35, Jesús dice: «Amad pues a vuestros enemigos y haced bien, y prestad, no esperando nada de ello; y será vuestro galardón grande, y seréis los hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos».

La consideración de las necesidades de los otros es la experiencia más gratificante que pueda conocer. Recuerde lo emocionante que era hacerles regalos a sus padres, abuelos y hermanos. Se equiparaba, y puede que incluso superara, a la emoción de recibir regalos. Entonces, cuando dabas, estabas recibiendo.

Es su yo sagrado el que le alienta a dar de modo incondicional. Es su ego el que quiere recibir una recompensa. Pero esto sólo se debe a que eso es lo que su ego conoce, y lo que conocerá mientras usted continúe recompensándole por mantenerle separado de su amorosa esencia divina. Proporciónele a su ego la experiencia de conocer el amor y la tolerancia de su yo superior, y comenzará a obrar del mismo modo.

• Relaciones placenteras. Cuando uno sigue los dictados de su ego, se encuentra con que es constantemente necesario ejercer un cierto grado de influencia sobre otras personas. Eso es lo que le exige el ego porque él cree que así es como obtiene el poder que necesita. Cuando esto sucede, toda posibilidad de mantener relaciones en verdad gratificantes se evapora.

El ámbito de la intimidad pertenece al yo superior. No nos estamos refiriendo a tener aventuras. Lograr intimidades con alguien es una forma de comunicarse, lo cual envía un mensaje claro de amor y consideración incondicionales.

El ego teme todos los encuentros de ese tipo y se muestra activo en extremo cuando se presentan tales oportunidades. ¡El ego se muestra tan irresistible en este terreno, que el mero pensamiento de comunicarse con otra persona con amor incondicional puede infundir más temor que una operación a corazón abierto!

«Cuidado, intentarán poseerte si intimas demasiado. ¡Perderás tu libertad!». Éstas son el tipo de frases con las que el ego bombardea sus pensamientos. El ego lo sabe todo sobre la propiedad y la dominación porque es algo que está haciendo durante todo el tiempo. El ego le domina y tiene miedo de ser dominado, y equipara la intimidad con la dominación.

Intimar con alguien es ser tolerante y aceptar a otra persona de forma incondicional. Significa comportarse con bondad y respetar las necesidades y deseos de otra persona. Si teme este tipo de relación es porque el ego le dice que es un peligro.

Cuando uno aprende a transitar por la senda espiritual, descubre que el amor es la experiencia menos amenazadora que existe. El amor no pide nada ni nada exige. Requiere dar, compartir y ser vulnerable, con Dios como guía, un guía que comunica amor infinito.

Este tipo de relación es una forma de comunicarse en la que usted es capaz de ofrecerle amor a la otra persona sin necesidad de tener razón o de demostrarle que está equivocada. Cuando una persona con la que habla se siente aceptada, amada y escuchada, ese vínculo se creará. Si ha tenido que demostrarle que estaba equivocada para hacer valer su punto de vista, o si la ha juzgado en algún sentido, es que ha sucumbido a las exigencias del ego.

Si mantiene una relación de pareja con alguien y se encuentra con que evita la intimidad, puede tener la seguridad de que el ego está venciendo a su yo espiritual. El miedo de que conozca su yo superior significa que el ego hará lo que sea necesario con el fin de mantenerle apartado de tal relación. Convencerse de que es superior es una manera de evitar que llegue al estado de vulnerabilidad que la intimidad requiere. Así pues, irá de una relación de dominación/sumisión a otra, evitando las relaciones basadas en el amor y la comunicación sincera.

Éstos son los fundamentos para hacerse más tolerante y permitir al yo superior superar los impulsos autoritarios y dominantes del ego. Estos comportamientos dictados por el ego se manifiestan de muchas formas, algunas de las cuales reconocerá en el apartado siguiente.

 

SU EGO AUTORITARIO Y DOMINANTE EN FUNCIONAMIENTO

• Hacer un uso excesivo de referencias a uno mismo, y llevar siempre la conversación hacia la propia persona. En lugar de hacer que otra persona se vuelque al exterior y conocer sus sentimientos, usted recurre a todas las excusas posibles para centrar la atención sobre sí mismo.

• Adoptar una forma apresurada de abordar la vida, la cual no deja tiempo para la contemplación y los momentos de quietud. Necesitar siempre adelantar al conductor de delante, acelerar cuando el semáforo se pone en ámbar en lugar de reducir la marcha y pararse, usar de modo constante el teléfono, incluso en teatros y restaurantes… éstos y muchos otros comportamientos que le hacen tener siempre el control y no le permiten participar cortés y adecuadamente en la vida de otras personas.

• Dar órdenes y exigir perfección a los miembros de la familia y los compañeros de trabajo. Negarse a escuchar cualquier punto de vista contrario. Hacer cosas como ladrar exigencias en los restaurantes, una manera de dar a entender que los otros son inferiores.

• Estar absorto en las propias preocupaciones, metas profesionales, éxitos y experiencias cotidianas. Insistir en que los demás escuchen siempre sus historias y raras veces interesarse por las de ellos.

• Corregir en público los errores de otras personas y pavonearse de sus superiores conocimientos. Corrige cosas como los errores gramaticales, el uso impropio de las palabras, los errores en los hechos relatados, las faltas a la etiqueta, los lapsos de memoria y el paso de baile que está de moda (y lo hace delante de los demás para impresionarlos).

• Negarse a la auténtica proximidad y culpar a la otra persona por ello. Negarse a intimar y no mostrarse amoroso si alguien no está a la altura de las expectativas. Emplear cualquier error por parte del otro como razón para negarse a comunicarse de verdad, lo cual le produce un miedo cerval.

• Necesidad de ganar en las conversaciones en lugar de comunicarse y compartir. Usar el tiempo que otra persona emplea en hablar para preparar las propias reacciones en lugar de escuchar lo que el otro está diciendo y responder a sus sentimientos y preocupaciones.

• Ensalzarse a costa de otros. Recurrir a la jactancia, la fanfarronería y el egocentrismo como principales motivos conversacionales.

• La incapacidad de dar sin recibir. Llevar la cuenta de quién responde a sus tarjetas de felicitación y negarse a enviárselas a los que no corresponden. Hacer una obra de caridad o ayudar a otra persona, y luego molestarse si el agradecimiento no llega dentro del tiempo estipulado. Dar para recibir en lugar de dar incondicionalmente.

• Usar los propios criterios para juzgar cómo tendrían que ser los demás. Tratar como personas menos importantes a aquellos que no han actuado de acuerdo con los propios criterios.

• Dominar a los otros que son más pequeños, más jóvenes o tienen una educación inferior. Someter a otros mediante la amenaza de represalias, por la prepotencia, o retirando el apoyo económico.

Éstos, junto con una lista potencialmente infinita de otros, son algunos de los ejemplos más comunes de cómo la necesidad de ser dominante y superior se presenta en la vida. Estos comportamientos del ego los utiliza la práctica totalidad de la gente en uno u otro momento.

Con el fin de dejar atrás estos pensamientos y comportamientos dirigidos por el ego, resulta útil conocer el sistema de recompensas que su ego ha establecido. Cuando uno sabe qué está obteniendo mediante estos comportamientos, cambiarlos se convierte en una meta mucho más accesible.

 

QUÉ BENEFICIOS OBTIENE SU EGO DE ESTA DOMINACIÓN, Y POR QUÉ TEME LA TOLERANCIA DE SU YO SUPERIOR

• Su ego es un viejo compañero y no quiere que lo abandone. Su falso yo sabe que no necesitará que desempeñe un papel dominante en su existencia si se vuelve tolerante y hace hincapié en servir a los demás. En consecuencia, su ego le dice, una y otra vez: «Estás separado de quienes te rodean y eres mejor que ellos. Con el fin de demostrarlo, tienes que ejercer algún control sobre su comportamiento. Sé dominante y ganarás el respeto de los otros. El respeto de los demás es la forma en que te haces valer».

El ego quiere ser cada vez más soberbio para que sólo lo escuche a él y crea sus falsos mensajes.

• El ego crece con su sensación de estar incompleto y su miedo a no ser digno de aprecio. Por lo tanto, le convencerá de que evite las relaciones íntimas por miedo a que revele quién es. Usted se protege a sí mismo de dichas revelaciones por el sistema de escuchar a su ego y evitar las relaciones íntimas.

• Al mirar al exterior, a todas las cosas y personas que quiere controlar, usted llena su vida con la tarea que tiene entre manos. Así que llena su tiempo dominando y controlando el mundo externo, y no le queda nada de tiempo para mirar al interior. El ego gana cuando usted necesita dominar, y ganar es muy importante para él.

• Al ser reticente a dar algo de sí y al ser consciente de las necesidades y deseos de los otros, puede centrar la atención en sí mismo. Su ego se siente amenazado cuando se desprende del egocentrismo y mira al exterior para ver cómo puede servir a otras personas. En consecuencia, su ego le alienta a que continúe siendo egocéntrico.

Si da, el ego hace que se centre en su propia persona exigiendo que se le reconozca y aprecie por su generoso comportamiento. En cualquiera de los dos casos, el ego —y no su yo superior— vuelve a ganar la partida, y su búsqueda espiritual queda relegada.

• Cuando domina a otras personas, garantiza la existencia de conflictos. El conflicto es el medio natural del ego.

Nadie, y quiero decir nadie, quiere que le digan cómo debe vivir, qué debe ser, cómo debe pensar. En pocas palabras, nadie quiere ser dominado. Cuando se asume este papel, se crean conflictos de inmediato. Entonces, el falso yo se pone a trabajar para convencernos de que necesitamos ganar y demostrar nuestra superioridad.

Su yo superior evita los conflictos y fomenta la tolerancia y el amor. Al ego le encantan los conflictos y los fomentará.

• Hay pocas cosas en las que el ego se deleite más que corrigiendo errores de otras personas. El ego aprovecha esta doble oportunidad para señalar errores y, de modo simultáneo, sentirse más importante que otros.

Esto es lo que obtiene a causa de su ego. Ahora que entiende por qué ha escuchado las exigencias de control y dominación de su ego, puede comenzar a cambiar algunas de esas actitudes.

Ser una persona autoritaria puede proporcionarle esas apariencias gratificadoras, pero no le conduce a una experiencia más satisfactoria y profunda de su existencia cotidiana. Sus relaciones siempre sufrirán y usted tendrá una sensación de vacío y de ausencia de propósito mientras acepte esas exigencias del ego.

Al desplazar su atención hacia el yo superior, descubrirá un sendero más satisfactorio.

 

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA PERMITIR QUE SU YO SUPERIOR LE GUÍE HACIA UNA MAYOR TOLERANCIA

• Refrene su necesidad de tener razón. Puede conseguirlo conteniéndose justo cuando está a punto de hablar, y preguntándose si quiere ser guiado por su ego o por su yo superior. Si de verdad quiere limitar la acción de su ego, limítese a responder a lo que la persona acaba de decir sin ponerse a discutir ni aconsejar. A medida que practique esta técnica, su ego se desvanecerá y sus relaciones mejorarán.

• Escuche a los demás. Intente oír las emociones que haya en la conversación de alguien. Libérese de su actitud defensiva y de la necesidad de corregir o explicar. Limítese a escuchar y parafrasee lo que el otro ha dicho. Escuche lo que la otra persona está sintiendo y reaccione en función de ello. Comenzará a eliminar la intolerancia.

• Demuestre tolerancia y amor haciendo caso omiso de lo que pueda haber sucedido en el pasado. Evite la inclinación a demostrar que alguien está equivocado señalando sus falacias con ejemplos de su pasado. Despójese del deseo de ganar y cultive el deseo de comunicarse.

• Concédase tiempo para hablar con Dios y para buscar la ayuda de guías espirituales. Hacer esto a diario le llevará a ser más pacífico y calmado. Descubrirá que la energía que antes usaba para dominar a la gente pasará a servir a los demás.

• Deténgase justo cuando esté a punto de intervenir en una disputa de negocios o familiar. Cuente hasta veinticinco y escuche. La pausa por lo general permitirá que la disputa se resuelva sin su interferencia. Si le resulta difícil reprimirse, aléjese un poco.

Aprenda a permitir que los demás solucionen sus dificultades sin sentir que usted es el único que puede arreglar las cosas. Su ego le insiste para que intervenga y demuestre lo bueno que es, mientras que su yo superior quiere que experimente paz y armonía. Escoja esto último.

• Suprima todas y cada una de las tendencias a corregir. Establezca como regla que nunca corregirá a alguien delante de terceros. A nadie le gusta que lo corrijan en público.

Si siente la necesidad de enseñarle a alguien los errores de su manera de hablar o actuar, guarde silencio y pregúntese cómo manejaría Dios la situación. Si la persona es un adulto, en privado y con delicadeza pregúntele si quiere que la corrijan. Se sorprenderá descubrir lo carente de importancia que es para algunas personas saber la manera apropiada o correcta de decir o hacer las cosas. Suele ser la persona que hace las correcciones la que le confiere una gran importancia a la forma correcta.

• Intente dar a los necesitados de forma anónima. Si insiste en ser reconocido por sus actos de generosidad, entonces quien le impulsa a dar no es su yo superior. ¡Abandone el dar y reciba!

Sea generoso y siéntase contento de saber que sus contribuciones están ayudando a otros. Celebre el dar que no está basado en el ego.

• Cuando se sienta tentado a juzgar a otros, recuerde que ellos forman parte de la misma divina creación que usted. Despójese de algunos de esos enjuiciamientos originados en el ego y basados en las apariencias y adquisiciones.

Ha de ver la plenitud de Dios en todas las personas con las que se encuentre y recordar que el mundo de lo manifiesto no es lo único que hay. También existe Dios en el interior de cada persona. Si puede verlo de esta manera, se sentirá menos tentado a juzgarlos por sus posesiones o apariencia.

• Si tiene dificultades en sus relaciones íntimas, sienta el miedo y hágalo de todas formas. Reconozca que está pasando un momento difícil al ofrecer su amor, pero resístase a las exigencias que el ego le impone. Por el contrario, ábrase a la persona a la que ama y dígale cuánto significa para usted. Hágalo aunque tenga la impresión de que no lo merece o de que no responderá de la forma apropiada. Corra el riesgo y luche contra el impulso de retraerse. Se sentirá más lleno y realizado por el hecho de haber corrido ese riesgo.

Su yo superior le implora que entregue su amor y no tenga miedo a ser vulnerable. El amor tiene que ver con el dar. Si es correspondido, bien; pero si no, de todas formas usted se merece el amor.

• Recuerde que nadie de este planeta quiere compartir sus conflictos. La gente quiere la paz, que es el camino del yo superior. Al ego le encanta la agitación y los conflictos, razón de que haya tantos conflictos en el mundo. Son el ego luchando contra el ego.

Si sabe en su corazón que está siendo guiado por su falso yo cuando fomenta conflictos, entonces quizá pueda guardar un poco de silencio y dirigirse a su interior justo cuando esté a punto de implicar a alguien en una disputa. Yo he descubierto que cuando medito aunque sólo sea durante treinta segundos antes de estar a punto de trabarme en un conflicto, consigo ponerme en contacto con mi yo superior… y la necesidad de tener razón sencillamente desaparece.

En la obra The Man’s Eternal Quest (La eterna búsqueda del hombre), Paramahansa Yogananda escribió: «Dios es el depositario de toda felicidad; y tú puedes contactar con Él en la vida cotidiana. Sin embargo, el hombre se ocupa principalmente en seguir lo que conduce a la infelicidad».

La actividad que más conduce a esa infelicidad es la necesidad de demostrar que los otros están equivocados y la tendencia a dominar. Consulte con Dios y tenga presente que esa presencia amante está a su disposición. Abandone la costumbre de confiar en el ego y en toda su falsa lógica, y viva la tolerancia, el amor y la paz de su yo sagrado.

 

 

14

 

De lo malsano a la pureza

 

Bienaventurados los puros de corazón,

porque ellos verán a Dios

SAN MATEO, 5:3

 

 

Hoy trabajaré con

lo mas puro de mis intenciones

en mayor beneficio de todos

 

En el confucianismo hay un principio denominado Jen. Este principio se refiere a la creencia de que existe el bien, el bien puro, en el centro de nuestro ser, donde puede hallarse el yo o el espíritu. Todas las personas nos parecen buenas cuando son su verdadero yo. El principio de Jen da a entender que uno no puede evitar ser puro cuando es su verdadero yo. Las vidas se tornan malsanas cuando hacemos caso omiso de nuestro auténtico yo y escuchamos al falso yo.

Para permitir que el yo superior triunfe en este conflicto entre la pureza y lo malsano, debe despojarse de cualquier idea de que en el fondo usted es un pecador. Es necesario que se dé cuenta de que la faceta central de su ser es pura, buena y hermosa. Tal como san Mateo lo expresa, con una gran perfección, esta pureza de corazón le permitirá conocer a Dios.

Por supuesto, lo contrario también es verdad. Si lleva una vida malsana, de pensamiento o acción, será incapaz de conocer el espíritu divino que hay dentro de usted, y el ego continuará dominando su vida interna y externa.

Los puros de corazón se distinguen por sus pensamientos y acciones. Su yo superior desea que tengas pensamientos puros y una conducta pura. Su ego se resiste con fuerza a la pureza y hace campaña en favor de lo malsano. Con el fin de combatir este conflicto, debe entender cómo puede reconocer qué tipo de vida lleva, y, si es necesario, mejorar.

 

PURIFICACIÓN DE SU PENSAMIENTO

Todo en lo que piensa acaba convirtiéndose en acción. Cuanto más consciente sea de cómo utiliza la mente, más capaz será de dejar atrás las formas malsanas de pensamiento. Cuando usted sabe que sus pensamientos acaban convirtiéndose en acción, se vuelve muy cuidadoso con respecto a lo que piensa porque empieza a ver que sus pensamientos pueden envenenar su vida.

La purificación de sus pensamientos es una variante del tema de la conciencia superior. Así que puede que le interese comenzar por repasar las claves de acceso a la conciencia superior que encontrará en la segunda parte. Las primeras tres —desterrar la duda, cultivar la condición de observador y acallar el diálogo interior— resultan esenciales para dominar el ego y empezar a reconocer y aceptar la pureza.

El pensamiento malsano es un hábito que nos hace utilizar la mente según interpreta el ego. Abandone el hábito de la interpretación constante y comience a vivir su vida libre de los comentarios del ego. Su voluntad de encararse con las formas en que ha estado pensando es el principio del proceso de purificación. Su capacidad para cesar de enjuiciar le permitirá alcanzar el terreno más elevado (allí donde se conoce la presencia de la energía divina), y experimentar la conciencia más rica que acompaña al triunfo de su yo superior.

Saber que usted puede escoger pensamientos menos malsanos es un importante descubrimiento. Muchas personas nunca lo han descubierto. En consecuencia, pasan la totalidad de sus vidas defendiendo la idea de que sus pensamientos son inmutables. Usted, que se halla en la senda espiritual, sabe que no es así. Sabe que es algo más grande que sus pensamientos y más divino que el cuerpo en el que tienen lugar esos pensamientos.

Sus pensamientos y conducta son hábitos resultantes de la experiencia de su vida, incluidas las creencias que ha aceptado de todas las personas bien intencionadas que le formaron. Para purificar su pensamiento y hacer que su mente funcione exactamente como quiere que lo haga, debe estar dispuesto a examinar estos hábitos de pensamiento. Entonces comenzará el proceso purificador y verá el acceso hacia su yo espiritual.

Libérese de los prejuicios

La palabra «prejuicio» pertenece a la misma familia que prejuzgar. Fomentamos el pensamiento malsano siempre que nos permitimos enjuiciar. Y cuando juzgamos por anticipado, nuestros pensamientos son todavía más malsanos.

Cuando estaba haciendo las investigaciones para otro de mis libros, La felicidad de nuestros hijos me sentí intrigado por los datos que indicaban que los niños a los que se les enseñaba a creer, sin cuestionamientos, en lo que decían las autoridades, eran los niños que más prejuicios presentaban. Esta conclusión resulta comprensible cuando uno se da cuenta de que prejuzgar a los demás, basándose sólo en lo que han dicho otras personas, impide el desarrollo de una mente propia.

El prejuicio procede de tratar a la mente como un espacio para los pensamientos y creencias de otros. El aprendizaje de cómo ocupar su mente con interpretaciones personales, aunque sea durante un momento, le permite conocerse a sí mismo y conocer a los demás a través de su yo espiritual. Cuando su mente está ocupada por los prejuicios, el ego es el dueño de la casa.

Prejuzgar es una forma de interpretar los motivos y comportamientos de los otros de acuerdo con los criterios establecidos por el ego. No es algo que quede limitado a los antagonismos raciales, sociales y religiosos que hemos llegado a asociar con la palabra «prejuicio». Siempre que usted define a los miembros de una generación diferente de la suya como inferiores, estrafalarios o anticuados, usted está prejuzgando.

Para liberarse del hábito de enjuiciar, dictado por el ego, haga un inventario de sus pensamientos y lleve la cuenta de cuánta de su energía interior está dedicada a prejuzgar a los demás. Pregúntese si está dispuesto a continuar alquilando su mente para que la ocupen los pensamientos de otros.

El antídoto para los pensamientos malsanos es desactivar al ego y escuchar al yo superior. Comenzará a saber que nadie de este planeta es superior ni especial a ojos de Dios, del mismo modo que nadie deja de ser especial.

La purificación de sus pensamientos, en realidad, no es nada más que ver la plenitud de Dios en todas las personas. En el momento en que sienta que un prejuicio penetra en su mente, reemplácelo por el pensamiento de que no quiere envenenar su mente. Adopte el papel de observador y vea la presencia amante dentro de todo. El sagrado saludo sánscrito «Namaste» es un recordatorio de este tipo de pensamiento. Haciendo una traducción aproximada, significa: «Celebro el lugar que hay dentro de ti en el que los dos somos uno».

La purificación de sus pensamientos, por lo que hace a los prejuicios, tiene lugar cuando usted está dispuesto a reconocer las incontables creencias que ha recibido de otras personas, y cuando quiere estar en relación con los pensamientos puros que emanan de su yo espiritual. En ese momento está dispuesto a iniciar la ruptura con el hábito de prejuzgar y reemplazarlo por la idea contenida en el saludo sánscrito:

Namaste.

Libérese de su libido

Su yo superior le insta a considerar a una persona del otro sexo como un alma que tiene un cuerpo. Su ego, no obstante, está decidido a que la vea como un cuerpo.

Su libido representa los impulsos básicos biológicos y los deseos sexuales. Son realidades vitales y no debe mirárselas con desprecio ni escarnio. Sin embargo, cuando la libido se convierte en quien controla su mente, sus pensamientos pueden volverse malsanos y apartarse del júbilo y armonía que le ofrece su yo espiritual. Para purificar su pensamiento en este aspecto, tendrá que examinar con cuidado todo lo que ha aprendido sobre su naturaleza sexual, comenzando por la infancia.

Cuando yo examino las creencias referentes a la sexualidad masculina con las que crecí, me doy cuenta de que estuve expuesto a una manera de pensar malsana que, de modo inevitable, interfirió en mi desarrollo espiritual. Películas, revistas, canciones, publicidad y varones adultos enviaban mensajes que me enseñaban a relacionarme con una chica como si fuera sólo un cuerpo. La meta era la conquista de su cuerpo. El sexo era el penúltimo objetivo de mi misión en la Tierra.

Éste es el tipo de aprendizaje al que he hecho referencia a lo largo de todo este libro: afecta al proceso y la función del pensamiento. Nuestros pensamientos han sido conformados para concentrarse en la conquista sexual. Cada vez que nos encontramos con un atractivo miembro del sexo opuesto, nuestros pensamientos comienzan a girar en torno a los mensajes de nuestra libido.

La razón por la que este tipo de pensamiento se vuelve malsano es que consume toda nuestra energía mental en la actividad de examinar y considerar a las personas como cuerpos en lugar de como seres espirituales. Nuestras mentes quedan absortas en la falsa idea de que nuestra dignidad y valor como seres humanos está de alguna forma conectada con las conquistas que coleccionamos y exhibimos para obtener la aprobación de otros miembros de nuestro sexo.

Las relaciones con el sexo opuesto se centran de forma exclusiva en la apariencia y la belleza exterior. Para los hombres, a menudo el tamaño de los pechos tiene más importancia que el establecimiento de una conexión espiritual. Tener relaciones sexuales se transforma en un sustituto del intercambio de amor y del ser compañeros espirituales. También las mujeres hacen juicios de valor con respecto a la apariencia de otros hombres y mujeres. Todo el potencial para conocer el júbilo que nos ofrece nuestro yo superior espiritual queda desterrado de la conciencia en favor de las apariencias.

Darme cuenta de esto ha sido algo significativo para mí, adquirí conciencia de mi capacidad para permitir que mi yo superior fuera la energía a la que yo respondiera. Me he encontrado con que mi temprana formación como varón dominado por el ego estaba extremadamente arraigada y nada fácil de obviar.

Cuando usted está motivado por la libido, sus pensamientos se ven abrumados por ella durante casi todo el tiempo. Su mundo interior está casi exclusivamente orientado a pensamientos sexuales y evaluaciones basadas en las apariencias. Cambiar su pensamiento en este aspecto no significa convertirse en un puritano o un asexual.

Lo que hará será liberarse para ver la belleza interior que hay dentro de todos y cada uno de nosotros. También se dará cuenta de que toda apariencia física es pasajera y que sufre constantes cambios. Si mide su propio aprecio por la apariencia física, ¿adónde irá a parar su aprecio cuando esas características físicas comiencen a cambiar, como están destinadas a hacerlo?

No hay ninguna recompensa interior en la conquista, a pesar de que puedan haberle dicho lo contrario. No hay ninguna recompensa interna en una conquista, aunque sienta que sí la hay cuando habla largo y tendido sobre ella con sus amigos, los cuales han recibido la misma formación. Cuando la conquista se ha visto coronada por el éxito, existe una sensación de vacío y un poderoso deseo de desaparecer tan rápido como sea posible.

La unión sexual que está libre de la idea de conquista y se halla centrada en el yo espiritual no le deja con una sensación de vacío ni con un deseo de desaparecer. Ambos querrán estar cerca el uno del otro cuando el acto físico haya concluido. No existe sensación de vacío cuando hay una relación espiritual.

Liberarse de la libido en este sentido tiene lugar cuando purifica sus pensamientos referentes a los otros así como a usted mismo. Realice un esfuerzo deliberado y consciente para cambiar el malsano pensamiento basado en la libido. Hágalo con un pensamiento por vez. Se encontrará creando la paz interior que proviene de conocer a su yo superior.

Recuerde, Dios no tiene favoritos. En realidad, nadie es más guapo ni más hermoso que otro. La única diferencia existente entre una flor y una hierba proviene del juicio. Los enjuiciamientos basados en el ego le convencen de que la apariencia física y la conquista sexual de las personas juzgadas como más atractivas son de vital importancia. Tenga presente que todo pensamiento o enjuiciamiento referente a los demás como objetos sexuales es un pensamiento que le mantiene apartado de su yo superior y cerca de la dominación del ego.

Si usted es una mujer, tenga cuidado de no permitir que su ego le convenza de que está por encima de estos pensamientos. Aquí he usado sólo ejemplos masculinos debido a que conozco mejor a los varones. He observado a mujeres que hacían enjuiciamientos sobre la apariencia de otros hombres y mujeres, y que usaban insinuaciones y modos de conversación impúdicos similares.

Para purificar nuestros pensamientos por lo que hace a la libido, debemos comprometernos a llevar la cuenta de todos los juicios que hacemos con independencia de nuestro sexo, estado civil o edad. En la parte final de este capítulo presento algunas sugerencias sobre cómo llevarlo a cabo.

Libérese del pensamiento adictivo

La sucinta definición de pensamiento adictivo es la creencia de que usted ha de tener algo externo a sí mismo con el fin de evitar el sufrimiento. Cuando sus pensamientos se hallan centrados en la absoluta necesidad de tener algo, están siendo sometidos al ego. Recuerde, el ego quiere que sienta que está incompleto, de manera que pueda mantenerle luchando por algo en lugar de permitir que mire en su interior y conozca la paz y la armonía de su yo espiritual.

Mientras sus pensamientos se hallen centrados en que usted está incompleto, necesitará luchar por algo más para tener satisfecho a su ego. El algo más podrían ser las adicciones típicas como el alcohol, las drogas, los azúcares, las cafeínas y demás. O podríamos ser adictos a la aprobación, el dinero u otros símbolos de éxito. La clave aquí reside en entender que luchar por cosas es indicativo de que su ego está funcionando.

Cuando traba conocimiento con su yo superior, descubre que todos los placeres que las adicciones le proporcionan son falsos y fugaces. Los placeres que ofrece cualquier sustancia —desde la nicotina y la cafeína a la cocaína y la heroína—, los experimenta el cuerpo como sensaciones que desaparecen casi de inmediato. Cuando la exigencia de volver a esa sustancia se transforma en una adicción, usted está en la senda de acabar envenenando tanto su cuerpo como su mente.

En todos los casos, es necesario que examine sus pensamientos adictivos. La práctica totalidad de las tradiciones espirituales enseñan que su yo superior es Dios, que habita en usted. Cuando conoce ese poder que hay en su interior, ya no piensa más en que ha de tener algo o tiene que hacer algo con respecto a las necesidades externas. En el cristianismo, se hace referencia a este conocimiento: «… porque he aquí que el reino de Dios está dentro de vosotros». En el confucianismo se nos dice: «Lo que un hombre no evolucionado busca está fuera. Lo que el hombre evolucionado busca está dentro de él mismo». En el budismo se nos recuerda: «Si piensas que la Ley está fuera de ti mismo, no estás abrazando la Ley absoluta sino alguna otra enseñanza inferior». En el sintoísmo se nos implora: «No busques a Dios en distantes cielos. En el propio corazón del hombre se encuentra Él». Y para concluir, en el hinduismo se nos dice: «Dios mora escondido en los corazones de todos».

Si examina cada una de estas tradiciones espirituales y muchas otras, verá que el pensamiento adictivo es aquel que vulnera los principios básicos de su yo espiritual. Dentro de cada uno de nosotros existe un poder divino que no necesita sustancia alguna ni nada externo para conocer el júbilo (a menos que busque una falsificación, un júbilo fugaz que requiera más y más para permanecer saciado).

El hombre evolucionado al que hace referencia Confucio es la persona que ha mirado hacia su propio interior, descubierto que hay algo más que un cuerpo que codicia cosas y, por lo tanto, es capaz de ser observador de su cuerpo. Cuando se desprende de la creencia de que su cuerpo es usted, también se desprende de las exigencias que su falso yo le impone.

Para liberarse de cualquier pensamiento adictivo, descubrirá que resulta necesario liberarse de las exigencias del ego. Guarde silencio y transfórmese en el observador de su cuerpo y de sus ansias en lugar de ser el ansia o el veneno. Entonces será capaz de ver la luz celestial de Dios, que le dará la fuerza necesaria para abandonar los pensamientos adictivos.

Al contemplar las ansias, puede verlas cómo llegan y se van. Sabe que el falso yo se debilita al mismo tiempo que continúa susurrándole intermitentes advertencias respecto de abrazar el «rollo espiritual», y le sugiere que usted se merece el júbilo ahora. Eso forma parte del pensamiento condicionado del ego, que le dice que sin algo externo se le negará el júbilo y el placer.

Para liberarse de este pensamiento, necesita abandonar de momento a su ego y solazarse con el recién hallado júbilo logrado por su fuerza de resistencia. Invoque a su yo superior y trabe una conversación con Dios en la que supere ese problema.

Cuando usted comienza a resistirse a la dominación y exigencias del comportamiento adictivo del ego, conocerá un júbilo muy superior y más duradero que el que puedan proporcionarle cualquier sustancia o aprobación externa. Conocerá el pensamiento puro en lugar del malsano, tal vez por primera vez en su vida.

Libérese del espíritu de contradicción

El pensamiento malsano es el que ve lo malo en lugar de lo bueno que hay en el mundo. También aquí trabaja su ego, alentándole a evitar todo lo que le diga que éste es un lugar divino. Una vez que comienza a ver lo bueno que hay en todo y a saber que incluso aquello que ninguno de nosotros puede entender es, de alguna misteriosa forma, parte del plan de Dios, su ego se marchitará y perderá su influencia sobre usted.

Cuando su pensamiento es puro usted empieza a comprender el mundo de una nueva forma. Los hechos del mundo no son lo que le deprime; es la forma en que los interpreta. Abandone la necesidad de interpretar.

El pensamiento malsano le dice que usted tiene que convertir algo en un problema a fin de que el ego pueda acabar teniendo razón. Si las cosas no van de la manera que su ego piensa que deberían ir, usted tiene una razón para estar molesto. Esto crea desasosiego, el objetivo del ego. Si está agotado interiormente, resulta improbable que adopte un punto de vista sosegado.

Las irritaciones menores pueden impedirle experimentar la paz de Dios, y lo harán, con tanta seguridad como lo harán el enojo y el odio. Cada vez que usted valora algo por encima de la paz, puede estar seguro de que su ego está ejerciendo su influencia sobre usted.

Si quiere conocer la felicidad suprema, tiene que desterrar el espíritu de contradicción de su vida. Debe abandonar la interpretación de las personas y hechos y dejar atrás la negatividad y el pesimismo. Víctor Hugo escribió una vez: «La felicidad suprema de la vida es la convicción de que somos amados; amados por nosotros mismos, o más bien a pesar de nosotros mismos».

Cuando uno es negativo y tiene espíritu de contradicción, envía mensajes que dicen que no está interesado en que le amen. La negatividad devolverá más de lo mismo. Cuando usted realiza el giro hacia su yo superior, cuando experimenta el júbilo dentro de sí, el ego se aparta a un lado, aunque con reticencia, y se encamina hacia maneras positivas, amorosas, de vivir la vida. Usted sabe que su yo superior le traerá la felicidad suprema a la que aludió Víctor Hugo.

A veces pienso en mí mismo como una especie de paranoide pero al revés. Las personas paranoides creen que el mundo y todos sus habitantes se proponen hacerles daño. Yo pienso en los paranoides al revés como personas que creen que el mundo y todas las personas que viven en él se proponen ayudarles, protegerles y hacerles algún bien.

Esto no es más que un cambio de actitud que nos asegura la presencia divina. Nuestro yo superior nos recuerda que mantengamos nuestros pensamientos al servicio de los demás, y de esa forma alcancemos la satisfacción de nuestros deseos. Todas las personas con las que se encuentra —de alguna manera no demostrada pero evidente—, forman parte de la conspiración destinada a hacer su vida espiritualmente placentera.

Trate de pensar en usted mismo como paranoide al revés. Verá que el espíritu de contradicción y todos los trucos del ego desaparecen para ser reemplazados por su yo espiritual, que le traerá el amor, la experiencia suprema de la felicidad.

Libérese del pensamiento comparativo

Resulta corriente oír a la gente hablar de que cada uno es único. Nuestros egos querrían hacernos creer que cada uno de nosotros es especial, una creación única en su género que merece atención individualizada por parte de todo el mundo, incluido Dios. Es decir, hemos de describir esta idea como una interpretación superficial de nosotros mismos. En la superficie —es decir, cuando juzgamos por la apariencia física, la capacidad, los compartimientos y la personalidad—, cada persona es única y, en efecto, bastante especial. Pero el punto central de este libro es la dimensión espiritual que hay más allá de la superficie.

La persona dirigida por el ego juzga por las apariencias en el plano físico, y en consecuencia se sirve de comparaciones. La persona cuyo punto de apoyo es su identidad superior sabe que todas estas diferencias son meras observaciones superficiales y que en nuestro núcleo todos compartimos la misma esencia universal. La energía que fluye a través de usted está fluyendo también a través de mí. No existe un Dios separado para cada uno de nosotros. Es nuestro ego quien nos convence de que estamos separados los unos de los otros.

Cuando usted comienza a ver a las personas en función de su esencia divina, y ve la esencia de Dios en cada persona con la que se encuentra, deja de comparar. La idea de que otras personas deben ser juzgadas basándose en relación con usted es equivalente a la idea de que usted es especial a ojos de Dios. Es como si creyera que las creaciones de Dios, que son diferentes de usted en apariencia, personalidad, intereses y capacidad, son errores.

¿Pero cómo es posible que pueda haber un error de creación cuando éste es un sistema inteligente? ¿Cómo puede un Dios divino, omnisciente, cometer un error?

A medida que su pensamiento se hace más puro, comienza a ver las conexiones que nos unen a todos en algo muchísimo más significativo que las apariencias. Que piense en sí mismo como superior a otra persona, o con más inteligencia, o más hermoso, significa que el ego está consiguiendo que niegue su espíritu interior, el cual se halla conectado con aquéllos a quienes está juzgando.

No tiene sentido sentirse superior ni compararse con las demás personas cuando se actúa desde el yo espiritual. Todos los seres, incluido usted mismo, son una expresión de Dios.

El pensamiento comparativo es popular en nuestra cultura. Los concursos de belleza, los anuncios publicitarios, las competiciones de body-building y las oposiciones, son sólo algunas de las maneras de manifestarse que tiene el pensamiento comparativo. Está claro que el mensaje es que algunos de nosotros somos más hermosos o estamos mejor dotados que otros, y por tanto se nos juzga como superiores.

No estoy sugiriendo que estos factores externos sean inexistentes. En efecto, algunas personas corren más rápido, calculan a mayor velocidad y tienen más masa corporal que otras. Pero usar estos factores que se transmiten por vía genética, como indicadores de cómo debemos pensar, equivale a ceder ante el ego, el cual hace hincapié en las apariencias.

Repare en las diferencias y disfrute de las competiciones, pero sepa en su corazón que no necesita juzgar a los demás basándose en sus diferencias físicas.

Cuando haya purificado su pensamiento, mirará más allá de esas diferencias obvias que pueden medirse en el plano físico. Reparará en ellas, las disfrutará, competirá contra ellas, si quiere. Pero nunca utilizará su pensamiento para juzgar a nadie como superior basándose en las características física y las realizaciones. Sus pensamientos permanecerán siempre con el yo superior, que le dice que todos tenemos la misma esencia.

Las siguientes palabras se atribuyen a Buda: «Sé una lámpara en ti mismo. Mantén la verdad en tu interior». Recuerde esta verdad, y su pensamiento permanecerá puro. Cuando escuche este consejo, los pensamientos comparativos ya no envenenarán su vida. La obra A Course in Miracles le ofrece otra forma de recordar esto: «No veas a nadie como un cuerpo. Recíbele como al hijo de Dios que es, y reconoce que es uno contigo en Dios».

 

PURIFICACIÓN DE SUS EMOCIONES

Las emociones son reacciones ante los pensamientos. Estas sensaciones aparecen en su cuerpo y provienen de cómo utilice su mente. Las emociones no son cosas que sencillamente suceden; son elecciones que usted hace.

Si su cuerpo se ve atormentado por respuestas emocionales malsanas como sentimiento de culpa, enojo, preocupación, miedo, timidez y ansiedad, tiene que examinar el proceso de pensamiento que da soporte a dichas sensaciones. Las reacciones fisiológicas ante estas emociones incluyen alta presión sanguínea, rubor, aceleración respiratoria, aumento del ritmo cardíaco, sensación de tener un nudo en el estómago, úlcera, erupciones y la tendencia a morderse las uñas, entre otras.

Puede identificar sus emociones en el plano físico mediante la observación. Pero también tiene que saber que el sistema de soporte de estas reacciones es su elección de pensamientos. Si está entregado a los pensamientos malsanos estará produciendo respuestas emocionales malsanas que provocarán en su cuerpo un estado de ansiedad y desasosiego.

La verdad es que usted es por completo responsable de lo que piensa. Mediante la puesta en práctica de las cuatro claves de acceso a la conciencia superior presentadas en la segunda parte de este libro, comenzará a ver sus pensamientos como elecciones. El mundo no gobierna su mente, ni tampoco su cuerpo gobierna sus pensamientos. Es al revés. Quien está al mando es el cerebro, puro, y que está en paz.

A los pensamientos malsanos —como los prejuicios, los pensamientos libidinosos, el espíritu de contradicción, los pensamientos adictivos y los comparativos— puede observárselos y luego dejarlos marchar. Sencillamente obsérvelos llegar y luego decida no centrarse nunca más en ellos.

Esta sencilla fórmula es el secreto para crear en su cuerpo reacciones emocionales que manen del amor, la aceptación, la paz, la tolerancia, la comprensión, la bondad y el perdón. Estos pensamientos de pureza, dictados por su yo superior, provocarán las reacciones emocionales del contento, la homeostasis, el equilibrio, el júbilo y la calma. Por lo tanto, para purificar sus emociones, usted tiene que purificar sus pensamientos y luego observar mientras les da la vuelta a esas antiguas reacciones emocionales malsanas a las que se ha acostumbrado llamar herencia.

Hubo una época en la que yo esperaba recibir reconocimiento cuando hacía un regalo. Si no recibía el agradecimiento que esperaba, me sentía molesto y acusaba interiormente al ingrato destinatario. Podía advertir los cambios corporales que provocaban mis pensamientos.

En la actualidad, escucho a mi yo superior, y soy capaz de dar de forma anónima. Mi yo superior me hace dar por la sola razón del deseo de ayudar. Ya no doy para recibir algo a cambio. Mis pensamientos a este respecto están purificados, y por lo tanto todas las reacciones emocionales de enojo y frustración han sido reemplazadas por una sensación de equilibrio y bienestar.

De modo similar, he extirpado la dolorosa reacción emocional de los celos. En lugar de permitir que mi ego esté al mando, me vuelvo hacia mi yo superior en busca de guía. Ya no me digo a mí mismo que debería sentirme desairado cuando alguien obtiene más de lo que yo tengo. Consulto a mí yo superior y observo mis pensamientos en silencio. Desde ese lugar estratégico, veo que el amor es lo que puedo enviarles a todos aquellos que están en este planeta conmigo, independientemente de las apariencias o diferencias externas.

Tenga presente que el ego es una pequeña parte de usted mismo, la cual ha asumido el mando en su intento de protegerle con su falsa idea de que usted es sólo un cuerpo. A partir de esta imagen incompleta de su totalidad, el ego fomenta reacciones emocionales malsanas así como comportamientos del mismo jaez.

Mientras avance por el sendero de su yo espiritual, tenga presente estas palabras de mi maestro Nisargadatta Maharaj:

 

Cuando sabes más allá de toda duda que la vida fluye a través de todo lo que existe y que tú eres esa vida, lo amarás todo de manera natural y espontánea. Cuando te das cuenta de la profundidad y plenitud del amor de ti mismo, sabes que todos los seres vivos y el universo entero están incluidos en tu afecto. Pero cuando miras cualquier cosa como algo separado de ti, no puedes amarlo porque le tienes miedo. La alienación provoca miedo y el miedo hace más profunda la alienación.

 

Esta alienación a la que se refiere Maharaj aparece como el estrés y las reacciones físicas que llamamos emociones malsanas. Memorizar este pasaje del libro I Am That le ayudará a volverse hacia la pureza emocional. De ello obtendrá un comportamiento nuevo y puro.

 

PURIFICACIÓN DE SU COMPORTAMIENTO

Su comportamiento en el plano físico fluye directamente de sus pensamientos y emociones. Como nos recuerda Emerson: «El antepasado de toda acción es un pensamiento». Es obvio que el pensamiento venenoso conduce a un comportamiento malsano. Para purificar su comportamiento, tiene que frenar sus pensamientos malsanos.

Si lo malsano tiene una larga duración, ello ayuda al desarrollo de comportamientos adictivos. Independientemente de cuántos programas de tratamiento siga, si va a librarse de un comportamiento adictivo tendrá que hacerlo por su propia cuenta. Nadie más puede hacerlo por usted. Ningún programa puede hacerlo por usted. Ningún elixir mágico va a conseguirlo. Sólo usted, con su pensamiento, puede cambiar los comportamientos adictivos que ha escogido a instancias de su falso ego.

La manera más eficaz de librarse de un comportamiento adictivo es acudir directamente a su yo superior y pasarle el problema a Dios. Eso es. Limítese a pasárselo. Entréguese, con el conocimiento de que la energía más elevada del universo está dentro de usted.

Me encanta este pasaje del libro A Course in Miracles: «Me contento con ser lo que Él quiera, porque sé que Él va allí conmigo. Seré sanado cuando le permita, a Él, que me enseñe a sanar». Cuando se entregue a la fuerza más elevada y entre en el silencio de usted mismo, experimentará todo eso sobre lo que he escrito en este libro. Sentirá que ya no tiene que confiar en su falso yo para obtener ninguna satisfacción pasajera. Sentirá la presencia de su yo espiritual en todo momento. Las tentaciones de volver a los hábitos adictivos se verán disipadas por su nueva capacidad para entregarse y su voluntad de ayudar a sanar a otras personas.

Incluso una recaída será parte del orden divino, usted sabrá que llegará el momento en el que se verá por completo libre de la adicción, siempre y cuando permanezca con el pensamiento purificado. Sus pensamientos son lo más importante que tiene a su disposición en la batalla de acabar con el comportamiento adictivo. Sus pensamientos se hallan en el reino invisible donde se encuentra su yo superior.

Su yo falso continuará instándole a aceptar el placer fugaz. Pero al utilizar sus pensamientos para confiar en el espíritu que le habita, el impacto de su ego disminuirá.

Su yo superior le guiará para purificar su comportamiento adictivo, y se le proporcionará ayuda si mantiene la continuidad de su compromiso. Las personas que le suministran el veneno que toma serán incapaces de llegar hasta usted. La llamada telefónica a su suministrador habitual no recibirá respuesta. Su suministrador no estará disponible. Le llamarán para que haga algo fuera de la ciudad, o le desviarán, o surgirán de repente otras actividades justo en el momento en que estaba a punto de tener un momento de debilidad. El universo conspirará para ayudarle en su compromiso de purificarse cuando voluntaria y auténticamente le pase su problema al yo superior.

Por último, volverá los ojos con incredulidad hacia sus comportamientos adictivos y se preguntará cómo pudo haber sido tan estúpido. No obstante, su yo superior le recordará que formaba parte del designio divino. Tuvo que pasar por todas esas experiencias con el fin de saber cómo superarlas. Llegará un momento en el que estará agradecido por su pasado adictivo, y dará cada día las gracias por el surgimiento de su yo superior. Habrá dominado su ego mediante unos pensamientos, emociones y comportamientos purificadores.

Cuando comience a darse cuenta de cómo todo trabaja a la par para ayudarle a purificar su vida, verá que cada aspecto de su vida mejora. De inmediato empezará a llevar una vida más sana. Cuando sus pensamientos provengan del reino espiritual, el reino físico responderá automáticamente a esa llamada superior.

Este cambio a un comportamiento nuevo y más puro no es una transición difícil. Un oyente de una de mis conferencias me explicó hace poco que él anhelaba convertirse en una persona más espiritual, con un corazón puro, pero que le resultaba muy difícil. Yo le dije que era necesario que reconociera que eso era obra de su falso yo, que intentaba convencerle de que era difícil, con el fin de que no realizara el esfuerzo necesario.

Cuando usted escucha a su ego y se deja convencer de que es demasiado difícil deshacerse de los hábitos malsanos, usted está bajo el control de ese falso yo. El hecho es que cuando le pasa esos hábitos a Dios y se entrega y le escucha, y luego recurre a las cuatro claves de acceso a la conciencia superior, todo comienza a sincronizarse para purificar su vida. Si se siente convencido, si no le cabe duda de que es difícil, está escuchando a su ego. Si sabe que no se encuentra solo y que es capaz de cualquier cosa que pueda concebir, entonces está escuchando a su yo superior.

El hábito de practicar comportamientos destructivos va mucho más allá del consumo de sustancias. El comportamiento malsano, que dificulta las relaciones espirituales, también puede purificarse mediante la entrega de su hábito en manos de su yo superior.

Su yo superior quiere que tenga paz y amor en su existencia, no agitación. Su yo superior sabe que anhela una relación espiritual, un lugar en el que sienta serenidad en lugar de inquietud.

Cualquier comportamiento que sea malsano será purificado mediante la confianza en el espíritu que le habita. Al apartar los pensamientos de la influencia del ego, sus reacciones emocionales y su conducta también se apartarán.

Ya ha visto cómo son los pensamientos, sensaciones y comportamientos malsanos y cómo se presentan en su vida. A medida que quite de su camino esos obstáculos que le impedían el acceso a la conciencia superior, querrá estar alerta con las razones por las que ha permitido que su ego le envenenara la vida.

Mientras examina las consecuencias expuestas en el apartado que sigue, tenga presente que puede quitar esos obstáculos de su camino a voluntad consultando tan sólo con su ego. Como puede ver ahora, cuando su ego se ve obligado a encararse con la brillante luz de su yo superior, se desvanece su dominación.

 

LAS COMPENSACIONES QUE RECIBE SU EGO POR FOMENTAR LO MALSANO

• Su ego siempre fomenta la idea de que está separado de los demás, incluido Dios. Si se encuentra a la búsqueda del placer externo de forma perpetua, está convencido de que su felicidad procede de fuentes externas. Al perseguir este placer del exterior, se mantiene alejado de la experiencia de guardar silencio y conocer el júbilo de un corazón puro. En consecuencia, el ego garantiza su supervivencia por el sistema de hacer que se destruya poco a poco.

• Cuando prejuzga está haciendo un enjuiciamiento de sí mismo como ser superior con respecto a aquellos que juzga. El objetivo del ego es convencerle de que esos otros son inferiores a usted. Este tipo de pensamiento le permite al ego mantener su control.

• El ego se arraiga cuando usted ve a los demás como objetos sexuales. Le convence de que su propio valor se funda en sus conquistas. Le permite hacer alarde de su atractivo sexual y verse a sí mismo como más fuerte que sus conquistas. Mientras escuche a su ego, tendrá que demostrar quién es en el plano físico. Para el ego no existe mejor forma de demostrar su superioridad como ser físico que conquistar a otro cuerpo.

El ego tiene miedo de la idea de que usted sea un alma con un cuerpo. Si comienza a ver a los otros como seres espirituales que están pasando por una experiencia humana, el ego teme que no será capaz de convencerle de continuar demostrando quién es a través de la libido. Así pues, el ego le alienta a escuchar sus urgencias biológicas y actuar según las mismas.

• Sus adicciones son la suprema satisfacción de su ego. Cuanto más confíe en la necesidad de aprobación externa o sustancia de cualquier tipo, menos probabilidades existen de que se vuelva hacia el interior y alcance el júbilo de su yo espiritual. Mientras se le pueda persuadir de que es principalmente un ser físico cuyas satisfacciones sexuales constituyen la primera prioridad, el ego tiene asegurada su posición de preeminencia. Si abandona la necesidad de estas realidades externas, es como decirle a su ego que se vaya a paseo. Así pues, su falso yo alimentará la idea de obtener placeres de cualquier cosa que no sea la luz celestial del espíritu que alberga su cuerpo.

• El que se encuentre en un estado de agitación y desasosiego satisface a su ego. Su ego alimenta el descontento suficiente para mantenerle en un estado de agitación, pero no el suficiente para que vaya a buscar la paz que reside en su propio interior. Moverse en esta situación de descontento le hace creer que no puede evitarlo. El ego le empuja al interior de una corriente de descontento.

El ego le alienta a hallar fallos, ser pesimista, y en general a ver el lado negativo de la existencia. Cuanto más se comporta así, más conserva el falso yo su poder sobre usted. Está intentando evitar que sienta la desesperación necesaria para impulsarle a buscar su naturaleza espiritual. Si comienza a buscar la pureza y la paz a través del yo superior, el ego sabe que empezará a experimentar más optimismo y contento. El ego hará todo lo necesario para evitarlo.

• Mientras sienta la necesidad de compararse con otros, seguirá los dictados del ego. Una vez que ve que otros están en su búsqueda espiritual, no puede evitar enviarles amor, y el ego es demasiado inseguro como para permitir eso. En consecuencia, su falso yo le alienta a compararse con otros y a molestarse cuando otros le derrotan o tienen más cosas y parecen hallar felicidad.

Cuando descarte esta idea de que la comparación es algo apropiado, ya no tendrá que consultar a su ego.

Éstas son algunas de las principales recompensas que su ego obtiene por fomentar el pensamiento, las sensaciones y el comportamiento malsanos. Ahora ha llegado el momento de desplazar su atención hacia algunas de las formas de ser que traerán la pureza a su vida.

 

NUEVAS FORMAS DE SER PURO EN CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU

• Cuando sienta que las exigencias de su cuerpo se adueñan de usted, tómese unos momentos para guardar silencio y escuchar a su yo superior. Sólo escuche y realice un esfuerzo por posponer el inmediato y fugaz placer de los sentidos durante unos instantes.

En estos preciosos instantes encontrará la fuerza para renunciar a las exigencias del ego. Aunque sólo consiga posponer su dependencia respecto de las presiones de su cuerpo durante unos instantes, habrá hecho un progreso. Aquello en lo que piensa llegará a transformarse en un hábito. Pensar según un criterio espiritualmente superior hará que funcione el mecanismo que se sobrepondrá al ego.

• Comience a llevar la cuenta de los juicios que establece cada día. Incrementar su conciencia de este hábito le ayudará a consultar con la amorosa esencia divina cuando surjan esas actitudes.

Si su primera tendencia es enjuiciar la apariencia física de alguien, repare en que está haciéndolo y cambie su pensamiento para considerar la plenitud de Dios que hay dentro de esa persona. Esta perspectiva le hará tomar conciencia de como piensa habitualmente. También le proporcionará una vida más tranquila, dado que el enjuiciamiento conduce a unas reacciones internas y externas más hostiles.

A medida que se sorprenda en actitudes de enjuiciamiento, comenzará a deshabituarse. Acabará reemplazando el hábito por pensamientos puros, que le harán ver su conexión con cualquier persona que conozca.

• Cuando se encuentre con que recae y se entrega a pensamientos o comportamientos malsanos, pídale a su yo sagrado que intervenga. Pásele el pensamiento o comportamiento con una afirmación de entrega y confianza. Este tipo de afirmación le pondrá en contacto con una energía que está muy alejada de las nocivas exigencias de su ego.

Aunque es verdad que puede hacerle falta algún tiempo para purificarse por entero, también es cierto que las recaídas cada vez serán menores y más espaciadas. Cada vez que recaiga, será consciente de la influencia de su ego. Esta conciencia reforzará su determinación hasta que, por fin, sólo escuchará a su yo superior.

• Perdónese por todos y cada uno de los comportamientos malsanos que haya seguido hasta el presente. Todos sus pensamientos, sensaciones y comportamientos malsanos son también una forma de enseñarle a dejar atrás el ego. Necesitaba esas visitas al infierno para saber lo que ya no quiere en su vida.

En lugar de maldecir el pasado, bendígalo y perdónese. Cuando uno sabe que todas esas experiencias formaban parte del designio divino para su vida, puede permitirse perdonar. Entonces llegará el momento en el que volverá los ojos con asombro, por haber transitado por caminos tan destructivos.

Pero por el momento, perdónese. Bendiga al pasado y escuche a su alma hablar de amor y perdón.

• En lugar de hacer constantemente un problema de las cosas con sus familiares y amigos, intente liberarse del asedio de su ego. Cuando se dé cuenta de que está a punto de buscar el conflicto, pregúntese si quiere hacer un problema de eso y vivir los dolorosos resultados, o si prefiere crear una atmósfera pacífica.

Unos instantes de consulta con la energía invisible que quiere que esté en paz le apartarán del enfrentamiento. Sólo necesita unos segundos para hacer una pausa y saber lo beneficiosa que es la paz. Su ego intensificará las presiones y tendrá que optar de forma consciente por la paz, que está a su alcance.

• Trabaje para eliminar las irritaciones menores que siempre le acompañan. Recuerde que el ego prefiere que sea desdichado y para ello se sirve de estas irritaciones menores.

Por ejemplo, déle al camarero un pequeño descanso trasmitiéndole amor y no irritabilidad cuando haya tardado demasiado tiempo en servirle. Recuerde que sus hijos son pequeños y que le harán constantes exigencias con el fin de obtener lo que quieren. Haga caso omiso de los cambios del tiempo atmosférico que considera desastrosos para sus planes; dé las gracias por cualquier tiempo atmosférico.

En otras palabras, sea consciente de las irritaciones menores y considérelas como oportunidades para aprender más sobre la faceta superior de sí mismo. Las pequeñas molestias están programadas por el ego para proporcionarle vivencias malsanas todos los días. Vuélvase hacia su yo espiritual y busque la pureza.

• Mantenga la palabra namaste en su conciencia. Úsela como saludo y recuerde su conexión con todos los demás. Cuando se reconoce el sagrado lugar que hay dentro de los otros y que ellos comparten con usted, uno supera las malsanas reacciones. Yo pienso en la palabra namaste en todo momento, particularmente cuando mi viejo ego continúa intentando convencerme de que no comparto la energía invisible con otra persona.

• Trabaje para ser capaz de conocer el júbilo sin necesidad de nada externo. A medida que aprenda a meditar y acallar el diálogo interno, sucederá algo maravilloso. Conocer el júbilo sin necesidad de sustancias externas. Se sentirá embriagado y eufórico de una forma tan pura como nunca antes ha experimentado. Conocerá estas sensaciones sin los componentes tóxicos que acabarían por destruir el tejido de su cuerpo y alterar la química de su cerebro.

La química natural de su cuerpo produce euforia al meditar. Al alcanzar el júbilo del espacio unificado, sentirá que su química cambia. Cuando se dé cuenta de que puede vivir esa experiencia, no se sentirá atraído por venenos a fin de conseguir esos efectos eufóricos.

• Cuando se sienta tentado de caer bajo la influencia de su malsano ego, recuerde que hay dos maneras de tener el edificio más alto de la ciudad. Una manera es derribar todos los otros edificios. Este método requerirá sin ninguna duda un esfuerzo violento y una batalla con los dueños de los edificios que destruya. Es probable que pierda también su edificio en el intento.

La segunda manera de tener el edificio más alto de la ciudad es trabajar, haciendo caso omiso de la altura de los demás. Aplique esta analogía a la construcción de su felicidad.

Si opta por la actividad malsana de degradar a todo el mundo con el fin de ascender usted, estará en un constante estado de agitación. No obstante, si se decide por la segunda opción y trabaja en sí mismo al tiempo que transmite amor a quienes le rodean, se asegurará un corazón puro y una vida de amor.

• Apártese de los hábitos malsanos de su vida tomándolos de uno en uno. Trate de escoger los pensamientos malsanos en el momento en que los tiene. Un momento por vez, un día cada vez… y serás capaz de conseguir ser puro.

Si intenta cambiarlos todos al mismo tiempo, su ego estará encantado porque renunciará y cederá ante los hábitos. Pero hoy, en este preciso momento, tome la determinación de que ya no vivirá una existencia malsana… y se encontrará en su sendero espiritual.

Por ejemplo, si tiene sobrepeso y toma la decisión de dedicar un poco de tiempo a caminar en torno a la manzana en lugar de sentarse a comer algo, usted está purificando su pensamiento. El pensamiento generará el comportamiento. Continuará teniendo sobrepeso, pero durante un momento habrá vencido al ego. Éste es su paso hacia el siguiente pensamiento puro, y hacia el siguiente, hasta que llegue a confiar en que la amorosa esencia divina le guíe.

Ésta es una prescripción para adquirir conciencia del poder que le ha entregado a su ego para que fomente una vida malsana. Échele una mirada a la cita del principio de este capítulo y recuerde que, a medida que desarrolle un corazón puro, llegará a conocer a Dios. Practique algunas de estas estrategias para desarrollar un corazón puro y despídase de las influencias malsanas de su ego.

Esto concluye la tercera parte de este libro. Los capítulos precedentes representan los conflictos de mayor importancia entre el ego (su falso yo) y su yo espiritual. Han desempeñado un papel fundamental en su vida. Si se libera de ellos, su vida se transformará.

Cuando comience a dejar atrás su ego en todos los aspectos de la vida, aumentará la conciencia que tiene del yo divino que reside en su interior. A medida que trabaje para resolver los conflictos existentes entre su yo superior y su falso yo, conocerá la libertad y júbilo, su destino.

Rabindranath Tagore es un iluminado espíritu de la India cuyas palabras centran la cuestión. En una conversación con Dios, él dice:

 

He salido, solo, por mi camino, hacia el lugar de la cita. Pero ¿quién es este yo en la oscuridad?

 

Me aparto a un lado para evitar a esta presencia, pero no la evito.

 

Él hace que las tinieblas se levanten de la tierra con su bastón; y suma su potente voz a cada palabra que profiero.

 

El es mi propio pequeño yo, Señor, él no conoce la vergüenza; pero estoy avergonzado de acudir a tu puerta en su compañía.

 

Yo creo que podemos transformar el mundo mediante este cambio de conciencia. Dicho cambio está teniendo lugar en usted en este preciso minuto. Lo transmitirá a medida que continúe caminando por la senda de su yo espiritual. El último capítulo del presente libro concluye con mi visión de cómo sería nuestro mundo si todos supiéramos que estamos aquí, en una búsqueda espiritual.

 

 

CUARTA PARTE

 

Hacia un mundo sin ego

 

Decide que puede hacerse y se hará,

y entonces hallarás la manera

Abraham LINCOLN

 

 

15

 

Crear un espíritu colectivo de yos espirituales

 

Pero si por el contrario el Hombre ve una puerta que se abre en lo alto, es un nuevo escenario para su desarrollo; si cada uno de nosotros puede creer que está trabajando con el fin de que el Universo pueda alzarse, en él y a través de él, hasta un nivel más alto, entonces una nueva fuente de energía manará desde el corazón de los trabajadores de la Tierra, la totalidad del gran organismo humano, superando la vacilación de un momento, inspirará profundamente y continuará con renovada fuerza

Pierre TEILHARD DE CHARDIN

 

 

Transmitiré mi yo espiritual al exterior,

para bien de todos

 

Este capítulo final será una odisea al interior de todos los males de nuestra sociedad. No tengo intención de acabar este libro catalogando todos los problemas que hemos creado como resultado de permitir que nuestros egos sean la fuerza dominante del mundo.

Eso no quiere decir que no reconozca que tenemos muchos problemas que han surgido de nuestra preocupación por satisfacer a nuestro ego. Tampoco soy ciego ante el hecho de que nuestros egos individuales han interactuado de formas que han producido guerra, delincuencia, adicción, pobreza, injusticias sociales y tiranías.

Hemos creado un ego mundial que refleja, a nivel global, la misma carencia de profundidad y riqueza que existe en nuestras vidas. A lo largo de todo este libro he expuesto razones para dominar el ego personal y sugerencias de cómo hacerlo. Exactamente lo mismo puede hacerse con respecto al mundo. Abrigo la esperanza de que a usted le resulte tan obvio como a mí que el ego colectivo se beneficiará cuando dejemos atrás nuestros egos individuales.

Usted, como ser individual, tiene una búsqueda espiritual que emprender. Esa búsqueda implica llegar a conocer su naturaleza superior e invitarla a que le muestre el camino de su yo espiritual en la vida cotidiana. Esto significa negar las exigencias de su ego si esas exigencias entran en contradicción con su yo superior.

Nuestro mundo es un colectivo de seres individuales a los que su amorosa esencia divina insta a seguir la búsqueda espiritual individual y colectivamente. El mundo se convertirá en un entorno pacífico, satisfecho, cooperador, amoroso, sincero, tolerante y puro, cuando los seres individuales que componen la conciencia colectiva dominen su ego. Lo mismo que ocurre en el microcosmos, ocurre en el macrocosmos. El todo se comporta de la misma forma que las partes individuales.

Muchas personas con las que hablo me dicen que se sienten impotentes para modificar el mundo. Creen que, dada la envergadura de los problemas globales, sus esfuerzos serán insignificantes.

Lo que no ven es que ese mundo se transformará precisamente mediante un cambio en la conciencia individual. Todos los problemas con que nos enfrentamos dentro de un grupo reflejan los que tenemos a escala individual.

El mundo se encuentra con un déficit espiritual que refleja nuestra necesidad de emprender de modo consciente la senda de la búsqueda espiritual. La solución de los problemas individuales y mundiales es la superación del déficit espiritual. Cuando usted realiza el cambio de conciencia y se permite ser un agente de la conciencia superior, está contribuyendo a la transformación del mundo.

Usted no está separado de las otras almas que habitan el planeta. Comparte la misma energía que fluye por las almas de Ruanda y Pakistán, por ejemplo. Usted es la bombilla y Dios la electricidad. Fluye a través de usted con tanta seguridad como lo hace a través de todos los seres vivos. Cuando usted toma la decisión de escoger la guía de su yo superior antes que la que le ofrece su falso yo, se ha conectado con su energía divina interior. Cuando rige su vida según los principios del yo superior, está contribuyendo a la transformación del mundo entero.

Los cambios físicos que tendrán lugar en el mundo sucederán de forma automática, del mismo modo que tendrán lugar en su cuerpo cuando se vuelva hacia su yo espiritual. Esto resulta inevitable. El ego se desvanece ante la brillante luz divina. Usted se encuentra con que está comportándose más pacífica y amorosamente. Lo mismo sucederá a escala mundial.

Usted tiene que fortalecer su voluntad de seguir su senda espiritual cuando el ego le llame estúpido por creer que podría llegar a existir un mundo sin guerra. Si el ego puede convencerle, se convertirá en parte del conjunto de falsedades del ego. Las personas que elijan hacer caso a la propaganda del ego construirán más bombas y fabricarán más armas.

En la actualidad hay unos seis mil millones de personas en el planeta. Alrededor de unos tres millones están en guerra o conflictos que los hacen matarse y torturarse los unos a los otros. ¡Pero eso significa que existen cinco mil novecientos noventa y siete millones que no están en guerra! Esto es una estadística esperanzadora que nuestros egos no quieren que consideremos.

Por el contrario, el ego colectivo lucha para mantener a la población con los nervios de punta mediante recordatorios destinados a hacer que consideren al mundo en términos de «nosotros contra ellos». Este punto de vista del ego no sólo refuerza la demente escalada de las formas de matarnos los unos a los otros, sino que además es responsable de la mayoría de nuestros problemas sociales.

No estoy sugiriendo que hagamos caso omiso de los problemas de las personas sin techo, hambrientas, enfermas y demás. Lo que sí sugiero es que nuestro ego colectivo nos ha convencido de que estos problemas no tienen solución. La verdad es que hemos avanzado de manera notable a pesar del ego, merced a la consideración y el amor de los que están motivados por su yo espiritual.

De todas las personas del planeta, el 99,9 por 100 tiene un lugar al que acudir cada noche. Puede que no todos tengan una casa lujosa, pero en general hemos ingeniado una manera de alojar a todas las personas del planeta, menos un pequeño porcentaje. Muchos de nosotros trabajamos cada día para conseguir que el ciento por ciento tenga techo. No obstante, el cuadro que nos presenta el ego es de unas condiciones rampantes de desesperación, y una conciencia colectiva basada en el miedo. También esto es verdad por lo que respecta al hambre.

Estamos dando pasos de gigante en la ayuda de aquellos que viven al borde de la inanición. Eso sucede debido al esfuerzo de personas inspiradas por su yo espiritual, no por el pesimismo del ego. Es obvio que una sola persona que muera de malnutrición es una cantidad excesiva, y nosotros podemos hacer algo que garantice que vivamos en un mundo donde ese tipo de realidades no se den, y lo haremos. Pero esto no se logrará mediante la visión pesimista del ego, que nos sugiere que somos mejores que esas personas que viven en la pobreza. Si la totalidad del mundo se apartara de pronto de la idea de que somos seres aislados y escuchara la verdad de nuestro yo espiritual, no cabría posibilidad ninguna de que alguien muriera de hambre.

Decir que un mundo semejante es imposible es escuchar al ego, que trabaja colectiva así como individualmente, para convencernos de que estamos separados los unos de los otros.

 

COMPRENSIÓN DEL EGO MUNDIAL

El ego mundial es una extensión del ego personal. Nos conducirá como grupo al mismo pantano de nuestros egos personales, sólo que en escala mucho más grande y observable. El ego mundial no existe en el sentido físico porque se trata de una idea. No es lo que somos como pueblo sino lo que creemos que somos como colectivo. Vuelva a repasar las características del ego que he expuesto en el capítulo séptimo, y sencillamente aplique esas cualidades a la totalidad del mundo.

El ego del mundo es nuestro falso yo, y ésta constituye la principal característica que necesitamos reconocer. Queremos creer que somos nuestros cuerpos físicos y que los territorios que ocupamos son tan importantes que estamos dispuestos a matarnos los unos a los otros con el fin de mantener esas líneas fronterizas.

Nos hemos convencido de que nuestras verdaderas identidades provienen de nuestros antepasados, tradiciones, historias, así como del color y forma de nuestros cuerpos. Hemos perdido de vista nuestras verdaderas identidades debido a las etiquetas que nuestros egos nos han asignado.

Nuestros egos se han combinado en una falsa percepción mundial de nosotros mismos, basada en una incapacidad para conocer nuestra verdadera naturaleza espiritual. A pesar de que todos nuestros dirigentes espirituales nos han recordado nuestra naturaleza espiritual y nos imploraron e incluso ordenaron amarnos los unos a los otros, el ego del mundo ha ganado esta batalla y producido enemistades ancestrales e incontables horrores en la larga historia de la humanidad.

Como consecuencia de escuchar al falso yo y hacer caso omiso del espíritu, la humanidad ha vivido en un perpetuo conflicto que ha creado sociedades regidas por la conciencia primitiva. Como pueblo, somos capaces de crear sociedades gobernadas por la conciencia divina que todos compartimos. Todos somos criaturas del mismo Dios, que se manifiestan en una forma física con atributos identificables.

Podemos trabajar individualmente en nuestros egos y hallar la verdad de nuestro yo superior. Luego ampliaremos ese yo espiritual al exterior, y la humanidad ya no será gobernada por los bajos instintos y la inteligencia primitiva, seremos regidos por el sagrado espíritu que se encuentra dentro de todos nosotros. Si eso le parece una tarea imposible, es porque ha vuelto a caer en la trampa del ego. El ego no quiere que crea en una posibilidad semejante, porque significaría su abolición.

La solución espiritual para los principales problemas con que se enfrenta el mundo es llevar a posiciones de poder a esas personas que no están motivadas e impulsadas por su ego, sino que ven el bien colectivo como objetivo principal. Necesitamos dirigentes que no manifiesten tendencias dictadas por la conciencia primitiva como el odio, la envidia, la codicia, la sed de sangre y la intolerancia, sino que estén basadas en el amor, la tolerancia, la veracidad y la pureza. Dichos dirigentes están emergiendo y continuarán emergiendo a medida que consigamos superar nuestros egos personales y conocer el verdadero espíritu de Dios. El ego del mundo quedará obsoleto al hacernos nosotros conscientes de nuestro yo espiritual.

Su yo espiritual está esperando compartir con usted y con el resto del mundo el conocimiento de que somos todos de la misma esencia eterna, una extensión de Dios. En ese conocimiento está ausente la creencia de que somos miembros de una tribu dispuestos a matar por las diferencias físicas.

La noción de que estamos aislados los unos de los otros es de la que se alimenta el ego mundial. Es una extensión de todos los egos individuales que están en conflicto los unos con los otros, que libran batallas para demostrar lo separados que están unos de otros. En verdad, ninguno de nosotros está separado de Dios. Ninguno de nosotros está separado de los demás. El hecho de vivir en un planeta redondo simboliza la imposibilidad de tomar la decisión de estar a un lado u otro.

Todos compartimos el mismo oxígeno, bebemos de la misma agua, caminamos y vivimos sobre el mismo suelo. Y tanto si nos gusta admitirlo como si no, todos compartimos íntimamente el continuo cambio de átomos y moléculas de los demás. La única constante del mundo físico es el cambio. Todo lo que se manifiesta en forma material está cambiando en todo momento. Esta constante mutación de los átomos significa que no existe separación en el sentido científico cuántico ni en ningún otro. Su yo espíritu está aguardando a que tome la decisión de hacerle conocer esta verdad a su ego.

Su ego quiere separarle, y lo mismo quiere el ego del mundo. Mientras el ego mundial crea de una forma tan terminante en la separación, habrá conflictos para mitigar esa presión que ejerce el ego. Las naciones estado continuará bajo la dominación del ego del mundo. El nacionalismo representa el egoísmo o egocentrismo de una nación, y prevalecerá mientras se tome al ego como verdad.

Cuando avancemos hacia la unidad crearemos un mundo regido por el yo superior, que nos ve a todos como habitantes del mismo reino. Entonces no se servirá a ningún interés en especial; no se construirán fortalezas en las fronteras; no se creará ninguna arma nuclear, y no habrá ni pasaportes ni aduanas, ni siquiera cambio de divisas. Sabremos que no somos esas fronteras a las que nos aferramos para mimar al ego mundial y fomentar las ideas por las que miles de millones de personas han muerto innecesariamente.

Al sustituir el miedo por el amor y permitir que aparezca nuestro yo espiritual, la necesidad de separación desaparecerá de manera gradual. Está sucediendo ahora mismo, a pesar de los esfuerzos que realizan muchas personas movidas por su ego para mantener los símbolos de la separación, los cuales están desvaneciéndose de forma gradual. El trabajo del espíritu es sutil y paciente.

No existe nada más poderoso que una idea cuya hora ha llegado, y la muerte del ego del mundo hace mucho que tendría que haberse hecho realidad. Ya basta de enviar a los jóvenes a morir para conservar antiguas fronteras. Ya basta de asesinar a nuestros hermanos cuyas costumbres son diferentes, pero que están conectados con nosotros en el mundo del yo espiritual. El movimiento hacia el yo espiritual hará que la seductora voz del ego mundial resulte menos atractiva.

Ya no podemos permitirnos esa separación que el ego del mundo nos implora que aceptemos. Las armas que existen hoy en día, si se las usa, matarán incluso a aquellos que las usen. Todos compartimos el mismo entorno, respiramos el mismo aire. Contaminarlo con radiactividad equivale a disparar armas contra nosotros mismos, que es precisamente lo que hacemos cuando disparamos un arma contra cualquier otra persona. Cuando Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», estaba implorándonos que nos diéramos cuenta de que todos somos uno. Su yo espiritual lo sabe… y también lo sabe el alma del colectivo mundial.

La parte falsa, el ego, insiste en que no sólo estamos separados sino en que somos especiales. Con este credo de lo especial, el ego intenta convencernos de que estamos más favorecidos que otros, y de que esta condición de especiales se alimenta si seguimos a un maestro espiritual, nuestro pasaje hacia el paraíso. Este dios de lo especial odia a determinadas personas y ama a otras, dependiendo de sus sistemas de creencias. El ego usa este tipo de pensamiento para controlarnos.

Cuando usted se centra y encuentra su propio espacio silencioso, interior, espiritual, conoce la amorosa esencia divina que no hace discriminaciones. Usted sabe que la condición de especial no es algo conferido a unos y no a otros. Sabe que es absurdo creer que un bebé musulmán se quemará en el infierno por no tener creencias budistas o cristianas. Sabe que los aborígenes australianos son iguales a los reyes. Su yo espiritual se lo dice, y lo mismo hace toda nuestra literatura espiritual.

El mensaje que su ego le transmite de que es especial, resuena y se intensifica en el mundo colectivo. El ego mundial quiere que resulte fácil hacer caso omiso de los que tienen menos. De este modo, las sociedades menos industrializadas que no están tan alfabetizadas pueden ser vistas como «ellos», lo cual el ego interpreta como menos favorecidos. Puede considerárselos como no elegidos de Dios. Eso hace posible pasarlos por alto o usar nuestras armas superiores para eliminarlos. Así se hace posible que la gente contemple en la televisión los bombardeos y se diga a sí misma que las víctimas están recibiendo lo que se merecen.

Pero el yo espiritual sabe que «no matarás» no tiene ninguna cláusula excluyente. Cuando matamos campesinos al derrocar a un dictador, el yo espiritual sabe que estamos violando nuestros más elevados mandamientos al convertir a algunas personas en prescindibles.

En verdad, nadie es especial. Todos somos iguales y todos compartimos el mismo espíritu. Si creemos que alguien es especial, significa que alguna otra persona no lo es. El ego del mundo trabajará con gran ahínco para mantener con vida esta idea de lo especial, porque le permite llevar a cabo el tipo de acción que perpetúa su propia existencia.

Nos apartaremos de esa posición al seguir el camino de nuestra búsqueda espiritual. Cuando conozcamos la amorosa esencia divina, seremos incapaces de ver a los otros como no especiales o a nosotros mismos como especiales. Esto representará una victoria del altruismo sobre el egoísmo en todas sus formas y en la totalidad del mundo.

Tom Brown describe esta actitud en un maravilloso texto extraído de su estimulante libro The Quest (La búsqueda):

 

El hombre que vive en la pequeña isla del yo, no vive más que una pequeña parte de lo que constituye la existencia. El hombre debe dejar atrás las barreras, las prisiones del ego y el pensamiento, y alcanzar al Creador. Debe construirse un puente sobre todas las islas, todos los círculos. Cada mundo debe ser comprendido, y por último fundido en una unicidad absoluta y pura. Entonces podrá no haber ni dimensiones interiores ni exteriores, ninguna separación del yo, sólo una pura unidad en la que el hombre sea todas las cosas a la vez. En esta fusión de mundos el hombre conocerá todas las cosas y vivirá los más profundos significados de la vida… Entonces, y sólo entonces, podrá el hombre aspirar al contacto con Dios.

 

A medida que viaje por la senda de la búsqueda espiritual, podrá ayudar a disipar el absurdo de lo especial que con tanta asiduidad fomenta el ego. Verá el final de este tipo de pensamiento en su vida, y también a escala mundial.

En la escena del mundo, en el momento presente de la historia, vemos que se desarrollan enormes conflictos sólo para aplacar a la parte del ego que se sintió ofendida. Cuando usted se ofende, es el egocéntrico ego quien se siente herido e insiste en demostrar lo especial e importante que usted es. Lo mismo sucede a nivel colectivo. Este ego colectivo trabaja a escala mundial y también en nuestras ciudades.

El ego del mundo se ofende con facilidad. Cuando el ego se ofende, necesita tomar venganza. Necesita tomar represalias para demostrar su importancia y calidad de especial ante cualquier cosa que perciba como causa de la ofensa. Así pues, cuando su nación, dominada por el ego, se siente ofendida por las palabras de un intolerante tirano, zanja el agravio mediante la agresión y el asesinato.

Así también están nuestras ciudades llenas de jóvenes que confían tanto en su ego que están dispuestos a matar de forma arbitraria a aquellos que no obran de acuerdo con sus criterios. Están convencidos de que son especiales y tienen derecho a cualquier cosa que demuestre que son especiales. Si no lo obtienen, se ofenden y causan alborotos, mutilan, matan y saquean.

Esto representa una gigantesca carencia de conciencia espiritual. Necesitamos volver a colocar a Dios en la conciencia de estos jóvenes, reemplazar el déficit por la conciencia superior. Entonces estos problemas comenzarán a disiparse. Cuando las personas descubren su búsqueda espiritual, ya no se sienten ofendidas por lo que no tienen. Entonces se muestran deseosas de dar algo de sí mismas y se ven libres de la necesidad de compararse con otros. Este cambio hacia el yo sagrado acabará por eliminar los problemas del bienestar social y la guerra.

Cuando el ego colectivo se ofende, el mundo se enzarza en la destrucción. ¡Cuando se consulta al yo superior, no hay nada por lo que ofenderse! Uno solo ve lo que hay que hacer y comienza a vivir según el amor que el silencio interno proclama. Considere esta declaración de Soren Kierkegaard:

 

El presente estado del mundo y de la totalidad de la vida es la enfermedad. Si yo fuera un médico y me pidieran consejo, contestaría: «Cread Silencio».

 

En efecto, si acudimos a nuestro interior y les enseñamos a hacer lo mismo a todos aquellos que estén deseosos de enmendar sus agravios, presenciaremos un importante cambio de conciencia y muchísima más comprensión y tolerancia. Por último, veremos la paz que todos los habitantes de este planeta deseamos con tanta desesperación.

La faceta superior de nosotros mismos sobre la que he escrito a lo largo de todo este libro, refleja una visión infinita. Ésta, sin duda, no es la visión del ego. El ego es igual de cobarde a escala colectiva como lo es a escala individual. El ego mundial tiene miedo de un llamamiento masivo a la superación de nuestro déficit espiritual.

Cuando las personas dirijan su mirada al interior y abracen una perspectiva más amorosa, el poder del yo espiritual producirá un cambio no sólo en las comunidades sino también en todo el mundo. El ego del mundo hará todo lo que pueda para evitar este tipo de camino interior. Ridiculizará a quienes fomenten la meditación, las manifestaciones pacifistas y el amor de Dios como salida del pantano de males sociales en que nos hallamos. El ego quiere conflicto.

La visión del ego está cómodamente instalada en el mundo material, y aprueba una especie de levantamiento en armas contra aquellos que propongan mejorar la vida oponiéndose al ego. El ego es cobarde en el sentido de que teme a la luz celestial de Dios. Este sistema se mantiene de manera exclusiva por el hábito, y por el miedo al yo superior. Que alguien sugiera que existe un déficit espiritual y que necesita que se incorporen a nuestra vida el amor, la paz, la bondad y la compasión, y será objeto de burlas y calificado como utópico o ingenuo. Lo que el sistema basado en el ego fomenta es más gastos y más separación.

Un cambio en la conciencia desvanecerá sin duda el viejo sistema en el que existe una atroz alianza entre unos poderosos burócratas, bien atrincherados, y las masas. En el viejo sistema, los burócratas se otorgan a sí mismos beneficios que les son negados a aquellos que pagan a los burócratas, y luego se ocultan tras el disfraz de los privilegios cuando se los enfrenta a su cobardía. Es aquí donde la cobardía del ego del mundo muestra su desvergonzado rostro una y otra vez.

El ego colectivo insiste en que no podemos permitirnos realizar demasiados cambios; que no podemos permitirnos proporcionarle a todo el mundo los mismos privilegios que tienen los que están en el poder; que quienes se enfrentan con el sistema son unos buscarruidos y es necesario silenciarlos.

La conciencia colectiva superior sabe que no es así. Sabe que no tenemos nada que temer siempre y cuando actuemos desde el amor y no por el deseo de servir al ego. El yo espiritual sabe que el verdadero poder está dentro del yo, no en las instituciones que hemos creado y distancian a las masas de aquellos que han acumulado poder. El ego colectivo es cobarde, pero sin embargo luchará para mantener la influencia que tiene sobre los tantísimos que son víctimas de ese arraigado sistema.

Cuando comience a consultar con su yo superior, modificará la conciencia colectiva y obligará a aflojar la presa a aquellos que se aferran al sistema basado en el ego. El ego teme siempre a la luz, y por lo tanto opera siempre en secreto. Cuando la motivación de todos los que se encuentran al mando se base de modo exclusivo en la conciencia superior, el ego colectivo se marchitará.

La principal prioridad para el ego colectivo es el poder. Este poder suele medirse en términos monetarios. Cuanto más dinero tiene uno, un mayor grado de calidad de especial se le confiere, y más tiempo consigue estar al mando.

Así pues, al ego del mundo le encanta gastar dinero, en particular el de usted. Se le contará lo importante que es que gastemos miles de millones de sus ingresos en un sistema impracticable que nos protegerá de los misiles del espacio exterior, y puede estar seguro de que se harán con ese dinero. El ego del sistema le dirá que necesitamos armas más complejas con el fin de poder dirigir la guerra desde el interior de fortalezas con aire acondicionado donde podamos pulsar un botón y borrar del mapa a miles de personas y todas sus posesiones sin siquiera tener que presenciar el sufrimiento que estemos creando.

El hecho de que se haya violado un mandamiento y de que estemos participando en el asesinato en masa de nuestros hermanos no es algo que el ego considere. Ésos son enemigos, nos recuerda el ego. Son malos, y necesitamos más y más dinero para ser capaces de matarlos con unos medios de destrucción más tecnificados.

El ego colectivo se convence a sí mismo de que el dinero lo hace especial, así que arrojará dólares a cualquier problema y se enorgullecerá del acto. Consumid, consumid, consumid. Más es mejor. Cuanto más acumuléis, cuanto más lujosos sean vuestros juguetes, cuanto más grandes vuestros centros comerciales, cuanto más gasolina gastéis en vuestros automóviles, más éxito tendréis. Es un impulso que nos aparta de la paz y nos acerca al consumismo y el capitalismo.

Sin embargo, su yo superior sabe que no hay paz en «cuanto-más-mejor». Esto es tan cierto en el plano colectivo como en el individual. El yo superior le insta a simplificar y evitar contribuir a cualquier cosa que perjudique a otros o incremente su separación de la fuente espiritual.

A medida que escuche con mayor atención a su yo espiritual y deje atrás su ego, también el ego del mundo será apartado del poder, el control y el dinero, y volveremos a las virtudes básicas de la conciencia superior, la paz, la belleza, el amor, la pureza, la tolerancia, la paciencia y la comprensión. Esto no significa que no pueda disfrutarse de los beneficios de la tecnología. Quiere decir que el ego no será la fuerza motivadora de nuestras vidas. Lo que en verdad somos como pueblo es una fuerza que anhela paz y sencillez.

Queremos la conciencia más profunda que acompaña a la cordura del yo superior. Es descabellado continuar creyendo que somos una serie de tribus, cada una con una identidad separada y una misión especial. Es descabellado creer que cualquiera que no encaje en la mentalidad de nuestra tribu particular es un enemigo en potencia.

Sabemos que no existe un Dios distinto para cada uno de nosotros, ni siquiera para cada una de nuestras tribus. Sabemos que existe una inteligencia divina universal que fluye a través de todos nosotros, y que en ese espacio sagrado de nuestro interior somos todos uno y lo mismo. Sabemos que somos seres espirituales que intentan ser humanos. Sabemos que lo mejor que tenemos dentro es el amor, la bondad y la comprensión.

No obstante, nuestros egos, tanto individuales como colectivos, han hecho campaña durante mucho tiempo y con ahínco para fomentar una idea falsa. ¿Qué puede tener de cuerdo que la gente esté matándose entre sí por disputas que crearon los antiguos egos muchísimo antes de que nosotros llegáramos? ¿Qué puede tener de cuerdo que creamos que algunos de nosotros merecen comer los alimentos que Dios provee, y que otros no lo merecen en virtud de su emplazamiento geográfico? ¿Qué puede tener de cuerdo que ensoberbezcamos a nuestros jóvenes mediante la filosofía de que nada cuesta nada, induciéndoles a creer que si quieren algo es porque lo merecen? ¿Qué puede tener de cuerdo que les enseñemos a nuestros hijos imágenes de violencia, y les permitamos adoptar la creencia del ego de que la naturaleza humana es perjudicar a otros como forma de defender el derecho a ser especial y distinto?

Cuando nuestro yo superior comience a triunfar sobre nuestro ego en las decisiones cotidianas de nuestra existencia, estaremos haciendo progresos en el sendero de la búsqueda espiritual de toda la humanidad. Usted debe desterrar toda duda sobre su capacidad para iniciar dicha búsqueda, y comenzar a saber que usted es tanto el microcosmos como el macrocosmos.

Dentro de usted hay un universo: un espacio unificado abierto a todas las posibilidades al que puede llegar al convertirse en el observador comprensivo. Guarde silencio y acalle el diálogo interior. Más importante aún, deje atrás el falso yo que llamamos ego. Entonces tendrá lugar la curación.

El ego mundial está destinado a ser reprimido a medida que más personas miren dentro de sí y consulten con su faceta espiritual. Las dudas están desvaneciéndose y la revolución del espíritu ya está comenzada. El avance hacia un mundo sin ego no es una idea inverosímil, no más que la caída del Telón de Acero. A aquellos que oyeron hablar de ello unos pocos años antes de que sucediera, les pareció algo en verdad absurdo. Pero las ideas, los pensamientos y conocimientos son poderosos instrumentos para la desintegración del falso yo.

Una de las maneras más sencillas y poderosas de hacerlo es la que enseña Eknath Easwaran; en su libro Meditation (Meditación), nos aconseja dedicar treinta minutos cada mañana a la meditación, repitiendo la plegaria de san Francisco. Al decir esta plegaria, dejamos atrás el ego a la vez que invitamos al yo espiritual a guiarnos. Le invito a que se una a mí en esta plegaria cotidiana mientras compartimos el sendero de la búsqueda espiritual.

 

LA PLEGARIA DE SAN FRANCISCO

 

Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, déjame sembrar amor;

donde haya perjuicio, perdón;

donde haya duda, paz;

donde haya desesperación, esperanza;

donde haya oscuridad, luz;

donde haya tristeza, júbilo.

Oh, divino Maestro, concédeme que no busque tanto

ser consolado como consolar,

ser comprendido como comprender,

ser amado como amar.

Porque es en el dar que recibimos;

es en perdonar que somos perdonados;

es en morirnos que nacemos a la vida eterna.

 

Si usted tiene la misma conciencia y determinación respecto de su mundo, tendrán lugar cambios espectaculares cuando todos apliquemos la energía más grande del universo: la energía del amor.

Ahora procede citar a mi maestro espiritual Nisargadatta Maharaj. Él nos recuerda lo simple que es crear una sociedad que esté basada en principios espirituales:

 

Mi postura es clara: produce para distribuir; alimenta antes de comer tú, da antes de recibir, piensa en otros antes de pensar en ti mismo. Sólo una sociedad altruista que se base en el compartir puede ser estable y feliz. Ésta es la única solución práctica. Si no la quieres, entonces… lucha.

 

Yo la quiero. Le aliento a hacer lo mismo. ¡Que Dios le bendiga!

 

WAYNE W. DYER (10 de mayo de 1940 Detroit, Míchigan) es sobradamente conocido por Tus zonas erróneas, posiblemente el libro de autoayuda más leído de todos los tiempos. Ha sido profesor de psicología del asesoramiento en la St. John’s University de Nueva York y actualmente se dedica a pronunciar conferencias, impartir cursos y a escribir. Entre sus obras publicadas cabe destacar también Los regalos de Eykis, Evite ser utilizado, La felicidad de nuestros hijos, Tus zonas mágicas, Construye tu destino, La fuerza de creer, La sabiduría de todos los tiempos y La fuerza del espíritu.

 

 

 

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el monje vendedor

El despertar

Se derrumbó en mitad de una atestada sala de tribunal. Era uno de los más sobresalientes abogados procesales de este país. Era también un hombre tan conocido por los trajes italianos de tres mil dólares que vestían su bien alimentado cuerpo como por su extraordinaria carrera de éxitos profesionales. Yo me quedé allí de pie, conmocionado por lo que acababa de ver. El gran Julián Mantle se retorcía como un niño in-defenso postrado en el suelo, temblando, tiritando y sudando como un maníaco.

A partir de ahí todo empezó a moverse como a cámara lenta. «¡Dios mío –gritó su ayudante, brindándonos con su emoción un cegador vis-lumbre de lo obvio–, Julián está en apuros!» La jueza, presa del pánico, musitó alguna cosa en el teléfono privado que había hecho instalar por si surgía alguna emergencia. En cuanto a mí, me quedé allí parado sin saber qué hacer. No te me mueras ahora, hombre, rogué. Es demasiado pronto para que te retires. Tú no mereces morir de esta forma.

El alguacil, que antes había dado la impresión de estar embalsamado de pie, dio un brinco y empezó a practicar al héroe caído la respiración asistida. A su lado estaba la ayudante del abogado (sus largos rizos ro-zaban la cara amoratada de Julián), ofreciéndole suaves palabras de ánimo, palabras que él sin duda no podía oír.

Yo había conocido a Julián Mantle hacía diecisiete años, cuando uno de sus socios me contrató como interino durante el verano siendo yo estudiante de derecho. Por aquel entonces Julián lo tenía todo. Era un brillante, apuesto y temible abogado con delirios de grandeza. Julián era la joven estrella del bufete, el gran hechicero. Todavía recuerdo una noche que estuve trabajando en la oficina y al pasar frente a su regio 3

despacho divisé la cita que tenía enmarcada sobre su escritorio de roble macizo. La frase pertenecía a Winston Churchill y evidenciaba qué clase de hombre era Julián:

«Estoy convencido de que en este día somos dueños de nuestro destino, que la tarea que se nos ha impuesto no es superior a nuestras fuerzas; que sus acometidas no están por encima de lo que soy capaz de soportar. Mientras tengamos fe en nuestra causa y una indeclinable voluntad de vencer, la victoria estará a nuestro alcance.»

Julián, fiel a su lema, era un hombre duro, dinámico y siempre dispuesto a trabajar dieciocho horas diarias para alcanzar el éxito que, estaba convencido, era su destino. Oí decir que su abuelo fue un destaca-do senador y su padre un reputado juez federal. Así pues, venía de buena familia y grandes eran las expectativas que soportaban sus espaldas vestidas de Armani. Pero he de admitir una cosa: Julián corría su propia carrera. Estaba resuelto a hacer las cosas a su modo… y le encantaba lucirse.

El extravagante histrionismo de Julián en los tribunales solía ser noticia de primera página. Los ricos y los famosos se arrimaban a él siempre que necesitaban los servicios de un soberbio estratega con un deje de agresividad. Sus actividades extracurriculares también eran conocidas: las visitas nocturnas a los mejores restaurantes de la ciudad con despampanantes top-models, las escaramuzas etílicas con la bulliciosa banda de brokers que él llamaba su «equipo de demolición», tomaron aires de leyenda entre sus colegas.

Todavía no entiendo por qué me eligió a mí como ayudante para aquel sensacional caso de asesinato que él iba a defender durante ese verano. Aunque me había licenciado en la facultad de derecho de Harvard, su alma máter, yo no era ni de lejos el mejor interino del bufete y en mi árbol genealógico no había el menor rastro de sangre azul. Mi padre se pasó la vida como guardia de seguridad en una sucursal bancaria tras una temporada en los marines. Mi madre creció anónimamente en el Bronx.

El caso es que me prefirió a mí antes que a los que habían cabildeado calladamente para tener el privilegio de ser su factótum legal en lo que se acabó llamando « el no va más de los procesos por asesinato». Julián dijo que le gustaba mi «avidez». Ganamos el caso, por supuesto, y el ejecutivo que había sido acusado de matar brutalmente a su mujer estaba ahora en libertad (dentro de lo que le permitía su desordenada 4

conciencia, claro está).

Aquel verano recibí una suculenta educación. Fue mucho más que una clase sobre cómo plantear una duda razonable allí donde no la había; eso podía hacerlo cualquier abogado que se preciara de tal. Fue más bien una lección sobre la psicología del triunfo y una rara oportunidad de ver a un maestro en acción. Yo me empapé de todo como una es-ponja.

Por invitación de Julián, me quedé en el bufete en calidad de asociado y pronto iniciamos una amistad duradera. Admito que no era fácil trabajar con él. Ser su ayudante solía convertirse en un ejercicio de frustración, lo que comportaba más de una pelea a gritos a altas horas de la noche. O lo hacías a su modo o te quedabas en la calle. Julián no po-día equivocarse nunca. Sin embargo, bajo aquella irritable envoltura había una persona que se preocupaba de verdad por los demás.

Aunque estuviera muy ocupado, él siempre preguntaba por Jenny, la mujer a quien sigo llamando «mi prometida» pese a que nos casamos antes de que yo empezara a estudiar leyes. Al saber por otro interino que yo estaba pasando apuros económicos, Julián se ocupó de que me concedieran una generosa beca de estudios. Es verdad que le gustaba ser implacable con sus colegas, pero jamás dejó de lado a un amigo. El verdadero problema era que Julián estaba obsesionado con su trabajo.

Durante los primeros años justificaba su dilatado horario afirmando que lo hacía «por el bien del bufete» y que tenía previsto tomarse un mes de descanso «el próximo invierno» para irse a las islas Caimán. Pe-ro el tiempo pasaba y, a medida que se extendía su fama de abogado brillante, su cuota de trabajo no dejaba de aumentar. Los casos eran cada vez mayores y mejores, y Julián, que era de los que nunca se amilanan, continuó forzando la máquina. En sus escasos momentos de tranquilidad, reconocía que no era capaz de dormir más de dos horas seguidas sin despertar sintiéndose culpable de no estar trabajando en un caso. Pronto me di cuenta de que a Julián le consumía la ambición: necesitaba más prestigio, más gloria, más dinero.

Sus éxitos, como era de esperar, fueron en aumento. Consiguió todo cuanto la mayoría de la gente puede desear: una reputación profesional de campanillas con ingresos millonarios, una mansión espectacular en el barrio preferido de los famosos, un avión privado, una casa de vacaciones en una isla tropical y su más preciada posesión: un reluciente Ferrari rojo aparcado en su camino particular.

Pero yo sabía que las cosas no eran tan idílicas como parecía desde fuera. Si me percaté de las señales de una caída inminente fue, no por-5

que mi percepción fuera mayor que la del resto del bufete, sino simplemente porque yo era quien pasaba más horas con él. Siempre está-

bamos juntos porque siempre estábamos trabajando, y a un ritmo que no parecía menguar. Siempre había otro caso espectacular en perspectiva. Para Julián los preparativos nunca eran suficientes. ¿Qué pasaría si el juez hacía tal o cual pregunta, no lo quisiera Dios? ¿Qué pasaría si nuestra investigación no era del todo perfecta? ¿Y si le sorprendían en mitad de la vista como al ciervo cegado por el resplandor de unos faros? Al final, yo mismo me vi metido hasta el cuello en su mundo de trabajo. Éramos dos esclavos del reloj, metidos en la sexagesimocuarta planta de un monolito de acero y cristal mientras la gente cuerda estaba en casa con sus familias, pensando que teníamos al mundo agarrado por la cola, cegados por una ilusoria versión del éxito.

Cuanto más tiempo pasaba con Julián, más me daba cuenta de que se estaba hundiendo progresivamente. Parecía tener un deseo de muerte.

Nada le satisfacía.

Al final su matrimonio fracasó, ya no hablaba con su padre y, aunque lo tenía todo, aún no había encontrado lo que estaba buscando. Y eso se le notaba emocional, física y espiritualmente.

A sus cincuenta y tres años, Julián tenía aspecto de septuagenario. Su rostro era un mar de arrugas, un tributo nada glorioso a su implacable enfoque existencial en general y al tremendo estrés de su vida privada.

Las cenas a altas horas de la noche en restaurantes franceses, fumando gruesos habanos y bebiendo un cognac tras otro, le habían dejado más que obeso.

Se quejaba constantemente de que estaba enfermo y cansado de estar enfermo y cansado. Había perdido el sentido del humor y ya no parecía reírse nunca. Su carácter antaño entusiasta se había vuelto mortalmen-te taciturno. Creo que su vida había perdido el rumbo.

Lo más triste, quizá, fue que Julián había perdido también su pericia profesional. Así como antes asombraba a todos los presentes con sus elocuentes y herméticos alegatos, ahora se demoraba horas hablando, divagando sobre oscuros casos que poco o nada tenían que ver con el que se estaba viendo. Así como antes reaccionaba graciosamente a las objeciones del adversario, ahora derrochaba un sarcasmo mordaz que ponía a prueba la paciencia de unos jueces que antes le consideraban un genio del derecho penal. En otras palabras, la chispa de Julián había empezado a fallar.

No era sólo su frenético ritmo vital lo que le hacía candidato a una muerte prematura. La cosa iba más allá, parecía un asunto de cariz es-6

piritual. Apenas pasaba un día sin que Julián me dijese que ya no se apasionaba por su trabajo, que se sentía rodeado de vacuidad. Decía que de joven había disfrutado con su trabajo, pese a que se había visto abocado a ello por los intereses de su familia. Las complejidades de la ley y sus retos intelectuales le habían mantenido lleno de vigor. La capacidad de la justicia para influir en los cambios sociales le había motivado e inspirado. En aquel entonces, él era más que un simple chico ri-co de Connecticut. Se veía a sí mismo como un instrumento de la re-forma social, que podía utilizar su talento para ayudar a los demás. Esa visión dio sentido a su vida, le daba un objetivo y estimulaba sus esperanzas.

En la caída de Julián había algo más que una conexión oxidada con su modus vivendi. Antes de que yo empezara a trabajar en el bufete, él había sufrido una gran tragedia. Algo realmente monstruoso le había sucedido, según decía uno de sus socios, pero no conseguí que nadie me lo contara. Incluso el viejo Harding, célebre por su locuacidad, que pasaba más tiempo en el bar del Ritz-Carlton que en su amplio despacho, dijo que había jurado guardar el secreto. Fuera éste cual fuese, yo tenía la sospecha de que, en cierto modo, estaba contribuyendo al declive de Julián. Sentía curiosidad, por supuesto, pero sobre todo quería ayudarle. Julián no sólo era mi mentor, sino mi amigo.

Y entonces ocurrió: el ataque cardíaco devolvió a la tierra al divino Ju-lián Mantle y lo asoció de nuevo a su calidad de mortal. Justo en medio de la sala número siete, un lunes por la mañana, la misma sala de tribunal donde él había ganado el «no va más de los procesos por asesinato».

DOS

El visitante misterioso

Era una reunión urgente de todos los miembros del despacho. Mientras nos apretujábamos en la sala de juntas, comprendí que el problema era grave. El viejo Harding fue el primero en dirigirse a la asamblea.

–Me temo que tengo muy malas noticias. Julián Mantle sufrió un ataque ayer mientras presentaba el caso Air Atlantic ante el tribunal. Ahora se encuentra en la unidad de cuidados intensivos, pero los médicos me han dicho que su estado se ha estabilizado y que se recuperará. Sin embargo, Julián ha tomado una decisión que todos ustedes deben saber. Ha decidido abandonar el bufete y renunciar al ejercicio de su pro-7

fesión. Ya no volverá a trabajar con nosotros.

Me quedé de una pieza. Sabía que Julián tenía sus problemas, pero jamás pensé que pudiera dejarlo. Además, y después de todo lo que habíamos pasado, pensé que hubiera debido tener la cortesía de decír-melo en persona. Ni siquiera dejó que fuera a verle al hospital. Cada vez que yo me presentaba allí, las enfermeras me decían que estaba durmiendo y que no se le podía molestar. Tampoco aceptó mis llamadas. Posiblemente yo le recordaba la vida que él deseaba olvidar. En fin. Una cosa sí tengo clara: aquello me dolió.

Todo eso sucedió hace unos tres años. Lo último que supe de Julián fue que se había ido a la India en no sé qué expedición. Le dijo a uno de los socios del bufete que deseaba simplificar su vida y que «necesitaba respuestas» que confiaba encontrar en ese místico país. Había vendido su residencia, su avión y su isla. Había vendido incluso el Ferrari. ¿Julián Mantle metido a yogui?, me dije. Qué caprichosos son los designios de la ley.

En esos tres años pasé de ser un joven leguleyo sobrecargado de trabajo a convertirme en un hastiado, y algo cínico, abogado más mayor.

Jenny y yo teníamos una familia. Al final, yo también empecé a buscar un sentido a mi vida. Creo que todo vino por tener hijos. Fueron ellos quienes cambiaron mi manera de ver el mundo. Mi padre lo expresó mejor cuando dijo: «John, cuando estés a las puertas de la muerte seguro que no desearás haber pasado más tiempo en la oficina.» Así que empecé a quedarme más horas en casa, decidido a iniciar una vida de-cente, si bien más ordinaria. Me hice socio del Rotary Club e iba a jugar al golf todos los sábados para tener contentos a mis clientes y colegas.

Pero debo decir que en mis momentos de tranquilidad pensaba a menudo en Julián y me preguntaba qué habría sido de él después de nuestra inesperada separación.

Tal vez estaría viviendo en la India, un lugar tan grande y diverso que hasta un alma inquieta como la suya podía encontrar allí un hogar. ¿O

estaría haciendo senderismo en Nepal? ¿Buceando en las islas Caimán?

Había una cosa segura: Julián no había vuelto a ejercer. Nadie había recibido una postal suya desde que partiera hacia su exilio voluntario.

Las primeras respuestas a algunas de mis preguntas llegaron hace co-sa de dos meses. Yo acababa de reunirme con el último cliente de un día espantoso cuando Genevieve, mi talentosa ayudante, se asomó a la puerta de mi pequeño y bien amueblado despacho.

–Tienes una visita, John. Dice que es urgente y que no se irá hasta 8

que hable contigo.

–Estoy con un pie fuera, Genevieve –repliqué con impaciencia–. Voy a comer un bocado antes de terminar el informe Hamilton. No me queda tiempo para recibir a nadie más. Dile que concierte una cita, como todo el mundo, y si te causa problemas llama a los de seguridad.

–Es que dice que es muy importante. No piensa aceptar una negativa.

Por un momento pensé en llamar yo mismo a seguridad, pero al comprender que podía tratarse de alguien en apuros, asumí una postura más tolerante.

–Está bien, dile que pase. A lo mejor me interesa y todo.

La puerta de mi despacho se abrió lentamente. Cuando por fin se abrió por completo, vi a un hombre risueño de unos treinta y cinco años. Era alto, delgado y musculoso, e irradiaba vitalidad y energía. Me recordó a aquellos chicos perfectos con los que yo iba a la facultad, hijos de familias perfectas, con casas perfectas y coches perfectos. Pero el visitante tenía algo más que aspecto saludable y juvenil. Una apacibilidad latente le daba un aire casi divino. Y los ojos: unos ojos penetrantes y azules que me traspasaron.

Otro abogado de primera que viene a quitarme el puesto, pensé para mí. Pero, bueno, ¿por qué se queda ahí parado mirándome? Espero que la mujer que defendí en el caso de divorcio que gané la semana pasada no fuera su esposa. Tal vez no estaría de más llamar a seguridad.

El joven siguió mirándome, tal como Buda habría hecho con su pupilo favorito. Tras un largo momento de incómodo silencio, el sujeto habló con un tono sorprendentemente perentorio.

–¿Es así como tratas a tus visitas, John, incluso a quienes te enseñaron todo cuanto sabes sobre la ciencia del éxito en una sala de tribunal?

Ojalá me hubiera guardado mis secretos profesionales –dijo esbozando una sonrisa.

Una extraña sensación me cosquilleó en el estómago. Inmediatamente reconocí aquella voz como de miel. El corazón me dio un vuelco.

–¿Julián? ¿Eres tú? ¡No me lo puedo creer!

La sonora carcajada del visitante confirmó mis sospechas. El hombre que tenía ante mí no era otro que el añorado yogui de la India: Julián Mantle. Me asombró su increíble transformación. La tez espectral, la tos crónica y los ojos inermes de mi ex colega habían desaparecido. Ya no tenía aspecto de viejo ni esa expresión enfermiza que se había convertido en su distintivo. Todo lo contrario, aquel hombre parecía gozar de perfecta salud y su rostro sin arrugas estaba radiante. Tenía la mirada clara, una ventana perfecta a su extraordinaria vitalidad. Más sorprendente aún era la serenidad que rezumaba por todos sus poros.

9

Mirándole desde mi butaca me sentí totalmente en paz. Julián ya no era el ansioso abogado de primera categoría que trabajaba en un bufete de campanillas. No, este hombre era un juvenil, vital y risueño modelo de cambio.

TRES

La milagrosa transformación de Julián Mantle

Yo no salía de mi asombro.

¿Cómo podía alguien que sólo unos años atrás parecía un viejo verse ahora tan enérgico y tan vivo?, me pregunté con callada incredulidad.

¿Alguna droga mágica le había permitido beber de la fuente de la juventud? ¿Cuál era la causa de este extraordinario cambio de personalidad?

Fue Julián quien habló primero. Me dijo que el mundo hiper-

competitivo de la abogacía se había cobrado su precio, no sólo física y emocionalmente, sino también en lo espiritual. El ritmo trepidante y las incesantes exigencias del trabajo le habían agotado por completo. Admitió que igual que su cuerpo se venía abajo, su mente había perdido brillo. El infarto no fue sino un síntoma de un problema más hondo. La presión constante y el extenuante trabajo de un abogado de primera categoría habían destruido asimismo su más importante –y quizá más humana– cualidad: su espíritu. Cuando su médico le planteó el ultimá-

tum de renunciar a la abogacía o renunciar a la vida, Julián creyó ver una oportunidad de oro de reavivar el fuego interior que había conocido de joven, un fuego que había ido extinguiéndose a medida que el derecho pasó de ser un placer a volverse un negocio.

Julián se entusiasmó visiblemente al explicar cómo había vendido todas sus posesiones materiales antes de partir rumbo a la India, un país cuya cultura ancestral y tradición mística le habían fascinado siempre.

Viajó de aldea en aldea, a veces a pie, otras en tren, aprendiendo nuevas costumbres, contemplando paisajes eternos y amando cada vez más aquel pueblo que irradiaba calidez, bondad y una perspectiva re-frescante sobre el verdadero significado de la vida. Incluso los más desposeídos abrían su casa –y su corazón– a aquel cauteloso visitante de Occidente. A medida que pasaban las semanas en aquel prodigioso entorno, Julián empezó a sentirse nuevamente vivo, quizá por primera vez desde que era niño. Pronto recuperó su curiosidad innata y su chispa creativa, así como su entusiasmo y sus ganas de vivir. Empezó a 10

sentirse más jovial y sereno. Y recuperó algo más: la risa.

Aunque Julián había disfrutado hasta el último minuto de su estancia en aquel exótico país, dijo también que su viaje fue algo más que unas meras vacaciones para despejar una mente sobrecargada. Describió su temporada en la India como «una odisea personal del yo», confiándome que estaba dispuesto a descubrir quién era realmente y qué sentido te-nía su vida antes de que fuera demasiado tarde. Para ello, su máxima prioridad era seguir el ejemplo de la enorme reserva de sabiduría apor-tada por aquella cultura y vivir un vida más plena, esclarecida y gratificante.

–No quiero pasarme de original, John, pero fue como si hubiera recibido una orden interior, algo que me decía que debía iniciar un viaje espiritual a fin de reavivar esa chispa que había perdido –dijo Julián–. Fueron años muy liberadores. Cuanto más exploraba, más oía hablar de unos monjes hindúes que habían sobrepasado la centena, monjes que pese a su avanzada edad conservaban toda su energía, vitalidad y juventud. Cuanto más viajaba, más cosas sabía de yoguis longevos que habían conseguido dominar el arte del control mental y el despertar espiritual. Y cuantas más cosas veía, más ansiaba comprender la dinámi-ca que se escondía tras aquellos milagros humanos, confiando en aplicar su filosofía a su propia vida.

Durante las primeras etapas del viaje, Julián buscó a conocidos y res-petados profesores. Me dijo que todos sin excepción le recibieron con los brazos y los corazones abiertos, compartiendo con él todos los conocimientos que habían absorbido en sus largas vidas de callada contemplación sobre los más sublimes temas relacionados con la existencia. Julián trató de describir la belleza de los templos antiguos esparci-dos por el místico paisaje de la India, edificios que parecían leales guar-dianes de la sabiduría de los tiempos. Dijo también que le emocionó la sacralidad de aquellos lugares.

–Fue una época mágica, John. Yo, que era un leguleyo viejo y cansado, que lo había vendido todo, desde mi Rolex hasta mi caballo de carreras, había metido lo poco que me quedaba en una mochila que se convertiría en mi único acompañante mientras me imbuía de las eternas tradiciones de Oriente.

–¿Te costó dejarlo? –pregunté, incapaz de contener mi curiosidad.

–En realidad fue muy fácil. La decisión de renunciar a la abogacía y a todas mis posesiones terrenas me pareció natural. Albert Camus dijo una vez que «la verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente». Pues bien, eso hice yo. Sabía que necesi-11

taba cambiar, así que decidí escuchar a mi corazón y hacerlo por todo lo alto. Mi vida se volvió mucho más sencilla y plena en cuanto dejé atrás el bagaje de mi pasado. Tan pronto prescindí de los grandes placeres de la vida, empecé a disfrutar de los pequeños, como ver un cielo estrellado al claro de luna o empaparme de sol en una gloriosa mañana de verano. Además, la India es un lugar tan estimulante intelectual-mente que apenas pensé en lo que había dejado atrás.

Estos encuentros iniciales con los sabios y eruditos de esa cultura ex-

ótica no proporcionaron, pese a ser intrigantes, el saber que Julián ansiaba. La enseñanzas que él buscaba para cambiar su vida le rehuyeron en esa primera parte de su odisea. El primer paso real no llegó hasta que Julián llevaba siete meses en la India.

Fue estando en Cachemira, un místico estado que parece dormir al pie de la cordillera del Himalaya, cuando tuvo la suerte de conocer al yogui Krishnan. Aquel hombre frágil de cabeza rapada también había sido abogado en su «anterior reencarnación» , como solía decir con una sonrisa poblada de dientes. Harto del ritmo febril que caracteriza la vida en la moderna Nueva Delhi, también él renunció a sus posesiones para re-tirarse a un mundo de extrema sencillez. Convertido en cuidador del templo de la aldea, Krishnan dijo que había llegado a conocerse a sí mismo y a saber cuál era su meta en la vida.

–Estaba cansado de que mi vida fuera como unas maniobras militares

–le dijo a Julián–. Me di cuenta de que mi misión es servir a los demás y contribuir de algún modo a hacer de este mundo un lugar mejor. Ahora vivo para dar; paso los días y las noches en el templo, viviendo de forma austera pero gratificante. Comparto mis logros con todo aquel que acude a rezar. No soy más que un hombre que ha encontrado su alma.

Julián contó su historia a aquel ex abogado. Le habló de su vida de privilegios, de su avidez de riquezas y su obsesión por el trabajo. Reveló, con gran emoción, su lucha interior y la crisis espiritual que había experimentado cuando la brillante luz de su vida empezó a fluctuar al viento de una vida disipada.

–Yo también he recorrido ese camino, amigo mío. Yo también he sentido ese mismo dolor. Pero he aprendido que todo sucede por alguna razón –le dijo el yogui Krishnan–. Todo suceso tiene un porqué y toda adversidad nos enseña una lección. He comprendido que el fracaso, sea personal, profesional o incluso espiritual, es necesario para la expansión de la persona. Aporta un crecimiento interior y un sinfín de recompensas psíquicas. Nunca lamentes tu pasado. Acéptalo como el maestro 12

que es.

Tras oír estas palabras, Julián sintió un gran alborozo. Quizá había encontrado en el yogui Krishnan al mentor que andaba buscando. ¿Quién mejor que otro ex abogado que, gracias a su propia odisea espiritual, había hallado una vida plena, para enseñarle los secretos de una existencia llena de equilibrio y satisfacción?

–Necesito tu ayuda, Krishnan. Necesito aprender a construir una vida de plenitud.

–Será un honor ayudarte en lo que pueda –se ofreció el yogui–, pero

¿puedo hacerte una sugerencia?

–Por supuesto.

–Desde que estoy al cuidado de este templo, he oído hablar mucho de un grupo de sabios que vive en las cumbres del Himalaya. Dice la leyenda que han descubierto una especie de sistema para mejorar profundamente la vida de cualquier persona, y no me refiero sólo en el plano físico. Se supone que es un conjunto holístico e integrado de principios y técnicas imperecederos para liberar el potencial de la mente, el cuerpo y el alma.

Julián estaba fascinado. Aquello parecía perfecto.

–¿Y dónde viven esos monjes?

–Nadie lo sabe, y yo ya soy demasiado viejo para iniciar su búsqueda.

Pero te diré una cosa, amigo mío: muchos han tratado de encontrarlos y muchos han fracasado… con trágicas consecuencias. Las cumbres del Himalaya son muy traicioneras. Incluso los escaladores más avezados son impotentes ante sus estragos naturales. Pero si lo que buscas son las llaves de oro de la salud, la felicidad y la realización interior, yo no tengo ese saber; ellos sí.

Julián, que no se rinde fácilmente, presionó al yogui:

–¿Estás seguro de que no sabes dónde viven?

–Lo único que puedo decirte es que la gente de esta aldea los conoce como los Grandes Sabios de Sivana. En su mitología, Sivana significa

«oasis de esclarecimiento». Estos monjes son venerados como si fueran divinos por constitución e influencia. Si supiera dónde encontrarlos, estaría obligado a decírtelo. Pero sinceramente, no lo sé; de hecho, no lo sabe nadie.

A la mañana siguiente, cuando los primeros rayos del sol empezaron a bailar en el horizonte, Julián se puso en camino hacia la tierra perdida de Sivana. Al principio pensó en contratar a un sherpa para que le ayu-dara en su ascensión, pero, por algún motivo, su instinto le dijo que aquel viaje debería hacerlo solo. Y así, quizá por primera vez en su vi-13

da, prescindió de los grilletes de la razón y decidió confiar en su intui-ción. Se sentía más seguro así. De alguna manera sabía que encontraría lo que estaba buscando. Así pues, con celo misionero, inició su escalada.

Los primeros días no presentaron dificultad. A veces encontraba a alguno de los alegres lugareños del pueblo de más abajo caminando por un sendero en busca quizá de madera para tallar o del santuario que aquel lugar ofrecía a quienes se atrevían a aventurarse tan cerca del cielo. Otras veces caminaba solo, empleando el tiempo para reflexionar sobre dónde había estado a lo largo de su vida… y hacia dónde se dirigía ahora.

El pueblo no era ya más que un puntito en aquel maravilloso lienzo de esplendor natural. La majestuosidad de los picos nevados del Himalaya hizo que su corazón latiera más deprisa, dejándole temporalmente sin aliento. Julián se sintió uno con el entorno, esa clase de relación que dos viejos amigos pueden disfrutar después de muchos años de escuchar los mutuos pensamientos y de reírse los chistes. El aire puro de la montaña despejó su mente y dio vigor a su espíritu. Después de haber dado la vuelta al mundo en varias ocasiones, Julián creía haberlo visto todo. Pero jamás había contemplado tanta belleza. Aquel momento má-

gico fue como un exquisito tributo a la sinfonía de la naturaleza. Se sintió a la vez alborozado, jubiloso y despreocupado. Y fue allí, con la humanidad a sus pies, cuando Julián se aventuró a salir de la cómoda envoltura de lo ordinario para iniciar su exploración del reino de lo extraordinario.

–Todavía recuerdo las palabras que me pasaban por la mente –dijo Ju-lián–. Pensé que, en definitiva, la vida consiste en tomar opciones. El destino de cada uno de nosotros depende de las opciones que tomamos, y yo estaba seguro de que había tomado la correcta. Sabía que mi vida no volvería a ser igual y que algo fascinante, quizá incluso milagroso, estaba a punto de sucederme. Fue un despertar sorprendente.

Mientras Julián escalaba las enrarecidas regiones del Himalaya, empezó a sentirse nervioso.

–Pero fue un nerviosismo positivo, como el que sentía en un baile de gala o justo antes de empezar un caso excitante y los fotógrafos me perseguían por la escalinata de los tribunales. Y aunque no contaba con un guía ni con un mapa de la zona, el camino estaba claro y un estre-cho sendero me fue llevando montaña arriba hacia los confines de aquella región. Fue como si tuviera una especie de brújula interior que me iba empujando hacia mi destino. Creo que no hubiera podido dete-14

nerme aunque lo hubiera querido. –Julián estaba entusiasmado, sus palabras brotaban como un torrente.

Dos días más siguió la ruta que esperaba podía llevarlo a Sivana, y en ese tiempo pensó en su vida pasada. Aunque se sentía liberado del es-trés y la tensión que caracterizaran su antiguo mundo, se preguntaba en cambio si podría pasar el resto de su vida sin el reto intelectual que su profesión le había deparado desde que saliera de la facultad en Harvard. Sus pensamientos vagaron después a su suntuoso despacho en un resplandeciente rascacielos del centro y a la idílica casa de veraneo que había vendido por una miseria. Pensó en los viejos amigos con que frecuentaba los mejores restaurantes. Pensó también en su preciado Ferrari y en la sensación que le daba poner el motor en marcha y sentirse al mando de un poderoso vehículo.

Mientras se adentraba más y más en aquel místico paraje, sus reflexiones sobre el pasado se vieron interrumpidas por las maravillas que veía. Fue mientras meditaba sobre la belleza de la naturaleza cuando algo sorprendente sucedió.

Por el rabillo del ojo vio una figura, vestida extrañamente con una larga y ondulante túnica roja coronada por una capucha azul oscuro, caminando un poco más adelante. A Julián le sobresaltó ver a alguien más en aquel lugar remoto al que había llegado tras siete agotadores días.

Como se hallaba a muchos kilómetros de toda civilización y aún no estaba seguro de que Sivana fuera un destino encontrable, gritó a su compañero de escalada.

La figura no sólo no respondió sino que apretó el paso sin siquiera mi-rarlo. Al poco rato el misterioso viajero echó a correr, su túnica roja flameando graciosamente a su espalda.

–¡Por favor, amigo, necesito ayuda para llegar a Sivana! –gritó Julián–

. Llevo siete días caminando con poca comida y agua. ¡Creo que me he perdido!

La figura se detuvo bruscamente. Julián se aproximó con cautela mientras el otro permanecía inmóvil y en silencio. Julián no pudo verle el rostro bajo la capucha, pero le impactó el contenido de la pequeña cesta que sostenía. Dentro había una colección de las flores más delicadas y bellas que Julián había visto jamás. La figura abrazó su cesta a medida que Julián se aproximaba, como para demostrar su gran amor por aquellas flores y su desconfianza hacia aquel occidental, tan corriente en aquel paraje como el rocío en el desierto.

Julián miró al viajero con curiosidad. Un rayo de sol le reveló que la cara que se ocultaba bajo la amplia capucha era de hombre. Pero Julián 15

jamás había visto un hombre igual. Aunque tenía por lo menos la misma edad que él, sus rasgos dejaron a Julián como hechizado y le obli-garon a quedarse mirándolo una eternidad. El hombre tenía ojos de ga-to, tan penetrantes que Julián se vio obligado a desviar la vista. Su tez de color oliváceo era lisa y flexible. Su cuerpo parecía fuerte y vigoroso.

Y aunque sus manos delataban que no era joven, irradiaba tal juventud y vitalidad que Julián se quedó hipnotizado, como el niño cuando ve actuar por primera vez a un prestidigitador.

Debe de ser uno de los Grandes Sabios de Sivana, pensó Julián, casi sin poder contener su alegría.

–Me llamo Julián Mantle. He venido a aprender de los Sabios de Sivana. ¿Sabes dónde podría encontrarlos? –preguntó.

El hombre miró pensativo al cansado visitante de un país lejano. Su serenidad y su paz le daban un aspecto angelical.

Luego habló en voz muy baja, casi susurrando:

–¿Para qué buscas a esos sabios, amigo?

Presintiendo que, efectivamente, había dado con uno de los místicos monjes que a tantos habían eludido antes, Julián le abrió su corazón y le contó su odisea. Habló al viajero de su vida pasada y de la crisis espiritual que había tenido, el precio en salud y energía que había debido pagar a cambio de las fugaces recompensas que le deparaba la práctica de la abogacía. Habló de que había cambiado la riqueza del alma por una voluminosa cuenta bancaria y de la ilusoria gratificación de su estilo de vida «vive deprisa, muere joven». Y le contó sus viajes por la mística India y su encuentro con el yogui Krishnan, aquel abogado de Nueva Delhi que también había renunciado a su profesión en la esperanza de hallar la armonía interior y una paz duradera.

El viajero permaneció quieto y en silencio. No volvió a hablar hasta que Julián mencionó su ardoroso y casi obsesivo deseo de adquirir los antiguos principios de la sabiduría y el esclarecimiento. Poniendo un brazo sobre el hombro de Julián, dijo suavemente:

–Si de verdad tienes un deseo sincero de aprender esa sabiduría, entonces es mi deber ayudarte. Soy, en efecto, uno de esos sabios en busca de los cuales has recorrido tan largo camino. Eres la primera persona que nos encuentra desde hace muchos años. Enhorabuena. Admiro tu tenacidad. Como abogado debiste ser muy bueno.

Hizo una pausa, como si no estuviera seguro, y luego prosiguió:

–Si quieres, puedes venir como invitado mío a nuestro templo. Se halla en una parte escondida de esta región montañosa, pero aún que-dan varias horas de camino. Mis hermanos te recibirán con los brazos abiertos. Trabajaremos juntos para enseñarte los principios y prácticas 16

que nuestros antepasados nos han transmitido a través de los siglos.

»Antes de llevarte a nuestro mundo y compartir nuestros conocimientos para llenar tu vida de alegría, fuerza y determinación, debo pedirte que prometas una cosa. Cuando hayas aprendido las verdades eternas deberás regresar a tu país y hacer partícipes de esta sabiduría a cuantos la necesiten. Aunque aquí, en estas montañas mágicas, estamos aislados, no se nos escapa el trance por el que atraviesa tu mundo. La gente buena está perdiendo el rumbo. Debes darles la esperanza que se merecen. Es más, debes darles las herramientas para que se cum-plan sus sueños. Es todo lo que pido.

Julián aceptó de inmediato las condiciones del sabio y prometió que llevaría el precioso mensaje a Occidente.

Mientras los dos seguían ascendiendo hacia el pueblo perdido de Sivana, el sol indio empezó a ponerse, un gran círculo rojo que poco a poco se dejaba vencer por un sueño mágico tras el largo y agotador día. Ju-lián me dijo que nunca ha olvidado la majestuosidad de aquel momento, cuando andaba en compañía de un monje por quien sentía una especie de amor fraternal, rumbo a un lugar lleno de maravillas y misterios.

–Fue sin duda el momento más memorable de mi vida –me confió.

Julián siempre había creído que la vida se reducía a unos cuantos momentos clave. Éste fue uno de ellos. En el fondo de su alma, tuvo la certeza de que era el primer momento del resto de su vida, una vida que pronto iba a ser mucho más de lo que nunca había sido.

CUATRO

Encuentro mágico con los Sabios de Sivana

Tras andar durante horas por intrincados caminos y sendas herbosas, los dos viajeros llegaron a un verde y exuberante valle. En uno de sus lados, los picos del Himalaya ofrecían su protección como soldados cas-tigados por la intemperie que guardaran el lugar donde descansaban sus generales. Al otro lado había un espeso bosque de pinos, tributo natural a esta tierra de fantasía.

El sabio miró a Julián y sonrió.

–Bienvenido al nirvana de Sivana.

Descendieron por otro camino y se adentraron en el bosque que for-maba el lecho del valle. El olor a pino y a sándalo impregnaba el aire 17

fresco y límpido de la montaña. Julián, que ahora iba descalzo para ali-viar sus doloridos pies, notó la caricia del musgo húmedo. Le sorprendió ver vistosas orquídeas y otras flores hermosas bailando entre la arbole-da, como si se deleitaran en el esplendor de aquel retazo diminuto de paraíso.

Julián oyó voces en la distancia, voces suaves y agradables al oído. Se limitó a seguir al sabio sin decir nada. Tras quince minutos de caminata llegaron a un claro. Lo que vio entonces fue algo que ni siquiera el mundano y difícilmente impresionable Julián Mantle podía haber imagi-nado: una aldea hecha exclusivamente de lo que parecían rosas. En mitad del poblado había un pequeño templo, como los que Julián había visto en sus viajes a Tailandia y Nepal, pero éste estaba hecho de flores rojas, blancas y rosas unidas mediante largas tiras de cordel multicolor y ramitas. Las pequeñas chozas que punteaban el espacio circundante parecían las austeras casas de los sabios. También estaba hechas de rosas. Julián se quedó sin habla.

En cuanto a los monjes que vivían en la aldea, Julián vio que se parecían a su compañero de viaje, quien ahora le dijo que se llamaba yogui Raman. Explicó que era el más viejo de los Sabios de Sivana y el líder del grupo. Los pobladores de aquella colonia de cuento de hadas tenían un aspecto extraordinariamente juvenil y se movían con gracia y aplo-mo. Ninguno de ellos hablaba, prefiriendo respetar la tranquilidad del lugar realizando sus tareas en silencio.

Los hombres, que parecían sólo una decena, llevaban la misma túnica roja que el yogui Raman, y sonrieron serenamente a Julián cuando hicieron su entrada en la aldea. Todos se veían apacibles, sanos y satisfechos. Fue como si las tensiones que tantas víctimas se cobran en nuestro mundo no tuviesen acceso a aquella cumbre de serenidad.

Aunque habían transcurrido muchos años desde que vieran una cara nueva por última vez, aquellos sabios fueron comedidos en su recibi-miento, ofreciendo una ligera reverencia a modo de saludo.

Las mujeres eran igualmente impresionantes. Con sus ondulantes saris de seda rosa y los lotos blancos que adornaban sus negros cabellos, iban de un lado a otro con sorprendente agilidad. Sin embargo, no se trataba del ajetreo frenético que invade nuestra sociedad. Aquí todo parecía fácil y alegre. Algunas trabajaban dentro del templo haciendo preparativos para lo que parecía una fiesta. Otras acarreaban leña y tapi-ces ricamente bordados. La actividad era general. Todo el mundo parecía feliz.

En definitiva, las caras de los Sabios de Sivana revelaban el poder de su forma de vida. Aunque eran sin duda adultos y maduros, irradiaban 18

un aura como infantil, el centelleo de sus ojos traslucía una lozana vitalidad. Ninguno tenía arrugas ni canas. Ninguno parecía viejo.

A Julián, que apenas podía creer lo que estaba viendo, le ofrecieron un festín de fruta fresca y hortalizas exóticas, dieta que, como supo más adelante, constituía una de las claves de la salud ideal que disfrutaban los sabios.

Tras la comida, el yogui Raman acompañó a Julián hasta sus aposen-tos: una cabaña cubierta de flores donde había una pequeña cama con un bloc vacío a modo de diario. Aquélla sería su casa.

Aunque para Julián aquel mundo mágico de Sivana era una absoluta novedad, tenía sin embargo la sensación de que era un poco como volver a casa, un regreso a un paraíso que hubiera conocido mucho tiempo atrás. Aquella aldea de rosas no le resultaba del todo extraña. Su intui-ción le decía que su sitio estaba allí, aunque fuera durante un corto pe-ríodo. Ése iba a ser el lugar donde él reavivaría el fuego que había conocido antes de que la abogacía le privara del alma, un santuario donde su maltrecho espíritu podría empezar a sanar.

Y así empezó la vida de Julián entre los Sabios de Sivana, una vida de sencillez, serenidad y armonía. Lo mejor estaba aún por venir.

CINCO

El alumno espiritual de los sabios

Los sueños de los grandes soñadores jamás llegan a cumplirse, siempre son superados.

ALFRED LORD WHITEHEAD

Eran las ocho de la tarde y yo aún no había preparado mi alegato para el día siguiente. Estaba fascinado por la experiencia de aquel antiguo guerrero de la abogacía que había cambiado radicalmente de vida después de convivir y estudiar con aquellos sabios maravillosos del Himalaya. ¡Qué extraordinaria transformación! Me pregunté si los secretos aprendidos por Julián en aquel remoto rincón de la India podrían también elevar la calidad de mi vida y colmar mi propia sensación de estu-por ante el mundo en que vivimos. Cuanto más escuchaba a Julián, más me daba cuenta de que mi alma se había ido oxidando. ¿Qué había sido de aquel increíble apasionamiento con que yo lo abordaba todo cuando era más joven? Entonces hasta la cosa más sencilla me llenaba 19

de alegría. Tal vez había llegado la hora de reinventar mi destino.

Notando mi fascinación por su odisea y mi ansia de aprender el méto-do de la vida esclarecida que los sabios le habían transmitido, Julián aceleró el ritmo de su relato. Me explicó que su deseo de saber, sumado a su inteligencia (pulida en muchos años de batallas en los tribunales), le había ganado el respeto de la comunidad de Sivana. Como muestra de su afecto hacia Julián, los monjes le habían hecho miembro honorario de su grupo y le trataban como parte integrante de la extensa familia.

Ansioso de ampliar sus conocimientos sobre los mecanismos de la mente, el cuerpo y el alma, Julián pasó literalmente todos sus momentos de vigilia bajo la tutela del yogui Raman. El sabio se convirtió más en padre que en maestro, pese a que sólo le separaban unos años de Julián. No había duda de que aquel hombre había acumulado la sabiduría de muchas vidas y, aún mejor, estaba dispuesto a compartirla con Julián.

Las sesiones empezaban antes del alba. El yogui Raman se sentaba con su entusiasmado alumno y llenaba su mente de ideas sobre el significado de la vida y de técnicas poco conocidas para vivir con mayor vitalidad, creatividad y satisfacción. Le enseñaba viejos principios que, según decía, cualquiera podía utilizar para conservarse joven y ser más feliz. Julián aprendió también que las disciplinas gemelas del dominio personal y la autorresponsabilidad impedirían que volviera al caos de la crisis que había caracterizado su vida en Occidente.

A medida que las semanas se convertían en meses, Julián acabó siendo consciente del gran tesoro que dormía dentro de su mente, a la espera de ser empleado para más elevados objetivos. A veces el maestro y su alumno se quedaban sentados viendo surgir el sol de la India sobre los verdes prados inferiores. A veces descansaban en callada meditación, saboreando el silencio. Otras paseaban entre los pinos hablando de temas filosóficos y disfrutando del placer de la compañía mutua.

Julián dijo que los primeros indicios de su expansión personal llegaron a las tres semanas de estar con los sabios. Empezó a fijarse en la belleza de las cosas más comunes. Tanto si era la maravilla de una noche estrellada como el hechizo de una telaraña después de la lluvia, Julián lo absorbía. Dijo también que su nueva vida y las nuevas costumbres empezaron a tener un efecto grande en su mundo interior. Al mes de estar aplicando los principios y técnicas de Sivana, Julián había empezado a cultivar una profunda sensación de paz y serenidad interior que jamás había alcanzado en Occidente. Se volvió más alegre y espontáneo, más enérgico y creativo a medida que pasaban los días.

20

La vitalidad física y la fortaleza espiritual fueron los siguientes cambios en su actitud. Su cuerpo antaño obeso se volvió recio y delgado, mientras que la enfermiza palidez que siempre le devolvía el espejo era sus-tituida por un rostro donde brillaba la salud. Se sentía realmente capaz de cualquier cosa y de abrir el potencial infinito que existe dentro de cada uno de nosotros. Empezó a apreciar la vida y a ver la divinidad en todos sus aspectos. El viejo método de aquel grupo de místicos había empezado a obrar milagros.

Tras hacer una pausa como para expresar incredulidad ante su propia narración, Julián se puso filosófico:

–Me he dado cuenta de algo muy importante, John. El mundo, y en eso incluyo mi mundo interior, es un lugar muy especial. También he visto que el éxito externo no significa nada a no ser que tengas éxito interno. Hay una enorme diferencia entre el beneficio y el bienestar.

Cuando yo era un importante abogado, solía mofarme de todas las personas que trabajaban para mejorar su vida interior y exterior. ¡Vive la vida!, solía pensar. Pero he aprendido que el autocontrol y el cuidado de la propia mente, cuerpo y alma son esenciales para encontrar el yo elevado de cada uno y para vivir la vida de nuestros sueños. ¿Cómo ocuparse de los demás si uno no se ocupa de sí mismo? ¿Cómo hacer el bien si ni siquiera te sientes bien? No puedo amar si no sé amarme a mí mismo.

De pronto, Julián pareció intranquilo.

–Nunca había abierto a nadie mi corazón como lo hago ahora. Te pido disculpas, John. Es que en esas montañas he experimentado tal catar-sis, tal despertar espiritual a los poderes del universo, que veo que otros necesitan saber lo que yo he aprendido.

Viendo que se hacía tarde, me dijo que se marchaba y se despidió.

–No puedes irte ahora, Julián –le dije–. Estoy en ascuas por saber todo lo que aprendiste en el Himalaya y el mensaje que prometiste traer a Occidente. No puedes dejarme intrigado, sabes que no lo soporto.

–Volveré, pierde cuidado. Ya me conoces, en cuanto empiezo a contar algo ya no puedo parar. Pero tú tienes cosas que hacer, y a mí me esperan ciertos asuntos privados.

–Bien, pero dime una cosa. ¿Me servirán los métodos que aprendiste en Sivana?

–Cuando el alumno está listo, aparecen los maestros –respondió–. Tú, y muchas otras personas de nuestra sociedad, estáis preparados para conocer la sabiduría de la que me honro en ser portador. Todos nosotros deberíamos conocer la filosofía de los sabios. Todos podemos bene-21

ficiarnos de ella. Todos hemos de conocer esa perfección que es nuestro estado natural. Te prometo que compartiré ese saber contigo. Ten paciencia. Nos veremos mañana por la noche, esta vez en tu casa. Entonces te diré lo que necesitas saber para mejorar tu vida. ¿Te parece bien?

–De acuerdo. Supongo que si he pasado sin ello todos estos años, esperar veinticuatro horas más no me hará ningún daño –respondí.

Dicho esto, el gran abogado convertido en yogui desapareció, dejándome con la cabeza llena de preguntas sin respuesta y de pensamientos inconclusos.

Sentado a solas en mi despacho, comprendí lo pequeño que es en realidad nuestro mundo. Pensé en los amplísimos conocimientos que apenas empezaba a vislumbrar. Pensé en lo que sería recuperar mis ganas de vivir, y en la curiosidad que yo había sentido de joven. Quería sentirme más vivo y aportar energía desbordante a mi vida cotidiana. Tal vez yo también abandonaría mi profesión. ¿Estaría llamado a una vocación más elevada? Con estas cosas en la cabeza, apagué las luces, ce-rré mi despacho y salí al pegajoso calor de otra noche de verano.

SEIS

La sabiduría del cambio personal

Soy un artista del vivir; mi obra de arte es mi vida.

SUZUKI

Fiel a su palabra, Julián se presentó en mi casa al día siguiente, a las siete, y llamó con cuatro golpes rápidos en la puerta. Mi casa es un edificio a la moda con espantosas persianas rosas que, según mi mujer, recordaban las casas que salían en Architectural Design. Julián tenía un aspecto radicalmente distinto al del día anterior. Todavía se le veía radiante de salud y exudando una increíble sensación de calma interior.

Pero lo que llevaba me inquietó un poco.

Iba enfundado en una larga túnica roja provista de una capucha azul con bordados. Y aunque estábamos en julio y hacía un calor sofocante, él llevaba puesta la capucha.

–Saludos, amigo –dijo Julián con entusiasmo.

–Hola.

–No pongas esa cara, ¿qué esperabas, que llevara un traje de Armani?

22

Los dos nos echamos a reír. Julián no había perdido un ápice de su agudo sentido del humor que antaño me había entretenido tanto.

Mientras nos relajábamos en mi atestada pero confortable sala de estar, no pude evitar fijarme en el complicado collar de cuentas de madera que llevaba al cuello.

–¿De qué son las cuentas? Son muy bonitas.

–Te lo contaré después –dijo Julián–. Tenemos mucho de que hablar esta noche.

–Pues al grano. Hoy apenas he dado golpe de lo nervioso que estaba por nuestro encuentro.

Inmediatamente, Julián empezó a revelarme más cosas sobre su

transformación personal y la facilidad con que se produjo. Me habló de las antiguas técnicas que había aprendido para controlar la mente y pa-ra borrar el hábito de preocuparse que a tantos afecta en nuestra com-pleja sociedad. Habló de las enseñanzas de los monjes para vivir una vida más plena y gratificante. Y habló también de una serie de métodos para liberar el manantial de juventud y energía que, dijo, todos llevamos dentro en estado latente.

Aunque se expresaba con convicción, yo empecé a mostrarme escéptico. ¿Estaría siendo víctima de una broma? Al fin y al cabo, este jurista salido de Harvard había sido célebre en el bufete por sus bromas pesa-das. Además, su historia era absolutamente fantástica. Imagínese: uno de los mejores abogados del país arroja la toalla, vende todas sus posesiones terrenales y emprende una odisea a pie por el norte de la India, para regresar convertido en profeta del Himalaya. No podía ser verdad.

–Venga, Julián. No me tomes más el pelo. Todo esto empieza a pare-cerse a una de tus bromas. Apuesto que has alquilado la túnica en la tienda de disfraces que hay en frente de mi oficina.

Julián reaccionó al punto, como si ya hubiera esperado que no le cre-yera.

–¿Cómo argumentas un caso cuando estás ante el tribunal?

–Aportando pruebas persuasivas.

–Bien. Mira las pruebas que yo aporto. Mira mi cara, sin una sola arruga. Mira mi físico. ¿Notas la abundancia de energía que hay en mí? Mira mi tranquilidad. Seguro que notas que he cambiado.

No le faltaba razón. Este hombre, apenas unos años atrás, parecía dos décadas más viejo.

–No habrás ido a un cirujano plástico, ¿verdad?

–No. –Sonrió–. Ellos sólo piensan en la persona exterior. Yo necesitaba curarme por dentro. Mi vida desequilibrada y caótica me dejó en una si-23

tuación límite. Lo que sufrí fue mucho más que un ataque al corazón.

Fue una ruptura de mi núcleo interno.

–Pero es que todo suena tan… misterioso e insólito.

Julián mantuvo la calma ante mi insistencia. Al ver la tetera que yo había dejado sobre la mesa, él mismo empezó a servirme. Vertió el té hasta llenar la taza… ¡y siguió haciéndolo! El té empezó a caer sobre el platillo y luego sobre la querida alfombra persa de mi mujer. Al principio me quedé perplejo. Pero luego chillé:

–¿Qué estás haciendo? Mi taza ya está llena. ¡Por más que lo intentes no admitirá más té!

Julián me miró largamente.

–No me interpretes mal. Yo te respeto, John. Siempre lo he hecho. Sin embargo, igual que esta taza, tú pareces estar lleno de ideas propias.

¿Cómo van a entrar más, si no vacías primero tu taza?

Me impactó la verdad de sus palabras. Julián tenía razón. Mis años en el conservador mundo de la abogacía, haciendo siempre las mismas cosas con la misma gente que pensaba las mismas cosas cada día, habían llenado mi taza hasta el borde. Jenny siempre me estaba diciendo que deberíamos conocer gente nueva y explorar nuevas cosas. «Ojalá fueras un poco más aventurero, John», solía decirme.

Ya no recordaba cuándo fue la última vez que leí un libro que no tuviera que ver con leyes. Mi profesión era toda mi vida. Empecé a comprender que el mundo al que estaba acostumbrado había embotado mi creatividad y limitado mi visión del mundo.

–De acuerdo. Entiendo lo que dices –admití–. Es posible que todos estos años me hayan convertido en un escéptico. Desde que te vi ayer en mi despacho, algo me dijo que tu transformación era genuina, y que yo podía aprender algo de todo ello. Tal vez no quería creerlo.

–John, ésta es la primera noche de tu nueva vida. Sólo te pido que pienses en los conocimientos que voy a compartir contigo y que los apliques durante un mes con total convicción. Toma estos métodos confiando en su efectividad. Hay una razón para que hayan sobrevivido millares de años: es que funcionan.

–Un mes me parece mucho tiempo.

–Invertir 672 horas de trabajo interior para mejorar profundamente tus momentos de vigilia para el resto de tu vida es una ganga, ¿no te parece? Invertir en ti mismo es lo mejor que puedes hacer. No sólo conseguirás mejorar tu vida sino también las de quienes te rodean.

–¿Y eso?

–Sólo cuando domines el arte de amarte a ti mismo podrás amar de verdad a los demás. Sólo abriendo tu corazón podrás llegar al corazón 24

de los demás. Cuando te sientas centrado y vivo de verdad, estarás en buena posición para ser una persona mejor.

–¿Qué puedo esperar que ocurra en esas 672 horas de que se compone un mes? –pregunté.

–Experimentarás cambios en tu mente, tu cuerpo e incluso tu alma que te sorprenderán. Tendrás más energía, entusiasmo y armonía interna de las que has tenido en toda tu vida. La gente empezará por decirte que pareces más joven y más feliz. Recuperarás la sensación de bienestar y equilibrio. Éstos son sólo algunos de los beneficios del Mé-

todo de Sivana.

–Caramba.

–Todo lo que vas a oír esta noche está pensado para mejorar tu vida, no sólo personal y profesional sino también espiritual. El consejo de los sabios es tan válido hoy como lo era hace cinco mil años. No sólo enriquecerá tu mundo interior, también reforzará tu mundo exterior y te hará más eficaz en todo lo que hagas. Esta sabiduría es la fuerza más poderosa que he conocido jamás. Es práctica y directa y ha sido probada durante siglos en el laboratorio de la vida. Es más, funciona para to-do el mundo. Pero antes de que comparta contigo este saber, has de prometerme una cosa.

Imaginaba que tenía que haber algún compromiso. «Nadie come gratis», solía decir mi madre.

–Una vez hayas comprobado el poder de las estrategias y tácticas que me enseñaron los Sabios de Sivana y observes los radicales resultados que producirán en tu vida, deberás aceptar la misión de transmitir estos conocimientos a otros para que puedan beneficiarse de ellos. Accedien-do, me ayudarás a cumplir la promesa que hice al yogui Raman.

Accedí sin reservas, y Julián empezó a enseñarme el método que había llegado a considerar sagrado. Si bien las técnicas que había llegado a dominar eran variadas, en el fondo del Método de Sivana había siete virtudes básicas, siete principios fundamentales que encarnaban las claves del autodominio, la responsabilidad personal y el esclarecimiento espiritual.

Julián me dijo que el yogui Raman fue el primero en enseñarle las siete virtudes tras unos meses en Sivana. Una noche despejada, cuando todos los demás estaban durmiendo, Raman llamó suavemente a la choza de Julián. Con la voz de un guía amable, dijo:

–Te he venido observando durante muchos días, Julián. Creo que eres un hombre honesto que desea con fervor llenar su vida de todo lo que es bueno. Desde que llegaste has abierto tu mente a nuestras tradicio-25

nes y las has abrazado como propias. Has aprendido algunos de nuestros hábitos cotidianos y has visto sus muchos y saludables efectos. Has sido respetuoso con nuestra forma de vivir. La gente de aquí ha vivido con sencillez desde tiempo inmemorial y nuestros métodos son conocidos por muy pocos. El mundo necesita oír nuestra filosofía. Esta noche, en la víspera de tu tercer mes en Sivana, voy a empezar a ense-

ñarte las claves de nuestro sistema, no sólo en beneficio tuyo sino también en el de todos los que habitan en tu mundo. Me sentaré contigo a diario como lo hice con mi hijo cuando era pequeño. Por desgracia, mi hijo falleció hace unos años. Había llegado su hora, y yo no pongo en duda su partida. Lo pasamos bien juntos y su recuerdo me acompañará siempre. Yo te veo a ti como un hijo y me siento agradecido de que to-do cuanto aprendí en mis años de contemplación pueda vivir ahora en tu interior.

Miré a Julián y reparé en que tenía los ojos cerrados, como si se hubiera transportado a aquel país de ensueño en el que había recibido la bendición de sus conocimientos.

–El yogui Raman me dijo que las siete virtudes para una vida rebosan-te de paz, alegría y riqueza interiores estaban contenidas en una fábula mística. Esta fábula era la esencia de todo. Me pidió que cerrara los ojos como he hecho ahora aquí mismo, en tu sala de estar. Luego me dijo que imaginase la siguiente escena con los ojos de mi mente: Estás sentado en mitad de un espléndido y exuberante jardín. Este jardín está lleno de las flores más espectaculares que has visto nunca.

El entorno es extraordinariamente tranquilo y callado. Saborea los sen-suales placeres de este jardín y piensa que tienes todo el tiempo del mundo para disfrutar de este oasis. Al mirar alrededor ves que en mitad del jardín mágico hay un imponente faro rojo de seis pisos de alto. De repente, el silencio del jardín se ve interrumpido por un chirrido fuerte cuando la puerta del faro se abre. Aparece entonces un luchador de sumo japonés –mide casi tres metros y pesa cuatrocientos kilos–, que avanza indiferente hacia el centro del jardín.

–La cosa se pone bien. –Rió Julián–. ¡El luchador de sumo está desnudo! Bueno, en realidad no del todo. Un cable de alambre color de rosa cubre sus partes.

Cuando el luchador de sumo empieza a moverse por el jardín, encuentra un reluciente cronógrafo de oro que alguien olvidó muchos años atrás. Resbala y al momento cae con un golpe sordo. El luchador de sumo queda inconsciente en el suelo, inmóvil. Cuando ya parece que ha exhalado su último aliento el luchador despierta, quién sabe si movido por la fragancia de unas rosas amarillas que florecen cerca de allí. Con 26

nuevas energías, el luchador se pone rápidamente en pie y mira intui-tivamente hacia su izquierda. Lo que ve le sorprende mucho.

A través de las matas que hay al borde mismo del jardín observa un largo y serpenteante camino cubierto por millones de hermosos diamantes. Algo parece impulsar al luchador a tomar esa senda y, dicho sea en su honor, así lo hace. Ese camino le lleva por la senda de la alegría perdurable y la felicidad eterna.

Tras oír aquel extraño cuento allá en las cumbres del Himalaya y sentado junto a un monje que había visto de primera mano la antorcha de la verdadera luz, Julián me dijo que se desilusionó. Sencillamente, dijo que pensó que iba a oír algo definitivo, un esclarecimiento que le haría pasar a la acción o, por qué no, le arrancaría lágrimas. En cambio, sólo había escuchado una tontería sobre un luchador y un faro.

El yogui Raman detectó su desaliento:

–Nunca descuides el poder de la sencillez –le dijo a Julián–. Puede que esta historia no sea el discurso sofisticado que esperabas, pero su mensaje contiene un mundo de sensibilidad y su objeto es puro. Desde el día en que llegaste, he pensado mucho en cómo iba a compartir nuestro saber contigo. Al principio pensé darte una serie de lecciones a lo largo de varios meses, pero comprendí que este enfoque tradicional no se adaptaba a la naturaleza mágica del saber que estás a punto de recibir. Luego pensé en pedir a mis hermanos y hermanas que invirtieran un poco de tiempo contigo para introducirte en nuestra filosofía. Pero tampoco era éste el sistema más efectivo para que aprendieras lo que tenemos que decirte. Tras reflexionar largamente, llegué a lo que me parece un modo muy creativo y a la vez extremadamente eficaz de en-señar el método de Sivana al completo, con sus siete virtudes… y es esta fábula.

El sabio hizo una pausa y luego añadió:

–Al principio puede que te parezca frívolo e incluso infantil. Pero te aseguro que cada elemento de la fábula encarna un principio imperecedero y contiene un profundo significado. El jardín, el faro, el luchador de sumo, el cable de color rosa, el cronógrafo, las flores y el sinuoso sendero de los diamantes son símbolos de las siete virtudes para conseguir una vida de esclarecimiento. Te puedo asegurar también que si recuerdas esta historia y las verdades fundamentales que entraña, po-drás llevar en tu interior todo cuanto necesitas saber para elevar tu vi-da al máximo nivel. Tendrás toda la información y las estrategias que necesitarás para modificar la calidad de tu vida y de las de cuantos te rodean. Y cuando apliques a diario este saber, podrás cambiar mental, 27

física, emocional y espiritualmente. Te pido que escribas esta pequeña historia en tu mente y que la lleves en tu corazón. Si la abrazas sin reservas te aseguro que notarás la diferencia.

Julián meditó un momento y luego me dijo: –Por suerte, John, así lo hice. Carl Jung escribió que «la visión sólo llega a ser clara cuando uno puede mirarse el corazón. El que mira hacia afuera, sueña; el que mira hacia dentro, despierta». Aquella noche tan especial, yo miré a mi corazón y desperté a los secretos seculares para enriquecer la mente, cultivar el cuerpo y nutrir el alma. Ahora me toca a mí compartir estos secretos contigo.

SIETE

Un jardín extraordinario

La mayoría de la gente vive –ya sea física, intelectual o moralmente–

en un círculo muy restringido de sus posibilidades. Todos nosotros tenemos reservas de vida en las que ni siquiera soñamos.

WILLIAM JAMES

–En la fábula, el jardín es un símbolo de la mente –explicó Julián–. Si cuidas de tu mente, si la nutres y la cultivas como si fuera un fértil jardín, florecerá más allá de tus expectativas. Pero si dejas que la maleza arraigue, nunca podrás alcanzar la paz de espíritu y la armonía interna… Deja que te haga una pregunta, John. Si yo fuera al patio donde tienes ese jardín del que tanto hablabas antes y echara residuos tóxicos sobre tus queridas petunias, no te haría ninguna ilusión, ¿verdad?

–Cierto.

–En realidad, los buenos jardineros guardan sus posesiones como soldados orgullosos, y procuran que nada pueda contaminar sus planta-ciones. Pero fíjate en los residuos tóxicos que la mayoría de la gente mete en el fértil jardín de su mente, y eso un día tras otro: preocupaciones, ansiedades, la nostalgia del pasado, los cálculos sobre el futuro y los miedos que ellos mismos alimentan y que pueden destrozar el mundo interior de cualquier persona. En la lengua nativa de los Sabios de Sivana, que existe desde hace cuatro mil años, el símbolo que representa por escrito la preocupación es muy similar al que simboliza una pira funeraria. El yogui Raman me dijo que no era una simple coinci-dencia. La preocupación priva a la mente de gran parte de su poder y, antes o después, acaba dañando el alma.

»Para vivir una vida de máxima plenitud hay que montar guardia y de-28

jar que entre en tu jardín sólo la información más selecta. No puedes permitirte el lujo de un pensamiento negativo, ni uno solo. Las personas más alegres, dinámicas y satisfechas de este mundo no difieren mucho de ti o de mí. Todos estamos hechos de carne y hueso. Todos venimos de la misma fuente universal. Sin embargo, los que hacen algo más que existir, los que azuzan las llamas de su potencial humano y saborean la danza mágica de la vida sí hacen cosas distintas de los que viven una vida corriente. Y la más destacada de ellas es que adoptan un paradigma positivo acerca de su mundo y cuanto hay en él.

»Los sabios me enseñaron que en un día normal la persona normal tiene unos sesenta mil pensamientos. Lo que a mí me chocó, sin embargo, fue que el 99 por ciento de los mismos era exactamente igual que el día anterior.

–¿Lo dices en serio? –pregunté.

–Por supuesto. Es la tiranía del pensamiento empobrecido. La gente que piensa lo mismo todos los días, cosas negativas en su mayoría, han caído en malos hábitos mentales. En vez de concentrarse en las cosas buenas y pensar en cómo hacer que todo sea mejor, son cautivos de sus respectivos pasados. Unos se preocupan de fracasos sociales o problemas financieros. Otros se lamentan de sus infancias. Otros, en fin, se preocupan de asuntos más insignificantes: el modo en que un dependiente los ha tratado o el comentario malicioso de un compañero de trabajo. De ese modo permiten que las preocupaciones priven a su mente de su fuerza vital; están bloqueando el enorme potencial de la mente para aportar todo lo que ellos quieran, emocional, física y espiritualmente. Estas personas no se dan cuenta de que administrar la mente es administrar la vida.

»La manera de pensar depende del hábito, así de simple –prosiguió Julián con convicción–. En general la gente no se percata del enorme poder de la mente. He aprendido que incluso los más dotados pensadores utilizan sólo una centésima parte de sus reservas mentales. En Sivana, los sabios se atrevieron a explorar diariamente ese potencial. Y

los resultados fueron asombrosos. El yogui Raman, a través de una práctica muy disciplinada, ha condicionado su mente hasta el punto de ser capaz de ralentizar su corazón a voluntad. Incluso había conseguido entrenarse para no dormir durante semanas. Aunque yo nunca te suge-riría que empezaras marcándote objetivos como ésos, sí te sugiero que empieces por considerar tu mente como lo que es: el mayor don de la naturaleza.

–¿Existen ejercicios para desbloquear el poder de la mente? –

pregunté. Y añadí con frescura–: Si pudiera ralentizar mi corazón sería 29

la sensación de la fiesta.

–De momento no te preocupes por eso. Te enseñaré unas técnicas que podrás practicar más adelante y que te mostrarán el poder de esta antigua tecnología. Por ahora, lo más importante es que entiendas que el dominio mental se logra con entrenamiento, ni más ni menos. Casi todos tenemos las mismas materias primas desde que respiramos nuestra primera bocanada de aire; lo que separa a los que consiguen más cosas o a los que son más felices es el modo en que emplean y refinan esos materiales. Cuando te dedicas a transformar tu mundo interior, tu vida pasa rápidamente del reino de lo ordinario al de lo extraordinario.

Mi maestro estaba cada vez más entusiasmado. Sus ojos parecían cen-tellear mientras hablaba de la magia de la mente y de la abundancia de cosas buenas que eso traía consigo.

–Sabes, John, cuando baja el telón sólo hay una cosa sobre la que tenemos dominio absoluto.

–¿Nuestros hijos? –dije sonriendo.

–No; nuestras mentes. Quizá no podamos controlar el tiempo atmosfé-

rico, el tráfico o el humor de quienes nos rodean, pero ten por seguro que podemos controlar nuestra actitud hacia esos hechos. Todos tenemos el poder de determinar en qué cosa vamos a pensar en un momento dado. Esta capacidad es parte de lo que nos define como humanos. Sabes, una de las joyas de la sabiduría terrenal que he aprendido en mis viajes a Oriente es también una de las más sencillas.

Julián hizo una pausa como para invocar un don precioso.

–¿De qué se trata? –pregunté.

–No existe lo que llamamos realidad objetiva o «mundo real». No existen los absolutos. El rostro de tu peor enemigo puede ser el de mi mejor amigo. Algo que parece una tragedia para alguien puede contener la semilla de una magnífica oportunidad para otro. Lo que separa de veras a las personas alegres u optimistas de las que están sumidas en la desdicha es la forma de interpretar y procesar las circunstancias de la vida.

–Pero, Julián, una tragedia es siempre una tragedia.

–Te pondré un ejemplo. Estando en Calcuta conocí a una maestra de escuela llamada Malika Chand. Adoraba enseñar y trataba a sus alumnos como si fueran hijos suyos, alimentando su mente con enorme bondad. Su lema era «Vale tanto tu determinación como tu inteligencia». Toda la comunidad la conocía como una persona que vivía volcada hacia los demás, que servía desinteresadamente a quienes lo necesitaban. Por desgracia, su escuela, que había sido testigo silencioso del pa-so de generaciones de colegiales, sucumbió a las llamas de un incendio 30

provocado por un pirómano. La comunidad entera sintió su pérdida. Pe-ro a medida que pasaba el tiempo, la cólera dio paso a la apatía y la gente se conformó con el hecho de que sus hijos no tuvieran una escuela adonde ir.

–¿Qué fue de Malika?

–Ella era diferente, una optimista a ultranza. Supo ver una oportunidad en lo que había sucedido. Malika explicó a los padres que todo re-vés aporta un beneficio igual si uno sabe buscarlo. El incendio ocultaba un regalo. La escuela que había perecido era vieja y decrépita. El techo tenía goteras y el piso se había pandeado bajo los millares de pies que habían pasado por allí. Ahora tenían la ocasión que habían estado esperando para sumar sus fuerzas y construir una escuela mucho mejor, una escuela que sirviera a muchos otros niños en el futuro. Y así, im-pulsados por aquella mujer de sesenta y cuatro años, aunaron sus recursos colectivos y reunieron fondos para edificar una nueva escuela, como ejemplo palpable del poder de la gente frente a la adversidad.

–Entonces es como el viejo adagio, aquel que dice lo de la copa medio llena en vez de medio vacía.

–Es una buena manera de verlo. No importa lo que te ocurra en la vi-da, porque tienes la capacidad de elegir tu reacción. Cuando consigas arraigar el hábito de buscar lo positivo en cada circunstancia, tu vida pasará a sus dimensiones superiores. Es una de las más importantes leyes naturales.

–¿Y todo empieza sabiendo utilizar tu mente con eficacia?

–Exacto, John. Todo éxito, ya sea material o espiritual, empieza en esa masa de cinco kilos que tenemos sobre los hombros. O, más concreta-mente, en los pensamientos que cada uno introduce en su mente cada segundo de cada minuto de cada día de la vida. El mundo exterior refleja el estado del mundo interior. Controlando los pensamientos y la manera de reaccionar a los acontecimientos de la vida, uno empieza a controlar su destino.

–Lo que dices tiene sentido, Julián. Supongo que mi vida se ha vuelto tan ajetreada que nunca tengo tiempo de pensar en estas cosas. Cuando estaba en la facultad, mi mejor amigo, Alex, solía leer libros de au-toayuda. Decía que le motivaban y que le daban energía para afrontar nuestro agobiante trabajo. Me contó que uno de esos libros explicaba que el carácter chino para expresar el concepto «crisis» se comprende de dos subcaracteres: uno significa «peligro» y el otro «oportunidad».

Creo que hasta los chinos de antaño sabían que toda circunstancia amarga tiene su lado positivo, siempre que uno tenga el valor de buscarlo.

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–El yogui Raman lo explicaba en estos términos: «No hay errores en la vida, sólo lecciones. No existe una experiencia negativa, sino sólo oportunidades que hay que aprovechar para avanzar por el camino del autodominio. De la lucha surge la fuerza. Incluso el dolor puede ser muy buen maestro.»

–¿El dolor? –objeté.

–Desde luego. Para superar el dolor, primero hay que experimentarlo.

Dicho de otro modo, no puedes saber lo que se siente en la cumbre de la montaña si antes no has visitado el más hondo de los valles. ¿Entiendes?

–¿Para degustar el bien primero hay que conocer el mal?

–Sí. Pero te sugiero que no juzgues los hechos como positivos o negativos. Limítate a experimentarlos, festejarlos y aprender de ellos. En todo hay una lección que aprender. Estas pequeñas lecciones estimulan tu mundo interior y exterior. Sin ellas no podrías avanzar. Aplícalo a tu vida actual. La mayoría de la gente ha sacado lo mejor de sí misma a través de las experiencias más sugestivas y difíciles. Si te encuentras con un resultado que no esperabas y te sientes decepcionado, recuerda que las leyes de la naturaleza especifican que cuando una puerta se cierra otra se abre.

Julián empezó a levantar los brazos con el entusiasmo de un pastor protestante arengando a su congregación.

–Cuando hayas aplicado este principio a tu vida diaria y empieces a acondicionar tu mente para traducir cada acontecimiento en uno positivo, podrás desterrar para siempre las preocupaciones. Te convertirás en el arquitecto de tu propio futuro.

–Comprendo la idea. Cada experiencia, incluso la peor, me brinda una lección. Por consiguiente, debo abrir mi mente para aprender de cada experiencia. Así seré cada vez más fuerte y más feliz. ¿Qué más puede hacer un humilde abogado de clase media para mejorar las cosas?

–En primer lugar, empieza a vivir de tu imaginación, no de tus recuerdos. –Para liberar todo el potencial de tu mente, tu cuerpo y tu alma, primero debes expandir tu imaginación. Verás, las cosas son creadas dos veces: primero en el taller de la mente y después en la realidad. Yo llamo a este proceso el «cianotipo» porque todo lo que creas en tu mundo exterior empieza como una simple cianocopia en tu mundo interior, en la exuberante pantalla de tu mente. Cuando aprendas a controlar tus pensamientos y sepas imaginar gráficamente todo lo que deseas de esta vida terrenal en un estado de absoluta expectativa, las fuerzas dormidas empezarán a despertar en ti. Lo primero que harás 32

será abrir el potencial de tu mente para crear la vida mágica que yo creo que mereces. De hoy en adelante, olvida el pasado. Atrévete a so-

ñar que eres más que la suma de tus actuales circunstancias. Excepto de las mejores. Te sorprenderán los resultados.

»Sabes, John, en mi larga etapa como abogado yo pensaba que sabía muchas cosas. Pasé años estudiando en las mejores universidades, leyendo todos los libros de leyes que caían en mis manos y trabajando con los mejores modelos a imitar. Por supuesto, fui un ganador en ese juego. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que en el juego de la vida iba perdiendo. Estaba tan ocupado persiguiendo los grandes placeres terrenales que pasé por alto los pequeños. Nunca leí los grandes libros que mi padre me sugería. No he conseguido tener grandes amigos. No he sabido apreciar la buena música. Aparte de esto, debo decir que me considero entre los afortunados. Mi ataque fue mi momento decisivo, mi despertar personal, si lo quieres así. Lo creas o no, John, aquello me dio una segunda oportunidad de vivir una vida más inspirada y plena.

Como Malika Chand, vi las semillas de la oportunidad en mi dolorosa experiencia. Y tuve el valor de alimentarlas.

Vi que Julián no sólo era joven por fuera, por dentro era mucho más sabio. Aquello era algo más que una fascinante conversación con un viejo amigo. Me di cuenta de que hoy podía ser mi momento decisivo, una clara oportunidad para empezar otra vez. Mi mente empezó a reflexionar sobre todo lo que estaba mal en mi vida. Por supuesto, tenía una gran familia y un trabajo estable como abogado bien considerado.

Pero había momentos en que sabía que debía haber algo más. Tenía que llenar ese vacío que empezaba a inundar mi existencia.

De muchacho yo tenía sueños importantes. Solía imaginarme como un héroe del deporte o un magnate de los negocios. Creía realmente que podía llegar a ser lo que yo quisiera. Recordé también cómo me sentía de joven creciendo al sol de la costa Oeste. Lo pasaba muy bien con placeres sencillos, como bañarme desnudo o montar en bicicleta por el bosque. Sentía una gran curiosidad. Era un aventurero. No había límites respecto a lo que el futuro podía depararme. Creo que no he vuelto a sentir esa alegría ni esa libertad en más de quince años. ¿Qué fue lo que pasó?

Tal vez perdí de vista mis sueños cuando me hice adulto y me resigné a actuar como se supone que han de hacerlo los adultos. Tal vez los perdí de vista cuando entré en la facultad y empecé a hablar como se supone que han de hacerlo los abogados. En cualquier caso, aquella noche con Julián me decidí a no pasar más tiempo ganándome la vida y a 33

invertir mucho más tiempo en crear una vida.

–Parece que te he hecho pensar en tu propia vida –comentó Julián–.

Piensa en tus sueños, en cómo eras de pequeño. Jonas Salk lo dijo mejor cuando escribió: «He tenido sueños y he tenido pesadillas. Superé mis pesadillas gracias a mis sueños.» Atrévete a desempolvar tus sue-

ños, John. Empieza a amar otra vez la vida y a gozar de sus maravillas.

Despierta al poder que tu propia mente tiene para hacer que las cosas sean como quieres. Todo el universo cooperará contigo para que esa vida sea mágica.

Metió la mano en su túnica y extrajo una cartulina del tamaño de una tarjeta de visita, con los cantos rasgados, al parecer debido al uso.

–Un día, mientras el yogui Raman y yo caminábamos por un tranquilo sendero de montaña, le pregunté quién era su filósofo favorito. Me dijo que había tenido muchas influencias en su vida y que le resultaba difícil destacar una como su fuente de inspiración. Había una cita, no obstante, que siempre llevaba en su corazón, una cita que integraba todos los valores que más apreciaba tras una vida dedicada a la contemplación. Y

en aquel lugar bellísimo, un lugar perdido en las montañas, aquel sabio de Oriente la compartió conmigo. Yo también grabé sus palabras en mi corazón. Me sirven para recordar cada día aquello que somos y aquello que podemos ser. Eran palabras del gran filósofo indio Patanjali. Repe-tirlas en voz alta cada mañana antes de sentarme a meditar ha influido poderosamente en mí. Recuerda, John, que las palabras son la encarnación verbal del poder.

Julián me enseñó la tarjeta. La cita del filósofo decía así:

Cuando te inspira un objetivo importante, un proyecto extraordinario, todos tus pensamientos rompen sus ataduras: tu mente supera los límites, tu conciencia se expande en todas direcciones y tú te ves en un mundo nuevo y maravilloso. Las fuerzas, facultades y talentos ocultos cobran vida, y descubres que eres una persona mejor de lo que habías soñado ser.

Fue en ese instante cuando vi la conexión entre vitalidad física y agilidad mental. Julián gozaba de una salud perfecta y se veía mucho más joven que cuando nos conocimos. Estaba lleno de dinamismo, y su vigor, entusiasmo y optimismo parecían ilimitados. Había cambiado muchas cosas en su estilo de vida, pero era obvio que el punto de partida de su transformación no era otro que su buena salud mental. El éxito por fuera comienza sin duda con el éxito por dentro: cambiando su manera de pensar, Julián Mantle había cambiado su vida.

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–¿Y cómo puedo yo desarrollar esta actitud positiva, serena e inspirada, Julián? Después de tantos años de rutina, mis músculos mentales han perdido elasticidad. Si lo pienso bien, tengo muy poco control sobre los pensamientos que flotan en el jardín de mi mente –dije con sinceridad.

–La mente es un magnífico criado pero un amo terrible. Si piensas sólo cosas negativas, es porque no has cuidado tu mente y no has dedicado el tiempo necesario para entrenarla a pensar en lo bueno. Winston Churchill dijo que «el precio de la grandeza es la responsabilidad sobre cada uno de tus pensamientos». A partir de ahí podrás conseguir esa disposición mental que persigues. Recuerda, John, la mente es como cualquier otro músculo de tu cuerpo. Si no lo usas, se atrofia.

–¿Quieres decir que si no la ejercito mi mente acabará debilitándose?

–Sí. Míralo de esta manera. Si quieres fortalecer los músculos del brazo, debes ejercitarlos. Si quieres endurecer los de tus piernas, primero debes entrenarlos. De la misma manera, tu mente podrá hacer cosas maravillosas si le facilitas las cosas. Debes aprender a hacerla funcionar de manera efectiva. La salud ideal llegará si sabes cuidar de tu mente.

Y el estado natural de tranquilidad y serenidad llegará por sí solo… si tienes la capacidad de reclamarlo. Los Sabios de Sivana tienen un dicho: «Las fronteras de la vida son sólo creaciones del yo.»

–No sé si entiendo esto último, Julián.

–Los pensadores más ilustres saben que sus pensamientos conforman su mundo y que la calidad de la vida se reduce a la riqueza de los pensamientos. Si quieres vivir una vida más serena y con más significado, debes producir pensamientos más serenos y con más significado.

–Una receta rápida, por favor, Julián.

–¿A qué te refieres? –preguntó él, pasando sus dedos bronceados por la túnica de brillante textura.

–Lo que me dices me entusiasma, pero yo soy un tipo impaciente. ¿No hay alguna técnica que pueda utilizar ahora mismo, en mi propia sala de estar, para cambiar mi funcionamiento mental?

–Las recetas rápidas no funcionan. Todo cambio duradero requiere tiempo y esfuerzo. La perseverancia es la madre del cambio personal.

Eso no quiere decir que necesites años para producir cambios profundos en tu vida. Si aplicas diariamente y con diligencia estas estrategias durante un mes, los resultados te sorprenderán. Empezarás a aprovechar los niveles más altos de tu propia capacidad y a entrar en el reino de lo milagroso. Pero para llegar hasta ahí no tienes que obsesionarte por los resultados. Disfruta del proceso del crecimiento personal. Parece iróni-co, pero cuanto menos pienses en el resultado final, más rápido se pro-35

ducirá éste.

–Explícate.

–Es como la clásica historia del chico que se fue de su casa para estudiar con un reputado maestro. Cuando conoció al viejo sabio, le preguntó: «¿Cuánto tardaré en ser tan sabio como tú?» La respuesta no se hizo esperar: «Cinco años.» «Eso es mucho tiempo», replicó el muchacho. «¿Y si trabajo el doble?» «Entonces tardarás diez», contestó el maestro, a lo que el muchacho protestó: «Eso es demasiado tiempo. ¿Y

si estudio también por las noches?» «Quince años», dijo el sabio. «No lo comprendo», replicó el chico. «Cada vez que prometo dedicar más energías, tú me dices que tardaré más en lograr mi objetivo. ¿Por qué?» «La respuesta es muy sencilla. Si tienes un ojo puesto en el destino que esperas alcanzar, sólo te queda otro para que te guíe en el viaje.»

–Muy agudo, señor abogado –concedí–. Parece la historia de mi vida.

–Ten paciencia y vive en la conciencia de que todo lo que buscas llegará tarde o temprano si te preparas debidamente.

–Mira, Julián, yo nunca he sido un tipo con suerte. Siempre he tenido que echar mano de la pura y dura insistencia.

–¿Qué es la suerte, John? –replicó él afablemente–. Nada más que la suma de preparación y oportunidad. –Y agregó en voz baja–: Antes de darte los métodos que me enseñaron los Sabios de Sivana, debo hacerte partícipe de un par de principios básicos. Primero, recuerda que la concentración es la base del dominio de la mente.

–¿En serio?

–A mí también me sorprendió, pero es verdad. La mente puede hacer cosas extraordinarias, eso ya lo sabes. El hecho de que tengas un deseo o un sueño significa que posees la capacidad de llevarlo a cabo. Ésta es una de las grandes verdades universales que los Sabios de Sivana conocen bien. Pero a fin de liberar el poder de la mente, primero tienes que ser capaz de domarla y hacer que se concentre en la tarea que tienes entre manos. En cuanto dirijas el foco de tu mente hacia un solo propósito, tu vida se iluminará con regalos extraordinarios.

–¿Por qué es tan importante tener una mente centrada?

–Te pondré un acertijo que responderá muy bien a tu pregunta. Imagina que te has perdido en el bosque. Es invierno y necesitas desespe-radamente conservar el calor. Lo único que llevas en la mochila es una carta de tu mejor amigo, una lata de atún y una pequeña lupa que llevas siempre encima para compensar tu progresiva pérdida de visión.

Por fortuna, has conseguido encontrar un poco de leña seca, pero no tienes cerillas. ¿Cómo encenderías el fuego?

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Julián me había dejado perplejo. No se me ocurría ninguna respuesta.

–Me rindo.

–Es muy fácil. Pones la carta entre la leña seca y sostienes encima la lupa. Los rayos del sol se concentran de modo que en un par de segundos ya tienes llama.

–¿Y la lata de atún?

–Bueno, eso lo he añadido para despistarte –replicó Julián con una sonrisa–. Pero lo esencial es esto: poner la carta encima de la leña no daría ningún resultado. Pero en cuanto empleas la lupa para concentrar los rayos del sol sobre el papel, éste prende al momento. La analogía puede aplicarse a la mente. Cuando concentres tu poder en objetivos definidos y válidos, prenderás rápidamente las llamas de tu potencialidad para producir resultados sorprendentes.

–¿Por ejemplo? –pregunté.

–Eso sólo puedes contestarlo tú. ¿Qué es exactamente lo que buscas?

¿Quieres ser un padre mejor o vivir una vida más equilibrada y gratificante? ¿Deseas mayores satisfacciones espirituales? ¿Sientes que lo que te falta es aventura y diversión? Piensa un poco.

–¿Qué tal la felicidad eterna?

–Vaya –rió Julián–, no hay nada como empezar con poco. Bien, eso también lo tendrás.

–¿Cómo?

– Los Sabios de Sivana conocen el secreto de la felicidad desde hace cinco mil años. Por fortuna, se dignaron compartirlo conmigo. ¿Quieres que te lo cuente?

–No; creo que primero iré a empapelar de nuevo el garaje.

–¿Qué?

–Pues claro que quiero saber el secreto de la felicidad eterna, Julián.

¿No es eso lo que todo el mundo busca en el fondo?

–Cierto. Pues ahí va… ¿puedo pedirte otra taza de té?

–Vamos, déjate de evasivas.

–De acuerdo. El secreto de la felicidad es simple: averigua qué es lo que te gusta hacer y dirige todas tus energías en esa dirección. Si analizas a las personas más felices, saludables y satisfechas de tu mundo, verás que todas han encontrado cuál era su pasión y luego se han dedicado a perseguirla. Esta vocación suele ser casi siempre la de servir a los demás. En cuanto concentres tu poder mental en conseguir lo que amas, la abundancia inundará tu vida y todos tus deseos serán satisfechos sin esfuerzo.

–O sea que se trata de averiguar lo que te gusta y luego hacerlo. ¿Es eso?

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–Si merece la pena –replicó Julián.

–¿Cómo defines lo que merece la pena?

–Ya he dicho, John, que tu pasión debe mejorar la vida de los demás o servirla de alguna manera. Victor Frankl lo dijo mucho mejor que yo cuando escribió: «El éxito, como la felicidad, no debe perseguirse, sino seguirse. Y eso sólo es posible como efecto secundario de la dedicación personal a una causa mayor que uno mismo.» Primero descubre cuál es la misión de tu vida, así despertarás cada mañana con una reserva ilimitada de energía y entusiasmo. Todos tus pensamientos estarán con-centrados en tu objetivo. No tendrás tiempo para perder el tiempo. El poder de la mente, por tanto, no se malgastará en pensamientos insignificantes. Automáticamente, borrarás el hábito de preocuparte y te volverás mucho más eficaz y productivo. Aún más, tendrás un profundo sentido de la armonía interna, como si algo te guiara para realizar tu misión en la vida. Es una sensación maravillosa. A mí me encanta.

–Fascinante. Me gusta eso de despertar sintiéndome bien. Para serte franco, Julián, yo casi siempre me quedaría en la cama. Sería mejor que meterse en el tráfico, tratar con clientes enfadados o agresivos, en-frentarse a tantas influencias negativas. Eso me produce un enorme cansancio.

–¿Sabes por qué la gente suele dormir tanto?

–¿Por qué?

–Pues porque no tienen nada mejor que hacer. Los que se levantan con el sol tienen una cosa en común.

–¿La locura?

–Muy gracioso. No; todos tienen un objetivo que aviva las llamas de su potencial interior. Sus prioridades los impulsan, pero no de un modo obsesivo ni enfermizo. Y dado su entusiasmo y su amor por cuanto hacen en la vida, esa gente sabe vivir el presente. Su atención está centrada en la tarea que se han marcado. De ese modo no hay fugas de energía. Esas personas son los individuos más vitales que hayas tenido la suerte de conocer.

–¿Fugas de energía? Me suena un poco a New Age, Julián. Seguro que eso no lo has aprendido en Harvard.

–Es cierto. Ese concepto me viene de los Sabios de Sivana. Aunque tiene siglos de antigüedad, su aplicación es tan interesante hoy como lo fue cuando se inventó. A muchos de nosotros nos consume una innecesaria e interminable preocupación por todo, lo cual nos priva de la vitalidad natural. ¿Alguna vez has visto una rueda de bicicleta?

–Pues claro.

–Cuando está hinchada del todo, esa rueda puede llevarte sin proble-38

mas a tu destino. Pero si hay alguna fuga de aire, el neumático acaba desinflándose y tu viaje termina bruscamente. Así funciona también la mente. Las preocupaciones hacen que tu preciosa energía mental tenga fugas, igual que el aire al escaparse de un neumático. Al final te quedas sin energía. Toda tu creatividad, tu optimismo y tu motivación han desaparecido, dejándote exhausto.

–Sé de qué hablas. Paso muchos días sumido en el caos de la crisis.

He de estar en todas partes al mismo tiempo y parece que no puedo complacer a todo el mundo. Cuando eso pasa, noto que aunque he hecho muy poco trabajo físico, al final del día las preocupaciones me han dejado sin fuerzas. La única cosa que soy capaz de hacer cuando llego a casa es servirme un whisky y juguetear con el mando a distancia.

–Exacto. Eso es por el exceso de estrés. Pero cuando encuentras tu verdadero objetivo, la vida se vuelve más fácil y gratificante. Cuando averigües cuál es realmente tu destino, ya no tendrás que trabajar ni un solo día más.

–¿Jubilación anticipada?

–No –dijo Julián con el tono frívolo de quien había llegado a ser un maestro en sus días de abogado eminente–. Tu trabajo será como un juego.

–¿No crees que sería arriesgado que renunciara a mi empleo para ponerme a buscar mi pasión en la vida? Quiero decir, tengo familia y unas obligaciones reales. Cuatro personas dependen de mí.

–No estoy diciendo que hayas de abandonar la profesión mañana

mismo. Pero sí que debes empezar a correr riesgos. Dale un meneo a tu vida. Deshazte de las telarañas. Toma el camino menos trillado. En su mayoría, la gente vive dentro de los confines de su zona de confort.

El yogui Raman fue el primero en explicarme que lo mejor que uno puede hacer por sí mismo es traspasar las fronteras regularmente. Es el camino para el dominio personal y para asimilar el verdadero potencial de tus dones humanos.

–¿Que podrían ser…?

–Tu mente, tu cuerpo y tu alma.

–¿Y qué riesgos debería correr?

–Deja de ser tan pragmático. Empieza por las cosas que siempre has querido hacer. He conocido abogados que dejaron su trabajo para ser actores, y contables que se han convertido en músicos de jazz. Al intentarlo, han descubierto la felicidad que los eludía. ¿Qué más da si no pueden permitirse hacer dos vacaciones al año o tener una estupenda casa en las islas Caimán? Correr riesgos calculados siempre da buenos 39

beneficios.

–Entiendo.

–Tómate tiempo para reflexionar. Descubre tu verdadera razón de vivir y luego ten el valor necesario para afrontarla.

–Yo no hago más que pensar. Para ser sincero, parte de mi problema es que pienso demasiado. Mi mente no descansa nunca. A veces me vuelve loco.

–Lo que yo sugiero es diferente. Los Sabios de Sivana siempre se tomaban un tiempo para meditar en silencio sobre dónde estaban, pero también sobre adonde iban. Dedicaban tiempo a reflexionar sobre su misión en la vida y su manera de vivirla. Es más, pensaban profundamente sobre cómo mejorar día a día. Las mejoras diarias producen resultados duraderos que, a su vez, conducen a cambios positivos.

–Entonces ¿debo reflexionar sobre mi vida con regularidad?

–Sí. Incluso diez minutos de reflexión diaria pueden tener un profundo impacto sobre la calidad de tu vida.

–Comprendo. El problema es que, cuando el día se me pone cuesta arriba, ni siquiera encuentro diez minutos para comer.

–Amigo mío, decir que no tienes tiempo para mejorar tus pensamientos es como decir que no tienes tiempo para echar gasolina porque es-tás demasiado ocupado conduciendo.

–Sí. Oye, decías que ibas a enseñarme algunas técnicas –observé, esperando conocer alguna manera práctica de aplicar los conocimientos de Julián.

–Hay una técnica para dominar la mente que supera a todas las de-más. Los Sabios de Sivana la compartieron conmigo con gran fe y confianza. Después de practicarla durante veintiún días, me sentí más enérgico, entusiasta y dinámico de lo que me había sentido en muchos años. Es una técnica que tiene más de cuatro mil años. Se llama el Corazón de la Rosa.

–Sigue.

–Lo único que se requiere para este ejercicio es una rosa fresca y un lugar silencioso. Los entornos naturales son lo mejor, pero una habitación tranquila también sirve. Empieza mirando al centro de la rosa, a su corazón. El yogui Raman me dijo que una rosa es muy parecida a la vi-da: encontrarás espinas por el camino, pero si tienes fe y crees en tus sueños acabarás cruzando las espinas para llegar al corazón de la flor.

Sigue mirando la rosa. Fíjate en su color, textura y diseño. Saborea su fragancia y piensa únicamente en el objeto que tienes ante ti. Al principio notarás que otros pensamientos te distraen. Es el síntoma de una mente mal entrenada. Pero no te apures, porque la cosa mejorará en-40

seguida. Vuelve tu atención al objeto en que estás fijándote; tu mente no tardará en volverse fuerte y disciplinada.

–¿Eso es todo? Parece fácil, la verdad.

–Ahí está lo bueno, John –replicó Julián–. Sin embargo, para que sea efectivo este ritual debe realizarse a diario. En los primeros días te re-sultará difícil emplear siquiera cinco minutos en este ejercicio. La mayoría de nosotros vive a un ritmo tan frenético que la quietud y el silencio nos resultan extraños e incómodos. La mayoría de la gente diría que no tiene tiempo de sentarse a mirar una flor. Son las mismas personas que dicen no tener tiempo para disfrutar la risa de los hijos o andar descalzos bajo la lluvia. Dicen que están demasiado ocupados para hacer cosas semejantes. Ni siquiera tienen tiempo para hacer amigos, pues eso también lleva su tiempo.

–Sabes mucho de esa clase de personas. –Yo era así –dijo Julián. Hizo una pausa y se quedó quieto, con su intensa mirada clavada en el reloj de caja que mi abuela nos había regalado a Jenny y a mí cuando inau-guramos nuestra casa–. Cuando pienso en los que viven esa clase de vida, me acuerdo de las palabras de un viejo novelista británico favorito de mi padre: «No hay que dejar que el reloj y el calendario nos impidan ver que cada momento de la vida es un milagro … y un misterio.»

»Persiste y emplea cada vez más tiempo en la contemplación del corazón de la rosa –continuó Julián con su voz gutural–. Antes de dos semanas deberías ser capaz de practicar el ejercicio durante veinte minutos sin que tu mente se distraiga en otras cosas. Éste será el primer indicio de que estás recuperando el control de la fortaleza de tu mente.

De ese modo se concentrará única y exclusivamente en lo que tú le ordenes. Será un maravilloso sirviente, capaz de hacer por ti cosas extraordinarias. Recuerda que o tú controlas tu mente o ella te controla a ti.

»En la práctica, te sentirás mucho más sereno. Habrás dado un importante paso para borrar el hábito de preocuparse que atormenta a tantí-

sima gente, tu energía y tu optimismo crecerán. Más aún, observarás en tu vida una sensación de júbilo además de la capacidad de apreciar las cosas que te rodean. Cada día, no importa lo ocupado que estés ni las responsabilidades que hayas de afrontar, vuelve al Corazón de la Rosa. Es tu oasis, tu retiro de silencio, tu isla de paz. No olvides nunca que en el silencio y la quietud hay poder. La quietud es el escalón para enlazar con la fuente universal de inteligencia que late en todo ser vivo.

Todo aquello me fascinó. ¿Sería realmente posible mejorar la calidad de mi vida mediante tan simple estrategia?

–Supongo que hay algo más que el Corazón de la Rosa detrás de los 41

cambios que observo en ti –repuse.

–Sí. Tienes razón. De hecho, mi transformación se produjo como resultado de utilizar diversas estrategias altamente efectivas. Son todas tan sencillas como el ejercicio que acabo de explicarte. La clave, John, está en que abras tu mente a la posibilidad real de vivir una vida plena.

Julián, convertido en mina de sabiduría, siguió revelándome lo que había aprendido en Sivana.

–Otra técnica especialmente útil para librar a la mente de las preocupaciones y demás influencias negativas se basa en lo que el yogui Raman llamó Pensamiento Opuesto. Según las grandes leyes de la naturaleza, la mente sólo puede pensar una cosa cada vez. Pruébalo tú mismo, John, verás que es cierto.

Lo probé, y es verdad.

–Con esta información cualquiera puede crear una disposición positiva y creativa en poco tiempo. El proceso es muy simple: cuando un pensamiento indeseable ocupe el punto focal de tu mente, sustitúyelo de inmediato por un pensamiento ejemplar. Es como si tu mente fuera un enorme proyector de diapositivas, y cada pensamiento una transparencia. Cuando en la pantalla aparezca una transparencia negativa, sustitúyela por una positiva.

»Ahí es donde entra en juego mi collar de cuentas –añadió Julián con creciente entusiasmo–. Cada vez que tengo un pensamiento negativo, me quito este collar y arranco una cuenta. Las cuentas de la preocupación van a un bote que llevo en la mochila. Ambas cosas me sirven para recordar que aún he de recorrer cierta distancia para llegar al dominio mental y que soy responsable de los pensamientos que llenan mi mente.

–¡Me gusta! Esto sí que es práctico. Nunca había oído nada igual. Dime más cosas sobre la filosofía del Pensamiento Opuesto.

–Te pondré un ejemplo real. Supongamos que has tenido un día horrible en el tribunal. El juez no coincide con tu interpretación de la ley y tu cliente está más que enfadado con tu actuación. Llegas a casa y te de-rrumbas en un sillón, de muy mal humor. El primer paso es darse cuenta de que tienes esos pensamientos pesimistas. El autoconocimiento es el primer paso hacia el autodominio. El segundo paso consiste en comprender que con la misma facilidad que has dejado entrar en tu mente esos pensamientos pesimistas, puedes reemplazarlos por pensamientos alegres. Piensa en lo contrario. Concéntrate en ser alegre y activo.

Siente que eres feliz. Puede que incluso empieces a sonreír. Mueve tu cuerpo como cuando estás contento y entusiasmado. Siéntate erguido, respira profundamente y dirige el poder de tu mente hacia pensamien-42

tos positivos. En cuestión de minutos notarás una clara diferencia en tu estado de ánimo. Es más, si sigues practicando el Pensamiento Opuesto y lo aplicas a cada pensamiento negativo que acuda a tu mente, dentro de unas semanas verás que ya no tienen ningún poder sobre ella.

Julián prosiguió su explicación.

–Los pensamientos son cosas vivas, núcleos de energía, si lo prefieres.

La mayoría de la gente no se para a pensar en la naturaleza de sus pensamientos y, sin embargo, la calidad de lo que piensas determina la calidad de tu vida. Los pensamientos forman parte del mundo material lo mismo que el lago al que vas a nadar o la calle por la que caminas.

Las mentes débiles originan actos débiles. Una mente fuerte, disciplinada, que cualquiera puede conseguir mediante la práctica diaria, puede obrar milagros. Si quieres vivir la vida al máximo, cuida de tus pensamientos como cuidarías tus más preciadas posesiones. Esfuérzate por eliminar toda turbulencia interna. Las recompensas serán abundantes.

–Nunca he considerado los pensamientos como algo vivo, Julián –dije–

. Pero sí veo cómo influyen en todos los elementos de mi mundo.

– Los Sabios de Sivana creían firmemente que uno debería pensar sólo pensamientos puros o sattvic. Llegaron a ese estado mediante las técnicas que acabo de explicar, además de otras prácticas tales como seguir una dieta natural, repetir afirmaciones positivas o «mantras», leer libros ricos en sabiduría y asegurarse siempre de estar en compañía de personas esclarecidas. Si un solo pensamiento impuro entraba en el templo de sus mentes, se castigaban a sí mismos recorriendo muchos kilómetros hasta una imponente cascada y poniéndose bajo el chorro de agua helada hasta que no podían aguantar más.

–Pensaba que habías dicho que eran sabios. Ponerse bajo una cascada de agua helada sólo por haber tenido un pequeño pensamiento negativo me parece una conducta extravagante.

Julián tenía la respuesta a flor de labios.

–John, te seré franco: no puedes permitirte el lujo de un solo pensamiento negativo.

–¿En serio?

–En serio. Una idea preocupante es como un embrión: primero es pequeña pero luego crece y crece, hasta que asume una vida propia. –

Hizo una pausa y luego sonrió–: Perdona si te parezco un poco evange-lista sobre este particular, sobre la filosofía que aprendí en mi viaje. He descubierto unas herramientas que pueden mejorar la vida de muchas personas, de gente que se siente insatisfecha, infeliz y no realizada.

Unos cuantos ajustes en su vida diaria para incluir la técnica del Corazón de la Rosa y una aplicación constante del Pensamiento Opuesto 43

pueden ayudarles a conseguir la vida que desean. Yo creo que merecen saber esto.

»Antes de pasar al siguiente elemento de la fábula del yogui Raman, debo hablarte de otro secreto que te será de gran ayuda en tu crecimiento personal. Este secreto se basa en el antiguo principio de que to-do es creado dos veces, primero en la mente y luego en la realidad. Ya he dicho que los pensamientos son cosas, mensajeros materiales que enviamos para que influyan en nuestro mundo físico. También he explicado que si esperas hacer mejoras notables en tu mundo exterior debes primero empezar por dentro y modificar el calibre de tus pensamientos.

» Los Sabios de Sivana tenían una manera de asegurarse que sus pensamientos fuesen puros e íntegros. Esta técnica servía también para manifestar sus deseos, aun los más simples, en el plano de la realidad.

El método es válido para todo el mundo, tanto si eres un abogado joven que buscas la abundancia de riqueza, como si eres una madre que busca una vida familiar más plena o un vendedor que quiere aumentar sus ventas. Los sabios conocían esa técnica bajo el nombre del Secreto del Lago. Para aplicarla, se levantaban a las cuatro de la mañana, ya que según ellos la madrugada poseía cualidades mágicas de las que podían beneficiarse. Los sabios recorrían entonces una serie de escarpados y angostos senderos de montaña que al final los conducían a los confines inferiores de la región donde habitaban. Una vez allí, caminaban por un sendero apenas visible flanqueado de pinos majestuosos y flores exóticas hasta que llegaban a un claro. Al borde del mismo había un lago de aguas cristalinas cubierto de millares de diminutos lotos blancos. El agua del lago estaba sorprendentemente quieta. Era un espectáculo milagroso. Los sabios me dijeron que este lago había sido amigo de sus antepasados a lo largo de muchos siglos.

–¿Cuál era el Secreto del Lago? –pregunté impaciente.

Julián explicó que los sabios observaban las aguas del lago e imaginaban sus sueños convertidos en realidad. Si era la virtud de la disciplina lo que deseaban cultivar interiormente, se imaginaban a sí mismos levantándose con el alba, realizando su riguroso régimen físico y pasando días enteros en silencio para robustecer su fuerza de voluntad. Si lo que buscaban era más alegría, miraban el lago y se imaginaban riendo o sonriendo cada vez que encontraban a un hermano o hermana. Si deseaban coraje, se imaginaban actuando con determinación en un momento de crisis.

–El yogui Raman me dijo que de pequeño le faltaba confianza pues era más menudo que los otros chicos de su edad. Aunque éstos eran amables con él, Raman se iba volviendo inseguro y tímido. Para curar su 44

debilidad, el yogui Raman viajó a aquel lugar celestial y utilizó el lago como pantalla para ver imágenes de la persona que él deseaba ser. A veces se representaba a sí mismo como un líder, alto y dotado de una voz potente y autoritaria. Otros días se veía a sí mismo como deseaba ser cuando fuera mayor: un sabio imbuido de una tremenda fuerza interior. Todas las virtudes que deseaba tener en la vida, las vio primero en la superficie del lago.

»Al cabo de unos meses, el yogui Raman se convirtió en la persona que mentalmente había deseado ser. La mente trabaja con imágenes.

Las imágenes afectan a la imagen del yo y ésta afecta al modo en que uno siente y actúa. Si la imagen del yo te dice que eres demasiado joven para ser un gran abogado o demasiado viejo para cambiar tus hábitos, jamás lograrás estos objetivos. Si la imagen del yo te dice que la vida llena de objetivos, excelente salud y felicidad es sólo para gente de procedencia distinta a la tuya, esta profecía acabará por convertirse en una realidad.

»Pero cuando pasas imágenes inspiradoras e imaginativas por la pantalla de cine de tu mente, cosas maravillosas empiezan a ocurrir en tu vida. Einstein dijo que “la imaginación es más importante que el saber”.

Debes emplear un rato cada día, aunque sean sólo unos minutos, para practicar la visión creativa. Imagínate cómo te gustaría ser, ya sea un gran juez, un gran padre o un gran ciudadano de tu comunidad.

–¿He de buscar un lago especial para aplicar el secreto? –pregunté in-genuamente.

–No. El Secreto del Lago no es más que el nombre que los sabios daban a la técnica antiquísima de emplear imágenes positivas para influir en la mente. Puedes practicar el método en tu propia casa, o incluso en tu oficina. Cierra la puerta, suspende todas las llamadas y cierra los ojos. Después respira varias veces profundamente. Notarás que pasados dos o tres minutos empiezas a sentirte más relajado. Luego, visualiza imágenes mentales de todo lo que quieres ser, tener y alcanzar en la vida. Si quieres ser el mejor padre del mundo, imagínate riendo y jugando con tus hijos, respondiendo a sus preguntas con el corazón abierto. Imagínate a ti mismo actuando con cariño ante una situación tensa. Ensaya mentalmente el modo en que gobernarás tus actos cuando en la realidad se dé una escena similar.

»La magia de la visualización puede ser aplicada a muchas situaciones.

Puedes usarla para ser más eficaz en el tribunal, para reforzar tus relaciones y desarrollarte espiritualmente. Un uso continuado de este mé-

todo te reportará también recompensas económicas, si es que eso te importa. Comprende de una vez por todas que tu mente tiene el poder 45

magnético de atraer hacia tu vida todo aquello que deseas conseguir. Si existe alguna merma en tu vida es porque hay una merma en tus pensamientos. Pon imágenes maravillosas en los ojos de tu mente. Una so-la imagen negativa puede envenenar tu actitud mental. En cuanto empieces a experimentar la alegría que aporta esta técnica antiquísima, comprenderás el enorme potencial de tu mente y empezarás a liberar tus provisiones de energía y capacidad que ahora están dormidas en tu interior.

Fue como si Julián me estuviera hablando en otro idioma. Jamás había oído mencionar a nadie el poder magnético de la mente para obtener la abundancia material o espiritual. Como tampoco había oído a nadie hablar del poder de la visualización y de sus efectos poderosos sobre todos los aspectos de la vida. Con todo, yo tenía fe en lo que Julián me estaba diciendo. Era un hombre con una impecable capacidad intelectual, un hombre que había recorrido de vuelta el camino por el que yo empezaba a adentrarme ahora. Julián había descubierto algo en su odisea por Oriente, eso estaba claro. Contemplar su vitalidad, su palpable entereza, ver su transformación, me confirmaba que valía la pena escuchar sus consejos.

Cuanto más pensaba en lo que estaba oyendo más sentido me parecía ver en ello. Está claro que la mente tiene un potencial mucho mayor que el que la mayoría de nosotros empleamos normalmente. ¿Cómo si no podrían los expertos en artes marciales romper una pila de ladrillos con un solo golpe de la mano? ¿Cómo si no podrían los yoguis reducir los latidos de su corazón a voluntad o soportar dolores indecibles sin pestañear? Tal vez el problema estaba dentro de mí y en mi falta de fe en los dones que todo ser humano posee. Quizá aquella velada con un ex abogado millonario convertido en monje del Himalaya era una especie de despertar para que yo sacara el máximo partido a mi vida.

–Dices que haga estos ejercicios en la oficina, Julián. Mis socios me consideran ya un bicho raro.

–El yogui Raman y todos los sabios con los que él vivió solían usar un dicho que se ha ido transmitiendo de generación en generación. Para mí es un privilegio pasártelo a ti en una noche tan importante para ambos.

«No hay nada noble en ser superior a otra persona. La verdadera no-bleza radica en ser superior a tu antiguo yo.» Lo que significa que si quieres mejorar tu vida, debes correr tu propia carrera. No importa lo que la gente pueda decir de ti. Lo importante es lo que te digas a ti mismo. No te preocupes de las opiniones ajenas siempre y cuando sepas que estás haciendo lo correcto. Puedes hacer lo que gustes mien-46

tras a tu conciencia y a tu corazón les parezca justo. No te avergüences de hacer lo que consideras correcto; decide lo que está bien y aférrate a ello. Y, por el amor de Dios, no caigas en el hábito de medir tu propia valía en función de la valía de los demás. Como predicaba el yogui Raman: «Cada segundo que inviertes pensando en los sueños de otro, te estás apartando de los tuyos.»

Pasaba de la medianoche. Curiosamente, no me sentía nada cansado.

Cuando se lo dije a Julián, él me sonrió una vez más.

–Has aprendido otro principio para vivir esclarecidamente. En general, la fatiga es una creación de la mente. La fatiga domina las vidas de quienes viven sin rumbo y sin sueños. Permíteme un ejemplo. ¿Alguna vez has pasado una tarde en tu oficina leyendo tus áridos informes y tu mente ha empezado a divagar y te ha entrado sueño?

–De vez en cuando –respondí, no queriendo revelar el hecho de que ése era mi modus operandi–. Bueno, a muchos de nosotros nos entra sueño mientras trabajamos.

–Pero si un amigo te llama por teléfono para preguntarte si quieres ir al partido de béisbol o te pide consejo sobre su forma de jugar al golf, no me cabe duda de que reaccionarías enseguida. Tu fatiga desaparecería inmediatamente. ¿Me equivoco?

–No, en absoluto.

Julián sabía que había dado en el clavo.

–Entonces, tu cansancio no era más que una creación mental, un mal hábito que tu mente ha venido cultivando a modo de muletas para cuando haces una tarea tediosa. Esta noche mi historia te ha encantado y estás ansioso por aprender lo que yo aprendí. Tu interés y tu concentración mental te dan energía. Esta noche, tu mente no ha estado en el pasado ni en el futuro. Al contrario, ha estado firmemente anclada en el presente, en nuestra conversación. Cuando aprendas a concentrar tus pensamientos en el presente, tu energía no conocerá límites, indepen-dientemente de la hora que señale el reloj.

Asentí con la cabeza. Las enseñanzas de Julián parecían obvias y, sin embargo, nada de lo que decía se me había ocurrido antes. Supongo que el sentido común no es tan común como parece. Pensé en lo que solía decir mi padre cuando yo era un muchacho: «Sólo los que buscan encuentran.» Deseé tenerlo a mi lado.

47

Resumen de acción del capítulo 7

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El Símbolo:

La virtud:

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Dominar la mente

La enseñanza:

• Cultiva tu mente y florecerá más allá de tus expecta-

tivas.

• La calidad de la vida viene determinada por la calidad de los pensamientos.

• No existen los errores, sólo las lecciones.

• Considerar los reveses como oportunidades de expansión personal y crecimiento espiritual

Las técnicas:

• El Corazón de la Rosa

• Pensamiento Opuesto

• El Secreto del Lago

Cita valiosa:

El secreto de la felicidad es simple: averigua qué es lo que te gusta hacer y dirige todas tus energías hacia ello. Haciendo esto, la abundancia iluminará tu vida y todos tus deseos se cumplirán sin esfuerzo.

OCHO

Encender el fuego interior

Confía en ti mismo. Crea el tipo de vida que te gustará vivir a lo largo de tu vida. Aprovecha el máximo de ti mismo ati-zando las diminutas chispas interiores de posibilidad para que sean llamas de realización.

FOSTER C. MCCLELLAN

–El día en que el yogui Raman me explicó esta pequeña fábula, allá en las cumbres del Himalaya, fue bastante similar al de hoy en muchos as-49

pectos –dijo Julián.

–¿De veras?

–Nos encontramos al anochecer y nos despedimos de madrugada. Se produjo tal química entre los dos que el aire parecía crepitar de electri-cidad. Como te he mencionado antes, desde el momento en que conocí a Raman tuve la sensación de que era para mí el hermano que nunca tuve. Esta noche, sentado aquí y disfrutando de esa mirada tuya de intriga, siento la misma energía y el mismo vínculo. Te diré también que siempre pensé en ti como en un hermano pequeño. Y para serte franco, veía muchas cosas de mí mismo en ti.

–Eras un abogado increíble, Julián. Yo jamás olvidaré tu convicción.

Pero Julián no tenía el menor deseo de explorar sus gestas pasadas.

–John, quisiera seguir compartiendo contigo los elementos de la fábula del yogui Raman, pero antes debo confirmar una cosa. Has aprendido ya una serie de eficaces estrategias para el cambio personal que pueden hacer maravillas si eres perseverante en su aplicación. Esta noche voy a abrirte mi corazón y a revelarte todo cuanto sé, pues es mi deber hacerlo. Sólo quiero cerciorarme de que entiendes lo importante que es que tú pases este saber a todos aquellos que estén buscando una orientación. Vivimos en un mundo atribulado. Lo negativo lo invade to-do y en nuestra sociedad muchas personas flotan como barcos sin ti-món, almas cansadas en busca de un faro que les impida estrellarse contra las rocas de la costa. Tú debes hacer las veces de capitán. Depo-sito mi confianza en ti para que lleves el mensaje de Sivana a todos aquellos que lo necesiten.

Tras reflexionar, prometí a Julián que aceptaba el encargo. Acto seguido, él siguió hablando con pasión.

–Lo hermoso de todo este ejercicio es que mientras te afanas en mejorar las vidas de otras personas, la tuya propia se eleva a las más altas dimensiones. Es una verdad basada en un viejo paradigma para la vida extraordinaria.

–Soy todo oídos.

–Básicamente, los sabios del Himalaya se guiaban por una regla muy sencilla: el que más sirve más cosecha, emocional, física, mental y espiritualmente. Éste es el camino hacia la paz interior y la realización exterior.

Leí una vez que la gente que estudia a los demás es sabia y que la que se estudia a sí misma es esclarecida. Por primera vez, quizá, estaba an-te un hombre que se conocía realmente a sí mismo. Con su austero ro-paje y la media sonrisa de un Buda joven en su cara saludable, Julián Mantle parecía tenerlo todo: salud perfecta, felicidad y un imperioso 50

sentido de su papel en el calidoscopio del universo. Sin embargo, no poseía nada.

–Volvemos al faro –dijo.

–Sí, ¿cómo encaja eso en la fábula del yogui Raman?

–Intentaré explicarlo –respondió Julián, en un tono más de profesor que de monje–. Ahora ya sabes que la mente es como un fértil jardín y que, para que florezca, debes nutrirla cada día. No permitas que la ma-la hierba de los pensamientos y los actos impuros invada ese jardín.

Monta guardia en las puertas de tu mente. Mantenla en forma: si tú se lo permites, ella te dará frutos maravillosos.

»Recordarás que en mitad del jardín había un imponente faro. Este símbolo sirve como recordatorio de otro viejo principio para una vida esclarecida: el propósito de la vida es una vida con propósito. Los verdaderamente esclarecidos saben lo que quieren obtener de la vida, emocional, material, física y espiritualmente. Definir claramente tus prioridades en cada aspecto de tu vida jugará un papel similar al del fa-ro, ofrecerte orientación y refugio cuando la mar se vuelva brava. Mira, John, cualquiera puede revolucionar su vida si primero revoluciona la dirección hacia la que se mueve. Pero si no sabes siquiera adonde vas,

¿cómo saber si has llegado?

Julián retrocedió al momento en que el yogui Raman había examinado ese principio con él. Recordaba exactamente las palabras del sabio: «La vida es extraña –decía el yogui Raman–. Cabría pensar que cuanto menos trabaja uno más posibilidades tiene de experimentar la felicidad.

Sin embargo, la verdadera fuente de la felicidad puede concretarse en una palabra: realizacíón. La felicidad duradera se consigue trabajando constantemente para alcanzar tus objetivos y avanzar en la dirección que te has fijado. No hay otro secreto para atizar el fuego que tienes agazapado dentro de ti. Comprendo que puede parecer irónico que hayas viajado miles de kilómetros desde tu sociedad para hablar con un puñado de místicos recluidos en el Himalaya sólo para que te digan que otro de los secretos de la felicidad se encuentra en la realización, pero es verdad.»

–¿Monjes adictos al trabajo? –sugerí en broma.

–Todo lo contrario. Esos sabios eran tremendamente productivos, sí, pero no en el sentido frenético de la palabra. Más bien en la acepción zen y apacible.

–Explícate.

–Todo lo que hacían tenía un propósito. Aunque estaban apartados del mundo moderno y vivían una existencia altamente espiritual, eso no quita que fueran muy eficaces. Unos se pasaban el día escribiendo tra-51

tados filosóficos, otros creaban fabulosos poemas que desafiaban su capacidad intelectual y renovaban su creatividad. Otros, en fin, pasaban el tiempo dedicados a la silenciosa contemplación, como estatuas iluminadas en la postura del loto. Los Sabios de Sivana no perdían el tiempo.

Su conciencia colectiva les recordaba que sus vidas tenían un objeto y un deber que cumplir.

»Esto es lo que me dijo el yogui Raman: “En Sivana, donde el tiempo parece detenerse, tal vez te preguntes qué puede esperar alcanzar un grupo de sabios sin posesiones materiales. Pero lo que uno persigue no ha de ser necesariamente algo material. Personalmente, mis objetivos son conseguir la serenidad, el autodominio y el esclarecimiento. Si cuando llegue al final de mi vida he fracasado en ello, seguro que moriré insatisfecho.”

Julián me dijo que era la primera vez que oía mencionar la mortalidad a alguno de sus maestros.

–Y el yogui Raman lo notó en mi expresión. «No has de preocuparte, amigo mío. Hace tiempo que superé los cien años y no tengo planes de dejar esto a corto plazo. Yo creo que cuando uno sabe con claridad qué objetivos desea alcanzar en el curso de su vida, ya sean materiales, emocionales, físicos o espirituales, al final encuentra la alegría eterna.

Tu vida será tan placentera como la mía, estoy seguro de que conocerás una espléndida realidad. Pero has de saber cuál es el propósito de tu vida y pasar esa visión al campo de la realidad mediante la acción consecuente. Los sabios lo llamamos dharma, que es como se dice en sánscrito “el propósito de la vida”.» ¿La satisfacción se derivará del hecho de realizar mi dharma?, le pregunté. «Desde luego. Del dharma salen la armonía interior y la satisfacción duradera. El dharma se basa en el antiguo principio según el cual cada uno de nosotros tiene una mi-sión heroica aquí en la tierra. A todos se nos ha concedido una serie única de dones y talentos que nos permitirán realizar nuestra tarea terrenal. La clave está en descubrirlos y, de paso, descubrir cuál es el objetivo prioritario.»

Interrumpí a Julián:

–Es un poco como lo que decías sobre correr riesgos.

–Quizá sí o quizá no.

–¿Qué quieres decir?

–Sí, puede parecer que estás obligado a correr ciertos riesgos para descubrir qué se te da mejor y cuál es la esencia de tu vida. Muchas personas dejan empleos que han estado impidiendo su progreso en cuanto descubren el verdadero objeto de su existencia. Todo autoexamen entraña un peligro. Pero no existe riesgo alguno en descubrirse a 52

sí mismo y la misión que uno tiene en la vida. El autoconocimiento es el ADN del autoesclarecimiento. Es algo muy bueno y, desde luego, esencial.

–¿Cuál es tu dharma, Julián? –pregunté a voleo, tratando de disimular mi curiosidad.

–Muy sencillo: servir a los demás desinteresadamente. Recuerda, no hay alegría verdadera en el dormir, en relajarse o en haraganear. Como dijo Benjamin Disraeli: «El secreto del éxito es la constancia en los propósitos.» La felicidad que estás buscando vendrá a través de la reflexión sobre los objetivos que te hayas marcado, de las medidas que tomes a diario para conseguirlos. Se trata de una aplicación directa de la vieja filosofía que prescribe que las cosas más importantes nunca deben ser sacrificadas a las cosas menos importantes. El faro de la fábula te servirá para recordarte el poder de marcarse objetivos claramente definidos y, lo más importante, de tener la fuerza de carácter necesaria para obrar en consecuencia.

En las horas que siguieron, aprendí de Julián que las personas más desarrolladas y realizadas comprenden la importancia de explorar sus talentos, averiguar su propósito personal y aplicar sus dones humanos en esa dirección. Hay personas que sirven desinteresadamente a la humanidad como médicos, otros lo hacen como artistas. Algunos descubren que son grandes comunicadores y se convierten en maestros maravillosos, mientras que otros acaban viendo que su legado tendrá la forma de innovaciones en el campo de los negocios o la ciencia. La clave está en tener la disciplina y la visión necesarias para ver cuál es tu misión heroica y asegurarte de que sirva a los demás.

–¿Viene a ser como fijarse metas?

–Fijarse metas es el punto de partida. Proyectar tus objetivos libera los jugos creativos que te ponen en el camino de tu finalidad en la vida. Lo creas o no, el yogui Raman y los otros sabios eran muy exigentes en sus metas.

–Me tomas el pelo. Monjes supereficientes perdidos en el Himalaya, meditando toda la noche y fijándose metas por el día. ¡Estupendo!

–Juzga por los resultados, John. Mírame a mí. A veces ni yo mismo me reconozco cuando me veo en el espejo. Mi antaño insatisfactoria existencia ha sido reemplazada por una vida llena de aventura, misterio y excitación. Soy joven otra vez y disfruto de una salud perfecta. La sabiduría que comparto contigo es tan poderosa, tan importante y tan vital que sólo has de dejar que penetre en ti.

–Eso hago, Julián, en serio. Todo cuanto has dicho hasta ahora tiene 53

sentido, aunque algunas técnicas me parecen un poco raras. Pero te he prometido intentarlo, y lo haré.

–Si he visto más allá que otros, es simplemente porque he contado con grandes maestros –dijo Julián con humildad–. Te pondré otro ejemplo. El yogui Raman era un experto arquero, un auténtico maestro.

Para ilustrar su filosofía sobre la importancia de marcarse objetivos claramente definidos en cada aspecto de la vida, me brindó una demostración que jamás olvidaré.

»Cerca de donde estábamos había un roble imponente. El sabio arrancó una rosa de la guirnalda que solía llevar puesta y la colocó en mitad del tronco. Luego sacó tres objetos de la mochila que llevaba consigo siempre que se aventuraba en cumbres distantes como la que estábamos visitando. El primer objeto era su arco favorito, que estaba hecho de una madera de sándalo muy fragante pero robusta a la vez. El segundo era una flecha. El tercero era un pañuelo blanco, como los que yo solía llevar en el bolsillo de mis costosos trajes para impresionar a jueces y jurados –añadió Julián como disculpándose.

El yogui Raman le pidió entonces que le pusiera el pañuelo sobre los ojos a modo de venda.

–¿A qué distancia estoy de la rosa? –preguntó el yogui a su pupilo.

–A unos treinta metros –calculó Julián.

–¿Me has visto alguna vez practicando el antiquísimo deporte del tiro con arco? –preguntó el sabio, sabiendo perfectamente cuál iba a ser la respuesta.

–Te he visto dar en una diana a casi noventa metros, y no recuerdo que hayas fallado ni una sola vez a la distancia de ahora –dijo Julián.

Luego, con los ojos tapados por el pañuelo y los pies bien apoyados en tierra, el maestro tensó el arco y disparó la flecha apuntando a la rosa que colgaba del tronco del roble. La flecha se hincó en el árbol con un golpe sordo, fallando estrepitosamente el tiro.

–Pensaba que ibas a hacer alarde de tus mágicas habilidades, yogui Raman. ¿Qué ha pasado?

–Si estamos en este lugar tan apartado es sólo por una razón. He ac-cedido a revelarte todos mis conocimientos mundanos. La demostración de hoy tiene por objeto reforzar mis consejos sobre la importancia de marcarse objetivos claramente definidos y de saber exactamente adonde vas. Lo que acabas de ver confirma el principio más importante para cualquiera que busque alcanzar sus metas y cumplir el propósito de su vida: es imposible dar a un blanco que no puedes ver. La gente se pasa la vida soñando con ser más feliz, vivir con más vitalidad y tener abundancia de pasión y dinamismo. Pero no ven la importancia de invertir 54

aunque sólo sea diez minutos al mes en escribir cuáles son sus metas y pensar en el significado de sus vidas, en el dharma. Fijarte objetivos cambiará radicalmente tu vida. Tu mundo se volverá más pleno, más placentero y más mágico.

»Mira, Julián, nuestros antepasados nos enseñaron que marcarse objetivos claramente definidos es básico para conseguir lo que deseamos.

De donde tú vienes, la gente se marca objetivos materiales. Eso no tiene nada de malo, si es lo que uno más valora en la vida. Sin embargo, para alcanzar el autodominio y el esclarecimiento interior, debes también fijarte objetivos en otros campos. ¿Te sorprendería saber que yo tengo objetivos claramente definidos con respecto a la tranquilidad de ánimo, la energía cotidiana y el amor hacia cuantos me rodean? Fijarse metas no es únicamente para abogados como tú que viven en un mundo lleno de atractivos materiales. Cualquiera que desee mejorar la calidad de su mundo interior y exterior hará bien en agarrar un papel y ponerse a escribir sus objetivos. Es a partir de ahí que entrarán en funcionamiento fuerzas naturales que irán transformando los sueños en realidades.

Lo que estaba oyendo me fascinaba. Cuando yo jugaba al fútbol en la escuela secundaria, nuestro entrenador siempre hablaba de la importancia de saber lo que queríamos conseguir en cada jugada. «Conoce el resultado», era su credo personal, y nuestro equipo jamás salía al te-rreno de juego sin un plan bien definido que nos condujese a la victoria.

Me pregunté cómo era que, a medida que me hacía mayor, nunca me tomaba el tiempo necesario para desarrollar una táctica de juego aplicable a mi vida. Quizá Julián y el yogui Raman tenían algún truco para eso.

–¿Qué tiene de especial poner por escrito tus objetivos? ¿Cómo puede algo tan simple ser tan decisivo? –pregunté.

–Tu evidente interés me sirve de inspiración –dijo Julián, complacido–.

El entusiasmo es una de las claves para una vida de éxito, y me alegra comprobar que aún conservas el tuyo. Antes te enseñé que cada uno de nosotros tiene unos sesenta mil pensamientos al día por término medio.

Anotando tus deseos y objetivos en un papel, lo que haces es ondear una bandera roja para que tu subconsciente sepa que este pensamiento es más importante que los otros 59.999. Tu mente, por lo tanto, empezará a buscar la realización de tu destino como si fuera un misil. De hecho es un proceso científico. La mayoría de las personas no es consciente de ello.

–Algunos de mis socios son verdaderos ases marcándose objetivos –

55

observé–. Y ahora que lo pienso, son los que más han prosperado, económicamente hablando, de entre la gente que conozco. Pero no diría que sean los más equilibrados.

–Tal vez no se han marcado las metas correctas. Mira, John, la vida suele dar lo que le pides. En general la gente quiere sentirse mejor, tener más energía o vivir con mayor satisfacción. Pero cuando preguntas qué es exactamente lo que quieren, no saben responder. La vida cambia desde el momento en que empiezas a buscar cuál es tu dharma –

dijo Julián, irradiando verdad a través de sus ojos.

»¿Nunca conociste a alguien con un nombre raro y luego empezaste a ver ese nombre en todas partes, la prensa, la televisión, la oficina? ¿O

no te has interesado alguna vez por algo, qué sé yo, la pesca con mosca, y luego has visto que dondequiera que ibas oías cantar las excelen-cias de la pesca con mosca? Esto es sólo una ilustración del antiguo principio que el yogui Raman denominaba joríki, que significa “mente concentrada”. Concentra hasta el último gramo de tu energía mental en descubrirte a ti mismo. Aprende en qué destacas y qué te hace feliz. A lo mejor, dada tu paciencia y lo que te encanta enseñar, deberías ser maestro de escuela. Quizá eres un pintor o un escultor frustrado. Sea como sea, busca tu pasión y lánzate a ella.

–Ahora que lo pienso bien, sería muy triste llegar al cabo de mi vida sin darme cuenta de que tenía un don especial que hubiera podido liberar el potencial de mi mente y ayudar a los demás… aunque fuera un poco.

–Exacto. A partir de ahora mismo, intenta concretar tu objetivo en la vida. Despierta tu mente a la abundancia de posibilidades. Empieza a vivir con más entusiasmo. La mente humana es el mejor filtro. Si se usa adecuadamente, descarta lo que percibes como no importante y te da solamente la información que estás buscando. Ahora mismo, mientras estamos aquí sentados, hay muchas cosas a las que no prestamos atención. Por ejemplo, la risa de unos enamorados mientras pasean por la calle, ese pez que hay en la pecera que tienes detrás, el aire frío que sale del acondicionador, los latidos de mi corazón. Del mismo modo, cuando decides concentrar tu mente en los objetivos de tu vida, la mente empieza a descartar lo que no importa para centrarse sólo en lo importante.

–Te seré sincero –dije–, creo que ya sería hora de que averiguara mi propósito en la vida. No me malinterpretes, hay cosas muy bonitas en mi vida. Pero no está resultando tan gratificante como cabría esperar.

Si hoy me fuera de este mundo, no sé si me perdería gran cosa.

–¿Qué sientes al pensarlo?

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–Me deprime –dije con sinceridad–. Sé que tengo talento. De hecho, cuando era más joven tenía madera de artista. Eso fue hasta que la abogacía me tentó con la promesa de una vida más estable.

–¿Alguna vez desearías haber sido pintor?

–No he pensado mucho en ello, la verdad. Pero te diré una cosa: cuando pintaba lo pasaba en grande.

–Te daba satisfacción, ¿verdad?

–Desde luego que sí. Cuando estaba en el estudio, pintando, perdía la noción del tiempo. La tela me absorbía completamente. Para mí era una auténtica liberación. Era casi como trascender el tiempo y moverse en otra dimensión.

–Eso es debido al poder de concentrar la mente en algo que te gusta.

Goethe dijo que «estamos hechos y moldeados por lo que amamos».

Puede que tu dharma sea iluminar el mundo con preciosos cuadros. Po-drías invertir un poco de tiempo cada día en pintar.

–¿Y si aplicara esta filosofía a cosas menos esotéricas que cambiar mi vida? –pregunté con una sonrisa.

–No estaría mal –dijo Julián–. ¿Como qué?

–Supón que uno de mis objetivos, aunque secundario, fuese eliminar los michelines que adornan mi cintura. ¿Por dónde empezaría?

–No te dé vergüenza. Para dominar el arte de marcarse y conseguir objetivos hay que empezar por cosas pequeñas. Es más, ejercitarse en lograr pequeñas hazañas te prepara para abordar las grandes. Bien, y respondiendo a tu pregunta, no hay nada malo en proyectar una serie de pequeños objetivos mientras uno planifica los más importantes.

Julián me dijo que los Sabios de Sivana habían creado un método de cinco pasos para hacer realidad el propósito de sus vidas. Era un méto-do sencillo y práctico, y funcionaba. El primer paso era formarse una clara imagen mental del resultado. Julián me dijo que, si se trataba de perder peso, yo debía visualizarme cada mañana, recién levantado, como una persona delgada, en forma, llena de vitalidad y energía.

Cuanto más clara fuese la imagen mental, más efectivo sería el proceso. Dijo que la mente es una verdadera mina de poder y que este simple imaginar mi objetivo abriría las puertas para la consecución de mi deseo. El segundo paso consistía en someterme a mí mismo a presiones positivas.

–La razón principal de que la gente no persevere en las cosas que se propone es que es muy fácil caer en los viejos hábitos. La presión no es siempre algo malo. Puede inspirarte para alcanzar grandes cosas. La gente suele conseguir cosas importantes cuando está entre la espada y 57

la pared y se la obliga a echar mano del potencial que lleva en su interior.

–¿Cómo puedo yo crear esa presión positiva? –pregunté pensando ya en las posibilidades de aplicar este método a todo, desde levantarme más temprano a ser un padre más paciente y afectuoso.

–Hay muchas maneras. Una de las mejores es el compromiso público.

Di a todo el mundo que sabes que vas a perder esos kilos de más o escribir esa novela o cualquier otro objetivo que te hayas marcado. Una vez hagas pública tu meta, verás que la presión te estimula a trabajar en la dirección fijada, pues a nadie le gusta parecer un fracasado. En Sivana, mis maestros empleaban medios más drásticos para concitar esa presión positiva. Se decían unos a otros que de no cumplir sus compromisos, como ayunar una semana o levantarse cada día a las cuatro para meditar, bajarían a la cascada y se pondrían bajo el agua helada hasta que se les entumecieran las extremidades. Esto es un ejemplo límite del poder de la presión a la hora de forjarse buenos hábitos.

–Ejemplo límite me parece una manera muy suave de llamarlo, Julián.

¡Qué extravagante ritual!

–Pero extraordinariamente efectivo. Fíjate que si entrenas a tu mente para que asocie el placer con los buenos hábitos y el castigo con los malos, tus flaquezas caerán muy pronto.

–Has dicho que había que seguir cinco pasos para realizar mis deseos

–dije impaciente–. ¿Cuáles son los tres restantes?

–Sí, John. El primer paso es tener una visión clara del resultado. El segundo es crear una presión positiva que te sirva de inspiración. El tercer paso es muy simple: nunca te marques una meta sin fijar un plazo.

Para insuflar vida a un objetivo, has de fijarle un plazo muy preciso. Es como cuando preparas casos; siempre centras tu atención en los que el juez ha de ver mañana, no en los que aún no tienen fecha de vista.

»Ah, y por cierto, recuerda que un objetivo no es tal si no lo anotas por escrito. Cómprate un diario; te bastará con una libreta de espiral.

Bautízalo “cuaderno de sueños” y anota en él todos tus deseos, objetivos y sueños. Es una forma de conocerte a ti mismo.

–¿No me conozco aún?

–La mayoría de la gente no se conoce. No se han tomado el tiempo de analizar sus flaquezas y sus puntos fuertes, sus esperanzas y sus sue-

ños. Según los chinos, tres son los espejos que forman la imagen de una persona: el primero es como se ve uno mismo, el segundo como te ven los otros, y el tercero refleja la verdad. Conócete a ti mismo, John.

Conoce la verdad.

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»Divide el cuaderno en secciones independientes según las distintas áreas de tu vida. Por ejemplo, podrías tener secciones para anotar objetivos en materia de puesta a punto, objetivos financieros, objetivos sociales y de relación y, tal vez lo más importante, objetivos espirituales.

–¡Caray, suena divertido! Nunca me había pasado por la cabeza hacer algo tan creativo. Debería ponerme a prueba más a menudo –dije.

–Estoy de acuerdo. Otra técnica muy efectiva que aprendí en Sivana es incluir en el cuaderno imágenes de las cosas que deseas e imágenes de personas que hayan cultivado los talentos y habilidades que tú esperas emular. Volviendo a tus michelines, si quieres perder peso y estar en buena forma física, pega en tu cuaderno una foto de un corredor de maratón o un plusmarquista de lo que sea. Si quieres ser el mejor marido del mundo, podrías recortar una foto de alguien que represente ese ideal (quizá tu padre) y ponerla en la sección de relaciones. Si sueñas con una mansión junto al mar o con un coche deportivo, busca imágenes inspiradoras y úsalas en tu libro de los sueños. Revisa el cuaderno cada día, aunque sea sólo unos minutos. Conviértelo en tu amigo: te sorprenderán los resultados.

–Tus ideas son revolucionarias, Julián. Quiero decir, aunque todo esto hace siglos que está ahí, toda la gente que conozco podría mejorar su vida cotidiana con sólo aplicar algunas de las técnicas. A mi mujer le encantaría tener un cuaderno así. Seguro que lo llenaría de fotos donde se viera mi abultado estómago.

–Bah, tampoco es tan grande –me consoló Julián.

–Entonces ¿por qué Jenny me llama señor Donut? –dije, y sonreí.

Julián se echó a reír. Yo no pude por menos de imitarle. Al momento estábamos los dos carcajeándonos.

–Si no te ríes de ti mismo, ¿de quién te vas a reír? –dije.

–Tienes toda la razón, amigo mío. Cuando era un abogado famoso, uno de mis principales problemas era que me tomaba la vida demasiado en serio. Ahora soy más bromista y más infantil. Disfruto de todo lo que me da la vida, por pequeño que sea. Pero vamos al grano. Tengo mucho que decirte y me está saliendo todo de golpe.

»Volvamos al método de cinco pasos para conseguir tus metas. Una vez te formas una imagen mental del resultado, creas un poco de presión positiva, fijas un plazo y pasas tu compromiso al papel, el siguiente paso es aplicar lo que el yogui Raman llamaba “la regla mágica del 21”.

En su mundo, las personas instruidas creían que, para que un comportamiento nuevo cristalice en hábito, hay que realizar esa nueva actividad durante veintiún días seguidos.

59

–¿Qué tiene de especial esa cifra?

–Los sabios dominaban el arte de crear nuevos y más gratificantes hábitos de conducta. El yogui Raman me dijo que el mal hábito, una vez adquirido, era imposible de borrar.

–Pero tú llevas toda la noche proponiéndome que cambie mi manera de vivir. ¿Cómo voy a hacerlo si no puedo borrar ni uno solo de mis malos hábitos?

–He dicho que los malos hábitos no se pueden borrar, pero no que no puedan ser sustituidos –precisó Julián.

–No recordaba que eras el rey de la retórica, Julián. Pero creo que te entiendo.

–La única manera de asentar un nuevo hábito es emplear tal energía en ello que el viejo hábito se retire por sí mismo como si fuera un huésped indeseable. Este proceso se completa generalmente en veintiún días, el tiempo necesario para crear un nuevo camino neuronal.

–Supón que quiero practicar la técnica del Corazón de la Rosa para borrar el hábito de preocuparme, vivir a un ritmo más tranquilo. ¿Debo hacerlo cada día a la misma hora?

–Buena pregunta. Lo primero que te diré es que no estás obligado a hacer nada; todo cuanto te estoy explicando esta noche lo ofrezco co-mo amigo que se interesa por tu desarrollo personal. Cada estrategia, herramienta o técnica ha sido probada durante siglos para contrastar su efectividad. Esto te lo puedo asegurar. Y aunque mi corazón me dice que debería implorarte que probaras todos los métodos de Sivana, mi conciencia me dicta que me limite a cumplir mi deber de compartir estos conocimientos contigo, y que seas tú quien los ejecute a su manera.

Mi consejo es éste: nunca hagas nada porque tienes que hacerlo. La única razón para hacer algo es porque quieres y porque sabes que es lo más correcto que puedes hacer.

–Me parece razonable, Julián. Y no te preocupes, ni por un momento he sentido que me estuvieras metiendo toda esa información con calza-dor. Además, lo único que podrías hacerme tragar a la fuerza es un pa-quete de donuts… y no te costaría mucho –bromeé.

Julián sonrió.

–Gracias, amigo. Y respondiendo a tu pregunta, te sugiero que pruebes la técnica del Corazón de la Rosa cada día a la misma hora y en el mismo lugar. Todo ritual tiene un poder tremendo. Los astros del deporte que comen siempre lo mismo o se atan del mismo modo los cor-dones de sus zapatillas antes del momento cumbre están invocando el poder del ritual. Los miembros de una iglesia que realizan los mismos ritos, llevan las mismas ropas, están empleando el poder del ritual. In-60

cluso la gente que hace el mismo trayecto o dice las mismas cosas antes de una importante reunión de negocios está aplicando el poder del ritual. Cuando introduces una actividad en tu rutina diaria haciéndola de la misma manera y a la misma hora cada día, esa actividad se convierte rápidamente en un hábito.

»Por ejemplo, la mayoría de la gente hace lo mismo cuando se despierta, sin pensarlo: abrir los ojos, bajar de la cama, ir al baño y cepi-llarse los dientes. Por lo tanto, dedicarte durante veintiún días al mismo objetivo y realizar esa misma actividad a la misma hora hará que se convierta en un hábito. En poco tiempo conseguirás ese nuevo hábito, sea la meditación, levantarte más temprano o leer una hora al día, con la misma facilidad con que te cepillas los dientes.

–¿Y el último paso para conseguir tus metas y avanzar por el camino del propósito?

–El último paso es aplicable en la medida en que avanzas por el sendero de tu vida. Debes disfrutar del proceso. Los Sabios de Sivana solí-

an hablar de esta filosofía. Creían firmemente en que un día sin risa o un día sin amor era un día sin vida.

–No estoy seguro de entenderlo.

–Sólo digo que debes asegurarte de pasarlo bien mientras avanzas por el camino de tus objetivos. Nunca olvides la importancia de vivir con júbilo desbordante. Nunca descuides la exquisita belleza que hay en todas las cosas vivas. Hoy, y este momento que compartimos, es un regalo. No pierdas el ánimo, la alegría ni la curiosidad. Concéntrate en tu propósito y en servir desinteresadamente al prójimo. El universo se ocupará de todo lo demás. Es una de las leyes más genuinas de la naturaleza.

–¿Y no he de lamentar lo que haya ocurrido en el pasado?

–Exactamente. No existe el caos en el universo. Todo tiene su razón de ser, todo lo que te haya pasado o haya de pasarte. Recuerda lo que dije, John: cada experiencia conlleva una lección que aprender. Así que no insistas en lo secundario. Disfruta de la vida.

–¿Eso es todo?

–Aún tengo muchas cosas que decirte. ¿Estás cansado?

–Nada de eso. En realidad, estoy entusiasmado. Y tú eres el cataliza-dor, Julián.

–Muy bien. Antes de seguir adelante con la fábula del yogui Raman, hay una última cosa sobre cómo alcanzar tus sueños que quiero dejar clara.

–Adelante.

61

–Existe una palabra que los sabios siempre pronunciaban con tono casi reverencial. Esta sencilla palabra parecía tener para ellos un profundo significado y salpicaba su charla cotidiana. La palabra es pasión, y se trata de un término que debes tener siempre en primer plano mental en tu misión de alcanzar tus objetivos. Un ardiente sentido de la pasión es lo que mejor puede propulsar tus sueños. En nuestra sociedad hemos perdido la pasión. No hacemos las cosas porque nos guste hacerlas, si-no porque creemos que hemos de hacerlas. Es la clave de la desdicha.

Y no estoy hablando de la pasión romántica, aunque éste es otro de los ingredientes para una existencia inspirada. Estoy hablando de una pa-sión por la vida. Reclama la alegría de despertar cada mañana lleno de energía y júbilo. Insufla el fuego de la pasión a todo aquello que hagas.

Pronto cosecharás recompensas, tanto materiales como espirituales.

–Lo dices como si fuera fácil.

–Y lo es. A partir de esta noche toma el control sobre tu vida. Decíde-te, de una vez por todas, a ser el dueño de tu destino. Corre tu propia carrera. Descubre tu vocación y empezarás a experimentar el éxtasis de una vida inspirada. Por último, recuerda que lo que está detrás y lo que está delante de ti no es nada comparado con lo que está dentro de ti.

–Gracias, Julián. Realmente necesitaba oírlo. Nunca había sabido lo que faltaba en mi vida hasta esta noche. He estado vagando sin rumbo, a falta de un verdadero propósito en mi vida. Las cosas van a cambiar, te lo prometo. Te estoy muy agradecido.

–No hay de qué, amigo mío. Sólo estoy cumpliendo mi propio objetivo.

Resumen de acción del capítulo 8

La sabiduría de Julián en pocas palabras

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El símbolo:

La virtud:

Perseguir el propósito

La enseñanza:

• El propósito de la vida es una vida con propósito

• Descubrir y luego llevar a cabo la meta de tu vida aporta una satis facción duradera

• Marcarse objetivos claramente definidos en lo personal, profesional y espiritual, y luego tener el valor de obrar en consecuencia

Las técnicas:

El poder del autoexamen

El método de cinco pasos para alcanzar objetivos

Cita valiosa:

Nunca olvides la importancia de vivir con júbilo desbordante. Nunca descuides la exquisita belleza de todas las cosas vivas. Hoy, y el momento que compartimos, es un regalo. Céntrate en tu propósito. El universo se encargará de todo lo demás.

NUEVE

63

El viejo arte del autoliderazgo

La gente buena se consolida sin cesar.

CONFUCIO

–El tiempo vuela –dijo Julián antes de servirse otra taza de té–. Pronto amanecerá. ¿Quieres que continúe o ya tienes suficiente por esta noche?

De ninguna manera pensaba yo dejar que este hombre, que atesoraba tanta sabiduría, se fuera sin completar su historia. Al principio su relato me pareció fantasioso. Pero a medida que escuchaba y asimilaba la antiquísima filosofía que se le había otorgado, acabé creyendo firmemente en lo que decía. Aquí no se trataba de las especulaciones de un merca-chifle de tres al cuarto. Julián era muy auténtico. Y su mensaje sonaba a verdad. Yo confiaba en él.

–Sigue, Julián, por favor. Tengo todo el tiempo del mundo. Esta noche los chicos duermen en casa de sus abuelos, y Jenny aún tardará horas en levantarse.

Notando mi sinceridad, Julián continuó con la fábula simbólica que el yogui Raman le había ofrecido para ilustrar sus métodos para una vida más plena y radiante.

–He explicado que el jardín representa ese otro fértil jardín, el de tu mente, que está lleno de tesoros y riquezas ilimitadas. También he hablado del faro y de que representa el poder de los objetivos y la importancia de descubrir la propia vocación. Recordarás que la puerta del faro se abría lentamente y que de él salía un poderoso luchador de su-mo japonés.

–Parece una mala película de Godzilla.

–A mí me encantaban cuando era un chaval.

–Y a mí. Pero no dejes que te distraiga –repliqué.

–El luchador de sumo representa un importantísimo elemento en el sistema de los Sabios de Sivana. Hace muchos siglos, en el antiguo Oriente, los grandes maestros desarrollaron y pulieron una filosofía llamada kaizen. Esta palabra japonesa significa mejora constante. Y es la marca de fábrica de todo hombre o mujer que vive una existencia despierta y dinámica.

–¿Cómo enriqueció la vida de los sabios el concepto de kaizen? –

pregunté.

–Como he mencionado antes, John, el éxito externo empieza por el éxito interno. Si de veras quieres mejorar tu mundo exterior, llámese tu 64

salud, tus relaciones o tus finanzas, debes primero mejorar tu mundo interior. El modo más eficaz de conseguirlo es mediante la práctica de una continua autosuperación. El autodominio es el ADN del dominio de la vida.

–Julián, espero que no te importe que lo diga, pero todo eso del

«mundo interior» me suena muy esotérico. Recuerda que soy un abogado de clase media con un utilitario aparcado en el camino particular y un cortacésped en el garaje. Mira, todo lo que me has dicho hasta ahora encaja. A decir verdad, gran parte de lo que has compartido conmigo parece de sentido común, aunque ya sé que el sentido común, en estos tiempos, es todo menos común. Te diré, sin embargo, que me cuesta un poco entender esta noción del kaizen y la mejora del mundo interior.

¿De qué estábamos hablando exactamente?

Julián fue rápido en su respuesta.

–En nuestra sociedad etiquetamos al ignorante como débil. No obstante, quienes expresan su falta de conocimientos y buscan instruirse encuentran el camino del esclarecimiento antes que los demás. Tus preguntas son sinceras y me dicen que estás abierto a las ideas nuevas. El cambio es la fuerza más poderosa que tiene nuestra sociedad de hoy.

Mucha gente lo teme, pero los sabios lo abrazan sin reservas. La tradición zen habla de la mente del principiante: quienes están abiertos a nuevos conceptos son siempre los que alcanzan niveles más altos de realización. No tengas el menor reparo en preguntar lo que sea, por más básico que parezca. Las preguntas son el modo más efectivo de suscitar el conocimiento.

–Gracias. Pero sigo sin ver claro eso del kaizen.

–Cuando hablo de mejorar tu mundo interior, estoy hablando simplemente de autosuperación y expansión personal, y es lo mejor que puedes hacer por ti mismo. Podrías pensar que estás demasiado ocupado para emplear tiempo en ti mismo, lo cual sería un gran error. Mira, cuando has dedicado tiempo a forjarte un carácter fuerte, imbuido de disciplina, vigor, poder y optimismo, puedes tenerlo todo y hacer todo lo que quieras en tu mundo exterior. Cuando has cultivado un sentido profundo de la fe en tus posibilidades y un espíritu indomable, nada puede impedir que triunfes en lo que te propongas y que vivas con grandes recompensas. Dedicar un tiempo a dominar la propia mente, a ocuparse del cuerpo y nutrir el alma te pondrá en situación de desarrollar más riqueza en tu vida. Es como dijo Epicteto hace muchos años:

«Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo.»

–Entonces el kaizen es un concepto muy práctico.

–En efecto. Piénsalo bien, John. ¿Cómo puede nadie dirigir una empre-65

sa si no puede dirigirse a sí mismo? ¿Cómo puedes alimentar a una familia si no has aprendido a alimentarte a ti mismo? ¿Cómo puedes obrar bien si ni siquiera te sientes bien? ¿Comprendes ahora?

Asentí con la cabeza. Era la primera vez que pensaba seriamente en la importancia de mejorar yo mismo. Siempre había pensado que todas esas personas que veía en el metro leyendo libros con títulos como El poder del pensamiento positivo eran tipos desesperados por hallar alguna medicina que les devolviera al buen camino. Ahora me daba cuenta de que quienes se ocupaban de consolidarse a sí mismos eran los más fuertes, y que sólo a través de la autosuperación se podía esperar que otros mejoraran también. Me puse a reflexionar sobre las cosas que podía mejorar de mí mismo. Realmente necesitaba un poco más de energía y de buena salud. Librarme de mi horrible mal genio y de mi manía de interrumpir a los demás podía sin duda obrar maravillas en mi relación con mi esposa y mis hijos. Y borrar el hábito de preocuparme me daría la tranquilidad de ánimo y la felicidad que yo había estado persiguiendo. A medida que pensaba en ello, más mejoras potenciales encontraba.

Cuando empecé a ver todas las cosas positivas que influirían en mi vi-da gracias a cultivar buenos hábitos, mi entusiasmo fue en aumento.

Pero me di cuenta de que Julián estaba hablando de algo más que de unos ejercicios diarios, de una dieta sana y un estilo de vida equilibrado. Lo que él había aprendido en el Himalaya era más profundo que to-do esto. Julián habló de la importancia de forjarse un carácter sólido, de desarrollar una fortaleza mental y de vivir con coraje. Me dijo que estos tres atributos conducían a una vida virtuosa, llena de realización, satisfacción y paz interior. El coraje era una cualidad que todos podíamos cultivar, y a largo plazo daba grandes dividendos.

–¿Qué tiene que ver el coraje con el autoliderazgo y el desarrollo personal? –pregunté.

–Es el coraje lo que te permite correr tu propia carrera, lo que te permite hacer lo que quieres porque sabes que está bien. El coraje te da el autocontrol para perseverar allí donde otros desfallecen. El grado de coraje con el que vives determina la dosis de satisfacción que recibes. Te permite, además, comprender todas las exquisitas maravillas de esa épica que es tu vida. Y quienes tienen dominio de sí mismos poseen coraje en abundancia.

–De acuerdo. Empiezo a entender eso de trabajar en mí mismo. ¿Por dónde debo empezar?

Julián volvió a su conversación con el yogui Raman en lo alto de las 66

montañas, en lo que él recordaba como una noche estrellada y hermosa.

–Inicialmente yo también tuve dificultades con la idea de la autosuperación. Al fin y al cabo, yo era una especie de pistolero de los tribunales, un tipo duro salido de Harvard que no tenía tiempo para las teorías New Age que trataban de endilgarme unas personas a las que yo consideraba desaliñadas. Me equivocaba. Lo que a mí me impedía avanzar mentalmente no era sino mi estrechez de miras. Cuanto más escuchaba al yogui Raman y más reflexionaba sobre el dolor y el sufrimiento de mi mundo anterior, mejor acogía la noción del kaizen, el constante y eterno enriquecimiento de la mente, el cuerpo y el alma –concluyó Julián.

–¿Por qué últimamente oigo tantas veces eso de «mente, cuerpo y al-ma»? Se diría que no puedo ni darme la vuelta en el metro sin que alguien lo mencione.

–Es la trilogía de tus dones humanos. Mejorar la mente sin cultivar tus cualidades físicas sería una victoria realmente vana. Elevar tu mente y tu cuerpo a los más altos niveles sin nutrir tu alma te dejaría vacío e insatisfecho. Pero cuando dediques tus energías a abrir las puertas de to-do el potencial de esas tres cualidades humanas, saborearás el divino éxtasis de una vida iluminada.

–Caray, has conseguido entusiasmarme.

–En cuanto a tu pregunta de por dónde empezar, prometo darte unas cuantas técnicas, viejas pero poderosas, dentro de un momento. Pero primero un ejemplo práctico. Ponte en posición de plancha.

Horror, pensé: Julián convertido en sargento de instrucción. Mi curiosidad y las ganas de llegar hasta el final me hicieron obedecer.

–Ahora haz todas las flexiones que puedas. No pares hasta estar seguro de que no puedes hacer ni una sola más.

Me esforcé en lo que pude, que era poco teniendo en cuenta que mi corpachón de noventa y seis kilos no hacía otro ejercicio que ir andando hasta McDonald’s con mis hijos o pasear por un campo de golf con mis compañeros de bufete. Las primeras quince flexiones fueron pura ago-nía. Entre el esfuerzo y el calor de la noche estival, empecé a sudar co-piosamente. No obstante, estaba decidido a no mostrar signos de debilidad y seguí hasta que mi vanidad empezó a capitular a la par que mis brazos. Cuando llegué a la flexión veintitrés, me rendí.

–No puedo más, Julián. Esto va a acabar conmigo. ¿Qué quieres demostrar con esto?

–¿Estás seguro de que no puedes más?

–Segurísimo. Déjame respirar. La única lección que puedo sacar de es-to es qué hacer ante un ataque cardíaco.

67

–Diez flexiones más. Luego puedes descansar –ordenó Julián.

–¡Estás de broma!

Pero lo hice. Quedé extenuado en el suelo.

–Yo pasé por la misma experiencia la noche en que el yogui Raman me contó su fábula. Él me dijo que el dolor era un gran maestro.

–¿Qué se puede aprender de una experiencia como ésta? –pregunté sin resuello.

–El yogui Raman y, para el caso, todos los Sabios de Sivana, creían que las personas crecen más cuando entran en la zona de lo desconocido.

–De acuerdo. Pero ¿qué tiene eso que ver con obligarme a hacer tantas flexiones?

–Cuando has llegado a la veintitrés dijiste que no podías más. Para ti ése era el límite. Sin embargo, cuando te he desafiado a seguir, has re-accionado haciendo diez flexiones más. Dentro de ti tenías reservas. El yogui Raman me explicó una verdad fundamental cuando yo era su alumno: «Los únicos límites son aquellos que tú mismo te pones.»

Cuando te atreves a salir de tu círculo de comodidad y explorar lo desconocido, empiezas a liberar tu verdadero potencial humano. Es el primer paso hacia el autodominio y el dominio sobre todas las otras circunstancias de tu vida. Cuando se fuerzan los límites, como tú has hecho en esta pequeña demostración, estás abriendo reservas físicas y mentales que ni siquiera imaginabas tener.

Fascinante, pensé. Había leído hacía poco que el hombre utiliza, por término medio, una cantidad insignificante de su capacidad humana. Me pregunté qué no podríamos hacer cuando empezáramos a emplear el resto de nuestras reservas.

–El arte del kaizen –prosiguió Julián– se practica esforzándose cada día. Afánate por mejorar tu cuerpo y tu mente. Nutre tu espíritu. Haz esas cosas que temes. Empieza a vivir con energía desbordante y entusiasmo ilimitado. Ve salir el sol. Baila bajo una ducha de lluvia. Sé la persona que sueñas ser. Haz las cosas que siempre has querido hacer pero no hacías porque creías que eras demasiado joven o demasiado viejo, demasiado rico o demasiado pobre. Prepárate a vivir una vida de verdad, plena e intensa. En Oriente dicen que la suerte favorece a las mentes preparadas. Yo creo que la vida también favorece a la mente preparada.

Julián continuó su apasionado discurso:

–Identifica las cosas que te frenan. ¿Te da miedo hablar, tienes problemas de relación? ¿Te falta una actitud positiva o necesitas más energía? Haz un inventario de tus flaquezas. La gente satisfecha es mu-68

cho más clarividente que la otra. Tómate tiempo para reflexionar acerca de qué te está impidiendo llevar la vida que realmente te gustaría y po-drías llevar. Cuando hayas identificado tus debilidades, el paso siguiente es afrontarlas con decisión y tratar de resolver los miedos. Si temes hablar en público, firma para dar veinte conferencias. Si temes iniciar un nuevo negocio o abandonar una relación poco satisfactoria, haz aco-pio de todo tu poder de decisión y atrévete. Tal vez sea el primer trago de libertad que hayas probado en años. El miedo no es más que un monstruo mental que tú mismo creas, una corriente negativa de conciencia.

–¿Una corriente negativa de conciencia, sólo eso? Vaya, me gusta.

¿Quieres decir que todos mis miedos no son sino gremlins imaginarios que se han ido colando en mi mente con los años?

–Exacto, John. Cada vez que han impedido que hicieses alguna cosa, tú añadías combustible a su fuego. Pero una vez conquistas tus miedos, conquistas tu vida.

–Necesito un ejemplo.

–Bien. Pongamos por caso hablar en público, una actividad que la mayoría de la gente teme más que a la muerte misma. Cuando yo era abogado, conocí a colegas que tenían miedo de entrar en la sala de tribunal. Eran capaces de cualquier cosa, hasta de buscar una conciliación fácil para sus clientes sólo por no tener que ponerse de pie delante de una sala llena de gente.

–Yo también he conocido casos así.

–¿Crees que nacieron con ese miedo?

–Espero que no.

–Fíjate en los niños pequeños. No tienen límites. Su mente es un exuberante panorama de posibilidades. Adecuadamente cultivada, esa mente los llevará a la grandeza. Llena de negatividad, los conducirá a la mediocridad. En otras palabras: ninguna experiencia, sea hablar en pú-

blico o pedir un aumento de sueldo o nadar en un lago a pleno sol o pasear por una playa a la luz de la luna, es en sí misma dolorosa o placentera. Es tu pensamiento quien la hace una cosa u otra.

–Muy interesante.

–Se podría adiestrar a un niño pequeño para que le deprimiera un es-pléndido día de sol, o que viese a un cachorro como un animal dañino.

Del mismo modo, un adulto podría llegar a ver una droga como un agradable vehículo para la liberación. Todo es cuestión de condiciona-miento, ¿no?

–Desde luego.

–Lo mismo pasa con el miedo. El miedo es una respuesta condiciona-69

da: un hábito arrasador que puede consumir fácilmente toda tu energía, creatividad y espíritu si no estás atento. Cuando el miedo enseñe su horrible cabeza, córtasela de cuajo. La mejor manera es hacer precisamente esa cosa que temes. Has de entender el funcionamiento del miedo. Es algo que tú creas. Como cualquier otra creación, es tan sencillo echarla abajo como levantarla. Busca metódicamente y luego destruye todos los miedos que se han colado en la fortaleza de tu mente. Bastará con eso para que tengas más confianza, felicidad y tranquilidad de áni-mo.

–¿Puede la mente humana carecer totalmente de miedo? –pregunté.

–Estupenda pregunta. La respuesta es un inequívoco y enfático «¡Sí!».

Todos y cada uno de los Sabios de Sivana desconocían el miedo. Se notaba en la forma que tenían de andar, de hablar. Se notaba cuando les mirabas a los ojos. Y te diré otra cosa, John.

–Qué –pregunté fascinado.

–Yo tampoco tengo miedo. Me conozco a mí mismo y he visto que mi estado natural es de fuerza indomable y de ilimitada potencialidad. Sólo que yo estaba como bloqueado por todos esos años de abandono y desequilibrio. Te diré algo más: cuando borras el miedo de tu mente, empiezas a parecer más joven y tu salud gana en vitalidad.

–Ya, la vieja conexión mente-cuerpo –dije, confiando en disimular mi ignorancia.

–En efecto. Los sabios de Oriente la conocen desde hace cinco mil años. O sea que, de New Age, nada –dijo con una sonrisa que iluminó su rostro radiante.

–Los sabios me enseñaron otro poderoso principio en el que pienso a menudo. Creo que te será de gran utilidad en tu camino hacia el dominio personal. En ocasiones, cuando quiero tomar las cosas con calma, me ha servido de motivador. Su filosofía puede concretarse así: lo que separa a las personas realizadas de aquellas que viven sin inspiración alguna es que los primeros hacen cosas que la gente menos perfeccio-nada no gusta de hacer.

»La gente realmente esclarecida, la que experimenta la felicidad a diario, está dispuesta a renunciar a un placer a corto plazo a cambio de una satisfacción a largo plazo. De modo que encara sus miedos y debilidades con valor, aunque zambullirse en la zona de lo desconocido le suponga ciertas incomodidades. Esa gente vive según la filosofía del kaizen: mejorar cada aspecto de sí mismos constantemente. Con el tiempo, cosas que antes eran difíciles dejan de serlo. Miedos que anta-

ño les impedían experimentar la dicha que merecían caen en el camino como árboles en un huracán.

70

–¿Estás sugiriendo que debo cambiarme primero a mí mismo si quiero cambiar mi vida?

–Sí. Es como la historia que me contaba mi profesor favorito cuando yo estaba en la facultad. Una noche, un padre estaba leyendo el perió-

dico después de un largo día en la oficina. Su hijo, que quería jugar, no paraba de darle la lata. Finalmente, harto ya, el padre arrancó la foto de un globo terráqueo que había en el periódico y la rompió en mil pe-dazos. «Toma hijo, a ver si consigues montar este rompecabezas», dijo el padre, confiando en que el niño estuviera ocupado el rato suficiente para que él pudiera terminar de leer. Para su sorpresa, el niño volvió al cabo de un minuto con el globo perfectamente formado. Cuando el padre le preguntó cómo había conseguido algo tan difícil, el hijo sonrió y le dijo: «Papá, en la otra cara había la foto de una persona, y en cuanto he juntado la cara, la tierra ha quedado unida.»

–Bonita historia.

–Mira, John, las personas más sabias que he conocido, de los maestros de Sivana a mis profesores de Harvard, parecen conocer la fórmula de la felicidad.

–Continúa –dije con impaciencia.

–Es lo que he dicho antes: la felicidad se consigue gracias a la progresiva realización de un propósito digno. Si tú haces lo que realmente amas hacer, estás destinado a sentir la máxima satisfacción.

–Si la felicidad la consigue todo aquel que hace lo que ama hacer,

¿cómo es que hay tanta gente desdichada?

–Buena pregunta, John. Hacer lo que uno ama, ya sea dejar el empleo que tienes ahora y convertirte en actor, o invertir menos tiempo en las cosas menos importantes para emplearlo en las que tienen más significado, requiere mucho coraje. Requiere que salgas de tu zona de confort. Y el cambio, al principio, siempre es un poco incómodo. Y arriesgado. Pero es la manera más segura de tener una vida más gozosa.

–¿Cómo hace uno exactamente para tener más coraje?

–Como en la historia de antes: junta todas las piezas y tu mundo estará bien. En cuanto domines tu mente, tu cuerpo y tu carácter, la felicidad y la abundancia entrarán en tu vida como por arte de magia. Pero debes dedicar un tiempo cada día a trabajar en ti mismo, aunque sean sólo diez o quince minutos.

–¿Y qué simboliza el voluminoso luchador de sumo en la fábula del yogui Raman?

–Nuestro forzudo amigo te servirá para recordar el poder del kaizen, palabra japonesa que designa el desarrollo de sí mismo y el progreso constantes.

71

En unas pocas horas, Julián había revelado la más poderosa –y más sorprendente– información que jamás había oído. Yo había aprendido que mi mente guarda un tesoro en potencia. Había aprendido técnicas sumamente prácticas para serenar la mente y concentrar su poder en mis sueños y deseos. Había aprendido la importancia de tener un objetivo claro en la vida y de fijarme metas definidas en cada aspecto de mi mundo personal, profesional y espiritual. Y ahora había conocido el principio del autodominio: el kaizen.

–¿Cómo puedo practicar el arte del kaizen?

–Te daré diez antiguos y efectivos rituales que te ayudarán a avanzar en el camino del autodominio. Si los aplicas a diario, teniendo fe en ellos, observarás extraordinarios resultados en sólo un mes a partir de hoy. Si continúas incorporando esas técnicas a tu rutina de forma que se conviertan en hábitos, alcanzarás un estado perfecto de salud, una energía ilimitada, felicidad duradera y tranquilidad de ánimo. En definitiva, alcanzarás tu destino divino.

»El yogui Raman me ofreció estos rituales con gran fe en lo que denominaba su “exquisitez”, y creo que estarás de acuerdo en que soy la prueba fehaciente de su poder. Sólo te pido que escuches lo que he de decirte y que juzgues tú mismo los resultados.

–¿Cambiar de vida en sólo treinta días? –pregunté, incrédulo.

–Sí. El quid pro quo es que dediques al menos una hora diaria durante treinta días consecutivos a practicar las estrategias que voy a enseñar-te. Esta inversión en ti mismo es lo único que se precisa. Y, por favor, no me digas que no tienes tiempo.

–Pero si es verdad –dije honestamente–. Estoy a tope de trabajo. No tengo ni diez minutos para mí, y no digamos ya una hora.

–Como te he dicho antes, objetar que no tienes tiempo para perfeccionar tu mente o tu espíritu es como decir que no tienes tiempo para echar gasolina porque estás muy ocupado conduciendo. Al final lo consigues.

–¿De veras?

–Sí.

–¿Y cómo?

–Lo diré de otra manera. Tú eres como un coche de carreras valorado en millones de dólares; una máquina bien engrasada y altamente sofisticada.

–Caray, muchas gracias.

–Tu mente es la mayor maravilla del universo y tu cuerpo tiene la capacidad de realizar hazañas que te sorprenderían.

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–Bien.

–Conociendo el valor de esta máquina de millones de dólares, ¿sería aconsejable hacerla funcionar al máximo durante todo el día sin parar en boxes para dejar que el motor se enfríe?

–Claro que no.

–Entonces ¿por qué no dedicas un poco de tiempo al día para tu parada personal en boxes? ¿Por qué no te das tiempo a enfriar la sofisticada máquina de tu mente? ¿Entiendes ahora? Renovarte a ti mismo es lo más importante que puedes hacer. Irónicamente, sacar tiempo de tu apretado programa de trabajo para tu perfeccionamiento y tu enriquecimiento personal mejorará drásticamente tu efectividad en cuanto te pongas a ello.

–¿Sólo una hora al día durante un mes?

–Es la fórmula mágica que yo buscaba. Habría pagado por ella un par de millones en mis tiempos de abogado, si hubiera comprendido la importancia que tenía. Yo ignoraba que era gratis, como lo es todo el saber verdadero. Dicho esto, debes ser disciplinado y aplicar diariamente, y con absoluta convicción en su valía, las técnicas que componen esta fórmula. No se trata de una receta rápida. En cuanto estás metido en ello, lo estás para largo.

–¿Qué quieres decir?

–Emplear una hora diaria ocupándote de ti mismo produce resultados extraordinarios en treinta días, pero siempre que hagas las cosas bien.

Hace falta un mes para instalar un nuevo hábito. Después de ese perío-do, las técnicas que aprendas encajarán como una segunda piel. La clave está en seguir practicándolas cada día si quieres seguir obteniendo resultados.

–Es lógico –concedí.

Julián había abierto la puerta de un manantial de vitalidad y serenidad interior en mi vida. En realidad, su transformación en un radiante y di-námico filósofo era poco menos que milagrosa. En ese momento decidí dedicar una hora diaria a poner en práctica las técnicas y principios que él me iba a enseñar. Decidí trabajar en mi perfeccionamiento antes de trabajar en cambiar a los demás, como había sido mi costumbre. Quizá yo podría experimentar una transformación como la de aquel antiguo abogado llamado Mantle. Desde luego, valía la pena intentarlo.

Esa noche, sentado en el piso de mi atestada sala de estar, aprendí lo que Julián llamó «los diez rituales de la Vida Radiante». Varios de ellos exigieron por mi parte un esfuerzo de concentración. Otros podían ser realizados sin esfuerzo alguno. Todos eran intrigantes y prometían co-73

sas extraordinarias.

–La primera estrategia era conocida por los sabios como el Ritual de la Soledad. Se trata de asegurar que tu programa diario incluya un perío-do obligado de paz.

–¿Y eso qué es?

–Un período de tiempo, mínimo quince minutos y máximo cincuenta, en que tú exploras el poder curativo del silencio y tratas de saber quién eres –explicó.

–¿Una especie de descanso para la recalentada máquina de mi mente?

–sugerí con una sonrisa.

–Es una manera bastante exacta de verlo. ¿Alguna vez has hecho un viaje largo con tu familia?

–Seguro. Cada verano vamos en coche a las islas a pasar un par de semanas con los padres de Jenny.

–Muy bien. ¿Hacéis alguna parada en ruta?

–Sí. Para comprar comida, o, si noto que me entra sueño, echo una siestecita después de aguantar seis horas oyendo cómo se pelean los crios en el asiento de atrás.

–Bien, piensa en el Ritual de la Soledad como en una parada en ruta para el alma. Su propósito es la autorrenovación, y eso se consigue pasando un tiempo a solas, inmerso en la hermosa envoltura del silencio.

–¿Qué tiene de especial el silencio?

–Buena pregunta. La soledad y la quietud te conectan con tu fuente creativa y liberan la ilimitada inteligencia del universo. Verás, John, la mente es como un lago. En nuestro caótico mundo, las mentes de la mayoría de las personas no están quietas. Están llenas de turbulencias internas. Sin embargo, simplemente dedicando un rato a estar callados y quietos, el lago de la mente se vuelve tan liso como una luna de cristal. La quietud interior trae consigo muchos beneficios: una intensa sensación de bienestar, paz interior y energía desbordante. Incluso dormirás mejor, y disfrutarás de una renovada sensación de equilibrio en tus actividades cotidianas.

–¿Dónde debo practicar este período de paz?

–Teóricamente, cualquier sitio sirve, desde tu dormitorio a tu oficina.

La clave está en encontrar un lugar verdaderamente tranquilo… y hermoso.

–¿Dónde encaja aquí lo hermoso?

–Las imágenes bellas suavizan al alma atribulada –observó Julián con un suspiro–. Un ramo de rosas o un simple y solitario narciso tendrán un muy saludable efecto sobre tus sentidos y te relajarán. Lo ideal sería que pudieras saborear esta belleza en un espacio que sirviera de san-74

tuario del yo, un lugar que será tu fórum secreto para la expansión mental y espiritual. Podría ser una habitación que tengas desocupada o un rincón tranquilo de un pequeño apartamento. El caso es reservar un sitio para tus actividades, un lugar que esté allí esperando tu llegada.

–Eso me gusta. Creo que disponer de un lugar silencioso en donde meterme cuando llego del trabajo cambiaría muchas cosas. Así podría liberar todo el estrés. Seguro que así sería más agradable estar conmigo.

–Eso trae a colación otro punto importante. El Ritual de la Soledad funciona mejor cuando lo practicas cada día a la misma hora.

–¿Por qué?

–Porque así queda integrado en tu rutina diaria. Practicando el ritual siempre a la misma hora, esa dosis diaria de silencio se convertirá rápidamente en un hábito del que no podrás prescindir. Y los hábitos positivos conducen inevitablemente al que es tu destino.

–¿Algo más?

–Sí. Siempre que sea posible, conversa con la naturaleza. Un paseíto por el bosque o unos minutos de dedicación a las tomateras de tu patio volverán a conectarte con el manantial de serenidad que ahora duerme en tu interior. Estar en contacto con la naturaleza te permite además sintonizar con la infinita sabiduría de tu yo superior. Este autoconocimiento te llevará a las inexploradas dimensiones de tu poder personal.

No lo olvides nunca –me aconsejó Julián con voz enardecida de pasión.

–¿Te ha servido de mucho este ritual, Julián?

–Desde luego. Me levanto con el sol y lo primero que hago es ir a mi santuario secreto. Allí exploro el Corazón de la Rosa tanto tiempo como creo necesario. A veces paso horas enteras en callada meditación; otros días son sólo diez minutos. El resultado es más o menos el mismo: una profunda sensación de armonía interna y una abundancia de energía fí-

sica. Lo cual nos lleva al segundo ritual, que se llama Ritual de Fisicali-dad.

–¿De qué se trata?

–Es sobre el poder del cuidado físico. Se basa en el principio de que si cuidas tu cuerpo cuidas tu mente. Al preparar tu cuerpo también preparas tu mente. Dedica cada día un poco de tiempo a nutrir el templo de tu cuerpo con vigorosos ejercicios. Haz que tu circulación sanguínea se ponga en movimiento. ¿Sabías que una semana tiene 168 horas?

–Pues no, la verdad.

–Al menos cinco de todas esas horas deberían invertirse en alguna forma de actividad física. Los Sabios de Sivana practicaban la antiquí-

sima disciplina del yoga para despertar su potencial físico y vivir una 75

existencia dinámica. Era un verdadero espectáculo ver a aquellos maravillosos especimenes, que habían conseguido no notar el paso de los años, haciendo la vertical en mitad de la aldea.

–¿Tú has probado el yoga, Julián? Jenny empezó a practicarlo el verano pasado y dice que se siente cinco años más vieja.

–No hay una estrategia aislada que transforme tu vida por arte de magia, John. El cambio profundo y duradero sólo es posible mediante la aplicación continuada de varios de los métodos que he mencionado. Pe-ro el yoga es un modo realmente efectivo de abrir tus reservas de vitalidad. Yo lo practico todas las mañanas y es una de las mejores cosas que he hecho por mí mismo. No sólo rejuvenece mi cuerpo sino que me ayuda a centrar mi mente. El yoga ha conseguido incluso desbloquear mi creatividad. Es una gran disciplina.

–¿Qué más hacían los sabios para cuidar de sus cuerpos?

–El yogui Raman y sus hermanos creían también que andar vigorosamente por entornos naturales, ya sea por senderos de alta montaña o por un frondoso bosque, hace maravillas contra la fatiga y para devolver el cuerpo a su estado natural de dinamismo. Cuando el tiempo era demasiado malo para andar, se ejercitaban dentro de sus chozas. Podí-

an saltarse una comida, pero nunca su turno diario de ejercicios físicos.

–¿Qué tenían en sus chozas? ¿Aparatos de culturismo? –bromeé.

–Nada de eso. A veces practicaban posturas de yoga. Otras veces los veía hacer flexiones apoyando una sola mano. Creo que no importaba mucho el tipo de ejercicio, siempre y cuando movieran el cuerpo y res-piraran el aire límpido del precioso entorno en que vivían.

–¿Qué tiene que ver aquí respirar aire límpido?

–Contestaré a tu pregunta con uno de los dichos favoritos del yogui Raman: «Respirar bien es vivir bien.»

–¿Tan importante es la respiración?

–A poco de estar yo en Sivana, los sabios me enseñaron que la manera más rápida de doblar o incluso triplicar la cantidad de energía era aprender el arte de la buena respiración.

–¿Es que no sabemos todos cómo hay que respirar, incluso los niños de pecho?

–En realidad no. Aunque todo el mundo sabe respirar para sobrevivir, la mayoría no ha aprendido a respirar para desarrollarse bien. Normalmente respiramos poco profundamente, y no tomamos suficiente oxí-

geno para que el cuerpo funcione a su nivel óptimo.

–Lo dices como si respirar bien exigiera muchos conocimientos.

–En efecto. Y los sabios así lo pensaban. Su filosofía era sencilla: incorpora más oxígeno respirando adecuadamente y liberarás tus reser-76

vas de energía junto con tu estado natural de vitalidad.

–Bueno, ¿y por dónde empiezo?

–De hecho es bastante fácil. Dos o tres veces al día dedica un par de minutos a pensar en cómo respirar de un modo más eficaz.

–¿Cómo sé si respiro con eficacia?

–Para empezar, tu vientre debería moverse un poco. Esto indica que respiras por el abdomen, lo cual es correcto. Un truco que me enseñó el yogui Raman es juntar las manos sobre el estómago. Si se movían cuando yo inspiraba, mi técnica era correcta.

–Muy interesante.

–Si te gusta, entonces te gustará el tercer ritual de la Vida Radiante –

dijo Julián–. El Ritual de la Nutrición. En mis tiempos de abogado, yo vivía de una dieta a base de filetes, patatas fritas y demás comida basura. Sí, comía en los mejores restaurantes del país, pero igualmente ingería basura. Yo entonces lo ignoraba, pero ésa era una de las principales causas de mi insatisfacción.

–¿De veras?

–Sí. Una dieta pobre tiene un pronunciado efecto sobre tu vida. Consume toda tu energía, física y mental. Afecta a tu estado de ánimo y enturbia tu mente. El yogui Raman lo decía en estos términos: «Como nutres tu cuerpo, así nutres tu mente.»

–Supongo que cambiaste de dieta.

–Radicalmente. Y eso supuso un cambio decisivo en mi aspecto y manera de ser. Yo pensaba que estaba hecho polvo debido al estrés del trabajo y a que la vejez empezaba a alcanzarme. En Sivana aprendí que gran parte de mi entumecimiento era debido al mal combustible con que hacía funcionar mi cuerpo.

–¿Qué comían los Sabios de Sivana para ser tan longevos e inteligen-tes?

–Alimentos vivos.

–¿Cómo?

–No hay otra respuesta. Los alimentos vivos son los que no están muertos.

–Venga, Julián. ¿Qué es eso de alimentos vivos?

–Básicamente son aquellos que provienen de la interacción natural del sol, el aire, la tierra y el agua. Estoy hablando de una dieta vegetariana, claro. Llena el plato de hortalizas, frutas y cereales y vivirás eter-namente.

–¿Es posible eso?

–Muchos de los sabios habían superado la barrera de los cien y no mostraban signos de decaimiento. La semana pasada leí en el periódico 77

un artículo sobre una pequeña comunidad que vive en la diminuta isla de Okinawa, en el mar de China. A los investigadores les fascina el hecho de que en ella vive la mayor concentración de centenarios de to-do el mundo.

–¿Y qué han averiguado?

–Que uno de los secretos de su longevidad es la dieta vegetariana.

–¿Tan sano es eso? No parece que pueda aportar demasiada fuerza.

Recuerda, Julián, que yo todavía soy un abogado con muchísimo trabajo.

–Es la dieta pensada por la naturaleza. Es vital y extraordinariamente saludable. Los sabios llevan viviendo así desde hace miles de años.

Ellos lo llaman sattvic, o dieta pura. Y en cuanto al tema de la fortaleza, piensa que los animales más fuertes del planeta, llámense gorilas o ele-fantes, llevan la insignia del vegetariano. ¿Sabías que un gorila tiene treinta veces más fuerza que un hombre?

–Gracias por esa información tan sustancial.

–Mira, John, los sabios no eran gente extravagante. Toda su sabiduría se basaba en el antiquísimo principio de que «hay que vivir con moderación, huir siempre de los extremos». Si te gusta la carne, no hay problema en que sigas comiéndola. Pero recuerda que estás ingiriendo un alimento muerto. Si puedes, reduce al máximo la cantidad de carne ro-ja. Cuesta mucho de digerir, y como el sistema digestivo es uno de los procesos que más energía consumen, valiosas reservas de energía son derrochadas innecesariamente por esa causa. ¿Ves adonde quiero ir a parar? Compara cómo te sientes después de comer un filete con la energía que tienes después de comer una ensalada. Si no quieres ser vegetariano estricto, al menos empieza a comer ensalada en cada comida, y fruta como postre. Incluso esto bastará para que tu vida física experimente un gran cambio.

–No es que parezca muy difícil –repliqué–. He oído hablar bastante sobre el poder de una dieta básicamente vegetariana. La semana pasada, Jenny me habló de un estudio hecho en Finlandia, donde se descubrió que un treinta y ocho por ciento de los nuevos vegetarianos afirmaban sentirse menos cansados y más despiertos tras sólo seis meses de ese nuevo régimen de vida. Debería acompañar siempre la comida con una ensalada. Viéndote a ti, Julián, puede que acabe comiendo sólo la ensalada.

–Pruébalo durante un mes y juzga los resultados. Te sentirás de fábu-la.

–De acuerdo. Si eso es bueno para los sabios, también lo será para mí.

Prometo que lo probaré. No parece que cueste mucho esfuerzo, y ade-78

más ya estoy un poco harto de encender la barbacoa cada noche.

–Si te ha cautivado el Ritual de la Nutrición, creo que te encantará el cuarto. Se conoce como Ritual del Saber Abundante. Se centra en la idea del aprendizaje y la expansión de tus conocimientos por el bien de ti mismo y de cuantos te rodean.

–¿La vieja máxima de «saber es poder»?

–Algo más que eso, John. El saber es sólo poder en potencia. Para que ese poder se manifieste, debe ser aplicado. La mayoría de la gente sabe lo que debe hacer en cada situación, o en su vida. El problema es que no toma medidas coherentes y diarias para aplicar el saber y hacer realidad sus sueños. El Ritual del Saber Abundante consiste en convertirse en un alumno de la vida. Y, aún más importante, requiere que utilices lo que has aprendido en el aula de tu existencia.

–¿Qué hacían el yogui Raman y los demás sabios para poner en práctica este ritual?

–Tenían muchos subrituales que realizaban a diario como un tributo al del Saber Abundante. Una de las técnicas más importantes es también una de las más fáciles. Podrías empezar a practicarla hoy mismo.

–No me llevará mucho tiempo, ¿verdad?

Julián sonrió.

–Las técnicas, trucos y consejos que te estoy dando te harán una persona más productiva y eficaz. No seas derrochador en lo grande y mez-quino en lo pequeño. Piensa en los que dicen que no tienen tiempo de hacer copias de seguridad en su ordenador porque están muy ocupados trabajando en ellos. Cuando esas máquinas se estropean y el trabajo de meses se pierde, entonces lamentan no haber invertido un rato al día en salvarlo. ¿Me entiendes?

–¿Definir mis prioridades?

–Exacto. Trata de no atar tu vida con las cadenas de tu horario de trabajo. Céntrate en las cosas que tu conciencia y tu corazón te dicen que hagas. Cuando inviertas en ti mismo y empieces a elevar tu mente, tu cuerpo y tu personalidad a los más altos niveles, te sentirás casi como si tuvieras dentro un navegante personal que te dice qué cosas has de hacer para obtener los mejores resultados. Ya no te preocupará el reloj, y empezarás a vivir de verdad.

–¿Y cuál era ese sencillo subritual que ibas a enseñarme? –pregunté.

–Lee regularmente. Leer media hora diaria puede hacer maravillas. Pe-ro debo prevenirte: no leas cualquier cosa. Has de ser muy selectivo con lo que metes en el exuberante jardín de tu mente. Ha de ser algo inmensamente nutritivo; algo que sirva para perfeccionarte a ti mismo y a la calidad de tu vida.

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–¿Qué leían los sabios?

–Pasaban muchas horas leyendo y releyendo las enseñanzas de sus antepasados. Devoraban este tipo de literatura filosófica. Todavía los recuerdo sentados en pequeñas sillas de bambú y leyendo sus libros cu-riosamente encuadernados, con la sonrisa sutil del esclarecimiento di-bujada en sus labios. Fue en Sivana donde aprendí de verdad el poder de los libros y el principio de que un libro es el mejor amigo del sabio.

–Entonces ¿debo ponerme a leer todo libro bueno que caiga en mis manos?

–Sí y no. Yo nunca te diré que no leas todos los libros que puedas. Pe-ro recuerda, hay libros para saborear, libros para masticar y, por último, libros para tragar enteros. Eso me lleva a un nuevo punto.

–Que tienes hambre.

–No, John. –Rió–. Sólo quiero decirte que para sacar todo el jugo a un gran libro debes estudiarlo, no sólo leerlo. Repásalo de arriba abajo como haces cuando lees los contratos de tus grandes clientes. Trabaja con él, sé uno con el libro. Los sabios leían muchos de los libros de su biblioteca hasta diez y quince veces. Los trataban como si fueran do-cumentos sagrados de origen divino.

–Caray. ¿Tan importante es leer?

–Media hora diaria hará que rápidamente veas las enormes reservas de conocimiento que tienes a tu disposición. Si quieres ser mejor abogado, padre o amante, existen libros que te propulsan como un cohete en esa dirección. Todos los errores que puedas cometer en la vida han sido cometidos ya por quienes te precedieron. ¿Crees de veras que los desafíos a que te enfrentas son únicos?

–Nunca había pensado en eso, Julián. Pero entiendo lo que dices, y sé que tienes razón.

–Todos los problemas a que uno se enfrenta se han planteado ya ante-riormente –afirmó Julián–. Es más, todas las respuestas y soluciones están impresas en las páginas de los libros. Busca los libros adecuados.

Aprende cómo han hecho otros para manejar esos problemas que ahora se te plantean a ti. Aplica sus estrategias y las mejoras que vas a notar en tu vida te sorprenderán.

–¿A qué te refieres con los «libros adecuados»? –pregunté, percatándome de que la argumentación de Julián era excelente.

–Eso lo dejo a tu albedrío. Personalmente, y desde que he vuelto del Himalaya, paso gran parte del día leyendo biografías de hombres y mujeres que admiro.

–¿Puedes recomendarle algún título a un joven entusiasta? –pregunté con una sonrisa.

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–Claro. Te encantará la biografía de Benjamín Franklin. Podrías sacar una buena dosis de ímpetu de la autobiografía de Mahatma Gandhi. Te sugiero también que leas Siddhartha, de Hermann Hesse, la filosofía superpráctica de Marco Aurelio y algunas cosas de Séneca. No estaría mal que leyeras Piensa y hazte rico, Napoleón Hill. Yo lo leí la semana pasada y creo que es muy profundo.

– ¡Piensa y hazte rico! –exclamé–. Pero yo creía que habías dejado to-do eso a raíz de tu ataque. La verdad es que estoy asqueado de todos esos manuales para hacer dinero.

–Estoy de acuerdo –dijo Julián con todo el afecto y la paciencia de un sabio y cariñoso abuelo–. Yo también quisiera restituir su carácter ético a nuestra sociedad. Ese librito no es sobre ganar dinero sino sobre ganar vida. Seré el primero en decirte que no es igual ser rico que ser feliz. Yo he conocido la opulencia y sé de lo que hablo. Piensa y hazte rico trata de la abundancia, también la espiritual, y de cómo atraer hacia uno las cosas buenas. Quizá te convendría leerlo. Pero no quiero insistir.

–Perdona, Julián, no quería parecer un abogado agresivo –dije a modo de disculpa–. Supongo que a veces me dejo dominar por el mal genio.

Otra cosa que necesito mejorar. Te agradezco mucho todo lo que me estás diciendo.

–Tranquilo. Lo que me interesa es que leas y no dejes de leer. ¿Quieres saber otra cosa interesante?

–¿Qué?

–No es lo que tú sacas de los libros lo que enriquece tanto; lo que al final cambiará tu vida es lo que los libros consigan sacar de ti. Mira, John, los libros en realidad no te enseñan nada nuevo. Los libros te ayudan a ver lo que ya está dentro de ti. El esclarecimiento consiste en eso. Después de mucho viajar y explorar, descubrí que he vuelto al punto donde empecé siendo un niño. Pero ahora me conozco a mí mismo, sé todo lo que soy o puedo ser.

–Entonces ¿el Ritual del Saber Abundante consiste en leer y en explorar la riqueza de información que está ahí?

–En parte. De momento lee media hora diaria. El resto vendrá por sí solo –dijo Julián con tono misterioso.

–Muy bien. ¿Cuál es el quinto ritual?

–Es el de la Reflexión Personal. Los sabios creían firmemente en el poder de la contemplación. Dedicando un tiempo a conocerte a ti mismo, conectarás con una dimensión de tu ser que desconocías.

–Suena muy profundo…

–Pues es de lo más práctico. Todos tenemos talentos dormidos en 81

nuestro interior. Dedicando un tiempo a conocerlos, lo que hacemos es avivarlos. Sin embargo, la contemplación interior va todavía más allá.

Con esta práctica serás más fuerte, más sabio y estarás en paz contigo mismo. Es muy gratificante.

–Todavía no veo clara la idea, Julián.

–Es lógico. También a mí me resultó rara la primera vez. Pero reducida a su versión más básica, la reflexión personal no es otra cosa que el hábito de pensar.

–¿Es que no pensamos todos? ¿No forma parte del ser humano?

–La mayoría de nosotros piensa, sí. El problema es que la gente piensa lo justo para sobrevivir. Con este ritual estoy hablando de pensar para prosperar. Cuando leas la biografía de Franklin verás a lo que me refiero. Cada tarde, tras un día de productivo trabajo, Franklin se retiraba a un rincón silencioso de su casa y reflexionaba sobre la jornada. Repa-saba todos sus actos, si habían sido positivos y constructivos o, por el contrario, negativos. Sabiendo lo que hacía mal, podía tomar medidas para mejorar y avanzar por el camino del autodominio. Es lo mismo que hacían los sabios. Cada noche se retiraban al santuario de sus respectivas chozas y se sentaban a meditar. El yogui Raman llevaba incluso un inventario de sus actividades cotidianas.

–¿Qué clase de cosas escribía? –pregunté.

–Primero hacía una lista de todas sus actividades, desde el cuidado personal a su relación con los otros sabios y a sus incursiones al bosque en busca de leña y comida fresca. También anotaba los pensamientos que había tenido durante ese día en concreto.

–Pero eso es muy difícil. Yo casi no recuerdo lo que pensé hace cinco minutos, imagínate hace doce horas.

–La cosa cambia si practicas este ritual diariamente. Verás, todo el mundo puede conseguir los mismos resultados que yo. Cualquiera. El problema es que hay mucha gente que sufre de esa terrible enfermedad llamada excusítís.

–Creo que la tuve cuando era pequeño –dije, sabiendo perfectamente lo que mi sabio amigo estaba diciendo.

–¡No pongas más excusas y hazlo! –exclamó Julián con convicción.

–¿Hacer qué?

–Sentarte a pensar. Tomar el hábito de la introspección personal.

Cuando terminaba la lista de lo que había hecho y pensado, el yogui Raman hacía una valoración completa en una columna aparte. Viendo por escrito sus actividades y pensamientos, se preguntaba si eran de naturaleza positiva. En ese caso, decidía seguir dedicando su energía a ellos, pues a la larga le reportarían grandes beneficios.

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–¿Y si eran negativos?

–Entonces tomaba medidas claras para deshacerse de ellos.

–Un ejemplo no me vendría mal.

–¿Puede ser personal? –preguntó Julián.

–Claro, me encantará conocer alguno de tus más íntimos pensamientos –dije.

–En realidad estaba pensando en los tuyos.

Los dos nos echamos a reír como chiquillos.

–Está bien. Siempre te has salido con la tuya.

–Bueno. Repasemos algunas de las cosas que has hecho hoy. Anótalas en ese papel que hay sobre la mesita –pidió Julián.

Empecé a comprender que algo importante estaba a punto de ocurrir.

Era la primera vez en años que me tomaba un poco de tiempo para reflexionar sobre las cosas que hacía y que pensaba. ¿Por qué no? A fin de cuentas, ¿cómo iba a perfeccionarme si aún no me había tomado la molestia de averiguar qué tenía que perfeccionar?

–¿Por dónde empiezo? –pregunté.

–Por lo que hiciste esta mañana y ve siguiendo. Anota lo más destaca-do, todavía tenemos mucho que hacer y quisiera volver a la fábula del yogui Raman dentro de un rato.

–Bien. Mi gallo electrónico me despertó a las seis y media –bromeé.

–Ponte serio y continúa –replicó Julián.

–De acuerdo. Me duché y afeité, agarré una galleta y me fui corriendo al trabajo.

–¿Qué hay de tu familia?

–Todos dormían. En fin, en cuanto llegué a la oficina, vi que mi cita de las siete y media llevaba allí esperando desde las siete, y ¡estaba furio-so!

–¿Cuál fue tu reacción?

–Rebelarme, ¿qué iba a hacer, si no, dejar que me pisoteara?

–Mmm. Bueno. ¿Qué pasó después?

–La cosa fue de mal en peor. Llamaron de los juzgados para decir que el juez Wildabest quería verme en su despacho y que si no estaba allí antes de diez minutos «rodarían cabezas». Te acuerdas de Wildabest,

¿verdad? El que te declaró en rebeldía cuando estacionaste tu Ferrari en su plaza de aparcamiento. –Me reí a carcajadas.

–Tenías que sacar a relucir eso, ¿verdad? –replicó Julián, revelando en su mirada un resto de aquel malicioso centelleo por el que una vez se había hecho famoso.

–Bien, corrí hasta la audiencia y tuve una discusión con uno de los secretarios. Cuando regresé a la oficina, me esperaban veintisiete mensa-83

jes telefónicos, todos con la etiqueta «urgente». ¿Sigo?

–Adelante.

–Ya de regreso, Jenny me llamó al coche y me pidió que parase en ca-sa de su madre para recoger una de esas tartas que han hecho célebre a mi suegra. El problema fue que cuando tomé la salida para ir allí, me vi metido en uno de los atascos más impresionantes del siglo. Total, que allí estaba yo, en plena hora punta, con un calor de mil demonios, rabiando de estrés y sintiendo que se me escapaba el tiempo.

–¿Cómo reaccionaste?

–Maldije el tráfico –dije con sinceridad–. De hecho me puse a gritar dentro del coche. ¿Quieres saber qué dije?

–No creo que esas cosas puedan nutrir el jardín de mi mente –

respondió Julián con una sonrisa.

–Como fertilizante tal vez servirían.

–No, gracias. Podemos detenernos aquí. Reflexiona un momento. Evidentemente, visto a posteriori, hay algunas cosas que habrías hecho de otra manera si hubieras tenido ocasión.

–Evidentemente.

–¿Como cuáles?

–Mmm. Bien, primero, en un mundo perfecto yo me levantaría más temprano. No creo que me esté haciendo ningún favor ir siempre a toda velocidad. Me gustaría tener un poco de paz por la mañana, para ir acomodándome al día poco a poco. Esa técnica del Corazón de la Rosa podría funcionar bien aquí. También me gustaría poder desayunar con el resto de la familia, aunque sólo fuera para compartir unos cereales.

Me daría más sensación de equilibrio. Siempre tengo la impresión de que no paso tiempo suficiente con Jenny y los chicos.

–El mundo es perfecto, y tu vida también lo es. Tú tienes el poder de controlar tu jornada. Tú tienes el poder de pensar cosas buenas y positivas, el poder de vivir tus sueños –observó Julián, subiendo el tono de voz.

–Ahora empiezo a sentir que puedo cambiar.

–Estupendo. Sigue reflexionando sobre lo que hiciste hoy.

–Bien, ojalá no le hubiera gritado a mi cliente. Ojalá no hubiera discu-tido con el secretario y ojalá no le hubiera gritado al tráfico.

–Al tráfico no le importa, ¿verdad?

–Sigue siendo tráfico y nada más –dije.

–Creo que has comprendido el poder de la Reflexión Personal. Anali-zando lo que haces y en qué inviertes tu tiempo, estás estableciendo un baremo para medir tu perfeccionamiento. El único modo de mejorar mañana es saber qué has hecho mal hoy.

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–¿Y meditar un plan definido para que eso no vuelva a pasar? –añadí.

–Ni más ni menos. Cometer errores no es nada malo. Forman parte de la vida y son esenciales para el crecimiento personal. Como en el dicho

«la felicidad es fruto del buen criterio, el buen criterio es fruto de la experiencia, y la experiencia es fruto del mal criterio». Lo que sí es malo es cometer una y otra vez los mismos errores. Eso demuestra una falta de conciencia de sí mismo, la cualidad que precisamente distingue a los humanos de los animales. Sólo el ser humano es capaz de distanciarse de sí mismo y analizar lo bueno y lo malo de sus actos. Los perros no pueden. Los pájaros tampoco. Ni siquiera los monos. Pero tú sí puedes.

En eso consiste precisamente el Ritual de la Reflexión Personal. Averigua lo que está bien y lo que está mal en tu vida. Y luego trata de hacer mejoras.

–Son muchas cosas en que pensar, Julián –dije.

–El sexto ritual se llama Ritual del Despertar Anticipado.

–Aja. Creo que ya sé lo que viene ahora.

–Uno de los mejores consejos que recibí en aquel remoto paraíso de Sivana fue levantarme con el sol y empezar bien el día. En general dormimos más de lo necesario. Por término medio, una persona puede pasar con seis horas de sueño y estar perfectamente sana. En realidad, dormir no es más que un hábito y, como cualquier otro hábito, tú puedes entrenarte para conseguir el resultado que buscas: en este caso, dormir menos.

–Es que si me levanto antes, me siento cansadísimo –dije.

–Los primeros días estarás muy cansado, no lo voy a negar. Puede que incluso te sientas así toda una semana. Mira, tómalo como una pequeña dosis de molestia a cambio de un beneficio a largo plazo. Siempre sentirás cierta incomodidad cuando intentes establecer un nuevo hábito. Es como estrenar unos zapatos nuevos: al principio cuesta llevarlos, pero pronto te sientes cómodo con ellos. Como te he dicho antes, el dolor suele preceder a todo desarrollo personal. No lo temas, al contrario.

–Está bien, me gusta la idea de procurar despertarme antes. Pero

¿qué significa ese «antes»?

–Otra buena pregunta. No existe un momento ideal. Como todo lo que te he dicho hasta ahora, haz lo que creas correcto. Y recuerda la adver-tencia del yogui Raman: «Huir de los extremos, moderación ante todo.»

–Levantarse con el sol me parece exagerado.

–Pues no lo es. Pocas cosas hay más naturales que levantarse cuando despunta el día. Los sabios creían que el sol era un regalo del cielo y, si bien procuraban no exponerse demasiado, tomaban regularmente el sol e incluso podías verlos a menudo bailando alegremente en la primera 85

luz de la mañana. Yo creo que ésta es otra de las claves de su longevidad.

–¿Tú tomas el sol? –pregunté.

–Por supuesto. El sol me rejuvenece. Cuando estoy cansado, el sol me pone de buen humor. En la antigua cultura oriental, se creía que el sol estaba relacionado con el alma. La gente lo adoraba pues hacía que crecieran sus cultivos. Los rayos del sol liberan tu vitalidad y renuevan tu dinamismo emocional y físico. Es un remedio buenísimo, siempre que lo tomes con moderación. Vaya, me estoy apartando del tema. La clave está en despertarse temprano cada día.

–Mmm. ¿Y cómo introduzco este hábito en mi rutina diaria?

–Te daré un par de consejos. En primer lugar, no olvides que lo que cuenta es la calidad del sueño, no la cantidad. Es mejor dormir seis horas seguidas profundamente, que diez horas dando vueltas en la ca-ma. Se trata de proporcionar a tu cuerpo el descanso necesario para que sus procesos naturales puedan restaurar tu dimensión física a su estado natural de salud, un estado que sufre las consecuencias del es-trés diario. Muchos de los hábitos de los sabios se basan en el principio de que lo importante es descansar bien, no dormir mucho. Por ejemplo, el yogui Raman nunca comía después de las ocho de la tarde. Decía que la subsiguiente actividad digestiva podía reducir la calidad de su sueño.

Otro ejemplo era el hábito de meditar al son de sus arpas inmediatamente antes de irse a acostar.

–¿Qué sentido tenía hacerlo?

–Deja que te haga una pregunta. ¿Qué haces tú antes de irte a dormir?

–Veo las noticias con Jenny como la mayoría de la gente que conozco.

–Me lo imaginaba –dijo Julián con un misterioso destello en sus ojos.

–No lo entiendo. ¿Qué hay de malo en ponerse un poco al día antes de acostarse?

–Los diez minutos previos a acostarse y los diez minutos siguientes al despertar influyen mucho en tu subconsciente. En esos momentos tu mente debería estar programada con pensamientos serenos e inspiradores.

–Hablas como si la mente fuese un ordenador.

–Pues no vas desencaminado; lo que introduces es lo que obtienes después. Lo más importante es que el programador eres tú y nadie más. Determinando los pensamientos que entran en tu mente estás de-terminando lo que saldrá. Antes de ir a acostarte, no mires las noticias ni discutas con nadie ni repases mentalmente los acontecimientos del día. Relájate. Toma una infusión, si quieres. Escucha algo de música 86

clásica suave y disponte a dejarte llevar por un sueño reparador.

–Entiendo. Cuanto mejor duerma, menos horas de sueño necesitaré.

–Exacto. Y no olvides la Regla del Veintiuno: si haces algo durante veintiún días seguidos, se convertirá en un hábito. Así pues, aguanta tres semanas levantándote temprano antes de rendirte porque resulta demasiado incómodo. Para entonces ya será una cosa habitual. Dentro de poco tiempo podrás levantarte tranquilamente a las cinco y media o incluso a las cinco, dispuesto a saborear el esplendor de un día glorioso.

–De acuerdo, pongamos que me levanto cada día a las cinco y media.

¿Qué hago entonces?

–Tus preguntas demuestran que piensas, amigo mío. Te lo agradezco.

Una vez en pie, hay muchas cosas que puedes hacer. El principio fundamental que debes tener presente es la importancia de empezar el día bien. Como te sugería, lo que piensas y lo que haces en los diez primeros minutos del día tiene un pronunciado efecto en el resto de la jornada.

–¿En serio?

–Desde luego. Piensa cosas positivas. Ofrece una oración de gracias por todo lo que tienes. Trabaja tu lista de gratitudes. Escucha buena música. Ve salir el sol o, si te apetece, ve a dar un corto paseo en un entorno natural. Los sabios se echaban a reír sólo para sentir cómo fluí-

an cada mañana los «jugos de la felicidad».

–Julián, hago todo lo posible por asimilar tus enseñanzas, y creo que estarás de acuerdo en que no lo hago mal para ser un novato. Pero eso suena muy extraño, incluso para un grupo de monjes perdidos en el Himalaya.

–Pero no lo es. Adivina cuántas veces se ríe por término medio un niño de cuatro años.

–Vete tú a saber.

–Yo lo sé. Trescientas. Ahora adivina cuántas veces se ríe por término medio un adulto en nuestra sociedad durante un día.

–¿Cincuenta?

–Más bien quince –dijo Julián, sonriendo satisfecho–. ¿Entiendes ahora? Reír es una medicina para el alma. Aunque no tengas ganas, mírate al espejo y ríe durante un par de minutos. Te sentirás de fábula, te lo aseguro. William James dijo: «No reímos porque seamos felices. Somos felices porque reímos.» Así que empieza el día con buen pie. Ríe, juega y da gracias por todo lo que tienes. De este modo cada día estará lleno de exquisitas recompensas.

–¿Qué hay que hacer para empezar con buen pie?

–En realidad, yo he desarrollado una rutina matinal bastante sofistica-87

da donde entra de todo, desde el Corazón de la Rosa a tomar un par de vasos de zumo recién exprimido. Pero hay una estrategia en concreto que me gustaría compartir contigo.

–Debe de ser importante.

–En efecto. Poco después de levantarte, ve a tu santuario de silencio.

Concéntrate. Luego hazte esta pregunta: ¿qué haría hoy si fuera mi último día? La clave está en comprender el verdadero significado de la pregunta. Haz una lista mental de las cosas que harías, la gente a la que llamarías y los momentos que te gustaría saborear. Imagínate haciendo estas cosas con gran energía. Visualiza cómo tratarías a tu familia y a tus amigos. Piensa incluso cómo tratarías a un perfecto desconocido si fuera tu último día en este planeta. Como he dicho antes, si vives cada día como si fuera el último, tu vida adopta una calidad mági-ca. Y esto me lleva al séptimo de los rituales de la Vida Radiante: el Ritual de la Música.

–Creo que éste me va a gustar –dije.

–No me cabe duda. A los sabios les encantaba la música. Los estimulaba igual que el sol. La música los hacía reír, bailar y cantar. Lo mismo sirve en tu caso. Jamás olvides el poder de la música. Invierte un poco de tiempo cada día, aunque sea sólo escuchar alguna pieza suave mientras vas en coche al trabajo. Cuando te sientas decaído o cansado, pon un poco de música. Es uno de los mejores motivadores que conozco.

–¡Aparte de ti! –exclamé–. Nada más escucharte ya me siento de maravilla. Realmente has cambiado, Julián, y no sólo externamente. Tu antiguo cinismo ha desaparecido. Lo mismo que tu negatividad y tu agresividad. Das la impresión de estar realmente en paz contigo mismo. Esta noche me has conmovido.

–¡Espera, todavía hay más! –exclamó Julián levantando un puño–. Si-gamos.

–Adelante.

–Muy bien. El octavo ritual es el de la Palabra Hablada. Los sabios te-nían una serie de mantras que recitaban mañana, tarde y noche. Me decían que esta práctica era muy efectiva para mantenerse concentra-do, fuerte y feliz.

–¿Qué es un mantra?

–Una serie de palabras unidas para crear un efecto positivo. En sánscrito, man, significa «mente» y ira «liberar». Por lo tanto, mantra es una frase pensada para liberar la mente. Y créeme, John, los mantras logran su objetivo de una manera poderosa.

–¿Utilizas mantras en tu rutina diaria?

–Desde luego. Son mis fieles compañeros allá donde voy. Tanto si voy 88

en autobús como si camino hacia la biblioteca o contemplo el mundo sentado en un parque, los mantras me sirven para afirmar todo lo bueno que hay en mi mundo.

–Entonces son hablados.

–No forzosamente. Las afirmaciones escritas también son muy efectivas. Pero he comprobado que repetir un mantra en voz alta tiene un efecto maravilloso sobre mi espíritu. Cuando necesito sentirme motivado, puedo repetir una frase dos o trescientas veces. Por ejemplo, para mantener la sensación de auto-confianza que he venido cultivando, repito: «Soy fuerte, capaz y tranquilo.» También utilizo mantras para mantenerme joven y vital –admitió Julián.

–¿Un mantra para mantenerse joven?

–Las palabras afectan profundamente a la mente. Sean habladas o escritas, su influjo es muy poderoso. Aunque lo que dices a los demás es importante, lo es más lo que te dices a ti mismo.

–¿Una especie de monólogo?

–En cierto modo. Tú eres eso que piensas todo el día. Eres también lo que te dices a ti mismo todo el día. Si dices que estás viejo y cansado, este mantra se manifestará en tu realidad exterior. Si dices que eres débil y careces de entusiasmo, así será tu mundo. Pero si dices que eres sano, dinámico y pleno de vida, tu vida cambiará radicalmente.

Las palabras que te dices a ti mismo afectan a tu autoimagen y ésta determina qué medidas tomas. Por ejemplo, si tu autoimagen es la de una persona que carece de confianza para hacer algo valioso, sólo podrás hacer cosas que se avengan a este rasgo. Por el contrario, si tu autoimagen es la de un individuo radiante que no le teme a nada, tus actos, una vez más, se corresponderán con esta característica. La autoimagen es una especie de profecía que se cumple por sí sola.

–Explícate.

–Si crees que eres incapaz de hacer algo, pongamos encontrar ese socio perfecto o vivir sin estrés, tus creencias afectarán tu autoimagen.

Del mismo modo, tu autoimagen te impedirá dar los pasos necesarios para encontrar al socio perfecto o procurarte una vida de serenidad. De hecho, saboteará cualquier esfuerzo que puedas hacer en ese sentido.

–¿Por qué funciona así?

–Muy sencillo. Tu autoimagen es una especie de gobernador, jamás te dejará actuar de un modo que no concuerde con ella. Lo bonito es que tú puedes cambiar tu autoimagen como puedes cambiar todo lo demás.

Los mantras son un método ideal para lograrlo.

–Y cuando cambio mi mundo interior, cambio también mi mundo exterior –dije.

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–Aprendes muy deprisa –repuso Julián, haciendo la señal del pulgar levantado como en sus tiempos de estrella de la abogacía–. Eso nos lleva al noveno ritual de la Vida Radiante. Se llama el Ritual del Carácter Congruente. Viene a ser una derivación del concepto de autoimagen que comentábamos antes. En pocas palabras, este ritual exige que tomes medidas adicionales para fraguar tu carácter. Fortalecer tu personalidad afecta a tu forma de verte y a tus actos. Esos actos, unidos, forman tus hábitos, y tus hábitos son los que te conducen a tu destino.

El yogui Raman lo expresó mejor cuando dijo: «Siembras un pensamiento, cosechas una acción. Cosechas una acción, siembras un hábito.

Siembras un hábito, cosechas un carácter. Siembras un carácter, cosechas un destino.»

–¿Qué cosas debería hacer para fraguar mi carácter?

–Todo lo que cultive tus virtudes. Antes de que me preguntes qué quiero decir con «virtudes», deja que te aclare el concepto. Los sabios del Himalaya estaban convencidos de que una vida virtuosa era una vi-da con sentido. En consecuencia, regían todos sus actos por una serie de principios imperecederos.

–Creí que habías dicho que se regían por un propósito –objeté.

–Sí, y así es, pero la vocación de su vida incluía una manera de vivir congruente con estos principios, los mismos que sus antepasados habí-

an atesorado a lo largo de miles de años.

–¿Cuáles son esos principios, Julián?

–Laboriosidad, compasión, humildad, paciencia, honestidad y coraje.

Cuando todos tus actos sean congruentes con estos principios, sentirás una profunda sensación de armonía y paz interiores. Vivir así conducirá inevitablemente a tu éxito espiritual. ¿Por qué? Porque estarás haciendo lo correcto. Tus actos estarán en concordancia con las leyes de la naturaleza y del universo. Es entonces cuando empiezas a beneficiarte de la energía de esa otra dimensión, llámalo poder superior, si quieres. También es entonces cuando tu vida se adentra en el reino de lo extraordinario y empiezas a experimentar lo sagrado de tu existencia. Es el primer paso para un esclarecimiento duradero.

–¿Tú has pasado por esa experiencia? –pregunté.

–Sí, y estoy seguro de que tú lo lograrás. Obra de manera congruente con tu verdadera personalidad. Obra con integridad. Déjate guiar por tu corazón. Lo demás vendrá por sí mismo. Nunca estás solo, John.

–¿Qué quieres decir?

–Te lo explicaré en otro momento. Por ahora, recuerda que debes hacer pequeñas cosas cada día para fraguar tu carácter. Como dijo Emerson: «El carácter es siempre superior al intelecto.» Tu carácter se 90

fragua cuando obras de un modo acorde con los principios que he mencionado antes. Si no lo haces así, la verdadera felicidad se te escapará de las manos.

–¿Y el último ritual?

–Es el importantísimo Ritual de la Simplicidad, el que exige que vivas una vida sencilla. Como decía el yogui Raman, «no hay que vivir en el meollo de las cosas nimias. Concéntrate en tus prioridades, en esas actividades que tienen verdadero sentido. Tu vida será gratificante y ex-cepcionalmente apacible. Te doy mi palabra».

»Tenía razón. En cuanto empecé a separar el grano de la paja, la armonía ocupó mi vida. Dejé de vivir al ritmo frenético a que ya me había acostumbrado. Dejé de vivir en el ojo del huracán. Lo que hice fue aflo-jar la marcha y dedicar un tiempo a aspirar la fragancia de las prover-biales rosas.

–¿Qué hiciste para cultivar la simplicidad?

–Dejé de usar ropa cara, abandoné mi adicción a leer seis periódicos al día, olvidé la necesidad de estar siempre disponible para todo el mundo, me volví vegetariano y comí menos. En resumidas cuentas, reduje mis necesidades. Mira, John, a menos que reduzcas tus necesidades nunca te sentirás satisfecho. Serás como aquel empedernido jugador de Las Vegas que siempre esperaba «sólo una vuelta más» de la ruleta con la esperanza de que apareciera su número de la suerte. Siempre que-rrás más. ¿Cómo vas a ser feliz así?

–Pero antes has dicho que la felicidad se consigue con la realización. Y

ahora me dices que reduzca mis necesidades y me contente con menos.

¿No es paradójico?

–Muy bien expuesto, John. Puede parecer una contradicción, pero no lo es. La felicidad duradera viene, es cierto, de esforzarse en realizar tus sueños. Tu mejor momento es cuando te mueves hacia adelante. La clave está en no hipotecar tu felicidad en la búsqueda de ese elusivo El-dorado. Por ejemplo, aunque yo era multimillonario, me decía que el éxito para mí era tener trescientos millones de dólares en mi cuenta bancaria: una receta para el desastre.

–¿Trescientos millones? –pregunté boquiabierto.

–Ni más ni menos. Por consiguiente, por más dinero que tuviera, nunca estaba satisfecho. Nunca era feliz. En el fondo no era más que codi-cia. No tengo problema en admitirlo ahora. Era un poco como la historia del rey Midas.

–El hombre que amaba tanto el oro que llegó a rezar para que todo lo que él tocase se convirtiera en ese metal. Su deseo le fue concedido.

Pero entonces el rey se dio cuenta de que no podía comer porque la 91

comida se había vuelto de oro, y así sucesivamente.

–Exacto. En la misma línea, a mí me movía tanto el dinero que no sabía disfrutar de todo lo que tenía. Sabes, llegó un momento en que lo único que podía ingerir era pan y agua –dijo Julián con aire pensativo.

–¿Lo dices en serio? Siempre creí que comías en los mejores restaurantes y acompañado de famosos.

–Eso fue al principio. Poca gente lo sabe, pero mi ritmo de vida des-equilibrado me provocó una úlcera. Era incapaz de comer una salchicha sin tener ganas de vomitar. ¡Figúrate! Con tanto dinero y sólo podía comer pan y agua. Era patético. –Julián se contuvo–. Pero ya no vivo en el pasado. Fue otra de las grandes lecciones de la vida. Como te he dicho antes, el dolor es un magnífico maestro. Para superar el dolor, tuve primero que experimentarlo. Sin él no estaría donde estoy ahora –

dijo estoicamente.

–¿Alguna idea sobre lo que debería hacer para integrar en mi vida el Ritual de la Simplicidad? –pregunté.

–Puedes hacer muchas cosas. Incluso las más pequeñas son importantes.

–¿Por ejemplo?

–Deja de levantar el teléfono cada vez que suena, deja de malgastar el tiempo leyendo propaganda de buzón, deja de comer fuera tres veces por semana, renuncia a tu club de golf y pasa más tiempo con tus chicos, prescinde del reloj un día a la semana, ve salir el sol de vez en cuando, vende tu teléfono móvil y tira el busca a la basura. ¿Continúo?

–preguntó retóricamente.

–Entiendo. Pero ¿vender el móvil? –pregunté nervioso, como un bebé ante la sugerencia de que le corten el cordón umbilical.

–Como te dije, mi misión es compartir contigo las enseñanzas que recibí durante mi viaje. No es preciso que apliques todas y cada una de las estrategias para que tu vida funcione. Prueba las técnicas y usa las que te parezcan mejor.

–Ya. Nada de extremismos, moderación ante todo.

–Exacto.

–Debo reconocer que cuanto me dices parece estupendo. Pero ¿estás seguro de que esas técnicas traerán consigo un cambio radical en sólo treinta días?

–Puede que con menos. O puede que más –dijo Julián, con su clásica mirada traviesa.

–Ya estamos otra vez. Explícate, oh, sabio.

–«Julián» es suficiente, aunque eso de «sabio» habría quedado muy bien en mi antiguo membrete –bromeó–. Digo que serán menos de

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treinta días porque el verdadero cambio es espontáneo.

–¿Espontáneo?

–Sí, es algo que pasa en un abrir y cerrar de ojos, desde el momento en que decides en el fondo de tu alma que vas a elevar tu vida al más alto nivel. A partir de ahí serás otra persona, estarás en la senda de tu destino.

–¿Y por qué más de treinta días?

–Yo te aseguro que, practicando estas técnicas, verás mejoras claras en el plazo de un mes a partir de ahora mismo. Tendrás más energía, menos preocupaciones, más creatividad y menos estrés en todos los aspectos de tu vida. No obstante, has de saber que los métodos de los sabios no son cosa de coser y cantar. Se trata de tradiciones antiquísimas pensadas para su aplicación cotidiana y para el resto de tu vida. Si dejas de emplearlas, irás cayendo paulatinamente en tus viejos hábitos.

Cuando Julián terminó de explicar los diez rituales de la Vida Radiante, hizo una pausa.

–Sé que quieres que siga, y eso voy a hacer. Estoy tan convencido de lo que te digo, que no me importa tenerte despierto toda la noche. Quizá sea el momento apropiado para ahondar un poco más.

–¿Qué quieres decir? Yo creo que todo lo que me has explicado es muy profundo –dije.

–Los secretos que he compartido contigo te permitirán a ti y a cuantos estén en contacto contigo crear la vida deseada. Lo que te he enseñado hasta ahora ha sido muy práctico. Pero debes saber algo acerca de la corriente espiritual que subyace a los principios que he bosquejado. Si no entiendes de qué hablo, no te preocupes de momento. Tómalo como es y ya lo irás asimilando más tarde.

–Cuando el alumno esté listo, aparecerá el maestro.

–Exactamente –dijo Julián sonriendo–. Siempre has aprendido deprisa.

–De acuerdo, oigamos la parte filosófica –dije, ajeno al hecho de que eran casi las dos y media de la madrugada.

–Dentro de ti están el sol, la luna, el cielo y todas las maravillas del universo. La inteligencia que creó esas maravillas es la misma fuerza que te creó a ti. Todo cuanto te rodea procede de la misma fuente. Todos somos uno.

–No sé si lo entiendo.

–Todos los seres que pueblan la tierra, todas las cosas que contiene, tienen un alma. Todas las almas fluyen hacia una sola, que es el Alma del Universo. Verás, John, cuando nutres tu mente y tu espíritu, en realidad estás alimentando el Alma del Universo. Cuando te perfeccionas, 93

estás perfeccionando las vidas de quienes te rodean. Y cuando tienes el coraje de avanzar con confianza en la dirección de tus sueños, empiezas a beneficiarte del poder del universo. Como te dije antes, la vida da lo que tú le pides. La vida siempre está escuchando.

–¿El autodominio y el kaizen me ayudarán a ayudar a otros?

–Algo así. En la medida en que enriquezcas tu mente, cuides tu cuerpo y alimentes tu espíritu, acabarás comprendiéndolo.

–Julián. Sé que tienes buenas intenciones. Pero el autodominio es un ideal bastante elevado para un hombre obeso como yo que ha pasado más tiempo desarrollando una clientela que desarrollando su propia persona. ¿Qué pasa si fracaso?

–El fracaso es no tener el coraje de intentarlo, ni más ni menos. Lo único que se interpone entre la gente y sus sueños es el miedo al fracaso. Sin embargo, el fracaso es esencial para triunfar. El fracaso nos po-ne a prueba y nos permite crecer. Nos guía, además, por el camino del esclarecimiento. Los maestros de Oriente dicen que cada flecha que da en la diana es el resultado de cien flechas erradas. Sacar partido de la pérdida es una ley fundamental de la naturaleza. No temas al fracaso.

El fracaso es tu amigo.

–¿Convertirse al fracaso? –pregunté, incrédulo.

–El universo favorece a los valientes. Cuando decidas elevar tu vida a su más alto nivel, la fuerza de tu alma te guiará. El yogui Raman creía que el destino de cada uno está escrito desde el momento de nacer. Es un camino que conduce siempre a un lugar mágico lleno de valiosos tesoros. Cada individuo debe desarrollar el coraje necesario para avanzar por ese camino. Él me contó una historia aleccionadora.

»Una vez, en la antigua India, había un gigante malo que poseía un magnífico castillo con vistas al mar. Como el gigante había estado fuera muchos años guerreando, los niños del pueblo cercano solían ir a jugar al hermoso jardín del gigante. Un día, el gigante regresó y echó de su jardín a todos los niños. “¡No quiero veros más por aquí!”, bufó mientras cerraba con estruendo la gran puerta de roble. Luego levantó un enorme muro de mármol en torno al jardín para que no entraran los ni-

ños. Llegó el invierno, con el frío que es habitual en las zonas septen-trionales del subcontinente indio, y el gigante ansiaba que volviera el calor. La primavera iluminó el pueblo que había a los pies del castillo, pero las frías garras del invierno no abandonaron su jardín. Un día, el gigante percibió por fin las fragancias primaverales y notó que el sol entraba radiante por sus ventanas. “¡Por fin la primavera!”, exclamó, corriendo al jardín. Pero no estaba preparado para lo que vio. Los niños 94

del pueblo habían conseguido escalar la pared del castillo y estaban jugando en el jardín. Era debido a su presencia que el jardín se había transformado en un lugar exuberante poblado de rosas, margaritas y orquídeas. Todos los niños rieron de júbilo, excepto uno, que era mucho más bajo que los demás. Lloraba con desconsuelo pues no tenía fuerza suficiente para saltar el muro y jugar en el jardín. El gigante sintió lás-tima y, por primera vez en su vida, se arrepintió de su maldad. “Ayudaré a ese niño”, dijo, corriendo hacia él. Cuando los otros lo vieron venir, huyeron del jardín temiendo por sus vidas. Pero el más pequeño se mantuvo firme. “Yo mataré al gigante. Defenderé nuestro lugar de re-creo”, dijo. Cuando el gigante se acercó al niño, abrió sus brazos y le dijo: “He venido a ayudarte a saltar el muro para que juegues en el jardín. A partir de ahora será tuyo.” El niño, convertido en héroe, se sintió muy feliz y regaló al gigante el collar de oro que siempre llevaba al cuello. “Es mi amuleto de la suerte. Quiero que lo lleves tú”, dijo.

Desde aquel día, los niños jugaron con el gigante en el jardín del castillo. Pero aquel valiente muchacho, que era el preferido del ogro, ya no volvió. Con el tiempo, el gigante enfermó y se debilitó. Los niños seguí-

an jugando en el jardín pero él ya no tenía fuerzas para estar con ellos.

En aquellos días, el gigante no pensaba en nadie más que en aquel muchacho. Un día de invierno especialmente crudo, el gigante miró por su ventana y vio algo milagroso: aunque la mayor parte del jardín estaba cubierta de nieve, en mitad del mismo había un estupendo rosal rebo-sante de flores espectaculares. Junto a las rosas estaba el niño en quien el gigante había pensando tanto. El muchacho sonreía dulcemente. El gigante corrió a abrazar al muchacho. “¿Dónde has estado todos estos años, mi joven amigo? Te he echado muchísimo de menos.” El muchacho dio una respuesta meditada: “Hace mucho tiempo me ayudaste a entrar en el jardín mágico. Ahora he venido para que entres tú en el mío.”

Más tarde, cuando los otros niños fueron a ver al gigante, lo hallaron inerme en el suelo. Estaba cubierto de pies a cabeza por millares de bellas rosas.

»Sé valiente, John, como aquel muchacho. Mantente firme y no pierdas de vista tus sueños. Ellos te conducirán a tu destino. Síguelo, y él te conducirá a las maravillas del universo. Y no pierdas de vista esas maravillas, pues ellas te conducirán a un jardín muy especial lleno de rosas.

Cuando miré a Julián para decirle que su historia me había conmovido profundamente, vi algo que me sobresaltó: aquel acerado gladiador de 95

los tribunales que había pasado gran parte de su vida defendiendo a los ricos y los famosos se había echado a llorar.

Resumen de acción del capítulo 9

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El símbolo:

La virtud:

Practicar el kaizen

La enseñanza:

96

El autodominio es el ADN del dominio de la vida

El éxito empieza por dentro

El esclarecimiento se logra mediante el cultivo constante de la mente, el cuerpo y el alma

Las técnicas:

Hacer las cosas que nos dan miedo

Los diez rituales de la Vida Radiante

Cita valiosa:

E! universo favorece a los valientes. Cuando decidas elevar tu alma a su mas alto nivel, la fuerza de tu alma te guiará a un lugar mágico re-pleto de valiosos tesoros.

DIEZ

El poder de la disciplina

Estoy convencido de que en este día somos dueños de nuestro destino, que la tarea que se nos ha impuesto no es superior a nuestras fuerzas, que sus acometidas no están por encima de lo que puedo soportar.

Mientras tengamos fe en nuestra causa y una indeclinable voluntad de vencer, la victoria estará a nuestro alcance.

WINSTON CHURCHILL

Julián siguió utilizando la fábula mística del yogui Raman como piedra angular de las enseñanzas que estaba compartiendo conmigo. Yo sabía que el jardín de mi mente era una mina de poder y potencialidad. Por el símbolo del faro, había aprendido la gran importancia de tener un propósito claro en la vida y la efectividad de marcarse objetivos. Mediante el ejemplo del luchador de sumo japonés, me había introducido en el 97

concepto del kaizen y en los beneficios que se derivarían del autodominio. Pero ignoraba que lo mejor estaba por venir.

–Recordarás que nuestro amigo el voluminoso luchador estaba desnudo.

–Sin contar el cable de alambre color de rosa que cubría sus partes pudendas –repuse animadamente.

–Cierto –asintió Julián–. El cable rosa servirá para recordarte el poder de la disciplina cuando quieres forjarte una vida más plena, feliz y esclarecida. Los maestros de Sivana eran sin duda las personas más sanas, contentas y serenas que he conocido jamás. Pero también las más disciplinadas. Estos sabios me enseñaron que la virtud de la autodisciplina es como un cable de alambre. ¿Alguna vez te has parado a exa-minar un cable, John?

–No es que sea una de mis prioridades, la verdad –admití con una sonrisa.

–Hazlo cuando tengas ocasión. Verás que consiste en muchos y diminutos alambres puestos uno encima de otro. Cada alambre por sí solo es fino y frágil. Pero todos juntos suman mucho más que sus partes, de forma que el cable es más fuerte que el hierro. Algo similar ocurre con el autocontrol y la fuerza de voluntad. Para tener una voluntad de hierro es esencial ofrecer pequeños tributos a la virtud de la disciplina personal. Convertidos en algo rutinario, estos actos van aglutinándose hasta producir finalmente una gran fuerza interior. Hay un viejo proverbio africano que lo expresa mejor: «Varias telarañas unidas pueden atrapar a un león.» Si liberas tu fuerza de voluntad te conviertes en dueño de tu mundo personal. Cuando practiques continuamente el viejo arte del autodominio, no habrá obstáculo ni crisis que no puedas superar. La autodisciplina te proporcionará las reservas mentales requeridas para perseverar cuando la vida te ponga a prueba.

»Déjame prevenirte de una cosa: la falta de fuerza de voluntad es una enfermedad mental –añadió Julián–. Si padeces esta debilidad, procura ponerle solución cuanto antes. La abundancia de fuerza de voluntad y de disciplina es uno de los principales atributos de todos aquellos con carácter fuerte y una vida maravillosa. La fuerza de voluntad te permite hacer lo que dijiste que harías: levantarte a las cinco de la mañana para cultivar tu mente mediante la meditación. O alimentar tu espíritu con un paseo por el bosque cuando la cama te reclama en un frío día de invierno. Es la fuerza de voluntad lo que te permite contener la lengua cuando alguien te insulta o hace algo con lo que no estás de acuerdo, lo que impulsa tus sueños cuando las alternativas parecen estar en contra, lo que te da la fuerza interior para ser fiel a tus compromisos para 98

con los demás y, sobre todo, para contigo mismo.

–¿De veras es tan importante?

–Es la virtud esencial de toda persona que se ha creado una vida llena de pasión, potencialidad y paz.

Julián sacó de su túnica un medallón de plata, de esos que se ven en una exposición sobre el Antiguo Egipto.

–No era necesario –bromeé.

– Los Sabios de Sivana me lo regalaron la última noche que pasé con ellos. Fue una jubilosa celebración entre miembros de una familia que vivía la vida al máximo. Fue también una de las noches más memorables, y más tristes, de mi vida. Yo no quería abandonar el nirvana de Sivana. Aquél era mi santuario, un oasis de cosas buenas. Los sabios se habían convertido en mis hermanos espirituales. Una parte de mi vida se quedó allá arriba, en el Himalaya.

–¿Qué dicen las palabras grabadas en el medallón?

–Te las leeré. No las olvides nunca, John. A mí me han ayudado mucho cuando la situación se ponía difícil. Rezo para que a ti también te con-suelen en momentos de apuro. Escucha:

Mediante el acero de la disciplina, forjarás un carácter colmado de coraje y de paz. Mediante la virtud de la voluntad, estás destinado a alcanzar el más alto ideal de la vida y a vivir en una mansión celestial llena de cosas buenas, de vitalidad y alegría. Sin ello, estás perdido como un marino sin brújula, ese marino que al final se hunde con su barco.

–Nunca he pensado en la importancia del autodominio –admití–, aunque algunas veces sí he deseado ser más disciplinado. ¿Estás diciendo con esto que la disciplina se puede desarrollar igual que mi hijo mayor desarrolla sus bíceps en el gimnasio?

–La analogía es excelente. Tú pones en forma tu fuerza de voluntad como tu hijo pone en forma su musculatura. Cualquier persona, por más débil o aletargada que pueda estar ahora, puede ganar en disciplina en un plazo relativamente corto. Gandhi es un buen ejemplo. Cuando la gente piensa en este santo moderno suele recordar a un hombre que podía estar semanas sin comer y soportar tremendos dolores en aras de sus convicciones. Pero si estudias la vida de Gandhi, verás que no siempre fue un maestro del autodominio.

–No me dirás que Gandhi era adicto al chocolate, ¿verdad?

–Claro que no, John. En su época de abogado en Sudáfrica, era pro-penso a arranques y exabruptos, y las disciplinas del ayuno y la meditación le eran tan extrañas como el sencillo taparrabos blanco que al fi-99

nal se convirtió en su seña de identidad.

–¿Sugieres que con una buena mezcla de adiestramiento y prepara-ción yo podría tener la misma fuerza de voluntad que Gandhi?

–Todos somos diferentes. Uno de los principios fundamentales que el yogui Raman me enseñó es que las personas realmente esclarecidas nunca buscan ser como otros, sino que persiguen ser superiores a su propio yo. No compitas con los demás. Compite contigo mismo –replicó Julián.

»Cuando tengas autodominio, dispondrás de fortaleza para hacer lo que siempre has querido hacer, tanto si es entrenarte para la maratón como si es dominar el arte del rajting o dejar la abogacía y dedicarte a la pintura. No te voy a juzgar, tus sueños son sólo tuyos. Sólo te digo que todas estas cosas estarán a tu alcance cuando cultives las reservas dormidas de tu fuerza de voluntad.

»Dotar a tu vida de autodominio y disciplina –añadió– te dará también una intensa sensación de libertad. Esto solo ya cambiará las cosas.

–¿A qué te refieres?

–La mayoría de las personas goza de independencia para ir a donde quiere y hacer las cosas que le gusta hacer. Pero muchas son esclavas de sus impulsos. Se han vuelto reactivas en vez de proactivas, esto es, son como la espuma del mar golpeando un acantilado, a merced de las mareas. Si están con la familia y alguien del trabajo telefonea diciendo que hay problemas, salen pitando de casa sin pensar qué actividad es más crucial para el conjunto de su bienestar y para el propósito de sus vidas. Después de lo que he observado en todos estos años, tanto aquí como en Oriente, digo que esas personas tienen autonomía pero carecen de libertad. Carecen del ingrediente clave para una vida llena de significado: la libertad para ver el bosque además de los árboles, la libertad de escoger lo que es justo por encima de lo que es apremiante.

Julián estaba en lo cierto. Por supuesto, yo no podía quejarme. Tenía una familia estupenda, una casa cómoda y un trabajo muy próspero.

Pero realmente no podía afirmar que hubiese alcanzado la libertad. Mi busca era para mí un apéndice tan valioso como mi brazo derecho. Yo siempre iba corriendo. Nunca parecía tener tiempo suficiente para co-municarme con Jenny, y pensar en un rato de tranquilidad en un futuro próximo me parecía tan probable como pensar en ganar la maratón de Boston. Cuanto más lo pensaba, más comprendía que probablemente no había llegado a probar el néctar de la verdadera e ilimitada libertad.

Supongo que era un esclavo de mis impulsos. Siempre hacía lo que los demás me decían que debía hacer.

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–¿Y seré más libre a base de fuerza de voluntad?

–La libertad es como una casa: se construye ladrillo a ladrillo. El primer ladrillo que deberías poner es la fuerza de voluntad. Es la virtud que te inspira a hacer lo correcto en cada momento. Te da la energía para obrar con coraje. Te da el control para vivir la vida que has imagi-nado, en vez de aceptar la vida que llevas.

Julián apuntó también los beneficios prácticos que se derivarían de cultivar la disciplina.

–Lo creas o no, desarrollar el poder de tu voluntad puede borrar el hábito de preocuparte, mantener tu salud y darte más energía de la que has tenido nunca. Mira, John, el autodominio no es sino control de la mente. La voluntad es la reina de los poderes mentales. Cuando dominas tu mente dominas tu vida. Para dominar la mente hay que empezar siendo capaz de controlar todos y cada uno de los pensamientos.

Cuando hayas desarrollado la habilidad de descartar todo pensamiento débil y centrarte sólo en los buenos y positivos, tu comportamiento será bueno y positivo. Pronto atraerás hacia tu vida las cosas que son buenas y positivas.

»Un ejemplo. Supongamos que uno de tus objetivos personales es levantarte cada mañana a las seis y salir a correr un poco por el parque cercano a tu casa. Supón que estamos en pleno invierno y que el despertador te saca de un sueño profundo y reparador. Tu primer impulso es apagarlo y seguir durmiendo. Bueno, ya irás a correr mañana. Esto se repite durante unos días hasta que decides que ya eres demasiado viejo para cambiar de hábitos y que el objetivo de ponerse en forma es poco realista.

–Me conoces muy bien –dije.

–Consideremos un guión distinto. Estamos aún en pleno invierno.

Suena el despertador y tú piensas en quedarte acostado. Pero en lugar de someterte a tus hábitos, opones a éstos ideas más poderosas. Empiezas a imaginarte en perfecta forma física, y cómo afecta eso a tu aspecto y tu manera de sentir, de actuar. Oyes los cumplidos de tus colegas cuando pasas frente a ellos con tu cuerpo esbelto y atlético. Te concentras en aquello que puedes lograr con la energía que te proporciona un programa regular de ejercicios. Se acabaron las noches ante el televisor porque estás demasiado cansado para hacer cualquier otra co-sa. Tu vida está llena de vitalidad, entusiasmo y significado.

–Pero imagina que lo hago y aún tengo ganas de seguir durmiendo en vez de salir a correr.

–Durante los primeros días te costará un poco, y sentirás ganas de volver a tus viejos hábitos. El yogui Raman tenía una fe ciega en uno de 101

estos principios ancestrales: lo positivo siempre vence a lo negativo. Si continúas rechazando los pensamientos débiles que con los años pueden haberse colado en el palacio de tu mente, al final verán que no son bienvenidos y su única opción será marcharse.

–¿Estás diciendo que los pensamientos son entes físicos?

–Sí, y están bajo tu control. Es tan fácil tener pensamientos positivos como tenerlos negativos.

–Pero entonces ¿por qué tanta gente se preocupa y sólo piensa en la información negativa que el mundo nos da?

–Porque no han aprendido el arte del autocontrol y el pensamiento disciplinado. Las personas con las que he hablado no tienen, en su mayoría, la menor idea de que poseen el poder de controlar todas y cada una de las cosas que piensan, en cada momento de cada día de sus vidas. Creen que los pensamientos ocurren y basta, jamás han reparado en que si no te das tiempo para controlarlos, tus pensamientos te dominarán. Cuando empieces a concentrarte sólo en pensamientos positivos, rechazando los negativos a fuerza de voluntad, te aseguro que los pensamientos malos se marchitarán enseguida.

–Entonces, si quiero ser capaz de levantarme temprano, comer menos, leer más, preocuparme menos, ser más paciente o ser más afectuoso, ¿lo único que he de hacer es emplear la fuerza de voluntad para limpiar mis pensamientos?

–El que controla sus pensamientos, controla su mente. El que controla su mente, controla su vida. Cuando alcanzas la fase de controlar totalmente tu vida, te conviertes en dueño y señor de tu destino.

Yo necesitaba oír eso. En el transcurso de aquella extraña pero inspiradora velada yo había pasado de ser un escéptico que analizaba es-crupulosamente a un abogado de campanillas convertido en yogui a ser un creyente cuyos ojos se habían abierto por primera vez en su vida.

Deseé que Jenny lo hubiera escuchado todo. En realidad, deseé que también mis hijos hubieran sido partícipes de aquella sabiduría. Sospe-chaba que les habría afectado igual que a mí. Yo siempre había querido ser un mejor padre de familia y vivir de forma más plena, pero siempre había estado ocupado en sofocar esos fuegos de la vida que tan apremiantes me parecían. Podía tratarse de una debilidad, una falta de autodominio. La incapacidad de ver el bosque por culpa de los árboles, tal vez. La vida pasaba muy rápidamente. Me parecía ayer cuando yo es-tudiaba leyes, lleno de entusiasmo y energía juveniles. Soñaba con ser un político importante o incluso un juez del tribunal supremo. Pero a medida que transcurrían los años me dejé llevar por la rutina. Incluso cuando era un abogado altanero, Julián solía decirme que «la compla-102

cencia mata». Cuanto más pensaba en ello, más me percataba de que había perdido mi avidez. Esto ya no era avidez por tener una casa más grande o un coche más veloz, sino la de vivir con más significado, con más alegría y con más satisfacción.

Empecé a discurrir mientras Julián seguía hablando. Ajeno a lo que me estaba diciendo ahora, me vi primero como un hombre de cincuenta o sesenta años. ¿Estaría trabajando de lo mismo y luchando con las mismas cosas en esa etapa de mi vida? Me temí que sí. Yo siempre había querido contribuir al mundo de alguna manera, y no lo estaba haciendo.

Creo que fue entonces, con Julián sentado cerca de mí en el suelo de mi sala de estar en esa calurosa noche de julio, cuando cambié. Los japoneses lo llaman satori, que significa «despertar instantáneo», y eso fue exactamente para mí. Tomé la decisión de realizar mis sueños y hacer de mi vida mucho más de lo que había sido hasta entonces. Ahí fue cuando saboreé por primera vez la auténtica libertad, la que se des-prende de decidir que uno toma las riendas de su vida y de todos los elementos que la constituyen.

–Te daré una fórmula para desarrollar la fuerza de voluntad –dijo Ju-lián, sin saber la transformación interior que yo acababa de experimentar–. El conocimiento sin las herramientas adecuadas para aplicarlo no es conocimiento. Cada día, mientras vas andando al trabajo, quisiera que repitieses unas pocas palabras.

–¿Es uno de esos mantras que mencionabas antes? –pregunté.

–Así es. Un mantra cuya existencia se remonta a más de cinco mil años, aunque sólo el pequeño grupo de Sivana tiene conocimiento del mismo. El yogui Raman me dijo que repitiéndolo yo desarrollaría en po-co tiempo el autodominio y una voluntad indomable. Recuerda que las palabras tienen una gran influencia. Las palabras son la encarnación verbal del poder. Si llenas tu mente de palabras buenas, te vuelves bondadoso. Si llenas tu mente de pensamientos de coraje, te vuelves valeroso. Las palabras tienen poder.

–Lo sé.

–Éste es el mantra que te sugiero repitas al menos treinta veces al día:

«Soy más de lo que aparento, toda la fuerza y el poder del mundo es-tán en mi interior.»

Verás cambios profundos en tu vida. Para conseguir resultados más inmediatos, mezcla este mantra con la práctica de la visualización creativa. Por ejemplo, busca un lugar tranquilo. Siéntate con los ojos cerra-103

dos. No dejes que tu mente se extravíe. Mantén el cuerpo inmóvil, pues el síntoma más claro de una mente débil es un cuerpo incapaz de descansar. Repite el mantra en voz alta, una y otra vez. Mientras lo haces, imagínate como una persona disciplinada y resuelta, con absoluto control de tu mente, cuerpo y espíritu. Imagínate obrando como hubieran obrado Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta ante una situación difícil.

Ten por seguro que los resultados serán sorprendentes.

–¿Ya está? –pregunté, sorprendido por la aparente simplicidad de la fórmula propuesta–. ¿Podré echar mano de las reservas de mi fuerza de voluntad practicando este simple ejercicio?

–Es una técnica que los maestros espirituales de Oriente han enseñado desde hace siglos. Si sigue en vigor es porque funciona. Como siempre, juzga por los resultados. Si te interesa, hay un par de ejercicios más para liberar la fuerza de voluntad y cultivar la disciplina interior. Pero te advierto que al principio podrán parecerte extraños.

–Oye, Julián, estoy fascinado por lo que me cuentas. No te detengas ahora.

–Bien. Lo primero es empezar haciendo las cosas que no te gustan.

Puede ser algo tan simple como hacerte la cama cada ¡mañana o ir al trabajo andando y no en coche. Habituándote a ejercitar tu voluntad, dejarás de ser un esclavo de tus impulsos más débiles.

–¿Evitar la atrofia?

–Exactamente. Para aumentar la fuerza de voluntad y la fortaleza interior primero debes ponerlas en práctica. Cuanto más ejercites el embrión de la autodisciplina, más rápidamente madurará y te dará los resultados que deseas obtener. El segundo ejercicio es uno de los favoritos del yogui Raman. Solía pasarse un día entero sin hablar, salvo para responder a preguntas directas.

–¿Una especie de voto de silencio?

–En realidad no era otra cosa, John. Los monjes tibetanos que popula-rizaron esta práctica creían que estar callado durante un período largo de tiempo tenía el efecto de reforzar la propia disciplina.

–Pero ¿cómo?

–Guardando silencio durante un día, lo que haces básicamente es condicionar tu voluntad para que haga lo que tú le ordenes. Cada vez que surge la necesidad de hablar, refrenas ese impulso y te quedas callado.

Tu voluntad no tiene una mente propia. Espera a que tú le des instrucciones que la hagan ponerse en movimiento. Cuanto más control ejerces sobre ella, más poderosa puede llegar a ser. El problema es que la mayoría de la gente no utiliza su fuerza de voluntad.

–¿Y por qué?

104

–Probablemente porque la mayoría de la gente cree no tener esa fuerza. Culpan a todo y a todos, salvo a ellos mismos, de esta aparente debilidad. Los que tienen muy mal genio dicen que no lo pueden evitar, que su padre era igual. Los que se preocupan demasiado dicen que no es culpa suya, que tiene un trabajo muy estresante. Los que duermen más de la cuenta dicen que su cuerpo lo necesita. Todas estas personas carecen de la responsabilidad que es el producto de conocer el extraordinario potencial que todos tenemos en nuestro interior, esperando un motivo para pasar a la acción. Cuando conozcas a fondo las leyes de la naturaleza, las que gobiernan el funcionamiento del universo y de todas sus criaturas, sabrás también que tienes el derecho natural a ser todo aquello que puedes ser. Tú posees la fuerza para ser más que tu entorno. Del mismo modo, tienes la capacidad de ser algo más que un prisionero de tu pasado. Para hacerlo, debes convertirte en dueño de tu voluntad.

–Suena complicado.

–En realidad, es un concepto práctico. Imagina lo que podrías llegar a hacer si doblaras o triplicaras la fuerza de voluntad que tienes actual-mente. Podrías iniciar ese programa de ejercicios con el que sueñas hace tiempo, podrías ser mucho más eficaz con tu tiempo, podrías borrar el hábito de preocuparte, o podrías ser el marido ideal. Usar tu voluntad te permite reavivar la energía vital que dices haber perdido.

–Resumiendo, el quid de la cuestión estaría en utilizar mi voluntad de manera regular.

–Así es. Decídete a hacer las cosas que deberías hacer, en lugar de seguir el camino del mínimo esfuerzo. Empieza a combatir la fuerza gravitatoria de tus malos hábitos del mismo modo que un cohete espacial supera la fuerza de la gravedad para entrar en el cosmos. Ponte a prueba y verás lo que sucede en cuestión de semanas.

–¿Ayudará el mantra?

–Sí. Repetir ese mantra que te he dado, junto con la práctica diaria de verte como tú deseas ser, te servirá de apoyo a medida que vayas creando esa vida disciplinada que te conecta con tus sueños. Y no es preciso que lo cambies todo en un día. Empieza por lo pequeño, has de dar el primer paso. Vamos creciendo de manera paulatina. Entrenarte a levantarte una hora antes y no perder ese maravilloso hábito reforzará la confianza en ti mismo y te servirá de inspiración para alcanzar cotas más altas.

–No veo la relación –confesé.

–Pequeñas victorias conducen a grandes victorias. Para alcanzar lo grande debes reforzar antes lo pequeño. Siendo coherente con la deci-105

sión de levantarte más temprano, sentirás el placer y la satisfacción que da el realizar algo. Te has marcado una meta y la has conseguido.

Eso sienta bien. El truco está en seguir subiendo el listón constantemente. Eso propiciará el mágico impulso que te motivará a seguir ex-plorando tu infinito potencial. ¿Te gusta esquiar?

–Me encanta –dije–. Jenny y yo llevamos a los chicos a esquiar siempre que podemos, que no es muy a menudo.

–Bien. Piensa en lo que se siente cuando arrancas desde lo alto de la pista. Al principio vas despacio, pero al poco rato estás volando cuesta abajo como si el mañana no existiera. ¿Cierto?

–Yo soy un ninja esquiando. ¡Adoro la velocidad!

–¿Qué te impulsa a ir tan rápido?

–¿Mi físico aerodinámico? –bromeé.

–Ya. –Rió Julián–. La respuesta es el «ímpetu». Y el ímpetu es también el ingrediente necesario para la autodisciplina. Como decía antes, empieza poco a poco, ya sea levantándote más temprano, dando un corto paseo cada noche o simplemente apagando el televisor cuando sabes que ya tienes bastante. Estas pequeñas victorias crean ese ímpetu que te anima a dar pasos más largos en la senda de tu yo superior. En poco tiempo estarás haciendo cosas que jamás habías creído ser capaz de hacer, con un vigor y una energía que desconocías en ti. Es un proceso absolutamente delicioso, John. Y el cable color de rosa de la fábula má-

gica te recordará siempre el poder de tu voluntad.

Justo cuando Julián terminaba de revelar sus ideas sobre el tema de la disciplina, advertí los primeros rayos de sol asomando a la sala de estar. Va a ser un gran día, me dije. El primer día del resto de mi vida.

Resumen de acción del capítulo 10

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El Símbolo:

106

La Virtud:

Vivir con Disciplina

La Enseñanza:

• La disciplina se logra realizando constantemente pequeños actos De coraje.

• Para que madure el embrión de la autodisciplina hay que alimentarlo.

• La fuerza de voluntad es la virtud esencial de una vida realizada.

Las Técnicas:

Mantras/Visualización creativa

El voto de silencio

Cita Valiosa:

Rechaza los pensamientos débiles que se hayan colado en el palacio de tu mente; verán que no son bienvenidos y su única opción será marcharse.

ONCE

La más preciada mercancía

Un tiempo bien organizado es la señal más clara de una mente bien organizada.

SIR ISAAC PITMAN

107

–¿Sabes qué es lo gracioso de la vida? –me preguntó Julián.

–Dímelo tú.

–Que cuando la mayoría de la gente se da cuenta de lo que realmente quiere y de cómo obtenerlo, suele ser demasiado tarde. Los jóvenes no saben, los viejos no pueden.

–¿Es ése el sentido del cronógrafo de la fábula?

–Sí. El luchador de sumo japonés con el cable color de rosa que cubre sus partes resbala en un cronógrafo de oro que alguien ha perdido en el hermoso jardín –me recordó Julián.

–Lo recuerdo muy bien –sonreí.

A estas alturas, me había dado cuenta de que la fábula mística del yogui Raman no era más que una serie de apuntes pensados para ense-

ñar a Julián los elementos de su filosofía de la vida esclarecida, al tiempo que servían para ayudarle a recordar cada paso. Se lo dije.

–Ah, el sexto sentido del abogado –replicó él con una sonrisa–. Tienes toda la razón. Los métodos de mis maestros me parecieron raros al principio, y yo me esforcé por comprender el significado del cuento co-mo tú te preguntabas de qué estaba hablando cuando empecé a relatar la fábula. Pero te diré, John, que los siete elementos de la historia, desde el jardín y el luchador de sumo hasta las rosas amarillas y el camino de diamantes, que ahora pasaré a explicarte, sirven de poderosos recordatorios de lo que aprendí allá en Sivana. El jardín hace que me concentre en pensamientos inspiradores, el faro me recuerda que el propó-

sito de la vida es una vida de propósito, el luchador de sumo me hace centrar en un autodescubrimiento constante, y el cable rosa me remite a las maravillas de la fuerza de voluntad. No pasa un día en que no piense en la fábula y reflexione sobre los principios que me enseñó el yogui Raman.

–¿Y qué representa exactamente el cronógrafo de oro?

–Es un símbolo de nuestra más importante mercancía: el tiempo.

–¿Y los pensamientos positivos, y el autodominio?

–Sin el tiempo no son nada. A los seis meses de mi llegada al delicioso retiro de Sivana, uno de los sabios vino a mi cabaña de rosas mientras yo estaba estudiando. Era una mujer llamada Divea, extraordinariamente hermosa, con unos cabellos negrísimos que le caían hasta la cintura. Con voz muy dulce y amable me dijo que ella era el miembro más joven de la comunidad. Me dijo también que venía a verme siguiendo instrucciones del yogui Raman, el cual le había explicado que yo era el mejor alumno que había tenido nunca.

»”Tal vez sea el dolor que sufriste en tu vida anterior lo que te permite abrazar nuestra sabiduría con el corazón tan abierto”, dijo ella. “Por ser 108

la más joven de la comunidad, se me ha pedido que te traiga un regalo de parte de todos nosotros. Te lo ofrecemos como muestra de respeto, por haber viajado desde tan lejos para aprender nuestra sabiduría. En ningún momento has ridiculizado nuestras tradiciones. Por consiguiente, aunque nos dejarás dentro de unas semanas, te consideramos uno de los nuestros. Ningún visitante ha recibido jamás lo que ahora voy a darte.”

–¿Cuál fue el regalo? –pregunté.

–Divea sacó un objeto de su bolsa de algodón y me lo dio. Envuelto en una especie de papel muy aromático había algo que me sorprendió: un pequeño reloj de arena hecho con vidrio soplado y un taquito de madera de sándalo. Divea me dijo que cada uno de los sabios había recibido uno de aquellos instrumentos en su niñez. «Aunque no tenemos posesiones y nuestra vida es pura y simple, respetamos el tiempo y nota-mos su transcurso. Estos pequeños relojes nos sirven como recordatorio de nuestra mortalidad y de la importancia de vivir plenamente mientras avanzamos en el camino de nuestros propósitos.»

–¿Así que esos monjes perdidos en las cumbres del Himalaya respeta-ban el tiempo?

–Todos ellos comprendían perfectamente la importancia del tiempo.

Todos habían desarrollado lo que yo llamo una «conciencia del tiempo».

El tiempo se nos escurre de las manos como granitos de arena, y ya no vuelve. Quienes usan el tiempo sabiamente desde una edad temprana tienen la recompensa de una vida rica y productiva. Quienes jamás han conocido el principio de que «dominar el tiempo es dominar la vida»

nunca llegarán a ser conscientes de su enorme potencial humano. El tiempo todo lo iguala. Tanto el rico como el desposeído, tanto el que vi-ve en Texas como el que vive en Tokio, todos disponemos de los mismos días de veinticuatro horas. Lo que distingue a quienes viven una vida de excepción es el modo en que emplean el tiempo.

–Una vez oí decir a mi padre que la gente atareada es la única que tiene tiempo de sobra. ¿Tú qué opinas?

–Estoy de acuerdo. La gente productiva y atareada es muy eficaz con su tiempo; no le queda otro remedio si quiere sobrevivir. Ser bueno administrando el tiempo no significa volverse adicto al trabajo. Al contrario, dominar el tiempo te permite disponer de más tiempo para hacer las cosas que para ti tienen más significado. El dominio del tiempo conduce al dominio de la vida. Adminístralo bien. Y recuerda que es un recurso no renovable.

»Déjame ponerte un ejemplo. Supón que es lunes por la mañana y que tienes un montón de citas, reuniones y comparecencias. En vez de 109

levantarte a las 6.30, tomar un café a toda prisa y salir pitando hacia el trabajo para pasarte el día con la lengua fuera, imagina que te tomas quince minutos la noche antes para planear tu jornada. O, más efectivo aún, supón que te tomas una hora de tu domingo para organizarte la semana. En tu agenda has anotado cuándo debes reunirte con tus clientes, cuándo te dedicarás a investigaciones legales y cuándo devolverás llamadas telefónicas. Es más, tus objetivos personales, sociales y espirituales para la semana también constan en tu agenda. Con este acto tan sencillo das equilibrio a tu vida. Asegurando los aspectos más vitales de tu vida en un programa diario, estás asegurando que la semana de trabajo, y tu vida, conserve su paz y su significado.

–No estarás sugiriendo que me tome un descanso en plena actividad para pasear por el parque o irme a meditar, ¿verdad?

–Naturalmente que sí. ¿Por qué te aferras tanto a las convenciones?

¿Por qué piensas que has de hacer lo que hacen los demás? Corre tu propia carrera, John. ¿Por qué no empiezas a trabajar una hora antes y así puedes ir a pasear a media mañana por ese hermoso parque que hay cerca de tu oficina? ¿O por qué no haces unas horas extra a principios de semana para terminar el viernes con tiempo de sobra para llevar a tus hijos al zoo? ¿O por qué no empiezas a trabajar en tu casa un par de días por semana y así ves más a tu familia? Sólo estoy diciendo que planifiques el trabajo y administres tu tiempo de manera creativa.

Concéntrate en tus prioridades; las cosas más importantes de tu vida no deberían ser sacrificadas a las menos importantes. Y recuerda que quien fracasa en la planificación, planifica su fracaso. Anotando no sólo tus citas de trabajo sino también tus compromisos contigo mismo de leer, relajarte o escribir una carta de amor a tu esposa, serás mucho más productivo con tu tiempo. No olvides que el tiempo que empleas en enriquecer tus horas de asueto no es tiempo malgastado; eso hará que seas mucho más eficiente cuando estés trabajando. Deja de vivir en compartimientos estancos y entiende de una vez por todas que cuanto haces forma un todo indivisible. Tu comportamiento en casa afecta a tu comportamiento en el trabajo. Tu trato con la gente en la oficina afecta al trato que das a tu familia y tus amigos.

–De acuerdo, Julián, pero es que yo no tengo tiempo de descansar en mitad del día. De hecho, trabajo hasta la noche. Últimamente mi horario me tiene colapsado. –Noté un vahído en el estómago al pensar en la cantidad de trabajo que me esperaba.

–Estar ocupado no es excusa. La cuestión es: ¿qué es lo que te tiene tan ocupado? Una de las grandes reglas que aprendí de aquel viejo sabio es que el ochenta por ciento de los resultados que consigues en la 110

vida viene de sólo el veinte por ciento de las actividades que ocupan tu tiempo. El yogui Raman lo llamaba «la vieja regla del Veinte».

–No te sigo.

–Bien. Volvamos a tu apretado lunes. De la mañana a la noche podrías emplear el tiempo haciendo muchas cosas, desde hablar por teléfono con clientes y redactar alegatos hasta leerle un cuento a tu hijo peque-

ño o jugar al ajedrez con tu mujer. ¿De acuerdo?

–Sí.

–Pero de los cientos de actividades a los que dedicas tu tiempo, sólo un veinte por ciento te dará resultados duraderos y reales. Sólo el veinte por ciento de lo que hagas tendrá influencia sobre la calidad de tu vi-da. Ésas son las actividades de «alto impacto». Por ejemplo, a diez años vista, ¿crees que todo el tiempo que habrás pasado chismorrean-do en un restaurante lleno de humo o viendo la televisión habrá servido para algo?

–No, supongo que no.

–Bien. Entonces estarás de acuerdo también en que hay ciertas actividades que sí interesan, y mucho.

–¿Quieres decir, por ejemplo, el tiempo invertido en mejorar mis conocimientos legales, en enriquecer mis relaciones con los clientes y en ser un abogado más eficiente?

–Sí, y el tiempo invertido en fomentar tu relación con Jenny y con los chicos. Tiempo invertido en estar en contacto con la naturaleza y agradecer todo lo que tienes la suerte de poseer. Tiempo invertido en reno-var tu mente, tu cuerpo y tu espíritu. Son sólo algunas de las actividades de alto impacto que te permitirán diseñar la vida que mereces. Dirige todo tu tiempo a las actividades que interesan. La gente esclarecida se mueve por prioridades. Éste es el secreto del dominio del tiempo.

–Caray. ¿El yogui Raman te enseñó todo eso?

–Me he convertido en un estudiante de la vida. El yogui Raman fue sin duda un maestro maravilloso y yo no le olvidaré jamás. Pero todas esas lecciones que he aprendido en mis variadas experiencias se han unido ahora como piezas de un gran rompecabezas para mostrarme el camino hacia una vida mejor.

»Confío en que tú aprendas de mis primeros errores. Hay personas que aprenden de los errores ajenos. Éstos son los sabios. Otros piensan que las verdaderas enseñanzas vienen de la experiencia personal. Éstos soportan dolor e inquietudes innecesarias durante toda su vida.

Como abogado, había asistido a muchos seminarios sobre la organización del tiempo. Sin embargo, nunca había oído nada parecido a la filo-111

sofía de Julián. Organizar el tiempo no era simplemente algo en lo que uno pensaba en horas de trabajo y olvidaba después. Era más bien un sistema holístico que podía hacer más equilibradas y satisfactorias todas las facetas de mi vida, si lo aplicaba correctamente. Aprendí que planificando mi jornada y tomando el tiempo necesario para asegurar un uso equilibrado del mismo, no sólo iba a ser más productivo, sino también más feliz.

–Vaya, conque la vida es como una larga tira de beicon –tercié yo–.

Para ser dueño de tu tiempo has de separar la grasa de la carne.

–Excelente. Estás en la onda. Y aunque mi faceta vegetariana me empuja a lo contrario, te diré que me encanta la analogía porque da justo en el clavo. Cuando empleas tu tiempo y tu preciosa energía en la carne, no te queda tiempo para malgastar en la grasa. En ese punto tu vi-da pasa del reino de lo ordinario a la exquisitez de lo extraordinario. Es ahí donde empiezas realmente a ser dueño de tu destino y las puertas del templo del esclarecimiento se abren de par en par.

»Eso me lleva a otra cuestión –prosiguió Julián–. No dejes que otros te roben tiempo. Cuídate de los ladrones de tiempo. Son esas personas que siempre te telefonean cuando acabas de acostar a tus hijos y te has apoltronado en tu butaca para leer una novela. Son las personas que tienen la costumbre de pasarse por tu oficina justo cuando acabas de encontrar unos minutos en mitad de un día caótico para descansar y pensar un poco. ¿Te suena todo esto?

–Como de costumbre, Julián, tienes toda la razón. Creo que siempre he sido demasiado cortés para pedirles que se fueran o no abrirles la puerta –dije.

–Con tu tiempo has de ser despiadado. Aprende a decir no. Tener el valor de decir no a las pequeñas cosas de la vida te dará fuerza para decir sí a las grandes cosas. Cierra tu despacho cuando necesites unas horas para trabajar en ese caso tan importante. Recuerda lo que te di-je. No descuelgues el teléfono siempre que suene; el teléfono está ahí para servirte a ti, no a los demás. Curiosamente, la gente te respetará más cuando vea que eres una persona que valora su tiempo. Si ven que para ti el tiempo es precioso, ellos también lo valorarán.

–¿Qué me dices de la dilación? Muchas veces dejo a un lado lo que no me gusta hacer y me entretengo mirando propaganda de buzón u

hojeando revistas. ¿Eso es matar el tiempo?

–Lo de «matar el tiempo», me parece una buena metáfora. Cierto, es humano hacer las cosas que nos gustan y eludir las que no nos gustan.

Pero como te dije, las personas más productivas del mundo han cultivado el hábito de hacer las cosas que las personas menos productivas 112

no gustan de hacer, aunque puede que a aquéllas tampoco les guste hacerlas.

Pensé profundamente sobre el principio que acababa de aprender. Tal vez mi problema no fuera la dilación; quizá mi vida se había vuelto demasiado complicada. Julián notó mi desvelo.

–El yogui Raman decía que quienes son dueños de su tiempo viven una vida sencilla. La naturaleza no previó un ritmo de vida frenético.

Aunque él estaba convencido de que la felicidad duradera sólo era alcanzable por aquellos que se marcaban objetivos personales bien definidos, el vivir una vida llena de realización no tenía por qué implicar el sacrificio de la tranquilidad de ánimo. Esto es lo que más me fascinó.

Me permitía ser productivo y al mismo tiempo realizar mis ansias espirituales.

Le abrí mi corazón a Julián:

–Siempre has sido honesto y sincero conmigo, así que yo lo seré también. No quiero renunciar a mi trabajo ni a mi casa ni a mi coche para ser más feliz y más dichoso. Me gustan mis juguetes y las cosas materiales que poseo. Son las recompensas por lo mucho que he trabajado todos estos años. Pero me siento vacío. Ya sabes en lo que soñaba cuando estaba en la facultad. Yo podría hacer mucho más en la vida.

Estoy a punto de cumplir cuarenta años, y nunca he ido al cañón del Colorado ni a ver la torre Eiffel. Jamás he andado por el desierto ni cru-zado un lago en canoa bajo un glorioso sol de verano. Ni una sola vez me he quitado los zapatos y los calcetines para andar descalzo por un parque, oyendo reír a los niños y ladrar a los perros. Ni siquiera recuerdo la última vez que di un paseo, después de una nevada para disfrutar de las sensaciones.

–Simplifica tu vida, entonces –me sugirió Julián–. Aplica el Ritual de la Simplicidad a cada aspecto de tu mundo. Si lo haces, seguro que tendrás más tiempo para paladear esas maravillas. Una de las cosas más trágicas que pueden sucedemos es renunciar a vivir. Muchas personas sueñan con un mágico jardin de rosas en lugar de disfrutar de las rosas que crecen en su propio patio. Es trágico.

–¿Alguna sugerencia?

–Eso lo dejo a tu imaginación. He compartido contigo muchas de las técnicas que aprendí de los sabios. Si tienes el coraje de aplicarlas, los resultados serán milagrosos. Ah, y eso me recuerda otra cosa que hago para que mi vida sea serena y sencilla.

–¿Cuál?

–Me encanta dormir una pequeña siesta por la tarde. Me mantiene vigoroso, fresco y juvenil. Supongo que podrías decir que se trata de un 113

«sueño de belleza». –Julián rió.

–Bueno, la belleza nunca ha sido uno de tus fuertes.

–En cambio, uno de los tuyos es el sentido del humor, y te alabo por ello. Recuerda el poder de la risa. Al igual que la música, es un maravilloso tónico contra el estrés de la vida cotidiana. Yogui Raman lo expresó mejor cuando dijo: «La risa abre tu corazón y apacigua tu alma. Nadie debería tomarse la vida tan en serio como para olvidar reírse de sí mismo.»

Julián tenía un último aspecto que puntualizar sobre el asunto del tiempo.

–Esto es muy importante, John: deja de obrar como si te quedaran quinientos años de vida. Cuando Divea me trajo aquel reloj de arena me ofreció también un consejo que no olvidaré jamás.

–¿Qué fue?

–Que el mejor momento para plantar un árbol fue hace cuarenta años.

El segundo mejor momento es hoy. No malgastes ni un minuto de tu vida. Fomenta una mentalidad de lecho de muerte.

–¿Cómo dices? –pregunté, impresionado por lo gráfico de la expresión–. ¿Qué es una mentalidad de lecho de muerte?

–Una manera nueva de ver tu vida, un paradigma, si lo prefieres, algo que te recuerda que hoy puede ser el último día y que, por tanto, debes aprovecharlo al máximo.

»En realidad es una filosofía sobre la vida. Cuando adoptas esa mentalidad vives cada día como si fuera el último. Imagina que al despertar te haces esta sencilla pregunta: ¿qué haría hoy si fuese el último día?

Luego piensa en cómo tratarías a tu familia, a tus colegas e incluso a quienes no conoces de nada. Piensa en la excitación con que vivirías cada momento al máximo. La cuestión del lecho de muerte puede por sí sola cambiar tu vida. Aportará un entusiasmo y un ánimo especiales a todo lo que hagas. Empezarás a centrarte en todas las cosas importantes que has ido relegando y dejarás de despilfarrar el tiempo en las cosas nimias que te han ido arrastrando al atolladero del caos y la crisis.

»Fuérzate a hacer más y a experimentar más –prosiguió Julián–. Utiliza tu energía para ensanchar tus sueños. Sí, ensancha tus sueños, John. No aceptes una idea mediocre cuando tienes un potencial infinito dentro de la fortaleza de tu mente. Atrévete a apelar a tu grandeza. Es tu derecho natural.

–Pides mucho.

–Pues hay más. Para romper el maleficio de la frustración que a tantas personas acecha existe un remedio muy simple. Obra como si el fracaso fuera imposible y tendrás el éxito asegurado. Borra todo pensamiento 114

de que no lograrás tus objetivos, sean materiales o espirituales. Sé valiente y no pongas límites a tu imaginación. No seas un prisionero de tu pasado. Conviértete en el arquitecto de tu futuro. Ya no serás el mismo.

Mientras la ciudad empezaba a despertar y la mañana brotaba en todo su esplendor, mi amigo empezó a mostrar los primeros síntomas de cansancio tras una noche entera compartiendo su saber con un alumno impaciente. El vigor, la energía y el entusiasmo de Julián me tenían pasmado.

–Nos acercamos al final de la fábula mágica del yogui Raman y al momento en que debo marcharme –dijo con suavidad–. Tengo mucho que hacer y muchas personas con las que hablar.

–¿Vas a decir a tus socios que has vuelto a casa? –pregunté.

–Seguramente no. Soy muy diferente del Julián Mantle que ellos conocían. No pienso lo mismo, no llevo la misma ropa, no hago las mismas cosas. Soy otra persona. No me reconocerían.

–Sí, realmente eres un hombre nuevo –concedí, riéndome por dentro al imaginar a este monje ataviado con el hábito tradicional de Sivana subiendo al despampanante Ferrari de su antigua existencia.

–Quizá sería más exacto decir un nuevo ser.

–No veo la diferencia –repuse.

–En la India se dice este aforismo: «No somos seres humanos con una experiencia espiritual. Somos seres espirituales con una experiencia humana.» Yo sé cuál es mi papel en el universo. Veo qué soy. Ya no estoy en el mundo. Es el mundo el que está dentro de mí.

–Me temo que necesitaré un rato para meditar sobre eso –dije.

–Por supuesto, amigo mío. Llegará un momento en que comprenderás claramente mis palabras. Si sigues los principios que te he revelado y aplicas las técnicas, ten por seguro que avanzarás por el camino del esclarecimiento. Acabarás dominando el arte de gobernarte a ti mismo.

Verás tu vida como lo que realmente es: una pequeña marca en el lienzo de la eternidad. Y acabarás viendo claramente quién eres y cuál es el propósito de tu vida.

–¿Que es…?

–Servir, por supuesto. Por más grande que sea tu casa o más moderno tu coche, la única cosa que podrás llevarte al final de tu vida es tu conciencia. Escúchala. Deja que ella te guíe. Tu conciencia sabe lo que está bien. Ella te dirá que tu vocación es en definitiva servir a los de-más de una manera u otra. Esto es lo que me ha enseñado mi odisea personal. Mi misión es divulgar las enseñanzas de los Sabios de Sivana a todos quienes necesitan oírlas. Es el propósito de mi vida.

115

El fuego del saber había atizado el espíritu de Julián, esto era patente incluso para alguien no esclarecido como yo. Era tan apasionado, tan ferviente en lo que decía, que eso se reflejaba incluso en su aspecto fí-

sico. Su transformación de fatigado abogado en vital y joven Adonis no era producto de un mero cambio de dieta ni de una dosis diaria de ejercicios gimnásticos. No, lo que Julián había encontrado en aquellas ma-jestuosas montañas era una panacea mucho más profunda. Había dado con el secreto que las personas han estado buscando a lo largo de los siglos. Era algo más que el secreto de la juventud o incluso de la felicidad. Julián había descubierto el secreto del Yo.

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Resumen de acción del capítulo 11

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El símbolo:

La virtud:

Respetar el tiempo propio

La enseñanza:

• El tiempo es la mercancía más preciada y no es renovable

• Centrarse en las prioridades y mantener el equilibrio

• Simplificar la vida

Las técnicas:

• La vieja regla del Veinte

• Tener el coraje de decir «NO»

• La mentalidad del lecho de muerte

Cita valiosa:

El tiempo se nos escurre de las manos como granitos de arena, y ya no vuelve. Quienes emplean el tiempo sabiamente desde una edad temprana tienen la recompensa de una vida plena, productiva y satisfactoria.

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DOCE

El propósito fundamental de la vida

Todo lo que vive no vive solo, no para sí mismo.

WlLLIAM BLAKE

–Los Sabios de Sivana no eran sólo las personas más juveniles que he conocido –observó Julián–, sino también las más bondadosas. El yogui Raman me contó que de pequeño, cuando se acostaba, su padre iba a su choza cubierta de rosas y le preguntaba qué buenas obras había hecho durante el día. Lo creas o no, si el niño decía que no había hecho ninguna, su padre le exigía que se levantara e hiciera algún acto al-truista. De lo contrario no le dejaba acostarse.

»Una de las virtudes esenciales para la vida esclarecida que puedo compartir contigo, John, es ésta: en el último momento, al margen de lo que hayas conseguido, al margen de las casas de veraneo que puedas tener, al margen de los coches que puedas acumular en tu garaje, la calidad de tu vida se reducirá a la calidad de lo que has aportado.

–¿Tiene algo que ver con las rosas amarillas de la fábula del yogui Raman?

–Desde luego que sí. Las flores te recordarán el antiguo proverbio chino que dice: «La mano que te da unas rosas siempre conserva un poco de la fragancia.» El sentido está claro: cuando trabajas para mejorar la vida de los demás, indirectamente estás elevando la tuya. Cuando te preocupas de realizar actos bondadosos diariamente y al azar, tu propia vida se enriquece y gana en significado. Para cultivar la santidad de ca-da día, sirve a los demás de alguna manera.

–¿Sugieres que me meta en alguna organización de voluntarios? –

pregunté.

–Sería un excelente punto de partida. Pero en realidad estoy hablando de algo más filosófico. Lo que sugiero es que adoptes un nuevo paradigma de tu papel en este planeta.

–Me he perdido otra vez. Aclárame el sentido de la palabra «paradigma».

–Un paradigma no es más que un modo de ver una circunstancia o la vida en general. Algunas personas ven el vaso de la vida medio vacío.

Los optimistas lo ven medio lleno. Interpretan la misma circunstancia de manera distinta porque han adoptado un paradigma distinto. Un pa-118

radigma es, básicamente, la lente a través de la cual ves los acontecimientos de la vida, tanto externos como internos.

–Entonces, cuando sugieres que adopte un nuevo paradigma, ¿me es-tás diciendo que debo cambiar mi punto de vista?

–En cierto modo. Para mejorar drásticamente la calidad de tu vida, debes cultivar una nueva interpretación de por qué estás aquí en la tierra. Debes comprender que, del mismo modo que viniste al mundo sin nada, tendrás que irte de él sin nada. Por consiguiente, sólo puede haber una única razón para que estés aquí.

–¿Y cuál sería?

–Entregarte a los demás y contribuir en todo lo que puedas. No estoy diciendo que no puedas tener tus juguetes o que hayas de dejar tu trabajo y dedicarte a los desposeídos, aunque recientemente he conocido personas que han optado por esa línea de acción y están muy satisfechas. Nuestro mundo está en plena transformación. La gente cambia dinero por sentido. Abogados que juzgaban a la gente por la magnitud de sus carteras la juzgan ahora por la magnitud de su compromiso con los demás, por el tamaño de su corazón. Muchos profesores están abandonando la seguridad de sus aulas para nutrir el crecimiento intelectual de los chicos marginados. La gente ha oído claramente la llamada del cambio. Se dan cuenta de que están aquí por algo y que se les han concedido unos dones que pueden ayudarlos a realizar ese propósi-to.

–¿Qué clase de dones?

–Exactamente los mismos que te he mencionado esta noche: capacidad mental, energía sin límite, gran creatividad, disciplina y sosiego. Se trata de abrir todos esos tesoros y aplicarlos en un bien común –

comentó Julián.

–Entiendo. ¿Y cómo se empieza a hacer el bien?

–Sólo estoy diciendo que deberías considerar prioritario el cambiar tu visión del mundo y empezar a verte no puramente como un individuo sino como parte de la colectividad.

–¿Que debería volverme más bueno y amable?

–Piensa que la cosa más noble que puedes hacer es dar a los otros.

Los sabios de Oriente lo denominan «despojarse de los grilletes del yo».

Se trata de perder tu inseguridad y de centrarte en propósitos superiores. Podría tomar la forma de dar más a los que te rodean, ya sea tu tiempo o tu energía: éstos son en realidad tus dos recursos más valiosos. Podría ser algo tan importante como tomarte un año sabático para trabajar con los pobres o algo tan insignificante como dejar que unos cuantos coches te adelanten en mitad de un atasco de tráfico. Suena a 119

rancio, pero si una cosa he aprendido es que la vida se mueve hacia una dimensión más mágica cuando empiezas a esforzarte por hacer del mundo un lugar más habitable. Al nacer, decía el yogui Raman, nosotros lloramos mientras el mundo se regocija. Sugería que deberíamos vivir de un modo que, en el momento de la muerte, el mundo llore mientras nosotros nos regocijamos.

Julián tenía razón. Una de las cosas que empezaban a fastidiarme de la abogacía era que no creía estar haciendo la clase de aportación que yo me sabía capaz de hacer. Desde luego, había tenido el privilegio de defender varios casos de esos que sientan precedente. Pero la ley se había convertido en un negocio desprovisto de amor. Yo, como muchos de mis coetáneos, fui un idealista en mi época de estudiante. En nuestros dormitorios, entre café y pizza rancia, planeábamos cambiar el mundo. Han pasado casi veinte años desde entonces, y mi ardiente deseo de fomentar el cambio ha dado paso a mi ardiente deseo de liquidar mi hipoteca y aumentar mi fondo de pensiones. Por primera vez en mucho tiempo, me di cuenta de que me había encerrado en un entorno de clase media que me protegía de la sociedad en general, un confortable capullo al que me había acostumbrado.

–Te contaré una historia interesante –continuó Julián–. Érase una vez una anciana a la que se le murió el marido. La mujer se fue a vivir con su hijo, la esposa de éste y una hija. Cada día, la anciana iba perdiendo vista y oído. A veces las manos le temblaban tanto que se le caían los guisantes al suelo y la sopa se le escurría del plato. A su hijo y su nuera les fastidiaba todo aquel desorden y un día dijeron basta. Dispusieron una mesita en un rincón para que la anciana comiera allí, a solas. Ella los miraba con lágrimas en los ojos desde la otra punta del comedor, pero ellos casi no le hablaban durante las comidas, salvo para regañarla porque se le caía el tenedor o la cuchara.

»Una tarde, antes de cenar, la niña estaba sentada en el suelo jugando con unos bloques de construcción. “¿Qué estás haciendo?”, le preguntó su padre. “Construyo una mesita para ti y para mamá”, dijo la niña. “Así, cuando yo sea mayor, podréis comer solos en un rincón.”

El padre y la madre guardaron silencio durante un rato. Y luego se echaron a llorar. Se habían hecho conscientes de la naturaleza de sus actos y de la pena que habían causado. Aquella noche hicieron que la anciana ocupara de nuevo su sitio en la gran mesa de comedor, y a partir de entonces ella siempre comió con el resto de la familia. Y cuando algo de comida caía al suelo o un tenedor resbalaba de la mesa, a nadie le molestaba.

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»Los padres de esta historia no eran malos –dijo Julián–. Simplemente necesitaban que la chispa de la conciencia prendiera la vela de la compasión. La vida es más plena cuando hay compasión y actos de bondad diarios. Medita cada mañana sobre el bien que vas a hacer a los demás durante la jornada. Las palabras sinceras de elogio para quienes menos lo esperan, los gestos de afecto a amigos que lo necesitan, las peque-

ñas muestras de cariño hacia tu familia, todo eso sumado cambia radicalmente la manera de vivir. Y hablando de amistades, cerciórate de que no las descuidas. Una persona que tiene tres amigos puede consi-derarse realmente rica.

Asentí con la cabeza.

–Los amigos dan humor, fascinación y belleza a la vida. Pocas cosas hay que rejuvenezcan tanto como compartir unas buenas carcajadas con un viejo amigo. Los amigos te bajan los humos cuando te pasas de santurrón. Los amigos te hacen sonreír cuando te tomas las cosas demasiado a pecho. Los buenos amigos están para ayudarte cuando la vi-da te lanza uno de sus reveses y las cosas parecen peores de lo que son. Cuando yo estaba muy solicitado profesionalmente, no tenía tiempo para amigos. Ahora estoy bastante solo, sin contarte a ti, John.

Julián recobró la compostura.

–Sin embargo, no dedico tiempo a las lamentaciones. Mis maestros de Sivana me enseñaron que «cada día es un día nuevo para el que vive una vida esclarecida».

Yo siempre había considerado a Julián una especie de gladiador de los tribunales, un superabogado que aplastaba los argumentos de sus opo-nentes como el karateka parte una pila de tablones reforzados. El hombre que yo había conocido hace tantos años se había transformado en alguien muy distinto: un hombre afable, bueno y pacífico. Sabía quién era él y qué papel representaba en el teatro de la vida. A diferencia de los demás, parecía considerar el dolor de su pasado como un sabio maestro pero, al mismo tiempo, daba a entender que su vida era mucho más que la suma de los acontecimientos pasados.

Los ojos de Julián brillaban con la esperanza de cosas venideras. Yo me veía envuelto en su sentido del placer por las maravillas de este mundo y atrapado en su inquebrantable alegría de vivir. Me parecía que Julián Mantle, duro e implacable asesor legal de los ricachos, había superado aquel ser humano que pasaba por la vida sin pensar en los de-más, para convertirse en un ser espiritual que pasaba por la vida ocupándose exclusivamente de los demás. Tal vez era ése el camino que yo estaba a punto de iniciar.

121

Resumen de acción del capítulo 12

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El símbolo:

La virtud:

Servir desinteresadamente a los demás

La enseñanza:

• La calidad de la vida se reduce en definitiva a la calidad de lo que Uno aporta

• Cultivar lo sagrado de cada día, vivir para dar

• Elevando la vida de los demás, la vida propia alcanza las más altas Dimensiones

Las técnicas:

• Practicar diariamente actos de bondad

• Dar a quienes lo piden

• Cultivar relaciones más ricas

Cita valiosa:

La cosa más noble que puedes hacer es dar a los demás. Empieza a 122

centrarte en tu propósito superior.

TRECE

El secreto de la felicidad de por vida

Cuando admiro la maravilla de un ocaso o la belleza de la luna, toda mi alma se ensancha adorando al Creador.

MAHATMA GANDHI

Más de doce horas habían transcurrido desde que Julián llegara a mi casa la noche anterior para explicarme las enseñanzas que él había recibido en Sivana; las doce horas más importantes de mi vida. De im-proviso me sentía jubiloso, motivado e incluso liberado. Julián había cambiado mi manera de ver la vida con la fábula del yogui Raman y las virtudes que representaba. Me daba cuenta de que no había empezado siquiera a explorar las posibilidades de mi potencialidad. Había estado derrochando los dones que la vida había puesto a mi paso. Las ense-

ñanzas de Julián me habían brindado la oportunidad de luchar a brazo partido con las heridas que me impedían vivir con la risa, la energía y la satisfacción que yo sabía que merecía. Estaba emocionado.

–Tendré que irme pronto. Tú tienes compromisos que te urgen y yo tengo cosas que hacer –dijo Julián con tono de disculpa.

–Mi trabajo puede esperar.

–El mío no –dijo con una sonrisa–. Pero antes de partir debo revelarte el último elemento de la fábula mágica. Recordarás que el luchador de sumo salía del faro sin nada encima salvo un cable rosa que le cubría las partes, resbalaba en un cronógrafo de oro y caía al suelo. Tras lo que parecía una eternidad, finalmente recobraba el conocimiento al percibir la fragancia de las rosas amarillas. El luchador se ponía en pie de un salto y quedaba pasmado al ver un largo y sinuoso sendero ati-borrado de pequeños diamantes. Pues bien, nuestro amigo el luchador enfilaba ese camino y vivía feliz para siempre.

–No está mal. –Reí.

–El yogui Raman tenía una gran imaginación, lo reconozco. Pero tú has visto que la historia encierra una finalidad y que los principios que sim-123

boliza no sólo son poderosos sino sumamente prácticos.

–Es verdad –admití.

–El sendero de los diamantes te recordará, pues, la virtud final de la vida esclarecida. Aplicando este principio a lo largo de tu jornada de trabajo, podrás enriquecer tu vida de un modo que me resulta difícil describir. Empezarás a ver exquisitas maravillas en las cosas más simples y vivirás en el éxtasis que te mereces. Y cumpliendo tu promesa de compartir esta sabiduría con otras personas, facilitarás que también ellos transformen su mundo de ordinario en extraordinario.

–¿Me costará mucho aprender esto?

–El principio en sí es muy fácil de entender. Pero aprender a aplicarlo con eficacia en todos los momentos del día te llevará un par de semanas de práctica continuada.

–Adelante, me muero de ganas.

–Los Sabios de Sivana creían que una vida realmente gozosa y gratificante sólo se consigue mediante un proceso que ellos llamaban «vivir en el ahora». Los yoguis sabían que el pasado ya no está y que el futuro es un sol lejano en el horizonte de tu imaginación. El momento que cuenta es el ahora. Aprende a vivir en él, a paladearlo.

–Entiendo lo que dices, Julián. Parece que siempre estoy preocupándome por cosas pasadas que no tengo el poder de cambiar, cuando no por cosas venideras, que luego nunca llegan. Siempre tengo en la cabeza mil pensamientos que me arrastran hacia mil direcciones diferentes.

Es muy frustrante.

–¿Por qué?

–¡Eso me agota! Será que no tengo la conciencia tranquila. Y sin embargo ha habido momentos en que mi mente estaba ocupada sólo en lo que tenía ante mí. A veces me pasaba cuando tenía algún resumen que hacer y no me quedaba tiempo para pensar en otra cosa que en esa tarea. También lo he experimentado cuando jugaba al fútbol con los chicos y quería ganar. Las horas me pasaban volando. Era como si lo único importante fuera lo que estaba haciendo en ese preciso instante. Todo lo demás, las preocupaciones, las facturas, la abogacía, no importaba. Y

ahora que lo pienso, creo que en esos momentos es cuando más sose-gado me encontraba.

–Buscar algo que te plantea un verdadero reto es la ruta más segura para la satisfacción personal. Pero la auténtica clave a recordar es que la felicidad es un viaje, no un destino. Vive hoy, pues ya no habrá otro día igual que éste –afirmó Julián, juntando las manos como para ofrecer una oración de gracias por ser conocedor de lo que acababa de decir.

–¿Ése es el principio que el sendero de los diamantes simboliza en la 124

fábula del yogui Raman?

–Sí. Igual que el luchador de sumo encuentra la satisfacción y la alegría andando por esa senda, tú puedes tener la vida que mereces tan pronto empieces a comprender que el sendero por el que estás caminando está lleno de diamantes y otros tesoros. No pases tanto tiempo persiguiendo los grandes placeres de la vida mientras descuidas los pequeños. Afloja el ritmo. Disfruta la belleza de todo cuanto te rodea. Te lo debes a ti mismo.

–¿Significa eso que debería dejar de marcarme grandes objetivos para el futuro y concentrarme en el presente?

–No –replicó Julián–. Como he dicho antes, los objetivos y los sueños de futuro son esenciales en toda vida de éxito. Esperar lo que vendrá a continuación es lo que te hace levantar de la cama cada mañana y lo que te inspira día a día. Las metas dan vigor a la vida. Lo que digo es que no dejes de lado la felicidad por temor de la realización. No dejes para más tarde las cosas que son importantes para tu bienestar y tu satisfacción personal. Has de vivir plenamente el día de hoy, no esperes a ganar la lotería o a jubilarte. La vida no hay que postergarla.

Julián se puso en pie y empezó a pasearse por el salón, como un abogado veterano que estuviera desgranando sus últimos argumentos en su apasionado alegato final.

–No te engañes pensando que serás un marido más afectuoso cuando tu bufete contrate a unos cuanto abogados jóvenes para aligerar la carga. No te engañes creyendo que empezarás a enriquecer tu mente, cuidar tu cuerpo y nutrir tu alma cuando tu cuenta bancaria sea más voluminosa y dispongas de más tiempo libre. Hoy es el día de disfrutar el fruto de tus esfuerzos. Hoy es el día de agarrar la oportunidad y vivir una vida pletórica. Hoy es el día de vivir según tu imaginación, de cosechar tus sueños. Y, por favor, jamás olvides el don de la familia.

–No estoy seguro de saber lo que quieres decirme.

–Vive la infancia de tus hijos –dijo.

–¿Qué? –repuse perplejo por la aparente paradoja.

–Pocas cosas hay tan importantes como formar parte de la infancia de tus hijos. ¿Qué sentido tiene subir los peldaños del éxito si te pierdes los primeros pasos de tus hijos? ¿Qué sentido tiene poseer la casa más grande de tu barrio si no tienes tiempo de crear un hogar? ¿De qué sirve ser conocido en todo el país como un excelente abogado si tus hijos no conocen siquiera a su padre? –Julián hablaba ahora temblando de emoción–. Sé de lo que hablo.

Este último comentario me anonadó. Todo lo que yo sabía de Julián 125

era que había sido un superabogado que se codeaba con los ricos y los famosos. Sus aventuras con nubiles modelos eran casi tan legendarias como su destreza en el tribunal. ¿Qué podía saber este ex millonario y playboy de lo que era ser padre? ¿Qué podía saber él del esfuerzo diario a que yo me enfrentaba tratando de ser al mismo tiempo un gran padre y un abogado de éxito? Pero el sexto sentido de Julián me cautivó.

–Yo también sé algo de esas bendiciones a las que llamamos hijos –

dijo en voz baja.

–Pero yo pensaba que eras el soltero más cotizado de la ciudad antes de que arrojaras la toalla y renunciaras a la abogacía.

–Cuando aún no me obnubilaba la ilusión del frenético estilo de vida por el que me hice famoso, estuve casado. –Hizo una pausa, como un niño antes de decir a su mejor amigo un secreto muy bien guardado–.

Lo que ignoras es que también tuve una hija. Era la criatura más dulce y delicada que he conocido. Por entonces yo era como tú cuando nos conocimos: engreído, ambicioso y lleno de esperanza. Tenía todo lo que se podía desear. La gente me decía que mi futuro era brillante, que mi esposa era hermosa y mi hija maravillosa. Pero cuando la vida parecía tan perfecta, me quedé sin nada de la noche a la mañana.

Por primera vez desde su regreso, la cara alegre de Julián se sumió en la tristeza. Una lágrima resbaló por una de sus bronceadas mejillas y cayó sobre la tela aterciopelada de su túnica roja. Me quedé perplejo.

–No tienes por qué continuar, Julián –dije, poniendo un brazo sobre su hombro para consolarle.

–Quiero hacerlo, John. De todos cuantos conocí en mi antigua vida, tú eras el más prometedor. Como te he dicho, me recordabas mucho a mí mismo cuando era joven. Incluso ahora, aún tienes mucho que decir.

Pero si sigues viviendo de esta manera, vas camino del desastre. Aún tienes muchas maravillas que explorar, muchos momentos para disfrutar.

»El conductor borracho que mató a mi hija no se llevó solamente una vida preciosa en aquella soleada tarde de octubre, sino dos. Al fallecer mi hija, mi vida dio un vuelco. Empecé a pasarme el día entero en mi despacho, esperando tontamente que mi profesión me salvara del dolor. Algunos días dormía incluso en un diván de la oficina, pues temía volver a casa y enfrentarme a los recuerdos. Y si bien mi carrera experimentó un brusco despegue, mi mundo interior era un desastre. Mi mujer, que había sido mi compañera de siempre desde la facultad, me dejó alegando como razón principal, la gota que colma el vaso, mi obsesión por el trabajo. Mi salud se deterioró y fui cayendo en la espiral de esa vida infame en que estaba metido cuando nos conocimos. Tenía 126

todo lo que se podía comprar con dinero, por supuesto. Pero a cambio vendí mi alma –concluyó emocionado, fallándole la voz.

–Entonces cuando dices «vive la infancia de tus hijos», me estás diciendo que dedique tiempo a verlos crecer. Es eso, ¿verdad?

–Incluso hoy, veintisiete años después de que ella nos dejara mientras la acompañábamos a la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga, daría cualquier cosa por oír la risa de mi hija una vez más, o jugar con ella al escondite como hacíamos en nuestro jardín. Me encantaría poder abra-zarla y acariciar sus cabellos dorados. Ella se llevó una parte de mi corazón al morir. Y aunque mi vida ha encontrado nueva inspiración desde que descubrí el camino del esclarecimiento allá en Sivana, no pasa un solo día que no vea la sonrosada cara de mi hija en mi mente. Tienes unos hijos preciosos, John. No te pierdas el bosque por culpa de los árboles. El mejor regalo que puedes dar a tus hijos es tu amor. Procura conocerlos. Muéstrales que son más importantes para ti que las fugaces recompensas de tu profesión. Ellos se marcharán muy pronto, formarán una familia. Entonces será demasiado tarde, ya no habrá tiempo.

Julián me había llegado a lo más hondo. Supongo que yo sabía desde hace tiempo que mi adicción al trabajo estaba aflojando poco a poco mis lazos familiares. Pero era como las brasas que arden lentamente, acumulando energía antes de revelar todo el alcance de su potencial destructivo. Sabía que mis hijos me necesitaban, aunque ellos no me lo hubieran dicho. El tiempo iba pasando y mis hijos crecían rápidamente.

Yo no recordaba cuándo había sido la última vez que mi hijo Andy y yo habíamos dedicado una mañana de sábado para ir a pescar a ese sitio que tanto le gustaba a su abuelo. Hubo un tiempo en que íbamos a pescar cada semana. Ahora se había convertido en un recuerdo lejano.

Cuanto más pensaba en ello, más me afectaba. Recitales de piano, juegos de Navidad, campeonatos infantiles, todo había quedado relegado en beneficio de mi carrera profesional.

No había duda de que me estaba deslizando por esa pendiente peligro-sa que mencionaba Julián. En ese instante decidí cambiar.

–La felicidad es un viaje –prosiguió Julián, hablando otra vez con pa-sión–. Es también una elección que tú debes hacer. Puedes maravillarte de los diamantes que hay en el camino o puedes seguir corriendo toda tu vida, persiguiendo ese cofre del tesoro que a la postre resulta estar vacío. Disfruta esos momentos que cada día te ofrece, porque hoy es lo único que tienes.

–¿Se puede aprender a vivir en el presente?

–Desde luego. Sean cuales sean tus circunstancias actuales, puedes 127

entrenarte para disfrutar el don de la vida y llenar tu existencia con las joyas de la vida cotidiana.

–¿No eres demasiado optimista? Piensa en alguien que lo ha perdido todo debido a un mal negocio. Imagina que no sólo está en bancarrota financiera sino también emocional.

–La magnitud de tu cuenta bancaria y la de tu casa no tienen nada que ver con la sensación de alegría. Este mundo está lleno de millonarios desdichados. ¿Crees que a los sabios que conocí en Sivana les preocupaba tener una cuenta saneada y adquirir una casa de veraneo en la Costa Azul?

–Entiendo.

–Hay una gran diferencia entre tener mucho dinero y tener mucha vi-da. Cuando empieces a emplear aunque sean cinco minutos al día en practicar el arte de la gratitud, cultivarás la riqueza de la vida que persigues. Incluso esa persona que mencionabas en tu ejemplo puede encontrar muchas cosas por las que estar agradecido, sea cual sean sus apuros económicos. Pregúntale si aún conserva la salud, la familia y la buena reputación. Pregúntale si le complace ser ciudadano de este gran país y si tiene un techo sobre su cabeza. Tal vez no tenga otros activos que una gran capacidad para trabajar y tener grandes sueños. Sin embargo, se trata de cosas por las que debería sentirse agradecido. Incluso los pájaros que cantan frente a tu ventana en un espléndido día de verano son también un regalo para la persona sabia. Recuerda, John, la vida no siempre te da lo que pides, pero sí te da lo que necesitas.

–Entonces, dar gracias cada día por lo que tengo, sea material o espiritual, ¿me hará desarrollar el hábito de vivir el presente?

–Sí. Es un método muy efectivo para vivir a fondo tu vida. Cuando saboreas el «ahora», lo que haces es avivar el fuego de la vida que permite cultivar tu destino.

–¿Cultivar mi destino?

–Sí. He dicho antes que todos recibimos ciertos talentos, ciertas apti-tudes. Cada individuo es un genio.

–No conoces a algunos abogados con los que trabajo –bromeé.

–Todo el mundo –dijo Julián enfáticamente–. Todos tenemos algo para lo que estamos hechos. Tu genio saldrá a relucir y serás feliz tan pronto descubras tu propósito y dirijas hacia él todas tus energías. Una vez es-tés conectado con esta misión, tanto si se trata de ser un gran profesor o un inspirado artista, tus deseos se colmarán sin esfuerzo. Ni siquiera tendrás que probarlo. En realidad, cuanto más lo intentas, más tardas en lograr tus objetivos. Lo que debes hacer es seguir el camino que marcan tus sueños confiando plenamente en la recompensa. Eso te lle-128

vará a tu destino divino.

»Cuando yo era pequeño, a mi padre le encantaba leerme un cuento de hadas titulado Pedro y el hilo mágico. Pedro era un niño muy vivara-cho. Todos le querían: su familia, sus maestros y sus amigos. Pero te-nía una debilidad.

–¿Cuál?

–Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida cotidiana. Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz aguda. Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener unos cien años y sus cabellos blancos co-mo la nieve caían sobre su espalda como una apelmazada manta de la-na. En la arrugada mano de la mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un largo hilo de oro.

»La anciana le dijo: “Pedro, éste es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días.” Pedro estaba muy excitado por este descubrimiento. “¿Podría quedarme la pelota?”, preguntó. La anciana se la entregó.

»Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto recordó su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su vida podía traer consigo.

Así que tiró una vez más del hilo dorado.

»De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un instante. Ahora se vio transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra co-sa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a encanecer.

Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero él seguía sin poder vivir el momento. De modo que, una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.

»Pedro comprobó que ahora tenía noventa años. Su mata de pelo ne-129

gro se había vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado vidas propias lejos de casa. Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de la maravillas de la vida.

Nunca había ido a pescar con sus hijos ni paseado con Elisa a la luz de la luna. Nunca había plantado un huerto ni leído aquellos hermosos libros que a su madre le encantaba leer. En cambio, había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino.

»Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes. El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se durmió profundamente. Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se trataba nada menos que de la anciana que muchos años atrás le había regalado el hilo mágico. “¿Has disfrutado de mi regalo?”, preguntó ella. Pedro no vaciló al responder: “Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder dis-frutarla. Claro que habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he perdido el don de la vida.” “Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé un último deseo”, dijo la anciana. Pedro pensó unos instantes y luego respondió: “Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida.” Dicho esto se quedó otra vez dormido.

»Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quién po-drá ser ahora?, se preguntó. Cuál no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante.

Pedro comprendió que la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez. “Date prisa, Pedro. Duermes demasiado.

Tus sueños te harán llegar tarde a la escuela si no te levantas inmediatamente”, le reprendió su madre. Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida tal como había esperado.

Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezó a vivir el ahora.

–Una historia sorprendente –dije.

–Por desgracia, John, la historia de Pedro y el hilo mágico no es más que eso, un cuento. En el mundo real nunca tenemos una segunda oportunidad de vivir la vida con plenitud. Hoy es tu oportunidad de des-130

pertar a ese regalo que es la vida… antes de que sea tarde. El tiempo se escurre entre los dedos como los granos de arena. Que este nuevo día sea el inicio de tu vida, el día en que tomas la decisión de concentrarte en lo más importante para ti. Toma la decisión de invertir más tiempo con quienes dan sentido a tu vida. Deléitate en el poder de esos momentos especiales. Haz las cosas que siempre has querido hacer.

Escala esa montaña que siempre has querido escalar o aprende a tocar la trompeta. Baila bajo la lluvia o monta un nuevo negocio. Aprende a amar la música, aprende un nuevo idioma y reaviva el placer de tu infancia. Deja de posponer tu felicidad a expensas de la realización. ¿Por qué no disfrutar del proceso? Empieza a atender a tu alma. Éste es el camino del nirvana.

–¿El nirvana?

–Los Sabios de Sivana aseguran que el destino final de todas las almas esclarecidas es un lugar llamado Nirvana. En realidad, más que un lugar físico, el nirvana es un estado que trasciende todo lo conocido. En el nirvana todo es posible. No hay sufrimiento, y la danza de la vida se ejecuta con perfección divina. Alcanzar el nirvana es para los sabios entrar en el cielo sin abandonar la tierra. Ésta es su meta en la vida –

comentó Julián, radiante de paz, casi como un ángel.

»Todos estamos aquí por una razón especial –dijo proféticamente–.

Medita sobre tu verdadera vocación y sobre cómo puedes darte a los demás. Deja de ser un prisionero de la gravedad. Hoy mismo, prende la chispa de la vida y déjala arder. Empieza a aplicar los principios y las estrategias que he compartido contigo. Sé todo lo que puedas ser. Llegará el momento en que también tú probarás los frutos del nirvana.

–¿Cómo sabré cuándo he alcanzado ese estado de esclarecimiento?

–Pequeños indicios te lo irán mostrando. Empezarás a notar la santidad en todo lo que te rodea: la divinidad de un rayo de luna, el encanto de un deslumbrante cielo azul en pleno verano, el fragante capullo de una margarita o la risa de un niño travieso.

–Julián, te prometo que el tiempo que has pasado conmigo no ha sido en vano. Me dedicaré a vivir según las enseñanzas de los Sabios de Sivana y cumpliré mi promesa de compartirlas con personas que se beneficiarán de tu mensaje. Te doy mi palabra –dije, sintiendo una gran emoción.

–Divulga el rico legado de los sabios. Quienes te rodean se beneficiarán de este saber y mejorarán la calidad de sus vidas, como tú mejorarás la tuya. Y recuerda que el viaje es para disfrutarlo. El camino es igual de bueno que su final.

Dejé que Julián continuara.

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–El yogui Raman sabía mucho de contar historias, pero hay una que destaca sobre las demás. ¿Puedo contártela?

–Desde luego.

–Hace muchos años, en la antigua India, un marajá quiso erigir un gran tributo a su esposa como muestra del amor y el cariño que sentía por ella. El marajá quería construir un edificio que no se pareciera a ningún otro, un edificio que brillara en la noche y que la gente pudiera admirar en siglos venideros. Así que día a día, bloque a bloque, sus obreros se afanaban bajo un sol abrasador. El edificio iba tomando cuerpo poco a poco, cada vez se parecía más a un monumento, un hito de amor destacándose contra el azul cielo indio. Finalmente, tras vein-tidós años de avances paulatinos, el palacio de mármol puro quedó terminado. ¿Sabes de qué estoy hablando?

–Ni idea.

–Del Taj Mahal, una de las siete maravillas del mundo. Lo que trato de decir es simple: todos los pobladores de este planeta son una maravilla.

Cada uno de nosotros es un héroe, de un modo u otro. Cada uno de nosotros tiene el potencial para hacer grandes cosas, para alcanzar la felicidad y sentirse satisfecho. Todo lo que se necesita es dar pequeños pasos en la dirección que marcan nuestros sueños. Como el Taj Mahal, una vida colmada de maravillas se construye día a día, bloque a bloque.

Las pequeñas victorias conducen a las grandes victorias. Esos cambios casi insignificantes, esas mejoras que te he sugerido, producirán hábitos positivos. Los hábitos positivos producirán a su vez resultados. Y los resultados inspirarán un cambio más importante en lo personal. Empieza a vivir cada día como si fuera el último. A partir de hoy, aprende más, ríe más y haz lo que realmente te encanta hacer. No renuncies a tu destino: lo que está detrás de ti y lo que está delante de ti importa poco comparado con lo que está dentro de ti.

Y sin decir más, Julián Mantle, el abogado millonario convertido en monje esclarecido, se puso en pie, me abrazó como al hermano que nunca tuvo y salió de mi sala de estar al calor de otro día sofocante. Al quedarme solo y reflexionar, advertí que la única prueba que tenía de la extraordinaria visita de aquel sabio mensajero descansaba delante de mí sobre la mesita de centro. Era su taza vacía.

Resumen de acción del capítulo 13

La sabiduría de Julián en pocas palabras

El símbolo:

La virtud:

Abrazar el presente

La enseñanza:

• Vivir en el «ahora». Paladear el presente

• No sacrificar la felicidad a expensas de la realización

• Saborear el viaje y vivir cada día como si fuera el último

Las técnicas:

Vivir la infancia de los hijos

Practicar la gratitud

Cultivar el propio destino

Cita valiosa:

Todos estamos aquí por una razón especial. Deja de ser un prisionero de tu pasado. Conviértete en arquitecto de tu futuro.

7 leyes

LEYES ESPIRITUALES DEl ÉX

DEEPAK CHOPRA

LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA

LA LEY DEL DAR

LA LEY DEL “KARMA” O DE CAUSA Y EFECTO

LA LEY DEL MENOR ESFUERZO

LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO

LA LEY DEL DESAPEGO

LA LEY DEL “DHARMA” O PROPÓSITO EN LA VIDA RESUMEN Y CONCLUSIÓN

Tú eres lo que es el profundo deseo que te impulsa.

Tal como es tu deseo es tu voluntad.

Tal como es tu voluntad son tus actos.

Tal como son tus actos es tu destino

– Brihadaranyaka Upanishad

INTRODUCCIÓN

Aunque el título de este libro es “Las siete leyes espirituales del éxito”, bien podría ser “Las siete leyes espirituales de la vida”, porque son los mismos principios que la naturaleza emplea para crear todo lo que existe en forma material – todo lo que podemos ver, oír, oler, degustar o tocar.

En Creating Affluence: Wealth Consciousness in the Field of All Possibilities, describí los pasos para llegar a la conciencia de la riqueza sobre la base de una verdadera comprensión de la manera como funciona la naturaleza. Las siete leyes espirituales del éxito constituyen la esencia de esa enseñanza. Cuando este conocimiento se incorpore en nuestra conciencia, tendremos la capacidad de crear una abundancia ilimitada sin esfuerzo alguno, y de experimentar el éxito en todo lo que nos propongamos.

El éxito en la vida podría definirse como el crecimiento continuo de la felicidad y la realización progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad de convertir en realidad los deseos fácilmente. No obstante, el éxito, incluyendo la creación de la riqueza, siempre se ha percibido como un proceso que requiere mucho esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas de los demás. Necesitamos acercarnos de una manera más espiritual al éxito y a la riqueza, que no es otra cosa que el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros. Conociendo y practicando las leyes espirituales, entraremos en armonía con la naturaleza para crear con espontaneidad, alegría y amor.

El éxito tiene muchos aspectos, y la riqueza material es solamente uno de sus componentes. Además, el éxito es una travesía, no un destino en sí. Sucede que la abundancia material, en todas sus manifestaciones, es una de las cosas que nos permite disfrutar más la travesía. Pero el éxito también se compone de salud, energía, entusiasmo por la vida, realización en las relaciones con los demás, libertad creativa, estabilidad emocional y psicológica, sensación de bienestar y paz. Pero ni siquiera experimentando todas estas cosas podremos realizarnos, a menos que cultivemos la semilla de la divinidad que llevamos adentro. En realidad, somos la divinidad disfrazada, y el espíritu divino que vive dentro de nosotros en un estado embrionario busca materializarse plenamente. Por tanto, el éxito verdadero consiste en experimentar lo milagroso. Es el despliegue de la divinidad dentro de nosotros. Es percibir la divinidad en cualquier lugar a donde vayamos, en cualquier cosa que veamos: en los ojos de un niño, en la belleza de una flor, en el vuelo de un pájaro. Cuando comencemos a vivir la vida como la expresión milagrosa de la divinidad – no de vez en cuando sino en todo momento – comprenderemos el verdadero significado del éxito.

Antes de definir las siete leyes espirituales, es preciso comprender el concepto de ley. Una ley es el proceso por el cual se manifiesta lo que no se ha manifestado; es el proceso por el cual el observador se convierte en el observado; es el proceso por el cual el que contempla se convierte en paisaje; es el proceso a través del cual el que sueña proyecta el sueño.

Toda la creación, todo lo que existe en el mundo físico, es el producto de la transformación de lo inmanifiesto en manifiesto. Todo lo que contemplamos viene de lo desconocido. Nuestro cuerpo, el universo físico – todo lo que podemos percibir por medio de los sentidos – es la transformación de lo inmanifiesto, lo desconocido e invisible en lo manifiesto, lo conocido y lo visible.

El universo físico no es otra cosa que el yo plegado sobre sí mismo para experimentarse como espíritu, mente y materia física. En otras palabras, todos los procesos de la creación son procesos por medio de los cuales el yo o la divinidad se expresa. La conciencia en movimiento se manifiesta a través de los objetos del universo, en medio de la danza eterna de la vida.

La fuente de toda creación es la divinidad (o el espíritu); el proceso de creación es la divinidad en movimiento (o la mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del cual forma parte nuestro cuerpo). Estos tres componentes de la realidad – espíritu, mente y cuerpo, u observador, proceso de observación y observado –

son básicamente la misma cosa. Todos provienen del mismo sitio: el campo de la potencialidad pura, puramente inmanifiesto.

Las leyes físicas del universo representan en realidad todo este proceso de la divinidad en movimiento o de la conciencia en acción. Cuando comprendemos estas leyes y las aplicamos en nuestra vida, todo lo que deseamos puede ser creado, porque las mismas leyes en que se basa la naturaleza. para crear un bosque, o una galaxia, o una estrella o un cuerpo humano, pueden convertir en realidad nuestros deseos más profundos.

Ahora veamos las siete leyes espirituales del éxito y la manera de aplicarlas en nuestra vida.

LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA

La fuente de toda creación es la conciencia pura… la potencialidad pura que busca expresarse para

pasar de lo inmanifiesto a lo manifiesto.

Y cuando nos damos cuenta de que nuestro verdadero yo es la potencialidad pura, nos alineamos con

el poder que lo expresa todo en el universo.

En el principio

no había existencia ni inexistencia;

todo este mundo era energía sin manifestarse…

El Ser único respiraba, sin respiración,

por su propio poder. Nada más existía…

– Himno de la Creación, Rig Veda

La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura. Se basa en el hecho de que, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura. La conciencia pura es potencialidad pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. La conciencia pura es nuestra esencia espiritual. Siendo infinita e ilimitada, también es felicidad pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de potencialidad pura.

Cuando descubrimos nuestra naturaleza esencial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensurable de todo lo que fue, es y será. La ley de la potencialidad pura también podría denominarse ley de la unidad, porque sustentando la infinita diversidad de la vida está la unidad de un solo espíritu omnipresente. No existe separación entre nosotros y ese campo de energía. El campo de la potencialidad pura es nuestro propio yo. Y cuanto más desarrollemos nuestra propia naturaleza, más cerca estaremos de ese campo de potencialidad pura.

Vivir de acuerdo con nuestro yo, en una constante auto-referencia, significa que nuestro punto interno de referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra experiencia. Lo contrario de la auto-referencia es la referencia al objeto. Cuando vivimos según la referencia al objeto, estamos siempre influidos por las cosas que están fuera de nuestro yo; entre ellas están las situaciones en las que nos involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que nos rodean. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos constantemente la aprobación de los demás. Nuestros pensamientos y comportamientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el temor.

Cuando vivimos según la referencia al objeto, también sentimos una intensa necesidad de controlarlo todo.

Sentimos intensa necesidad de tener poder externo. La necesidad de aprobación, la necesidad de controlar las cosas y de tener poder externo se basan en el temor. Esta forma de poder no es el de la potencialidad pura, ni el poder del yo, o poder real. Cuando experimentamos el poder del yo no hay temor, no hay necesidad de controlar, y no hay lucha por la aprobación o por el poder externo.

Cuando vivimos según la referencia al objeto, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la máscara social le gusta la aprobación; quiere controlar, y se apoya en el poder porque vive en el temor.

Nuestro verdadero yo, que es nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, sin embargo, es humilde y no se siente superior a nadie, porque es consciente de que todos los demás son el mismo yo, el mismo espíritu con distintos disfraces.

Ésa es la diferencia esencial entre la referencia al objeto y la auto-referencia. En la auto-referencia, experimentamos nuestro verdadero ser, el cual no les teme a los desafíos, respeta a todo el mundo y no se siente inferior a nadie. Por tanto, el poder del yo es el verdadero poder.

El poder basado en la referencia al objeto, en cambio, es falso. Siendo un poder que se basa en el ego, existe únicamente mientras exista el objeto de referencia. Si uno tiene cierto título – si es el presidente del país o el presidente de la junta directiva de una corporación – o si tiene muchísimo dinero, el poder de que disfruta está ligado al título, al cargo o al dinero. El poder basado en el ego dura solamente lo que duran esas cosas.

Apenas desaparezcan el título, el cargo y el dinero, desaparecerá el poder.

Por otra parte, el poder del yo es permanente porque se basa en el conocimiento del yo, y este poder tiene ciertas características: Atrae la gente hacia nosotros y también atrae las cosas que deseamos. Él magnetiza a las personas, las situaciones y las circunstancias en apoyo de nuestros deseos. Esto es lo que se conoce también como apoyo de las leyes de la naturaleza. Es el apoyo de la divinidad; es el apoyo que se deriva de 3

estar en un estado de gracia. Este poder es tal que disfrutamos de un vínculo con la gente y la gente disfruta de un vínculo con nosotros. Es el poder de establecer lazos – lazos que emanan del verdadero amor.

¿Cómo podemos aplicar la ley de la potencialidad pura, el campo de todas las posibilidades, en nuestra vida?

Si queremos disfrutar de los beneficios del campo de la potencialidad pura, si queremos utilizar plenamente la creatividad inherente a la conciencia pura, debemos tener acceso a ella. Una manera de tener acceso al campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica diaria del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar. Pasar algún tiempo en contacto con la naturaleza también nos brinda acceso a las cualidades inherentes al campo: creatividad infinita, libertad y felicidad.

Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener la experiencia del silencio significa renunciar periódicamente a la actividad de hablar. También significa renunciar periódicamente a actividades tales como ver televisión, escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad de experimentar el silencio, esto crea una turbulencia en nuestro diálogo interno.

Destinemos un corto tiempo de vez en cuando a experimentar el silencio. O sencillamente comprometámonos a hacer silencio durante un determinado tiempo todos los días. Podrían ser dos horas, o si eso nos parece mucho, hagámoslo durante una hora. Y de vez en cuando dediquemos un período largo a experimentar el silencio, por ejemplo todo el día, o dos días, o hasta una semana.

¿Qué sucede cuando entramos en esta experiencia del silencio? En un principio, nuestro diálogo interno se vuelve todavía más turbulento. Sentimos la necesidad apremiante de decir cosas. He conocido personas que llegan a la desesperación total el primer o el segundo día que se consagran a guardar silencio durante un período prolongado. Súbitamente los invade una sensación de urgencia y de ansiedad. Pero a medida que per-severan en la experiencia, su diálogo interno comienza a callar. Y al poco tiempo, el silencio se vuelve profundo. Esto se debe a que después de cierto tiempo, la mente se da por vencida; se da cuenta de que no tiene sentido insistir e insistir si el yo – el espíritu, el que decide – no desea hablar, y punto. Luego, cuando calla el diálogo interior, empezamos a experimentar la quietud del campo de la potencialidad pura.

Practicar el silencio periódicamente, en el momento que más nos acomode, es una manera de experimentar la ley de la potencialidad pura. Otra manera es dedicar un tiempo todos los días a la meditación. Lo ideal es meditar por lo menos durante treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche. Por medio de la meditación aprenderemos a experimentar el campo del silencio puro y la conciencia pura. En ese campo del silencio puro está el campo de la correlación infinita, el campo del poder organizador infinito, el terreno último de la creación donde todo está conectado inseparablemente con todo lo demás.

En la quinta ley espiritual, la ley de la. intención y el deseo, aprenderemos la manera de introducir un leve impulso de intención en este campo para que la realización de nuestros deseos tenga lugar espontáneamente.

Pero primero debemos tener la experiencia de la quietud. La quietud es el primer requisito para manifestar nuestros deseos, porque en la quietud reside nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura, el cual puede organizar una infinidad de detalles para nosotros.

Imaginemos que lanzamos una piedra pequeña en un pozo de agua y observamos las ondas que se forman. Al rato, cuando las ondas desaparezcan y el agua quede quieta, quizás lancemos otra piedra. Eso es exactamente lo que hacemos cuando entramos en el campo del silencio puro e introducimos nuestra intención.

En ese silencio, hasta la menor intención avanzará formando ondas por el terreno subyacente de la conciencia universal, el cual conecta todo con todo lo demás. Pero si no experimentamos la quietud de la conciencia, si nuestra mente es como un océano turbulento, podríamos lanzar en él todo el edificio Empire State sin ver efecto alguno. La Biblia dice: “Calla, y sabrás que soy Dios”. Esto es algo que sólo se puede lograr a través de la meditación.

Otra manera de entrar en el campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar.

juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o incorrectas, buenas o malas.

Cuando estamos constantemente evaluando, clasificando, rotulando y analizando, creamos mucha turbulencia en nuestro diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre nosotros y el campo de la potencialidad pura. Literalmente, comprimimos el espacio entre un pensamiento y otro.

Ese espacio es nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el espacio silencioso entre los pensamientos, la quietud interior que nos conecta con el poder verdadero. Y

cuando comprimimos el espacio, reducimos nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

En Un curso de milagros hay una oración que dice: “Hoy no juzgaré nada de lo que suceda”. El hábito de no juzgar crea silencio en la mente. Por tanto, es buena idea comenzar el día con esa afirmación. Y durante todo el día, recordémosla cada vez que nos sorprendamos juzgando. Si nos parece muy difícil practicar este procedimiento durante todo el día, entonces sencillamente digámonos: “No juzgaré nada durante las próximas dos horas” o “Durante la próxima hora, pondré en práctica el hábito de no formar juicios”. Después podremos ampliar gradualmente el tiempo.

Por medio del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar, tendremos acceso a la primera ley, la ley de la potencialidad pura. Una vez que logremos este acceso, podremos agregar un cuarto componente a esta práctica: pasar regularmente un tiempo en contacto directo con la naturaleza. Pasar un tiempo con la naturaleza nos permitirá sentir la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas de la vida, y experimentar un sentimiento de unidad con todas las cosas de la vida. Trátese de un arroyo, un bosque, una 4

montaña, un lago o del mar, esa conexión con la inteligencia de la naturaleza también nos ayudará a lograr el acceso al campo de la potencialidad pura.

Debemos aprender a ponernos en contacto con la esencia más íntima de nuestro ser. Esa verdadera esencia está más allá del ego. No teme; es libre; es inmune a la crítica; no retrocede ante ningún desafío. No es inferior ni superior a nadie, y está llena de magia, misterio y encanto.

El acceso a nuestra esencia verdadera también nos permitirá mirarnos en el espejo de las relaciones interpersonales, porque toda relación es un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos. Si, por ejemplo, nos sentimos culpables, temerosos o inseguros con respecto al dinero, al éxito o a cualquier otra cosa, estos sentimientos serán el reflejo de la culpabilidad, la inseguridad y el temor básicos de nuestra personalidad. No existe en el mundo ningún dinero o éxito que pueda resolver estos problemas básicos de la existencia; solamente la intimidad con el yo podrá hacer surgir la verdadera cura. Y cuando estemos bien afianzados en el conocimiento de nuestro verdadero yo – cuando realmente comprendamos su verdadera naturaleza – jamás nos sentiremos culpables, temerosos o inseguros acerca del dinero, o de la abundancia, o de la realización de nuestros deseos, porque comprenderemos que la esencia de toda riqueza material es la energía vital, la potencialidad pura; y la potencialidad pura es nuestra naturaleza intrínseca.

A medida que logremos más y más acceso a nuestra verdadera naturaleza, también iremos teniendo espontáneamente pensamientos creativos, porque el campo de la potencialidad pura es también el de la creatividad infinita y el del conocimiento puro. Franz Kafka, el poeta y filósofo austriaco, dijo alguna vez: “No hay necesidad de salir de la habitación. Basta con sentarse a la mesa y escuchar. Ni siquiera es necesario escuchar, sólo esperar. Ni siquiera hay que esperar, sólo aprender a estar en silencio, quieto y solitario. El mundo se te ofrecerá libremente para ser descubierto. Él no tiene otra alternativa; caerá en éxtasis a tus pies”.

La abundancia del universo – la espléndida exhibición y riqueza del universo – es una expresión de la mente creativa de la naturaleza. Cuanto más sintonizados estemos con la mente de la naturaleza, mayor acceso tendremos a su creatividad infinita e ilimitada. Pero primero debemos dejar atrás la turbulencia de nuestro diálogo interno, a fin de poder conectarnos con esa mente rica, abundante, infinita y creativa. Y entonces crearemos la posibilidad de una actividad dinámica, pero manteniendo al mismo tiempo la quietud de la mente eterna, ilimitada y creativa. Esta exquisita combinación de la mente silenciosa, ilimitada e infinita con la mente dinámica, limitada e individual, es el equilibrio perfecto de la quietud y el movimiento simultáneos, el cual puede crear cualquier cosa que deseemos. Esta coexistencia de los contrarios – quietud y dinamismo al mismo tiempo

– nos independiza de las situaciones, las circunstancias, las personas y las cosas que nos rodean.

Cuando reconozcamos calladamente esta coexistencia exquisita de los contrarios, nos alinearemos con el mundo de la energía – el caldo cuántico, la cosa inmaterial que constituye la fuente del mundo material. Este mundo de energía es fluido, dinámico, flexible, cambiante, y está siempre en movimiento. Pero, al mismo tiempo, es quieto, callado, eterno, silencioso y no cambia.

La quietud en sí constituye la potencia para crear; el movimiento en sí es la creatividad reducida a un determinado aspecto de su expresión. Pero la combinación de quietud y movimiento nos permite dar rienda suelta a la creatividad en todas las direcciones – a donde quiera que el poder de nuestra atención nos lleve.

A donde quiera que vayamos en medio del movimiento y la actividad, llevemos con nosotros la quietud. De esa manera, el movimiento caótico que nos rodea jamás nos ocultará la puerta de acceso al manantial de creatividad, al campo de la potencialidad pura.

CÓMO APLICAR LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA

Pondré a funcionar la ley de la. potencialidad pura comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Me pondré en contacto con el campo de la potencialidad pura destinando tiempo todos los días a estar en silencio, limitándome sólo a ser. También me sentaré solo a meditar en silencio por lo menos dos veces al día, aproximadamente durante treinta minutos por la mañana y treinta por la noche.

2) Destinaré tiempo todos los días a estar en comunión con la naturaleza y ser testigo silencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. Me sentaré en silencio a observar una puesta del sol, o a escuchar el ruido del océano o de un río, o sencillamente a oler el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio, y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida, el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

3) Practicaré el hábito de no juzgar. Comenzaré cada día diciéndome: “Hoy no juzgaré nada de lo que suceda”, y durante todo el día me repetiré que no debo juzgar.

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LA LEY DEL DAR

El universo opera por medio de un intercambio dinámico… Dar y recibir son aspectos diferentes del

flujo de la energía en el universo. Y si estamos dispuestos a dar aquello que buscamos, mantendremos

la abundancia del universo circulando en nuestra vida.

Este frágil recipiente lo has vaciado una y otra vez para llenarlo eternamente de vida nueva. Esta pequeña flauta de caña la has llevado por valles y montañas, soplando a través de ella melodías siempre nuevas…

Tus dones infinitos vienen a mí solamente en mis pequeñas manos. Pasan los siglos, y tú continúas vertiendo, y todavía hay espacio para llenar.

– RABINDRANATH TAGORE, Gitanjali

La segunda ley espiritual del éxito es la ley del dar. También podría llamarse la ley del dar y recibir porque el universo opera a través de un intercambio dinámico. Nada es estático. Nuestro cuerpo está en intercambio dinámico y constante-con el cuerpo del universo; nuestra mente mantiene una interacción dinámica con la mente del cosmos; nuestra energía es una expresión de la energía del cosmos.

El flujo de la vida no es otra cosa que la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas que estructuran el campo de la existencia. Esta armoniosa interacción de los elementos y las fuerzas de la vida opera a través de la ley del dar. Puesto que nuestro cuerpo, nuestra mente y el universo mantienen un constante y dinámico intercambio, frenar la circulación de la energía es como frenar el flujo sanguíneo. Cuando la sangre deja de circular, comienza a coagularse y a estancarse. Por ello debemos dar y recibir a fin de mantener la riqueza y la afluencia* – o cualquier cosa que deseemos en la vida – circulando permanentemente.

La palabra “afluencia” viene de la raíz latina afflúere que significa “fluir hacia”. La palabra afluencia significa

“fluir en abundancia”. El dinero realmente es un símbolo de la energía vital que intercambiamos, y de la energía vital que utilizamos como consecuencia del servicio que le * prestamos al universo. Al dinero también se le llama moneda “corriente”, nombre que refleja igualmente la naturaleza fluida de la energía. La palabra

“corriente” viene del latín cúrrere que significa “correr” o “fluir”.

Por tanto, si impedimos la circulación del dinero – si nuestra única intención es acaparar el dinero y aferrarnos a él -, impediremos también, puesto que el dinero es energía vital, que éste vuelva a circular en nuestra vida.

Para que esa energía fluya constantemente hacia nosotros, debemos mantenerla en circulación. Al igual que un río, el dinero debe mantenerse en movimiento, o de lo contrario comienza a estancarse, a obstruir, a sofocar y a estrangular su propia fuerza vital. La circulación lo mantiene vivo y vital.

Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que sube debe bajar; lo que se va debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si detenemos el flujo de alguno de los dos, obstaculizamos la inteligencia de la naturaleza.

En toda semilla está la promesa de miles de bosques. Pero la semilla no debe ser acaparada; ella debe dar su inteligencia al suelo fértil. A través de su acción de dar, su energía invisible fluye para convertirse en una manifestación material.

Cuanto más demos más recibiremos, porque mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida. En realidad, todo lo que tiene valor en la vida se multiplica únicamente cuando es dado. Lo que no se multiplica a través del dar, ni vale la pena darse, ni vale la pena recibirse. Si al dar sentimos que hemos perdido algo, el regalo no ha sido dado en realidad, y entonces no generará abundancia. Cuando damos a regañadientes, no hay energía detrás de nuestro acto de dar.

Al dar y al recibir, lo más importante es la intención. La intención debe ser siempre crear felicidad para quien da y para quien recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la vida y, por tanto, genera abundancia. La retribución es directamente proporcional a lo que se da, cuando el acto es incondicional y sale del corazón. Por eso el acto de dar debe ser alegre – la actitud mental debe ser tal que se sienta alegría en el acto mismo de dar. De esa manera, la energía que hay en el acto de dar aumenta muchas veces más.

En realidad, practicar la ley del dar es muy sencillo: si deseamos alegría, démosles alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza material, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza. En realidad, la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean. Este principio funciona igualmente bien para las personas, las empresas, las sociedades y las naciones. Si

* La palabra inglesa affluence – traducida aquí como “afluencia” – significa, además de abundancia, riqueza y prosperidad; de ahí la digresión etimológica del siguiente párrafo. (N. del Ed. )

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deseamos recibir el beneficio de todas las cosas buenas de la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el mundo todas las cosas buenas de la vida.

Incluso la sola idea de dar, el simple deseo, o una sencilla oración, tienen el poder de afectar a los demás. Esto se debe a que nuestro cuerpo, reducido a su estado esencial, es un haz individual de energía e información en medio de un universo de energía e información. Somos haces individuales de conciencia en medio de un universo consciente. La palabra “conciencia” implica mucho más que energía e información – implica una energía y una información que viven en forma de pensamiento. Por tanto, somos haces de pensamiento en medio de un universo pensante. Y el pensamiento tiene el poder de transformar.

La vida es la danza eterna de la conciencia, que se manifiesta como un intercambio dinámico de impulsos de inteligencia entre el microcosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo humano y el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica.

Cuando aprendemos a dar aquello que buscamos, activamos esa danza y su coreografía con un movimiento exquisito, enérgico y vital, que constituye el palpitar eterno de la vida.

La mejor manera de poner a funcionar la ley del dar – de iniciar todo el proceso de circulación – es tomando la decisión de que cada vez que entremos en contacto con una persona, le daremos algo. No es necesario que sean cosas materiales; podría ser una flor, un cumplido o una oración. En realidad, las formas más poderosas de dar no son materiales. Obsequios como interesarse, prestar atención, dar afecto, aprecio y amor, son algunos de los más preciados que se pueden dar, y no cuestan nada. Cuando nos encontremos con alguien, enviémosle en silencio un buen deseo por su felicidad, alegría y bienestar. Esta forma de generosidad silenciosa es muy poderosa.

Una de las cosas que me enseñaron cuando era niño, y que también les he enseñado a mis hijos, es nunca visitar a alguien sin llevarle algo – no visitemos nunca a alguien sin llevarle un regalo. Sin embargo, uno podría preguntarse: “¿Cómo puedo hacerles regalos a los demás si ahora ni siquiera tengo suficiente para mí?”

Podemos regalar una flor; una sola flor. Podemos llevar una nota o una tarjeta que exprese algo sobre nuestros sentimientos hacia la persona a quien visitamos. Podemos llevar un elogio. Podemos llevar una oración.

Tomemos la decisión de dar en todo lugar a donde vayamos, y a quien quiera que veamos. Mientras estemos dando, estaremos recibiendo. Cuanto más demos, más confianza tendremos en los efectos milagrosos de esta ley. Y a medida que recibamos más, también aumentará nuestra capacidad para dar.

Nuestra verdadera naturaleza es de prosperidad y abundancia; somos naturalmente prósperos porque la naturaleza provee a todas las necesidades y deseos. No nos falta nada porque nuestra naturaleza esencial es la potencialidad pura, las posibilidades infinitas. Por consiguiente, debemos saber que ya somos intrínsecamente ricos, independientemente de cuánto dinero tengamos, porque la fuente de toda riqueza es el campo de la potencialidad pura – es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad, incluyendo la alegría, el amor, la risa, la paz, la armonía y el conocimiento. Si vamos en pos de estas cosas primero – no solamente para nosotros mismos, sino para los demás – todo lo demás nos llegará espontáneamente.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL DAR

Pondré a funcionar la ley del dar comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Llevaré un regalo a cualquier lugar a donde vaya y para cualquier persona con quien me encuentre. Ese regalo puede ser un elogio, una flor o una oración. Hoy les daré algo a todas las personas con quienes me encuentre, para iniciar así el proceso de poner en circulación la alegría, la riqueza y la prosperidad en mi vida y en la de los demás.

2) Hoy recibiré con gratitud todos los regalos que la vida me dé. Recibiré los obsequios de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, o los aguaceros de primavera o las

primeras nevadas del invierno. También estaré abierto a recibir de los demás, sea un regalo material, dinero, un elogio o una oración.

3) Me comprometeré a mantener en circulación la abundancia dando y recibiendo los dones más preciados de la vida: cariño, afecto, aprecio y amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé en silencio felicidad, alegría y bienestar.

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LA LEY DEL “KARMA” O DE CAUSA Y EFECTO

Cada acción genera una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera…

Cosechamos lo que sembramos.

Y cuando optamos por acciones que les producen alegría y éxito a los demás, el fruto de nuestro karma

es también alegría y éxito.

El karma es la afirmación eterna del libre albedrío… Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son los hilos de la red que tendemos a nuestro alrededor.

SWAMI VIVEKANANDA

La tercera ley espiritual del éxito es la ley del karma. El “karma” es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión

“Cosechamos lo que sembramos”. Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.

En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posibilidades, donde tenemos acceso a un número infinito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor manera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisiones que tomamos en todo momento.

Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado. Infortunadamente, muchos de nosotros escogemos inconscientemente, y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de opciones; sin embargo, lo estamos.

Si yo insultara a alguien, lo más seguro es que esa persona optara por ofenderse. Si yo le hiciera un cumplido, lo más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero pensemos en esto: siempre hay una opción. Yo podría insultarla, y esa persona podría optar por no ofenderse. Yo podría hacerle un cumplido, y ella podría optar por no permitir que mi elogio la afectara.

En otras palabras, la mayoría de nosotros – aunque escogedores de opciones infinitas – nos hemos convertido en haces de reflejos condicionados, los cuales son constantemente provocados por las personas y las circunstancias, en forma de comportamientos predecibles. Estos reflejos condicionados son como los de Pávlov. Pávlov se hizo famoso por demostrar que si se le da algo de comer a un perro cada vez que suena una campana, pronto el perro comienza a salivar cuando oye la campana, porque asocia un estímulo al otro.

La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las personas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas opciones inconscientemente.

Si nos detenemos un momento y observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en que las escogemos, ese simple acto de convertirnos en espectadores nos permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la conciencia. Este procedimiento de elección y de observación conscientes da mucho poder.

Cuando hagamos una elección – cualquier elección – hagámonos dos preguntas. En primer lugar: “¿Cuáles son las consecuencias de escoger este camino?” El corazón nos lo dirá inmediatamente. Y en segundo lugar:

“¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y para quienes me rodean?” Si la respuesta es afirmativa, sigamos adelante. Si la respuesta es negativa, si se trata de una opción que nos traerá sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean, abstengámonos de escoger ese camino. Es así de sencillo. Solamente hay una opción, entre el número infinito de opciones que se presentan a cada segundo, que puede traernos felicidad a nosotros y a quienes nos rodean. Elegir esta opción produce una forma de comportamiento que se conoce con el nombre de acción correcta espontánea. La acción correcta espontánea es la acción apropiada que se toma en el momento oportuno. Es la respuesta correcta a cada situación, en el momento en que se presenta. Es la acción que nos nutre, a nosotros y a todas las demás personas a quienes ella afecta.

El universo tiene un mecanismo muy interesante para ayudarnos a tomar decisiones correctas espontáneamente. Este mecanismo se relaciona con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar. En el instante mismo en que estemos tomando una decisión conscientemente, prestemos atención a nuestro cuerpo y preguntémosle: “¿Qué pasa si opto por esto?” Si el cuerpo nos envía un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, entonces no es el camino apropiado.

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Algunas personas sienten el mensaje de bienestar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor parte de la gente lo siente en el área del corazón. Prestemos conscientemente atención al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Después esperemos la respuesta – una respuesta física en forma de sensación. Podrá estar en el nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nuestro cuerpo.

Sólo el corazón sabe la respuesta correcta. La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensiblero y sentimental, pero no es así. El corazón es intuitivo; es holístico, es contextual, es relacional. No se orienta a perder o a ganar. Tiene acceso al computador cósmico – el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y del infinito poder organizador – y toma todo en cuenta. En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento racional.

Podemos utilizar la ley del karma para crear dinero y abundancia, y hacer que todas las cosas buenas fluyan hacia nosotros cuando lo deseemos. Pero primero debemos tomar conciencia de que el futuro es el producto de las decisiones que tomamos en cada momento de nuestra vida. Si hacemos esto con regularidad, estaremos utilizando plenamente la ley del karma. Cuanto más traigamos nuestras decisiones al plano de la conciencia, más podremos escoger aquellas opciones que sean correctas espontáneamente – tanto para nosotros como para quienes nos rodean.

¿Qué pasa con el karma del pasado y cómo influye en nosotros ahora? Con respecto al karma pasado, se pueden hacer tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. La mayoría de la gente escoge hacer esto

– inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser nuestra opción. Algunas veces, el pago de esas deudas implica mucho sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un intercambio constante, de un lado a otro, de energía.

La segunda posibilidad es transformar o convertir el karma en una experiencia más deseable. Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda kármica: “¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?”

Haciendo esto, buscamos el principio de la oportunidad, para luego unirlo con nuestro dharma, o sea el propósito de nuestra vida, del cual hablaremos en la séptima ley espiritual del éxito. Esto nos permite convertir el karma en una nueva experiencia.

Si, por ejemplo, nos fracturamos una pierna practicando un deporte, podríamos preguntarnos: “¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme?” Quizás el mensaje sea que necesitamos tomar las cosas con calma y tener más cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez. Y si nuestro dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al preguntarnos: “¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?”, podríamos optar por compartir lo que aprendimos escribiendo un libro sobre la manera de practicar deportes sin riesgo; o podríamos diseñar un zapato especial o un protector para las piernas que evitara ese tipo de lesión.

De este modo, a la vez que pagamos nuestra deuda kármica, habremos convertido la adversidad en un beneficio que puede traernos riqueza y realización. En eso consiste la transformación del karma en una experiencia positiva. En realidad, no nos hemos librado de nuestro karma, pero podemos aprovechar un episodio kármico para crear un karma nuevo y positivo a partir de él.

La tercera manera de enfrentar el karma es trascendiéndolo. Trascender el karma es independizarse de él. La manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas manchas, y si se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está, se hace mediante la práctica de la meditación.

Todos los actos son episodios kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. Esa acción genera recuerdo, y el recuerdo tiene la capacidad o la potencia de generar deseo, y el deseo genera nuevamente una acción. El sistema operacional del alma consta de karma, recuerdo y deseo. El alma es un haz de conciencia en el cual residen las semillas del karma, el recuerdo y el deseo. Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de realidad conscientes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que encierran un proceso de evolución tanto para nosotros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer.

Mientras el karma sea evolutivo – tanto para el yo como para todos los afectados por el yo – los frutos del karma serán la felicidad y el éxito.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL “KARMA” O DE CAUSA Y EFECTO

Pondré a funcionar la ley del karma comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.

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2) Siempre que haga una elección me formularé dos preguntas: “¿Cuáles son las consecuencias de esta decisión?” y “¿Traerá esta decisión felicidad y realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?”

3) Después le pediré orientación a mi corazón, y me dejaré guiar por su mensaje de bienestar o de malestar. Si me siento a gusto con la decisión, seguiré adelante sin temor. Si la decisión me produce malestar, me detendré a mirar las consecuencias de mi acción con mi visión interior. Esta orientación me permitirá tomar espontáneamente decisiones correctas tanto para mí como para todos los que me rodean.

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LA LEY DEL MENOR ESFUERZO

La inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad… con despreocupación, con armonía y con

amor.

Y cuando aprovechamos las fuerzas de la armonía, la alegría y el amor, creamos éxito y buena fortuna

con gran facilidad.

Un ser integral conoce sin viajar, ve sin mirar, y realiza sin hacer.

Lao-TSE

La cuarta ley espiritual del éxito es la ley del menor esfuerzo. Esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. Ése es el principio de la menor acción, de la no resistencia. Por consiguiente, es el principio de la armonía y el amor. Cuando aprendemos esta lección que nos enseña la naturaleza, satisfacemos con facilidad nuestros deseos.

Si observamos la naturaleza, veremos que ella utiliza un esfuerzo mínimo para funcionar. La hierba no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer; sencillamente, crece. Los peces no se esfuerzan para nadar; sencillamente, nadan. Las flores no hacen ningún esfuerzo para abrirse; sencillamente, se abren. Las aves no se esfuerzan para volar; sencillamente, vuelan. Ésa es su naturaleza intrínseca. La Tierra no se esfuerza para girar sobre su eje; es su naturaleza girar a velocidad vertiginosa en el espacio. Es la naturaleza de un bebé estar siempre en estado de dicha. Es la naturaleza del sol brillar. Es la naturaleza de las estrellas titilar y destellar. Y es la naturaleza humana hacer que los sueños se conviertan en realidad, con facilidad y sin esfuerzo.

En la ciencia védica, la filosofía milenaria de la India, este principio se conoce como economía de esfuerzo, o

“hacer menos para lograr más”. Al final, llegamos al estado en que sin hacer nada lo realizamos todo. Esto significa que una ligera idea puede convertirse en realidad sin esfuerzo alguno. Lo que conocemos normalmente como “milagros” son en realidad manifestaciones de la ley del menor esfuerzo.

La inteligencia de la naturaleza funciona sin esfuerzo, sin resistencia, espontáneamente. No es lineal; es intuitiva, holística y estimulante. Y cuando estamos en armonía con la naturaleza, cuando estamos seguros del conocimiento de nuestro verdadero yo, podemos utilizar la ley del menor esfuerzo.

Es mínimo el esfuerzo que hacemos cuando nuestros actos brotan del amor, porque es la energía del amor la que aglutina la naturaleza. Cuando tratamos de conseguir el poder para controlar a los demás, gastamos energía. Cuando buscamos el dinero o el poder para satisfacer al ego, gastamos energía persiguiendo la ilusión de la felicidad, en lugar de disfrutar la felicidad del momento. Cuando anhelamos el dinero para beneficio personal únicamente, cortamos el flujo de energía hacia nosotros e impedimos la expresión de la inteligencia de la naturaleza. Pero cuando nuestras actuaciones nacen del amor, no hay desperdicio de energía. Cuando nuestros actos brotan del amor, la energía se multiplica y se acumula – y el exceso de energía que recogemos y disfrutamos puede canalizarse para crear cualquier cosa que deseemos, incluida la riqueza sin límites.

Podemos considerar el cuerpo como un aparato para controlar la energía: puede generar, almacenar y gastar energía. Si sabemos cómo generar, almacenar y gastar la energía de una manera eficiente, podemos crear cualquier cantidad de riqueza. Fijar nuestra atención en el ego consume la mayor parte de la energía. Cuando nuestro punto interno de referencia es el ego, cuando buscamos poder y control sobre los demás, o la aprobación del resto del mundo, desperdiciamos nuestra energía.

Sin embargo, cuando liberamos esa energía podemos recanalizarla para crear cualquier cosa que deseemos.

Cuando nuestro punto interno de referencia es nuestro espíritu, cuando nos volvemos inmunes a la crítica y perdemos el temor a los desafíos, podemos aprovechar el poder del amor y utilizar creativamente la energía para vivir la abundancia y la evolución.

En El arte de soñar, don Juan le dice a Carlos Castañeda: “Gastamos la mayor parte de nuestra energía sosteniendo nuestra importancia… Si pudiéramos perder parte de esa importancia, nos sucederían dos cosas 10

extraordinarias. Una, liberaríamos la energía que se mantiene atada alimentando la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos proveeríamos de suficiente energía para … vislumbrar la grandeza real del universo”.

La ley del menor esfuerzo tiene tres componentes – tres cosas que podemos hacer para poner en funcionamiento este principio de “hacer menos para lograr más”. El primer componente es la aceptación.

Aceptar significa sencillamente contraer un compromiso: “Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los hechos tal como se presenten”. Eso significa que sabremos que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. Este momento – el que estamos viviendo ahora mismo –

es la culminación de todos los momentos que hemos vivido en el pasado. Este momento es como es porque todo el universo es como es.

Cuando luchamos contra este momento, en realidad luchamos contra todo el universo. En lugar de eso, podemos tomar la decisión de no luchar hoy contra todo el universo, no luchando contra este momento. Eso significa que nuestra aceptación de este momento es total y completa. Aceptamos las cosas como son, no como quisiéramos que fueran, en este momento. Es importante comprender esto: podemos desear que las cosas sean diferentes en el futuro, pero en este momento debemos aceptarlas como son.

Cuando nos sintamos frustrados o estemos molestos a causa de una persona o una situación, recordemos que nuestra reacción no es contra la persona o la situación, -sino contra nuestros sentimientos acerca de esa persona o esa situación. Ésos son nuestros sentimientos, y nadie tiene la culpa de ellos. Cuando reconozcamos y comprendamos esto plenamente, estaremos listos para asumir la responsabilidad de lo que sentimos y para cambiarlo. Y si podemos aceptar las cosas como son, estaremos listos para asumir la responsabilidad de nuestra situación y de todos los sucesos que percibimos como problemas.

Esto nos lleva al segundo componente de la ley del menor esfuerzo: la responsabilidad. ¿Qué significa responsabilidad? Significa no culpar a nadie o a nada – ni siquiera a nosotros mismos – de nuestra situación.

Una vez aceptado un suceso, un problema o una circunstancia, responsabilidad significa la capacidad de tener una respuesta creativa a la situación tal como es en este momento. En todos los problemas hay un principio de oportunidad, y esta conciencia nos permite aprovechar el momento y transformarlo en una situación o una cosa mejor.

Cuando hacemos esto, toda situación supuestamente enojosa se convertirá en una oportunidad para crear algo nuevo y bello; y todo supuesto torturador o tirano se convertirá en maestro. La realidad es una interpretación. Y si optamos por interpretar la realidad de esta manera, tendremos muchos maestros a nuestro alrededor, y muchas oportunidades para evolucionar.

Siempre que enfrentemos a un tirano, torturador, maestro, amigo o enemigo (todos son la misma cosa), recordemos: “Este momento es como debe ser”. Cualesquiera que sean las relaciones que tengamos en este momento de nuestra vida, son precisamente las que necesitamos en este momento. Hay un significado oculto detrás de todos los acontecimientos, y ese significado oculto está trabajando a favor de nuestra evolución.

El tercer componente de la ley del menor esfuerzo es asumir una actitud no defensiva, lo que significa que nuestra conciencia abandona su actitud defensiva y nosotros renunciamos a la necesidad de convencer o persuadir a los demás de que nuestro punto de vista es el correcto. Si observamos a las personas que nos rodean, veremos que ellas pasan el noventa y nueve por ciento del tiempo defendiendo sus puntos de vista. Si sencillamente renunciamos a la necesidad de defender nuestro punto de vista, a través de esa renuncia lograremos acceso a una cantidad enorme de energía que anteriormente desperdiciábamos.

Cuando estamos a la defensiva, cuando culpamos a los demás y no aceptamos ni nos rendimos ante el momento, nuestra vida se llena de resistencia. Cada vez que encontremos resistencia, reconozcamos que forzar la situación sólo aumentará la resistencia. No es bueno alzarse rígido como un gran roble que se agrieta y sucumbe a la tempestad; al contrario, debemos tratar de ser flexibles como la caña que se dobla en la tormenta y sobrevive.

Desistamos completamente de defender nuestro punto de vista. Cuando no hay un punto que defender, no puede haber discusión. Si hacemos esto constantemente – si dejamos de luchar y de resistirnos – viviremos plenamente el presente, el cual es un regalo. Alguien me dijo una vez que “el pasado es historia, el futuro es un misterio, y este momento es un regalo. Por esa razón este momento se denomina «el presente»”.

Si abrazamos el presente y nos volvemos uno con él, si nos fusionamos con él, sentiremos un fuego, un brillo, una chispa de energía palpitando en cada ser consciente. A medida que experimentemos este júbilo del espíritu en cada ser vivo, cuando entremos en intimidad con él, la dicha nacerá en nuestro interior y podremos deshacernos de las terribles cargas y molestias de la actitud defensiva, el resentimiento y el rencor. Sólo entonces nos sentiremos despreocupados, festivos, alegres y libres.

En medio de esta libertad alegre y sencilla, sabremos sin duda en nuestro corazón que lo que deseemos estará disponible para nosotros cuando lo deseemos, porque nuestro deseo vendrá del nivel de la felicidad, y no del nivel de la ansiedad o el temor. No necesitamos justificarnos; simplemente declaremos nuestro propósito ante nosotros mismos, y experimentaremos realización, deleite, alegría, libertad y autonomía en todos los momentos de nuestra vida.

Comprometámonos a seguir el camino de la no resistencia. Ése es el camino a través del cual la inteligencia de la naturaleza se desarrolla espontáneamente, sin resistencia ni esfuerzo. Cuan do alcancemos esa deliciosa combinación de aceptación, responsabilidad e indefensión, sentiremos la facilidad con que fluye la vida.

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Si permanecemos abiertos a todos los puntos de vista – no aferrados rígidamente a uno -, nuestros sueños y nuestros deseos fluirán con los deseos de la naturaleza. Entonces podremos liberar nuestros deseos sin apego, y después sólo esperar el momento propicio para que florezcan convertidos en realidad. Podemos estar seguros de que cuando el momento sea el indicado, nuestros deseos se cumplirán. Ésa es la ley del menor esfuerzo.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL MENOR ESFUERZO

Pondré a funcionar la ley del menor esfuerzo comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Practicaré la aceptación. Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal como se presenten. Sabré que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser.

No lucharé contra todo el universo poniéndome en contra del momento presente. Mi aceptación es total y completa. Acepto las cosas como son en este momento, no como me gustaría que fueran.

2) Habiendo aceptado las cosas como son, aceptaré la responsabilidad de mi situación y de todos los sucesos que percibo como problemas. Sé que asumir la responsabilidad significa no culpar a nada ni a nadie de mi situación (y eso me incluye a mí). También sé que todo problema es una oportunidad disfrazada, y que esta actitud de alerta ante todas las oportunidades me permite transformar este momento en un beneficio mayor.

3) Hoy mi conciencia mantendrá una actitud no defensiva. Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de vista. No sentiré la necesidad de convencer o persuadir a los demás de que acepten mi punto de vista. Permaneceré abierto a todas las opiniones sin aferrarme rígidamente a ninguna de ellas.

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LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO

Inmanente en toda intención y en todo deseo está el mecanismo para su realización… la intención y el

deseo en el campo de la potencialidad pura tienen un infinito poder organizador.

Y cuando introducimos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar

para nosotros ese infinito poder organizador.

En el principio era el deseo, primera semilla de la mente; los sabios, habiendo meditado en su corazón, descubrieron por su sabiduría la conexión entre lo existente y lo inexistente.

– Himno de la Creación, Rig Veda

La quinta ley espiritual del éxito es la ley de la intención y el deseo. Esta ley se basa en el hecho de que la energía y la información existen en todas partes en la naturaleza. En efecto, a nivel del campo cuántico solamente hay energía e información. Campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en este campo cuántico influyen la intención y el deseo.

Examinemos este proceso en detalle.

Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descomponen en sus partes esenciales, vemos que éstas son energía e información. Todo el universo, en su naturaleza esencial, es el movimiento de la energía y la información. La única diferencia entre nosotros y un árboles el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.

En el plano material, tanto nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en cantidades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un laboratorio. Por tanto, la diferencia entre nosotros y el árbol no reside en el carbono, o en el hidrógeno o en el oxígeno. De hecho, nosotros y el árbol intercambiamos constantemente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La verdadera diferencia entre los dos está en la energía y en la información.

En el orden general de la naturaleza, nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una especie privilegiada.

Tenemos un sistema nervioso capaz de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo subjetivamente en forma de pensamientos, sentimientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. Este mismo campo es percibido objetivamente como el cuerpo físico – y por medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está hecho de lo mismo. Por eso los antiguos videntes exclamaban: “Yo soy eso, usted es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe”.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque al nivel de la mecánica cuántica no existen fronteras bien definidas. Somos como una onda, una ola, una fluctuación, una circunvolución, un 12

remolino, una perturbación localizada en un campo cuántico más grande. Ese campo cuántico más grande – el universo – es nuestro cuerpo ampliado.

El sistema nervioso humano no solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de su propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es infinitamente flexible a través de ese maravilloso sistema nervioso, podemos cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico. Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, por tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado – nuestro entorno, el mundo – y hacer que sucedan cosas en él.

Este cambio consciente se logra a través de las dos cualidades inherentes a la conciencia: la atención y la intención. La atención da energía, y la intención transforma. Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención organiza su propia realización.

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una infinidad de sucesos espacio-temporales orientados a producir el resultado buscado, siempre y cuando que uno cumpla las otras leyes espirituales del éxito. Esto se debe a que la intención, dirigida sobre el campo fértil de la atención, tiene un infinito poder organizador. Infinito poder organizador significa poder para organizar una infinidad de sucesos espacio-temporales, todos al mismo tiempo. Vemos la expresión de este infinito poder organizador en cada hoja de hierba, en cada flor de manzano, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo vemos en todo lo que vive.

En el orden general de la naturaleza, todo se conecta y se correlaciona con todo lo demás. Cuando la marmota sale de su madriguera subterránea, sabemos que se avecina la primavera. Las aves comienzan a migrar en cierta dirección en determinada época del año. La naturaleza es una sinfonía. Y esa sinfonía es orquestada en silencio desde el fundamento último de la creación.

El cuerpo humano es otro buen ejemplo de esta sinfonía. Una sola célula del cuerpo humano realiza cerca de seis billones de funciones por segundo, y debe saber lo que todas las demás células están haciendo al mismo tiempo. El cuerpo humano puede tocar un instrumento musical, matar gérmenes, hacer un bebé, recitar poesías y observar el movimiento de las estrellas, todo al mismo tiempo, porque el campo de la correlación infinita es parte de su campo de información.

Lo que es asombroso acerca del sistema nervioso de la especie humana es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención consciente. En la especie humana, la intención no está fija o encerrada en una red rígida de energía e información. Tiene una flexibilidad infinita. En otras palabras, mientras no infrinjamos las otras leyes de la naturaleza, a través de nuestra intención podemos, literalmente, dirigir las leyes de la naturaleza para convertir en realidad nuestros sueños y nuestros deseos.

Podemos poner a trabajar para nosotros al computador cósmico, con su infinito poder organizador. Podemos ir hasta ese fundamento último de la creación e introducir una intención, y con sólo hacerlo, activar el campo de la correlación infinita.

La intención sienta las bases para el flujo fácil, espontáneo y suave de la potencialidad pura, que busca pasar de lo inmanifiesto a lo manifiesto. La única advertencia es que utilicemos nuestra intención para beneficio de la humanidad; pero eso es algo que sucede espontáneamente cuando uno está alineado con las siete leyes espirituales del éxito.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego. La intención es desear respetando estrictamente todas las demás leyes, pero en particular la sexta ley espiritual del éxito: la ley del desapego.

La intención, combinada con el desapego, lleva a una conciencia del momento presente centrada en la vida. Y

cuando la acción se realiza teniendo conciencia del momento presente, su eficacia es máxima. La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el presente tal como es.

Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada, pero nunca debemos luchar contra el presente.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia. El pasado es recuerdo, memoria; el futuro es expectación; el presente es conciencia. Por consiguiente, el tiempo es el movimiento del pensamiento.

Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Lo es. Es la potencialidad para el mundo del espacio y el tiempo, la materia y la energía. Es un campo eterno de posibilidades que se experimenta a sí mismo en forma de fuerzas abstractas, trátese de la luz, el calor, la electricidad, el magnetismo o la gravedad. Estas fuerzas no están ni en el pasado ni en el futuro; sencillamente son.

Nuestra interpretación de estas fuerzas abstractas hace posible que tengamos la experiencia de los fenómenos concretos. Las interpretaciones que recordamos de las fuerzas abstractas crean la experiencia del pasado, mientras que las que anticipamos crean el futuro. Ellas son las cualidades de la atención en la conciencia. Cuando estas cualidades se liberan de la carga del pasado, la acción en el presente se convierte en suelo fértil para la creación del futuro.

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La intención, apoyada en esta libertad indiferente del presente, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos.

Si tenemos conciencia del momento presente centrada en la vida, entonces los obstáculos imaginarios – los cuales constituyen más del noventa por ciento de los obstáculos percibidos – se desintegran y desaparecen. El restante cinco a diez por ciento de los obstáculos percibidos se pueden convertir en oportunidades por medio de la intención focalizada.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Tener una intención focalizada significa mantener nuestra atención en el resultado que perseguimos, con un propósito tan inflexible que impida completamente que cualquier obstáculo consuma o disipe la concentración de nuestra atención. Se eliminan de la conciencia todos los obstáculos, de manera total y completa. Así podemos mantener una sereni-dad inconmovible, a la vez que mantenemos con pasión intensa el compromiso con nuestro objetivo. Éste es, simultáneamente, el poder de la conciencia sin apego y la intención focalizada.

Aprendamos a aprovechar el poder de la intención, y podremos crear cualquier cosa que deseemos. Todavía será posible obtener resultados a través del esfuerzo y la constancia, pero a un precio; ese precio puede ir desde la tensión emocional hasta una enfermedad cardíaca o un trastorno de la función del sistema inmunológico. Es mucho mejor dar los siguientes cinco pasos para poner en práctica la ley de la intención y el deseo. Cuando sigamos estos cinco pasos para cumplir nuestros deseos, la intención generará su propio poder.

1) Entremos en el espacio de la conciencia pura. Eso significa ubicarnos en medio de ese espacio silencioso que hay entre los pensamientos, entrar en el silencio – ese nivel de sólo ser que es nuestro estado esencial.

2) Una vez establecidos en ese estado de sólo ser, liberemos nuestras intenciones y nuestros deseos. Cuando uno está realmente en ese espacio, no hay pensamiento, no hay intención; pero en cuanto sale de él – en esa unión entre el espacio silencioso y un pensamiento – es posible introducir la intención. Si tenemos una serie de metas, escribámoslas y concentremos nuestra intención en ellas antes de entrar en el espacio silencioso. Si deseamos una carrera de éxito, por ejemplo, debemos entrar en el espacio silencioso con esa intención, y así la intención ya estará allí como una tenue llama vacilante en nuestra conciencia. Liberar las intenciones y los deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo fértil de la potencialidad pura y esperar a que florezcan en el momento propicio. No es conveniente desenterrar las semillas de los deseos para ver si están creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como deberán desarrollarse. Lo único que hay que hacer es dejarlas libres.

3) Permanezcamos en el estado de auto-referencia. Esto significa permanecer establecidos en la conciencia de nuestro verdadero yo – nuestro espíritu, nuestra conexión con el

campo de la potencialidad pura. También significa no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o dejarnos influir por las opiniones y las críticas de los demás. Una buena manera de mantener el estado de autoreferencia es no divulgar nuestros deseos; no compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los mismos deseos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte.

4) Renunciemos a nuestro apego al resultado. Esto significa renunciar a nuestro rígido interés por un resultado específico y vivir en la sabiduría de la incertidumbre. Significa disfrutar cada momento de la jornada de la vida, aunque desconozcamos el desenlace.

5) Dejemos que el universo se encargue de los detalles. Nuestras intenciones y nuestros deseos, una vez liberados en el espacio silencioso, tienen un infinito poder organizador.

Confiemos en que ese infinito poder organizador de la intención orquestará todos los detalles por nosotros.

Recordemos que nuestra verdadera naturaleza es el espíritu puro. Llevemos la conciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, liberemos suavemente nuestros deseos, y el universo manejará los detalles por nosotros.

CÓMO APLICAR LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO

Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Haré una lista de todos mis deseos, y la llevaré a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi meditación. La miraré antes de dormir por la noche. La miraré al despertar por la mañana.

2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entregaré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están saliendo bien, hay una razón, y en que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.

3) Recordaré practicar la conciencia del momento presente en todos mis actos. No permitiré que los obstáculos consuman o disipen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.

LA LEY DEL DESAPEGO

La sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la incertidumbre reside la

liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior.

Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a

la mente creativa, que orquesta la danza del universo.

Como dos aves doradas posadas en el mismo árbol, el ego y el yo, íntimos amigos, viven en el mismo cuerpo.

El primero come los frutos dulces y amargos del árbol de la vida., mientras que el segundo observa con indiferencia.

– Upanishad

Mundaka

La sexta ley espiritual del éxito es la ley del desapego. Esta ley dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado.

Es grande el poder que se deriva de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que deseamos.

Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad – y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo.

La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos, casas, cheques, ropa, aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.

El apego es producto de la conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener alegría y felicidad. Entonces, los símbolos de la riqueza aparecen espontáneamente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisioneros del desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales, la desesperación silenciosa y la gravedad – características distintivas de una existencia mediocre y una conciencia de la pobreza.

La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo deseamos, y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.

La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad. Uno podría decir: “Me sentiré seguro cuando tenga X cantidad de dinero porque entonces tendré independencia económica y podré jubilarme. Y entonces haré todo lo que he querido hacer siempre”. Pero eso es algo que nunca sucede – que nunca llega.

Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras.

La búsqueda de la seguridad es una ilusión. Según las antiguas tradiciones de sabiduría, la solución de todo este dilema reside en la sabiduría de la inseguridad o la sabiduría de la incertidumbre. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución -absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia.

La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.

Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, 16

misterio; que experimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro propio espíritu.

Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades. Si nos sentimos inseguros, estamos en el camino correcto – no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un enorme abanico de posibilidades.

Una de las características del campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el resultado esperado. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación.

La ley del desapego no obstaculiza la ley de la intención y el deseo – la fijación de metas. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades.

La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las soluciones, solamente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la observamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre el caos y la confusión, entonces surgirá algo fabuloso y emocionante.

Cuando este estado de vigilancia – nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre – se suma a nuestra meta y a nuestra intención, nos permite aprovechar la oportunidad. ¿Qué es la oportunidad?

Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abriremos a toda una gama de posibilidades – lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la emoción y la aventura.

Podremos ver cada problema de la vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la sabiduría de la incertidumbre, podremos permanecer alerta a las oportunidades. Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución aparecerá espontáneamente.

Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente “buena suerte”. La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad. Cuando los dos se mezclan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae beneficio y evolución para nosotros y para todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL DESAPEGO

Pondré a funcionar la ley del desapego comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Hoy me comprometeré con el desapego. Me permitiré y les permitiré a los que me rodean la libertad de ser como somos. No impondré tercamente mi opinión de cómo deben ser las cosas. No forzaré las soluciones de los problemas, y, por tanto, no crearé con eso otros nuevos. Participaré en todo con absoluto desprendimiento.

2) Hoy convertiré a la incertidumbre en un elemento esencial de mi experiencia. Y gracias a esa disponibilidad para aceptar la incertidumbre, las soluciones surgirán espontánea

mente de los problemas, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad. Por medio de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad.

3) Penetraré en el campo de todas las posibilidades y esperaré la emoción que tiene lugar cuando me mantengo abierto a una infinidad de alternativas. Cuando entre en el campo de todas las posibilidades, experimentaré todo el regocijo, la aventura, la magia y el misterio de la vida.

LA LEY DEL “DHARMA” O PROPÓSITO EN LA VIDA

Todo el mundo tiene un propósito en la vida… un don único o talento especial para ofrecer a los demás.

Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el

júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.

Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música… ¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela…

– KHALIL GIBRAN, El profeta

La séptima ley espiritual del éxito es la ley del dharma. “Dharma” es un vocablo sánscrito que significa

“propósito en la vida”. Esta ley dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia, y la divinidad adopta la forma humana para cumplir un propósito.

De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una cosa que cada individuo puede hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo – y por cada talento único y por cada expresión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talento, se produce la chispa que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer necesidades, crea riqueza y abundancia sin límites.

Si pudiéramos enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efecto que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían descubrir esa razón por sí mismos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y les dije: “No quiero que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de manera que no se preocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejores notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en preguntarse a sí mismos cómo pueden servir a la humanidad y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más”. Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escuelas, obteniendo las mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son económicamente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma.

La ley del dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres espirituales que han adoptado una forma física para manifestarse. No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias humanas ocasionales.

Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la ley del dharma. Debemos descubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad.

El segundo componente de la ley del dharma es la expresión de nuestro talento único. La ley del dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un talento tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este planeta. Cuando estamos desarrollando esa actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de ese talento único – o más de uno, en muchos casos – nos introduce en un estado de conciencia atemporal.

El tercer componente de la ley del dharma es el servicio a la humanidad – servir a los demás seres humanos y preguntarse: “¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?”

Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la ley del dharma. Y cuando unimos esto al conocimiento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tengamos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia.

Y no se trata de una abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nuestro servicio y dedicación a los demás seres humanos, que descubrimos preguntando: “¿Cómo puedo ayudar?”, en lugar de: “¿Qué gano yo con eso?”

La pregunta “¿Qué gano yo con eso?” es el diálogo interno del ego. La pregunta “¿Cómo puedo ayudar?” es el diálogo interno del espíritu. El espíritu es ese campo de la conciencia en donde experimentamos nuestra 18

universalidad. Con sólo cambiar el diálogo interno y no preguntar “¿Qué gano yo con eso?” sino “¿Cómo puedo ayudar?”, automáticamente vamos más allá del ego para entrar en el campo del espíritu. Y aunque la meditación es la manera más fácil de entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de esta manera también nos brinda acceso al espíritu, ese campo de la conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.

Si deseamos utilizar al máximo la ley del dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas: Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual buscaremos nuestro yo superior, el cual está más allá de nuestro ego.

Segundo compromiso: Descubriremos nuestros talentos únicos, y después de descubrirlos disfrutaremos de la vida, porque el proceso del gozo tiene lugar cuando entramos en la conciencia atemporal. En ese momento, estaremos en un estado de dicha absoluta.

Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos servir a la humanidad.

Responderemos esa pregunta, y luego pondremos la respuesta en práctica. Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a las necesidades de nuestros congéneres los seres humanos; combinaremos esas necesidades con nuestro deseo de ayudar y servir a los demás.

Hagamos una lista de nuestras respuestas a estas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no tuviera que preocuparme por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el tiempo y el dinero del mundo? Si de todas maneras quisiéramos seguir haciendo lo que hacemos ahora, es porque estamos en dharma, porque sentimos pasión por lo que hacemos, porque estamos expresando nuestros talentos únicos. La segunda pregunta es:

“¿Cuál es la mejor manera en que puedo servir a la humanidad?” Respondamos esa pregunta y pongamos la respuesta en práctica.

Descubramos nuestra divinidad, encontremos nuestro talento único y sirvamos a la humanidad con él; de esa manera podremos generar toda la riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresiones creativas concuerden con las necesidades del prójimo, la riqueza pasará espontáneamente de lo inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíritu al mundo de la forma. Comenzaremos a experimentar la vida como una expresión milagrosa de la divinidad – no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos la alegría verdadera y el significado real del éxito – el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL “DHARMA” O PROPÓSITO EN LA VIDA

Pondré a funcionar la ley del dharma comprometiéndome a hacer lo siguiente: 1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi corazón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la experiencia limitada por el tiempo.

2) Haré una lista de mis talentos únicos. Después haré una lista de las cosas que me encanta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y produzco abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.

3) Todos los días me preguntaré: “¿Cómo puedo servir?” y “¿Cómo puedo ayudar?” Las respuestas a estas preguntas me permitirán ayudar y servir con amor a los demás seres humanos.

RESUMEN Y CONCLUSIÓN

Quisiera conocer los pensamientos de Dios… lo demás son detalles.

– ALBERT EINSTEIN

La mente universal es la coreógrafa de todo lo que sucede en miles de millones de galaxias y hace su trabajo con una precisión exquisita y con una inteligencia inquebrantable. Su inteligencia es máxima y suprema e impregna cada fibra de la existencia: desde la más pequeña hasta la más grande, desde el átomo hasta el cosmos. Todo lo que vive es expresión de esta inteligencia. Y esta inteligencia actúa a través de las siete leyes espirituales.

Si miramos cualquiera de las células del cuerpo humano, a través de su funcionamiento veremos la expresión de estas leyes. Cada célula, sea del estómago, del corazón o del cerebro, se origina en la ley de la potencialidad pura. El ADN es el ejemplo perfecto de la potencialidad pura; en realidad, es la expresión material de ella. El mismo ADN que hay en todas las células del cuerpo, se expresa de diferentes maneras para cumplir los requisitos particulares de cada una.

Cada célula opera además a través de la ley del dar. Una célula vive y permanece sana cuando está en estado de equilibrio. Este estado es de realización y armonía, pero se mantiene a través de un constante dar y recibir.

Cada célula da y apoya a las demás, y a cambio recibe alimento de ellas. La célula permanece en estado de flujo dinámico, el cual jamás se interrumpe. En realidad, el flujo es la esencia misma de la vida de la célula. Y

solamente manteniendo este flujo de dar puede la célula recibir y, por tanto, continuar con su existencia vibrante.

Las células ejecutan con suma perfección la ley del karma, porque incorporada en su inteligencia está la respuesta más apropiada, precisa y oportuna para cada situación que se presenta.

Las células también ejecutan con suma perfección la ley del menor esfuerzo: cumplen su trabajo con tranquila eficiencia, en un estado de sosegada vigilancia.

Por medio de la ley de la intención y el deseo, cada intención de cada célula utiliza el infinito poder organizador de la inteligencia de la naturaleza. Hasta una intención simple como la de metabolizar una molécula de azúcar desencadena inmediatamente una sinfonía de sucesos en el cuerpo para secretar las cantidades exactas de hormonas en el momento preciso, a fin de convertir la molécula de azúcar en pura energía creativa.

Desde luego, cada célula expresa la ley del desapego. No se aferra al resultado de sus intenciones. No duda ni tropieza porque su comportamiento es función de una conciencia centrada en la vida y en el momento presente.

Cada célula también expresa la ley del dharma.

Debe descubrir su propia fuente, el yo superior; debe servir a sus congéneres y expresar su talento único. Las células del corazón, del estómago, del sistema inmune, todas se originan en el yo superior, el campo de la potencialidad pura. Y como están directamente enlazadas con ese computador cósmico, pueden expresar sus talentos únicos con toda facilidad y conciencia atemporal. Sólo expresando sus talentos únicos pueden mantener tanto su propia integridad como la de todo el cuerpo. El diálogo interno de cada una de las células del cuerpo humano es: “¿Cómo puedo ayudar?” Las células del corazón desean ayudar a las células del sistema inmune, y éstas desean ayudar a las del estómago y a las de los pulmones, y las células del cerebro se dedican a escuchar y ayudar a todas las demás. Cada una de las células del cuerpo humano tiene solamente una función: ayudar a todas las demás.

Observando el comportamiento de las células de nuestro cuerpo, podemos ver la expresión más extraordinaria y eficiente de las siete leyes espirituales. Ésa es la genialidad de la inteligencia de la naturaleza. Son los pensamientos de Dios; lo demás son sólo detalles.

Las siete leyes espirituales del éxito son principios poderosos que nos ayudarán a alcanzar el dominio de nosotros mismos. Si prestamos atención a estas leyes y ponemos en práctica los ejercicios propuestos en este libro, veremos que podremos hacer realidad cualquier cosa que deseemos – toda la abundancia, todo el dinero y todo el éxito que deseemos. También veremos que nuestra vida se volverá más alegre y próspera en todo sentido, porque estas leyes también son las leyes espirituales de la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena.

Existe una secuencia natural para aplicar estas leyes en la vida diaria, la cual puede ayudarnos a recordarlas.

La ley de la potencialidad pura se experimenta por medio del silencio, de la meditación, del hábito de no juzgar, de la comunión con la naturaleza, pero es activada por la ley del dar. El principio consiste en aprender a dar lo que se busca. Así es como uno activa la ley de la potencialidad pura. Si buscamos abundancia, demos abundancia; si buscamos dinero, demos dinero; si buscamos amor, aprecio y afecto, aprendamos a dar amor, aprecio y afecto.

Por medio de nuestros actos en la ley del dar, activamos la ley del karma. Si creamos un buen karma, éste nos facilitará todo en la vida. Notaremos que no necesitamos mayor esfuerzo para satisfacer nuestros deseos, lo cual nos lleva automáticamente a comprender la ley del menor esfuerzo. Cuando todo ocurra con facilidad y sin esfuerzo, y todos nuestros deseos se cumplan sin cesar, espontáneamente comenzaremos a comprender la ley de la intención y el deseo. Cuando nuestros deseos se cumplan sin esfuerzo, nos será fácil practicar la ley del desapego.

Por último, cuando comencemos a comprender todas estas leyes, comenzaremos a concentrarnos en nuestro verdadero propósito en la vida, lo cual lleva a la ley del dharma. A través del uso de esta ley, expresando nuestros talentos únicos y satisfaciendo las necesidades de los otros seres humanos, empezaremos a crear lo que deseemos, cuando lo deseemos. Nos volveremos despreocupados y alegres, y nuestra vida se convertirá en la expresión de un amor sin límites.

Somos los viajeros de una travesía cósmica -polvo de estrellas danzando y girando en las corrientes y los torbellinos del infinito. La vida es eterna, pero las expresiones de la vida son efímeras, momentáneas, transitorias. Siddharta Gautama, el Buda, fundador del budismo, dijo una vez:

Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes del otoño.

Observar el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una danza. Una vida es como un relámpago en el cielo, que se desliza veloz como un torrente por la pendiente de una montaña.

Nos hemos detenido momentáneamente para encontrarnos unos a otros, para conocernos, amarnos y compartir. Este es un momento precioso, pero transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con cariño, alegría y amor, crearemos abundancia y alegría para todos. Y entonces este momento habrá valido la pena.

Estimado amigo/a:

En Las siete leyes espirituales del éxito he descrito las virtudes y los principios que me han ayudado a mí, y a muchas otras personas, a alcanzar la satisfacción espiritual y el éxito material. Esta carta es una invitación para que usted se una – conmigo y potencialmente con millones de personas a lo largo del mundo – a la Asociación Mundial para el Éxito Espiritual, Global Network for Spiritual Success, que se basará en la práctica diaria de estos poderosos principios rectores.

La participación en la Asociación está abierta a todas las personas que decidan practicar las siete leyes espirituales. He descubierto que resulta particularmente enriquecedor el hábito de concentrarse en una ley cada día de la semana, comenzando el domingo con la ley de la potencialidad pura, y terminando el sábado con la ley del dharma. Concentrar su atención en una ley espiritual transformará completamente su vida, como ha transformado la mía, y si todos nos concentramos en la misma ley cada día, pronto podremos formar un enorme grupo de gente que haya alcanzado el éxito y que pueda transformar la vida en este planeta.

Algunos grupos de amigos, en diferentes partes del mundo, han comenzado ya a concentrarse en una ley cada día. Yo he hecho lo mismo con mis colaboradores y amigos, y le sugiero que también usted comience con un grupo de estudio – integrado por miembros de su familia, o amigos o compañeros de trabajo – que se reúna una vez por semana para discutir las experiencias de cada uno con las leyes espirituales. Si esas experiencias son extraordinarias, como lo serán en algunas ocasiones, lo invito a que me escriba contándomelas.

Para unirse al Global Network for Spiritual Success todo lo que usted necesita hacer es enviarme su nombre, su dirección y, si quiere, su número telefónico y/o su dirección de correo electrónico, a la dirección mencionada al comienzo, y yo le enviaré una tarjeta – que usted podrá conservar en su billetera – con las siete leyes im-presas, y lo mantendré informado sobre las actividades de la Asociación.

El establecimiento de esta Asociación representa la realización de uno de mis sueños más queridos.

Uniéndose al Global Network y practicando las siete leyes espirituales, yo sé que usted logrará el éxito espiritual y la satisfacción de sus deseos. Me es imposible desearle una bendición mayor.

Con amor y mis mejores deseos,

DEEPAK CHOPRA

SOBRE EL AUTOR

Deepak Chopra es un líder de talla mundial en el campo de la medicina de la mente y el cuerpo y del potencial humano. Ha escrito once libros, varios de los cuales han sido éxitos de librería, entre ellos, Ageless Body, Timeless Mind; Quantum Healing; y Creating Af fluence. También ha producido un sinnúmero de programas de audio y vídeo para promover la salud y el bienestar. Sus libros se han traducido a más de veinticinco idiomas, y ha dado conferencias en América del Norte, América del Sur, la India, Europa, el Japón y Australia.

Actualmente es director ejecutivo del Instituto de Medicina de la Mente y el Cuerpo y del Potencial Humano, en Sharp HealthCare, San Diego, California.